24 de febrero de 2012


Rescindir las concesiones y renacionalizar

las empresas de servicios públicos

Una espantosa tragedia ha sumido al conjunto del país en dolor y luto. Un tren, repleto de trabajadores y gente de pueblo, humilde y sencilla, chocó contra el paratrén en un horrible accidente cuyas causas están siendo investigadas. Más de 700 heridos y 50 muertos son las víctimas que la inmediata opinión popular ha atribuido a una suma de inescrupulosidad empresaria, inoperancia, falta de controles y, en algún lugar, corrupción.

La Corriente Causa Popular, que sostiene y forma parte del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, considera que ha llegado el momento de revisar la totalidad de las concesiones de servicios públicos otorgados a precio vil por el menemismo a partir de 1999. Es necesario que la administración de esos servicios vuelvan al conjunto del pueblo argentino, a través del Estado Nacional, puesto que se ha hecho evidente la incapacidad, irresponsabilidad y parasitismo de un sector privado, atento tan sólo a sus inmediatos fines de lucro, incapaz de pensar en términos estratégicos y de largo plazo. No solo han sido incapaces de administrar empresas que presten un servicio digno a los usuarios, sino que han dilapidado en su propio provecho los millonarios subsidios otorgados por el Estado para su funcionamiento, desarrollo y planes de inversión.

El accidente de ayer fue tan solo la gota que rebalsó el vaso. Tal como se hiciera con Aerolíneas Argentinas, hoy en manos del Estado argentino, es preciso rescindir las concesiones y renacionalizar las empresas que, en contratos leoninos e inmorales, se entregaron al beneficio privado.

El coro de la prensa monopólica que hoy se rasga las vestiduras por lo acontecido carece de entidad moral y política para escandalizarse. Fueron los voceros de las privatizaciones y las desnacionalizaciones de nuestras grandes empresas públicas y los más tenaces opositores y críticos a la recuperación, tanto de las AFJP como de Aerolíneas Argentinas. No son ellos quienes indicarán al pueblo argentino el camino a seguir.

Son las mejores tradiciones políticas del peronismo y del nacionalismo popular las que marcan el camino para la plena recuperación de los resortes básicos de nuestra economía, que constituye la garantía del bienestar popular.

Buenos Aires, 24 de febrero de 2012

MESA NACIONAL de la CORRIENTE CAUSA POPULAR

Luis Gargiulo (Necochea), Eduardo González (Córdoba), Julio Fernández Baraibar (Cap. Fed.), Eduardo Fossati (Cap. Fed.), Laura Rubio (Cap. Fed.), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral. Roca), Ismael Daona (Tucumán), Alberto Silvestri (Esquina), Magdalena García Hernando (Cap. Fed.), Marcelo Faure (La Paz ER), Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Córdoba), Liliana Chourrout (GBA), Oscar Alvarado (Azul); Ricardo Vallejos (Cap. Fed.), Alfredo Cafferata (Mendoza), Juan Luis Gardes (Cipoletti), Omar Staltari (Bahía Blanca), Gabriel Claverí (Cnel. Dorrego), Rodolfo Pioli (Jujuy) y Horacio Cesarini (GBA).

Ateneo Arturo Jauretche – Jujuy


Corriente Causa Popular – Mesa Nacional

En la senda de Manuel Ugarte, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos y Juan Domingo Perón

E mail: info@ctecausapopular.com.ar

23 de febrero de 2012


Todos los argentinos de bien por la recuperación de las Islas Malvinas, junto a América Latina

En el conflicto por la soberanía de las Islas Malvinas, Argentina ha recibido el apoyo de todos los países latinoamericanos -además de China y los países árabes-, poniendo en guardia al pirata inglés, pues el conflicto dejó de ser bilateral y adquirió tintes regionales. Ya no es un sólo país, es el conjunto de la región -incluído Brasil y Chile- quienes reclaman la soberanía argentina sobre las islas.

El envío del destructor Dauntless al Atlántico Sur -al que se le agregaría el de un submarino de propulsión nuclear-, la prolongada estadía del Príncipe Guillermo en las Malvinas y considerar nuestra reclamo como “colonialista”, constituyen la nueva escalada de inaceptables provocaciones del imperialismo británico. Ante ellas, la Argentina vuelve a responder con su paciente apelación a los organismos internacionales para que se cumplan sus propias resoluciones y se pueda negociar, pacíficamente, la eliminación del enclave colonial.

La posición de Argentina, expresada en el discurso de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner -que debe considerarse como parte de la construcción de la renovada estrategia diplomática que se afirma en el carácter latinoamericano del conflicto-, volcó el peso de la activa solidaridad de los gobiernos del subcontinente, sobre la decisión que deberá tomar las Naciones Unidas.

Nuestro país, cuya estrategia de defensa prescindió del rearme militar, adoptó, como política de defensa, la integración latinoamericana. “Una suerte de defensa conjunta de la región, porque (los británicos) vienen a depredar nuestros recursos naturales", sostuvo la Presidenta.

Argentina tiene la legítima potestad de responder, todavía, con una serie de medidas de carácter económico destinadas a robustecer nuestra posición y a afectar al usurpador en su flanco más sensible. La Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte -CATT-, puso en marcha las mismas, decidiendo un boicot a los buques y aviones de bandera inglesa , de conveniencia o mentirosas, y obtuvo, en el mismo sentido, el apoyo de distintas centrales latinoamericanas. Esas medidas marcan también un camino para la negociación.

La campaña desmalvinizadora

La influencia cultural del imperialismo en nuestro país está intacta. Dice presente en las operaciones aplastantes de las editoriales de la canalla periodística agrupada en la gran prensa. Los plumíferos que defendieron sumisamente a la última dictadura cívico-militar, hoy golpean la posición argentina por “xenófoba” (Joaquín Morales Solá, La Nación, 05/02/2012), poniendo en duda si las Malvinas son nuestras (Luis Alberto Romero, La Nación, 14/02/2012) y suplicando que “por favor, dejemos en paz a esos isleños” (Silvina Walger, La Nación, 15/02/2012). Los mismos que sostuvieron que la gesta del 2 de abril tenía el único fin de prolongar el calvario de la dictadura cívico-militar oligárquica son los que hoy dicen que la causa Malvinas es una cortina de humo del gobierno nacional, popular y democrático, persiguiendo fines reelectorales. Estos mismos sedicentes intelectuales acaban de crear el “partido kelper” proponiendo, con gran auspicio de los medios coloniales, el reconocimiento de los pocos habitantes ingleses de las islas, un arrastrado y sumiso punto de vista que ni las Naciones Unidas consideran. Por eso hay que armarse de los mejores argumentos, no sólo para responder al usurpador, sino también para desarticular a la prensa colonizada y a los agentes ingleses disfrazados de hombres y mujeres ecuánimes. No hay ecuanimidad en cuestiones de la Patria.

Si el informe Rattenbach puede agregar datos sobre la incapacidad de la Junta Militar que dirigió el conflicto bélico contra las dos mayores potencias militares y económicas mundiales de la época –como las enfrentamos en la Vuelta de Obligado-, no podrá borrar de nuestra historia ni de la realidad, la Guerra de Malvinas, que es la que debe dar sustento ideológico a la estrategia diplomática argentina y nuevo impulso a la conciencia nacional y democrática del país.

La causa Malvinas reclama de la participación de todos los argentinos de bien

Si conviene a los intereses nacionales, el pueblo argentino debe respaldar toda negociación con el pirata inglés, sin olvidar que para defender la soberanía territorial, enfrentando a las grandes potencias, dueñas de los recursos de la presión económica, del favor de la prensa mundial, del más sofisticado sistema de espionaje y del terrorismo ideológico, hay que defender la soberanía política y económica, los salarios, las demandas obreras y la de los pequeños empresarios y las condiciones de vida de los sectores aún excluidos, presentando un frente férreamente nacional, popular y democrático.

