14 de noviembre de 2013

Todas las batallas político-ideológicas que los cuadros de la Universidad deben dar son más necesarias que el agua y el pan”

RIN participó del primer Congreso iberoamericano de Revisionismo Histórico, organizado por el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, en la ciudad de Buenos Aires.

En la misma accedimos a una entrevista personal con el periodista, escritor, guionista cinematográfico y miembro de dicha institución, Julio Fernández Baraibar, quien opinó acerca de los objetivos del reciente Congreso realizado por el Instituto, su visión acerca del estado actual de las organizaciones políticas del campo nacional, la reciente plena aplicación de la ley de SCA y de los objetivos de la Universidad y de las organizaciones políticas vinculadas a ello.

RIN-¿Cuál es el objetivo de la organización de este congreso y cuáles son las expectativas que se abren a partir del mismo?

JFB- Para mí, el Congreso ha sido una satisfacción, en lo personal, inmensa y, desde el punto de vista de las tareas y objetivos políticos institucionales, un éxito concreto. La verdad es que ha sido la primera vez que organizamos algo como esto en el Instituto. En el decreto con el cual se crea el mismo estaba planteado que se realizara un congreso latinoamericano y otro nacional y esto era todo un desafío.

Organizar un congreso nacional y latinoamericano es todo un desafío, los problemas de viaje y cambiarios que tenemos con algunos países de la región eran todo un tema y la verdad que el resultado ha sido excepcional. De todos los invitados no argentino participaron un 100 por ciento y con los invitados del interior del país también fue así. Desde el punto de vista de la organización ha sido un éxito y nos pone, como dijo Pacho O' Donnell, en la necesidad de plantearnos la idea de cómo hacer para realizar el segundo congreso.

RIN- Mas allá del tema especifico, se plantearon centralmente dos temas: por un lado la necesidad de terminar con la colonización de las mentes y las ideas y, la otra, que esto ayuda a la idea de una integración nacional que quedó trunca. No es casualidad que hoy tantos hombres y mujeres confluyan en esta idea de empezar a pensar desde nuestro lugar e integrarnos como una Nación ¿Cómo ves esto?

JFB- Se le atribuye a Víctor Hugo una frase que dice que no hay nada más potente que una idea a la que le ha llegado su tiempo y hoy estamos comprobando que a esa idea de integración latinoamericana le ha llegado su tiempo. Muchos de nosotros nos formamos, en la década del 70, con la idea de forjar una integración latinoamericana. Antes de nosotros otros hombres, como Juan Domingo Perón, pensaron esta idea y dejaron sentadas las bases conceptuales, lógicas y teóricas de esa integración y, hoy, esa hora nos ha llegado. El fin de siglo y todo el proceso de globalización que se produce después de la caída de la URSS, hizo evidente y puso en negro sobre blanco a los pueblos y políticos del continente que había llegado la hora de las grandes unidades continentales y se encontraron con que había todo un sistema de ideas y corrientes de pensamientos que habían planteado esto en su momento.
Había un pasado en común, a diferencia de Europa que tenía que saldar ríos de sangre para forjar una integración entre Alemania y Francia, por ejemplo. Nosotros tenemos las mismas bases culturales, tenemos una misma lengua y una misma religión, habíamos peleado juntos por la independencia. Entonces apareció la necesidad de constituir un gran bloque regional con la idea de no sucumbir en la política internacional. Un poco es eso lo que ha sucedido. Parece sencillo si se dice así tan fácil y si todo fuera como reír y cantar, pero no es así. Hay dificultades y este proceso de integración también tiene resistencias, hay bloques sociales que se resisten a ello.

Lo que ha aparecido en la conciencia general es que si no nos integramos, desaparecemos. Si no constituimos un bloque de poder, de Estados que tienen una enorme cantidad de habitantes, una gran extensión territorial y una inmensidad de recursos naturales y de modelos económicos, que, si no nos unimos, desaparecemos como posibilidad de ser sujetos en la política internacional y nos convertiremos en apéndices de otros bloques más fuertes que han podido lograr esa unificación.

RIN- El mecanismo para llevar adelante esto es a través de la participación política y de la discusión acerca de los temas de la agenda pública, a partir de sentar las bases del disenso y no a través del consenso que siempre viene impuesto desde arriba. Para ello es necesario generar organizaciones con un alto nivel de formación de sus cuadros políticos para poder dar esta batalla tan dura. En ese sentido, ¿cuál crees que es el estado actual de estas organizaciones?

JFB- Cuando nos propusimos hacer el Congreso, yo había pensado que debía tener una consigna: “Conocer la patria Grande”. Esto, creo, es una de deuda, porque. por ejemplo. los mendocinos no conocen la historia de Chile y eso que son pueblos que están a muy poca de distancia entre sí. Lo mismo con los jujeños y Bolivia. Yo creo que es fundamental generar mecanismos para que nuestras partes se conozcan.

Tengo el orgullo de decir que si hay un país en donde hemos avanzado y logrado generar un cuerpo de ideas y un sistema de pensamiento profundo y meditado sobre el tema de la integración somos nosotros los argentinos. Nuestros hermanos de otros países se han encontrado, con la mejor buena fe, la posibilidad de proveerse de este gran sistema de ideas que hemos generado los rioplatenses. Esto debe trasladarse a los militantes políticos, porque estos tienen que estar formados no sólo en la virtud de ganar elecciones sino también en el arte de la construcción estratégica de las grandes políticas que nos tenemos que dar. Si los militantes políticos y esta nueva juventud sólo se lucen en el arte de ganar elecciones y no generan cuadros políticos con dos, tres o cuatro puntos de vista sobre los cuales se puedan pronunciar, estamos errando en algo.

Esto se forma con debate, con discusión, pero también con cuadros políticos que tengan esta idea, de otra forma fracasaremos. Están dadas las condiciones. A esta idea de la integración nacional le ha llegado la hora y hay que estar decidido frente a ella.

RIN- El imperialismo, a partir de un sistema de colonización cultural, ha logrado durante décadas frenar este proceso de pensamiento autóctono, autocentrado, acerca de lo que nos ha pasado a los argentinos. Esto ha contado con la complicidad de ciertos actores internos y en nuestro caso particular en la Argentina tienen candidatos en listas como Julio Cobos en Mendoza y Massa en Buenos Aires. ¿Cuáles son hoy los mecanismos de dominación o de colonización cultural que permiten que suceda estas cosas y que por ejemplo permita que estas expresiones políticas saquen tantos votos?

JFB- Creo que hay un tema que ha sido planteado muchas veces por la Presidenta que es el tema de la colonización cultural y se ha instalado un gran debate político cultural -para no usar la palabra ideología que tiene cierto peso negativo- en el cual nosotros, como movimiento nacional y popular, tenemos que conquistar a las grandes masas para este nuevo paradigma.

Esto se refiere a que hay un debate que se tiene que dar desde las universidades, desde las escuelas, desde el ministerio de educación, tanto a nivel nacional como provincial, lo que implica, no sólo discutir acerca de las técnicas pedagógicas a implementar en el sistema educativo, sino también y sobre todo del contenido que se enseña en las mismas.
Estos resultados electorales adversos tienen, en gran parte, su origen en esta colonización cultural. Por eso debemos dar una gigantesca lucha cultural que desarraigue ese esquema neoliberal y eso se refleja en estas expresiones electorales que vos mencionas, pero que, además, cuentan con el apoyo de todo el sistema mediático, de todos los aparatos de comunicación, la embajada de EEUU y repercute en grandes sectores de las clases medias que, al lograr un ascenso económico, optan por viajar a lugares como Miami y Disney World que expresa un poco todo esto. Esto es un problema, porque cuando llegan a Disney World -siempre como metáfora- se genera una concepción del mundo y de la vida que atenta contra nuestros principios culturales.

RIN- Ese aparato cultural que tiene como mecanismos estratégicos de dominación a los medios de comunicación han sufrido una derrota a través de la plena aplicación de la Ley de SCA. Frente a esto ¿cuál es la estrategia por parte de la Universidad para contrarrestar esto que vos mencionabas, ya que es aquí donde se forman las principales usinas del pensamiento reaccionario contrarios a los intereses de la integración nacional?

JFB- En el caso de la Ley de SCA hemos logrado saldar una gran batalla. El monopolio ha debido aceptar la majestuosidad del Estado, es decir que no hay nada en la Nación superior a la Nación misma. Acá terminó la discusión y el Estado Nacional dictaminó, por los mecanismos establecidos en la Constitución. La Ley de Medios genera nuevos espacios de discusión y debate para seguir afrontando estas batallas y luchas políticas.

