14 de septiembre de 2013

El Peronismo


Clase del 28 de mayo 2013 del Seminario de Historia de los Movimientos Populares de América Latina en el Siglo XX
Instituto Nacional del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego
Hoy vamos a hablar de algo que para los argentinos es un tema de conversación casi cotidiano, un tema político que no escapa de ninguna conversación familiar de Año Nuevo o de Navidad.
Después de casi 60 años sigue dividiendo a la política argentina. Y para los que no son argentinos –salvo honrosas excepciones- es un arcano tan profundo como la Concepción Inmaculada de María o la Santísima Trinidad. Este tema es el peronismo.
El peronismo es un fenómeno propio de la Argentina, de las condiciones sociales y de la historia política que lo produjo, pero que debe ser inscripto como uno de los movimientos y quizás uno de los más característicos movimientos nacionales democráticos del mundo semi-colonial posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Esto para encuadrarlo en un sistema mundial con las características particulares y con las especificidades de la sociedad que lo vio nacer.
El peronismo se inscribe en los movimientos como el Titismo en Yugoslavia, como el movimiento nacional democrático de Sukarno en Indonesia, como el Nasserismo en Egipto. El peronismo es uno de esos movimientos consecuencia del final la Segunda Guerra Mundial y del reordenamiento imperialista colonial mundial que ello implicó y que aparecieron como una fuerza que estaba sumergida en la historia. Se trata de un movimiento nacional de liberación en un país libre, en cuanto a formalidades constitucionales, pero que, en términos económicos e incluso políticos, estaba sometido a los grandes centros imperialistas de poder. Debemos insertar este proceso nacional en el gran torrente de la historia contemporánea. Y las especificidades de nuestros fenómenos políticos no pueden ensombrecer su naturaleza y carácter históricos.
La Argentina Oligárquica
La Argentina hasta 1943 era un país carente de democracia política real. Las elecciones se determinaban por un trámite sumamente interesante creado por el Partido Conservador. Se llamaba fraude electoral. No importaba quien ganara, siempre iba a ganar el que decidía el poder político del país. El fraude abierto y descarado caracterizó todo el periodo de la Década Infame, desde 1930, con el derrocamiento de Yrigoyen, con la asunción de Justo y la participación decidida y activa de Julito Roca -hijo de Julio A. Roca- quien firma el tratado Roca- Runciman. Con ese tratado la Argentina pasa a ser parte virtual del Imperio Británico, como lo expresó el vicepresidente de Justo, Julio A. Roca, hijo.
La Argentina de la década del 30 era un país en donde la clase dominante concebía el destino de sus negocios como la venta de carne al Reino Unido y la importación de manufacturas extranjeras para satisfacer las necesidades de una élite muy pequeña en la estructura social. Era la época en donde los hilos de coser eran hilos Cadena ingleses, en donde absolutamente todo los productos de consumo eran de manufactura inglesa. Estos productos de importación eran pagados por nuestras exportaciones, básicamente de carnes, al Rreino Unido. Así era como vivía y lo que consumía esa clase dominante oligárquica de la Década Infame y un sector muy pequeño de la clase media del sistema oligárquico. Es el ideal que todavía hoy sueñan muchos críticos a nuestro sistema de industrialización o al intento de reinvertir el excedente del ingreso nacional en un proceso de industrialización. Esos sectores que aun sueñan en la Argentina en donde se tomaba champagne francés y donde los hilos Cadena eran los mejores del mundo.
Este es el mundo que entra en conflicto con la Segunda Guerra Mundial.
La 2° Guerra Mundial y la Argentina
El Reino Unido, a efectos de responder a las necesidades de la guerra, deja de pagar nuestras exportaciones y deja de enviar así sus manufacturas debido a que toda la economía inglesa está al servicio del esfuerzo de guerra.
Comienza así -de una manera subterránea, lenta- un proceso de sustitución de importaciones (ISI). En el Gran Buenos Aires, Avellaneda, Lanús, San Martín, comienzan a aparecer pequeños talleres que van remplazando los productos que hasta ese momento eran importados.
