23 de abril de 2017

Una victoria táctica de Maduro y la política del caos de Trump

Inicio con este artículo mi colaboración con el sitio Mucho más que Dos, donde semanalmente intentaré ofrecer algunas reflexiones sobre la política latinoamericana e internacional desde la perspectiva de los intereses argentinos y la integración latinoamericana.

La situación venezolana
El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, presidido por Nicolás Maduro, ha venido recibiendo enormes embates tanto en el plano interno como internacional. El triunfo electoral de la oposición en las elecciones legislativas, con el resultado de una mayoría integrada por los partidos antichavistas, generó una situación de enorme enfrentamiento y de virtual doble poder.
Los diversos errores cometidos por el chavismo -sobre todo en el área económica-, más las maniobras imperialistas tendientes a la baja del precio del petróleo -única fuente de divisas de la economía venezolana- generaron una situación de crisis económica y de abastecimiento -sostenida y profundizada por maniobras de agio con el dólar y los alimentos -caracterizados por el gobierno de Maduro como de guerra económica- que llevó a cuestionar la inmensa mayoría popular y electoral que el chavismo había conquistado. La oposición, caracterizada por una total dependencia política y económica del Departamento de Estado y un rampante odio clasista y racista contra el chavismo, se lanzó a una permanente provocación institucional y política, en constante cuestionamiento a las normas constitucionales. El objetivo ha sido durante todo el tiempo generar una división en el seno de las Fuerzas Armadas Bolivarianas y un golpe de Estado que impusiese una dictadura de la burguesía compradora y el imperialismo. Su torpeza, su improvisación, sus ambiciones personales y grupales fueron algunas de las principales dificultades que encontraron para la realización de este objetivo.
Por su parte, el gobierno de Maduro logró, lentamente, mejorar la situación económica más sensible. Logró hacer desaparecer el desabastecimiento y las mafias del contrabando y el agio con las divisas, reconquistando en buena parte el apoyo popular.
Después de los fracasos en lograr un repudio unificado al gobierno de Maduro por parte de la OEA, del deplorable papel jugado por su secretario general, el uruguayo Luis Almagro -diplomático de carrera vinculado al Partido Demócrata norteamericano-, la oposición y el sistema planetario de comunicación imperialista anunciaron para este 19 de abril, aniversario que corresponde a nuestro 25 de Mayo, un combate definitivo que terminaría con el gobierno. En el interín, circulaban intensos rumores sobre levantamientos militares en distintas guarniciones, denuncias por la oposición de actos de violencia gubernamental y anuncios oficiales de desmantelamiento de células extranjeras terroristas. La noche del martes 18 de abril el presidente Maduro, en un acto transmitido en cadena, y acompañado por los principales dirigentes de su gobierno, entre ellos, Diosdado Cabello -hombre decisivo en la relación con las Fuerzas Armadas Bolivarianas- , convocó a la Milicia Popular y anunció la posibilidad de graves alteraciones del orden público para el día siguiente. El ambiente social y político era de exasperante tensión.
El miércoles 19 de abril, a partir de la media mañana, comenzó la más importante movilización popular realizada en Caracas -y en el conjunto del país- desde el fallecimiento de Hugo Chávez. Miles y miles de venezolanos salieron a las calles, desde distintos puntos de encuentro, y marcharon hasta el centro de Caracas con sus camisas rojas y las banderas mirandinas. La concentración fue extraordinaria. La CNN habló de medio millón de personas, lo que permite sostener que la cifra superó ese número hasta llegar al millón.
La proclamada rebelión militar no fue más que la deserción de tres jóvenes tenientes, que viajaron a Colombia, y a la presencia de los seguidores chavistas se le sumó la movilización de miles de integrantes de las Milicias Populares -un organismo creado por ley en época de Chávez-.
La oposición también realizó una importante movilización en Caracas y otras ciudades. Los casos de violencia que determinaron la muerte de, según se dice, ocho personas son muy confusos. El joven muerto en Caracas fue el resultado de un atraco, mientras que la mujer fallecida en Táchira lo fue por un disparo hecho, desde un edificio, por un militante opositor, que ya fue detenido.
La jornada fue un rotundo éxito del presidente Maduro y del chavismo. La presencia multitudinaria y popular en las calles consolidó, si ello era necesario, la unidad de las Fuerzas Armadas -que junto con el apoyo popular es la garantía de continuidad de la revolución chavista- y su apoyo al gobierno. Contra lo que se presuponía, y se había hecho creer a la opinión pública, no hubo enfrentamientos entre las dos movilizaciones y la prensa extranjera, una vez más, quedó sin el espectáculo de la caída de Nicolás Maduro que la oposición le había prometido.
Por otra parte, y pese a las advertencias del oficialismo venezolano, es muy difícil pensar en la intervención directa militar de los EE.UU. en los próximos acontecimientos. Pese a la proximidad de la IV Flota, pese a los insistentes pedidos de la oposición venezolana, pese a la evidente relación de los dirigentes opositores con figuras políticas y ongs norteamericanas, los EE.UU., como veremos a continuación, tienen suficientes problemas en distintas regiones del planeta como para lanzarse a una aventura militar en el continente suramericano. Un ejército unificado atrás de un proyecto político, una amplia base popular y el apoyo político, diplomático y hasta económico de las otras potencias del sistema multipolar son elementos disuasivos de cualquier sueño militar norteamericano.
El misterio Trump y sus contradicciones
Después de su asunción, el presidente Donald Trump continuó siendo objeto de una furibunda campaña de socavamiento de su poder y de desprestigo en la prensa internacional. Su enemigo fue identificado por distintos analistas como el “deep state”, el estado profundo norteamericano, los oscuros repligues burocráticos y sus vinculaciones corporativas que han decidido la política exterior norteamericana durante los últimos treinta o cuarenta años. A los distintos cambios experimentados en su gabinete, por presión parlamentaria o por acción conspirativa burocrática, debe sumarse el reciente acercamiento a China, objeto de su crítica durante la campaña, y el enfriamiento con Rusia, en sentido inverso de lo también anunciado antes de las elecciones.
Como sostienen Arnaud Blin y François Soulard en “Los naipes están sobre la mesa: Trump y el retorno de una realpolitik ortodoxa”1:
“A través de su política exterior, donde va a hacer sentir la potencia de los Estados Unidos, Trump intentará ganarse un apoyo del público estadounidense que le permita, eventualmente, amordazar al parlamento (recientes encuestas indican una opinión mayoritariamente favorable a las medidas de ataque aéreo a Siria en la población estadounidense)”.
Todo indica que su política intentará repetir el viejo “big game” de principios de siglo XX, intentando impedir una alianza permanente entre los otros dos grandes jugadores, Rusia y China. En medio de esos alejamientos y acercamientos, Trump consolida y asegura su alianza estratégica con Israel lo que significa un incremento de la amenaza sobre Irán, aliado muy cercano a Rusia en la política de Medio Oriente. La provocación a Corea del Norte, a su vez, lo acerca a un Japón que ha querido jugar con cierta independencia en el Extremo Oriente y obliga a China a actuar como garante del orden en la región.
A este cuadro se le suma el acercamiento a su vecino ruso por parte del presidente turco Erdogan, quien ha recibido un amplio apoyo en el plebiscito sobre el paso hacia un sistema presidencialista. A nueve meses del fallido golpe de estado, Erdogan ha visto afirmado su poder, justo en el momento en que sus relaciones con Rusia pasan por el mejor momento, mientras sus antiguos aliados -no muy confiables, por cierto- europeos se alejan espantados.
Todo ello hace evidente, como afirman los autores citados, que Europa no tiene un papel muy significativo en la visión internacional de Trump. La OTAN ha dejado de ser, por ahora, el instrumento militar preferido por EE.UU.
Esto convierte la escena internacional en un territorio muy lábil, en el que el desprecio de Trump a los mecanismos burocráticos de su propio país y su repliegue a un equipo muy íntimo y personalizado, pueden generar situaciones de alto riesgo en un terreno minado como el el Medio Oriente, donde están involucrados, de una manera u otra, Rusia, Israel, Irán y Europa, o sea, donde hay, con EE.UU., tres países con bomba atómica.
En esta perspectiva es que considero que la amenaza de intervención militar o de alto compromiso público de los EE.UU. en Venezuela no es una alternativa de alta probabilidad. Por otra parte, sería interesante saber qué opina el alto mando militar brasileño sobre una presencia militar norteamericana en sus fronteras, no ya como una base militar, sino como potencia invasora.
Buenos Aires, 20 abril de 2017

