Puede haber sido en el año 1967, antes de la creación de la CGT de los Argentinos, que fue en marzo de 1968. Yo tenía veinte años y era un estudiante de derecho de la Universidad Católica Argentina. Ya no recuerdo por qué razón, asistí a una reunión en la CGT, en el salón Felipe Vallese. En ese momento, el movimiento obrero, bajo la dictadura del general de Remonta, Juan Carlos Onganía, sufría profundas escisiones. Los “participacionistas”, los “vandoristas”, las “62 Organizaciones de Pie junto a Perón”, el “Grupo de los 8” eran los principales agrupamientos en que estaban divididas las direcciones sindicales.
Como digo, concurrí no recuerdo a qué reunión en el salón Felipe Vallese. Y es día tuvo para ese pibe de Tandil, que era yo entonces, un efecto que aún golpea mi memoria. Fue la primera vez en mi vida en que presencié que hombres grandes, hechos y derechos, se dirigían a otros hombres diciéndoles, sin tutearse, “compañero”. Realmente, ese descubrimiento tuvo en mí un impacto espiritual, digo por no encontrar otro adjetivo, inolvidable.En esta página publico los artículos escritos por mí en los últimos años, sobre política argentina, política latinoamericana y política internacional, que considero más interesantes y de actualidad. Visite mi blog con temas periodísticos y literarios http://jfernandezbaraibar.blogspot.com
14 de marzo de 2025
El Salón Felipe Vallese de la CGT
2 de febrero de 2025
Clío es mujer y caprichosa
Ayer estuve en la movilización convocada para repudiar las declaraciones del presidente Milei en la reunión de Davos. Como se sabe, el “especialista en crecimiento con dinero o sin dinero” utilizó el plenario plutocrático de Suiza para emitir un discurso más propio de un tabernero ebrio, al que lo ha abandonado la esposa con el lavacopas y su hijo le ha dicho que es gay, que de un presidente de un país soberano.
Obviamente, hubo de inmediato en nuestro país dos sectores que se sintieron amenazados, agredidos y en peligro: por un lado, lo que se conoce como colectivo LGBT+ y, por el otro, a las mujeres. En efecto, la primera reacción que tuvo sobre el gobierno la deposición presidencial en Suiza fue la propuesta de quitar del código penal el agravante llamado femicidio o feminicidio.
La movilización fue convocada en una semana, bajo una genérica consigna de lucha contra el fascismo. Desde un primer momento entendimos que esa consigna era desacertada, imprecisa y muy discutible. Entendemos que la caracterización de fascista a las políticas del gobierno y a estas expresiones de claro corte segregacionista no son fascistas, como, en su momento, nos opusimos a la caracterización del gobierno de Pinochet en Chile o del Proceso cívico-militar en Argentina como fascistas. Hemos sostenido siempre que se trataba de gobiernos dictatoriales conservadores en lo político y liberales (o neoliberales, como se comenzó a decir) en lo económico, con gran hegemonía financiera, que se supeditaban a la política imperialista norteamericana.
Y exactamente eso es el gobierno de Milei. Carece de algunos elementos centrales del fascismo, tal como se lo conoció concretamente: nacionalismo expansivo, regimentación estatal de los sindicatos, intervencionismo estatal en la economía, etc.
Cuándo digo que la caracterización de fascista es errónea no lo hago por un mero afán académico. Lo hago porque esa caracterización del gobierno nos obligaría a buscar frentes y alianzas con el conjunto de fuerzas que se opongan al mismo, es decir con sectores liberales democráticos antinacionales, como la Coalición Cívica, la UCR, sectores del PRO, etc.
Por otra parte, el concepto de fascismo ha sido, en nuestro país, históricamente usado contra el peronismo. Tanto el socialista Américo Ghioldi, como el radical Arturo Mathov o el demócrata progresista Luciano Molinas o el contraalmirante Isaac Rojas, se llenaban la boca con el supuesto fascismo de Perón y los peronistas. De manera que esa caracterización fallaba por todos lados.
