14 de octubre de 2017

El Perón de la última etapa


Mauricio Macri afirmó, en el encuentro de las grandes empresas llamado por alguna razón IDEA, que le gusta el “Perón de la última etapa”. Como se sabe, todo lo que diga Mauricio Macri sobre Perón está viciado de oportunismo y no tiene que ver con sus convicciones, sino con lo que su asesor Durán Barba le dice que tiene que decir. Esa afirmación no es ni cierta, ni falsa. Quien se la sopló al oído lo hizo con la intención de oponer a ese “Perón de la última etapa” con los gobiernos de Nëstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner y, más exactamente, con la candidatura de esta última a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires.
Pero no es tanto la afirmación de Macri el motivo de estas líneas sino la reacción observada en distintos espacios, sedicentemente nacionales y populares, que con una curiosa interpretación, coincidieron con la provocación presidencial.
En efecto, pudo leerse en las redes sociales que no era de extrañar que el presidente de las grandes corporaciones gustase del Perón de López Rega y de Isabel, dando a entender que con esos dos datos se definía al “Perón de la última etapa”.
Vayamos por partes, como habría dicho Jack el Destripador.
Los tres últimos gobiernos peronistas, que sacaron al país de la crisis económica y estructural posiblemente más profunda desde el año 1890 se caracterizaron, entre otras cosas, por sumar al torrente popular a amplios sectores de una juventud de clase media formada en los prejuicios ideológicos, de izquierda y de derecha, contra el peronismo. Se trata de prejuicios que, por otra parte, ya en aquellos años (1973-76) habían jugado un papel delicuescente contra el tercer gobierno del General Perón. Toda simplificación es empobrecedora e incorrecta, pero aún a ese riego podríamos decir que hubo sectores, cuyos padres habían luchado contra Perón en el 55 porque no era Lenin, que lo habían votado en el 73 creyendo que era Lenin. Y en ambos casos, padres e hijos, estaban equivocados. Perón era, en el 55 y el 73, el jefe político de un movimiento nacional del liberación cuyo objetivo era la creación de un país industrial, autárquico, soberano, con justicia social e integrado a América Latina. Tanto en el año 1945, cuando los trabajadores lo arrancaron de la prisión, como en 1971, cuando el conjunto del pueblo argentino logró traerlo del exilio, Perón intentó unificar a los argentinos alrededor de las tres grandes banderas que caracterizaron a su movimiento: independencia económica, soberanía política y justicia social.
Pero podríamos agregar que ese anciano general que tuvimos el enorme honor de conocer personalmente se parecía más al de las jornadas del 17 de octubre, de la nacionalización de los ferrocarriles, de la creación de la Flota Mercante, de la promulgación del aguinaldo que al presidente de 1955, asediado por el estrangulamiento del sector externo, por las malas cosechas de trigo, por el enfrentamiento con la iglesia, con un gobierno que había perdido la vitalidad y el empuje de los años iniciales. El general que llegó a la residencia de Gaspar Campos había incorporado, en su exilio europeo, un arsenal de nuevas reflexiones, tanto doctrinarias como políticas, y llegaba, pese a la edad, con el ánimo dispuesto a unir a los argentinos, como el mismo lo expresó al llegar, “para la liberación, no para la dependencia”.
Lo definitorio del “Perón de la última etapa” no fue López Rega. Siempre había habido algún personaje de esas características en su cercanía. Apold o el diputado Visca formaron parte también de la legión de chupamedias y alcahuetes que pululaban en los pasillo gubernamentales. El vicepresidente Alberto Teissaire, después del 16 de septiembre de 1955, pasó a ser conocido como “el cantor de las cosas nuestras” -atributo que hizo famoso a Antonio Tormo-, por sus “confesiones” a las comisiones investigadoras del golpe cívico militar.
“El Perón de la última etapa” es el del Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, donde deja establecido en negro sobre blanco la naturaleza de la tarea a encarar:
Nuestra tarea común es la liberación. Liberación tiene muchos significados:
  • En lo político, configurar una nación sustancial, con capacidad suficiente de decisión nacional, y no una nación en apariencia que conserva los atributos formales del poder, pero no su esencia.
  • En lo económico, hemos de producir básicamente según las necesidades del pueblo y de la Nación, y teniendo también en cuenta las necesidades de nuestros hermanos de Latinoamérica y del mundo en su conjunto. Y, a partir de un sistema económico que hoy produce según el beneficio, hemos de armonizar ambos elementos para preservar recursos, lograr una real justicia distributiva, y mantener siempre viva la llama de la creatividad.
  • En lo socio-cultural, queremos una comunidad que tome lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos, y que agregue a ello todo lo que nos es propio, autóctono, para desarrollar un profundo nacionalismo cultural, como antes expresé. Tal será la única forma de preservar nuestra identidad y nuestra auto-identificación. Argentina, como cultura, tiene una sola manera de identificarse: Argentina. Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar.
  • La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha también por los recursos y la preservación ecológica, y en ella estamos empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables. Pasó la época en que podían tomarse riquezas por la fuerza, con el argumento de la lucha política entre países o entre ideologías.
  • Tenemos que trabajar para hacer también del Tercer Mundo una comunidad organizada. Esta es la hora de los pueblos y concebimos que, en ella, debe concretarse la unión de la humanidad.
  • En lo científico-tecnológico, se reconoce el núcleo del problema de la liberación. Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible. La liberación del mundo en desarrollo exige que este conocimiento sea libremente internacionalizado sin ningún costo para él. Hemos de luchar por conseguirlo; y tenemos para esta lucha que recordar las esencias: todo conocimiento viene de Dios”.
Es el Perón que incorpora al programa de la Argentina justa, libre y soberana las reivindicaciones de un ecologismo tercermundista, de protección de nuestros recursos naturales y su explotación al servicio de la grandeza de la nación y el bienestar del pueblo. Es el Perón de la propuesta de integración continental para la que los tiempos habían madurado desde aquel temprano llamado de la década del '50.
Sabemos que el presidente Macri ignora este “Perón de la última etapa”, al que sus amigos gorilas, con los mismos apellidos e intereses, combatieron con denuedo hasta el último momento de su augusta vida. “Las fuerzas del orden –pero del orden nuevo, del orden revolucionario, del orden del cambio en profundidad– han de imponerse sobre las fuerzas del desorden entre las que se incluyen, por cierto, las del viejo orden de la explotación de las naciones por el imperialismo, y la explotación de los hombres por quienes son sus hermanos y debieran comportarse como tales”, dijo “el Perón de la última etapa”, ante el Congreso de la Nación el 1° de Mayo de 1974. No es este, como se ve, el programa expuesto ante los millonarios de IDEA.
Lo que nos preocupa es que desde nuestro campo se ignore también a este “Perón de la última etapa” y se pretenda confundir su memoria. Afirmar que la presencia de López Rega caracteriza y define al período final de Perón es sumarse a los silbidos de los que, aquel 1° de Mayo de 1974, quisieron disputarle el liderazgo de su movimiento y quedaron aprisionados en el juego de pinzas que el imperialismo y la oligarquía local impusieron sobre el pueblo argentino.
El legado de Perón, su pensamiento y acción de gobierno, no es un bien mostrenco del que cualquiera se apropia. Macri sencillamente miente cuando dice lo que dice. Los nuestros se equivocan cuando ignoran qué fue ese “Perón de la última etapa”.