Este año se cumplen 30 años de la Gesta de Malvinas. Junto con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner los argentinos, más allá de cualquier filiación política, debemos redoblar nuestro convencimiento acerca de la legítima soberanía sobre los territorios australes y nuestra exigencia de que el usurpador colonial, que, además, es una de las potencias con presencia permanente en todas las guerras imperialistas contra el mundo semicolonial, debe retirarse de las Islas Malvinas y terminar con uno de los últimos residuos del colonialismo del siglo XIX.

Buenos Aires, 22 de febrero de 2012

MESA NACIONAL de la CORRIENTE CAUSA POPULAR

Luis Gargiulo (Necochea), Eduardo González (Córdoba), Julio Fernández Baraibar (Cap. Fed.), Eduardo Fossati (Cap. Fed.), Laura Rubio (Cap. Fed.), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral. Roca), Ismael Daona (Tucumán), Alberto Silvestri (Esquina), Magdalena García Hernando (Cap. Fed.), Marcelo Faure (La Paz ER), Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Córdoba), Liliana Chourrout (GBA), Oscar Alvarado (Azul); Ricardo Vallejos (Cap. Fed.), Alfredo Cafferata (Mendoza), Juan Luis Gardes (Cipoletti), Omar Staltari (Bahía Blanca), Gabriel Claverí (Cnel. Dorrego), Rodolfo Pioli (Jujuy) y Horacio Cesarini (GBA).

Ateneo Arturo Jauretche - Jujuy

17 de febrero de 2012

MALVINAS Y LA UNIDAD SUDAMERICANA

Por Alberto Methol Ferré1

No voy a enseñar ninguna cosa sobre las Malvinas en sí misma, porque eso es una cosa que ustedes me pueden enseñar a mí, sino que voy hacer algunas reflexiones, a partir del acontecimiento de las Malvinas y su refracción en la historia contemporánea, porque toda historia que nos apasiona es por lo que tiene de contemporáneo. Hay también una actualidad muy honda de los acontecimientos de las Islas Malvinas, entonces voy en cierto sentido a “usar” a las Islas Malvinas como introducción a algunos desafíos, que hoy están mucho más acentuados que en aquella época. En principio haré una rápida reflexión, no sobre el poder inglés sobre las Islas Malvinas, sino sobre el poder norteamericano en las Islas Malvinas, y para eso empezaré con Monroe.

La doctrina Monroe fue la doctrina de los Estados Unidos, propuesta no para ser compartida por América Latina, sino que fue una guía de su política internacional. En esencia, proclamó en 1823 la necesidad de repudiar y oponerse a toda ocupación europea nueva en el continente americano. Sin embargo, a los diez años de ella, acaeció la ocupación inglesa en Malvinas, en cierto sentido prologada por una intervención norteamericana en las mismas islas. Ante esa ocupación inglesa no hubo ninguna manifestación de los Estados Unidos, ni condenatoria, ni haciendo ninguna referencia a ese hecho, que era en cierto sentido el primer gran acontecimiento que vulneraba la doctrina recientemente enunciada. Luego hubo la intervención anglo-francesa en el Río de la Plata en 1845, y tampoco mereció ninguna intervención de los Estados Unidos reafirmando su aparente pensamiento. Esto tiene explicaciones muy simples. En el año 1833, los EE.UU. estaban en plena marcha hacia el Oeste en su expansión continental. Jackson, quien fuera el primer presidente electo en la historia por sufragio universal -de hombres, no de mujeres-, en el año 1828, y que era un hombre del Oeste, estaba preparando la insurrección norteamericana en la provincia de Tejas, de México. Entonces, todos los avatares que comienzan desde el año 1831 y se prolongan hasta 1835, impedían que los EE.UU. invocaran la doctrina Monroe para oponerse a una colonización, en el momento que estaba actuando desembozadamente, separando a Tejas de México con la intervención directa de Tom Houston, el “héroe de Tejas”, enviado especialmente por Jackson. De manera que EE.UU. no le podía reprochar a los ingleses algo que estaba cometiendo en ese mismo instante en su frontera del Oeste.

Lo mismo fue en el año 1845, cuando asume como Presidente Polk, quien tenía explícitamente enunciado el designio de la conquista de Nuevo Méjico y California hasta el Pacífico. Mal podían los EE.UU. repudiar una intervención anglo-francesa en el Río de la Plata, cuando en 1845 Polk se aprontaba a la conquista del Oeste hasta las costas del Océano Pacífico, que concluyó con el tratado en que le sacaron más de la mitad de su territorio a Méjico, en el año 1848. De manera que tenía cuestiones de ocupación propia, como para condenar, simultáneamente, ocupaciones o intervenciones de países europeos. Esa es la verdadera razón, porque por lo general se menciona qué no se dijo, pero no se explica por qué no se dijo. Son hechos que dan la pauta sobre el significado de esa Doctrina y el uso o no uso efectivo de la misma.

Me parece importante porque en la ocasión de la liberación de Malvinas hecha por Argentina, la intervención de los EE.UU. fue muy intensa. Intentó actuar de mediador, porque se trataba de dos países aliados, uno integrante del sistema interamericano en la OEA, Argentina, y el otro en la OTAN, Inglaterra. Hubo hasta un último intento de los EE.UU. con el Secretario de Estado Haig, que le propuso a la Junta Militar hacer una ocupación conjunta de las Malvinas, entre Argentina y EE.UU., bajo la supervisión de la ONU. Siempre pensé que había sido un error mortal de la Junta no haber aceptado eso, porque en la medida que era propuesta en forma pública y notoria por los EE.UU., significaba que Inglaterra asentía este acontecimiento, porque no iba a quedar el rey máximo en blanco, esa propuesta era de la máxima seriedad posible. Creo que era mejor para la Argentina poner ella el pie en las islas, a que sólo los ingleses lo mantuvieran. Este fue el final de la intervención mediadora y le siguió una pública y notoria beligerancia de los EE.UU., actuando vía satélite, informando de todos los movimientos argentinos, con lo que colocaba a la Argentina en grave inferioridad militar.

Para mí fue un acto de beligerancia, nadie se atrevió a decirlo ni se dice hoy, porque nadie se anima a asumir esa responsabilidad de acusar al rey, porque el rey es el rey. El hecho es ese, los EE.UU. fueron beligerantes y no neutrales. Y uno saca otra conclusión, que yo se lo he dicho a altos oficiales del Ejército y de la Marina Argentina, les he dicho mi interpretación, no me han desmentido sino que han quedado pensativos, que el verdadero ocupante de las Islas Malvinas es los EE.UU. y no Inglaterra, por una cosa obvia y evidente estratégicamente. Los países en serio hacen las cosas que se necesitan. No hacen actos superfluos, digo, actos importantes superfluos. Las Malvinas cumplían un gran rol en la lógica del dominio mundial de los océanos, y del comercio oceánico inglés en el mundo. Era un imperio esencialmente marítimo y necesitó una red de bases en el mundo que le permitiera el control de los pasajes vitales de todos los mares y océanos y por eso las Malvinas tuvieron ese papel, en esa red mundial.

