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2 de agosto de 2016

Raimundo Ongaro, el proletario de la Patria Liberada

Fui a despedir a uno de los hijos más preclaros del proletariado argentino. Fui a despedir a Raimundo Ongaro.

En el año 1968, hace casi cinco décadas, me acerqué como estudiante de derecho de la Universidad Católica Argentina a la Federación Gráfica Bonaerense, a ese primer piso, donde hoy fue velado, para formar parte de los miles de estudiantes que la convocatoria de Raimundo Ongaro y de la CGT de los Argentinos había formulado para acercarnos al mundo desconocido de la clase obrera y el movimiento sindical.

En ese mismo salón lo conocí a él, a Atilio Santillán, a Benito Romano (dirigentes legendarios de la FOTIA), a Pancho Gaitán -al que hoy volví a abrazar emocionado-, a Ricardo de Luca, a Alfredo Ferraresi y a toda esa generación de dirigentes obreros, de gremios pequeños y medianos, que nos habían llamado para luchar contra la dictadura de Onganía y Krieger Vassena.

En ese mismo salón que hoy atronó de aplausos de adiós y de gracias al longevo gigante que partía, conocí a Rodolfo Walsh y a Pajarito García Lupo, los redactores del mítico periódico de la CGT de los Argentinos. Ahí tomé contacto, por primera vez, con unos compañeros que repartían el periódico Lucha Obrera, del Partido Socialista de la Izquierda Nacional. Sus nombres aún me acompañan: Horacio Cesarini, Roberto Vera, Rodolfo Balmaceda. Y ese encuentro con ellos determinó toda mi vida adulta. Ahí me asumí como un hombre de la Izquierda Nacional, definición que aún me acompaña.

La presencia de Cristina Fernández de Kirchner, esta mañana, en ese mismo salón, puso un lazo entre aquellos años juveniles, aquellas luchas en las que fuimos tantas veces derrotados, y los últimos doce años, en los que muchos de esos ideales que llenaban esa casa de sueños y aspiraciones, se vieron realizados como políticas de Estado.

Ese mismo salón estaba hoy tan repleto de gente como lo estaba entonces, y muchos, pero muchos de ellos éramos los mismos, como yo, más grandes, con más golpes y cicatrices, más experimentados y, quizás, más sabios, pero con la misma confianza en la la victoria final de las banderas de la Patria y los trabajadores. Despedíamos a uno de los mejores, a un obrero de viejo cuño, de aquellos obreros que leían a Dostoyevsky en la linotipo mientras componían las galeras, de cuyas manos y de su artesanal capacidad salían libros, periódicos de combate, volantes insurreccionales y llamamientos a aplastar al monstruo burgués. Despedíamos a un hombre con una vida cruzada por la lucha, por el enfrentamiento último y decisivo entre explotadores y explotados, lucha en la que había perdido todo o casi todo, menos el diamante resplandeciente de su voluntad y su compromiso con sus hermanos de destino.

Con Raimundo Ongaro se ha ido una parte riquísima de la historia de la clase obrera argentina, de la columna vertebral del peronismo, de la que saldrá a la calle con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes, como rezaba su consigna convertida en banderola, en cuadros de Carpani, en cánticos callejeros, en piedras contra la opresión del país de la oligarquía y el imperialismo.
Hoy volvimos a encontrarnos, como digo, muchos de los que llenábamos ese salón donde despedimos al gigante. Pero también encontramos a muchos, muchos más que habían nacido veinte, treinta años después de esos días y que, sin embargo, volvían a dar sus votos por la misma lucha que encabezó de modo ejemplar el inolvidable Raimundo Ongaro. Solo la muerte inevitable pudo vencerlo. Pero el milagro de la vida se extendía en los miles de jóvenes, hombres y mujeres, que hoy también le dieron el adiós al dirigente sin par.