Buenos Aires, 14 de octubre de 2017.

23 de septiembre de 2017

La Novia del Desierto

Si uno lee hoy las desangeladas críticas de Página 12 o de La Nación a La Novia del Desierto, seguramente no concurrirá a verla este soleado fin de semana. Los críticos cinematográficos son la encarnación misma del eunuco al que se refiere George Steiner cuando escribe: "Al mirar hacia atrás, el crítico ve la sombra de un eunuco. ¿Quién sería crítico, si pudiera ser escritor?". Su preocupación es distinta a la del director o a la del espectador. Su preocupación es lo más cercano al solipsismo tal como lo define la RAE: Forma radical de subjetivismo según la cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo.
Contrariamente a la sombra de estos eunucos, Steiner dixit, yo voy a empezar mi comentario diciendo: no dejen de ir a ver La Novia del Desierto. Es una hermosa, simple, sencilla película que se merece la mejor respuesta de su público, a poco que se encuentren, película y público. La sombra de los eunucos impiden este rendez vous.
La Novia del Desierto es una pequeña historia de gente pobre, de mediana edad y sin glamour, tal como somos la inmensa mayoría de los habitantes de este valle de lágrimas. Los pobres, de mediana edad y sin glamour son, en este caso, dos actores gigantescos, millonarios en sensibilidad y expresión, Paulina García, una chilena mágica en su interpretación de medios tonos, de silencios, de represión, de chileno pobre acostumbrado a no mirar a los ojos del patrón, y Claudio Rissi, para quien agoté los adjetivos que tenía a disposición. Su Gringo es cercano, reconocible, es ese fletero de la vuelta de casa, ese mozo veterano y sabio que nos conversa en el el bodegón del barrio, ese plomero mal vestido y de pantalón flojo que destapa el desagüe del lavadero.
Y es el paisaje seco, áspero, con el aroma de la jarilla, que golpea y conmueve a la urbana Teresa. Y es el santuario de la Difunta Correa, sus exvotos, sus ofrendas, ese abigarrado mundo de creencias y pequeños negocios. Desierto y santuario son la escenografía natural y cultura de un encuentro de dos almas en pena, dos olvidados de la mano de Dios, que se encuentran y vuelven a ser felices.
Es una historia chiquita. Como tu historia, como la mía.
Vayan a verla. Las directoras son dos chicas jóvenes hasta el escándalo, entusiasmadas con su obra y su trabajo, que, como aquellas películas que solíamos hacer con Jorge Coscia, tiene, a falta de dinero, una larguísima lista de agradecimientos. La película respira el aliento de Mirta de Liniers a Estambul, de El General y la Fiebre. Es el cine que mejor nos sale, porque lo hacemos con el corazón y la voluntad.
Vayan a verla.

