4 de diciembre de 2008

Viudas e hijas de Bartolomé Mitre
La lectura de La Nación desde Caracas, tan lejana de Buenos Aires y, aunque parezca mentira, con un clima más estable que la montaña rusa porteña –y no sólo estoy hablando del tiempo-, siempre ofrece estos hallazgos retóricos, estas melifluas argumentaciones de la pluma de un retórico y melifluo cagatintas como es el atildado Joaquín Morales Solá.

El por muchos de nosotros deseado desalojo de la ignota señora Romina Picolotti de la Secretaría del Medio Ambiente y una cartita del embajador norteamericano le han puesto los ojos en blanco y con grititos histéricos titula Las permanentes contradicciones del Gobierno.

No viene al caso discutir en este lugar el error que significó el nombramiento de la señora que acaba de irse por la puerta de atrás. Lo que sí es evidente es que La Nación y su plumífero no son las mejores autoridades en materia de Secretaria de Medio Ambiente. Baste recordar que celebraron sin chistar que la corrupta María Julia Alsogaray, hija del corrupto talibán neoliberal Alvaro Alsogaray, ocupase ese cargo y callaron a voz en cuello su estafa de la limpieza del Riachuelo en mil días. Que el gobierno rectifique el error de un nombramiento que fuera impulsado por otro que se fue por la puerta de atrás de la Casa Rosada y hoy es seducido por la prensa regiminosa, que el gobierno expulse de su seno a una evidente y semiconvicta corrupta con varias causas en su contra, debería ser motivo de elogio de la sedicente “tribuna de doctrina”.

El ex ministro de Minería de la Provincia de Salta, el doctor en Ciencias Geológicas, Ricardo N. Alonso, en artículo publicado el mismo día en El Tribuno de aquella provincia norteña (artículo completo aquí) formula una profunda crítica política, en su materia, a la secretaria renunciante, donde enumera “Su relación con dudosas ONGs, su falta de compromiso para cumplir con el mandato de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la limpieza del Riachuelo, su militancia antiminera que ahuyentaba inversiones genuinas, su falta de decoro en el uso y malgasto de los dineros públicos, el nepotismo en los cargos, la burocracia, la incapacidad de gestión, los sospechados seguros ambientales, su rol piquetero, el papelón de la Haya, su ideología antiproductivista enrolada en la ecología profunda que beneficia a las potencias del ecoimperialismo en contra de los intereses de los países en vías de desarrollo”. De nada de eso se hace cargo el analista político de La Nación. Los pecados le son perdonados a Picolotti al ser expulsada del lado de quien la llevó a pecar. No hay elogio posible para el órgano oligárquico. Ni siquiera le deja a la presidente la oportunidad, aunque más no fuera por vía de hipótesis, de que el alejamiento permita un cambio en la equivocada política del gobierno con respecto al los cortes de ruta de Gualeguaychú. “¿Prenuncia su despedida un período más constructivo para aquella dañada relación con Montevideo? Lo más probable es que no y que la cesantía de la funcionaria sólo se deba a pobres cuestiones internas de la administración”, afirma apodícticamente, como si supiera cosas que los demás mortales ignoramos.

Critica a la presidenta por haber vetado la llamada ley de protección a los glaciares del sur patagónico, que fue un engendro de la renunciante, y denuncia al gobierno de generar confusión.

La oligarquía no tiene nada confuso. Ellos siempre darán señales claras a sus iguales y a sus amos imperiales acerca de sus planes. Nunca habrá vacilación en dejar en claro a los explotados de que su papel es obedecer y bajar la cabeza. Años y años de ejercicio del poder, la mayoría de las veces ilegítimamente, le han dado una perfecta claridad en su táctica y su estrategia. Jamás cometerán el error de nombrar a un ministro de Trabajo que combata el trabajo en negro o que promueva la afiliación sindical. Los gobiernos populares, por inexperiencia, por debilidad, por confusión derivada de la propia influencia que la oligarquía y el imperialismo introducen en sus filas, suelen equivocarse, deben rehacer el camino andado, están obligados a la autocrítica y la corrección. Es para ellos, más que para los principistas dogmáticos neoliberales que ejercieron durante los últimos treinta años la dictadura de su pensamiento único, una experiencia cotidiana aquello de que “se hace camino al andar”.

Obviamente que el mayor desvelo de Morales Sola y su madre adoptiva La Nación es la preocupación del embajador norteamericano acerca del posible lavado de dinero que puede ser facilitado por el blanqueo de capitales que se discute en el parlamento. Estos desguazadores sistemáticos del Estado nacional, estos entregadores de toda soberanía y de toda jurisdicción nacional a la voracidad de su clase y del capital extranjero, se alzan como madres a quien le arrancan un hijo de sus brazos, ante la posibilidad –hipotética, amañada por la DEA y el departamento de Estado- de que el dinero ilegal generado por los consumidores norteamericanos de cocaína y otras sustancias puede avasallar la integridad nacional. ¿Son acaso los narcotraficantes más letales que la Lehman Brothers, la Merrill Lynch, la Repsol o la Telefónica? ¿No fue La Nación y su sector social los que celebraron la entrega del trabajo argentino de cien años a estos estafadores que hoy han puesto en riesgo el futuro de miles de millones de trabajadores en el mundo entero? ¿Qué derecho tiene Morales Solá y La Nación en sostener que “Por lo general, ha sido el Estado, la primera y última defensa de cualquier nación, el que ha caído rendido a sus pies”? Eso ya lo experimentamos nosotros a partir de 1976. Los sectores sociales a quienes Morales Solá orgullosamente representa se llevaron puesto el Estado nacional argentino y nos dejaron indefensos ante los Menem, los Cavallo, los de la Rúa y los Morales Solá.

En el momento es que con enormes dificultades estamos reconstruyendo nuestro Estado y nuestros derechos estas viudas e hijas de Bartolomé Mitre pretenden explicar a las víctimas el dolor del tormento que han sufrido.

Caracas, 3 de diciembre de 2008


1 comentario:

Eduardo Real dijo...

Julio: Felicitaciones. Más redondo, imposible. Los gestos desesperados de LN ya comienzan a parecer graciosos por lo bizarro.