Respecto a la Universidad el análisis es un poco más complejo, ya que éste es un problema estructural, de la génesis misma del pensamiento universitario argentino. Aquí hay que dar una gran batalla. Todas las batallas político-ideológicas que los cuadros de la universidad deben dar son más necesarias que el agua y el pan. Creo que tenemos ciertos déficits. Estos puntos de vista que ustedes escucharon en el congreso y que contó con el apoyo de más de 450 inscriptos acreditados no se refleja en los cuerpos de profesores ni en el estudio del Estado , ni en muchos de los movimientos políticos. Ustedes saben mejor que yo la gran lucha que tenemos que dar. Frente a esto la única respuesta que debemos dar es seguir organizándonos; militando, discutiendo y convenciendo a los estudiantes, ganando centros estudiantiles, ganando federaciones estudiantiles. No es una tarea fácil, pero es la lucha política que hay que dar.

RIN- El problema principal siguen siendo los planes de estudio...

JFB- La estructura del Ministerio de Educación está impregnada de funcionarios medios, en lops niveles secundarios, liberales, gorilas y antiperonistas. Por eso digo que no es fácil. Hugo Chávez tuvo que crear una especie de Estado paralelo para dar las batallas políticas que necesitaba dar, para poder llevar adelante las políticas de salud pública, de educación, etc. Todos los gobiernos que llegan a través de las vías democráticas se encuentran con un Estado que está formado en el anti-Estado y muchas veces te encuentras con abogados dentro del Estado que dicen eso va contra la ley, eso otro también, etc, e inmovilizan la acción del estado democrático. Creo que esto es grave, porque, muchas veces, estas personas lo hacen consciente -e, inclusive, inconscientemente- porque están formados bajo unatradición de pensamiento reaccionario, antinacional, cipayo.

8 de octubre de 2013

30 días para el sonido y la furia

El cierre de esta edición de Caminopropio fue sorprendido por la noticia del reposo por prescripción médica de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, primero, y por la necesidad de una intervención quirúrgica, inmediatamente después.
El alejamiento momentáneo de la presidenta, en medio de una campaña electoral sumamente reñida, ha tensado el odio y la revancha de los sectores concentrados de la economía -el monopolio mediático, los agentes del capital financiero internacional, la nueva oligarquía sojera- que se atreven a las más crueles e inhumanas afirmaciones y deseos.
Una política internacional soberana
El 23 de septiembre la presidenta Cristina pronunció en la 68° Asamblea General de las Naciones Unidas un memorable discurso. En uno de sus párrafos sostuvo: Esta es una ONU entre los buitres de la deuda y los halcones de la guerra, es peor que la película Los Pájaros de Hitchcock, quien, por lo menos, era un buen director”. Los fondos buitres, en efecto, se han convertido, con la complicidad de la prensa monopolizada, en una amenaza a todo la arquitectura financiera con que Néstor Kirchner, primero, y Cristina, después, reiniciaron el camino de la industrialización, la inclusión social, el crecimiento del mercado interno, la inversión estratégica en educación, salud, investigación y conocimiento científicos, la reducción drástica de la desocupación, la vigencia de las convenciones colectivas de trabajo, en suma, la recuperación del programa nacional y popular que caracterizó los mejores años del peronismo, en las condiciones de un país desvastado por treinta años de hegemonía neoliberal, bajo forma dictatorial o seudodemocrática.
La presidenta argentina reiteró la posición tercerista que ha sido tradicional en la política internacional del movimiento popular argentino y bregó por la reforma del Consejo de Seguridad, al que calificó como “antifuncional y obsoleto no solamente frente a la cuestión Siria, sino también ante otros frentes contra la paz y contra la seguridad en el mundo”.Crítico el derecho a veto de las grandes potencias surgidas de la Segunda Guerra Mundial y reclamó un sistema de consenso como el “que tenemos en los organismos regionales de América, como el UNASUR, como la CELAC, como el Mercosur, donde las decisiones se toman por consenso”. Y agradeció al Papa Francisco “la intervención fundamental que tuvo en la cuestión siria”.
La Batalla Cultural
Unos días antes, la presidenta había inaugurado la Casa de la Cultura en la Villa 21-24 de Barracas como sede de la Secretaría de Cultura de la Nación. La emoción y la fiesta con que la presidenta fue recibida en el barrio expresaba el reconocimiento a un cambio de paradigma cultural que toma al pueblo, al más profundo y explotado, al más postergado, como sujeto creador y centro de la política cultural del gobierno. Se trata de una política inclusiva en alto grado, porque no sólo implica el reconocimiento igualitario que a todos los ciudadanos les debe el Estado, sino que además le asigna un papel protagónico a su creación comunitaria, a las profundas corrientes espirituales que cruzan el alma de las multitudes, a su identidad latinoamericana, a sus necesidades y deseos. El papel decisivo que han jugado el Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, como nuestro compañero Víctor Ramos en el cumplimiento de esta voluntad presidencial obtuvo, también en aquella jornada, un cálido reconocimiento de parte de ese pueblo trabajador que vive en la Villa.
Argentina Satelital
Días después, a su regreso de Nueva York, la presidenta pudo celebrar el ingreso de la Argentina al grupo de siete países que desarrollan satélites. Los logros alcanzados por la empresa estatal INVAP, salvada casi por milagro del desmantelamiento neoliberal, y por la permanente inversión del estado en el desarrollo tecnológico, han puesto a nuestro país, a tan sólo doce años de la implosión del 2001, en el segundo lugar en el continente americano, después de los EE.UU., en condiciones de construir satélites.
Este es el país en el que hoy vivimos los argentinos, sin necesidad de escapar a otros rumbos, con una juventud que estudia y que está recuperando puestos de trabajo, salarios y mejores condiciones laborales.
Pero no son solo los fondos buitres las únicas aves de rapiña que sobrevuelan sobre el cuerpo sano y fuerte de la Argentina.
Los negros pájaros de la restauración oligárquica
Ni bien conocida la noticia de la afección presidencial, bandadas de aves carroñeras con espacios en los grandes diarios, en los canales de televisión, en las radios y hasta en las redes sociales salieron a alimentarse de lo único que les interesa: un país vencido, empobrecido, sin voluntad ni futuro.
Este mes en el que Cristina se recupere de su operación serán 30 días “de sonido y de furia, como el discurso de un idiota”, según la rotunda expresión de Shakespeare.
El pueblo acompañará, como lo ha hecho siempre, con sus oraciones y su voluntad , el reposo presidencial y estará atento a todas las maniobras destituyentes y golpistas que surgirán del seno de un establishment que no se resigna a perder sus privilegios.
El vicepresidente Amado Boudou, tan distinto en su lealtad, al miserable de Julio Cobos, sabrá cumplir con patriotismo la tarea que le ha impuesto la historia. Respaldar y sostener su breve interinato será el deber de quienes hemos confiado en Cristina Fernández de Kirchner para continuar la tarea iniciada en el 2003. No habrá calumnia e injuria que se ahorren para desprestigiarlo y socavar, no su poder, sino el de la voluntad popular expresada en las elecciones del 2009. El 54% de los argentinos los elegimos por cuatro años para cumplir el programa que hoy estamos desplegando.
Los oscuros deseos de una oposición antinacional y antipopular, la barbarie impía de los que escriben comentarios en Clarín o La Nación tendrán que masticar, nuevamente, su derrota.
Y todos nosotros acompañaremos durante esta singular campaña electoral a una presidenta que se ha ganado el corazón de su pueblo y a la que le quedan dos años para conducir a la República por el camino de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.
Todos sabemos lo que tenemos que hacer en las elecciones de octubre: tapar con votos nacionales y populares el sonido y la furia oligárquicas.
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7 de octubre de 2013