14 de septiembre de 2017

La entrevista de Cristina con Novaresio

Es imposible saber, media hora después de finalizado, la importancia que la entrevista de Cristina con Novaresio puede tener en la opinión pública que no nos ha votado y que podría hacerlo. Lo que si creo que se puede afirmar es que fue una entrevista necesaria para todo los que pertenecemos al campo nacional, simpaticemos o no con Cristina, su gestión, su estilo, su carácter y su personalidad. Dejo de lado cualquier comentario sobre el papel jugado por el periodista, porque no viene al caso y porque forma parte de las condiciones objetivas de la entrevista.
La foto de la jornada. CFK y Haddad






Fue necesaria y fue positiva porque se pudo ver a una CFK más descontracturada y cercana que de costumbre, con una voz y un modo de expresión más reposado y menos apodíctico. Tuvo algunas expresiones de una gran importancia política.
En primer lugar, como lo suponíamos, el aclarar que la candidatura la asumió como una iniciativa colectiva y no como una iniciativa personal, que su deseo no era presentarse.
En segundo lugar, su manifestación clara y fuerte de que su candidatura no será motivo de división del peronismo en el 2019, que se así fuera se apartaría de toda aspiración presidencial.
En tercer lugar, su definición, también fuerte y clara, de que es peronista, que pertenece al peronismo y su negativa a discutir sobre derechas e izquierdas en el seno del movimiento nacional.
También ha sido importante el reconocimiento del error de algunas cadenas presidenciales, en las que confesó primaba una situación de ánimo que no correspondía y que podía ser mal entendida aún por los propios.
Creo que su llamado a un gran diálogo público para expresar claramente el proyecto de país que cada sector pretende es una propuesta que deberá ser desarrollada y ampliada. Más allá de la naturaleza histórica de la famosa grieta, el país, la opinión pública y la sociedad hoy manifiestan un cierto hartazgo de las políticas confrontativas. El discurso de la cultura del encuentro que propone Francisco desde Roma, y que tuvo su manifestación masiva en la visita a Colombia, es, me parece, un gran marco de referencia para esa propuesta.
Por otro lado, quedó en evidencia la pobreza de la crítica a su gobierno. El tema de la corrupción fue magníficamente contestado y terminó en el único momento de quiebre emocional de la nota. Ni hablar con lo referido a la carta de intenciones con Irán. La mera enunciación de ese tema dejó constancia de la inconsistencia dolosa de la acusación.
Creo que una opinión pública que ha sufrido la constante demonización de Cristina ha tenido y tiene oportunidad de relativizar sus convicciones, fundadas básicamente en una pertinaz, perversa y mezquina campaña mediática, y ha mostrado una mujer muy inteligente -la más inteligente de la escena política argentina, por lejos-, la sinceridad de sus convicciones y su entrega a ellas.
Los que la apreciamos lo seguimos haciendo, incluso con mayor énfasis, ante la necesidad del triunfo en noviembre. Los que la odian la seguirán odiando también con mayor énfasis, ante la dificultad que encuentra el destruirla.
Pero hay, estoy convencido, una amplia franja de hombres y mujeres honestas y sinceras que han sido arrastrados por el odio impartido desde el poder económico y mediático. Muchos de esos compatriotas hoy se han sentido interrogados por la entereza de esta mujer que desde hace dos años se enfrenta diariamente sola, armada con su inteligencia, con la profundidad de sus convicciones y la seguridad de ser amada por millones de compatriotas de Argentina y Suramérica, a la más poderosa coalición de intereses económicos locales e internacionales, un monopolio mediático sin frenos ni vacilaciones, un miserable sistema de partidos políticos a su servicio y todo el aparato de un estado que la quiere meter presa, sin haber cometido un solo delito, para sacarla de la escena política y, con ello, intentar derrotar el proyecto de país soberano, industrial, justo e integrado al continente. Esa amplia franja de compatriotas honestos es la destinataria de este mensaje.

Buenos Aires. 14 de septiembre de 2017

13 de septiembre de 2017

El Papa en Colombia

Francisco vino a ratificar la paz del continente,
exigir la verdad, bregar por la justicia y llamar al encuentro