La guerra genera entonces un lento proceso de industrialización, casi imperceptible. El gobierno conservador de la Década Infame introduce un elemento que hasta entonces era una mala palabra en la política: la participación del Estado para orientar la economía. Para orientar la economía no en el sentido que hoy le damos, es decir para aumentar el consumo popular en el mercado interno, orientar las inversiones del excedente agrario, etc. Estamos hablando de la participación del Estado para orientar la economía en defensa de los privilegios de los sectores agro-exportadores que, por efecto de la guerra, habían entrado en crisis. Se crea así la Junta Nacional de Carnes, la Junta Nacional de Trigo, que tienen como finalidad controlar por parte del Estado las producciones claves a efectos de que la crisis mundial no perjudique a los sectores productores de esos artículos de exportación. Aparece así, paradójicamente, la planificación o la intervención estatal en la economía para defender los intereses de las clases dominantes.
Como había ocurrido en 1916, la guerra divide nuevamente a la sociedad argentina entre los sectores que quieren la participación de la Argentina del lado de los aliados y los que plantean la neutralidad de la Argentina frente al conflicto mundial. Se produce una novedad respecto a la Primer Guerra Mundial. Inglaterra, en realidad, no quiere que Argentina participe de la guerra, porque si esto sucede la provisión de alimentos a Inglaterra sería amenazada por los propios alemanes y considerarían a las cargas argentinas como agresivas a Alemania. Por lo tanto la provisión de alimentos iba a ser puesta en peligro. Estaban los sectores que por razones ideológicas querían participar del lado de los aliados, estaban los sectores del tradicional neutralismo de Yrigoyen y, por supuesto, estaban los sectores del nacionalismo oligárquico reaccionario e, incluso, de carácter fascista, que planteaban la neutralidad como una forma disfrazada de simpatía ideológica con los regímenes de Alemania y de Italia.
La revolución de 1943
Este debate en el seno de la sociedad actúa sobre los partidos políticos y sobre el Ejército de una manera importante y profunda. En 1943, se produce un nuevo golpe de Estado, un golpe de estado orientado en sus entrañas por militares nacionales, nacionalistas católicos, muchos simpatizantes de la Alemania nazi o de la Italia fascista. Estos militares voltean el gobierno conservador, haciéndose cargo del país y planteando una especie de nacionalismo económico, novedoso en la política argentina.
Esto produce un profundo desconcierto. Las medidas en el plano de la educación y la cultura del '43 dejan mucho que desear. Se impone la enseñanza religiosa en las escuelas, intervienen la universidad. Intentan, además, purificar la letra de los tangos prohibiendo que usen palabras del lunfardo. Pero detrás de este anacronismo ideológico había un programa de defensa nacional, de defensa económica nacional, de nacionalismo económico. Se crea la Flota Marítima del Estado para que los gastos de flete en las exportaciones quede en manos del Estado Nacional. Se crea la Superintendencia Nacional de Seguro, una especie de ente asegurador de las empresas de seguros, rompiendo así con los lazos aseguradores ingleses.
Sin embargo al pueblo llano le importaban poco estas medidas, lo que se veía era que había una política que defendía los precios, que sostenía los salarios. Mientras , por otro lado, las medidas del régimen eran objeto de disconformidad y de crítica por parte de los sectores tradicionales.
Bajo la superficie del golpe militar, hay un núcleo de militares que es un poco el orientador, el comité central de ese golpe. Este sector es el GOU, Grupo de Oficiales Unidos. Este sector está representado por diversos militares, algunos medios nazis, otros medios fascistas, otros clericales de sacristía y algunos otros que son nacionalistas. Lentamente comienza a destacarse la figura de un oscuro coronel. Este desconocido coronel en el momento del golpe pidió un cargo casi insignificante, la Dirección de Trabajo del Ministerio de Finanzas Públicas. Mientras que todos pedían la embajada en Roma, la presidencia de la Junta Nacional de Granos, éste hombre sólo pide una Dirección. La Dirección de Trabajo había sido una creación de la segunda presidencia de Julio Argentino Roca y de su ministro del Interior, que fue Joaquín V. González. La Dirección Nacional del Trabajo fue creada para llevar un control sobre el estado de la clase obrera, cuántos obreros había. Cómo se imaginan en esa época era meramente una oficina, una dirección sin mucho trabajo más que llevar un cierto control estadístico sobre la situación de la clase obrera. Es así como el Coronel comienza la tarea que tendrá efectos torrenciales sobre la política argentina. Empieza lentamente conectarse con los sindicatos, aquellos sindicatos de origen comunista, socialista, conectándose con nuevos dirigentes de la clase trabajadora cuya composición social es sustancialmente distinta a la de la clase obrera de los años 20. Es una clase obrera que no es de origen inmigratorio, de fuera del país, sino el resultado de la migración interna. Es una clase obrera que no participa de las tradiciones político-ideológicas de esa antigua clase obrera de la Semana Trágica en 1919. El Coronel Juan D. Perón empieza a tomar contacto con esos nuevos dirigentes, los impulsa a crear y consolidar nuevos sindicatos, a afiliar, a organizar más comisiones internas. Esta Dirección luego se transforma en Secretaría del Trabajo y Previsión y comienza incidir así en la organización sindical de esa nueva clase obrera. Una clase obrera, que como me referí en un principio, es fruto de este proceso incipiente de industrialización por sustitución de importaciones. Los talleres, esos pequeños industriales, han pasado a duplicar la cantidad de personal, muchos de sus dueños son antiguos trabajadores, obreros de origen italiano, centroeuropeo, obreros que han pasado a ser empresarios, empresarios que producen para el mercado interno. Es entonces así como el desarrollo industrial está atado a ese mercado interno capaz de consumir lo que se produce. Entre 1943 y 1944, la Argentina respira otro aire.