Pero desaparecido notoriamente el Imperio ¿qué interés fundamental tiene Inglaterra en controlar los accesos del Océano Atlántico y del Océano Pacífico? Creo que es un asunto superfluo, y mucho más superfluo como para hacer una guerra. Pienso que el interesado verdadero es Estados Unidos de Norteamérica, y que eso es lo que explica su beligerancia. Es que los EE.UU., hoy el mayor poder mundial oceánico, necesita el control del pasaje y encuentro del Océano Atlántico Sur con el Océano Pacífico, lo necesita por una cosa de una evidencia notoria: el Canal de Panamá tiene una fragilidad extraordinaria en el mundo de las armas contemporáneas, con un solo misil se termina el Canal de Panamá. O sea, que los EE.UU. no pueden sostener el pasaje interoceánico de Panamá solamente, porque Panamá no le da seguridad del mantenimiento de ese canal en una situación difícil con otra potencia, porque lo primero que vuela es el canal. Me parece que esa es la lógica. Incluso fundaciones asesoras del Gobierno de Bush en Tejas, hacen hincapié especial en el control de todos los pasajes interoceánicos. Pienso que para ellos sí es fundamental como potencia bioceánica, que da al Océano Atlántico y al Océano Pacífico, toda situación de conflicto le dividiría sus flotas enormemente. Por eso inventó Panamá, porque necesitaba una movilización rápida de su flota, tanto hacia el Occidente como hacia el Oriente, y acá se mantendría el mismo concepto en una vía no interrumpible tan fácilmente como el canal de Panamá, donde ahora, barcos de altos portes no pueden pasar en absoluto. En mi opinión, solo existe interés notorio de parte de Norteamérica y no de Inglaterra. Solamente eso explica la beligerancia, porque no se es beligerante porque sí, echándose en cierto sentido el sentimiento de toda América Latina en contra. Tiene que ser por algo muy importante, no por una sentimentalidad de hablar inglés en común con los ingleses, debe ser una cosa consistente y la única cosa consistente avalada, por eso era que ellos querían estar en la ocupación no con la ONU. Solos la ONU y la Argentina no, sino ellos y la Argentina con la ONU, pero ellos. Hay suficientes hechos evidentes y claros que nos llevan a pensar que la decisión de la guerra de las Malvinas fue fundamentalmente una decisión norteamericana y creo que por lo menos merece que los argentinos discutan si están interesados en saber la verdad o no saber la verdad. Muchas veces uno no está interesado en saber la verdad. Pienso que sin la verdad el entendimiento no funciona.

Esta es una introducción a la importancia que tienen las Malvinas, a la importancia actual, a sus conexiones con la potencia hegemónica mundial, no solamente América del Sur sino en un grado aún más alto que 1982, pienso que es un elemento de comprensión de rumores. En la historia hay rumores preparatorios y rumores falsos, pero entre los rumores que no sé si preparatorios o falsos, se ha hablado de compras norteamericanas, desde la Patagonia hasta otras zonas de la Argentina, para cancelar parte de la deuda externa, porque no se trata de perder el lazo. Rumores que en mi opinión tienen un cierto fundamento, de alta probabilidad. Eso es lo que quería enunciar, porque he visto que no se habla de esto, que hay un miedo de hablar de esto, porque gente más inteligente que yo, sobra en la Argentina. No es por falta de inteligencia, por cautela, por temor, asunto de ustedes, pero lamentablemente también de los otros latinoamericanos.

La segunda cuestión de importancia: el impacto inmenso de la solidaridad gigantesca y espontánea de todo el conjunto de América Latina, salvo Chile en aquel instante y el gobierno de Bogotá, y digo gobierno porque no el pueblo, porque yo en aquellas épocas iba mucho a Bogotá y la repuesta popular era igual que en todos lados. Vale la pena señalar que aquel movimiento de inmensa solidaridad, sin embargo, fue un movimiento efímero. Se apagó con el acontecimiento y cada uno volvió a quedarse en su rancho por separado. Pero ahora estamos en una coyuntura nueva, que llamaría, para ser sintético y rápido, en un proceso de africanización de América del Sur. O sea, el fracaso general en América Latina, salvo en Chile, de las reformas neoliberales de la década del 90. Desde la CEPAL, a la FAO, todos los organismos hablan del terrible crecimiento del empobrecimiento, del desempleo, de las diferencias de las rentas y las sociedades de América del Sur, como un hecho general. La sensación que uno siente, y la sensación que la Argentina siente, es que está atrapada y sin salida. Pero no sólo la Argentina está atrapada y sin salida, pasa lo mismo, en otra forma, en Uruguay, en Paraguay, en el Perú. Tengo amigos en esos sitios, porque en mis actividades en el CELAM recorrí muchos años América Latina. Hay un acontecimiento nuevo, que es la situación que describe un alemán residente en México, un tal Heinz Steffan, que publicó un artículo titulado “Recolonización de América Latina”. Pienso que está equivocado, que no es recolonización de América Latina, es recolonización de América del Sur, porque la otra parte, en términos relativos, ya está suficientemente colonizada y el proceso de colonización se produjo desde finales del siglo XIX, hasta la era de la política de “buena vecindad” de Roossevelt. Ahí se cerró el ciclo del “Big Stick”, del dólar, etc., en la parte de arriba de América Latina, o sea de México, las Antillas, América Central.

Alguna vez, estando en Cancún, mirando Cancún -hace muy poco iban muchos argentinos-, y yo mirando las personas pensaba: “aquí la historia parece haber cerrado por una larga temporada”. Escuchaba sus ruidos y pensaba que por ejemplo, la Cuba de Fidel había pasado la era de los corsarios -el último “Capitán Blum” era Fidel-, para ser sustituida por la era de los cruceros del amor. Los cruceros del amor conquistan a todas las Antillas, sus islas. Y las viudas de Suecia, de EE.UU., de Alemania van a ver al “latinoamerican wolf” y Cuba está en cierto sentido ávida por entrar en el Crucero del Amor y creo que es un destino inexorable. Eso es lo que yo pienso, porque veo y digo, Fidel no resiste al Crucero del Amor o el régimen es demasiado, aunque intenta instalarlo con hoteles europeos, pero no van a ser suficiente, es lo que yo siento de toda esa zona, el Caribe. La paz va a invadir al Caribe inexorablemente, entonces lo que está ocurriendo en América del Sur o lo que empieza a ocurrir, es lo que les ha ocurrido a los del Norte en la fase anterior, porque América del Sur no había sido tocada directamente.

Porque el Imperio Norteamericano, es un imperio porque tuvo gente muy competente. Porque se llega al poder y a la eficacia con mucha competencia, con muchas aptitudes, hay que inventar muchas cosas, hay que crear muchas cosas, que otros no lo han y no lo hemos sabido hacer. Vamos a ser claros, cada uno genera hasta cierto punto lo que se merece. Yo no soy un “anti”, soy un “pro”, que es otra cosa. Un “pro” de lo nuestro, sabiendo que eso tiene altos costos, que no sé si nuestras sociedades son aptas o capaces de asumir, ese es otro asunto. En realidad si uno piensa, sobre el Sur no hubo verdaderamente acciones norteamericanas de intervención abierta, descarada, salvo un golpe militar, atizado también por algún Embajador. Pero cosas subliminales, no intervenciones ostensibles, o sea que era un ámbito de presiones diplomáticas, de presiones suaves.

Pienso que entramos en otra fase más intensa, distinta a cuando Europa estaba en América del Sur. La mayor parte de los capitales invertidos en América del Sur hasta el año 1939 eran ingleses y del resto de Europa Occidental, alemanes, franceses, etc. Hubo un enorme avance norteamericano en los años ’20, que siguen a la Primera Guerra Mundial, pero en los años ‘30 la crisis mundial del capitalismo enlenteció el proceso de inversiones yanquis en América. Pero la Segunda Guerra Mundial aisló a Europa de América del Sur y entonces el único abastecedor industrial que quedó de toda América del Sur fueron los Estados Unidos de Norteamérica, porque Europa estaba ocupada o en lucha como Londres, etc. Y el avance norteamericano se hizo pacíficamente con muy pocos líos, algún lío con Spruille Braden, pero poca cosa. En esos años se consolida la hegemonía norteamericana sobre el conjunto de América Latina, pero especialmente de América del Sur, con la alianza brasilera. Porque Brasil, desde la época de Río Branco -que es el conductor de la política de la República de Brasil-, en el año 1902 o 1903, el primer comprador de la mayor exportación de Brasil que era el café, eran ya los Estados Unidos de Norteamérica. La diferencia es que los compradores de la Argentina eran europeos, y algunos compradores de Brasil eran europeos, pero la mayoría eran norteamericanos, y eso varió la política de Brasil, que se sentía no con fuerza para ningún enfrentamiento, sino que debía tener cautela, tranquilidad y crecer a la sombra del rey, en emergencia.