Entre el 6 y el 10 de septiembre, Jorge Bergoglio, el sacerdote jesuíta argentino y jefe de la Iglesia Católica con el nombre de Francisco, estuvo en Colombia. Días antes de su llegada a tierra suramericana, sostuvimos en una declaración del Instituto Independencia:
Entendemos que el viaje de Francisco, el apóstol de la paz entre los pueblos, tiene como objetivo consolidar esa paz alcanzada por los colombianos, con la ayuda de otros países de la región. Pero también advertir al mundo que este continente quiere la paz para siempre y que la misma no podrá ser violada por la presencia de ejércitos extranjeros, de provocadores mercenarios o agentes de la disolución nacional”.
Cuando ya han pasado algunos días, y pese al poco eco que despertó en el cada vez más degradado periodismo comercial argentino, el viaje papal cumplió ampliamente con esas expectativas y se amplió hacia otros frentes, donde reiteró su mensaje de justicia, de fraternidad y de respeto a “la casa común”, nuestro planeta.
Posiblemente los dos lugares más significativos hayan sido Villavicencio, la capital del departamento de Meta, en los llanos orientales y casi en el centro mismo del país, y en Cartagena de Indias, el puerto sobre el Caribe que fuera centro del comercio esclavista bajo la dominación española, una ciudad en la que la presencia africana, fuerte en toda Colombia, se acentúa e impregna su cultura.
Después de escuchar, en Villavicencio, el dramático testimonio de dos mujeres cuyas vidas fueron atravesadas y modificadas para siempre por la violencia y de una muchacha que a los 16 años es obligada a ingresar a un grupo paramilitar de los llamados Grupos de Autodefensa y de un hombre ex integrante de las FARC, Francisco tuvo uno de sus discursos centrales: “Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”. La justicia, la verdad y el encuentro fraterno fueron las claves de su mensaje a lo largo de toda su visita.
En la misma Villavicencio, 2.000 colombianos, miembros de las 102 etnias originarias que hay en el país, viajaron más de 15 horas para entregarle a Francisco -en una calle de honor formada por la Guardia Indígena- un acta en la que denuncian el despojo histórico de sus territorios ancestrales, la violación sistemática de los derechos de sus pueblos y el detrimento que sufre la madre tierra por la descontrolada explotación a la que es sometida. El documento contenía también un pedido de audiencia para continuar en Roma la discusión de medidas concretas en favor de estos reclamos..
Dos artistas colombianos figuraron en los discursos y mensajes de Francisco. El viejo profesor de letras no pudo soslayar al premio Nóbel colombiano, Gabriel García Márquez, y citó precisamente un párrafo de su discurso de recepción del galardón sueco: es posible una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. En otra reunión con los obispos locales, el Papa volvió a recordar a Gabo: “No imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla”.
Francisco citó también al cantante pop Juanes, un artista colombiano internacionalmente conocido. Durante la homilía de una misa, el Papa dijo: “Un compatriota de ustedes lo canta con belleza: 'los árboles están llorando, son testigos de tantos años de violencia. El mar está marrón, mezcla de sangre con la tierra'". La estrofa pertenece a Minas Tierras, una canción compuesta por Juanse luego de conocer a 35 sobrevivientes de minas antipersonales.
Sus discursos en Cartagena fueron los que posiblemente encerraron el carácter más amplio y continental de su visita colombiana.
Desde este lugar, quiero asegurar mi oración por cada uno de los países de Latinoamérica, y de manera especial por la vecina Venezuela. Expreso mi cercanía a cada uno de los hijos e hijas de esa amada nación, como también a los que han encontrado en esta tierra colombiana un lugar de acogida. Desde esta ciudad, sede de los Derechos Dumanos, hago un llamamiento para que se rechace todo tipo de violencia en la vida política y se encuentre una solución a la grave crisis que se está viviendo y afecta a todos, especialmente a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad”.
Asimismo, aprovechó la estancia en el viejo puerto esclavista para redondear su concepto sobre la paz. Dijo allí : “Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva. El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. Toda la gente y su cultura. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural. A nosotros, cristianos, se nos exige generar «desde abajo» generar un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, responder con la cultura de la vida y del encuentro. Nos lo decía ya ese escritor tan de ustedes y tan de todos: «Este desastre cultural no se remedia ni con plomo ni con plata, sino con una educación para la paz, construida con amor sobre los escombros de un país enardecido donde nos levantamos temprano para seguirnos matándonos los unos a los otros, una legítima revolución de paz que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante casi dos siglos hemos usado para destruirnos y que reivindique y enaltezca el predominio de la imaginación»”. Terminaba nuevamente con palabras del autor de Cien Años de Soledad.
Hago un llamado para que se busquen los modos para terminar con el narcotráfico que lo único que hace es sembrar muerte por doquier, truncando tantas esperanzas y destruyendo tantas familias. Pienso también en otros dramas como en la devastación de los recursos naturales y en la contaminación, en la tragedia de la explotación laboral, pienso en el blanqueo ilícito del dinero así como la especulación financiera, que a menudo asume rasgos perjudiciales y demoledores para enteros sistemas económicos y sociales, exponiendo a la pobreza a millones de hombres y mujeres; pienso en la prostitución que cada día cosecha víctimas inocentes, sobre todo entre los más jóvenes, robándoles el futuro; pienso en la abominable trata de seres humanos, en los delitos y abusos contra los menores, en la esclavitud que todavía difunde su horror en muchas partes del mundo, en la tragedia frecuentemente desatendida de los emigrantes con los que se especula indignamente en la ilegalidad», e incluso también se especula en una «aséptica legalidad» pacifista que no tiene en cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo”.
El editorialista de La Nación, prosopéyico y engolado como ha sido diariamente durante 147 años, intentó traducir el viaje papal en la menguada clave de su interés local, comparando una guerra civil de más de 50 años de duración, con los conatos guerrilleros de nuestro país entre los años 1969-1976 y, curiosamente, la actualidad.
Francisco, por el contrario, ratificó, con su presencia y su palabra, el mensaje que ha caracterizado todo su pontificado: justicia, solidaridad con los más débiles, denuncia de un sistema que produce descarte de los hombres y destrucción de la gran nave común. Y en este caso en especial, ratificar la paz en la que quiere vivir nuestro continente de orquídeas y tucanes.

