Hoy se cumplen 30 años de la puesta en marcha, en Formosa, del PAIPPA, el programa que le cambió la vida al pequeño campesinado y a la provincia.
Esto escribimos hace unos años.
Esto escribimos hace unos años.
“El crecimiento armónico y equilibrado de las partes es indudablemente el único camino para la realización del todo. Del mismo modo, podemos afirmar que la realización de las provincias es el único camino para realizarnos como Nación”.
Gildo Insfrán
En la Asamblea Nacional Constituyente, dos años antes, el ahora gobernador Gildo Insfrán había sostenido ese punto de vista doctrinario. Había llegado el momento de poner en práctica esas ideas. Carlos Menem había sido ratificado en su cargo y el país se deslizaba en la pendiente del uno a uno. En ese momento, en el año 1996, Formosa lanzó el PAIPPA, Programa de Acción Integral para el Pequeño Productor Agropecuario.
Se trataba de un programa de asistencia para agricultores minifundistas, todos ellos, en ese momento, por debajo de la línea de pobreza. La propiedad de la tierra en la que habían estado trabajando desde siempre fue la primera de las condiciones que se necesitó asegurar.
Manuel Rodríguez quien, desde la oficina de tierras, venía regularizando los títulos de todos esos pequeños productores, recuerda aquellos años:
“El PAIPPA se largó en General Belgrano. Eso fue una idea que Gildo la fue armando y que la hablamos mucho, con cada uno. Gildo viene de una colonia de pequeños productores, él conoce, él en su profesión de veterinario, trabajó con esa gente”.
“El PAIPPA, tal como Gildo, lo concibió, es un Programa de Gobierno. Yo quería que el PAIPPA dependa de un Ministerio. Y Gildo me dijo: 'No Manuel, el PAIPPA, tiene que ser autónomo'. Yo, que venía de luchar en las Ligas Agrarias en los años 60, le observé: 'pero, entonces, vos le estás dejando el Ministerio a los medianos y los grandes productores'. Y Gildo me respondió: 'Manuel, es que los pequeños tienen que trabajar coordinado y eso es lo que cuesta'. Fui jefe en el PAIPPA y Gildo decía: 'ustedes que saben distribuir, bueno ahí está'”.
El PAIPPA es un programa de producción para autoconsumo, primero, y con posibilidades de mercado, más adelante, planificado para agricultores minifundistas. La primera etapa abarcó a unas 8.000 familias, con asistencia crediticia, técnica, cobertura alimentaria, de salud y vivienda en la chacra.
En el discurso de lanzamiento de este Programa, el gobernador Gildo Insfrán explicó:
“Este sector posee los tres elementos centrales: su tierra, elementos de labranza y su fuerza de trabajo. El PAIPPA va a fortalecer estas tres estructuras (…) por lo cual los productores deben agruparse en familias, porque de esa manera podremos construir la lucha contra los efectos de la globalización. (…) La educación va a reconvertirse, acompañando este proyecto político, orientándose al sector de la producción. (…) se van a construir viviendas rurales, las viviendas del PAIPPA, para que todos puedan acceder a una vivienda digna. Complementariamente, se gestionará y otorgará el título definitivo de la tierra para poder acceder a esa vivienda dentro de la chacra. El centro de encuentro será la escuela de cada colonia”1.
Con el PAIPPA, los pequeños productores agrarios de la provincia y la provincia toda vivieron una verdadera revolución social. El programa debía superar la tradicional estructura de la dádiva estatal para reemplazarla por verdaderas estrategias de promoción y crecimiento rural, que permitiese pasar de una economía de mera subsistencia del campesino a una economía de explotación rentable. Se propusieron, entonces, diversas metas:
* La generación de formas asociativas destinadas, primeramente a la incorporación de tierras para la explotación agropecuaria.
* El crecimiento de la producción.
* La transformación del campesino de arrendatario a propietario de su tierra.