21 de marzo de 2017

Compartir el destino de Malvinas con Sudamérica: el gran paso adelante en la integración


El siguiente cuestionario me fue enviado por el compañero Juan María Cafasso, de Ushuaia. Corresponde al Proyecto General de Investigación acerca de Malvinas e Integración Regional, convocado a principio de 2015 por la Secretaría de Asuntos relativos a las Islas Malvinas y la Subsecretaría de Asuntos Universitarios. Como nos acercamos a la recordación del 2 de abril de 1982, aprovecho para hacerlo conocer como un aporte militante a la Causa de Malvinas.


1.-) ¿Considera Ud. que Argentina sola está en condiciones de resolver la Cuestión Malvinas, especialmente en relación al reclamo de soberanía?
Respuesta: No. Y nunca lo estuvo. La Guerra por la recuperación de las Islas, en 1982, contó con el apoyo político y hasta militar de varios países de América Latina, empezando por Perú, Venezuela y Panamá. La Guerra despertó el más importante movimiento de solidaridad en nuestro continente, en medio de la noche de las dictaduras cívico militares, que expresaban el interés de nuestras oligrquías y el imperialismo norteamericano. Los pueblos del continente entendieron rápidamente que en ese combate se estaba jugando una recomposición de la escena mundial y un posible cambio en la relación de fuerzas entre la soberanía e independencia latinoamericanas y el imperialismo. La causa de Malvinas es una causa latinoamericana, por los intereses en pugna, por la nueva configuración de la política internacional basada en grandes bloques continentales y por su eficacia política, económica, estratégica y, eventualmente, militar.
2.-) ¿Considera Ud. que Argentina podría explorar y eventualmente proponer a los países de Sudamérica compartir soberanía sobre Malvinas, dicho de otra manera, "Sudamericanizar Malvinas"?
Respuesta: Estimo que el único camino posible para lograr doblar el brazo del colonialismo inglés es, como Ud. define “Suramericanizar Malvinas”. Ello no necesariamente implica compartir soberanía, sino compartir beneficios, esfuerzos militares para su defensa, explotación de recursos, proyección común sobre el continente antártico, etc. La experiencia de estos primeros quince años del siglo XXI indican que el reclamo de Malvinas se ha hecho carne en los pueblos latinoamericanos -y digo latinoamericanos incluyendo a México, América Central y el Caribe-, así como en buena parte del mundo periférico -para usar una terminología grata al Papa Francisco-. Los gestos de gobiernos como el de Chile, en el pasado más reciente, negando puerto a buques con la falsa bandera de las Falklands, así como el de Uruguay y Brasil, son prueba contundente de que en el terreno diplomático y político, nuestra fuerza es -además de los argumentos históricos reconocidos por las Naciones Unidas- la unidad latinoamericana al respecto.
3.-) En caso afirmativo a la pregunta anterior ¿estima que esta propuesta sería inconstitucional en virtud de la Disposición Transitoria Primera de la C.N.?
Dicha cláusula dice textualmente: "La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino".
Respuesta: Entiendo que no. Que los constitucionalistas se aboquen a interpretar esta norma de la manera que mejor favorezca a los intereses argentinos y de la región. Esa declaración constitucional no está para impedir las políticas necesarias a la recuperación de las islas, sino para grabar con letras de oro el deber irrenunciable de arrancárselas a los usurpadores colonialistas y reintegrarlas a la gran heredad continental.
4.-) En caso afirmativo a la pregunta anterior ¿considera viable y positivo compartir con Sudamérica, ya no soberanía pero sí eventualmente coadministración, cooperación económica, técnica, en defensa, recursos naturales, etc.?
Respuesta: Como he dicho anteriormente, entiendo que ese es el camino necesario. No entremos en bizantinismos jurídicos. Cualquier solución que implique la recuperación de las islas es mejor que la usurpación inglesa. Incluso, desde el punto de vista militar, ese gigantesco portaviones que son las islas y que cierra el acceso al Atlántico Sur y la Antártida, debe ser un bastión militar sudamericano con la participación de las Fuerzas Armadas de todo el subcontinente. Incluso estimo que la Argentina debería hacer participar a los demás países de la región en la actividad científica en la Antártida. Y no quiero pecar de optimista, pero pienso seriamente que en un futuro, Argentina y Chile deberían unificar su reclamo, con lo que el sector antártico sudamericano sería uno solo. No es tiempo de pequeños estados nacionales. Es la era de los Estados Continentales.
5.-) ¿Podría aportar alguna idea acerca de cuáles podrían ser las primeras medidas de orden internacional para iniciar el proceso de "sudamericanizar Malvinas"?