Buenos Aires, 13 de septiembre de 2017

3 de agosto de 2017

Y el laberinto tenía una salida por arriba


En mayo de este año analizamos el impacto que la propuesta del presidente venezolano Nicolás Maduro, de proponer una Convención Constituyente, había producido en el convulsionado panorama político de su país. En aquella nota intentamos describir la naturaleza y el modus operandi de las llamadas guarimbas. Sosteníamos:
En realidad, lo que ocurre es que un sector de la oposición que expresa a los sectores altos y altos medios de la sociedad venezolana pretende generar una situación de anarquía que 'justifique' una intervención extranjera, es decir norteamericana. Lo curioso de esta supuesta rebelión es que tiene lugar tan solo en los barrios en los que viven los sectores más acomodados de las ciudades. Es en esos, sus propios, barrios, donde jóvenes bien alimentados, munidos de máscaras antigases, camisetas y jeans de marca y los rostros cubiertos con pañuelos, salen casi a diario a quemar gomas, tensar alambres que cruzan la calzada a la altura de un motociclista, incendiar palmeras, mientras en el resto de la ciudad la gente vive su vida habitual. Es como sí, en Buenos Aires -para dar un ejemplo- se produjeran piquetes -guarimbas, les llaman en Venezuela- en la zona de la Recoleta y Barrio Norte, mientras en el resto de la ciudad, Barracas, Chacarita, Constitución, Mataderos, Flores, reina la más absoluta tranquilidad”.
La conocida artista popular Cecilia Todd ratificó, días atrás, en un mensaje de voz, este hecho, resaltando que la vida continuaba como de costumbre en las zonas del oeste de Caracas, mientras la población del este -los barrios ricos- estaban sometidos a la violencia terrorista de estas guarimbas.
En los últimos meses, esas guarimbas han ido aumentando su violencia, que incluye morteros, explosivos y armas de fuego de distinta índole. Se hizo cada vez más evidente la presencia en las mismas de elementos mercenarios, sobre todo en la región fronteriza con Colombia. Y como preveíamos en aquella nota, el llamado a una constituyente tomó completamente por sorpresa a una oposición torpe y soberbia, que viene anunciando la inminente caída del presidente Maduro desde hace más de dos años, así como en vida del Comandante Hugo Chávez anunciaba la inminencia de la muerte del chavismo.
Los argentinos hemos conocido esos anuncios fúnebres en distintas ocasiones, en el pasado y en el presente. Pero se trataba, en general, de gobiernos que ya no estaban en el poder. La oposición venezolana, formada por partidos que hace 25 años ignoraban la existencia de esa enorme masa de venezolanos “tierrúos”, que no figuraban ni en los censos, que carecían de documento de identidad, que no votaban, que eran trasparentes, jamás entendió el fenómeno chavista. Me he cansado de repetir en cuanta oportunidad he tenido que el chavismo no fue una revolución social. Fue, desde esta óptica, una revolución “física”: hizo opaco lo que hasta entonces era transparente. Logró que la luz se reflejase en esos millones de hombres y mujeres invisibles y los convirtió en presencia activa, ruidosa y, sobre todo, consumidora y votante. Esa incorporación social de millones de compatriotas y la democratización -es decir, el reparto en las capas más humildes de la sociedad- de la renta petrolera, a través de lo que llamó las “misiones”, más obras de infraestructura, vivienda y transporte, le dio al chavismo una imbatible base social, que guarda en su memoria histórica la marginación, la pobreza y la ignorancia en que los partidos de la vieja Cuarta República la condenaron.
La oposición, tomada de sorpresa por el llamado a una constituyente, respondió con una farsa electoral en la que no logró movilizar más que a un pequeño sector de la ciudadanía, en cantidades imprecisas, ya que no tuvo mejor idea que quemar todas las actas inmediatamente después de realizado el seudo comicio.
Obviamente, el conjunto de la prensa norteamericana, europea y latinoamericana -cuya unanimidad y sordidez constituye ya un escenario orwelliano- se ha encargado de presentar a la opinión pública una situación en la que los terroristas encapuchados, munidos de bombas, morteros y armas de fuego, que han quemado vivos a venezolanos desarmados e indefensos, por la sospecha de ser chavistas, son jóvenes idealistas y hambrientos luchando por el pan y la libertad. A su vez, y eso lo hemos podido ver hasta el hartazgo en nuestra degradada televisión que el gobierno de Maduro, que no ha hecho otra cosa que intentar defender la legalidad, dentro de criterios de prudencia y moderación, es definido apodícticamente como una feroz dictadura. No obsta a ello el hecho de que esa “dictadura” llame a elecciones, convoque a marchas multitudinarias y sea reconocida por una parte mayoritaria de la comunidad internacional.
El gobierno de Nicolás Maduro ha podido, es posible, cometer muchos errores y algunos desatinos. Es cierto que ni Nicolás Maduro ni Hugo Chávez pudieron hacer realidad la vieja propuesta de don Arturo Uslar Pietri de “sembrar el petróleo”, es decir convertir los excedentes generados por la exportación petrolera en inversión productiva que diversifique la economía venezolana y logre su paulatina industrialización. El petróleo, como reza la publicidad contra la drogadicción, es “una camino de ida”. La ensoñación que produce contar con una mercancía cuya realización permite comprar todas las otras mercancías posibles -el llamado síndrome de Holanda- es de un poder corrosivo tal que ha sido capaz de poner en jaque la producción industrial de un país que fue una de las cunas del desarrollo capitalista de Occidente. Como se sabe, el síndrome de Holanda se llamó al fenómeno