* La explotación sustentable de la tierra, con la utilización de los avances científicos y tecnológicos que preserven el medio ambiente.
* El mejoramiento sustancial de las condiciones de vida y seguridad social del sector de pequeños productores y sus familias.
* El uso individual y cooperativo de la maquinaria agrícola.
Y, como síntesis de todo ello, el trazado de un nivel de vida por debajo del cual no se encuentre ninguna familia campesina.
Dardo Williams Caraballo nos dio su testimonio:
“El paiipero es el minifundista que tiene 6 ó 7 hectáreas, que hacía algodón, que hacía banana. El PAIIPA contuvo el éxodo rural a la gran ciudad y evitó que tengamos grandes cordones de pobreza en la periferia. En la primera etapa del PAIIPA se les hizo una casa en el lugar a los pequeños productores, que es en gran medida la linea que llevaban las Ligas Agrarias en los años '60”2.
La docente y pedagoga Ana María del Riccio también participó en la experiencia del PAIIPA desde un principio y cuenta:
“Yo integre los equipos, operativos, ya siendo Subsecretaria de Educación, en mi última época. Salía acompañando a los grupos operativos que hicieron los relevamientos de las tierras y acompañaba a entregar las cajas de complementos nutricional y hacer los relevamientos de las familias paiiperas que eran 6138. Era un relevamiento social y educativo y salíamos en equipos, hacíamos las recorridas en equipos. Nosotros hacíamos todas las actividades, no estábamos dividido por funciones, éramos un equipo político militante, que salía con un cronograma y cada equipo tenía que realizar todas las funciones”.
Culturalmente, para mí, el PAIPPA fue 'la macro visión cultural' de la gran causa de Formosa. El PAIPPA significó darle visibilidad a esa ruralidad olvidada, postergada, a cientos y miles de familias, generaciones de jóvenes, mujeres y familias que fueron desconocidos. Pero no solamente materialmente, no de lo tangible, sino de lo intangible, de lo simbólico, del mensaje, de respetar la voz, la presencia”3.
Históricamente, para la visión liberal, puramente economicista, teñida de ignorancia y desprecio, el campesino, el pequeño productor agropecuario había sido considerado como inviable. Desde esta perspectiva, su producción, su actividad productiva, que era su forma de vida y la base de su cultura, era considerada insignificante, no rentable e incapaz de una acumulación que permitiera su ampliación. Durante años, el campesinado formoseño y el tipo de explotación agraria que desarrollaba fueron considerados como irracionales, como casos sociales que solo ameritaban un socorro estatal en las situaciones de mayor urgencia. La perspectiva desde el Estado era que la aparición de alguna empresa, en general de otra provincia, se hiciera cargo de su actividad, le comprara el pequeño lote de tierra y convirtiera al campesino en peón de una unidad económica mayor. Desde el Estado se fomentaba este tipo de empresas con créditos y facilidades financieras e impositivas, considerándolos grandes o medianos productores agropecuarios. Pero el campesino no se considera a sí mismo como un empresario. El campo no es solo lo que con su trabajo le proporciona su alimento, sino que el campo es su lugar en el mundo, donde vive, donde cría a sus hijos, donde desarrolla sus capacidades humanas, materiales y espirituales, donde alimenta y construye su propia cultura. Para el alma campesina, la actividad económica, con todo lo importante que es y con todo el tiempo que le ocupa, sólo es una parte de su existencia, de una existencia que tiene su experiencia vital en el medio rural.
El gobernador Gildo Insfrán sostenía un año después del lanzamiento del PAIPPA:
“La realidad nos demuestra de manera incontrastable la ineficacia de asistir al pequeño productor adoptando medidas desde una concepción proteccionista y unidimensional, por la vía de otorgar subvenciones, subsidios, condonaciones, insumos e incluso equipamiento de alto costo, atento a que con ello sólo se profundiza la ineficiencia que se pretende corregir y se perpetúa la dependencia del Estado”4.
