1° Tesis: El movimiento nacido el 17 de octubre de 1945 fue un Frente Nacional.
Desde la perspectiva de la Izquierda Nacional concebimos a los partidos como expresión política de los intereses de las clases sociales y de sectores internos a ellas, sea esta representación explícita o implícita. El concepto “frente” caracterizará entonces una expresión pluriclasista, integrada o no por distintos partidos –ello dependerá del grado de desarrollo de las representaciones políticas de los distintos sectores en danza y del grado de vigencia del mismo-, pero en el que confluyen distintas clases sociales, con sus experiencias y tradiciones ideológicas y, fundamentalmente, con sus intereses y tareas históricas.
El justicialismo nace a la política como un amplio frente social, institucional y político.
Social: Un conjunto de clases y sectores acuden a la formación del mismo. Si bien la nueva clase obrera industrial constituye su base fundamental, la nueva burguesía de la industrialización de los años de la Segunda Guerra Mundial, las clases medias del interior, sectores postergados de la pequeña burguesía agraria de aparceros y chacareros pobres y hasta grupos vinculados a la oligarquía tradicional, todos ellos ligados al mercado interno, integran el nuevo movimiento.
Institucional: Nuevo sindicalismo, ejército nacional-industrial e Iglesia católica formaron también las columnas institucionales que dieron forma al peronismo. La debilidad de la burguesía y la inexistencia de un partido que la representase –dado su enorme dependencia al sistema ideológico oligárquico- determinó que los aspectos burgueses-conservadores del frente se expresasen a través de la Iglesia, en lo ideológico, y del Ejército, en lo político. Baste recordar en ese sentido el desmesurado papel que en el plano del pensamiento expresó el escolasticismo tomista. En cuanto al papel del Ejército, sostiene Spilimbergo: “En la medida de su intervención en la industria pesada, el Ejército actuaba como burguesía él mismo; y en la medida de su programa de capitalismo industrial soberano, como partido de facto de la burguesía nacional”1.
Político: La convergencia de diversas tradiciones políticas fue otro elemento distintivo del justicialismo. Radicales, conservadores, nacionalistas, socialistas, anarquistas, comunistas y trotskistas se sumaron al frente. La presencia de militantes de origen marxista o socialista en el seno del movimiento obrero explica, en muchos casos, la madurez política y organizativa del nuevo sindicalismo 2.
Desde la perspectiva de la Izquierda Nacional concebimos a los partidos como expresión política de los intereses de las clases sociales y de sectores internos a ellas, sea esta representación explícita o implícita. El concepto “frente” caracterizará entonces una expresión pluriclasista, integrada o no por distintos partidos –ello dependerá del grado de desarrollo de las representaciones políticas de los distintos sectores en danza y del grado de vigencia del mismo-, pero en el que confluyen distintas clases sociales, con sus experiencias y tradiciones ideológicas y, fundamentalmente, con sus intereses y tareas históricas.
El justicialismo nace a la política como un amplio frente social, institucional y político.
Social: Un conjunto de clases y sectores acuden a la formación del mismo. Si bien la nueva clase obrera industrial constituye su base fundamental, la nueva burguesía de la industrialización de los años de la Segunda Guerra Mundial, las clases medias del interior, sectores postergados de la pequeña burguesía agraria de aparceros y chacareros pobres y hasta grupos vinculados a la oligarquía tradicional, todos ellos ligados al mercado interno, integran el nuevo movimiento.
Institucional: Nuevo sindicalismo, ejército nacional-industrial e Iglesia católica formaron también las columnas institucionales que dieron forma al peronismo. La debilidad de la burguesía y la inexistencia de un partido que la representase –dado su enorme dependencia al sistema ideológico oligárquico- determinó que los aspectos burgueses-conservadores del frente se expresasen a través de la Iglesia, en lo ideológico, y del Ejército, en lo político. Baste recordar en ese sentido el desmesurado papel que en el plano del pensamiento expresó el escolasticismo tomista. En cuanto al papel del Ejército, sostiene Spilimbergo: “En la medida de su intervención en la industria pesada, el Ejército actuaba como burguesía él mismo; y en la medida de su programa de capitalismo industrial soberano, como partido de facto de la burguesía nacional”1.
Político: La convergencia de diversas tradiciones políticas fue otro elemento distintivo del justicialismo. Radicales, conservadores, nacionalistas, socialistas, anarquistas, comunistas y trotskistas se sumaron al frente. La presencia de militantes de origen marxista o socialista en el seno del movimiento obrero explica, en muchos casos, la madurez política y organizativa del nuevo sindicalismo 2.
2° Tesis: El Frente del 45 fue nacional y burgués en sus objetivos y tareas y obrero y popular en su base social.
La contradicción fundamental de la Argentina era, en 1945, y aún hoy, entre el bloque hegemónico oligárquico imperialista y el bloque popular sometido. Desde el punto de vista económico, el desarrollo de las fuerzas productivas que corresponde a una sociedad capitalista se ve trabado por la confiscación que hace del excedente aquel bloque social, derivándolo al derroche suntuario, a la especulación parasitaria o a la acumulación de los centros imperialistas. Esto determina el carácter de los objetivos y tareas por parte del bloque popular. Desde el poder, el peronismo creó las condiciones para la existencia de una economía nacional: un mercado, un sistema de transporte y comunicaciones adaptado al mismo, un Estado que garantiza el mecanismo de la plusvalía y su transformación en capital, un esquema de planificación que modifica sustancialmente el espontaneísmo y fatalismo de la economía pampeana, la apropiación de parte del excedente agrario con destino al proceso de capitalización industrial, el control del comercio exterior, de los seguros y reaseguros, del sistema bancario y financiero, etc.
