4 de diciembre de 2014

Presentación del libro Con la Argentina al hombro, de Daniel Rodríguez Paz, en el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego.



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27 de noviembre de 2014

1945-2005. De la Guerra Fría a la Cumbre de Mar del Plata.


Última clase del seminario de Historia Suramericana. 26 de noviembre de 2014. 2° parte


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1945-2005. De la Guerra Fría a la Cumbre de Mar del Plata.

Última clase del seminario de Historia Suramericana. 26 de noviembre de 2014. 1° parte



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29 de octubre de 2014

La vida de un niño bien muy particular

“El Bolchevique de Salón”, el último libro del doctor Mario Rapoport, posiblemente el mejor historiador económico de la Argentina, debería ser considerado un verdadero acontecimiento en las librerías de todo el país. El grueso volumen, escrito con prosa diáfana y hasta con la tensión dramática de una novela, reúne varios géneros: es una biografía de un personaje desconocido en general, pero que Rapoport rescata hasta convertirlo casi en paradigmático. Es una historia de la Argentina agroexportadora y una historia política y económica de Alemania entre 1910 y 1935, con disgresiones sobre la historia de la Revolución Rusa y, sobre todo, de la Internacional Comunista antes de la muerte de Lenin. Es una historia de las corrientes del pensamiento económico que aparecieron en nuestro país a partir de 1930 y una historia del antiperonismo de izquierda, así como una magnífica cronología de la celebrada Escuela de Frankfurt, su transformación ideológica, sus peleas intestinas y, por último, una reflexión sobre el impacto que el antisemitismo hitleriano y el triunfo yanqui en la Segunda Guerra Mundial impusieron sobre el pensamiento de las élites académicas.

Todo eso.

Como se ha sabido por los diversas entrevistas periodísticas hechas al autor, el mote del título se refiere a Felix Weil, un argentino de origen judío alemán, hijo de uno de los grandes comerciantes de granos de nuestro Centenario, educado en Alemania quien desde la adolescencia adscribió a las ideas más radicales del marxismo alemán, en tiempos en que Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht confrontaban con el reformismo de Augusto Bebel y Karl Kautsky. Este apasionante escenario le permitió a Rapoport adentrarse en una fascinante investigación que necesariamente le permite describir los vericuetos íntimos del comercio de granos desde 1890 hasta la Primera Guerra, el relativamente desconocido papel jugado por la burguesía alemana de tiempos del Kaiser en este negocio y la complejidad de una economía que no se reducía tan sólo a la vinculación entre la oligarquía agrícolo-ganadera y el Reino Unido.

Europa en Guerra y en Revolución

La investigación de Rapoport se adentra también en el rumbo de la frustrada Revolución Alemana de 1919 y los años de la República de Weimar, así como en el análisis de las consecuencias que el Tratado de Versalles tuvo sobre la economía alemana, en especial, y sobre la norteamericana y europea, en general. Del relato de estos años surge con luz especial el impacto que la Revolución de Octubre tuvo en el pensamiento europeo occidental y el papel de la Internacional Comunista en tiempos en que Grigori Zinóviev -asesinado en las purgas stalinistas- era su Secretario General. Y la vida de Felix Weil es el hilo conductor de cada uno de estos momentos que han sido cruciales para el desarrollo histórico del mundo antes del estallido de 1939. Joven agitador marxista en las universidades alemanas, delegado de la Internacional Comunista en la Argentina, a la vez que alto empleado de Hermann Weil y Cía., la exitosa empresa exportadora de su padre, y un precursor informe sobre el estado político y social de la clase obrera argentina con aciertos, precisiones e -inevitablemente- confusión eurocéntrica.

De ese paso por Argentina y, fugazmente, por Chile, Weil vuelve a Alemania y logra convencer a su padre que financie con su inmensa fortuna -salvada de la inflación por ser en marcos oro- la creación de la Escuela de Investigación Social, un instituto de estudios marxistas independientes, y que se hizo famosa con el nombre de Escuela de Frankfurt, a cuya Universidad se encontraba asociada. Y junto al porteño Weil aparecen los nombres de  Georg Lukács, Karl Korsch,  Friedrich Pollock y el gran pintor expresionista George Grosz. Aparecen, como en una película histórica, las relaciones entre Weil y el creador del Instituto Marx-Engels, de la URSS, David Riázanov, también víctima del temible georgiano. Fue el Instituto de Investigaciones Sociales, con el dinero de Weil, el que logró que Riázanov publique los famosos Grundrisse de Carlos Marx, así como los Manuscritos Económico-Filosóficos, considerada la más importante obra de su etapa juvenil.

El primer descubrimiento que deslumbra en esta compleja investigación de Rapoport es el hecho de que la prodigiosa renta diferencial generada por la fertilidad milagrosa de la pampa húmeda era de tal magnitud que fue la base material sobre la que se fundó, ni más ni menos, que la más famosa escuela del pensamiento crítico europeo y que constituyó hasta el fallecimiento de Weil, en 1975, una de sus principales fuentes de financiamiento. La renta agraria argentina y la renta diferencial pampeana, ambas usufructuadas exclusivamente por la oligarquía terrateniente y las empresas exportadoras, no permitieron tan sólo, el despilfarro “rastacuere” en París, la construcción de los exquisitos palacios del Barrio Norte o los trasplantados castillos de la provincia de Buenos Aires, sino también el mecenazgo burgués en el centro mismo de la sociedad capitalista europea. Tal fue el tamaño del histórico saqueo llevado a cabo por el parasitismo oligárquico, mientras el país profundo sufría las condiciones descriptas por Bialét Massé en su famoso informe.

A EE.UU.

Seguir las huellas de Felix Weil a lo largo del siglo XX lo lleva a Rapoport a trasladarse a EE.UU., adonde se encaminó junto con la Escuela de Frankfurt. Sus relaciones sociales, ese discreto encanto de la oligarquía pampeana, pudieron más que sus juicios sobre el capitalismo y el incipiente socialismo soviético. Este niño bien, millonario desde muy joven, gracias a la herencia de su madre, fue también uno de los asesores del gobierno fraudulento de Agustín P. Justo y de su ministro Federico Pinedo -otro entusiasta juvenil de las obras de Carlos Marx- en la redacción de la ley de Impuesto a los Réditos, el primer antecedente del Impuesto a las Ganancias, y primer impuesto directo aplicado en la Argentina.

El libro de Rapoport se mete también con los trabajos de un Weil más maduro donde expresa un furibundo antiperonismo, si bien en todos sus trabajos considera que la clase terrateniente ganadera es el mayor impedimento que la Argentina tiene para lo que él considera un necesario proceso de industrialización. La experiencia bajo el nazismo, sus amistades argentinas -como Raúl Prebisch- y el deslumbramiento que en la posguerra produce el “rooseveltismo” y la sociedad norteamericana, convierten a Weil en un predecesor del pensamiento que luego se conocerá como “desarrollismo”: la idea que el imperialismo norteamericano es la clave para industrializar a nuestro país.