Esa fue la apuesta sustancial de Brasil, fue una apuesta sensata. La Argentina fue en algunos instantes históricos más frontal, pero eso era porque los intereses, la lucha real, era entre ingleses y norteamericanos por la Argentina. Churchill en sus memorias relata que le dijo a Roossevelt: “en América del Sur todo, menos las carnes del Río de la Plata”, -o sea Argentina y Uruguay-, “ahí no me toque”. Pero los yanquis lo tenían que tocar indirectamente, con los alemanes, los nazis, etc. En realidad es lo que en estrategia militar se llama la “estrategia de la aproximación indirecta”, o sea, ‘yo digo que ataco por los alemanes, pero en el fondo es por los ingleses para desalojarlos, pero no lo puedo decir porque en otro frente soy aliado de los ingleses’. Entonces la diplomacia inglesa hizo un gran silencio y no compartió ninguna de las actitudes norteamericanas en la época del 45 y del 46. Los ingleses hicieron silencio porque sabían que iban contra ellos, era la sustitución de un imperio por otro, o el intento, o el comienzo. En Uruguay no pasó igual, simplemente entre el ‘47 y el ‘52, yo dije en aquella época, a los ingleses no los fueron, simplemente se fueron, ya no estaban interesados. La hegemonía yanqui es incontrovertible hasta el final de la URSS en América del Sur. Pero viene el derrumbe de la URSS, viene a tres años de las Malvinas a partir del 1985, pero generado en las Malvinas, el comienzo del entendimiento argentino-brasilero, que va a culminar en 1991, con la constitución del MERCOSUR.

¿Que significa el MERCOSUR? Cuando a la Secretaria de Estado, Madeleine Albrigth la llamó una Comisión de Relaciones Internacionales del Senado Norteamericano, le preguntaron ¿qué piensa del MERCOSUR?, respondió: “Fue una distracción”. Una distracción, porque en el instante que se hundía el enemigo básico, que era la URSS, el escenario quedó envuelto en una polvareda terrible y nadie sabía bien como se iba a recomponer el escenario, quiénes iban a ser los actores principales, quiénes los secundarios. Hubo un momento de desconcierto de todos los estadistas mundiales, nadie sabía porque antes, hasta el ‘89 o ’91, había un escenario totalmente nítido y claro que se había armado en los cuatro o cinco años siguientes a la Segunda Guerra Mundial, y ese escenario se rompía, y nadie sabía cuáles iban a ser las nuevas reglas, la nueva situación, hubo una incertidumbre general.

En medio de eso, culminando el proceso iniciado por Sarney y Alfonsín, se produce con Color de Mello y Menem, la creación del MERCOSUR, el Acuerdo que llega en Junio de 1990. Eso enloqueció a Uruguay, el Sr. Lacalle dijo “quedamos afuera”, y eso generó que él hablara con el Paraguay y pidieran entrar y formarse el tratado del MERCOSUR en marzo del año siguiente en Asunción. El Acuerdo de Julio, que fue la dinámica fundadora de la Alianza argentino-brasilera, que hoy no se sabe si va a existir o no, pero está ahí en lucha. Esto es una batalla capital, diría yo, la batalla fundamental de América del Sur es ésta, la que está acaeciendo en este instante. ¿Por qué?

Les voy a contar tres anécdotas. Yo he escrito en Uruguay mucho del MERCOSUR, y se me conoce como un ultra mercosurista. En el año 1997, en vísperas de la visita de Bill Clinton al Brasil y a la Argentina, estuvo tres días en Argentina y otro tanto en Brasil, ahí fue como un reconocimiento explícito del MERCOSUR por los EE.UU. Fue el primer reconocimiento explícito en el ’97, en forma dicha por su autoridad máxima. Pero poco antes yo había escrito comentando un artículo que se publicó en la revista América, que es una revista empresarial de origen norteamericano que se edita en Santiago de Chile, y el editorial de diciembre del ’96 llevaba un título singular. Decía: "El MERCOSUR gana...por ahora”, y lo firmaba un autor norteamericano. Yo hice todo un comentario de la sintomatología que tenía ese título y el contenido, diciendo: “por ahora ganan, pero no por mucho tiempo”, eso era el mensaje esencial de la revista del empresariado norteamericano. Luego en Diciembre de 2000, otro editorial de la misma publicación, escrito por otro yanqui, decía: “MERCOSUR, bye, bye”. Ya estaban con alegría, porque si digo “bye, bye”, es porque tengo un contento irrefrenable. Como síntomas podría abundarles hasta el hartazgo con estas cosas, pero es imposible, y además yo hablo lento.

Pero ¿qué significa? Significa una cosa que es evidente y es clara: que el antiguo poder -que hasta los años ’60 era el gendarme norteamericano en América del Sur-, o sea el gobierno militar brasilero, desde los ’70, con la presidencia del Gral. Geisel comenzó a dejar de serlo. ¿Por qué?

Porque el Brasil, bajo la égida de los primeros gobiernos militares, completó el gran salto de su industrialización. Entonces Geisel empezó a sentir la fuerza suficiente para no ser un gendarme obediente de la soberanía del otro, sino para empezar a hacerse sitio en el mundo latinoamericano del sur, en América del Sur. Nunca los brasileros tuvieron en su horizonte a América latina en su conjunto, tuvieron solamente a América del Sur, la están aprendiendo, en realidad hace muy pocos años. Fernando Enrique Cardoso pertenece, en cierto sentido, a la primera generación de intelectuales brasileños que se empezó a enterar de América latina, nunca hubo una generación de brasileros que supieran casi nada de América latina. Cardoso y sus amigos en muchos ministerios, pertenecían a la intelectualidad brasilera expulsada por el golpe militar del ’64 y que fueron a Uruguay, a Chile, a Perú, a Méjico, a Venezuela, se latinoamericanizaron, como ninguna generación brasilera anterior y les dio como una especie de revolución copernicana en sus ópticas, todavía minoritaria en el mundo de Itamaratí y en el mundo del Brasil, porque los cambios de óptica tan enormes no son asimilables por toda una experiencia de varios siglos, con interpretaciones históricas hechas bajo la hegemonía inglesa de Portugal, etc., y no hecha en la época de la alianza de Portugal y Castilla. Entonces ahí comienza el movimiento de “ir a qué”, a que Brasil siente que está aislado del conjunto de América hispano-parlante, y que sus únicos aliados posibles en la cercanía, somos los hispano-parlantes.

Aunque -al margen-, en mis cursos de historia me detengo largamente en la Edad Media de Castilla y Portugal, para enseñar cómo nace Portugal, que era un condado de Castilla, para mostrar que en las raíces éramos lo mismo, no es superfluo. “Qué” significa la alianza con los países hispano-parlantes de América del Sur. Nosotros tenemos una idea que América del Sur es un bulto, lo único que tenemos nítido es Argentina y el resto es una nube que no se sabe bien qué es. En cambio, el Imperio tiene un saber de todos. Nosotros somos micro-aldeanos, no sabemos ni de la vecindad, somos bestias peludas.

¿Qué significa la alianza Brasil-Argentina? Porque Brasil, digámoslo nítidamente, o se alía con el contorno hispano parlante o queda solo en el Hemisferio Sur, con África enfrente y el océano, o sea no tiene movilidad de alianza más que con nosotros, y con más nadie. Y toda la política yanqui que se concentra en la crisis de la Argentina actual es operación de destrucción del MERCOSUR, porque no es el Fondo Monetario. Los que hablan del Fondo son políticos que no pueden decir la verdad completa, las cosas son así, suponer que una institución es libre de los países que la controlan es una tontería, y el que controla al Fondo y tiene hasta veto, el único, es EE.UU. Y Europa no tiene la fuerza para enfrentarlo -también está eso-. Me parece que Brasil busca la alianza Argentina desde Sarney, cuando empieza toda esa política de ampliar el juego. ¿Y por qué Argentina? Hay que observar las proporciones de los países de América del Sur, porque la vida y la política en esencia es una adecuada visión de las proporciones en los diferentes líos en que uno esté. Si uno no sabe cuáles son sus proporciones verdaderas, pierde.