14 de septiembre de 2013

El Peronismo


Clase del 28 de mayo 2013 del Seminario de Historia de los Movimientos Populares de América Latina en el Siglo XX
Instituto Nacional del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego
Hoy vamos a hablar de algo que para los argentinos es un tema de conversación casi cotidiano, un tema político que no escapa de ninguna conversación familiar de Año Nuevo o de Navidad.
Después de casi 60 años sigue dividiendo a la política argentina. Y para los que no son argentinos –salvo honrosas excepciones- es un arcano tan profundo como la Concepción Inmaculada de María o la Santísima Trinidad. Este tema es el peronismo.
El peronismo es un fenómeno propio de la Argentina, de las condiciones sociales y de la historia política que lo produjo, pero que debe ser inscripto como uno de los movimientos y quizás uno de los más característicos movimientos nacionales democráticos del mundo semi-colonial posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Esto para encuadrarlo en un sistema mundial con las características particulares y con las especificidades de la sociedad que lo vio nacer.
El peronismo se inscribe en los movimientos como el Titismo en Yugoslavia, como el movimiento nacional democrático de Sukarno en Indonesia, como el Nasserismo en Egipto. El peronismo es uno de esos movimientos consecuencia del final la Segunda Guerra Mundial y del reordenamiento imperialista colonial mundial que ello implicó y que aparecieron como una fuerza que estaba sumergida en la historia. Se trata de un movimiento nacional de liberación en un país libre, en cuanto a formalidades constitucionales, pero que, en términos económicos e incluso políticos, estaba sometido a los grandes centros imperialistas de poder. Debemos insertar este proceso nacional en el gran torrente de la historia contemporánea. Y las especificidades de nuestros fenómenos políticos no pueden ensombrecer su naturaleza y carácter históricos.
La Argentina Oligárquica
La Argentina hasta 1943 era un país carente de democracia política real. Las elecciones se determinaban por un trámite sumamente interesante creado por el Partido Conservador. Se llamaba fraude electoral. No importaba quien ganara, siempre iba a ganar el que decidía el poder político del país. El fraude abierto y descarado caracterizó todo el periodo de la Década Infame, desde 1930, con el derrocamiento de Yrigoyen, con la asunción de Justo y la participación decidida y activa de Julito Roca -hijo de Julio A. Roca- quien firma el tratado Roca- Runciman. Con ese tratado la Argentina pasa a ser parte virtual del Imperio Británico, como lo expresó el vicepresidente de Justo, Julio A. Roca, hijo.
La Argentina de la década del 30 era un país en donde la clase dominante concebía el destino de sus negocios como la venta de carne al Reino Unido y la importación de manufacturas extranjeras para satisfacer las necesidades de una élite muy pequeña en la estructura social. Era la época en donde los hilos de coser eran hilos Cadena ingleses, en donde absolutamente todo los productos de consumo eran de manufactura inglesa. Estos productos de importación eran pagados por nuestras exportaciones, básicamente de carnes, al Rreino Unido. Así era como vivía y lo que consumía esa clase dominante oligárquica de la Década Infame y un sector muy pequeño de la clase media del sistema oligárquico. Es el ideal que todavía hoy sueñan muchos críticos a nuestro sistema de industrialización o al intento de reinvertir el excedente del ingreso nacional en un proceso de industrialización. Esos sectores que aun sueñan en la Argentina en donde se tomaba champagne francés y donde los hilos Cadena eran los mejores del mundo.
Este es el mundo que entra en conflicto con la Segunda Guerra Mundial.
La 2° Guerra Mundial y la Argentina
El Reino Unido, a efectos de responder a las necesidades de la guerra, deja de pagar nuestras exportaciones y deja de enviar así sus manufacturas debido a que toda la economía inglesa está al servicio del esfuerzo de guerra.
Comienza así -de una manera subterránea, lenta- un proceso de sustitución de importaciones (ISI). En el Gran Buenos Aires, Avellaneda, Lanús, San Martín, comienzan a aparecer pequeños talleres que van remplazando los productos que hasta ese momento eran importados.
La guerra genera entonces un lento proceso de industrialización, casi imperceptible. El gobierno conservador de la Década Infame introduce un elemento que hasta entonces era una mala palabra en la política: la participación del Estado para orientar la economía. Para orientar la economía no en el sentido que hoy le damos, es decir para aumentar el consumo popular en el mercado interno, orientar las inversiones del excedente agrario, etc. Estamos hablando de la participación del Estado para orientar la economía en defensa de los privilegios de los sectores agro-exportadores que, por efecto de la guerra, habían entrado en crisis. Se crea así la Junta Nacional de Carnes, la Junta Nacional de Trigo, que tienen como finalidad controlar por parte del Estado las producciones claves a efectos de que la crisis mundial no perjudique a los sectores productores de esos artículos de exportación. Aparece así, paradójicamente, la planificación o la intervención estatal en la economía para defender los intereses de las clases dominantes.
Como había ocurrido en 1916, la guerra divide nuevamente a la sociedad argentina entre los sectores que quieren la participación de la Argentina del lado de los aliados y los que plantean la neutralidad de la Argentina frente al conflicto mundial. Se produce una novedad respecto a la Primer Guerra Mundial. Inglaterra, en realidad, no quiere que Argentina participe de la guerra, porque si esto sucede la provisión de alimentos a Inglaterra sería amenazada por los propios alemanes y considerarían a las cargas argentinas como agresivas a Alemania. Por lo tanto la provisión de alimentos iba a ser puesta en peligro. Estaban los sectores que por razones ideológicas querían participar del lado de los aliados, estaban los sectores del tradicional neutralismo de Yrigoyen y, por supuesto, estaban los sectores del nacionalismo oligárquico reaccionario e, incluso, de carácter fascista, que planteaban la neutralidad como una forma disfrazada de simpatía ideológica con los regímenes de Alemania y de Italia.
La revolución de 1943
Este debate en el seno de la sociedad actúa sobre los partidos políticos y sobre el Ejército de una manera importante y profunda. En 1943, se produce un nuevo golpe de Estado, un golpe de estado orientado en sus entrañas por militares nacionales, nacionalistas católicos, muchos simpatizantes de la Alemania nazi o de la Italia fascista. Estos militares voltean el gobierno conservador, haciéndose cargo del país y planteando una especie de nacionalismo económico, novedoso en la política argentina.
Esto produce un profundo desconcierto. Las medidas en el plano de la educación y la cultura del '43 dejan mucho que desear. Se impone la enseñanza religiosa en las escuelas, intervienen la universidad. Intentan, además, purificar la letra de los tangos prohibiendo que usen palabras del lunfardo. Pero detrás de este anacronismo ideológico había un programa de defensa nacional, de defensa económica nacional, de nacionalismo económico. Se crea la Flota Marítima del Estado para que los gastos de flete en las exportaciones quede en manos del Estado Nacional. Se crea la Superintendencia Nacional de Seguro, una especie de ente asegurador de las empresas de seguros, rompiendo así con los lazos aseguradores ingleses.
Sin embargo al pueblo llano le importaban poco estas medidas, lo que se veía era que había una política que defendía los precios, que sostenía los salarios. Mientras , por otro lado, las medidas del régimen eran objeto de disconformidad y de crítica por parte de los sectores tradicionales.
Bajo la superficie del golpe militar, hay un núcleo de militares que es un poco el orientador, el comité central de ese golpe. Este sector es el GOU, Grupo de Oficiales Unidos. Este sector está representado por diversos militares, algunos medios nazis, otros medios fascistas, otros clericales de sacristía y algunos otros que son nacionalistas. Lentamente comienza a destacarse la figura de un oscuro coronel. Este desconocido coronel en el momento del golpe pidió un cargo casi insignificante, la Dirección de Trabajo del Ministerio de Finanzas Públicas. Mientras que todos pedían la embajada en Roma, la presidencia de la Junta Nacional de Granos, éste hombre sólo pide una Dirección. La Dirección de Trabajo había sido una creación de la segunda presidencia de Julio Argentino Roca y de su ministro del Interior, que fue Joaquín V. González. La Dirección Nacional del Trabajo fue creada para llevar un control sobre el estado de la clase obrera, cuántos obreros había. Cómo se imaginan en esa época era meramente una oficina, una dirección sin mucho trabajo más que llevar un cierto control estadístico sobre la situación de la clase obrera. Es así como el Coronel comienza la tarea que tendrá efectos torrenciales sobre la política argentina. Empieza lentamente conectarse con los sindicatos, aquellos sindicatos de origen comunista, socialista, conectándose con nuevos dirigentes de la clase trabajadora cuya composición social es sustancialmente distinta a la de la clase obrera de los años 20. Es una clase obrera que no es de origen inmigratorio, de fuera del país, sino el resultado de la migración interna. Es una clase obrera que no participa de las tradiciones político-ideológicas de esa antigua clase obrera de la Semana Trágica en 1919. El Coronel Juan D. Perón empieza a tomar contacto con esos nuevos dirigentes, los impulsa a crear y consolidar nuevos sindicatos, a afiliar, a organizar más comisiones internas. Esta Dirección luego se transforma en Secretaría del Trabajo y Previsión y comienza incidir así en la organización sindical de esa nueva clase obrera. Una clase obrera, que como me referí en un principio, es fruto de este proceso incipiente de industrialización por sustitución de importaciones. Los talleres, esos pequeños industriales, han pasado a duplicar la cantidad de personal, muchos de sus dueños son antiguos trabajadores, obreros de origen italiano, centroeuropeo, obreros que han pasado a ser empresarios, empresarios que producen para el mercado interno. Es entonces así como el desarrollo industrial está atado a ese mercado interno capaz de consumir lo que se produce. Entre 1943 y 1944, la Argentina respira otro aire.
Los trabajadores poco a poco comienzan a ver en las fabricas que el Coronel Peron escucha sus reclamos. Empieza a circular en la provincia Buenos Aires y en el gran Buenos Aires que hay un coronel que responde a las demandas de los trabajadores, un coronel que favorece y defiende desde el estado los intereses de los trabajadores.
Mientras tanto esos sindicatos de nuevo cuño empiezan a esa desarrollarse. El establishment argentino ve con horror lo que está pasando. Un gobierno que mantiene la neutralidad en una guerra donde se dirimen, según ellos, el bien y el mal (siendo el mal Mussolini y el bien Churchill) es inaudito e intolerable. Comienza así una dura campaña periodística de movilización social contra un gobierno al que caracterizan como dictatorial de carácter fascista, en la que los partidos de izquierda (el Partido Socialista, el Partido Comunista) juegan un papel principal. Además el Partido Comunista está involucrado, por su dependencia ideológica de la Unión Soviética, a la alianza Stalin-Roosevelt que en estos momentos dirime el resultado de la Segunda Guerra Mundial. Es así como el gobierno militar es visto por los partidos de izquierda como la última instancia superviviente del nazismo que está siendo derrotado en los campos de Europa.
Spruille Braden
Todo esto hace crecer la agitación social, el ambiente político se caldea y como si esto fuera poco aparece un nuevo embajador norteamericano: Braden. Spruille Braden es demócrata. Los gobiernos demócratas han sido permanentemente los más hostiles a los movimientos nacionales latinoamericanos y, en particular, argentinos. Y esto no resulta extraño ya que la Argentina siempre tuvo encontronazos con el mercado estadounidense, cuestión por la cual los gobiernos nacionales argentinos nunca fueron de gran agrado para los Estados Unidos. Nosotros producimos lo mismo que produce Estados Unidos. Estados Unidos es un gran productor de trigo, un gran productor de carne al mercado mundial. Es así como Estados Unidos, su vicepresidente puntualmente, veían en Argentina una competencia muy fuerte para la producción agrícola norteamericana. Esta fue la base material del enfrentamiento entre el gobierno demócrata de EE.UU y su vicepresidente Wallace -representante de los farmers norteamericanos- y el gobierno de Perón. A punto tal que cuando vienen los republicanos que expresaban otros sectores sociales, vinculados a la industria norteamericana, la relación con Perón se suaviza. No por buenos, insisto, sino porque se pierde el enfrentamiento económico entre los sectores productores agrarios norteamericanos y nuestra producción agraria. Braden, además de ser el embajador norteamericano, tiene acciones en la Standard Oil que había tenido una gran influencia en la guerra del Chaco en la década del 30, además de poseer minas en Chile. Este hombre viene en una especie de misión para aplastar hasta la última cabeza de la hidra fascista que se había instalado en Argentina. David Kelly -un inteligente embajador inglés en esos años- describe, de forma hasta pintoresca y llena de chismeríos, esos años vistos desde la perspectiva de los intereses británicos y, puntualmente, la repercusión de Braden en Argentina.
Braden se pone a la cabeza de la oposición a la Junta Militar que gobierna la Argentina. La enorme presión grande culmina en los hechos que a continuación voy a narrar.