Respuesta: En primer lugar y ante todo debería ser expulsada de nuestra cancillería la actual ministra Susana Malcorra, súbdita española y esposa de un agente del M16. Con esta canciller y este gobierno, el de Mauricio Macri, es imposible pensar, no ya en sudamericanizar Malvinas, sino en Malvinas como reclamo de soberanía. Una vez instalados en el gobierno y la cancillería los intereses nacionales, habría que ir llamando a conferencias de cancilleres de la región, a negociaciones con las distintas cancillerías, a conversaciones bilaterales con Brasil, con Chile, con Venezuela, con México, etc. Sería interesante sumar a la causa de Malvinas algunas otras causas irredentas de la región como Puerto Rico, de manera que la descolonización de los territorios latinoamericanos se convierta en uno de los ejes de reagrupamiento y creación de una política internacional común. A partir de ello, deberán generarse las instancias regionales -UNASUR, CELAC, OEA- e internacionales para presionar sobre el Reino Unido y los EE.UU. La presencia inglesa en el Atlántico Sur debe convertirse en inalcanzablemente onerosa al usurpador, así como cualquier intento de explotación de las riquezas de las islas y adyacencias. La situación mundial lo permite y alienta. Quebrado el unilateralismo que sucedió a la caída de la Unión Soviética, China, Rusia, la India son hoy jugadores de primera magnitud en la política internacional. EE.UU se repliega en un neoaislacionismo, mientras el Reino Unido se separa de la Unión Europea. La OTAN se está convirtiendo en un trasto viejo del siglo pasado y nuestra cancillería, el gobierno de Cambiemos, la Unión Cívica Radical, el Socialismo y sus socios actúan como si aún gobernase Bill Clinton o Bush. Lamentablemente, tampoco pareciera que a la dirigencia del movimiento popular argentino, el peronismo, le desvelase la cuestión. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner llevó adelante una muy buena campaña diplomática en los foros internacionales y defendió con claridad nuestro reclamo. Pero una incorrecta interpretación de nuestra Gesta de Malvinas en 1982, impregnada de un falso humanitarismo progresista, le quitó contundencia. Nadie está dispuesto a ayudar a alguien que no esté dispuesto a defenderse por sus propios medios.
6.-) ¿Le parece que para lograr dicha empresa bastará con la decisión de las diferentes dirigencias de los países sudamericanos o también será indispensable el apoyo y convicción de sus pueblos?
Respuesta: Creo que lo que sobra es apoyo y convicción en nuestros pueblos y falta claridad y firmeza en nuestras dirigencias. Malvinas es una causa política, diplomática, económica y militar suramericana. Insisto con lo de militar. Es hora de terminar de una vez por todas con las cláusulas secretas del Tratado de Madrid, volver a reequipar nuestras Fuerzas Armadas y plantear la única hipótesis seria de conflicto que tiene nuestro país, y por ende la región: la presencia militar de la OTAN en nuestro territorio. Mucho se habla de las posibles bases norteamericanas que se han instalado o pueden instalarse en nuestro territorio suramericano. Pero la discusión pública e institucional sobre la existencia de una base británica, posiblemente o potencialmente nuclear, en nuestro territorio está cerrada con siete sellos
7.-) ¿Considera Ud. que en caso de consumar el propósito de "sudamericanizar Malvinas" ello podría ayudar a avanzar en otros aspectos de la integración? ¿En cuáles ?
Respuesta: Obviamente. Parto de la convicción de que la integración continental es el principal y más trascendente objetivo político que tiene esta generación de argentinos. Como he dicho más arriba, juntamente con Malvinas es posible abrir a las negociaciones la presencia antártica, la creación de un comando unificado regional de nuestras FF.AA. y la cooperación en sectores claves como la industria petrolera y gasífera, la producción de equipamiento militar, de aviones y tanques, la coordinación de compras de armas a nivel regional, etc. Es posible, a partir de esta “suramericanización”, pensar una política internacional continental, que exprese los intereses del conjunto de pueblos y estado que componen la región. Coordinar nuestra presencia institucional en los organismos internacionales, elaborar una doctrina estratégica para la región, unificar, y hacer participar al conjunto,en los esfuerzos científicos en el Atlántico Sur. Las posibilidades que abre una decisión de esta magnitud y osadía son infinitas.
8.-) ¿Qué opinión le merece la potencial participación de la República de Chile en este proceso? ¿Cree que la misma resultaría neutral, debilitaría o fortalecería el reclamo regional por Malvinas? ¿Por qué?
Respuesta: Me he referido tangencialmente más arriba a esta cuestión. Estoy convencido que es necesaria, util y decisiva la participación de Chile en el proceso de “suramericanización de Malvinas”. Obviamente, el tema tiene sus aristas, principalmente en la tradicional política probritánica de la dirigencia chilena de todos los sectores políticos. Alberto Methol Ferré nos enseñaba que Chile, por sus particulares característica geográficas, es una isla y que los de tierra firme tenemos que tener paciencia y alentar a que los isleños se acerquen al continente. El conjunto de los países suramericanos deben contribuir a disolver la idea de país sitiado que ha caracterizado a la conducción estratégica chilena durante los últimos 150 años. Todas las instancias políticas deben actuar para solucionar los conflictos que Chile mantiene con Bolivia y Perú, como resultado de la Guerra del Pacífico, y generar un diálogo activo y permanente que asegure a Chile la conveniencia de sumarse a los esfuerzos de la integración. No es tarea de un día ni de un gobierno. Es una política a largo plazo, en la que Chile y los chilenos deben encontrar los beneficios de formar parte de la Nación Latinoamericana a construir.