Ahora bien, lo particular de este frente está dado por el hecho potencialmente explosivo que la base social que posibilitaba, con su movilización, la realización de este programa, era la clase obrera industrial. “La contradicción proletariado-burguesía, en un país capitalista de mediano desarrollo, pero dependiente y semicolonial, creaba una fuerte tensión interna en la medida que el programa del 45 no era socialista, sino un proyecto de capitalismo nacional autónomo, con justicia social distributiva”.
3° Tesis: La llamada “irracionalidad” del peronismo no es tal, sino la única solución históricamente posible, en el plano de la conciencia, a esta contradicción explosiva.
Desde esta perspectiva que venimos señalando, entonces, la tan llevada y traída cuestión acerca de la “irracionalidad” del peronismo y del carácter predominantemente “sentimental” de su adhesión es una consecuencia de la hegemonía burguesa en un movimiento de una enorme potencialidad revolucionaria, tanto por lo avanzado de sus postulados –fundamentalmente en lo vinculado a la justicia social- como por la base social que los sostiene –para la cual la justicia social es conditio sine qua non en su movilización de apoyo-.
Pero se trata de una hegemonía que la burguesía ni siquiera ejerce directamente, sino a través de la burocracia estatal, el ejército industrializador y una ideología no obrera, no socialista y hasta no burguesa. Esto, en realidad, más que su “irracionalidad” constituye su “racionalidad”, en tanto que la razón reside, en primer lugar, en el “yo” sujeto y agente del proceso y no en el “otro”, en el sistema cultural imperialista oligárquico. En la medida en que en la base social del movimiento se mantiene la conciencia revolucionaria –para disputar al bloque de las clases parasitarias el destino social del excedente económico- sobreviven entonces los elementos específicos de carácter emotivo que garantizan la movilización obrera y popular.
4° Tesis: Una tardía adecuación del peronismo a los parámetros de la respetabilidad establecida implica necesariamente una renuncia a sus interpelaciones revolucionarias.
La pretensión de imponer al peronismo una “racionalidad” cuyos parámetros están generados por el sistema del bloque hegemónico dominante significa, a la luz de lo que venimos sosteniendo, la imposición de una ideología estrictamente burguesa, desprovista de sus elementos proletario-populares. Es decir, una nueva “racionalidad” del frente surgido en el 45 que no incluya sustancialmente la superación de su naturaleza histórico-social, la incorporación de tareas y objetivos propios de su base obrera no puede significar sino la renuncia a su capacidad movilizadora contra el bloque oligárquico-imperialista. Implica reducirlo a un partido del Régimen, con mayor acento en el aspecto distributivo por razones de tradición, pero que acepta resignadamente las condiciones impuestas por el bloque hegemónico, al cual pasaría a pertenecer como nueva ala plebeya.
5° Tesis: El frente del 89 exige una actualización doctrinaria que pasa sustancialmente por la superación en la práctica de las tareas y objetivos planteados en el 45.
Si en el 45 la debilidad orgánica de la burguesía nacional delegó en el Ejército nacionalista y en el Estado sus funciones propias, en las condiciones de la acumulación de posguerra, las condiciones de la crisis actual, que afecta las posibilidades burguesas de acumulación e inversión, hacen necesario, para la viabilidad del proyecto, formas superadoras de propiedad social. No se trata de restringir la amplitud del frente, más allá de los límites impuestos por el general Perón: “La unidad nacional para la liberación”. Por el contrario, significa incorporar necesariamente al conjunto de los sectores explotados por el bloque hegemónico, pero dotando a este nuevo frente de una política que exprese los intereses y ambiciones históricas de la clase social que más lealtad ha demostrado al movimiento nacional: los trabajadores.
Esta propuesta no está, es obvio, desarrollada al modo de un programa. “Cada paso del movimiento real vale más que una docena de programas” 3. Está planteado en términos, precisamente, del movimiento real, como incidencia en el terreno programático del peso específico que la clase trabajadora tiene en el Frente Nacional y el papel de articulador colectivo que está llamada a cumplir. Desde el terreno gremial, la CGT ha jugado, con sus 26 Puntos4 el papel más avanzado –en momento de gran repliegue político e ideológico- del bloque histórico del 45 en las condiciones generadas por trece años de hegemonía oligárquico imperialista.
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1 Spilimbergo, Jorge Enea, Clase Obrera y Poder, pág. 29, Editorial Octubre, Buenos Aires, 1974.
2 Conf. Torre, Juan Carlos, Interpretando (una vez más) los orígenes del peronismo, versión mecanografiada, 1982.
3 Carlos Marx, Crítica al Programa de Gotha, Carta a W. Bracke, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Primera edición, 1979, página 7.
4 El Programa de los 26 Puntos fue la respuesta, en agosto de 1985, de la CGT encabezada por Saúl Ubaldini al Plan Austral del presidente Alfonsín y su ministro de Economía Juan Sourrouille. El programa incluía, además de la exigencia de aumento salarial, la demanda de una moratoria del pago de intereses de la deuda externa, políticas de pleno empleo, crédito para los industriales, precios retributivos para los productores agropecuarios, participación sindical en las cajas de previsión social, etc. Fue la más importante propuesta programática surgida del peronismo en aquellos años.
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