Pero también publicamos en nuestras redes:
– ¿Estoy de acuerdo con las consignas de la movilización del sábado?
– No.
– ¿Creo que hay que establecer un eje de lucha antifascista?
– Tampoco.
– ¿Estoy de acuerdo con el extremismo de género y su idiomE?
– Ni en pedo.
– ¿Voy a ir a la marcha el sábado?
– Como fierro y como un solo hombre.
Porque lo políticamente importante era aprovechar un estado de indignación de un amplio sector de la población para manifestar un repudio generalizado a toda la política antinacional, entreguista, antiobrera y hambreadora de la patota de Javier Milei, como cara política del establishment económico financiero de la Argentina.
Al llegar al Congreso tuve una fuerte emoción. Nuevamente el pueblo de la República se reunía en sus lugares históricos para defender sus derechos constitucionales y expresar su rechazo a las políticas de un gobierno plutocrático. Esa sensación de ser multitud, que me ha acompañado, desde las manifestaciones de repudio a Onganía, en la década del '60, toda la vida, me hizo recordar que así ha sido siempre. En los 60, en los 70, en los 80, en Malvinas y cada 24 de marzo, contra Menem y contra de la Rúa, defendiendo a nuestros gobiernos o repudiando a Macri, ha sido el pueblo argentino en la calle lo que determinado el futuro.
Y tal como habíamos pensado la movilización superó ampliamente el marco de las organizaciones convocantes y sus confusas consignas. En Buenos Aires, que es de donde puedo dar testimonio, cientos de miles de hombres y mujeres de la Ciudad y del conurbano expresaron su repudio al gobierno de Milei. Organizaciones LGBT, de mujeres, militantes de partidos políticos, columnas sindicales de UPCN -encabezada por su secretario general Andrés Rodríguez-, UOCRA, Asociación Bancaria, SiTraJu, APUBA, Municipales, más miles y miles de hombres y mujeres sin identificación de organización alguna, miles y miles de jóvenes de ambos sexos, se expusieron a los 38 grados de temperatura en la Avenida de Mayo y dejaron en claro su activa oposición al gobierno de Milei y su deriva autoritaria y conservadora. Hombres y mujeres de clase media y hombres y mujeres de los barrios populares, jubilados y jubiladas sin descuento en sus remedios, empleados públicos amenazados e indignados por los humillantes exámenes del todopoderoso Sturzenegger, y bancarios, enfermeras, maestras y maestros, trabajadores de la construcción -donde hay afiliados trans que, justamente, trabajan en la construcción- y hasta un grupo de hombres de mediana edad para arriba, con una camiseta verde donde podía leerse Cámara de Kiosqueros de CABA, el pueblo de la gran megalópolis del Plata salió a decirle a Calígula que la corte.
Volví a mi casa, orgulloso y satisfecho.
La computadora me informa que en la plaza de la residencial Villa Devoto, la Coya -en el sentido originario de la palabra- había organizado un acto de afiliación al antro LLA, donde había prometido su rutilante presencia. No apareció ni la Coya ni la gente que esperaban.
En el Parque Lezama, un panelista con nombre de cómico había organizado un acto -obviamente divisionista- para no sé que objetivo supuestamente más importante. 150 iniciados aplaudían la tosca prosa del Hefesto porteño.
A poco de conectarme con el mundo de las redes -que es, de alguna manera, el ágora virtual- me encuentro con que han aparecido refinados especialistas que podríamos denominar “sommeliers de movilizaciones”. Se trata de algunos ejemplares, sedicentemente peronistas, convencidos de que todo esto no es más que una conspiración de Soros y algunos otros nombres de evocación mágica, cuyo programa mundial es que todos nos volvamos homosexuales y, si es posible, trans, y que su único objetivo es convencer a las mujeres que dejen de tener hijos y que no les planchen más las camisas a sus maridos.