América del Sur tiene dos rostros: el rostro de un solo país, Brasil, y el rostro hispano parlante que son 9 países. Por un lado nueve países y por el otro lado uno. Los nueve sumados dan una equivalencia en recursos, en población, en PBI, somos iguales, si no estuviéramos divididos en nueve, o sea, tomando los hispanoparlantes, somos dos partes. En la parte de los nueve, hay uno que es fundamental, que es la Argentina. Hay cinco países medianos, en comparación a Brasil. La Argentina es un país mediano, Colombia es el otro, Venezuela es el otro, Chile es el otro y Perú es el otro, son cinco países intermedios. Sin embargo, Argentina, si tomamos las cifras anteriores al desorden contemporáneo, si tomamos cifras del ’98, el Producto Bruto argentino se calculaba en unos doscientos setenta y cinco mil millones de dólares. Eso que representaba Argentina, era igual a la suma de Colombia, Venezuela, Chile y Perú, es decir el conjunto de los cuatro era igual a la Argentina y todos juntos eran un poco menos, muy poco menos que la unidad de Brasil. Y los enanitos eran: Uruguay, Paraguay, Bolivia y Ecuador, que sumados en su conjunto, su PBI era igual al último de los medianos, o sea Perú. Esto para darles una idea que América del Sur no es un bulto, que es un orden de proporciones, que el conjunto es igual (los nueve) en población, en recursos y en extensión a Brasil y que juntos, todos, seremos unas siete u ocho veces menos que EEUU sólo. Imagínense que por separado, somos enanos todos. Nos disimulamos un poco el enanismo que tenemos. Yo no lo puedo disimular, porque soy uruguayo, pero ustedes lo disimularon incesantemente, y ahora lo pagan, todo se paga. Uno ve allí las proporciones.

¿EE.UU. es malo? Malo no, en absoluto. A su modo es sensato, en una de esas yo en su lugar haría lo mismo. Los EE.UU. saben que el asunto del poder mundial le implica concentrarse en una política de equilibrio. En Eurasia, las grandes potencias -en lo que posiblemente termine en un concierto mundial-, son la Unión Europea, Rusia, China, la India. Henry Kissinger dice: “hacia mitad del siglo es posible que haya un concierto mundial de grandes potencias continentales, que serían EE.UU., Unión Europea, Rusia, China, India”. La India, por ejemplo, ha logrado una enorme modernización. Cuando Bill Clinton estuvo en la India hace unos dos o tres años, nos enteramos por su discurso que India le exportó a Alemania setenta mil expertos en alta electrónica, porque las Universidades hindúes tienen una producción extraordinaria en el área de la cibernética. Digo esto para ver que los hindúes tendrán vacas sagradas, pero también tienen otras cosas, que es útil ver. Alemania no tiene equipo suficiente y ya no importa solamente turcos para que limpien el piso, tiene que importar otros tipos de más alto nivel. Los EE.UU. tienen un juego mundial de potencia entre estos cinco. Los EE.UU., que hoy son el rey máximo, pero no se sabe hasta cuándo y cómo, no quiere que ingrese, aunque sea muy de atrás, un nuevo centro de poder. Por lógica son hostiles al surgimiento de cualquier centro de poder, sea en el Islam, sea acá, donde sea, no les interesa porque eso es complicarle el ajedrez mundial. Dejar abierta la posibilidad que en el patiecito del fondo donde había gallinas, conejos y pavos, le aparezca un centro de poder. “Eso no, si lo quieren que se lo ganen en contra mí. Si me lo ganan, los aceptaré, pero si no, antes vamos a experimentarlo, no a regalarle nada”. Porque en la historia, por suerte nadie regala nada. Solamente Dios, el resto nadie.

Me parece que los EE.UU. necesitan aprovechar o suscitar nuestras crisis. Tengo mis dudas de que toda la estampida de capitales que hubo en 1999 en la crisis de Brasil, o en Argentina en el 2001, sean “naturales” o por la sola lógica del mercado. Tengo mis dudas, porque las conexiones descriptas por Jeffrey Sachs y muchos otros economistas yanquis, entre el Tesoro Norteamericano, Wall Street y el Fondo Monetario son muy estrechas y pueden organizar fácilmente una fuga de capitales, como ya amenazan a Lula en Brasil, que no es sólo por Lula, es por muchas otras cosas. Es posible que ellos hayan generado la crisis, haciendo huir 4.000 o 5.000 millones en una o dos semanas, generar un pánico y una estampida que rajan todo los que tienen un mango en plaza, y eso es lo que le pasó a Brasil. Hubo una fuga una semana, otro poquito otra semana y después de ahí vino un alud, que no lo pudieron parar.

Mi opinión es, en síntesis, que la América Latina tiene una empresa máxima. El que hizo la teorización máxima de esto fue un tipo no muy estimado en el Uruguay, del que yo aprendí mucho que se llamaba Juan Domingo Perón. Él me enseñó en el año 1953, el nudo del significado de la alianza entre Argentina y Brasil, con una nitidez meridiana y ejemplar como no vi nunca, y lo aprendí para siempre. Y en cierto sentido, me embromó la existencia, me hizo atípico a pesar mío, porque ser atípico al hablar vaya y pase, pero ser atípico en el pensamiento es una pena. Entonces, dice Perón, y yo digo en un librito que hice sobre él, publico lo que yo aprendí en 1953 y en el ‘51 con el Pocho, y qué aprendí: él se planteó cuál es el camino principal para la Unidad de América del Sur. Él no pensaba más en América Latina, él usaba a veces América Latina, pero siempre hablaba o casi siempre de los Estados Unidos de América del Sur. Era ambiguo, pero mi idea es que él sabía que asomar el hocico en las Antillas y América Central, era para que se lo cortaran. Eso era radio de seguridad interna del rey, y eso era meterse y él no lo quería. Entonces, él se limitaba muy sabiamente a América del Sur, que es lo fundamental de América Latina, que es lo más importante, que es lo que da el nombre a América Latina, que son los dos rostros, luso e hispano parlante. Perón se interrogó ¿cuál es el camino principal para la alianza que pueda fundar la Unión Suramericana? Esa fue su interrogación. ¿Hay un camino? Y se contestó que sí, que ese camino era la alianza de Argentina con los brasileños y también con Chile, porque Chile era lo que daba bioceanidad a la alianza, entonces era fundamental por el rostro de la bioceanidad.

Y en verdad la política sólo existe si yo tengo la estrategia de saber cuál es el camino fundamental o principal y cuáles los caminos secundarios. Si yo no tengo idea nítida de cuál es el fundamental o principal, no sé distinguir la importancia de ningún camino. Sólo si reconozco la avenida fundamental, puedo decir: “este es secundario, este terciario, este cuaternario”, o sea administrar mi política. Saber que el éxito de determinado camino es la justificación de los caminos secundarios o terciarios, pero que por sí mismos conducen a la nada, por sí mismos no son nada, solo si se recorre el camino fundamental. Por ejemplo para que me entiendan, si España, Italia y Suecia se unen no hay Unión Europea, no hay nada, es una cosa linda, nada más. Pero si se unen Alemania y Francia, esa es la Unión Europea desde el nacimiento. Porque son los dos países que hundieron a Europa en dos guerras, son los únicos capaces por su índole y de hecho la alianza franco-alemana es la inventora de la Unión Europea. Tan inventora de la Unión Europea, que en Inglaterra la propaganda anti-Unión Europea pone el retrato del Fürher, es una cosa absurda y disparatada, pero Alemania puede hacer una política mundial ostensible sólo a través de Francia, porque el asunto de los campos de concentración y de las masacres, le pesan mucho y no puede ni asomar mucho el hocico.

Entonces la alianza estratégica de dos cosas fundamentales, genera lo que Perón en sus escritos llamaba “el núcleo básico de irradiación”. Si logramos articular Brasil y Argentina, ahí generamos la unidad de América del Sur, esa es la Unión Sudamericana, eso fue lo que yo aprendí y no lo olvidé nunca más. Cuando eso apareció, por supuesto yo quedé entusiasmado, pero pensaba, cuando la Albrigth respondió que el MERCOSUR fue una distracción, yo dije: “qué tormenta se nos viene”. Y estamos en la tormenta. Y han atacado al más débil, al más chico. Pero van a terminar no solamente aislando a los brasileros, sino incluso disminuyéndolos en una segunda etapa si tienen éxito. De alguna forma Brasil sabe que esta es la culminación del cerco, sabe que esto, lo que ocurre en la Argentina, es la puesta en sitio a Brasil.