Buenos Aires, 2 de agosto de 2016

14 de julio de 2013

La Patria Grande y nuestras Fuerzas Armadas


La voluntad presidencial
de consolidar dos grandes desafíos

Durante las últimas semanas Cristina Fernández de Kirchner, por un lado ha ratificado su permanente compromiso con la causa de la integración latinoamericana, y, por el otro, ha enunciado medidas destinadas a reintegrar a las FF.AA. a las políticas de Estado dirigidas a la industrialización del país.
La reunión de la UNASUR, en Cochabamba, y la posterior reunión del Mercosur, en Montevideo, sirvieron para ratificar la profunda unidad y coincidencias estratégicas entre los gobiernos de la región, frente a la insólita  y descabellada provocación a la que fue sometido el continente, en la persona del presidente de Bolivia Evo Morales.
Hemos sostenido que el incidente respecto al vuelo del avión presidencial boliviano ha establecido un antes y un después en la historia de las relaciones entre América Latina y Europa. La violación flagrante de todos los códigos diplomáticos propios de los países civilizados, la amenaza a la integridad física del presidente Morales y la ruptura culpable del derecho al asilo político, un instituto que nuestro continente ha levantado como bandera, recibieron una condigna respuesta de nuestros presidentes e, incluso, de un organismo caracterizado por la permanente presión norteamericana como la OEA. Los gobiernos de Francia, España, Portugal y Austria se convirtieron en meros instrumentos de una llamada “operación de inteligencia” tendiente, supuestamente, a impedir el viaje de un ex agente que había denunciado el espionaje norteamericano sobre esos propios gobiernos europeos. La crisis del sistema capitalista impuesto a partir de los años '70, con la hegemonía del capital financiero y el neoliberalismo del Consenso de Washington, ha arrollado las viejas conquistas del “estado de bienestar” con el que Europa pretendía publicitar su superioridad ante el sistema soviético y ha puesto punto final a los pujos terceristas que la unidad europea intentó expresar en vida de Charles de Gaulle.
No sería de extrañar que, detrás de este insensato incidente, se escondan las intenciones agresivas del imperialismo norteamericano contra las conquistas alcanzadas por los latinoamericanos en los últimos lustros. La unidad y contundencia de la respuesta de la región es, por ahora, un freno importante a tales intrigas.
FF.AA y producción
El nombramiento de Agustín Rossi al frente del ministerio de Defensa hizo pensar en novedades respecto a la política presidencial para las FF.AA. Un ministro con un perfil políticamente tan marcado no podía implicar una designación circunstancial. Inmediatamente a ello, la propia presidenta expresó, en distintas ocasiones su voluntad de que este instrumento casi definitorio del estado nacional tuviera un papel en el proyecto de recuperación y reindustrialización del país.
El nefasto papel cumplido por los altos mandos militares, de todas las armas, durante la dictadura cívico militar de 1976 expuso a las FF.AA. a un merecido enjuiciamiento por parte del Estado y de la opinión pública. Los juicios por violación a los DD.HH restablecieron, y continúan haciéndolo, la justicia sobre los uniformados que violaron el principio sanmartiniano de no derramar sangre de hermanos y entregaron el país a la voracidad imperialista.
Pero era y es necesario tener unas FF.AA. al servicio de las grandes políticas nacionales. La unidad latinoamericana y la reindustrialización del país son los dos pilares de esas políticas y la decisión presidencial es incorporarlas a esos objetivos estratégicos.
Para ello será necesario modificar los programas de estudio de los colegios y escuelas militares. Desterrar de esa enseñanza el mitrismo que ha dado forma al pensamiento cipayo castrense en la Argentina. Incorporar a la misma la interpretación de nuestra historia que surge de los grandes movimientos populares del siglo XIX y XX, desempolvar al San Martín inodoro, incoloro e insípido forjado por Mitre para reemplazarlo por el firme y claro político del Acta de Rancagua, por el gobernador de Cuyo que no vaciló en expropiar las pertenencias de las familias pudientes para construir su ejército libertador, aunque la leyenda mitrista llame a ello “la donación de las damas mendocinas”.
Ha habido, es digno de destacar, una política dirigida a integrar a las carreras de oficiales a jóvenes -hombres y mujeres- provenientes del interior del país y de familias de menores recursos. Eso ha cambiado la composición de los cuadros. Se hace necesario que organismos creados por la presidenta, como el Instituto Nacional del Revisionismo Histórico Argentino e Iberamericano Manuel Dorrego, participen en la formulación de los programas de estudio y en la enseñanza de los futuros oficiales de  unas FF.AA. destinadas a la defensa, ya no del país, sino de Suramérica, cuyas riquezas naturales y las políticas independientes y soberanas del último decenio la han puesto en la mira de los intereses imperialistas, como lo ha demostrado el incidente con el presidente Evo Morales.