De pasada, Rapoport se la toma con Milcíades Peña, quien encuentra en el libro El Enigma Argentino, de Weil, escrito en 1944, datos y antecedentes para fundamentar también su antiperonismo acérrimo y la peregrina tesis de que Perón era un agente inglés. Tanto en Weil como en Peña, su admiración por EE.UU. y su mirada conmiserativa sobre nuestras propias posibilidades de desarrollo autónomo los llevaron a una profunda incomprensión sobre nuestro más trascendente fenómeno político: el peronismo.

Estos últimos capítulos del libro de Rapoport son muy interesantes y abren ricas posibilidades de reflexión, en la medida en que en los artículos y conferencias de los últimos años de Weil, cercano al partido Demócrata, se ven y presuponen algunas tendencias que hoy, a casi 40 años del fallecimiento del biografiado, conforman gran parte de las propuestas de los sectores conservadores.

Como nota final


La vida de Felix Weil, su periplo por todo el mundo occidental, sus relaciones juveniles, su fortuna, su vida amorosa, sus aciertos y sus errores, contados por Mario Rapoport, dejan en el lector la idea de que en ese libro está el material para una gran película sobre el siglo XX desde una perspectiva argentina. El Bolchevique de Salón es el mejor libro del año en un terreno tan árido como la historia de la economía. 

13 de octubre de 2014

Un revolucionario que sigue combatiendo en las nuevas generaciones

En el año 1967 llegó a mis manos, como un regalo de cumpleaños, Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, una edición de Plus Ultra en dos tomos que conformaban una especie de el Gordo y el Flaco del mundo de los libros. El primer tomo, en color azul, era delgado, mientras que el segundo, en color amarillo, redondeaba las 500 páginas. Leer ese libro a los 20 años, en un país gobernado por un estulto general de Remonta, fue una revelación.
Por primera vez la historia argentina, las luchas políticas y militares que surcieron a sablazos y lanzazos la Patria Vieja, la riqueza ostentosa del Centenario, los hombres de pañuelo al cuello de don Hipólito y esos obreros peronistas que seguían llenando las plazas y las urnas, compartían la calidad que Francisco de Quevedo había hallado en el Amor Constante: “Serán ceniza, mas tendrá sentido; / Polvo serán, mas polvo enamorado”.
Esos espectros imponentes y heroicos, esos huesos blanqueados en los campos de batalla de todo el continente eran polvo enamorado que impregnaba de sentido el presente e iluminaba con luz trémula, pero brillante los días por venir.
Devoré al Gordo y al Flaco en semanas y me convertí en un predicador de sus certezas y visiones. Una legión de amigos y amigas de aquellos años contribuyeron, por mi insistencia, a convertir el libro en un “best seller” juvenil.
Conocí a su autor, Jorge Abelardo Ramos, un año después, en plena agitación de la CGT de los Argentinos. Acababa de llegar de un viaje a España y una visita a varios países latinoamericanos. Era entonces un hombre de 47 años, con el cabello aún más ígneo que el que lucía en la década del 80, cuando ya comenzaba a encanecer. Su conferencia de hora y media, en el Sindicato de Obreros Navales, terminó por deslumbrarme por completo. Su voz, sus gestos de tribuno, el uso irónico de adjetivos y adverbios, la capacidad epigramática de describir personajes y situaciones y un indoblegable optimismo sobre los históricos acontecimientos políticos y sociales cuyas vísperas estábamos viviendo, tuvieron, tanto en mi razón como en mis sentimientos un efecto que aún hoy, a 20 años del fallecimiento de ese hombre talentoso, soberbio y seguro de sí mismo, ejerce su influencia en mis convicciones políticas, literarias y estéticas.
Comprender al peronismo y a Latinoamérica
Creo que el principal aporte de Ramos al pensamiento argentino, y que fue la causa del impacto que tuvo sobre aquella juventud de los años '60 fue su comprensión del principal y excluyente tema de nuestra política: el peronismo. La explicación de cómo y por qué los trabajadores argentinos se encolumnaron detrás de un coronel y desarrollaron juntos un gran movimiento cuya tarea histórica fue la creación de un capitalismo autárquico e independiente, en un país soberano, con justicia social y proyección continental. El uso libre y creativo que Ramos hizo del instrumental marxista aplicado a un país semicolonial y su permanente vigilancia para no caer en el lecho de Procusto del marxismo extranjerizante, permitió que ese gran movimiento, el más importante y trascendental que ha generado el pueblo argentino, pudiese ser incorporado al análisis teórico político, sin caer en las categorías lombrosianas y descalificatorias con que la inteligencia académica argentina pretendía reducirlo a un fenómeno patológico.
En 1806, las tropas napoleónicas ocupaban el territorio alemán, dividido en una miríada de miserables principados, ducados y baronías, impotentes y con una población empobrecida y sin horizonte. Mientras Francia ponía en marcha su revolución burguesa y el Reino Unido se lanzaba ya a una industrialización fundada en el saqueo colonial, el antiguo imperio Romano Germánico dormía una bucólica siesta agraria, sus sembradíos eran hollados por tropas extranjeras y su sórdida aristocracia cazaba ciervos y acosaba rubias doncellas campesinas. En ese momento, un humilde e inteligente hijo de la Sajonia, en el límite oriental de la tierra tudesca, Johann Gottlieb Fichte, publicaba sus célebres “Discursos a la Nación Alemana”. Con los instrumentos ideológicos de su época propuso a sus contemporáneos la creación de un estado nacional para los alemanes. Apeló a los sentimientos patrióticos de sus contemporáneos e intentó movilizar a su pueblo para poder irrumpir en la historia moderna. Y cuando se inició la guerra de liberación del yugo francés, no vaciló en unirse a la milicia para sostener con la bayoneta lo afirmado con la pluma. Pasarían, no obstante, más de cincuenta años, hasta que el privilegio aristocrático y el miserable aislamiento de los príncipes fuese aplastado con puño de hierro por Bismarck.

Hace cuarenta y tres años, Historia de la Nación Latinoamericana de Jorge Abelardo Ramos propuso a sus contemporáneos -los jóvenes que en aquella época nos iniciábamos en la lucha política- la reconstrucción de un gran estado continental, apelando a la historia de nuestra emancipación y al imperativo que exigía, ya entonces, el futuro.
Como Fichte, Ramos no pudo ver la victoria de su llamamiento. El nuevo siglo, nuevos y extraordinarios dirigentes políticos, nuevas generaciones han comenzado a reconocer el mandato.
Y cuando volvemos a vivir tiempos históricos, en los que el pueblo reasume su soberanía y la ejerce, Jorge Abelardo Ramos ha encontrado, desde sus libros y artículos, a la nueva juventud que ha retomado el mandato de independencia, dignidad y unidad latinoamericana. Su prosa, su verbo y su estilo, filosos como sables, siguen dando combate.
Publicado en Miradas al Sur.
Buenos Aires, 5 de octubre de 2014



Desde el el 17 de octubre al siglo XXI

Con el fallecimiento de Antonio Cafiero se va uno de los últimos muchachos peronistas del 17 de octubre de 1945, esa juventud obrera y de clase media humilde que hizo la jornada histórica que dio luz al peronismo.