El Programa apuntaba, además, a detener la permanente migración de los hijos de los campesinos hacia la ciudad capital y hacia otras capitales del país. Carentes de una perspectiva de futuro, con algunas escuelas primarias en los pueblos más numerosos, sin escuela secundaria y, obviamente, sin alternativas educativas terciarias, los hijos de esos pequeños productores emigraban vaciando al campo de sus sectores más jóvenes, dejando, en muchos casos, a sus pequeños hijos en manos de sus abuelos, hasta que la ubicación en los centros urbanos les permitieran unirse a los padres emigrados.

Con el PAIPPA por primera vez, esos miles de campesinos que, en cierto modo, habían sido transparentes para las gestiones anteriores y, sobre todo, para los planificadores estatales, tuvieron entidad y consistencia. A partir de su implementación comenzó una vigorosa transformación de la vida campesina, lo que implicó un acelerado proceso de integración y acercamiento entre los productores, rompiendo el aislamiento y el individualismo que, hasta entonces, caracterizaba su actividad.
Patricia Pastor es una joven geógrafa formoseña, egresada de la Universidad Nacional de Formosa y con una maestría en España, especializada en Desarrollo Local. De aquellos años previos a la puesta en marcha del PAIPPA, Patricia nos ha contado:
“Me acuerdo que había gente de la zona de Riacho que contaba que Gildo tenía un Rastrojero y que los chicos hacían dedo para venir a estudiar a Formosa. Y Gildo los levantaba y se lamentaba que no pudieran entrar más para traerlos a todos. Imaginate, no había micros, no había transporte interurbano. No teníamos caminos. En esa época, el asfalto llegaba hasta Pastoril, de ahí camino de tierra hasta Riacho y camino de tierra hasta Laguna Blanca, en el Rastrojero de Gildo. Imaginate los chicos que salían a esa ruta de tierra a las cinco de la mañana sin saber si te iban a levantar. Y si se hacía la tardecita o la noche, vos volvías a tu casa, a la colonia, y al otro día intentar nuevamente que pase algún vehículo y te levante. En realidad, mucha gente te levantaba. Pero Gildo, además, te levantaba y te “parlaba”. Una amiga, profesora de Ciencias Económicas, dice que Gildo ya entonces hablaba de una revolución del ámbito rural en Formosa. Hablaba de desarrollo local, de lo que yo estoy trabajando ahora, más de veinte años después”5.
Uno de los resultados más innovadores de la implementación del PAIPPA, además de los aspectos sociales que llevó adelante, fue el de la eliminación del monocultivo formoseño. Como ya hemos visto, el algodón constituía su principal producción, pero a la vez significaba una economía agraria sin diversificación, una explotación predadora de los suelos y una total dependencia del mercado de dicho producto, expuesto permanentemente a los vaivenes de las políticas que se tomaban muy lejos de Laguna Blanca o del Riacho. Las políticas de defensa de la producción nacional, de la industria textil y de la indumentaria, favorecían con el precio del algodón a los productores. Las políticas liberales, de apertura de las importaciones, de cierre de las industrias nacionales, determinaba inmediatamente la caída de los precios y el empobrecimiento del campesino que quedaba sumido en una economía de subsistencia, fuera del mercado.
Pero esto fue solo el comienzo. Bajo un gobierno nacional que llevaba adelante una política liquidadora, de importación indiscriminada, de privatización del capital argentino acumulado durante décadas en las grandes empresas públicas, en Formosa se comenzaba a gestar un proyecto diferente para el cual todavía no había llegado la plenitud de su hora, el Proyecto Formoseño.
Notas:
1 Gildo Insfrán, Discurso de lanzamiento del PAIPPA, 1996, General Belgrano, Formosa.
2 Dardo Williams Caraballo, ibídem
3 Ana María del Riccio, ibídem
4 Gildo Insfrán, Mensaje ante la Honorable Legislatura, 1° de Mayo de 1997.
5 Testimonio de Patricia Pastor, grabación realizada por el autor.
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