El primero es la llamada Marcha de la Libertad, organizada por el Partido Conservador, el Partido Comunista, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista y el Partido Radical. O sea todos. Fuera de eso el sentido común indicaba que no había más Argentina, era eso y después el precipicio. Esta marcha, convocada en plaza San Martín frente al Círculo Militar,. junta mucha gente, gente de “verdad”, la élite de Buenos Aires. Las mujeres de la oligarquía ganadera armaron una especie de picnic en la plaza, adonde su servidumbre les traían refrigerios para amainar el sacrificio. Era la manifestación más importante hasta entonces conocida, donde, además, estaba toda la dirigencia política conocida, con el embajador norteamericano a la cabeza.
La detención de Perón
El GOU entra en disputa, en crisis. El jefe del sector que quiere arreglar con el establishment es el General Ávalos, y la consigna de los “sectores caceroleros” (por asi llamarlos) es : toodo el poder a la Corte. La Corte ha sido y es, por ahora, último reservoreo del poder oligárquico de la Argentina. El Presidente de la Corte, entonces, era Juan Agustín Álvarez, un hombre muy anciano de 85-90 años. Había sido un intelectual del Centenario y había escrito un libro sobre los caudillos del interior. Un hombre que había intentado reflexionar sobre ese mundo del interior que para aquellos hombres de Buenos Aires seguía siendo un arcano, un misterio.
Y en el tira y afloje de esa situación, la Marina mete preso a Perón de quien, a partir de ese momento, se ignora su paradero. Es llevado a la Isla Martín García, produciendo una acefalia muy grande en el gobierno del Gral. Farrell asentado en el sector del Ejército que encabezaba y orientaba Juan Domingo Perón. Esta situación se manifiesta inmediatamente en los barrios, en las , cuando los trabajadores empiezan a notar que el patrón ya no respeta las reglas y los lineamientos que el mismo Perón había mandado a cumplir. Ante la desaparición de Perón, los patrones de las fábricas habían dado rienda suelta a su voracidad. Acá aparece la famosa respuesta “anda a cobrárselo a Perón”. Esto ocurre y se instala en en el sector patronal, que se enriquecía con el crecimiento del mercado interno, pero se oponía a todos los derechos que sus trabajadores habían obtenido, considerándolos el producto de la demagogia de Perón.
Comienza así una interesante conspiración en la que Perón hace creer que está enfermo, con la complicidad de un médico amigo, el dr. Romano. Desde Martín García, Perón alega estar enfermo y pide la asistencia del dr. Romano. Este informa a los marinos que lo tienen detenido que Perón está grave, con una afeccion al pulmón -mostrando una radiografía que pertenecía a un enfermo del pulmón- y que, por eso mismo, debe ser llevado urgentemente a Capital Federal.
Por otro lado, todos los sindicatos y aquellos dirigentes que habían estado en contacto permanente con Perón en la Secretaria de Trabajo y con el apoyo del jefe de la Policía Federal, el General Velazco, desde la CGT convocan a un paro para el 18 de Octubre.
El 17 de Octubre de 1945
De manera espontánea se ha producido una enorme agitación en los barrios, en las fábricas y el 17 de la mañana desde el conurbano porteño comienzan a salir trabajadores que empiezan a marchar hacia la Ciudad de Buenos Aires pidiendo que aparezca Perón, de quien no se sabe nada. Ante esto, la primera medida es la famosa frase “hay que levantar los puentes”, que unen Capital con Avellaneda, pero la presión es tan grande que no se logra efectivizar la maniobra. El ejército ha perdido su fuerza y está dividido. Hay un sector que responde a Ávalos y al stablishment político y económico y otro sector mayoritario que responde a los criterios de Perón.
Una vez tuve el placer de hacer un reportaje (con Jorge Coscia) sobre el 17 de Octubre a Mariano Grondona. Fue muy interesante. Nos respondió con una enorme sinceridad. Nos contó que el vivía en un petit hotel, como era la costumbre de las familias oligárquicas en aquel entonces. Estaba en la avenida Callao y Quintana. Un petit hotel en donde vivían los abuelos, los hijos y los nietos. Asi vivían todas las familias de la oligarquía porteña, como una especie de gran familia romana. Grondona comenta que ellos y su familia vieron llegar las columnas que venían por la calle Callao, y “sinceramente, a esa gente no la habíamos visto nunca” nos contaba. Y explica: “Imagínese que en esa época, nadie iba al banco sin saco, corbata y sombrero”. Y es así. En la década del 40 la gente iba a la Plaza de Mayo y se vestía como para ir a un casamiento. No existía esa cosa descontracturada que hoy tenemos. Ver esa multitud de hombres en manga de camisa, sin sombrero, con un pañuelito con las cuatro puntas atadas en nudo sobre la cabeza, esa gente era una sorpresa. En palabras de Grondona: “para nosotros esa gente era como esos cuadros de los descamisados de la Revolución Francesa, eso era para nosotros”.
Estas columnas se dirigen primero al hospital militar donde se creía o había rumores de que Perón estaba. De allí, del Hospital Militar, se vienen a Plaza de Mayo. Yo tuve la oportunidad , por suerte, de entrevistar a uno de los trabajadores que tiene los pies en la fuente, en la famosa foto del 17 de Octubre. Este hombre era Juancito Díaz, un trabajador de Aguas Gaseosas. Este hombre en ese entonces era un muchacho que venía caminando desde la zona de San Martin, imagínense ustedes los kilómetros. Juan estaba con su hermanito que era rengo, tenía un problema en una , y cuando llegaron a Plaza de Mayo el cansancio era feroz. No pudieron más y se sacaron los zapatos y los pusieron a remojarse en la fuente. Este espectáculo conmovió a la sociedad argentina de una manera extraordinaria y la conmoción que produjo perdura hasta nuestros días. Es decir, sigue siendo el paradigma de una manifestación popular en la Argentina.
El 17 de Octubre es la idea misma que el pueblo argentino tiene de él mismo expresándose en las calles. En ese entonces la plaza del 17 de Octubre habrá estado ocupada por 150 mil personas, según los expertos que hacen cálculos. Esta movilización generó una presión espectacular, básicamente sobre el Ejército. Este Ejército tiene dos alternativas. Dispara y disuelve esa manifestación o bien cede a la presión de esas masas y soluciona el tema haciendo aparecer al Gral Perón. La presión es tan grande que Farrell en una célebre escena de discusión con Ávalos, acepta y llama a Perón.
Aparece así Perón en el palco de la Casa de Gobierno. Se produce así el 17 de Octubre de 1945, fecha que cambia la historia de la Argentina.
Esa noche las clases dominantes tradicionales reciben uno de los golpes más feroces de la historia. Perón confirma el llamamiento a elecciones, organiza un partido usando algunas estructuras pre-existentes y se llevan a cabo las elecciones. La oposición a Perón, llamada Unión Democrática, lleva la formula Tamborini- Mosca. Y agrupaba a “toda la Argentina”, no había nadie que existiera hasta ese momento que estuviera fuera de la Unión Democrática. Y del otro lado no había nada. Había un coronel demagógico, había una mujer de “mala vida”, había un grupo de pseudo intelectuales fascistoides. Al final del escrutinio de las elecciones de 1946 se descubre que Perón ganó ampliamente y eso es un balde de agua fría sobre el sistema dominante de la Argentina, del que no pudo recuperarse hasta muchos años después, y no precisamente por vía electoral.
La naturaleza política y social del peronismo
El peronismo encarno una política social tendiente a consolidar una forma de capitalismo autónomo, no dependiente de los grandes centros de poder. Por lo tanto necesitaba de la justicia social para mantener y consolidar un mercado interno, mercado en donde se volcase la nueva producción de la burguesía industrial. Cuando Cristina pone la AUH es cierto está pensando en los pobres más explotados y más miserables de la Argentina, pero también hay que saber que está produciendo un mecanismo económico que es poner plata en la gente para que la gente compre. Es una pura operación económica. Y esa gente compra comida, ropa, zapatillas, que es lo que necesita. Esta es la idea central de la justicia sSocial en el movimiento peronista. Es un gran instrumento económico, no es solamente buen corazón y generosidad social, que lo es, sino que es también un gran instrumento económico. Además la tendencia de las clases dominantes de la sociedad argentina es mandar su excedente al exterior. Los únicos que no mandan la plata al exterior son los asalariados, los subsidiados, los que ganan poca plata. Entonces, la justicia social es el gran mecanismo económico de incentivo para generar ese capitalismo autónomo que se buscaba.
Hay que añadirle, también, una gran claridad político-ideológica de Perón y el peronismo respecto a la independencia de las potencias de la época, tanto de la potencia estadounidense como de la Unión Soviética. Y además hay un peculiar dato que planea Perón que es la integración estratégica con el Brasil.
Este nacionalismo económico es uno de los rasgos esenciales del peronismo: centrar toda la actividad económica, conducida y orientada por un Estado activo, para la consolidación de un capitalismo industrial autónomo. La participación tan decisiva del Estado en la actividad económica se debió a la debilidad orgánica de la burguesía nacional para acompañar el proceso de industrialización que Perón impulsaba. El papel de una burguesía activa y productiva debió cumplirlo el Ejército. El Ejercito cumplió, durante la década peronista, el papel que las burguesías cumplieron en los países centrales para crear y fortalecer la rama uno, la industria pesada. Por eso el Ejército se hace cargo de la siderurgia, de las fábricas de armas, de aviones, de autos. Esto va a acompañado de un proceso de nacionalización determinado y facilitado por los créditos que nuestra economía tenía sobre la economía inglesa como resultado de la guerra.
Durante la guerra nosotros exportamos carne, trigo, lana a Inglaterra y no nos pagaban ya que los recursos estaban destinados al esfuerzo bélico. Cuando termina la guerra Argentina tiene un enorme crédito a favor, es un país acreedor. La decisión de Perón es cobrarse los créditos de guerra nacionalizando los ferrocarriles, ya que tampoco era posible otro mecanismo. Este impulso que recibe la Argentina, que cambió la historia de la Argentina, comienza a aminorar cuando se producen las típicas crisis de desarrollo. Cuando hablamos de crisis de desarrollo nos estamos refiriendo al momento en el que el desarrollo productivo se detiene. Esto ocurre -generalmente- cuando el aumento de los es seguido por un aumento de los bienes producidos, generando así un efecto de inflación a lo que se suma una debilidad en el sector externo de la economía, ya que el propio proceso de industrialización requiere de importación de maquinarias. A esto, en los años 51-52, se le suma una muy mala cosecha y una sequía. Los que son más veteranos se acordarán de la época del pan negro, el pan de mijo. Todo esto comienza a producir una situación de cierta turbulencia en la política dando así alas a una oposición que hasta ese momento no estaba en escena ya que ésta era incapaz de generar un modelo alternativo al de Perón.
Analizar el papel de la Iglesia Católica es clave para entender el periodo peronista. El gobierno de Perón contó, desde el inicio, con el apoyo de la Iglesia Católica. La Iglesia había quedado vinculada al sistema político que había dominado en Italia durante los últimos 25 años, por lo tanto tenía una gran simpatía con el fascismo de Mussolini. En una especia de traspolación ideológica, la Iglesia veía en Perón un sistema político que se asimilaba al fascismo, coincidiendo con ello con el liberalismo oligárquico. Perón permitía este tipo de juego y dejaba que esto suceda ya que la influencia de la Iglesia en su contra podía convertirse en algo peligroso a la estabilidad de su gobierno. El claro ejemplo de esto es cuando se realiza el Congreso de Filosofía en Mendoza. Para la redacción de la Comunidad Organizada, que fue su aporte a dicho congreso, le pide un texto al Padre Hernán Benítez y otro texto a Carlos Astrada que era un marxista. Mantiene así un criterio homogéneo entre los distintos sectores y puede avanzar con el conjunto.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia lanza la democracia cristiana, alejándose del derrotado fascismo italiano. El lugar de la democracia cristiana en la Argentina lo ocupaba Perón. Ahí se inicia el conflicto de la Iglesia con el peronismo. Este conflicto es aprovechado por la fuerza de la reacción, influyendo en el Ejército, donde los sectores peronistas comienzan a perder el control. Se debilita el ala nacional popular del Ejercito y pasa ser preponderante el viejo ejército de la Década Infame, produciendo, así, el levantamiento de 1951 bajo el mando de un general radical, Benjamín Menéndez, y finalmente el bombardeo de 1955. El catolicismo se convierte en la fachada del golpe anti peronista con el símbolo de “cristo vence” en los aviones y naves de los golpistas.
El golpe de 1955 es la vuelta en escena de los sectores más reaccionarios, pro ingleses, pro imperialistas de la política Argentina. Pretenden – y no lo logran, pese a los esfuerzos- retrotraer el país a antes del 17 de Octubre de 1945, restaurando el viejo país agroexportador. A tal punto es así , en 1976, Martínez de Hoz declara que para terminar con el peronismo hay que cerrar las fábricas, ya que son productoras permanentes de obreros y hombres peronistas. Se crea así una crisis inevitable en el país. Sin industria, sin clase obrera bien paga, sin mercado interno, es imposible pensar un proceso similar al que encarnó el peronismo.
Los 10 años de gobierno peronista generaron tal avance que 25 años de dictaduras y proscripciones no pudieron desmontar. Todo el nuevo esfuerzo político- ideológico por impulsar un proceso de industrialización se remite irremediablemente a esos 10 años de , como fiel reflejo de la construcción de un país industrial, soberano y justo.