Discípulo de Diego Luis Molinari, el antiguo yrigoyenista y uno de los primeros historiadores de nuestra economía, Antonio Cafiero, un estudiante católico de 23 años, acudió con sus amigos a la Plaza donde habían comenzado a reunirse miles y miles de trabajadores del conurbano porteño. Fue uno de los más jóvenes funcionarios del gobierno de Juan Domingo Perón, quien reconoció en el flamante doctor en Ciencias Económicas, un talento que la revolución nacional en marcha no podía perder.

No compartió -y lo explicó muchos años después- la campaña anticatólica que se desató desde algunos pasillos del poder. Pero no por ello abandonó o enfrentó al gobierno que había abierto las puertas a las masas argentinas y lanzado al país al camino de la industrialización y la justicia social.

Con el golpe de estado oligárquico e imperialista del 1955, y junto a miles de peronistas de todos los sectores sociales, sufrió carcel y persecución.

Lejos de abjurar de sus convicciones, Cafiero publicó un libro que es un permanente recordatorio de la tarea transformadora de los gobiernos peronistas y del sentido reaccionario, antipopular y cipayo de los “libertadores” del 55: “Cinco Años Después” (1).

Desde ese año hasta su fallecimiento en esta mañana de octubre, Antonio Cafiero fue un militante cabal y entregado a la causa del movimiento nacido aquel 17 de octubre. El golpe de 1976 volvió a detenerlo y recluirlo en un barco fondeado en el medio del Río de la Plata.

La historia, los meandros inesperados de la política argentina, no permitieron que fuese presidente de la República, un cargo por el que luchó con hidalguía, desde las postrimerías de la dictadura cívico militar hasta las elecciones de 1989. Una vez más, la maldición de Mitre volvería a impedir que un gobernador de la provincia de Buenos Aires se convirtiese en presidente de la Nación.

Su pensamiento y su acción política expresaban el carácter nacional burgués y de un capitalismo autónomo, con base popular y obrera, que caracterizó al peronismo desde su nacimiento. La "renovación" justicialista que Cafiero expresó y por la que recibió fuertes críticas de sectores autodenominados ortodoxos, nunca tuvo, ni en las palabras, ni en los hechos, el carácter de cínica aceptación del status quo vigente y de resignación a la hegemonía imperialista que adquirió la política de gobierno de quien lo derrotase en las internas de 1988. Y cualquier intento ucrónico de suponer su eventual gobierno no es más que un ejercicio de la imaginación.

Su papel, en defensa del gobierno constitucional, durante los sucesos del levantamiento carapintada, siendo presidente del Partido Justicialista, enfrentado políticamente con el gobierno de Ricardo Alfonsín, muestran la diferencia que siempre existió entre el peronismo y los partidos liberales, de izquierda o derecha. No vaciló en concurrir a la Casa Rosada y manifestar con su presencia la solidaridad peronista con un gobierno constitucional amenazado. No fue, en esa oportunidad, un dirigente “de la democracia”, como si fuera una excepción a una regla. Fue un peronista experimentado en sufrir la cárcel y la persecución en cada momento en que la voluntad popular fue pisoteada por el despotismo oligárquico.

La política me dio la posibilidad de conocerlo personalmente y hasta de tratarlo cercanamente. Era un porteño elegante de los años '60, que recibía a sus amigos, a sus compañeros o al periodismo con algún chiste, con algún cuento de doble sentido, y con su voz un tanto engolada, que los imitadores no tardaron en remedar, daba una síntesis política o un informe de situación, siempre informado y justo.

En 1992, viajé a Chile para exhibir en una universidad la película “Cipayos” que dirigió Jorge Coscia. Un diario me hizo un reportaje, que salió a la mañana siguiente. A las 10 de esa misma mañana, una llamada en mi habitación puso en mis oídos la voz de Antonio Cafiero. Me invitaba personalmente a exhibir la película en la embajada para todo el personal. Y me recordaba que el helicóptero que aparece en la misma era el de la gobernación de Buenos Aires, que él mismo me había prestado para la filmación. Proyectamos la película en la hermosa mansión que es la sede de nuestra embajada mapochina y ahí explicó a su personal e invitados el origen del término cipayo en la política argentina. Recordó a Jauretche y los forjistas y volvió a mencionar que el helicóptero había sido su aporte a la filmación.

La muerte de Antonio Cafiero pone, en cierto sentido, punto final a un período de la vida política argentina: la que comenzó en 1983, con la derrota de Malvinas y el abandono del poder por parte de la dictadura. Se trata de un período que se extendió desde 1983 hasta el 2001. Las jornadas del 19 y 20 de diciembre cerraron ese ciclo y la vieja Patria de la dignidad nacional, los derechos sociales y la unidad latinoamericana volvió por sus fueros. Antonio Cafiero supo reconocerlo. No fue ese el menor de sus méritos para que el gran movimiento popular argentino hoy lo recuerde con dolor.

(1) Por un error de mi frágil memoria escribí primeramente "Ayer, Hoy y Mañana", libro del que es autor el nacionalista Mario Amadeo, participante del golpe oligárquico de 1955 en el sector que encabezaba el general Eduardo Lonardi. En noviembre del 56 este sector fue barrido del gobierno y el liberalismo se adueñó por completo del gobierno dictatorial. Martín Güemes, que evidentemente lee con atención, observo mi equivocación y aprovecho para corregirla (22 de Octubre de 2014)

Buenos Aires, 13 de octubre de 2014

11 de octubre de 2014

12 de Octubre, Colón y "la raza cósmica"

La publicación Infobae, a través de la periodista Claudia Peiró, me hizo llegar un breve cuestionario sobre el 12 de Octubre. Esta fueron mis respuestas.

1) ¿Cómo calificaría la imagen que hoy se transmite de lo que fue el 12 de octubre, cuánto ha cambiado respecto a lecturas pasadas, y si es posible aplicar a esos acontecimientos categorías del presente tales como el genocidio?

- El sentido de la fecha del 12 de Octubre ha ido cambiando de significación, adecuándose a los cambios políticos, sociales y culturales que ha vivido nuestro continente. El Día de la Raza, fecha decretada por don Hipólito Yrigoyen, fue una reafirmación de nuestro mestizaje hispano-indo-africano que pobló nuestro continente, enfrentado a la reivindicación anglosajona que desde los EE.UU. pretendía, con la doctrina Monroe y el Big Stick de Teodoro Roosevelt, despreciar nuestro origen y génesis histórica. En ese sentido, el Día de la Raza -no de la raza española, cosa, que como Ud. sabe, no existe- sino de la “raza cósmica”, como llamó el gran José Vasconcelos -el ministro de Educación de la Revolución Mexicana- a nuestra fusión étnica, no fue para confrontar con nuestros hermanos de los pueblos originarios o de origen africano, sino para, junto con ellos, resistir la ofensiva cultural, económica y política del imperialismo anglosajón. Y fue justamente este imperialismo el que intentó desprestigiar la fecha, cargándola de un sentido racista, etnicista y purista que jamás existió en la cabeza de la generación que la asumió como propia. Recuerde a Rubén Darío en su Oda a Roosevelt cuando dice: “la América del gran Moctezuma, del Inca, / la América fragante de Cristóbal Colón, / la América católica, la América española, / la América en que dijo el noble Guatemoc: / «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América / que tiembla de huracanes y que vive de Amor, / hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. / Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol”. Este era el sentido profundo y desafiante con el que aquella generación sancionó el Día de la Raza.