Los trabajadores poco a poco comienzan a ver en las fabricas que el Coronel Peron escucha sus reclamos. Empieza a circular en la provincia Buenos Aires y en el gran Buenos Aires que hay un coronel que responde a las demandas de los trabajadores, un coronel que favorece y defiende desde el estado los intereses de los trabajadores.
Mientras tanto esos sindicatos de nuevo cuño empiezan a esa desarrollarse. El establishment argentino ve con horror lo que está pasando. Un gobierno que mantiene la neutralidad en una guerra donde se dirimen, según ellos, el bien y el mal (siendo el mal Mussolini y el bien Churchill) es inaudito e intolerable. Comienza así una dura campaña periodística de movilización social contra un gobierno al que caracterizan como dictatorial de carácter fascista, en la que los partidos de izquierda (el Partido Socialista, el Partido Comunista) juegan un papel principal. Además el Partido Comunista está involucrado, por su dependencia ideológica de la Unión Soviética, a la alianza Stalin-Roosevelt que en estos momentos dirime el resultado de la Segunda Guerra Mundial. Es así como el gobierno militar es visto por los partidos de izquierda como la última instancia superviviente del nazismo que está siendo derrotado en los campos de Europa.
Spruille Braden
Todo esto hace crecer la agitación social, el ambiente político se caldea y como si esto fuera poco aparece un nuevo embajador norteamericano: Braden. Spruille Braden es demócrata. Los gobiernos demócratas han sido permanentemente los más hostiles a los movimientos nacionales latinoamericanos y, en particular, argentinos. Y esto no resulta extraño ya que la Argentina siempre tuvo encontronazos con el mercado estadounidense, cuestión por la cual los gobiernos nacionales argentinos nunca fueron de gran agrado para los Estados Unidos. Nosotros producimos lo mismo que produce Estados Unidos. Estados Unidos es un gran productor de trigo, un gran productor de carne al mercado mundial. Es así como Estados Unidos, su vicepresidente puntualmente, veían en Argentina una competencia muy fuerte para la producción agrícola norteamericana. Esta fue la base material del enfrentamiento entre el gobierno demócrata de EE.UU y su vicepresidente Wallace -representante de los farmers norteamericanos- y el gobierno de Perón. A punto tal que cuando vienen los republicanos que expresaban otros sectores sociales, vinculados a la industria norteamericana, la relación con Perón se suaviza. No por buenos, insisto, sino porque se pierde el enfrentamiento económico entre los sectores productores agrarios norteamericanos y nuestra producción agraria. Braden, además de ser el embajador norteamericano, tiene acciones en la Standard Oil que había tenido una gran influencia en la guerra del Chaco en la década del 30, además de poseer minas en Chile. Este hombre viene en una especie de misión para aplastar hasta la última cabeza de la hidra fascista que se había instalado en Argentina. David Kelly -un inteligente embajador inglés en esos años- describe, de forma hasta pintoresca y llena de chismeríos, esos años vistos desde la perspectiva de los intereses británicos y, puntualmente, la repercusión de Braden en Argentina.
Braden se pone a la cabeza de la oposición a la Junta Militar que gobierna la Argentina. La enorme presión grande culmina en los hechos que a continuación voy a narrar.
El primero es la llamada Marcha de la Libertad, organizada por el Partido Conservador, el Partido Comunista, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista y el Partido Radical. O sea todos. Fuera de eso el sentido común indicaba que no había más Argentina, era eso y después el precipicio. Esta marcha, convocada en plaza San Martín frente al Círculo Militar,. junta mucha gente, gente de “verdad”, la élite de Buenos Aires. Las mujeres de la oligarquía ganadera armaron una especie de picnic en la plaza, adonde su servidumbre les traían refrigerios para amainar el sacrificio. Era la manifestación más importante hasta entonces conocida, donde, además, estaba toda la dirigencia política conocida, con el embajador norteamericano a la cabeza.