Sin embargo, pienso que el partido está empezando. Estamos a 200 años de nuestra Independencia. En el 2008, se cumplen 200 años que comenzó el proceso de la independencia. Que tiene la singularidad que comenzó en América del Sur, no en Méjico, no en Brasil, no en América Central, que cada uno se independizaron por sí mismos. Ningún país hispano parlante de América del Sur se independizó por sí mismo. Los países que resultaron del proceso de Independencia, todos fueron más allá de sí mismos o recibieron desde más allá de sí mismos, del resto, su capacidad de ser independiente. Nadie fue independiente por sí mismo, absolutamente. Porque Bolívar intentó alzarse en Venezuela, y la perdió, y terminó incidiendo en Bogotá y Colombia, donde habían intentado también y la habían perdido, liberaron a Colombia y desde ahí liberaron a Venezuela. En Ecuador habían intentado y habían perdido, vino Bolívar con venezolanos y colombianos a Ecuador y al Perú, y de las Provincias Unidas del Río de la Plata había que ir al núcleo del poder español que estaba en el Perú. Les recuerdo, porque nuestra historia es un mamarracho, que hemos sido peruanos hasta 1776. El Virreinato del Río de la Plata fue una cosita muy chiquita y muy cortita. Lo fundamental es que desde el siglo XVI éramos peruanos, porque toda la América del Sur era peruana, salvo una breve costa de Venezuela sobre las Antillas, pero todo el resto era peruano, pero eso no lo sabe nadie, no lo recuerda nadie.

Nos han enseñado una historia estúpida, porque Colón vino, Solís vino y Mendoza vino para que el Uruguay existiera. Ese era el objetivo único desde el comienzo, desde el comienzo todo acaeció para que Argentina fuera, o para que Chile fuera, o para que Perú fuera, una historia mamarrachesca. Me parece que la cercanía de la vecindad, que nos hace el proceso de la globalización, el empobrecimiento, la fiscalización, es para mí el preludio de la portorriquización de la Argentina. Están en la etapa de africanización y si tiene éxito esta etapa, la oferta no es la alianza con el Brasil, sino la oferta va a ser el Puerto Rico fundamental del Imperio Norteamericano en el Sur.

Termino y espero haber sido útil en algún sentido.

1 Conferencia brindada por Alberto METHOL FERRE en Julio de 2002, en el marco del Seminario “Malvinas y la Segunda Fase de la Independencia”, organizado por la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas y el Instituto “Malvinas, Patagonia e Islas del Atlántico Sur”.


9 de febrero de 2012

La calumnia contra Casalla es algo peor que un crimen, es un error

La historia es sencilla. Han condenado a un oficial y a nadie se le ocurre sospechar de la buena fe de sus jueces.

Nunca se había organizado una opresión tan monstruosa y dirigida contra la libre discusión. Y reina el más vergonzoso terror, los más valientes se vuelven cobardes, nadie se atreve ya a decir lo que piensa por miedo a que le denuncien acusándole de vendido y traidor.

Yo acuso, Emilio Zola.

Al enterarme de las viles e infundadas acusaciones que, insidiosamente y como al pasar, se lanzaran contra el doctor Mario Casalla me invadió una sensación de indignación e impotencia. El famoso escrito de Emilio Zola, en defensa del oficial francés Alfred Dreyfus, calumniosamente degradado y condenado a trabajos forzados en la Isla del Diablo, fue lo primero que me vino a la cabeza.

Mario Casalla es, por un lado, un destacado intelectual, autor de algunos libros que son impostergables como “Tecnología y Pobreza. La modernización vista en perspectiva latinoamericana” (1988) y, sobre todo, “América Latina en perspectiva. Dramas del pasado y huellas del presente” (con ediciones en 2003, 2005 y 2011). Su actividad como profesor universitario le ha valido un sólido respeto en el ámbito académico de la Filosofía y de la Psicología. Como se sabe ha sido impulsor inicial y vocero principal de la escuela de Filosofía Latinoamericana y ha dado conferencias y seminarios en todo el país y el extranjero.

Pero además, y principalmente, el doctor Mario Casalla es un militante político del peronismo, donde ingresó en sus años juveniles y donde ha permanecido dando batalla hacia adentro y hacia afuera del mismo, siempre coherente con los valores de soberanía política, independencia económica y justicia social que caracterizaron desde su nacimiento a esta corriente sustancial y mayoritaria de la Argentina.

Es además un notable e inteligente periodista, con quien he tenido el placer y el honor de compartir columnas gráficas y radiales, en especial las mañanas de radio Excelsior en un programa que se llamó “Buenos días, Buenos Aires”, entre 1989 y 1991.

Conozco en profundidad el pensamiento filosófico y político de Mario Casalla así como su actividad política. Su convicción peronista se basa en el pensamiento y la acción que caracterizaron las dos primeras presidencias del general Juan Domingo, que crearon las condiciones de la Argentina moderna. Es un hombre de firmes convicciones democráticas, defensor decidido de los derechos humanos y sociales y admirador de los dos grandes movimientos populares de la Argentina del siglo XX, el yrigoyenismo y el peronismo, ambos derribados por golpes militares ajenos a y en contra de la voluntad popular. Es por ello que, como tantos de nosotros, defendió hasta último momento la legitimidad del gobierno de Isabel Perón ante la conspiración cívico-militar que intentó derrocarla hasta que lo logró en la nefasta noche del 24 de marzo de 1976, en momentos en que muchos sedicentes demócratas fogoneaban entusiasmados el golpe asesino.

Ha sido, desde siempre, un amigo de la Izquierda Nacional y ha reconocido en sus libros la influencia que la obra de Jorge Abelardo Ramos ha tenido en la elaboración de su pensamiento latinoamericanista. Ha prologado, por estas mismas razones, la última edición de “La Cuestión Nacional en Marx”, de Jorge Enea Spilimbergo.

Que este hombre haya sido acusado de atentar contra los Derechos Humanos, sin que exista denuncia o procedimiento judicial en tal sentido; que este profesor haya sido condenado sin juicio previo, sin defensa y por la mera acusación sectaria de un pequeño grupo, por el Consejo de la facultad de Psicología, nada menos, es algo peor que un crimen, es un error.

Es un error que deja entrever luchas facciosas por el pequeño poder académico, viejos odios de provincia contra un militante político que no cedió ante la presión de derecha e izquierda para voltear a un gobierno constitucional, antiguos y renovados rencores antiperonistas contra un inclaudicable defensor de los valores y las tradiciones del 17 de octubre de 1945.

Volviendo a Zola, podemos afirmar con él, pensando en nuestro compañero Mario Casalla: “Respondo con mi vida, respondo con mi honor. En esta hora solemne, ante este tribunal que representa a la justicia humana, ante ustedes, señores del jurado, que son la esencia misma de la nación, ante toda Francia, ante el mundo entero, juro que Dreyfus es inocente”.

*Julio Fernández Baraibar es político, periodista y escritor. Es Asesor de la Secretaría de Cultura de la Nación y miembro de número del Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.

3 de febrero de 2012

El comandante Hugo Chávez Frías habla en el Centro Arturo Jauretche en 1995, a poco de salir de prisión después del intento de febrero de 1992. En la foto se ven, entre otros, a Jorge Enea Spilimbergo, Norberto Acerbi y, de espaldas en el centro, Fermín Chávez

Venezuela o el derrumbe del proyecto colonial

El siguiente texto apareció publicado en el periódico partidario Acción Popular para la Liberación, en marzo de 1992, a pocos días del levantamiento militar en Venezuela encabezado por el Comandante Hugo Chávez Frías. Podemos decir, no sin orgullo, que fue el único artículo de toda la prensa política en saludar con entusiasmo ese levantamiento y en anunciar el inicio de un nuevo período revolucionario en Suramérica. Tanto la prensa comercial y su estolidez desinformativa como la llamada prensa de izquierda progresista vieron en el levantamiento de Chávez una réplica de las rebeliones carapintadas argentinas y, sobre todo, de su reaccionarismo ideológico. Este solitario artículo, escrito con la información recogida en la prensa comercial y sin otro conocimiento sobre los protagonistas del alzamiento de Chávez, logró anticipar, en parte, el desarrollo de lo que hoy es la República Bolivariana de Venezuela.