Quiero agregar, por otra parte, que la presencia de un argentino de profundas convicciones latinoamericanistas en la silla de Pedro, es un regalo que toda política soberana e inteligente debe tener particularmente en cuenta. Francisco le dedicó escasos y desabridos quince minutos a su entrevista con la reina Isabel II, mientras ha departido por horas con la dirigencia latinoamericana. Visitó Bolivia y Paraguay y se salteó Chile. EE.UU y el Reino Unido saben que también para el titular del Estado Pontificio las Islas Malvinas son argentinas, como se lo enseñaron en la escuela primaria.

8 de marzo de 2017

Las dos grandes movilizaciones de los asalariados


Han pasado 24 horas de la masiva convocatoria de la CGT y las CTA, en repudio de las políticas económicas y sociales del gobierno. 500.000 compatriotas ocuparon los alrededores de la Plaza de Mayo y las fotos, las filmaciones y hasta los informes de los medios oficialistas son testimonio de la contundencia de la demostración. 

La huelga y la marcha docente

El alto acatamiento al paro docente y la presencia en las calles de los gremios del magisterio, el día 6 de marzo, produjo una primera e importante derrota a la táctica del gobierno. Sus asesores publicitarios pensaron que una huelga y una demostración podía ser contrarrestada con las triquiñuelas y manipulaciones de una campaña electoral, donde las motivaciones del voto son diversas hasta la infinitud y donde el votante es un individuo aislado en el cuarto oscuro. Pusieron, entonces, en el centro de su dispositivo la imagen -la imagen en su sentido más estricto, una fotografía- de uno de los dirigentes docentes, el compañero Roberto Baradel, y contra él lanzaron su artillería de injurias, calumnias, sospechas y prejuicios. Y actuaron en el error de considerar que el sistema de representatividad de los sectores sindicalizados docentes era similar al de los sectores sindicalizados de los trabajadores industriales donde el conjunto de los afiliados y representados otorga un amplio margen de delegación a los dirigentes sindicales, concentrando en la figura del secretario general la representación del conjunto.

Pero ocurre, por un lado, que la adhesión a una huelga y a una convocatoria a una manifestación pública no tiene los mismos mecanismos que una elección. La decisión no es tomada individualmente en la soledad del cuarto oscuro, sino en asambleas, en reuniones colectivas, en compromisos frente a frente con sus pares, en un sistema de lealtades ante reclamos muy específicos y concretos. No están en juego valores abstractos como la democracia, el tipo de gobierno, el programa partidario o la capacidad de convicción de un determinado candidato, sino el monto del salario que cada uno de los trabajadores recibirá a fin de mes. En eso influye, poco o nada, la “imagen” de un dirigente individualmente considerado. No está en juego si ese dirigente será capaz de llevar a cabo la reivindicación, sino la reivindicación misma. 

El penoso espectáculo de comunicadores televisivos y radiales intentando desprestigiar, con actitudes rayanas en la delación y en la amenaza al dirigente Baradel la noche antes de la huelga docente solo sirvió para comprobar la miserable catadura moral de dichos cagatintas. Los docentes no habían decidido ir a la huelga y a la marcha seducidos por el dirigente ya aludido, ni era de su interés que el mismo tuviese o no una excelente performance en sus estudios como maestro. Baradel podía muy bien no haber pisado una escuela en su vida. El reclamo de una paritaria nacional, fijada obligatoriamente por la ley, era la condición necesaria para comprometer al gobierno nacional en cualquier decisión que se tomase en las paritarias por provincia y el monto final del aumento era la única y exclusiva finalidad de la medida.

Pero, por otro lado, los gremios del sector docente son muchos, tienen distintos dirigentes y orientaciones políticas y todos ellos están caracterizados por una conducción muy cercana a los afiliados, con asambleas y reuniones distritales y por escuela, en una tradición gremial que es distinta -ni mejor ni peor, distinta- a la de los gremios industriales y de servicios. Incluso, la vieja y liberal tradición sarmientina y el papel de apostolado con que ha recubierto de prestigio moral al magisterio subyace en su modo de representación gremial.
El resultado fue, entonces, una derrota estrepitosa del gobierno y de su táctica de cuño canero. Y allá quedó el presidente Macri inaugurando el ciclo lectivo en un pueblito de la provincia de Jujuy, donde las clases no comenzaron por el alto grado de adhesión a la huelga. La jitanjáfora con la que cerro su discurso sintetiza, mejor que nada, el naufragio intelectual y político del presidente. Vale la pena su transcripción completa, porque posiblemente no se encuentre antecedente alguno de semejante oquedad en ningún presidente, constitucional o no, de la historia argentina:

Como decía Gandhi profesor, ya que usted citó otro, que para mí hay la persona, un líder que influyó mucho en mi vida: tenemos que ser la reforma, tenemos que ser la sociedad que queremos que exista en el mundo, tenemos que hacerla nosotros, cada uno de nosotros y expresarla la verdad y eso, justamente, parte de decirnos la verdad”.

La gran concentración de trabajadores y pueblo del 7 de Marzo

Coincidimos con Gabriel Fernández en su nota CGT / Masivo rechazo al gobierno, demasiados interrogantes internos (http://www.xn—lasealmedios-dhb.com.ar/2017/03/08/cgt-masivo-rechazo-al-gobierno-demasiados-interrogantes-internos/):

“El movimiento obrero argentino brindó este martes una extraordinaria demostración de fuerza en oposición a la política económica del gobierno macrista. Más de medio millón de personas se movilizaron hacia el Ministerio de Industria, cerca de la Plaza de Mayo, para rechazar la apertura económica, el techo a las negociaciones paritarias, la caída del poder adquisitivo y la desindustrialización en general.

La convocatoria surgió de los sindicatos industriales de la Confederación General del Trabajo, con un fuerte impulso de los nucleados en la Corriente Federal de Trabajadores. Esta demanda fue adoptada como propia por la totalidad de la central y mereció la adhesión de las dos vertientes de la CTA. Junto a organizaciones sociales y políticas populares, llevaron adelante una de las jornadas de protesta más importantes de la historia”.