La detención de Perón
El GOU entra en disputa, en crisis. El jefe del sector que quiere arreglar con el establishment es el General Ávalos, y la consigna de los “sectores caceroleros” (por asi llamarlos) es : toodo el poder a la Corte. La Corte ha sido y es, por ahora, último reservoreo del poder oligárquico de la Argentina. El Presidente de la Corte, entonces, era Juan Agustín Álvarez, un hombre muy anciano de 85-90 años. Había sido un intelectual del Centenario y había escrito un libro sobre los caudillos del interior. Un hombre que había intentado reflexionar sobre ese mundo del interior que para aquellos hombres de Buenos Aires seguía siendo un arcano, un misterio.
Y en el tira y afloje de esa situación, la Marina mete preso a Perón de quien, a partir de ese momento, se ignora su paradero. Es llevado a la Isla Martín García, produciendo una acefalia muy grande en el gobierno del Gral. Farrell asentado en el sector del Ejército que encabezaba y orientaba Juan Domingo Perón. Esta situación se manifiesta inmediatamente en los barrios, en las , cuando los trabajadores empiezan a notar que el patrón ya no respeta las reglas y los lineamientos que el mismo Perón había mandado a cumplir. Ante la desaparición de Perón, los patrones de las fábricas habían dado rienda suelta a su voracidad. Acá aparece la famosa respuesta “anda a cobrárselo a Perón”. Esto ocurre y se instala en en el sector patronal, que se enriquecía con el crecimiento del mercado interno, pero se oponía a todos los derechos que sus trabajadores habían obtenido, considerándolos el producto de la demagogia de Perón.
Comienza así una interesante conspiración en la que Perón hace creer que está enfermo, con la complicidad de un médico amigo, el dr. Romano. Desde Martín García, Perón alega estar enfermo y pide la asistencia del dr. Romano. Este informa a los marinos que lo tienen detenido que Perón está grave, con una afeccion al pulmón -mostrando una radiografía que pertenecía a un enfermo del pulmón- y que, por eso mismo, debe ser llevado urgentemente a Capital Federal.
Por otro lado, todos los sindicatos y aquellos dirigentes que habían estado en contacto permanente con Perón en la Secretaria de Trabajo y con el apoyo del jefe de la Policía Federal, el General Velazco, desde la CGT convocan a un paro para el 18 de Octubre.
El 17 de Octubre de 1945
De manera espontánea se ha producido una enorme agitación en los barrios, en las fábricas y el 17 de la mañana desde el conurbano porteño comienzan a salir trabajadores que empiezan a marchar hacia la Ciudad de Buenos Aires pidiendo que aparezca Perón, de quien no se sabe nada. Ante esto, la primera medida es la famosa frase “hay que levantar los puentes”, que unen Capital con Avellaneda, pero la presión es tan grande que no se logra efectivizar la maniobra. El ejército ha perdido su fuerza y está dividido. Hay un sector que responde a Ávalos y al stablishment político y económico y otro sector mayoritario que responde a los criterios de Perón.
Una vez tuve el placer de hacer un reportaje (con Jorge Coscia) sobre el 17 de Octubre a Mariano Grondona. Fue muy interesante. Nos respondió con una enorme sinceridad. Nos contó que el vivía en un petit hotel, como era la costumbre de las familias oligárquicas en aquel entonces. Estaba en la avenida Callao y Quintana. Un petit hotel en donde vivían los abuelos, los hijos y los nietos. Asi vivían todas las familias de la oligarquía porteña, como una especie de gran familia romana. Grondona comenta que ellos y su familia vieron llegar las columnas que venían por la calle Callao, y “sinceramente, a esa gente no la habíamos visto nunca” nos contaba. Y explica: “Imagínese que en esa época, nadie iba al banco sin saco, corbata y sombrero”. Y es así. En la década del 40 la gente iba a la Plaza de Mayo y se vestía como para ir a un casamiento. No existía esa cosa descontracturada que hoy tenemos. Ver esa multitud de hombres en manga de camisa, sin sombrero, con un pañuelito con las cuatro puntas atadas en nudo sobre la cabeza, esa gente era una sorpresa. En palabras de Grondona: “para nosotros esa gente era como esos cuadros de los descamisados de la Revolución Francesa, eso era para nosotros”.