En nuestro número anterior, a propósito del triunfo electoral en Bolivia de fuerzas de claro contenido nacional, popular y antiimperialista afirmábamos que dichos resultados daban por tierra con la presunta simpatía de las grandes mayorías hacia sus verdugos y aseguraba que una nueva hora de los pueblos se avecinaba en nuestros países. Los acontecimientos político militares que se viven en Venezuela a partir del pronunciamiento y la rebelión militar encabezada por el coronel Hugo Chávez revelan que nuestra afirmación no era tan sólo una expresión de deseos.

El actual presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, subió al poder elegido por el voto popular hace tan sólo tres años. Candidato del partido Acción Democrática, miembro de la Internacional Socialista, Pérez gozaba entonces de una gran popularidad, como producto de una cierta democratización de los ingresos provenientes del petróleo realizada en su anterior presidencia. En aquella época, Venezuela se había beneficiado con la suba del precio internacional de petróleo y se había lanzado a una política de industrialización del país y de distribución de la renta petrolera. Cuando asume la presidencia por segunda vez, han cambiado las condiciones internacionales. La deuda externa pesa sobre la economía venezolana de la misma manera en que lo hace sobre todos los países latinoamericanos. Estados Unidos se ha lanzado a la política exterior de equiparar democracia política con libertad de los mercados y utilizar el chantaje de la deuda como medio para desnacionalizar nuestras estructuras económicas. Ante ello, el actual presidente venezolano hace una voltereta que los argentinos conocemos muy bien. El mismo día en que, con bombos y platillos, asume su segunda presidencia, renuncia al programa de gobierno que había ofrecido a la ciudadanía durante la campaña electoral y se lanza a la política de ajuste y entrega de las empresas estatales que le exige el imperialismo. Poco después firma un acuerdo con el fondo Monetario Internacional, produce un aumento descomunal del precio de los combustibles e inicia una política recesiva y hambreadora que ha llevado a una situación tal que, según estadísticas reveladas en estos días, el 57 % de las familias pueden permitirse tan sólo una comida al día. Un periodista norteamericano sostiene en el diario The Baltimore Sun –en una nota aparecida en la prensa local- que la pobreza había aumentado de un 37% en 1981 a un 65% en 1989 y que el desempleo entre los jóvenes de entre 15 y 24 años rondaba el 20%. A estas cifras –cuya vigencia puede en más o en menos aplicarse a todos los países de América Latina- debe agregarse una descontrolada corrupción administrativa. Los funcionarios del gobierno de Carlos Andrés Pérez y el propio Pérez son sospechosos de un ilimitado enriquecimiento a través de negociados, coimas y otros ilícitos. La prosperidad de la época petrolera generó en la burguesía venezolana una imitación del estilo de vida norteamericano con su culto al automóvil y las autopistas. Todas las grandes obras de infraestructura realizadas por el gobierno generaban el enriquecimiento de los miembros del círculo cercano al poder y con la aplicación de las políticas dictadas por el FMI se produjo un brutal empobrecimiento del país, pese al aumento del producto bruto interno, lo que en los hechos ha significado una redistribución del ingreso, expropiando a los sectores de menores recursos para entregárselo a los más ricos.

La estructura política del país está caracterizada por el reparto periódico del poder entre los dos partidos tradicionales, la AD actualmente gobernante, y el COPEI, vinculado a la Democracia Cristiana Internacional. El Movimiento al Socialismo (MAS), el tercer partido en importancia, surgió como producto de la integración a la actividad política de los movimiento guerrilleros de la década del ’60 y ha mantenido una permanente presencia electoral y parlamentaria, sin llegar a constituirse en una verdadera alternativa de poder frente al bipartidismo tradicional. En esas condiciones y en este marco político aparece como un rayo en una noche serena el pronunciamiento militar encabezado por el coronel Hugo Chávez, que adoptó el sugestivo nombre de Movimiento Revolucionario Bolivariano.

Los manes de Simón Bolívar y Simón Rodríguez

La prensa comercial de todas las tendencias ha ocultado algunas de las características distintivas de este movimiento. En primer lugar, se intentó esconder el llamado a “los estudiantes y curas progresistas” que los militares formularon el mismo día de su sublevación. En segundo lugar, no se explicita la filiación claramente democrática, patriótica y latinoamericanista expresada en su apelación a Bolívar y “su preclaro mentor Simón Rodríguez”. Y esto merece una explicación.

Quien se pone bajo la advocación del Libertador y, sobre todo, del maestro Rodríguez queda libre de toda sospecha de reaccionarismo. Ambos fueron fervientes revolucionarios formados en el ambiente intelectual y moral de la Europa posterior a la toma de la Bastilla. Si Bolívar, heredero de una de las familias más ricas del reino de Nueva Granada, renunció a su clase y entregó su fortuna a la causa de la Independencia y la Unidad Latinoamericana, el plebeyo Simón Rodríguez fue una de las cabezas más geniales, transgresoras y proféticas del siglo XIX en el Nuevo Mundo. Pedagogo, filósofo, pensador político, fundador de escuelas y de métodos de enseñanza, Simón Rodríguez o Samuel Robinson, como gustaba hacerse llamar, fue el enemigo declarado de las oligarquías oscurantistas y de la clerecía goda. Precursor de las modernas teorías educativas, defendió y puso en práctica principios docentes que intentaban reunificar la actividad manual y física con la intelectual. Expuso en su obra una arraigada defensa de la libertad individual y, discípulo de Juan Jacobo Rousseau, argumentó –en las primeras décadas del siglo XIX-a favor de la educación sexual para niños y niñas y de la creación de escuelas para ambos sexos. Recorrió toda la extensión de Suramérica y de su cabeza visionaria surgió la propuesta y la bandera de la unidad política y económica de las antiguas posesiones hispánicas. Ministro de Educación de la recién creada República de Bolivia, Simón Rodríguez debió renunciar a su cargo por las presiones de los sectores oligárquicos que rápidamente rodean al Mariscal Sucre y se marcha hacia Chile, donde vivió el resto de su larga vida, después de haber iniciado varias empresas educativas. Este es el hombre, en apretada síntesis, que los militares venezolanos evocan en su proclama.

La espada y el escapulario

Este hecho merece, quizás, una digresión más. Resulta, para un observador argentino, por demás llamativa la diferencia de lenguaje y de referencias ideológicas entre los documentos de los militares de Venezuela y los de los militares nacionalistas argentinos, vinculados a lo que ellos mismo definen como “el carapintadismo”.

A excepción de la mención al general San Martín, que a veces toma un carácter meramente litúrgico, es notoria, en el discurso de los militares rebeldes argentinos, la ausencia de menciones a la tradición revolucionaria que integró el ciclo de la Independencia Nacional. Se cita la memoria de San Martín, pero se olvida la de su secretario en el Perú, el revolucionario jacobino Bernardo de Monteagudo, el ideólogo de la incorporación de los pueblos indios a la epopeya emancipadora, asesinado en misteriosas circunstancias en la Lima de los marqueses godos. No aparece en los textos de los venezolanos ese tono de sacristía que, a veces, impregna los documentos y declaraciones de los militares argentinos enfrentados al gobierno y a la cúpula castrense. Tono que, por otra parte, ha contribuido grandemente a aislar a los militares nacionalistas de nuestro país de otros sectores sociales y políticos imprescindibles para la construcción de un gran frente patriótico. Quizás sea tan sólo un detalle, pero a veces son los detalles los que permiten ver la virtud o el defecto de una obra. El coronel Seineldín, jefe del levantamiento de diciembre de 1990, hizo conocer una declaración ante los hechos de Venezuela. En ella sostiene, con razón, que “hay un común denominador” entre el levantamiento venezolano y el carapintada. Sostiene, además, que “luchamos por la Independencia, pero para resistirnos a un Imperio Anglo Sajón que, utilizando como instrumento al Fondo Monetario Internacional, busca someter a nuestros pueblos a la peor de las dependencias, la del Hambre, la Miseria y la Cultura, pretendiendo que renunciemos a todo por lo que han luchado nuestros Padres”. Una excelente declaración, como se ve. El detalle al que nos referimos y que carecería de importancia si no fuera por el tono beato que mencionamos más arriba, es que, al pie de su documento, el coronel Seineldín lo fecha en “Santa María Magdalena”, es decir, en la cárcel de Magdalena, que es como todo el mundo conoce a ese lugar. Poner el desconocido nombre de la pecadora arrepentida a los pies de Jesús es simplemente un gesto de inútil y contraproducente esencialismo religioso que espanta más de lo que atrae.