El triunvirato provisional que conduce la CGT convocó a esta gran asamblea y su llamamiento superó ampliamente los objetivos iniciales. A las inmensas columnas de trabajadores alineados en sus organizaciones, se sumaron, por un lado, amplios sectores populares, de clase media y media baja, columnas del conurbano, sobre todo de la zona sur, agrupaciones políticas y miles y miles de hombres y mujeres que por su cuenta se acercaron a la cita.

El lugar elegido por los organizadores dejó claro desde el principio que se intentaba bajar el contenido de la protesta. En un espacio lateral a la Plaza de Mayo y su gran vía de acceso, formada por las avenidas de Mayo y las dos Diagonales, rodeada de calles estrechas y trasnversales, muchas de ellas bloqueadas por obras, la inmensa multitud corrió riesgos de que un pequeño incidente o desmadre se convirtiese en un desastre. Un eventual desbande, por cualquier causa, provocada o accidental, hubiera dejado un saldo de cientos de víctimas aplastadas en las estrechas calles del centro histórico, repletas de vallados, baños portátiles e improvisados puestos de venta. A ello debió sumarse el adelantamiento sin motivos de la hora de inicio de los oradores, la brevedad e insustancialidad de los discursos y la repulsa que los mismos generaron en la multitud que rodeaba el escenario, integrada casi exclusivamente por delegaciones de diversos sindicatos, incluidos los de quienes estaban en el palco.

Como ha contado Gabriel Fernández: “Esto originó desacuerdos a viva voz en los manifestantes: a decir verdad, la mayor parte de los mismos entonó “Paro General” durante todo el acto”.

Diversos testimonios dan cuenta de que en el propio escenario se produjeron encontronazos, pechazos y conatos de discordia, lo que dejó evidenciado que el triunvirato tiene los días contados. Como, con inteligencia, ha escrito en Facebook un compañero con el seudónimo de Gauchito Gil:

El problema es que hoy por hoy, las tensiones crecen. Tenés sectores como el de Barrionuevo que apoyan al gobierno a muerte, y también sectores como el metalúrgico que están sufriendo despidos y otros como bancarios que por su poder de fuego y ambición dentro de la CGT tensan la cuerda. La crisis tensiona al movimiento obrero y está cúpula no sabe administrar esa tensión. No tiene el carisma de un Moyano o un Ubaldini, ni el poder de fuego de Moyano, no te ordena la disputa. A eso se le suma que la marcha obviamente suma sectores politicos, también sin una clara conducción, que ven en el paro general la posibilidad de la unidad popular toda”.

Lo que se ha logrado, en suma, es una poderosa demostración de fuerza de los sectores populares ante un gobierno minoritario, cipayo y saqueador del trabajo nacional. Los sectores del movimiento obrero con una clara voluntad de defensa de las conquistas laborales, del trabajo y el bienestar de sus afiliados, entre los que se encuentran seguramente sectores tan estratégicos como la Unión Obrera Metalúrgica, la Asociación Obrera Textil y la Asociación Bancaria, además de la combativa Corriente Sindical Federal, saben que cuentan para la obtención de sus reclamos con un altísimo grado de aceptación social del conjunto de los sectores populares, sindicalizados o no. 500.000 argentinos y argentinas en las calles son una base de operaciones que permiten asegurar que la relación de fuerzas sociales se ha volcado a favor de los sectores populares.

Se equivocan, no obstante, aquellos que pretendan del movimiento obrero algo más que reivindicaciones gremiales vinculadas al mundo del trabajo. Es cierto, desde una perspectiva metodológica, que es imposible una clase obrera bien paga, con altos niveles de ocupación y con poder adquisitivo, sin cuestionar la naturaleza misma de las políticas que el gobierno lleva adelante, con impunidad y firmeza. Pero es responsabilidad de la política, de la cual el sindicalismo forma parte, generar una conducción, candidatos y puntos programáticos que sean capaces de revertir la derrota electoral del año 2015.

Y en ese sentido, la unidad, tanto del movimiento obrero en su conjunto, como del peronismo y las fuerzas nacionales y populares sigue siendo el eje de cualquier política que pretenda recuperar la iniciativa popular y generar las condiciones para sacar del poder a la pandilla de empresarios transnacionales que ha ocupado la Casa Rosada.

El movimiento obrero argentino, el más organizado de toda América Latina, logró, entre otras cosas, gracias a su poderosa estructura y a su capacidad organizativa, una concentración popular histórica, frente a un gobierno hostil y amenazante. En el seno mismo de ese movimiento obrero y de su unidad, está la respuesta a los interrogantes abiertos.

Los argentinos, una vez más, hemos demostrado que no somos empanadas que sólo se comen con abrir la boca”, como expresara nuestro Libertador. El nuevo año se ha iniciado con un gran triunfo popular en la calle, que consolidaremos en las urnas en las próximas elecciones. No es momento de triunfalismos ni de recriminaciones. Tampoco es momento de arrebatos ni de cobardías. Las jornadas que se avecinan serán una poderosa escuela política para las nuevas generaciones que no han conocido los momentos difíciles que hemos atravesada en el pasado y en los que los sindicatos, sus dirigentes y militantes, fueron el lugar donde pudimos reconstruir nuestra fuerza y seguir siendo el clavo en el zapato de la Argentina oligárquica.

Buenos Aires, 8 de marzo de 2017.