Hoy, nuevas generaciones, nuevos desafíos, profundos cambios en la conciencia de los latinoamericanos, el protagonismo de esos “hombres cósmicos”, que son la fusión de todas las etnias de la tierra, le han dado al 12 de Octubre un sentido que ratifica aquella multiplicidad de orígenes, de culturas, de lenguas y dioses que constituyeron a nuestros pueblos.

Lo del genocidio es una extraordinaria tontería, cuyo origen ideológico hay que encontrarlo en quienes sí, de verdad y sin atenuantes, exterminaron sus pueblos originarios, que hoy han quedado reducidos a administrar algunos casinos en el estado de Nevada. Si una reciente investigación afirma, con pruebas en la mano, que el 56 % de la población argentina tiene genes indígenas, mal puede hablarse de un genocidio. Con todo el dramatismo que ese choque tuvo, con toda la explotación de la mano de obra indígena, con todo el saqueo de la plata potosina, aquí nació un ser humano que, como afirmó Bolívar, no es ni español ni indio, es americano.

2) ¿Qué piensa del traslado del monumento a Colón?

Imagínese que el traslado de un monumento no puede ser una cuestión capaz de generar un enfrentamiento irreductible. La estatua de Juana Azurduy de Padilla, donada por Evo Morales, tiene todo el derecho de cubrir el flanco que da al río de nuestra Casa Rosada, así como la homenajeada cubrió, en vida, el flanco norteño contra la penetración goda. El gran genovés, podrá otear el horizonte desde la Costanera porteña, quizás buscando encontrar “el sitio donde ayunó Juan Díaz y los indios comieron”, como, con belleza y calumnia histórica, dice Jorge Luis Borges.

Pero quedará para siempre el más grande legado que trajera a estas tierras y que los americanos hemos logrado conservar, desarrollar, enriquecer y renovar: la lengua de Castilla que, con García Márquez, Borges, Asturias y Gabriela Mistral, para dar tan solo unos ejemplos, dio al mundo la visión, el habla, la fantasía, los sueños y las vigilias de nuestros hombres y mujeres. Gracias a esa lengua podemos entendernos sin traductores desde el Río Bravo hasta la Bahía de Lapataia. 

Ese es el tamaño de la nación que podemos construir, si no discutimos por el destino de una estatua.



23 de septiembre de 2014

Todos los caminos llevan a Roma

El 14 de marzo del año pasado, al día siguiente de la elección del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio como jefe de la Iglesia Católica, los compañeros agrupados en la Corriente Causa Popular hicimos conocer una declaración que titulamos Gozo y esperanza para el pueblo latinoamericano”. En ella decíamos: No nos mueve a este júbilo otra cosa que compartir con millones de compatriotas del continente esta extraordinaria oportunidad que se presenta para que los graves problemas económicos y sociales de nuestra Patria Grande tengan expresión en uno de los sitiales más prestigiosos e influyentes del mundo. Más allá de toda cuestión religiosa, confesional o corporativa, es auspicioso que el primer Papa de la Iglesia Católica no europeo sea un latinoamericano, hijo de esta ciudad de Buenos Aires, conocedor de sus barrios humildes y comprometido con los intereses y expectativas de los más pobres de nuestra patria”.
También sosteníamos que La elección del primer Papa no europeo, del primer Papa latinoamericano, del primer Papa jesuita y del primer Papa en elegir el nombre de Il Poveretto, Francisco de Asís, el enemigo declarado de la corrupción y el lujo de la curia romana, abre una enorme expectativa. La Iglesia, acosada por la corrupción y sumergida en una crisis carismática se enfrenta a cambios culturales y sociales que gran parte de la grey católica siente necesarios”.
Al pronunciarnos de esa manera no ignorábamos que una buena parte de la opinión caracterizada como “progresista” vinculada al gobierno repudiaba el nombramiento y llegaba a sostener que el mismo era una herramienta del imperialismo para destruir los avances logrados por nuestro continente a partir de la entrada en el nuevo siglo. Conocíamos la opinión de algún periodista considerado influyente en las decisiones de gobierno y tuvimos oportunidad de escuchar el sermón laicista con que un grupo de intelectuales y universitarios oficialistas recibió la noticia. Sabíamos también, como no podía ser de otra manera, que había habido rispideces en la relación entre el Arzobispo de Buenos Aires y el presidente argentino Néstor Kirchner. Pero también conocíamos, directa e indirectamente, sus convicciones latinoamericanistas, su dedicación a los más desposeidos y sus ideas políticas inspiradas en el pensamiento nacional y popular del peronismo.
Y estábamos convencidos que ni Monseñor Jorge Bergoglio, ni la doctora Cristina Fernández de Kirchner llevarían sus rencillas parroquiales al más alto y amplio plano de la política internacional y el nivel de universalidad que es jurisdicción del obispo de Roma. Las peleas y riñas entre don Peppone y don Camilo -de las populares películas italianas de posguerra, inspiradas en la novela de Giovanni Guareschi- no podían ser llevadas al Vaticano o a las Naciones Unidas. El castigo era el ridículo.
A un año y medio de esa declaración no podemos menos que celebrar el haber confiado en que el profundo sentido nacional de ambos argentinos y sus firmes principios de justicia social y de condena al régimen del imperialismo -militar, político, económico y financiero- los iba a sentar juntos para encarar, a nivel mundial, los problemas generados por éste.
La publicación de la carta apostólica Evangelii Gaudium confirmó el sentido que tendría el papado de Francisco. Sus planteos de justicia universal y sus denuncias al flagelo del capitalismo financiero sobre los pueblos del mundo, la convirtieron en el principal texto en contra del establishment mundial del siglo XXI. Jorge Bergoglio, como tampoco lo había hecho Néstor Kirchner, no dejó sus convicciones en las murallas del Vaticano.
Lo ocurrido en estos últimos días ha coronado estos puntos de vista. La digna política internacional de nuestro país respecto a los fondos buitres y la resolución adoptada por la Asamblea General de la ONU, la sanción de la ley destinada a cambiar el domicilio de pago de los deudores reestructurados culminó con la invitación papal a almorzar dirigida a la presidenta argentina aprovechando su viaje a Nueva York -como si fuese de paso-.
Mientras los sectores sedicentemente católicos de Recoleta y Pilar eran engañados por Clarín y La Nación – con la colaboración de expertos vaticanólogos como Felipe Solá y Lilita Carrió- con la mentira de que Francisco sólo estaba preocupado por la gobernabilidad y quería que Cristina pudiese llegar al fin de su mandato, una jovial, numerosa y afable delegación de 32 argentinos con distintas responsabilidades de gobierno entraba a Santa Marta y entregaba “souvenirs”, más que presentes, al Papa. Una remera de la Villa 21-24 (la Villa que frecuentaba el padre Jorge) firmada por La Cámpora, un cuadro de Evita Perón, un retrato del padre Carlos Mujica, el cura villero mártir por sus convicciones sociales, y hasta salamines de la provincia de Buenos Aires convirtieron el encuentro en una reunión que, mejor que nadie, definió el amargado columnista de La Nación, Mariano Obarrio, en un “twitter”: El Gobierno logró la escena perfecta. La foto de Francisco, CFK, La Cámpora y dos cuadros de fondo: Eva Perón y el Papa. Todo muy partidario”.
El resultado ha sido que Francisco apoya y sostiene con todo el peso de su autoridad espiritual la campaña argentina contra los fondos buitres y nuestra presidente viajó a Nueva York con el texto del parágrafo 56 de la Evangelii Gaudium en su carpeta:
Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta. No a un dinero que gobierna en lugar de servir”.
Dijimos hace un año y medio: Cuando Europa se desbarranca en una crisis espiritual, social, económica, cultural y política el continente de los tucanes y las orquídeas, el continente de Bolívar y San Martín ha proyectado a uno de sus hijos a un sitial de honor y tremenda responsabilidad”.
Hoy, con la misma alegría y esperanza que entonces, podemos ratificarlo e incluso precisarlo. Este Papa porteño que vive en Roma, contrariamente a la canción de Los Quilapayún, no le están degollando a su paloma. Se ha lanzado a luchar por los pobres del mundo, por la soberanía de los pueblos contra la predación del capital financiero. Y el gobierno de Cristina, así como los gobiernos populares del continente, han encontrado un aliado confiable y seguro.
La oposición mediática le seguirá dictando mentiras a sus seguidores y la oposición política se enredará aún más en su desconcierto y desasosiego. Es evidente que hay una nueva relación de fuerzas, que no está dicha la última palabra y que la agenda presidencial, que es la que continúa rigiendo en la vida política del país, nos va a dar muchas nuevas sorpresas.