Estos nuevos iluminados afirman que las manifestaciones del sábado 1o de febrero en todo el país solo han servido para consolidar al gobierno, impidiendo así su deterioro por razones económicas. Y que las consignas esgrimidas responden a una oscura conspiración de sombras que se menean.
Pamplinas. El gobierno de Milei, lo hemos dicho antes, es consecuencia de la crisis profunda en que se encuentra el histórico movimiento nacional argentino, el peronismo, sumado a una crisis económica que no pudimos o no supimos resolver y que ha empeorado y que el gobierno del establishment económico utiliza para disciplinar a los trabajadores argentinos. Es por eso, fundamentalmente, que no hemos podido convocar a una marcha opositora que repudie la actual política económica, el hambreamiento de los jubilados, el deterioro brutal del salario, la constante alza de precios en los artículos de primera necesidad y los permanente tarifazos. Tampoco lo hemos podido hacer en defensa de YPF, Aerolíneas Argentinas o el Banco Nación, empresas estatales cuya privatización desmantelaría el papel del estado en el progreso y desarrollo económico del país.
Y tampoco son ciertas las acusaciones de pusilanimidad y complicidad con el gobierno a la CGT y las organizaciones sindicales. En general, ellas provienen de sectores sociales no sindicalizados y que tienen una visión idealizada de cómo son y cómo funcionan los sindicatos. Si el movimiento obrero organizado de la Argentina no ha convocado a medidas de lucha más incisivas es, simplemente, porque conoce el estado de espíritu de su base. Los trabajadores, con muy pocas excepciones, hoy están más preocupados por la amenaza del despido que por la capacidad de compra de sus salarios. Los dirigentes gremiales saben que corren el riesgo de llamar a un paro general o medida similar y que sus bases no la cumplan, no por indisciplina o desacuerdo, sino porque la espada de Damocles del desempleo, sumado al cierre permanente de fuentes de ocupación, es más fuerte.
Clío es mujer y caprichosa. Por una rendija que no habíamos pensado, como suele ocurrir con el topo de la historia, el pueblo argentino dejó ayer bien en claro su repudio al despotismo de Milei. Somos nosotros, los políticos, los que creemos que tenemos algo que decir, quienes debemos canalizar esa fuerza hacia el fortalecimiento o, si quieren, reconstrucción de nuestro gran instrumento de lucha, el movimiento nacional.
Hoy, todos los que participamos o hubieran querido participar, en la movilización de ayer tenemos que estar orgullosos de que el pueblo argentino vive y triunfará.
2 de febrero de 2025
5 de enero de 2025
Nuevas músicas y nuevos poemas, cargados de historia
En 1970 yo tenía 23 años. Ya militaba desde hacía un par de año y había comenzado mi formación política. Había leído a Perón, Jauretche, Ramos, Hernández Arregui, Marx, Lenin y Trotsky, después de haber leído a Emmanuel Mounier, León Bloy, Henri de Lubac y Theillard de Chardin, ya que mi primer encuentro con la política y la cultura fue a través del catolicismo “postconciliar”, como se decía en aquella época.
Para ese yo de entonces, la Revolución del Parque, ocurrida en 1890, es decir ochenta años antes, tenía una lejanía y un arcaísmo inalcanzable. No existía, entonces, ni el auto, ni el avión, ni el teléfono -invento que, por otra parte, no era fácil de obtener en la Argentina de 1970-. El gran adelanto lo constituía el telégrafo, un artefacto que, para usarlo, había que conocer un nuevo alfabeto y traducir el mensaje al mismo. Para un muchachito de 23 años, 1890 era un mundo donde los hombres usaban bastón y polainas por simple coquetería, las mujeres usaban largas y amplias faldas, sus blusas tenían largas mangas que impedían ver sus brazos y las de clase alta se ponían grandes sombreros con adornos. Todos ellos movían en carruajes tirados por caballos que descargaban en las calles toneladas de bosta y hectolitros de orina por año. El imaginario de un jovencito de 23 años, en 1970, veía la Revolución del Parque tan solo como un hecho histórico al que sólo una sofisticada interpretación podía vincularlo a su presente de minifaldas, bikinis, vaqueros, viajes en avión, tocadiscos Winco, radio a transistores, Mayo Francés, amor libre, hoteles alojamiento.