2 de marzo de 2017

Dos discursos

Ayer, al final del día, pude tener ante mí dos discursos, ante sus respectivos congresos, de dos mandatarios argentinos. Uno, el del presidente de la República, Mauricio Macri, y el otro el del gobernador de la Provincia de Formosa, Gildo Insfrán. Una rápida comparación de ambos textos revela, descubre dos diferentes concepciones de la política, dos diferentes concepciones de la sociedad y del mundo.
El discurso del presidente, que ya ha sido analizado y comentado profusamente, comienza con la retórica que se ha hecho conocer como de “coaching motivacional”1. Intentemos explicar de qué se trata. Los estudios acerca de lo motivacional son el resultado de la aplicación de conclusiones psicológicas y de comportamiento a partir de estudios cuantitativos sobre el funcionamiento conductual de personas afectadas a un sistema organizativo determinado por la diferencia entre “input”(o inversión) y “output” (o resultado) , es decir la ganancia. Básicamente, se habla -o hablan estos especialistas- de motivación intrínseca y motivación extrínseca. La motivación intrínseca corresponde a una serie de aspiraciones atribuíbles al conjunto de los seres humanos basadas en el deseo de cosas nuevas y nuevos retos, para analizar la capacidad de uno mismo, observar y adquirir más conocimiento, según lo definen Richard Ryan y Edward L. Deci, dos psiquiatras norteamericanos de la Universidad de Rochester, que se han especializado en estos estudios. Es un impulso que no tiene sus raíces en presiones externas o en deseos de recompensa. Al tener este origen, es mucho más difícil o requiere mucho más tiempo y esfuerzo fomentar esta motivación intrínseca para que incida sobre el comportamiento, que depende exclusivamente de la personalidad individual de cada sujeto.
Pero ahí aparece la motivación extrínseca. Y ¿cuál es el motor esencial de ese impulso externo al individuo y que hace que el éste, con menos tiempo y menos esfuerzo, encuentre la motivación necesaria para llevar a cabo una tarea y seguir esforzándose en ella con persistencia? Básicamente, la recompensa, la promesa de un premio en dinero, en mejoramiento de su situación personal, en reconocimiento -que también se traduce en más dinero-.
El discurso motivacional es el que tiene por objetivo movilizar al individuo a aumentar su esfuerzo, su rendimiento y su competitividad con premios, no simbólicos -una copa, una medalla, un aplauso es una motivación intrínseca- sino en contante y sonante: un aumento de sueldo, un coche nuevo, un viaje a Hawaii, una casa con pileta, todo a cuenta de la empresa y libre de impuestos.
Estamos acá para construir una Argentina donde cada persona pueda proyectar la vida que espera”.
Esa motivación extrínseca, individualista, asocial, que hace caso omiso del conjunto social, al que define, nuevamente, con elementos subjetivos e individuales: “Una sociedad es una inmensa red afectiva”. El extremismo subjetivista y superindividualista de Ayn Rand, la papisa laica del presidente Macri, impregna este concepto. No hay comunidad humana, no hay creación de un nosotros, de un yo colectivo orgulloso de su soberanía, de su historia, de su lengua y sus tradiciones. Hay, tan solo, una tibia y húmeda red de individuos aislados, unidos por un nauseabundo tegumento llamado afectividad.
Y agrega motivacionalmente: “Pero es imposible que podamos tomar contacto con esas emociones si no podemos pagar las cuentas a fin de mes o no podemos poner comida en nuestra mesa”. Después de haber quintuplicado las tarifas de los servicios y producido el más alto precio relativo de los alimentos en quince años, el presidente, en su papel de “coach”, exhibe la motivación extrínseca para que aceptemos su propuesta y nos esmeremos en lograrla. Olvida, los psicólogos motivacionales suelen carecer de pensamiento histórico, que hace tan solo dos años pagabamos nuestras cuentas y comíamos en una mesa abundante con todos nuestros afectos y desplegábamos nuestras emociones de manera colectiva y pletórica de alegría en manifestaciones desbordantes de alegría y entusiasmo.
Anticipándonos al análisis que haremos posteriormente, vale la pena adelantar este concepto, tan simétricamente opuesto, pronunciado por el gobernador de Formosa en su discurso a la Legislatura provincial: “Esto lo vive la familia argentina a diario cuando le llega la factura de la luz o debe comprar sus alimentos, y siente que aún esforzándose como siempre, se hace más difícil llegar a fin de mes”.
Por eso no hay interés en hablar ante una multitud. Por eso carece de significación el brillo incandescente de la ausencia de las multitudes argentinas en una Plaza de los Dos Congresos vacía como un pueblo abandonado. El pueblo es como el sistema de ávidos ejecutivos de una empresa, al que hay que alentarlo, uno por uno, para que, ganando dinero, le haga ganar más dinero a la empresa.
Esta noción recalcitrantemente individualista y despolitizada es la última y más soez manifestación ideológica del capital financiero. Si para el liberalismo del siglo XIX, admirador de Augusto Comte y su organicismo social, el pueblo era el sector ilustrado y pudiente, para estos sociópatas randianos no existe, siquiera, ese concepto. Se trata de una población que, por abuso del estado, aún no ha descubierto las mieles del individualismo, del hedonismo privilegiado y de la anomia en que se mueven.
El gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, por el contrario, comienza su discurso presentándose ante su gente para cumplir “con el deber democrático de rendir cuentas sobre la marcha de nuestro gobierno”.
Y lo primero que enuncia el gobernador es el estado en que se encuentra el mundo, ya que, como afirmara Juan Domingo Perón, “La política es política internacional”. Es una referencia breve, sintética, pero con la suficiente carnadura para ilustrar a su pueblo, a los formoseños, de las dificultades de la hora:
El mundo, confundido, se debate cuestionando sus propios paradigmas. China, pilar del comunismo en el pasado, impulsa el libre mercado. EE.UU., meca del liberalismo, cierra sus fronteras insinuando una fuerte apuesta proteccionista. La Unión Europea, universalmente faro de los derechos humanos y ejemplo de integración supranacional, cuestiona sus propios ejes fundacionales y cierra sus puertas al drama humanitario de los refugiados.
En suma, teorías políticas, económicas, sociales y culturales que dominaron el mundo por décadas, hoy muestran su fracaso.
Así las cosas, mientras los países más poderosos de la tierra se debaten sobre la dirección a tomar, las personas se ven sumidas en la más cruel desigualdad”.
Desde ahí, desde esa real inserción en el mundo, Insfrán comienza su informe.
Comparemos con esta reflexión del presidente Macri:
Pero, este mundo que tenemos hoy es un mundo lleno de incertidumbres, de volatilidades. Vemos la tensión los debates políticos en los países centrales, los países desarrollados, cruzados por la globalización, las corrientes migratorias, la revolución tecnológica.
Autos que se manejan solos, alimentos que se producen en forma sintética, inteligencia artificial, robots, revolución genética; todos temas que hace rato dejaron de ser ciencia ficción.
Frente a esto yo siento, y quiero transmitirles, que en esas novedades hay herramientas que pueden ayudarnos a resolver nuestros problemas, pero para eso tenemos que dejar de tener una agenda mezquina, pequeña, negar lo que pasa en el mundo”.
La compleja realidad política, sus enfrentamientos, las sombras que amenazan al conjunto humano, son reemplazadas, en una cabeza propia de un vendedor de cepillos puerta por puerta, en un vulgar catálogo de novedades explicadas admirativamente por un niño de ocho años... de la década del 60.