Buenos Aires, 23 de septiembre de 2014

22 de septiembre de 2014

3° Clase del Seminario Independencia y Fragmentación de Suraméricana . 2ª parte

La Revolución Francesa. La invasión napoleónica a la península ibérica. La Guerra de la Independencia española. Las Cortes de Cádiz. El traslado de la corte portuguesa a Río de Janeiro. La iniciación del proceso de la Independencia.


17 de septiembre de 2014.


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3° Clase del Seminario Independencia y Fragmentación de Suraméricana . 1ª parte

La Revolución Francesa. La invasión napoleónica a la península ibérica. La Guerra de la Independencia española. Las Cortes de Cádiz. El traslado de la corte portuguesa a Río de Janeiro. La iniciación del proceso de la Independencia.

17 de septiembre de 2014.



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10 de septiembre de 2014

Un sedicente roquista confunde a Drago con Espert


El diputado del PRO de origen conservador Federico Pinedo se jacta de ser un heredero de la acción del dos veces presidente argentino Julio Argentino Roca. En el día de hoy ha dado a conocer este punto de vista sobre el tema de la deuda y los fondos buitres: “Vos no aumentás tu soberanía incumpliendo tus obligaciones. Lo que hacés es darle la soberanía a los buitres y a los jueces extranjeros. Lo que están haciendo es disminuyendo soberanía, no aumentándola. El que crea que va a progresar en la vida incumpliendo su palabra no tiene mucho sentido”.

Como mi aprecio por el General Roca es que tengo en común con él, y con el General Juan Domingo Perón, por otra parte, quiero expresar que ese modo de pensar no fue nunca el del hombre que venció al mitrismo secesionista de Buenos Aires.
En el mes de diciembre del año 1902, cuatro años después de asumir por segunda vez la presidencia de la República, el canciller de “El Zorro”, como se lo llamaba a don Julio, se lanzó a una compaña mundial repudiando el ataque militar a los puertos de Venezuela por parte del Reino Unido y Alemania, entre otras potencias de la época, a raíz del “default” de su deuda externa por parte del presidente de aquel país latinoamericano, Cipriano Castro. Lejos de perorar moralmente sobre el incumplimiento de la palabra y zonceras similares, que en las relaciones internacionales tienen tanta importancia como las buenas maneras en un frente militar, Roca y su ministro se lanzaron a explicarle a la comunidad internacional la naturaleza específica de las deudas soberanas y de los estados deudores. Decía, entonces, el canciller Drago: Entre los principios fundamentales del Derecho Público Internacional que la humanidad ha consagrado, es uno de los más preciosos el que determina que todos los Estados, cualquiera que sea la fuerza de que dispongan, son entidades de derecho, perfectamente iguales entre sí y recíprocamente acreedoras, por ello, a las mismas consideraciones y respeto.

El reconocimiento de la deuda, la liquidación de su importe, pueden y deben ser hechos por la nación, sin menoscabo de sus derechos primordiales como entidad soberana, pero el cobro compulsivo e inmediato, en un momento dado, por medio de la fuerza, no traería otra cosa que la ruina de las naciones más débiles y la absorción de su Gobierno con todas las facultades que le son inherentes por los fuertes de la tierra” (el subrayado es nuestro).

Y en su apoyo recurría al mismísimo Alejandro Hamilton, uno de los teóricos del estado norteamericano: “Otros son los principios proclamados en este Continente de América. 'Los contratos entre una nación y los individuos particulares son obligatorios, según la conciencia del soberano, y no pueden ser objeto de fuerza compulsiva' -decía el ilustre Hamilton-. No confieren derecho alguno de acción fuera de la voluntad soberana”


Como se puede apreciar, ninguna monserga propia de un representante de los acreedores, como, por ejemplo, Espert, ensuciaba la prosa del ilustre conservador de aquellos años.
  