21 de agosto de 2012

Pedro Godoy, el amigo chileno de los argentinos

Pedro Godoy, el amigo chileno de los argentinos

Parece ser, según he escuchado aquí, en Santiago de Chile, que hace unos años Alberto Methol Ferré le dijo a Pedro Godoy, mi amigo y compañero de este lado del Ande, lo siguiente:
- Pedro, imagínese un gran bol lleno de leche, blanca, inmaculada, y una mosca, negra y ominosa, flotando en el medio. ¿Se lo imaginó? Bueno, esa mosca es usted aquí, en Chile.

Y esa es la más cruda descripción que se puede hacer de Pedro. Desde hace más de cincuenta años se ha dedicado a explicar, defender, sostener ante sus demasiadas veces sordos compatriotas, la necesidad de la integración de Chile al contexto latinoamericano, el estrechamiento de sus relaciones con la Argentina y la solución definitiva de su absurdo y decimonónico conflicto limítrofe con Bolivia -tema este que ha impedido durante todo el siglo XX y lo que va del nuevo que el país altiplánico tenga una salida al mar. 

Ha sido un admirador del peronismo en un país que, por derecha e izquierda, condenó al movimiento que no entendía. Se enfrentó, en años mozos, con la dirección del partido comunista que no comprendía estos pujos continentales. Discutió con la Unidad Popular cuando el dogmatismo y el sectarismo minaban la política de Salvador Allende. Y sufrió los embates del golpe proimperialista de 1973. Todo ello no le ha impedido sostener que el dictador Pinochet no fue derrotado por las fuerzas populares, sino por los EE.UU., que consideraron peligrosa su continuidad y que el actual sistema político chileno es producto de una brutal derrota popular y no de una victoria. 

Pedro tiene una juventud eterna. Está atravesado por su pasión latinoamericanista y dedica cada minuto de su vida, de su actividad docente e intelectual, a esa pasión. Es uno de esos inoxidables, insumergibles que, bajo cualquier circunstancia, cualquiera sean las condiciones políticas de su país, ha dado una batalla política e intelectual para que la patria de O'Higgins abandone su secular y reaccionario aislamiento, esa actitud de isleños que describía con genio Methol Ferré. Este chileno de pura cepa, enjuto, decidor, pletórico de refranes cervantinos, se levanta cada día, desde su viaje iniciático a Buenos Aires en los inicios de los '60, pensando cómo puede conmover la conciencia y el espíritu de su compatriotas, como los puede provocar para correrlos de cien años de ideología portalina y disolver el arraigado mito del Chile amenazado por argentinos, peruanos y bolivianos que todavía es doctrina en los estados mayores de su país y, lo que es aún peor, en su dirigencia política. Y con ese objetivo en su conciencia escribe infinidad de folletos, cartas a los grandes diarios de Santiago y de las distintas regiones de su país, genera discípulos en su concepción latinoamericanista, recibe a sus amigos argentinos y bolivianos en su vieja y enorme casa, les ofrece lo mejor que Chile tiene para comer y beber y los obliga -en obligación que se convierte en placentera- a contar, a explicar, a informar sobre lo que pasa más allá de esa gigantesca muralla en que la oligarquía histórica de su país ha convertido a la hermosa Cordillera de los Andes. 

Es admirable Pedro Godoy. En una sociedad clasista, racista y cipaya como es la chilena, en la que la Concertación y la llamada derecha han desplegado los peores aspectos de la herencia de Diego Portales, el frío y calculador almacenero chileno del siglo XIX, este chileno de pura cepa ha logrado mantener viva la llama que iluminó a O'Higgins, la lucidez continental de Francisco Bilbao y la solidaridad con la Bolivia invadida, violada y sometida en la guerra del Pacífico.

Mi anfitrión, el hombre que me presenta gente y amigos en tierra chilena, es, entonces, un héroe de los de nuevo tipo. De esos que, sin someterse, aguantaron con los dientes apretados los terribles años de la reacción momia, mantuvieron, no obstante, sus ideales integracionistas, y han llegado a la nueva época con la espalda erguida y mucho que aportar a las nuevas generaciones.

El profesor Pedro Godoy Perrin es ya un patriota suramericano de estos nuevos tiempos de integración y Patria Grande. 

Es una gloria que pueda ver la época que se avecina.