Continúa el gobernador de Formosa:
De acuerdo a la organización internacional OXFAM, tan solo 8 individuos concentran en sus manos una riqueza equivalente a la que poseen 3.600 millones de personas, es decir, la mitad más pobre del planeta.
Al abordar las principales causas de esta terrible injusticia, destaca: la falsedad de la teoría del derrame; las enormes ganancias empresariales a costa de los trabajadores; la sumisión de las instituciones democráticas a los intereses de las grandes corporaciones; y especialmente, el papel de la evasión y de la elusión fiscal.
En América Latina y el Caribe, el 10% más rico concentra el 71% del capital, mientras que la evasión asciende a más de 320.000 millones de dólares, cifra que se escurre anualmente hacia los paraísos fiscales. Esto afecta a los más pobres, que dependen en mayor medida del dinero que se deja de tributar.
La desigualdad no solo tiene un efecto económico, fundamentalmente tiene consecuencias humanas. Está probado que crea las condiciones para el aumento de la delincuencia, la inseguridad y un peligroso resurgir del racismo y la xenofobia”.
Quien pretendan encontrar en el discurso ante la Asamblea Legislativa algo parecido buscará en vano. El mundo es, para el presidente de la República, lluvia de dólares, generosidad capitalista, deseos de invertir, afán de beneficiar a la Argentina. Y, lo que es peor, el reconocimiento de esta incertidumbre y volatilidad es considerado “aislamiento del mundo”.
Es inaceptable subordinar nuestros intereses a los centros de poder global, bajo el engañoso argumento de la reinserción de la Argentina en el mundo”, dice el gobernador en su mensaje, anticipándose a lo que en ese mismo momento decía el presidente en Buenos Aires.
Menciona Insfrán, en su discurso al Papa Francisco, mención que no es tan solo un saludo a la bandera, sino un claro establecimiento de un lugar, una toma de partido, en esa “incertidumbre” que es el mundo:
Porque precisamente este sistema '...no hace nada por sanar las heridas sociales ni enfrentar las estructuras que dejan a tantos hermanos tirados en el camino'.
Contrariamente a la abstracta enunciación de deseos del presidente Macri sobre pobreza cero y su preocupación por los más pobres, que no le permite enunciar una sola medida concreta dirigida a ese sector, el gobernador de Formosa plantea “un mundo más justo, una economía más humana y respetuosa de la naturaleza, una comunidad más solidaria”. Y el resto de su discurso es un repaso a la lista de realizaciones que su gobierno ha implementado en la provincia.
Pero antes se encarga de dejar perfectamente claro cuáles son sus diferencias con el gobierno nacional. Desde una provincia que, históricamente, ha sido considerada como marginal y a la que Domingo Cavallo llegó a ofender con el calificativo de “inviable”, sabiendo a los riesgos políticos que su sinceridad lo expone, Insfrán sostiene:
Las medidas económicas tomadas por el gobierno nacional han producido una enorme transferencia de riquezas en beneficio de los sectores más privilegiados, haciendo caer el peso del ajuste sobre las espaldas de los que menos tienen.
Así lo demuestran los indicadores económicos y sociales, incluso los datos oficiales. Cayó el consumo y la economía familiar. Cayó el empleo y la capacidad adquisitiva de los salarios. Cayó la actividad industrial, con el cierre de miles de empresas. Cayó el turismo. Cayeron las industrias culturales. La inflación superó el 40% anual. El déficit fiscal creció por encima de los valores largamente criticados por quienes hoy nos gobiernan. Crecieron los indicadores de pobreza, indigencia, desocupación, desigualdad, y sobre todo, el endeudamiento del país. Con estas políticas, lejos quedan nuestros anhelos de lograr la independencia económica”.
Estas palabras se pronunciaban en el momento mismo en que el presidente Macri mentía con obras no realizadas, con aspiraciones de deseos sin mecanismos ni financiación para convertirlos en políticas, con promesas de inversiones no conseguidas, en suma con la lista de mendacidades que el conjunto de la clase política, oficialista y opositora, sabe que no quiere ni puede llevar adelante.
El discurso de Insfrán, como no podía ser de otra manera, abunda en cada una de las realizaciones, mejoras, progresos y transformaciones que ha vivido la provincia y su pueblo en todos esos años. Pero además, tiene la virtud del agradecimiento, rasgo poco habitual en la política.
Mucho se habla de pesadas herencias, pero de la única herencia de la que podemos dar cuenta los formoseños es la que vino a reparar históricas postergaciones, con más inclusión, equidad y dignidad”. Y es agradecimiento, porque es conciente, y quiere que todos sus coprovincianos lo sean, que el actual presente de la provincia, sus rutas, sus escuelas, sus hospitales, ese mar de techos azules que se ve desde el avión al acercarse a Formosa, fueron posibles por el compromiso de Néstor y Cristina con la provincia, con su postergación injusta e inmotivada.
El discurso de Gildo Insfrán enuncia uno a uno los logros alcanzados y advierte sobre las dificultades que pueden sobrevenir. Enunciar cada uno de ellos sobrepasa el intento de esta nota. Pero quiero terminar citando el final mismo del discurso formoseño, porque permite descubrir la diferencia de concepciones acerca del pueblo y la voluntad popular, que caracterizan ambos discursos: Termina diciendo Insfrán:
Vivimos momentos difíciles, no reconocerlo sería faltar a la verdad. Pero los formoseños estamos acostumbrados a enfrentar la adversidad. Muchas veces se nos planteó el dilema de vencer o ser vencidos. Nuestra respuesta fue nunca pactar, y así vencimos siempre.
Hoy, como ayer, hay quienes pretenden que volvamos atrás y seamos aquel territorio olvidado que no gozaba de los mismos derechos ni de las mismas oportunidades que otras provincias se equivocan. Formosa cambió para nunca más volver atrás.
Tenemos mucho más por hacer. Tenemos mucho que mejorar. Pero también somos un pueblo sano, creyente, alegre, sin odios, con la fuerza necesaria para avanzar.
No es un tiempo para tibios ni medias tintas.Es tiempo de estar unidos. Todos juntos... hombres..., mujeres..., trabajadores..., jóvenes... Unos al lado de los otros. Cuidando aquello que queremos. Defendiendo lo que tanto nos costó lograr. Sé que vamos a estar a la altura de los desafíos, porque conozco a Formosa y conozco al formoseño.
Porque sabemos luchar, resistir y vencer.
Porque no nos arrodillamos ante nadie..., solo ante Dios. Y a Él elevamos nuestras oraciones para que, junto a nuestra Madre, la Virgen del Carmen, bendigan y protejan a nuestro pueblo”.
No hay motivación extrínseca en estas palabras. Hay apelación a las mejores motivaciones intrínsecas del ser humano: su dignidad, su orgullo, su amor a la tierra en la que nació”.
Es la diferencia entre un discurso peronista, nacional y popular, y un ramplón alegato neoliberal randiano, sin pasión ni razón.
Buenos Aires, 2 de marzo de 2017
1Así lo definió el periodista Damián Fernández Pedemonte en La Nación, http://www.lanacion.com.ar/1989184-un-discurso-activista-sin-certezas-sobre-el-plan-general-del-gobierno. Y escribe: Los "argentinos" destinatarios del mensaje no constituyen un colectivo. Algunos pasajes demuestran esta apelación al ciudadano común, en particular el extraño momento en que habla de las emociones y del país como "una red afectiva". No se apuntala un proyecto colectivo ni un bien común. Macri les habla a individuos en contacto con otros individuos. Y el estilo que elige para hacerlo es el motivacional, el aspiracional del líder empresarial, del coach. Ahí encajan muy bien los casos ejemplares que le gusta citar: la comunidad wichi Asunción; las docentes Mónica, Raquel o María Marta”.