11 de septiembre de 2013

El Yrigoyenismo


Clase del 7 de mayo 2013 
Seminario de Historia de los Movimientos Populares de América Latina en el Siglo XX
Instituto Nacional del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego

Buenos noches, bienvenidos.

Antes de hablar del yrigoyenismo creo que es necesario hacer una breve síntesis sobre cómo era la Argentina de la primera década del siglo XX. No solamente como era en su composición, su estructura social en el momento culminante del país agro-exportador, de su incorporación como productor de materias primas al imperio británico y de la oligarquía ganadera como clase dominante de la Argentina y del Rio de la Plata. También quiero describir a ustedes cómo era la composición de las fuerzas políticas en la Argentina de 1900-1910. Análisis que es menos conocido, menos considerado en los distintos relatos históricos.

Significación del roquismo
En 1910 el partido políticamente dominante y de alguna manera determinante de todas las idas y venidas de la política argentina, creado por Julio Argentino Roca, fue el denominado Partido Autonomista Nacional, el PAN. Se incorporó a su seno a todos los autonomistas, viejos autonomistas federales del interior del país, más los sectores antimitristas de la provincia de Buenos Aires. Es el partido roquista, cuya presencia determinará todas las elecciones que van desde 1880 a 1910.

El 80 es un año decisivo en la historia argentina. Se federaliza la Ciudad de Buenos Aires y se nacionaliza la renta del puerto de Buenos Aires para el conjunto de las provincias. Es una fecha que representa una bisagra en la historia argentina, que pone fin a las guerras civiles del siglo XIX, guerras que estaban basadas centralmente en la renta del puerto de Buenos Aires que era el único ingreso importante que tenía el país y que era monopolizado por la provincia de Buenos Aires.

La caída de la Confederación Argentina de Paraná, el deterioro de las economías del interior, el deterioro e incapacidad de las provincias argentinas para enfrentar y dominar a la provincia de Buenos Aires estaban determinados por la enorme riqueza que esta poseía a merced del resto del país. Se federaliza la ciudad de Buenos Aires, se federaliza el puerto de Buenos Aires y entonces el conjunto del país puede por fin disfrutar de parte de las rentas generadas por ese puerto.