Buenos Aires, 10 de septiembre de 2014

Una nueva luz de justicia para los pueblos

En una nota publicada el 28 de junio pasado (¿Es necesaria una nueva doctrina Drago?) sosteníamos que la situación generada por el atrabiliario fallo del juez municipal neoyorquino Thomas Griesa, a favor de los fondos buitres, estaba clamando por una decisión en el derecho de gentes que restableciera la preeminencia y majestad de los estados nacionales y sus decisiones por sobre intereses financieros globalizados. Decíamos que era necesario adoptar, por parte de la comunidad internacional de Estados, en el espíritu de los Tratados de Westfalia,una nueva doctrina Drago, una actualización que ratifique la soberanía nacional por encima de los crapulosos y minoritarios intereses especulativos y condene estas maniobras”.
Las Naciones Unidas, impulsadas por Argentina y el G77+China, acaba de aprobar, por abrumadora mayoría, la apertura de una discusión sobre el establecimiento de un marco jurídico legal a nivel global para los procesos de reestructuración de deuda soberana.
Ese resultado con 124 votos a favor, 41 abstenciones y un oligárquico bloque de 11 votos en contra debe ser considerado como una imponente victoria diplomática y política de la Argentina y su gobierno. Esta nueva doctrina, que la historia posiblemente conozca como Doctrina Fernández de Kirchner o Timmerman, parte del reconocimiento del derecho soberano de todo Estado a reestructurar su deuda soberana, que no debe verse frustrado u obstaculizado por las medidas adoptadas por otro Estado”.
Reconoce, además, que “los esfuerzos de un Estado por reestructurar su deuda soberana no deben verse frustrados u obstaculizados por los acreedores comerciales, incluidos fondos de inversión especializados como los fondos de cobertura, que adquieren deuda de Estados altamente endeudados con fines especulativos en los mercados secundarios a precios con grandes descuentos con la intención de litigar para tratar de obtener el reembolso de la totalidad del valor”. Por primera vez, entendemos, las Naciones Unidas tipifican en términos de derecho internacional a los fondos buitres, explicitando su naturaleza especulativa y chantajista.
Pero la resolución observa también que “los acreedores privados de deuda soberana son cada vez más numerosos, anónimos y difíciles de coordinar, que hay diversos tipos de instrumentos de deuda y que se emite deuda en una gran variedad de jurisdicciones, lo que complica la reestructuración de la deuda soberana”.
En estos dos últimos párrafo está implícito un reconocimiento de una nueva realidad política que no puede queda sometida simplemente a las leyes y jueces civiles o comerciales de un país determinado, tal como si se tratase de la presentación de un cheque o un pagaré entre acreedores y deudores privados.
Pero, no solo esto, sino que la resolución reconoce “con preocupación que el sistema financiero internacional no cuenta con un marco jurídico riguroso para la reestructuración ordenada y previsible de la deuda soberana, lo que aumenta aún más el costo de incumplimiento”, así como “la necesidad de crear un marco jurídico que facilite la reestructuración ordenada de la deuda soberana, que permita restablecer la viabilidad y el crecimiento sin crear incentivos que aumenten inadvertidamente el riesgo de incumplimiento, y que sirva de elemento disuasorio para que los acreedores no entablen litigios desestabilizadores durante las negociaciones de reestructuración de la deuda soberan”.
La resolución se hace cargo, entonces, del vacío normativo, que en derecho internacional tiene siempre una base política, y acompaña de manera explítica los reclamos efectuados por la Argentina y su gobierno, en el sentido de darle una entidad política y no meramente comercial a la situación planteada por el juez Griesa.
En ese sentido, también de modo explícito, la resolución destaca “la importancia de establecer un conjunto claro de principios para gestionar y resolver las crisis financieras que tenga en cuenta la obligación de los acreedores de deuda soberana de obrar de buena fe y con espíritu de cooperación para pactar una reorganización consensuada de la deuda de Estados soberano.
Buena fe y espíritu de cooperación de parte de los acreedores”, reclaman las Naciones Unidas y dan un paso gigantesco en el sentido de los intereses de los pueblos y naciones sometidos durante los últimos cuarenta años al chantaje de la deuda externa.
Se está forjando, como pedíamos, una nueva doctrina Drago, a poco más de 100 años de su sanción por la Corte Internacional de La Haya en 1907, sobre la base de la dignidad y firmeza de una gobierno que ha dado muestras claras de no estar dispuesto a continuar siendo avasallado por la ley del interés compuesto.
Una nueva luz de justicia se ha prendido en el horizonte de los pueblos semicoloniales en rumbo a su independencia definitiva.
Buenos Aires, 10 de septiembre de 2014.

2 de septiembre de 2014

Clase final del taller sobre El Nacionalismo y el Populismo en los países opresores y en los países oprimidos
Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manue Dorrego - 1 de septiembre de 2014 - Segunda parte




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Clase final del taller sobre El Nacionalismo y el Populismo en los países opresores y en los países oprimidos
Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manue Dorrego - 1 de septiembre de 2014 - Primera parte



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11 de agosto de 2014

El Nacionalismo y el Populismo en el mundo semicolonial después de la 2ª Guerra Mundial 
Segunda Parte


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Nacionalismo y Populismo en el mundo semicolonial, posterior a la Segunda Guerra Mundial
Primera Parte


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18 de julio de 2014

Seminario de Historia Polìtica Argentina
El Proceso. La Guerra de Malvinas. El retorno a la democracia. La democracia semicolonial
2ª Parte
Clase del 30 de Junio de 2014




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Seminario de Historia Polìtica Argentina
El Proceso. La Guerra de Malvinas. El retorno a la democracia. La democracia semicolonial
1ª Parte
Clase del 30 de Junio de 2014



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29 de junio de 2014

El Juez Griesa y los trotkistas yanquis
Barry Sheppard
Me escribe desde Nueva York Barry Sheppard, veterano militante trotskista, durante un tiempo secretario general del Socialist Workers Party y autor de dos volúmenes que cuentan el auge, la declinación y el colapso de esta organización política norteamericana. Su mail dice, traducido, lo siguiente:
Griesa fue el juez en el juicio que el Socialist Workers Party inició contra varias agencias policiales del gobierno de los EE.UU. En 1973. Nuestro planteo fue que el gobierno había violado masivamente nuestros derechos por medio de asaltos a nuestros locales, operando para hacer echar de sus trabajos a nuestros afiliados, ecuchas y grabaciones ilegales, espionaje, publicación de falsas acusaciones en la prensa, etc. En 1986, Griesa tomó su decisión, esencialmente sosteniendo nuestras acusaciones y dictando una sentencia contra el gobierno. Una decisión favorable.
Nuestro caso se produjo en las secuelas de la radicalización de “los 60” y la revelación de los crímenes del gobierno contra los movimientos negros, antibélicos y feministas y el caso Watergate que terminó con la renuncia de Nixon.
De modo que esta buena decisión de Griesa fue hecha en este contexto. Ello no significa que en la continuación de su carrera no haya tomado muchas malas decisiones, la última de ellas contra la Argentina”.