31 de enero de 2017

No se trata de defender a Trump, se trata de entender la nueva situación

Un amigo de estos muros me escribe:
Sigo preguntándome y te pregunto, ya que veo que lo seguís defendiendo (a Donald Trump), ¿en qué nos beneficia a los argentinos? ¿en que vamos a tener limones más baratos, quizás?. Por favor tratá de ser muy didáctico porque me cuesta entender”.
Y mi respuesta ha sido:
¿De dónde sacás que lo defiendo?
Lo he repetido cada vez que hablamos del tema, por aquí, por Twitter, por la radio y en artículos publicados en distintos medios electrónicos.
La aparición de Trump expresa una ruptura en el bloque hegemónico imperialista, un quiebre en el orden internacional planteado desde, por lo menos, la presidencia de Reagan. TODO quiebre del bloque hegemónico nos favorece. En este caso, no está en cuestión la naturaleza imperialista del capitalismo norteamericano, sino que se trata de un enfrentamiento entre los sectores vinculados directamente al capital financiero -Wall Street- y sectores de la sociedad norteamericana que descubren los perjuicios que esa hegemonía ha generado puertas adentro de EE.UU. e intenta establecer una nueva hegemonía, manifestando, así, una profunda crisis en el seno de la principal potencia imperialista.
Es obvio que el caracter no complementario de nuestra economía con la economía yanqui no permite un efecto económico directo y más que alguna dificultad con algunos pocos rubros, aunque importantes, como la carne o los limones, no va ha haber en lo inmediato.
Pero produce un realineamiento general en la política internacional, una tensión nueva y distinta, donde EEUU vuelve a su aislacionismo de los años 20, a un nuevo proteccionismo -que actualiza y pone en evidencia las ventajas de nuestro propio proteccionismo- que tiene un efecto inmediato sobre el NAFTA y México, sobre el TTP, sobre el acuerdo del Pacífico y sobre las relaciones político militares de EEUU con todo el mundo. Si eso no parece una ruptura del bloque dominante, no entenderíamos qué es una ruptura del bloque dominante.
Yo no defiendo a Trump, sino que discuto con aquellos que se enojan con Trump, cuando su aparición abre infinitas posibilidades para un reagrupamiento de fuerzas a nivel mundial, incluída América Latina. Que México se salga del Nafta, por ejemplo, replantea toda la política de integración latinoamericana que, hasta ahora, ha debido prescindir de ese importantísimo país. Y el propio New York Times ha publicado que desde diversos sectores empresariales y políticos han comenzado a discutir seriamente una salida del NAFTA. Lo ha visto con ojo de águila Evo Morales, quien inmediatamente a publicado un tweet saludando y dando la bienvenida a los compatriotas mexicanos a Nuestra América. En realidad, el NAFTA cortó una profunda tendencia que se venía gestando en México para acercarse al Mercosur en el momento inmediatamente previo a la firma del tratado.
Lamentablemente Temer y Macri -y los sectores sociales que ellos expresan- son incapaces de ver la riqueza de oportunidades integracionistas que todo esto nos abre. México era una figurita muy importante que nos estaba faltando. Y tanto el fortalecimiento de la política antiimigratoria iniciada por los gobiernos demócratas, con la finalización del muro ya existente, y la esperable secuela de extradiciones y retornos voluntarios, más las dificultades arancelarias y pararancelarias que EE.UU. imponga a México en sus exportaciones o a las empresas norteamericanas para ampliar su producción en el país azteca, obligan a la corrompida y norteamericanizada clase política mexicana a una revisión de su posición en el mundo.
Y viene a cuento citar a ese excelso pensador político que fue Cantinflas, una de las figuras universales que América Latina dio al cine mundial, en la inolvidable escena en que conversa con un guardia fronterizo norteamericano, intentando cruzar la frontera con su burro y su caballo Bucéfalo:
- ¿Tiene ud. intención de derrocar al gobierno de los EE.UU.?, pregunta severamente el guardia.
- Ah, no sea payaso, pues. Solamente que tuviera armas y esas las tienen ustedes.