A partir de Roca, en 1880, aparece un protagonista político en la historia argentina que ha sido producto de una génesis que se inicia en los años 1870-1875: el Ejercito Nacional.

Este Ejercito Nacional que viene con Roca, es un ejército muy distinto al de las viejas montoneras federales, es un ejército muy distinto al de la Guardia Nacional porteña, puesto que, en primer lugar y por primera vez en la Argentina, existe una institución que conoce y tiene presencia en el conjunto del territorio nacional. Hasta la aparición del ejercito cada provincia, era una situación particular, en donde generalmente no existía ninguna institución -debido a la debilidad del Estado Nacional- cuyos miembros conociesen tanto a Salta, como a Mendoza, como a Entre Ríos, como Corrientes, como a la provincia de Buenos Aires. Los hombres formados en ese ejército (como se mencionó anteriormente, entre los años 1870-1875) son hombres provenientes de todas las provincias, hombres que por su tarea militar, por su profesión militar, van trasladándose de provincia en provincia según las necesidades. Tienen un conocimiento, no solo geográfico, sino también social y político de las distintas provincias, de las distintas roscas provinciales, de los distintos dirigentes de cada una de esas provincias. El Ejército Nacional se convierte en un nuevo factor político de la Argentina que no existía hasta ese momento. Hasta ese entonces los actores políticos eran las viejas clases patricias provinciales, la oligarquía porteña y no había nada como el Ejército como factor político.

Al frente de ese ejército se pone Julio A. Roca. Compuesto por militares de las diversas provincias es definido por la oligarquía porteña –en 1880- como los “chinos” de Roca, que revela su naturaleza “cabecita negra”, para decirlo en un vocabulario más contemporáneo.

El país que se inicia en 1880 alcanza su culminación en 1910, una fecha que coincide con el Centenario de la Revolución de Mayo. Es un país absolutamente distinto al de 30 o 40 años atrás. Si se hubiera despertado cualquier argentino, provinciano o porteño, muerto en 1865 no se hubiera imaginado que este país en el que se despertaba era el mismo en el cual se había muerto. Toda la sociedad había cambiado. La integración de la Argentina al mercado mundial como productora de materias primas agudizaba ese cambio.

Leopoldo Lugones le dedica una de sus Odas seculares, la “Oda a los ganados y a las mieses”. Es un canto poético a esa especie de tierra de promisión en que se ha convertido aquel país hirsuto, con hombres para quienes el único abrigo era un poncho y en lugar de pantalones usaban chiripa, tal como había sido el país hasta los años 60-70 del siglo XIX.

Detrás de Roca -y esto es algo que en general también se olvida- se ponen las viejas fuerzas del federalismo. Ese federalismo provinciano, que había sido derrotado y aplastado junto con el Chacho Peñaloza, con Felipe Varela, con López Jordán, que ha sido perseguido, reprimido hasta con asesinatos ordenados por Bartolomé Mitre y cometidos por los generales colorados uruguayos, encuentra en Roca y en ese Ejercito la posibilidad de acceder nuevamente al centro de la política argentina. Ese federalismo expresa en cierta medida a los viejos sectores patricios de las provincias del interior, vinculados por su pasado a la historia patria, a las guerras de la independencia, a las viejas economías anteriores a 1860, vinculadas por su proximidad a la costa del Pacífico .

El viejo patriciado de apellidos hispánicos, con poca vinculación con el proceso inmigratorio -que se radicaba centralmente en la Ciudad de Buenos Aires- ve que tras el ejército de Roca y la federación de la Ciudad de Buenos Aires y su puerto comienzan a expresarse sus intereses. La provincia de alguna manera participa del despliegue económico que genera nuestra integración al mercado mundial y de algunas de las decisiones políticas más importantes. Lo que quiero decir con esto es que Roca, de algún modo, es, a partir de 1875-1880 hasta 1910, la expresión del conjunto del país frente a la sobrevivencia muy importante del mitrismo en la provincia de Buenos Aires, en la Ciudad de Buenos Aires, y en alguna que otra provincia.
Este régimen que nace en 1880 cambia las características del país. Aparecen, primero a través de inversiones estatales, luego a partir de inversiones extranjeras, el ferrocarril y telégrafo que conectan al conjunto del país. Hay que ubicarse en el medio y en la época para entender la precariedad de los medios de comunicación de entonces, para comprender que estaba sucediendo en el país.

La inmigración
Por otra parte, han comenzado a llegar miles y miles de inmigrantes de todas partes del mundo. No me voy a detener en este punto, en la característica de los inmigrantes, pero lo que sí creo que hay que tener presente para entender el fenómeno que buscamos explicar es que, de golpe, un país que tenía 5 millones de habitantes se encuentra que 2 millones son extranjeros. Estos nuevos habitantes ignoran el pasado inmediato, lo que paso ayer en la historia argentina. Es decir, como si hoy llegaran argentinos a los que le preguntamos qué paso en el 2001 y no saben, no tienen la menor idea, cosa que hoy, con los medios de comunicación, sería difícil que suceda: nuestra crisis del 2001 y sus imágenes televisivas recorrieron el mundo. Imagínense un sirio-libanés, un italiano, un español, campesinos profundos que saben a duras penas leer y escribir a quien le preguntasen en 1895 que había ocurrido en la Batalla de los Corrales, ahí donde está la cancha de Huracán, y el Autódromo. Habían muerto 3.500 argentinos para doblegar la voluntad de la oligarquía porteña que se negaba a entregar las rentas de la aduana al conjunto del país.

Por primera vez se encuentran los criollos, los argentinos de vieja data por así decirlo, con culturas que son verdaderamente extrañas, colores, sabores, olores, vestidos que eran absolutamente desconocidos. Imagínense el impacto que le podía causar a una señora católica de Barrio Norte la aparición de un judío, ruso de Odessa, con sus largas barbas y rulos y su sombrero de piel. El impacto era absoluto. Hoy en día tenemos algunos sectores con problemas para aceptar a los bolivianos, imagínense lo que era esta imagen en la sociedad de entonces, considerando, además, una inmigración creciente, que cada año era mayor que el anterior. Si embargo es necesario mencionar que por lo menos un tercio de la inmigración que vino se volvió a su país de origen en estado de fracaso, por así decirlo. Eran inmigrantes que venían como última posibilidad de su vida a encontrar un destino mejor en el Rio de la Plata y después de dos, tres, cuatro años de intentarlo deciden volver al lugar de donde salieron. Quiero decir, esto tenía una carga de desazón y derrota personal que la teoría o el mito del país promisorio, que generaba riquezas y bienestar a todos los pueblos del mundo que quisieran habitar el suelo Argentino era, en gran parte, eso, un mito.

En 1910 podemos establecer un país que tiene estas características. En lo político, hay tres grandes fuerzas: una es el mitrismo con asiento en la Ciudad de Buenos Aires. Una fuerza que mantiene la misma mezquindad que había caracterizado al mitrismo de toda la vida. Es el núcleo más duro de la oligarquía comercial y terrateniente. El roquismo, por otra parte, donde Roca era su cabeza indiscutible, y que ha determinado la política Argentina en los últimos veinte o veinticinco años en estado de decadencia. La estrella de Julio Argentino comienza a eclipsarse y han aparecido hombres que discuten su hegemonía y su autoridad. Esto era evidente en dos figuras de la clase dominante de la época, donde no existía una idea de integración popular a la política, dos figuras que son Carlos Pellegrini y Roque Saenz Peña. Saenz Peña, un hombre enfrentado inicialmente al roquismo, de vieja raíz federal, y que ademas había participado en el partido de Adolfo Alsina, que fue el primero agrupamiento federal popular (por decirlo de alguna manera), después del triunfo de Pavón. Había participado allí -en el alsinismo- junto con otro hombre de su misma edad -la historia los volverá a encontrar muchos años después- que fue Hipólito Yrigoyen. Su origen político es del alsinismo antimitrista de la provincia de Buenos Aires. Estas dos figuras comienzan a cuestionar la conducción, la hegemonía de Roca. En Saenz Peña hay una resistencia muy fuerte frente a cualquier posibilidad de alianza con el mitrismo para debilitar o perjudicar a Roca. Saenz Peña se niega a lo largo de su vida a armar coaliciones con el mitrismo que tendiera a debilitar a Roca.

Hipólito Yrigoyen
Hay una tercera fuerza que es como los fantasmas, que no existen pero que los hay, los hay. Esta tercera fuerza dirigida por Hipólito Yrigoyen, un hombre que en una época de grandes oradores y grandes discurseadores se niega a hablar en público, no se le conoce discursos públicos en plazas. Ha ido ganando sobre la base de la conversación personal, uno por uno, a todos los viejos sectores federales de la provincia de Buenos Aires, del interior del país, sobre todo de Córdoba, Entre Ríos, que ha creado lo que podríamos llamar el primer partido político moderno de cuadros militantes. Todo esto bajo una sola consigna que constituye todo su programa, y cuando le preguntan por lo que entonces se llamaba un programa dice: “yo no estoy con programitas, tengo un solo lema: el voto secreto, universal y obligatorio”. Además, para evitar la corrupción de este gran sistema militante clandestino, conspirativo que ha armado, se niega rotundamente a participar de ninguna elección que no esté regida por el voto secreto, universal y obligatorio.