El año 1947, año en que ese joven había nacido, con la nacionalización de los ferrocarriles, con la declaración de la Independencia Económica, era sentido como algo más cercano, no obstante lo cual era una fecha a la cual no estaba vinculado más que por su nacimiento. La música de 1947 le parecía arcaica y vetusta. Bing Crosby o Alberto Castillo, Antonio Tormo o Maurice Chevalier le podían gusta o no, pero definitivamente no era algo que le perteneciese. Palito Ortega o The Mammas and the Pappas, Los Gatos o The Rolling Stones eran sentidos como más cercanos y representativos. Ya se podía ir al centro sin necesidad de llevar saco y corbata. Los mocasines habían reemplazado los zapatos abotinados de su padre y se volvían a usar los pantalones oxford que habían tenido su cuarto de hora en los años '20, tan lejanos como los '90 del siglo pasado.
¿Y a qué viene este ejercicio de memoria?
Responde al intento de ponernos en la cabeza de un joven de 23 años, hoy, en enero de 2025. Ese joven tiene con el 17 de octubre de 1945 la misma distancia en años que aquel muchacho de 1970 con la Revolución del Parque. También para él aquellos hombres y aquellas mujeres son lejanas y arcaicas. No conocían el fax ni la computadora, escasamente podían imaginarse que el hombre pudiese llegar a la luna, nunca habían visto la televisión y la heladera recién comenzaba a ser un artefacto inevitable en los hogares. Los 80 años que pasaron entre 1945 y 2025 han sido de una impresionante aceleración tecnológica y científica, que ha permitido la transmisión instantánea de la información y la creación de las falsas noticias que embarullan la percepción de la realidad. Para un muchacho o muchacha de 23 años, la idea de que levantaron los puentes para que no llegaran los trabajadores a la ciudad le suena legendaria y, hasta romántica, pero, de alguna manera, irreal o mítica.
Ese argentino o argentina de 23 años nació en el 2002. Incluso las jornadas del 2001 ocurrieron en un tiempo anterior a su nacimiento. Carecen de la vivencia sensorial de la gente golpeando las puertas de los bancos o de los motociclistas enfrentando a la policía en Plaza de Mayo. Es algo heroico y épico pero que conoce tan solo por relatos. No se imagina un mundo donde no se pudiese pagar con una tarjeta o un QR, donde solo existía el efectivo. Es como para mí el 17 de Octubre de 1945. Y ni siquiera le parece propia la asunción presidencial de Néstor Kirchner y el período que ahí se inició. Hasta donde le alcanza su memoria personal la Argentina es un país donde cada dos años se vota y se eligen diputados, gobernadores y presidentes. La guerra de Vietnam, que impregnó nuestra juventud, ni siquiera es un tema, de la misma manera que la caída de Salvador Allende o la muerte del Che Guevara en la sierra boliviana.
Si no tenemos esto en cuenta, si no intentamos ponernos en la cabeza de quienes ya han comenzado a ser protagonistas de la historia política argentina, difícilmente encontraremos el lenguaje con el cual transmitir la herencia de luchas, de victorias y derrotas del pueblo argentino en el intento de construir un país soberano y justo, con una economía que sea capaz de satisfacer sus necesidades de trabajo, estudio y bienestar. No podremos, en suma, contar con los argentinos y argentinas dispuestos a continuar la lucha por nuestra liberación. El pasado determina y condiciona el presente, pero el futuro debemos construirlo mirando hacia adelante.
De ahí la necesidad de nuevas músicas y nuevos poemas, cargados de historia, que sean capaces de desplegar la generosidad y el arrojo de las nuevas generaciones.
5 de enero de 2025.