La gentil y solidaria nota de Sheppard fue en respuesta a un pedido de información acerca de Griesa y su participación en este caso del SWP.
La comparación de estos dos casos, el de los trotskistas norteamericanos y el de los fondos buitres, me lleva a las siguientes preguntas: ¿qué tienen en común ambos casos?; ¿por qué en un caso, el del SWP, Griesa falla a favor del más débil y en el segundo, el nuestro, del más poderoso?
John Locke
Más allá de las explicaciones políticas referidas al papel de los jueces norteamericanos en salvaguarda del sagrado derecho a la propiedad privada y al intangibilidad de los negocios particulares, se me ocurre que en ambos casos subyace la idea liberal de origen inglés (John Locke, Adam Smith) de la supremacía absoluta de los derechos individuales frente a los del estado y los límites de éste respecto a la autonomía de la sociedad civil. El liberalismo político en su nacimiento se enfrenta al estado absolutista monárquico, en quien ve el principal impedimento para el desarrollo de la libertad y capacidad del individuo. Este punto de vista, que enfrentó al despotismo monárquico de origen feudal, permitió, es cierto, la aparición del estado republicano moderno.
El liberalismo contemporáneo ha deshistorizado esta visión propia del siglo XVIII, reivindicando “todo” interés individual o de la sociedad civil frente a “todo” interés de “todo” estado.
Es, en cierto sentido, una extensión al derecho político de la conocida burla de Anatole France sobre la igualdad francesa: “En París todos tienen derecho a dormir bajo los puentes”.
El estado plutocrático norteamericano se excedió en sus atribuciones al someter a persecución policial a los ciudadanos agrupados en el SWP, en 1976, de la misma manera que el estado nacional y popular argentino, en defensa de sus ciudadanos, se extendió en sus atribuciones al negar el pago de sus acreencias a un grupo de honestos comerciantes.
Esta distorsionada visión de la realidad es la que encierran todas las expresiones liberales y neoliberales contemporáneas. Es el atroz pensamiento darwinista que subyace en los escritos de Ayn Rand, en los extremistas bien comidos del Partido Liberal Libertario, en la psicopatía de Domingo Cavallo o en el criminal maltusianismo del Banco Europeo.
Pero también es el mismo liberalismo que expresa Lilita Carrió y su manipulación de Hannah Arendt, el formalismo de FAUNEN o la altisonancia geronte de Pino Solanas.
Con Anatole France, pero sin su ironía, todos ellos sostienen “todos los ciudadanos del mundo tienen derecho a prestarle dinero a la Argentina y cobrar sus acreencias”.

Buenos Aires, 29 de junio de 2014
¿Es necesaria una nueva Doctrina Drago?
Cipriano Castro

En el año 1902 el presidente Cipriano Castro declaró la moratoria de su deuda externa. La caída en los precios internacionales del café obligaron a su gobierno a suspender el pago a sus acreedores internacionales. La respuesta de los acreedores fue inmediata. Las flotas de Alemania e Inglaterra bloquean las costas venezolanas y amenazan a sus puertos. Al bloqueo se suman todos los países con acreencias contra Venezuela. Italia, en primer lugar y posteriormente Francia, España, Bélgica, Holanda y Estados Unidos se presentan como acreedores y exigen ser considerados juntos a los países agresores.
Cipriano Castro venía del estado andino de Táchira. Por su actuación en las guerras civiles que asolaban la región había obtenidos sus galones militares. Después de convertirse en el principal caudillo de las provincias andinas de Venezuela, el general y sus amigos se encaminaron hacia Caracas y en 1899 la Revolución Liberal Restauradora, por él encabezada, derrocó al debilitado presidente Ignacio Andrade y se convirtió en presidente hasta noviembre de 1908, cuando su compadre Juan Vicente Gómez inicia su larga dictadura que durará hasta 1935.
El gobierno de Cipriano Castro unificó el país y puso fin a las guerras civiles que lo habían azotado desde el final de la Guerra de la Independencia, impuso una centralización del gobierno que terminó con los caudillismos locales, modernizó el ejército, se hizo cargo de la deuda externa e intentó diversificar la economía venezolana dependiente exclusivamente de las exportaciones cafetaleras. Para esa época Venezuela era el segundo productor mundial de café, después de Brasil.
El bloqueo naval europeo incluyó enfrentamientos bélicos con bombarderos sobre los puertos de La Guaira y Cabello, así como la destrucción casi total de la flota venezolana.
Interpelado por varios gobiernos latinoamericanos, el presidente yanqui Teodoro Roosevelt -“Es con voz de Biblia o verso de Walt Whitman / que habría que llegar hasta ti, / Cazador”, le había dicho Rubén Darío- declaró la no pertinencia de la aplicación de la Doctrina Monroe en el caso de potencias europeas que no venían a reconquistar antiguas colonias. La Doctrina Monroe y el TIAR, como se sabe, han sido instrumentos retóricos que solo han servido para que EE.UU. los interprete según su exclusivo interés. La tierra natal de Bolívar se enfrentaba sola a la voracidad de los tenedores de bonos.
Luis María Drago
El ministro de Relaciones Exteriores del presidente Julio Argentino Roca, Luis María Drago -un jurista conservador y con un espíritu en el cual aún sobrevivía la vieja épica de las Guerras de la Independencia- presentó al mundo su punto de vista que expresaba el de su gobierno: los estados no tenían derecho a intervenir militarmente contra otro estado con la finalidad de cobrar deudas financieras. Fue una voz pequeña, en relación a los intereses y potencias que estaban en juego, pero poderosa. Algunos años después, la Doctrina de nuestro canciller, inspirada además en las reflexiones del gran jurista rioplantense, Carlos Calvo, sería establecida como jurisprudencia en La Haya. Venezuela no olvidó nunca el gesto argentino y Hugo Chávez tuvo oportunidad de recordarlo varias veces desde su tribuna presidencial.
Las decisiones asumidas por el juez de primera instancia de Nueva York, Thomas Griesa, y por la Corte Suprema de Justicia norteamericana, en favor de los fondos buitres, están exigiendo el establecimiento, por parte de las naciones sometidas al chantaje de la deuda, una nueva doctrina Drago, una actualización que ratifique la soberanía nacional por encima de los crapulosos y minoritarios intereses especulativos y condene estas maniobras. El periodista Alfredo Zaiat ha publicado en Página 12 de hoy (28/06/14) un interesante artículo exponiendo al público argentino lo que se conoce en la legislación norteamericana como Doctrina Champerty. La misma establece la prohibición de comprar documentos de créditos vencidos con la finalidad de interponer una acción judicial reclamando el pago de estos.
Tratado de Westfalia y el nacimiento de los Estados Nacionales
Algo en ese sentido, y que rescate la supremacía de los estados nacionales por sobre los intereses corporativos internacionales, está exigiendo el novedoso conflicto en que se encuentra nuestro país. El concepto de estados nacionales surgido del Tratado de Westfalia no puede ser aplastado por el imperio del interés compuesto y los derivados financieros.

Buenos Aires, 28 de Junio de 2014

17 de junio de 2014

Los bárbaros existen

¡Qué apretada que le pegó Cristina al próximo gobierno!

Fue el discurso de una mujer de Estado. Mujeres de Estado fueron Isabel la Católica, que unió los reinos de España y proyectó su idioma sobre el ancho mundo; Isabel de Inglaterra, la hija bastarda que convirtió su reino en una nación poderosa; Cristina de Suecia, la última Vasa que impuso en su helado país la idea de Columna regni sapientia, “la sabiduría es el pilar del reino”. O Catalina de Rusia que proyectó su atrasado y extenso mundo en el siglo de las luces.