Lo cierto es que existe en los militares venezolanos una tradición de lucha democrática y popular de la que carecen los argentinos, herederos, en muchos casos involuntariamente, del golpe reaccionario contra el general Perón en 1955. En Venezuela, en 1958, una insurrección popular, con activa participación de núcleos militares, de orientación izquierdista, derrocó al dictador Pérez Jiménez e inauguró un período de vigencia de la soberanía popular, casi singular en América Latina. Las Fuerzas Armadas de aquel país han sido formadas en un consecuente espíritu democrático y sin los resabios aristocratizantes de sus pares argentinos.

Por otra parte, Venezuela es el país de América Latina en donde con mayor vigor se han mantenido vivas las ideas nutricias del pensamiento bolivariano. La casi totalidad de la clase política venezolana participa de la tradición intelectual e ideológica de la Gran Colombia fundada por el Libertador. La misma idea de la unidad latinoamericana ha sido una constante en casi todas las fuerzas políticas de aquel país, más allá de la sinceridad o de la voluntad que pusieran en su realización. Esto también impregna el discurso militar, que no se reduce entonces a un patriotismo provinciano, sino que se asume como latinoamericano.

Los ejércitos y el Nuevo Orden Mundial

La propuesta hegemónica imperialista que con este nombre de reminiscencias hitlerianas es asumida por la mayoría de los gobiernos de América Latina, condenando a su población a un destino de ilotas, ha comenzado, como se ve, a generar respuestas. Para los EE.UU. los ejércitos nacionales han dejado de tener significación ni utilidad. Establecida la fórmula de la democracia colonial, legalizando el despojo en formas institucionales, los ejércitos no tienen ningún papel que cumplir. La soberanía nacional y territorial ha caducado y la crisis irremediable del antiguo bloque soviético hace innecesaria la doctrina de la seguridad nacional. Para las fuerzas armadas queda tan sólo el papel policial de represión al narcotráfico, en defensa de la salud y la economía norteamericanas, o el de comparsa en guerras imperialistas como la de Iraq o en intervenciones militares bajo la égida del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como ahora en Yugoslavia. Por supuesto, este tipo de policía no requiere industrias para la defensa o estructura productiva de ningún tipo. De ahí el desmantelamiento que se inició bajo el gobierno de Alfonsín y hoy se complementa con el de Menem, bajo la mirada vigilante del embajador Todman y la diligencia de Cavallo y Di Tella.

Lo ocurrido en Venezuela ha puesto en movimiento a fuerzas que son indetenibles. El gobierno proimperialista de Carlos Andrés Pérez está jaqueado y ha tenido que retroceder frente a las presiones populares. Los militares rebeldes de Venezuela cuentan, según todas las informaciones, con un amplio apoyo en el seno de la población civil que no hizo ningún gesto en defensa del gobierno. A este respecto son por demás elocuentes las declaraciones, publicadas en Página 12, de Douglas Bravo, el antiguo jefe de las guerrillas venezolanas y actual dirigente del Frente Patriótico: “En realidad no los conozco (a los jefes militares rebeldes), pero si juzgamos por todos sus documentos, proclamas y declaración de principios, nos colocamos en el terreno de apoyarlos”. Y ante la pregunta de cómo explicaba el nacionalismo de los rebeldes, el antiguo jefe guerrillero sostuvo: “Cuando en América Latina se plantea un proyecto nacionalista puede causar resquemor porque del nacionalismo nació el fascismo y el nazismo en Europa, mientras que aquí de una política nacionalista avanzada va a brotar la soberanía de estas naciones y va a nacer la emancipación integral. No tenemos por qué depender de EE.UU.”. Y terminó sus declaraciones afirmando: (a los militares) “la mayoría del país los va a sacar de la cárcel”.

Los nuevos tiempos son ya una escuela de política revolucionaria para las nuevas generaciones civiles y militares. Algo comenzó en Venezuela, que empalma vigorosamente con otras manifestaciones político-sociales en diversos países latinoamericanos, reflejo de una reacción de nuestros pueblos ante los bárbaros colonizadores. Han comenzado los tiempos de la segunda liberación de la Patria Grande.

Acción Popular para la Liberación, Buenos Aires, febrero de 1992


En la senda de Bolívar y Artigas

Decíamos en Acción Popular para la Liberación, a propósito del levantamiento de posmilitares bolivarianos en 1992, que existía una diferencia ideológico-conceptual muy grande entre los militares alzados en Venezuela y nuestros carapintadas. En primer lugar, era evidente el punto de partida democrático y popular de los bolivarianos. Lejos de levantarse a partir de una reivindicación castrense gremial, como lo hicieron los argentinos, los militares venezolanos partieron de cuestionar el centro de la política de sometimiento al imperialismo, los planes de ajuste y, con ello, la corrupción generalizada del régimen de Pérez. De esa forma, no se presentaron ante el conjunto de los sectores populares de su país como reivindicando cuestiones sectoriales, sino encarnando las aspiraciones y preocupaciones de los oprimidos.

En segundo lugar, buscaron antecedentes y base conceptual en uno de los momentos culminantes del proceso emancipador latinoamericano, el proyecto de Bolívar de la Gran Colombia. Mientras que el coronel Seineldín y sus hombres apelaron a confusas conceptualizaciones religiosas, abstractas y metafísicas, los venezolanos buscaron sus raíces en el proceso histórico latinoamericano y en la conciencia popular del mismo. Posiblemente, las razones de esta diferencia haya que buscarlas en la historia, sobre todo reciente, de ambos ejércitos. Mientras que el actual ejército de Venezuela tiene su raíz y conformación en la revuelta popular y antiimperialista contra el dictador Pérez Jiménez, el argentino se nutre de la alianza clerical-liberal contra el gobierno del general Perón en 1955.

Por otra parte, el pensamiento y la acción de Bolívar tienen en su tierra una vitalidad de la que carece nuestro Libertador General San Martín, convertido en un santo laico, inodoro, incoloro e insípido, por las vestales liberales del mitrismo y del Instituto Nacional Sanmartiniano. Nada de su pensamiento y sus proyectos políticos forman parte de la verdad oficial y, fuerza es decirlo, sólo la Izquierda Nacional ha indagado y hecho conocer la hermandad de ideales con el Libertador del Norte.

La reivindicación misma de Simón Rodríguez da indicios de la osadía de las propuestas de Chávez. Simón Rodríguez, el filósofo maestro de Bolívar, es una de las personalidades más extraordinarias de la historia latinoamericana. De su cabeza salieron las ideas más avanzadas, transformadoras y precisas del siglo XIX, en nuestra Patria Grande. Pedagogo y escritor, tuvo en las oligarquías hispanocriollas un enemigo encarnizado que logró sepultarlo en el olvido y la pobreza, sin lograr por ello hacerlo claudicar en su convicción. Emparentado con la tradición libertaria de la Revolución Francesa, encarnó en tierra criolla las aspiraciones de unidad nacional, de soberanía popular y de reivindicación social de los pueblos en lucha por la Independencia. Mencionar su nombre es apelar a los elementos más revolucionarios, antioligárquicos e independentistas de nuestra historia común. El coronel Hugo Chávez, por sus palabras, se ha puesto en ese lugar. No está solo. Millones de latinoamericanos hartos de la nueva opresión imperialista se aprestan a nuevos combates liberadores.

Publicado en Acción Popular para la Liberación, Diciembre de 1994