Santiago de Chile, 21 de agosto de 2012

16 de agosto de 2011

La Corriente Causa Popular

saluda el triunfo de Cristina

Si los candidatos presidenciales de la oposición se embriagan con el festejo de los estrepitosos fracasos kirchneristas en la Capital, Santa Fe y Córdoba, es muy probable que dentro de apenas 20 días se despierten con la resaca implacable de una derrota propia. (Martín Rodríguez Yebra, La Nación, 26 de Julio de 2011)

Los 10.363.319 votos logrados por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner son el testimonio irrefutable del apoyo obtenido por las políticas iniciadas en el año 2003. El pueblo se ha manifestado, con un grado de participación que los monopolios mediáticos habían puesto en duda, por la continuidad y profundización de esas políticas y ha habilitado el camino para la reelección de Cristina.

En la jornada de ayer, el voto popular pasó a retiro a las figuras más preclaras del nefasto neoliberalismo de los noventa y a muchos neoliberales trasvestidos. Sólo bastó que la televisión mostrara el comando electoral del duhaldismo para ver cuántos responsables de la liquidación de nuestra economía industrial y de la desocupación consecuente han sido sepultados por el torrente de votos a Cristina. Desde el propio Eduardo Duhalde hasta el galante Martín Redrado, desde el opaco Eduardo Amadeo hasta el locuaz Alberto Fernández, deberán, después de esta primaria, refugiarse en la tibieza de las pantuflas, en los juegos con los nietos o, quien lo prefiera, en la pantalla de supuestos romances mediáticos. Pero la actividad política como expresión de los deseos populares les ha sido vedada por la expresión de esos mismos deseos.


La íntegra señora Graciela Ocaña ha terminado sus días en la política en la poco honrosa compañía de Francisco de Narváez y Javier González Fraga, mientras Pino Solanas se aleja cansinamente hacia la inexorable entropía y la digna profesora impulsada por él a una imposible candidatura presidencial queda fuera de las elecciones.

El "cordobesismo" de José Manuel de la Sota quedó reducido a un 4 o 5 % del electorado cordobés y el socialismo santafesino no pudo ganar el primer puesto ni siquiera en su provincia.
El PRO, el sector más conservador y explícitamente liberal de la política argentina, carece de candidato presidencial, mientras su jefe Mauricio Macri saluda a la presidenta vestido en bermudas desde un crucero en el Mediterráneo.

La otrora altiva Mesa de Enlace -el grupo de empresarios rurales encabezado por la Sociedad Rural- ha desaparecido de la escena y sus miembros son incapaces de ganar ni siquiera en el barrio donde viven.

Por su parte, la infantería del periodísmo mercenario, encabezada por Grondona, Morales Solá, Nelson Castro y congéneres, luego de haber inflado a sus candidatos brindándoles toda su logística de combate en los titulares de los diarios y los zócalos televisivos, al ver el resultado electoral, los declara ineptos y perimidos, sometiéndolos a una segunda muerte. Vale simplemente recordarles que “cuando uno se arrastra como gusano, no tiene derecho a quejarse cuando lo pisan”.

Este es el cuadro que, a grandes rasgos, ha determinado el resultado electoral de ayer. Despejadas las dudas, disueltas las operaciones provocativas de la prensa monopólica, los argentinos marchamos hacia las elecciones de octubre con la seguridad de contar con una candidata presidencial que cuenta hoy con más del 50 % del electorado y que, generosa y patrióticamente, ha llamado a los argentinos a estrechar filas , frente a los nubarrones que oscurecen el panorama económico internacional.

La Corriente Causa Popular saluda con alegría y entusiasmo este gran triunfo. Por primera vez el proyecto nacional y popular logrará gobernar por más de diez años.

Buenos Aires, 16 de agosto de 2011


MESA NACIONAL de la
CORRIENTE CAUSA POPULAR

Luis Gargiulo (Necochea), Julio Fernández Baraibar (Cap. Fed.), Eduardo Fossati (Cap. Fed.), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral. Roca), Eduardo Gonzalez (Córdoba), Ismael Daona (Tucumán), Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Córdoba), Liliana Chourrout (GBA), Oscar Alvarado (Azul); Ricardo Vallejos (Cap. Fed.), Elio Salcedo (San Juan), Alfredo Cafferata (Mendoza), Rolando Mermet (Cap. Fed.) y Horacio Cesarini (GBA).

Agrupación Arturo Jauretche - Jujuy