Y en nuestros días hay pocas para comparar: Thatcher “the Bloody”, quizás. Sé que suena desagradable, pero amaba a su país como CFK ama al nuestro, al suyo. No amaba, es cierto a su pueblo, pero la ajada grandeza de Bretaña fue su única tarea.

Y no hay muchas más.

Dos veces en mi vida me sentí cerca, identificado hasta conmoverme, con un presidente.

El primero fue Perón, durante ese escaso año que gobernó. Tuve la suerte y el honor de estar sentado frente a él, a mis veintipico años, y sentir en la boca del estómago la sensación de que la Historia me hablaba.

La otra es esta hermosa mujer que tenemos de presidenta. Su firmeza, su claridad intelectual, su voluntad de diamante y la convicción íntima y profunda de hablar en nombre de un pueblo y su destino me dejaron hoy la impresión de que la Historia comenzaba a expresarse a través de ella.

Esta mujer no jode. Habla en serio.

Y los enanos, los miserables paniaguados de nuestro módico Ciudadano Kane, la estólida oposición de vuelo de gallina pretenden hablar de corrupción porque un vicepresidente les expropió los fondos de jubilación y disimulan indiferentes la opus magna de la corrupción que ha sido nuestra deuda externa en general y en particular la armada por los savonarolas laicos del radicalismo, estúpidos incapaces de gobernar si no es en provecho de las finanzas internacionales.
Hoy, en un momento difícil para nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro apareció una giganta. No la de Baudelaire, a la sombra de cuyos senos quería dormir, “como la aldea al pie de la montaña”, sino la mujer de hierro cuyos pies se hacen firmes en la tierra y sus brazos cobijan multitudes.

Esta mujer hoy distribuyó serenidad, impuso cordura, denunció la barbarie extranjera y la complicidad de la magistratura. Hizo actual el iluminado poema de Cavafis:

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.


Dejó establecido un legado para los gobiernos que le sucedan: nunca más los argentinos nos entregaremos a la voracidad del capital financiero, el interés compuesto y las comisiones por nuestra sangría.

Hoy Cristina Fernández de Kirchner dejó en claro que los bárbaros existen y que se han levantado murallas de voluntad y firmeza para evitar que se repita la exclusión de la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

Su voz fuerte y clara unió a los hijos de San Martín y Perón.

8 de mayo de 2014

De Avenida Alvear a Avenida Iriarte


El 29 de julio de 2009 estuve en el acto de asunción del gabinete del, en ese momento, flamante secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia. Como se sabe la sede de la Secretaría de Cultura de la Nación era, entonces, un petit hotel ubicado en la avenida Alvear y Rodríguez Peña, uno de los lugares históricamente más oligárquicos de Buenos Aires, conocido como Palacio Casey. Fue construido en 1889, en plena eclosión de la especulación financiera que terminó con la célebre crisis del 90. Teodolina Lezica Alvear de Uriburu lo compró en 1911. Cuando, en plena Década Infame, la oligarquía en el poder se aprestaba a recibir al Cardenal Eugenio Pacelli, la residencia es comprada por doña Adelina Harilaos de Olmos para alojar en ella al purpurado huésped, quien después sería Pío XII.

La “segunda dictadura” compró el edificio en 1948, seguramente para aliviar a sus dueños del ya oneroso elefante blanco, sin lograr por ello generar en ellos mayor simpatía. Finalmente, en 1960 se convirtió en Casa Nacional de la Cultura. El salón principal de la planta baja se llama Miguel Cané, en homenaje al autor de Juvenilia y de la Ley de Residencia que permitía expulsar a inmigrantes, sin juicio previo, y bajo la mera sospecha de ser socialistas o anarquistas. Esa noche, en esa sala, Jorge Coscia improvisó un excelente discurso, exponiendo su ideario político y su compromiso con la cultura nacional. En una primera parte enumeró la lista de pensadores nacionales que formaron su pensamiento: Manzi, Jauretche, Perón, Scalabrini, Hernández Arregui, Discépolo.

En el momento de referirse a la importancia que a su gestión le asignará a la integración continental, Jorge dijo expresamente que debía su concepción de la Patria Grande "a mis maestros Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Blas Manuel Alberti y Norberto Galasso". Después de esas palabras, Jorge Coscia invitó a los presentes a cantar la Marcha Peronista.

A los pocos días, el guardaespaldas de Bartolomé Mitre convocó a sus plumíferos para denunciar el ultraje a la República. Los ojos de Beatriz Sarlo se pusieron en blanco y mostró su virginidad institucional manoseada. “Los cantores de la marcha seguramente pensaron que estas diferencias entre partido y gobierno son viejas manías del formalismo republicano”, escribió con su característica dispepsia literaria. Sobre este punto escribimos en aquella oportunidad: “La señora Sarlo no entiende que hoy, después de más de sesenta años, la marcha peronista no es tan sólo una marcha partidaria, sino el himno que expresa al conjunto de los argentinos enfrentados al bloque oligárquico que intenta recuperar el manejo del Estado. Es mucho más que una canción partidaria. Es la marsellesa argentina, la conjunción, a nivel simbólico, de la Argentina de los héroes de la Independencia, de los caudillos federales, de los obreros del 17 de octubre y de los desocupados del 2001”.

Pero lo central es que en ese lugar y de esa forma se iniciaron los cuatro años de gestión de Jorge Coscia al frente de la Secretaría de Cultura de la Nación, por decisión de la presidenta de la República.

De esto me acordaba hoy, en la Casa de la Cultura de la Villa 21-24 de Barracas, durante la ceremonia en la cual Jorge Coscia se despidió de sus colaboradores y Teresa Parodi, la flamante Ministra de Cultura, se hacía cargo de sus funciones. El calor popular con el que hombres, mujeres, jóvenes y niños del barrio más pobre de la ciudad más rica de Argentina recibieron a los dos funcionarios, el saliente y la entrante, el agradecimiento, expresado en sonrisas, abrazos, saludos, chistes y hasta lágrimas, a Jorge Coscia y la bienvenida abierta, a puro corazón y esperanza, dirigida a Teresa Parodi, conformaban un clima muy distinto a la sensación de sapo de otro pozo, de involuntario usurpador, que tenía aquella concurrencia de hace cuatro años en el Palacio Casey.

Y la Marcha Peronista que se cantó en la Casa de la Cultura, con los cuadros proletarios de Quinquela Martín en sus paredes y la bendición villera del Padre Toto, sonaba más digna, triunfal y desafiante que nunca. No había preocupación sobre las instituciones en esa multitud feliz. Había orgullo y gratitud porque se sabían protagonistas, sujetos activos de la cultura y de la Cultura.

Jorge Coscia inició su gestión en el Palacio Casey, en la Avenida Alvear, comprometiéndose con sus maestros y la terminó, con el corazón satisfecho, en la Villa 21, en la Avenida Iriarte, cumpliendo los sueños de sus maestros y del pueblo profundo de la Patria.

Tiene todo el derecho a sentirse orgulloso de estos cuatro años.

Buenos Aires, 8 de mayo de 2014