por el cual, a poco del descubrimiento de yacimientos en el Mar del Norte, en ese país comenzó a decaer la producción industrial y a aumentar la importación de esa misma producción. Si eso ocurrió en la tierra de la Phillips, imagine el lector el efecto delicuescente que la aparición de una economía petrolera pudo tener en un país agrario, poco poblado, de población mayoritariamente campesina, con escaso desarrollo urbano e industrial, como era Venezuela en los años 20 del siglo pasado. El gran intelectual Mariano Picón Salas ha contado en algunos de sus libros el impacto y las transformaciones que sufrió la población caraqueña en los años 30 con la aparición de las grandes empresas petroleras norteamericanas e inglesas en aquellos años del gobierno de Juan Vicente Gómez. Venezuela dejó de tener agricultura y ganadería propias. Hubo un gigantesco desplazamiento de la población desde las zonas rurales al norte urbanizado. El resultado es que más del 85 % de la población reside en la franja costera que va de Zulia a Barcelona.
Mientras la política de Chávez logró mantener un alto precio internacional del petróleo, los excedentes permitieron mejorar la vida de los venezolanos más postergados, pero fue muy difícil, sino imposible, convertir la burguesía compradora -vinculada al negocio petrolero y a la importación- en una burguesía industrial que, con el apoyo del estado, fuese capaz de poner en marcha un proceso de industrialización, de diversificación productiva y de soberanía alimentaria. La caída de los precios del petróleo, inmediatamente después del fallecimiento del líder venezolano, más el carácter monopólico del sistema de distribución y las maniobras de agio llevaron a una crisis de abastecimiento de alimentos que el gobierno de Maduro pudo capear generando un sistema estatal de distribución con eje en los sectores más vulnerables.
En lo político, la situación llevó a una mayor participación de las Fuerzas Armadas en la gestión de gobierno, lo que dio a la administración una mayor eficacia y permitió consolidar el apoyo popular con que siempre contó el chavismo.
El triunfo electoral de la oposición en las elecciones legislativas le dio a la misma el control de la Asamblea Popular y, junto con ella, la ilusión de generar una situación de doble poder que fuese capaz de dividir -con apoyo del imperialismo- a las FF.AA. Ante la intransigencia de los militares en su lealtad chavista, los dirigentes de la oposición se convirtieron en lo que don Arturo Jauretche llamó la División “Animemosnos y Vayan”, y miles de jóvenes bien alimentados, criados en el odio profundo a Chávez y los chavistas y a todos los venezolanos “pata al suelo”, se lanzaron a tomar las calles de sus propios barrios. Es curioso, y la prensa se ha encargado de ocultarlo, que la mayoría de las víctimas que esos enfrentamientos han producido son de ciudadanos ajenos a los hechos, chavistas y miembros de las fuerzas de seguridad, mientras que entre las víctimas fatales de los guarimberos terroristas se cuentan los reiterados casos de accidentes producidos con sus propias armas.
Los más de ocho millones de votos del domingo 30 de julio, en las difíciles condiciones de hostigamiento en que se realizaron las elecciones, dejaron demostrado a quienes lo quieran ver, a los hombres y mujeres de buena voluntad, que el pueblo y el gobierno venezolanos quieren la paz y la institucionalidad.
El propio gobierno de los EE.UU. morigeró su crítica y su repudio al acto electoral, a la vez que archivó su amenaza de suspender las compras de petróleo. La asociación de productores, refinadores y distribuidores de petróleo y derivados de los EE.UU. advirtieron a su presidente que un bloqueo norteamericano paralizaría el suministro de combustible al propio país, ya que sus refinerías están adaptadas al crudo venezolano y cualquier cambio los obligaría a costosas y, sobre todo, largas modificaciones a la infraestructura existente.
A su vez, tanto Rusia como China han advertido su rechazo a cualquier ingerencia extraña en la política venezolana y, en estos días, se realiza un operativo naval en la zona del Caribe con la participación de portaaviones rusos y chinos, junto con la marina venezolana.
El secretario general de la OEA, el ex canciller uruguayo Luis Almagro, pretendió resucitar el viejo papel de “ministerio de colonias de los EE.UU.” de la organización -mote con el que la caracterizara el Che Guevara- y el ilegítimo gobierno de Temer en Brasil y el impopular gobierno de Mauricio Macri en la Argentina pretenden convertirse en los adalides de la lucha por la democracia en Venezuela. La cumbre del Mercosur en Mendoza dio por el suelo con la intención de expulsar a Venezuela de su seno, gracias a la negativa del presidente uruguayo de sumarse, así como así, a la trapisonda de los neoliberales.
Por otra parte, sectores claves en la oposición a Maduro como el bancario y bursátil, se han visto obligados a desanimar a los revoltosos, ante las pérdidas que todas esas jornadas han producido en sus negocios y las reprimendas que han recibido de sus casas matrices. Tampoco verían con mucho agrado la suspensión de las compras petroleras a Venezuela por parte de los EE.UU., habida cuenta que son parte beneficiada en esas transacciones. El dios Mamón, como se sabe, no se guía tanto por principios, sino por resultados.
A tres días de las elecciones no han vuelto a producirse guarimbas en Venezuela y ya los partidos más tradicionales de la oposición, como Acción Democrática, han anunciado su participación en los comicios legislativos y estaduales del próximo año.
Al parecer, el viejo consejo de Marechal de que “de todo laberinto se sale por arriba” ha vuelto a dar resultado.