Un hombre de la época creo que fue, Pellegrini o alguno de ellos, decía que el sistema electoral argentino había ido mejorando desde 1880 aproximadamente. Se había pasado del voto cantado al voto venal, diciendo que por lo menos al tipo que vota hay que negociarle un precio, hay que comprarlo. Ya no viene y vota y si no lo hacés lo muelen a palos o va preso, sino que ahora hay que comprarlo. Con ironía o con cierto sarcasmo se manifestaba un progreso democrático ya que el voto, al ser pagado, requería una negociación previa. Cuánto cuesta tu voto, de qué manera yo consigo tu voto. En cuanto al lado negativo el voto venal ponía en evidencia la fabulosa corrupción del sistema. Entonces la consiga de Yrigoyen era el voto secreto universal y obligatorio. Para ello ha armado este asombroso y novedoso movimiento político basado en hombres que están iluminados y convencidos de que “la reparación de la ignominia del régimen falaz y descreído” –así hablaba Yrigoyen, es decir, hablaba en términos abstractos – seria corregido por el voto secreto, universal y obligatorio. Hasta tanto esto no se diera este hombre (Yrigoyen) no iba a participar de ninguna elección.

En la presidencia de Quintana se produce la Revolución de 1905. Es una revolución que sorprende por la magnitud del despliegue cívico militar. De repente en cada pueblo del país, en cada provincia, en cada capital de provincia aparecen altos oficiales militares del ejército y civiles en general (abogados de las clases medias patricias no ricas del interior del país) y el nuevo fenómeno del que hablábamos, los inmigrantes la primera generación de argentinos de apellidos italianos. La literatura conservadora, de la élite conservadora de la época, hacia gran hincapié en cuanto a su desprecio y prejuicio sobre los italianos por encimo del prejuicio sobre los judíos. Uno tiende a poner a los judíos como motivo de prejuicio central de esa clase, pero no era lo que ocurría en la Argentina de esos años. Los apellidos italianos producían una sonoridad que hasta daba gracia, su manera de hablar y sus rasgos esenciales habían convertido a los italianos en una especie de amenaza a nuestra identidad hispano-criolla, una forma de conspiración napolitana. En esa conspiración de 1905 que levanta al conjunto del país y que le cuesta mucho al gobierno de Quintana sofocar, aparecen condensados estos sectores. Los viejos federales del interior, una clase media de abogados, farmacéuticos, pequeños estancieros de provincia enfrentados con el régimen oligárquico de Buenos Aires puesto que no podían participar de la integración de este sector al mercado internacional, viendo a sus productos desplazados del puerto de Buenos Aires. Esa clase media, de origen federal, en donde hay apellidos como Elpidio Gonzalez -primer Vicepresidente de Hipólito Yrigoyen, y nieto de un federal de la época de Rosas e hijo de un federal que peleo con Felipe Varela en los 60’ del siglo XIX – y a quine la oligarquía porteña, los conservadores porteños ninguneaban como si fuera la nada social, un recién llegado a la Argentina. Esos sectores se expresan junto a esa clase media inmigrante. Son inmigrantes llegados con anterioridad, cuyos hijos de alguna manera han progresado en el comercio, en algún taller, que poco a poco fue creciendo. Conforman así un nuevo sector social. Sector social al cual, grupos o individualidades de las clases tradicionales consideran que es muy necesario de alguna manera integrarlos políticamente al país. La mera entrega de la libreta de enrolamiento o del servicio militar obligatorio no lo logra si no hay algo que además los haga sentirse parte de la historia que está sucediendo y esto, dentro de los partidos tradicionales, es decir de sus propios partidos, no es posible.

Quintana reprime violentamente el levantamiento de 1905. Mete preso a oficiales que han llegado a detener a José Figueroa Alcorta, vicepresidente de Quintana y enemistado con el mismo. En fin, tal como suele ocurrir con los vicepresidentes en la Argentina. Los revolucionario habían logrado detener al vicepresidente de la República, un hombre de las clases dominantes porteñas, de la oligarquía porteña: Figueroa Alcorta. Es el único hombre en la historia argentina que fue presidente del senado, presidente de la República y presidente de la Corte Suprema de Justicia. No simultáneamente sino a lo largo de su vida. Figueroa Alcorta toma en sus manos la negociación con los insurrectos y logra, contra la voluntad de Manuel Quintana que quiere fusilarlos al mejor estilo mitrista -partido con el que simpatizaba como buen agente inglés- que no los fusilen, pero no logra que los dejen en libertad.

Quintana muere un tiempo después, asumiendo así Figueroa Alcorta. Una de sus primeras medidas es declarar la amnistía de los jefes militares del ejército que estuvieron en la revolución de 1905.

El Ejército se hace radical
Me permito hacer una pequeña reflexión en donde Jauretche ha expresado con una enorme claridad. Creo saber que es en el libro de “El medio pelo en la Sociedad Argentina”. La oligarquía, la tradicional oligarquía argentina, los grandes terratenientes de la provincia de Buenos Aires desde 1890 hasta 1930 se caracterizaban por dos cosas. Primero una absoluta indiferencia y desprecio de la actividad política, estos grandes terratenientes no hacían política. Ellos se dedicaban a tirar manteca al techo. También dice Jauretche que tampoco le interesaba que sus hijos o gente de su propia clase social estuviesen en el ejército. Contados con los dedos de una mano han sido los miembros del ejército provenientes de las clases oligárquicas. Esto generó que las filas del ejército se fuesen llenando de yrigoyenistas. El ejército en 1912 –antes de las elecciones del 16- ya es un ejército yrigoyenista, que no responde a las estructuras sociales y políticas de la oligarquía dominante, sino a esta especie de “religión” (acuérdense ustedes que entre ellos se llamaban correligionario, esa especie de religión en donde cada uno de sus miembros es un correligionario) Esta es la lucha que Yrigoyen llamó contra “el régimen falaz y descreído”. Este era el modo, la estética de don Hipólito, y un poco la estética de la época propia de sustantivos abstractos. Los conservadores, los hijos literatos de los conservadores, que editaban el diario la Fronda contra el yrigoyenismo se burlaban de estos datos estilísticos de la prosa o de la retórica yrigoyenista.

El ejército comienza ahora a ser radical, yrigoyenista para ser más precisos. La constitución de la UCR se da a través de una gran pelea que Hipólito Yrigoyen tiene con su tío y par que fue Leandro Alem. Leandro Alem -del cual se llenan la boca los radicales de hoy- fue desplazado brutalmente por Hipólito Yrigoyen en la presidencia de la UCR por sus relaciones con el mitrismo. Después viene la pelea con los hombres de la provincia de Santa Fe encabezados por Lisandro de la Torre. Don Hipólito se va desprendiendo de esos sectores impregnados del viejo liberalismo mitrista. Nunca se oyó decir, hasta 1916, de boca del propio Yrigoyen, lo que pensaba, no se lo oyó revindicar a Rosas, al partido federal, a las montoneras federales, o atacar a la constitución del 53. Lo único que una vez dijo, antes de la creación de la UCR, en 1880, cuando es diputado provincial de Buenos Aires, ante la propuesta de Alem para sumarse a las filas del mitrismo fue: “Hacerme mitrista sería como hacerme brasilero”. Es el único momento en el que él revela su enfrentamiento conceptual y político con Mitre. Siempre decía lo que su interlocutor quería escuchar para sumarlo a lo que el llamaba “la causa contra el régimen falaz y descreído”.

Alrededor de la década del 70, abandona la política por unos años, para dedicarse a las actividades agropecuarias y poder formar una pequeña fortuna que le diera base a su actividad política. Su pequeña riqueza se reduce a unas hectáreas en San Luis que usa para la política. Lo hace no solo financiando los levantamientos, armando la infraestructura, la logística, la construcción -todo lo que un viejo conspirador se puede imaginar- sino que después gastó su fortuna en reparar y sostener a los perseguidos y perjudicados por los levantamientos que él mismo causaba: ponerle la plata a la mujer y a los hijos de aquel correligionario que se había refugiado en Uruguay, la señora del militar que estaba preso, etc. Y esto generó alrededor de él una especie de leyenda y de mito del hombre magno y magnánimo (llamado así por uno de sus admiradores). Arma así este movimiento que en 1905 muestra las uñas. Ante la indiferencia del partido socialista, cuya territorialidad es casi exclusiva de la ciudad de Buenos Aires y desprecia todo esto en nombre de lo que Juan B. Justo llama despectivamente “la política criolla”.