Estas columnas se dirigen primero al hospital militar donde se creía o había rumores de que Perón estaba. De allí, del Hospital Militar, se vienen a Plaza de Mayo. Yo tuve la oportunidad , por suerte, de entrevistar a uno de los trabajadores que tiene los pies en la fuente, en la famosa foto del 17 de Octubre. Este hombre era Juancito Díaz, un trabajador de Aguas Gaseosas. Este hombre en ese entonces era un muchacho que venía caminando desde la zona de San Martin, imagínense ustedes los kilómetros. Juan estaba con su hermanito que era rengo, tenía un problema en una , y cuando llegaron a Plaza de Mayo el cansancio era feroz. No pudieron más y se sacaron los zapatos y los pusieron a remojarse en la fuente. Este espectáculo conmovió a la sociedad argentina de una manera extraordinaria y la conmoción que produjo perdura hasta nuestros días. Es decir, sigue siendo el paradigma de una manifestación popular en la Argentina.
El 17 de Octubre es la idea misma que el pueblo argentino tiene de él mismo expresándose en las calles. En ese entonces la plaza del 17 de Octubre habrá estado ocupada por 150 mil personas, según los expertos que hacen cálculos. Esta movilización generó una presión espectacular, básicamente sobre el Ejército. Este Ejército tiene dos alternativas. Dispara y disuelve esa manifestación o bien cede a la presión de esas masas y soluciona el tema haciendo aparecer al Gral Perón. La presión es tan grande que Farrell en una célebre escena de discusión con Ávalos, acepta y llama a Perón.
Aparece así Perón en el palco de la Casa de Gobierno. Se produce así el 17 de Octubre de 1945, fecha que cambia la historia de la Argentina.
Esa noche las clases dominantes tradicionales reciben uno de los golpes más feroces de la historia. Perón confirma el llamamiento a elecciones, organiza un partido usando algunas estructuras pre-existentes y se llevan a cabo las elecciones. La oposición a Perón, llamada Unión Democrática, lleva la formula Tamborini- Mosca. Y agrupaba a “toda la Argentina”, no había nadie que existiera hasta ese momento que estuviera fuera de la Unión Democrática. Y del otro lado no había nada. Había un coronel demagógico, había una mujer de “mala vida”, había un grupo de pseudo intelectuales fascistoides. Al final del escrutinio de las elecciones de 1946 se descubre que Perón ganó ampliamente y eso es un balde de agua fría sobre el sistema dominante de la Argentina, del que no pudo recuperarse hasta muchos años después, y no precisamente por vía electoral.
La naturaleza política y social del peronismo
El peronismo encarno una política social tendiente a consolidar una forma de capitalismo autónomo, no dependiente de los grandes centros de poder. Por lo tanto necesitaba de la justicia social para mantener y consolidar un mercado interno, mercado en donde se volcase la nueva producción de la burguesía industrial. Cuando Cristina pone la AUH es cierto está pensando en los pobres más explotados y más miserables de la Argentina, pero también hay que saber que está produciendo un mecanismo económico que es poner plata en la gente para que la gente compre. Es una pura operación económica. Y esa gente compra comida, ropa, zapatillas, que es lo que necesita. Esta es la idea central de la justicia sSocial en el movimiento peronista. Es un gran instrumento económico, no es solamente buen corazón y generosidad social, que lo es, sino que es también un gran instrumento económico. Además la tendencia de las clases dominantes de la sociedad argentina es mandar su excedente al exterior. Los únicos que no mandan la plata al exterior son los asalariados, los subsidiados, los que ganan poca plata. Entonces, la justicia social es el gran mecanismo económico de incentivo para generar ese capitalismo autónomo que se buscaba.
Hay que añadirle, también, una gran claridad político-ideológica de Perón y el peronismo respecto a la independencia de las potencias de la época, tanto de la potencia estadounidense como de la Unión Soviética. Y además hay un peculiar dato que planea Perón que es la integración estratégica con el Brasil.
Este nacionalismo económico es uno de los rasgos esenciales del peronismo: centrar toda la actividad económica, conducida y orientada por un Estado activo, para la consolidación de un capitalismo industrial autónomo. La participación tan decisiva del Estado en la actividad económica se debió a la debilidad orgánica de la burguesía nacional para acompañar el proceso de industrialización que Perón impulsaba. El papel de una burguesía activa y productiva debió cumplirlo el Ejército. El Ejercito cumplió, durante la década peronista, el papel que las burguesías cumplieron en los países centrales para crear y fortalecer la rama uno, la industria pesada. Por eso el Ejército se hace cargo de la siderurgia, de las fábricas de armas, de aviones, de autos. Esto va a acompañado de un proceso de nacionalización determinado y facilitado por los créditos que nuestra economía tenía sobre la economía inglesa como resultado de la guerra.