Buenos Aires, 3 de agosto de 2017

28 de mayo de 2017

Cuidado con el neomoralismo anticorrupción


Samuel Pinheiro Guimarães es, en mi opinión, una de las cabezas estratégicas más importantes que dispone Brasil.
Diplomático formado en Itamaraty, posiblemente la mejor cancillería de América Latina, Pinheiro Guimarães es un convencido defensor de la alianza estratégica entre su país y el nuestro, un crítico a la hegemonía norteamericana y una pluma aguda e informada.
Este artículo que puede leerse completo aquí, expone bajo el título de Brasil no está solo en el mundo, una implacable visión acerca de el peligroso momento que atraviesa su patria.
1 La victoria ideológica, económica y tecnológica estadounidense sobre la Unión Soviética, la adhesión rusa al capitalismo, la adhesión de la República Popular China al sistema de instituciones ,económicas liderado por Estados Unidos y la apertura china controlada por las multinacionales llevaron a la consolidación de la hegemonía político-imperial de Estados Unidos.
2 Las directrices de la política hegemónica estadounidense son:
  • Promover los principios de la economía neoliberal, mediante acuerdos bilaterales y la imposición de las organizaciones multilaterales.
  • Mantener el liderazgo tecnológico y controlar la difusión de la tecnología.
  • Inducir al desarme y provocar una adhesión “forzada” de los países periféricos al sistema militar de Estados Unidos.
  • Inducir a que se adopten regímenes democráticos liberales, pero selectivamente, no para todos los estados.
  • Garantizar la apertura al control externo de los medios.
3 El tamaño, las características de su población y su mercado interno; el territorio y los recursos naturales (potenciado por los más recientes descubrimientos de nuevos yacimientos petrolíferos); su ubicación geográfica; el espíritu empresarial del Estado y del sector privado (BNDES, Petrobras, Vale do Rio Doce, Embraer), y la capacidad tecnológica en áreas de punta (energía nuclear, Embrapa, etcétera) han convertido a Brasil en un área de acción prioritaria para la política exterior de Estados Unidos, que viene articulando:
  • Un apoyo a la redemocratización política controlada por las clases hegemónicas de Brasil.
  • Lucha ideológica y mediática contra la política de desarrollo económico e industrial.
  • Apoyo a determinados movimientos sociales (ONG, etcétera).
  • Represalias contra las políticas nacionales de desarrollo (nuclear, informático, espacial).
  • Lucha ideológica para la implementación de las reglas del Consenso de Washington.
  • Disciplina fiscal, reducción del gasto público, reforma tributaria.
  • Apertura comercial, inversión extranjera sin restricciones, privatizaciones, desregulación económica y laboral, derechos de propiedad intelectual.
4 La implementación, entusiasta y excesiva, de medidas económicas, políticas y militares —difundidas por parte del mundo académico, medios de comunicación y funcionarios de Estados Unidos—, durante los gobiernos de Fernando Collor y Fernando Henrique Cardoso, en un entorno de subdesarrollo —caracterizado por enormes disparidades sociales, fragilidad relativa de las empresas de capital nacional, vulnerabilidad externa de la sociedad—, contribuyó al fracaso de esas políticas, que llevaron a una agudización de la concentración del ingreso, el deterioro de la infraestructura y el aumento de la violencia social. La impopularidad de este modelo permitió la victoria de los movimientos políticos progresistas, que destronaron del poder a los gobiernos de Menem, Batlle, Carlos Andrés Pérez, Fernando Henrique Cardoso, Sánchez de Lozada y Carlos Mesa.
5 La elección de Lula puso en riesgo el objetivo de Estados Unidos de implementar políticas neoliberales en toda América Latina.
6 La articulación política y económica de Lula/Kirchner/Lugo/Correa/Evo/Chávez reforzó la necesidad, para Estados Unidos, de una reacción estratégica.
7 Estados Unidos, en cooperación con aliados internos en cada uno de estos países, inició campañas de desestabilización política.
8 En Brasil dicha campaña se inició con el proceso conocido como mensalão y con la aceptación por parte de la Justicia de la “doctrina del dominio del hecho”, aplicada contra José Dirceu, de manera ejemplar, en tanto posible sucesor de Lula.
9 A pesar de la campaña contra Lula y contra el PT, los índices de popularidad de ambos llegaron a niveles récord, y permitieron la elección de Dilma Rousseff.
10 El gobierno de Rousseff, sin capacidad política, adhirió gradualmente al programa neoliberal de ajuste fiscal y de achicamiento del Estado.
11 La incapacidad de articulación política y movilización social facilitó el desarrollo y el éxito del proceso de impeachment contra Dilma.
12 Por su parte, la Operación Lava Jato (coordinada entre el departamento de Justicia estadounidense y agencias de inteligencia como la NSA, la CIA y el FBI) puso en riesgo el orden jurídico y propagó el odio en la sociedad brasileña mediante procedimientos ilegales como las detenciones arbitrarias, las delaciones de criminales confesos, la desestimación del principio de presunción de inocencia y la manipulación de la opinión pública contra las personas delatadas. Todo esto se llevó adelante con la complicidad de la Corte Suprema y sirvió como instrumento de ataque al PT y a la candidatura de Lula.
13 La gradual autonomía y el fanatismo moralista del equipo de fiscales de Curitiba derivó en denuncias contra otros políticos, en especial del PMDB y del PSDB.
14 La característica de “radicales libres” y el conflicto con el procurador general dieron lugar a la investigación contra Temer por parte de la Policía Federal (también radical) y, como la Procuraduría General, aliados principalmente del PSDB contra el PMDB.
15 Los objetivos básicos de las clases hegemónicas brasileñas, en estrecha articulación con las clases hegemónicas estadounidenses, son:
  • Consolidar legislativamente, preferentemente en la Constitución, las políticas neoliberales del Consenso de Washington.
  • Reducir la posibilidad de victoria de Lula en 2018 y la victoria de los candidatos progresistas en las elecciones para el Congreso.
  • Impedir que el nuevo gobierno revea las reformas conservadoras, en especial la Enmienda Constitucional 95 (nuevo régimen fiscal).
  • Reducir la capacidad de acción, externa e interna, del Estado brasileño.
  • Destruir la política sudamericana de formación de un bloque regional y la inclusión en el Consejo de Seguridad de la ONU.
  • Integrar a Brasil a la economía estadounidense y garantizar la aplicación obligatoria en Brasil de las políticas económicas neoliberales.
  • Impedir la industrialización de Brasil por parte de empresas de capital brasileño.
  • Consolidar un programa económico ultraneoliberal a través de compromisos internacionales, empezando por la adhesión de Brasil a la OCDE.
16 Michel Temer, por imprudencia, puso en riesgo la credibilidad del proceso de aprobación legislativa de dicho programa, al dejarse grabar por la Policía Federal en conversaciones de carácter ilícito.
17 Para las clases hegemónicas, claramente minoritarias, ahora se trata de sustituir “funcionarios”, empezando por Temer, y poner al frente de este proceso de reformas a otros “funcionarios” menos involucrados en el sistema tradicional de adquisición y control del poder político (segundas cajas, compra de votos, propinas a partidos y personas, etcétera).
18 La decisión de sacar a Michel Temer por causa de esas grabaciones difíciles de refutar ya fue tomada por las clases hegemónicas, tal como lo revela la editorial de primera página del diario O Globo y, por lo tanto, de todo el sistema de comunicación Globo.
19 Las posiciones de Folha de São Paulo y de Estado de São Paulo reflejan todavía cierta ausencia de consenso, pero no se comparan en términos de impacto con la posición que ya adoptó Globo.
20 Las clases hegemónicas todavía no decidieron cómo se procesará la sustitución de Michel Temer.
21 Para las clases hegemónicas, la cuestión política esencial es evitar las elecciones directas anticipadas. Por lo tanto:
  • El proceso en el Tribunal Supremo sería demasiado largo y permitiría la movilización popular.
  • La decisión del Tribunal Electoral conduciría a elecciones directas.
  • La solución más viable y más oportuna sería negociar la renuncia con Temer, la “recompensa” que recibiría por servicios prestados y también su inmunidad.
22 Tampoco se ha resuelto todavía el asunto de la sucesión de Temer; el PSDB está preparado para asumir el poder y el PMDB para resistir.
23 En elecciones indirectas los candidatos más probables serían Tasso Jereissati, del PSDB, y Nelson Jobim, del PMDB.
24 Los objetivos estratégicos de las clases hegemónicas, que orientan y controlan a sus “funcionarios” en el sistema político, siguen siendo los mismos: acelerar las “reformas” ultraneoliberales. desmoralizar a Lula y al PT, y construir un candidato “gestor” y apolítico, como João Doria, para 2018.
25 La operación de la Procuraduría General y de la Policía Federal dejó fuera de competencia a un candidato más “político” como Aécio Neves (en la práctica, Serra ya no está en carrera y Alckmin será “apartado” por Doria).
26 Las clases hegemónicas dan por descontado que Lula, incluso ganando en elecciones directas, estará maniatado por la enmienda constitucional 95.
27 Cuanto antes Michel Temer deje el poder, peor será para la oposición, ya que su salida acelerará la aprobación de “reformas”.
28 Por lo tanto, lo que interesa ahora es demorar la salida de Temer, como forma de obstaculizar y retrasar la posible aprobación de las reformas.
29 La lucha por elecciones directas es crucial para movilizar activistas y dar a conocer los efectos de estas reformas.
30 El realismo: la caída inmediata de Temer es funcional a los intereses de las clases hegemónicas, como ya sucedió con la salida de Eduardo Cunha de la presidencia de la Cámara de Diputados”.
Agrego a este clarísimo informe de situación la campaña de desprestigio, vinculada a la hipócrita campaña contra la corrupción, contra las dos más grandes empresas brasileñas que operan a escala global: Odebrecht y JBS, el gigante de las carnes. Estas dos empresas, como, en otro campo, la argentina Techint, constituyen el más alto exponente de nuestro capitalismo periférico. Dentro de la actividad privada y diferenciadas de las grandes empresas estatales, como Petrobrás o YPF -aunque con un destino atado a la suerte de ellas-, estos grandes grupos lograron convertir el trabajo de su propio país en un capital capaz de actuar en el altamente competitivo mercado mundial.
Las clases hegemónicas -para usar la terminología de Pinheiro Guimarães-, vinculadas al predominio norteamericano y guiadas por el capital financiero, saben que el capitalismo funciona en el mundo entero con una alta dosis de corrupción, compra de voluntades, comisiones, blanqueado de dinero, paraísos fiscales y demás creaciones benéficas. Todos sabemos que toda la actividad política en toda América Latina y en todas las carpas se financia con estas inevitables grietas con las que funciona el sistema.
La hipocresía de unos políticos moralistas sostenidos en el capital financiero, el interés compuesto y la usura internacional -verdaderos apóstoles de la virtud- han encontrado la forma de sacarse de encima a los partidos políticos populares y a su dirigencia, con las denuncias de corrupción. Pero también de sacar del tablero las pocas empresas que han logrado proyectarse en el mercado internacional de grandes proyectos estructurales, de alta tecnología y valor agregado.
La propuesta de Pinheiro Guimarães de no dejarse arrastrar, en aras de esta ola de neomoralismo cínico, a una demasiado temprana renuncia de Temer, que solo favorece a los sectores políticos cuyo objetivo es postrar al Brasil y, por ende, a la Argentina y al resto de Suramérica.


Buenos Aires 28 de mayo de 2017