Me gustaría mencionar por ultimo lo que decía J. B Justo:

En tanto que los partidos pertenecientes a la clase dominante califica de violentos nuestro derecho de huelga (propia represión del estado de sitio declarado por Quintana en 1905) reprimiéndolo ilegalmente y coartándolo con los procedimientos más arbitrarios, ellos practican -como los prueban los recientes sucesos- los más reprobables sistemas de violencia. En consecuencia invitamos a la clase trabajadora a mantenerse alejada de estas rencillas partidistas, provocada por la ambiciosa sed de mando y las mezquinas ambiciones que alegando a su contingencia moral y personal a la obra desmoralizadora que ellos realizan, fortificando y consolidando su organización gremial y política con el objeto de obtener su más próxima eliminación”.

La República Oligárquica llega a su fin
Llegamos al gobierno de Figueroa Alcorta. El Centenario es, por otra parte, la apoteosis del régimen oligárquico con la visita de la Infanta Isabel a las festividades de la Semana de Mayo. Consideren ustedes que este momento constituye, de alguna manera, el momento más alto, del proceso de atomización en pequeños países de lo que fuera la heredad iberoamericana. Es el momento en que cada uno de estos países considera que ha llegado a la construcción de su nacionalidad.

El centenario de 1910 el centenario es el momento culminante de la dispersión latinoamericana. La visita de la Infanta Isabel significaba para el esquema inaugurado a partir de 1860 la consolidación y el reconocimiento de la Madre Patria de la nación argentina por parte de España, representada por esta señora. Un momento culminante en donde la Argentina se considera una nación de la misma magnitud que, por ejemplo, Alemania, Suecia, Japón.

En cuanto al mito de la promoción y el mito de la riqueza generada por la integración de Argentina al mercado mundial es revelado, de manera extraordinaria, por el famoso informe de Bialet Massé. Es un documento verdaderamente extraordinario, de una modernidad en su método y conclusiones digna de cualquier escuela de sociólogía moderna, y pone en negro sobre blanco el verdadero estado en el interior del país que era verdaderamente vergonzoso. El informe explica el proceso de destrucción de las estructuras familiares y sociales en las familias del interior lo que género una especie de proletariado sin trabajo, que primero se instala en la periferia de las ciudades, y luego termina emigrando a los centros urbanos mayores. Bialet Massé hace esto por encargo del presidente Julio Argentino Roca, y de su ministro, el intelectual riojano, Joaquín V. González, unos años antes del Centenario.

En cuanto a la cuestión social, el gobierno reprime al movimiento obrero, y sucede el famoso Primero de Mayo cuando la policía reprime, en la ciudad de Buenos Aires, de una manera brutal el acto obrero y que, como consecuencia de ello, genera el posterior asesinato de Ramón Falcón por el anarquista Simón Radowitzky.

Además de esto, el gobierno de Figueroa Alcorta, en medio del régimen agroexportador, tiene algunas medidas de significación, como las que toma tras el posterior descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia. La inmediata decisión del gobierno es poner bajo jurisdicción del estado varios kilómetros alrededor de Comodoro Rivadavia y que sea así solo el Estado el que pueda estudiar y explotar los yacimientos petrolíferos. Al poco tiempo se comienza a reemplazar, como generador de energía, al carbón inglés que se importaba. El gobierno llega a su fin. Comienzan así las discusiones sobre su sucesión. Aparece como figura única la candidatura de Roque Saenz Peña, quien es elegido presidente de la República.

Toda su candidatura, establecida con el apoyo de Figuera Alcorta y de Carlos Pellegrini, tiene como finalidad exclusiva la sanción de la Ley Saenz Peña (1912) que establece el voto universal, secreto y obligatorio. El sector más lúcido de esa oligarquía, de la belle epoque argentina, el que ve con mayor profundidad los fenómenos sociales y políticos producidos en el país, percibe el peligro que significa una creciente población inmigrante europea extranjera sin ningún tipo de integración política, sumada a la presión del creciente pobrerío del interior del país. Encuentran así en la integración electoral el modo de darle una válvula de escape a esa presión que amenaza de raíz a la República oligárquica. Con la sanción de la ley – conversada con el propio Hipólito Yrigoyen, viejo amigo de Saez Peña desde los tiempos del alsinismo- las elecciones de 1916 son ganadas, con una amplia mayoría, por Hipólito Yrigoyen. La magnitud de lo que significó el triunfo de Yrigoyen en 1916 es para los ojos actuales lo más difícil de establecer. Fue lo más parecido a un giro copernicano de la situación social y política del país. Quizás si se imaginan ustedes lo que fue el 17 de octubre del 45, podrán entrever lo que fue la asunción de Yrigoyen en 1916. Apareció en escena un protagonista político, el demos, el pueblo común y silvestre que nunca había participado en la política de esta manera. El presidente de la Cámara de Senadores presidía las sesiones nocturnas del senado de smoking, tal como era la costumbre en la cámara de los lores inglesa y era la costumbre que esa clase social había aceptado para Argentina: una exageración de los buenos estilos típica del parvenu . La asunción de Yrigoyen puso en la calle a decena de miles de personas de pañuelo al cuello, que no conocían la corbata. Introdujo en la Casa Rosada todo el sistema de punteros de comité, de hombres que debían su prestigio y su voto a los favores por una cama de hospital, por una patente de carro, etc. Esto era desconocido para la vieja oligarquía, que si bien poseía un sistema clientelar, éste no aparecía en el centro del poder político. Era solo visto en los suburbios o en los barrios. Este sistema clientelístico en el radicalismo ocupa el centro de la política argentina y esto es visto por la vieja oligarquía como algo horroroso.

Don Hipólito se convierte en el hombre más amado de la Argentina en toda su historia. De pronto, en una república con más habitantes, con mayor complejidad social, donde hay, en Buenos Aires, una incipiente clase obrera, aparece una incipiente clase media profesional que se expresa a través del caudillo Yrigoyen. Este hombre adquiere una popularidad extraordinaria, casi religiosa. Pero a su vez, los epítetos con los que lo llamó la oligarquía a Yrigoyen son innumerables. El sistema oligárquico odió a Yrigoyen con un odio casi comparable con el que esta misma clase le tuvo a Perón y a Evita.

Lo que, de alguna manera, Yrigoyen intentaba era democratizar la renta agraria. Lo que intentaba era repartir un poco en el pobrerío esa extraordinaria renta agraria. Salvando la distancia -toda comparación es odiosa- es necesario observar lo que está pasando con Venezuela, ver las dificultades políticas que ofrece la reconversión de una economía petrolera. La principal tarea de Chávez cuando llega al gobierno fue la democratización de la renta petrolera. Busca que los ingresos producidos por el petróleo -cuyo precio internacional, además, se encarga de aumentar- no queden en manos de una burguesía compradora parásita e inútil, sino convertirlo en hospitales, médicos, escuelas. Lo que se llaman, en Venezuela, las misiones. y mejorando así las condiciones de vida de los venezolanos.

Yrigoyen tiene un impedimento de origen político e ideológico en avanzar sobre un programa que vaya más allá de esa distribución social de la renta agraria. Él es un productor rural de la pampa húmeda y no ve la posibilidad de invertir la renta agraria en un proceso de industrialización. Repartamos la renta agraria, propone, y lo hace mediante el cargo, el cargo público. Comienza a generar cargos que comienzan a solucionar problemas concretos individuales de miles y miles de pobres del interior, de la ciudad de Buenos Aires y de la Provincia. Lo hace mediante la generación de cargos públicos o del subsidio directo. Este proceso de democratización es visto con el mismo horror que hoy ven los sojeros que les entreguemos subsidios a las madres solteras.

Reaparecen en el radicalismo algunas tradiciones del viejo país federal. En primer lugar, y de manera evidente, reaparece en Yrigoyen el americanismo. Yrigoyen se expresa contra la doctrina Monroe. Esta resistencia a los intentos imperialistas en el continente fue recibida con enorme satisfacción por los sectores más patrióticos y latinoamericanistas de muchos países. La política de Yrigoyen fue esencial para la neutralidad de Argentina en la Primera Guerra Mundial. Las embajadas europeas, Inglaterra y Francia, y la oligarquía tradicional argentina ejercieron una presión muy fuerte para que Yrigoyen tomara postura frente a la guerra. Pero fue algo que Yrigoyen no cedió.

Conjuntamente con la distribución de la renta agraria esboza ciertas concesiones. Pese a la dura represión de la Semana Trágica de 1919, Yrigoyen no deja de encontrar políticas de integración a los sectores obreros en la política nacional. Las contradicciones del mundo industrial eran una especie de misterio para un país que no conocía exactamente cómo eran las sociedades industriales. Con la aparición de la industria, la actividad social empezó a observarse de otra manera. Las medidas tomadas por el gobierno de Yrigoyen, las propuestas de los diputados yrigoyenistas aportaron muchas mejoras para la clase trabajadora, votando conjuntamente con socialistas, pese a no compartir algunas de las propuestas por ellos sostenidas.

El yrigoyenismo fue el primer movimiento popular, el primer movimiento de masas que tuvo la Argentina en el siglo XX. Sin el yrigoyenismo es imposible comprender la Reforma Universitaria que pudo desarrollarse gracias a la presencia en el poder de don Hipólito.