Durante la guerra nosotros exportamos carne, trigo, lana a Inglaterra y no nos pagaban ya que los recursos estaban destinados al esfuerzo bélico. Cuando termina la guerra Argentina tiene un enorme crédito a favor, es un país acreedor. La decisión de Perón es cobrarse los créditos de guerra nacionalizando los ferrocarriles, ya que tampoco era posible otro mecanismo. Este impulso que recibe la Argentina, que cambió la historia de la Argentina, comienza a aminorar cuando se producen las típicas crisis de desarrollo. Cuando hablamos de crisis de desarrollo nos estamos refiriendo al momento en el que el desarrollo productivo se detiene. Esto ocurre -generalmente- cuando el aumento de los es seguido por un aumento de los bienes producidos, generando así un efecto de inflación a lo que se suma una debilidad en el sector externo de la economía, ya que el propio proceso de industrialización requiere de importación de maquinarias. A esto, en los años 51-52, se le suma una muy mala cosecha y una sequía. Los que son más veteranos se acordarán de la época del pan negro, el pan de mijo. Todo esto comienza a producir una situación de cierta turbulencia en la política dando así alas a una oposición que hasta ese momento no estaba en escena ya que ésta era incapaz de generar un modelo alternativo al de Perón.
Analizar el papel de la Iglesia Católica es clave para entender el periodo peronista. El gobierno de Perón contó, desde el inicio, con el apoyo de la Iglesia Católica. La Iglesia había quedado vinculada al sistema político que había dominado en Italia durante los últimos 25 años, por lo tanto tenía una gran simpatía con el fascismo de Mussolini. En una especia de traspolación ideológica, la Iglesia veía en Perón un sistema político que se asimilaba al fascismo, coincidiendo con ello con el liberalismo oligárquico. Perón permitía este tipo de juego y dejaba que esto suceda ya que la influencia de la Iglesia en su contra podía convertirse en algo peligroso a la estabilidad de su gobierno. El claro ejemplo de esto es cuando se realiza el Congreso de Filosofía en Mendoza. Para la redacción de la Comunidad Organizada, que fue su aporte a dicho congreso, le pide un texto al Padre Hernán Benítez y otro texto a Carlos Astrada que era un marxista. Mantiene así un criterio homogéneo entre los distintos sectores y puede avanzar con el conjunto.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia lanza la democracia cristiana, alejándose del derrotado fascismo italiano. El lugar de la democracia cristiana en la Argentina lo ocupaba Perón. Ahí se inicia el conflicto de la Iglesia con el peronismo. Este conflicto es aprovechado por la fuerza de la reacción, influyendo en el Ejército, donde los sectores peronistas comienzan a perder el control. Se debilita el ala nacional popular del Ejercito y pasa ser preponderante el viejo ejército de la Década Infame, produciendo, así, el levantamiento de 1951 bajo el mando de un general radical, Benjamín Menéndez, y finalmente el bombardeo de 1955. El catolicismo se convierte en la fachada del golpe anti peronista con el símbolo de “cristo vence” en los aviones y naves de los golpistas.
El golpe de 1955 es la vuelta en escena de los sectores más reaccionarios, pro ingleses, pro imperialistas de la política Argentina. Pretenden – y no lo logran, pese a los esfuerzos- retrotraer el país a antes del 17 de Octubre de 1945, restaurando el viejo país agroexportador. A tal punto es así , en 1976, Martínez de Hoz declara que para terminar con el peronismo hay que cerrar las fábricas, ya que son productoras permanentes de obreros y hombres peronistas. Se crea así una crisis inevitable en el país. Sin industria, sin clase obrera bien paga, sin mercado interno, es imposible pensar un proceso similar al que encarnó el peronismo.
Los 10 años de gobierno peronista generaron tal avance que 25 años de dictaduras y proscripciones no pudieron desmontar. Todo el nuevo esfuerzo político- ideológico por impulsar un proceso de industrialización se remite irremediablemente a esos 10 años de , como fiel reflejo de la construcción de un país industrial, soberano y justo.

1 comentario:

Beto Ferreyra dijo...

Muy buena clase Julio, Usted es un gran valor dentro del movimiento nac&pop.