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14 de septiembre de 2017

La entrevista de Cristina con Novaresio

Es imposible saber, media hora después de finalizado, la importancia que la entrevista de Cristina con Novaresio puede tener en la opinión pública que no nos ha votado y que podría hacerlo. Lo que si creo que se puede afirmar es que fue una entrevista necesaria para todo los que pertenecemos al campo nacional, simpaticemos o no con Cristina, su gestión, su estilo, su carácter y su personalidad. Dejo de lado cualquier comentario sobre el papel jugado por el periodista, porque no viene al caso y porque forma parte de las condiciones objetivas de la entrevista.
La foto de la jornada. CFK y Haddad






Fue necesaria y fue positiva porque se pudo ver a una CFK más descontracturada y cercana que de costumbre, con una voz y un modo de expresión más reposado y menos apodíctico. Tuvo algunas expresiones de una gran importancia política.
En primer lugar, como lo suponíamos, el aclarar que la candidatura la asumió como una iniciativa colectiva y no como una iniciativa personal, que su deseo no era presentarse.
En segundo lugar, su manifestación clara y fuerte de que su candidatura no será motivo de división del peronismo en el 2019, que se así fuera se apartaría de toda aspiración presidencial.
En tercer lugar, su definición, también fuerte y clara, de que es peronista, que pertenece al peronismo y su negativa a discutir sobre derechas e izquierdas en el seno del movimiento nacional.
También ha sido importante el reconocimiento del error de algunas cadenas presidenciales, en las que confesó primaba una situación de ánimo que no correspondía y que podía ser mal entendida aún por los propios.
Creo que su llamado a un gran diálogo público para expresar claramente el proyecto de país que cada sector pretende es una propuesta que deberá ser desarrollada y ampliada. Más allá de la naturaleza histórica de la famosa grieta, el país, la opinión pública y la sociedad hoy manifiestan un cierto hartazgo de las políticas confrontativas. El discurso de la cultura del encuentro que propone Francisco desde Roma, y que tuvo su manifestación masiva en la visita a Colombia, es, me parece, un gran marco de referencia para esa propuesta.
Por otro lado, quedó en evidencia la pobreza de la crítica a su gobierno. El tema de la corrupción fue magníficamente contestado y terminó en el único momento de quiebre emocional de la nota. Ni hablar con lo referido a la carta de intenciones con Irán. La mera enunciación de ese tema dejó constancia de la inconsistencia dolosa de la acusación.
Creo que una opinión pública que ha sufrido la constante demonización de Cristina ha tenido y tiene oportunidad de relativizar sus convicciones, fundadas básicamente en una pertinaz, perversa y mezquina campaña mediática, y ha mostrado una mujer muy inteligente -la más inteligente de la escena política argentina, por lejos-, la sinceridad de sus convicciones y su entrega a ellas.
Los que la apreciamos lo seguimos haciendo, incluso con mayor énfasis, ante la necesidad del triunfo en noviembre. Los que la odian la seguirán odiando también con mayor énfasis, ante la dificultad que encuentra el destruirla.
Pero hay, estoy convencido, una amplia franja de hombres y mujeres honestas y sinceras que han sido arrastrados por el odio impartido desde el poder económico y mediático. Muchos de esos compatriotas hoy se han sentido interrogados por la entereza de esta mujer que desde hace dos años se enfrenta diariamente sola, armada con su inteligencia, con la profundidad de sus convicciones y la seguridad de ser amada por millones de compatriotas de Argentina y Suramérica, a la más poderosa coalición de intereses económicos locales e internacionales, un monopolio mediático sin frenos ni vacilaciones, un miserable sistema de partidos políticos a su servicio y todo el aparato de un estado que la quiere meter presa, sin haber cometido un solo delito, para sacarla de la escena política y, con ello, intentar derrotar el proyecto de país soberano, industrial, justo e integrado al continente. Esa amplia franja de compatriotas honestos es la destinataria de este mensaje.

Buenos Aires. 14 de septiembre de 2017

10 de septiembre de 2014

Una nueva luz de justicia para los pueblos

En una nota publicada el 28 de junio pasado (¿Es necesaria una nueva doctrina Drago?) sosteníamos que la situación generada por el atrabiliario fallo del juez municipal neoyorquino Thomas Griesa, a favor de los fondos buitres, estaba clamando por una decisión en el derecho de gentes que restableciera la preeminencia y majestad de los estados nacionales y sus decisiones por sobre intereses financieros globalizados. Decíamos que era necesario adoptar, por parte de la comunidad internacional de Estados, en el espíritu de los Tratados de Westfalia,una nueva doctrina Drago, una actualización que ratifique la soberanía nacional por encima de los crapulosos y minoritarios intereses especulativos y condene estas maniobras”.
Las Naciones Unidas, impulsadas por Argentina y el G77+China, acaba de aprobar, por abrumadora mayoría, la apertura de una discusión sobre el establecimiento de un marco jurídico legal a nivel global para los procesos de reestructuración de deuda soberana.
Ese resultado con 124 votos a favor, 41 abstenciones y un oligárquico bloque de 11 votos en contra debe ser considerado como una imponente victoria diplomática y política de la Argentina y su gobierno. Esta nueva doctrina, que la historia posiblemente conozca como Doctrina Fernández de Kirchner o Timmerman, parte del reconocimiento del derecho soberano de todo Estado a reestructurar su deuda soberana, que no debe verse frustrado u obstaculizado por las medidas adoptadas por otro Estado”.
Reconoce, además, que “los esfuerzos de un Estado por reestructurar su deuda soberana no deben verse frustrados u obstaculizados por los acreedores comerciales, incluidos fondos de inversión especializados como los fondos de cobertura, que adquieren deuda de Estados altamente endeudados con fines especulativos en los mercados secundarios a precios con grandes descuentos con la intención de litigar para tratar de obtener el reembolso de la totalidad del valor”. Por primera vez, entendemos, las Naciones Unidas tipifican en términos de derecho internacional a los fondos buitres, explicitando su naturaleza especulativa y chantajista.
Pero la resolución observa también que “los acreedores privados de deuda soberana son cada vez más numerosos, anónimos y difíciles de coordinar, que hay diversos tipos de instrumentos de deuda y que se emite deuda en una gran variedad de jurisdicciones, lo que complica la reestructuración de la deuda soberana”.
En estos dos últimos párrafo está implícito un reconocimiento de una nueva realidad política que no puede queda sometida simplemente a las leyes y jueces civiles o comerciales de un país determinado, tal como si se tratase de la presentación de un cheque o un pagaré entre acreedores y deudores privados.
Pero, no solo esto, sino que la resolución reconoce “con preocupación que el sistema financiero internacional no cuenta con un marco jurídico riguroso para la reestructuración ordenada y previsible de la deuda soberana, lo que aumenta aún más el costo de incumplimiento”, así como “la necesidad de crear un marco jurídico que facilite la reestructuración ordenada de la deuda soberana, que permita restablecer la viabilidad y el crecimiento sin crear incentivos que aumenten inadvertidamente el riesgo de incumplimiento, y que sirva de elemento disuasorio para que los acreedores no entablen litigios desestabilizadores durante las negociaciones de reestructuración de la deuda soberan”.
La resolución se hace cargo, entonces, del vacío normativo, que en derecho internacional tiene siempre una base política, y acompaña de manera explítica los reclamos efectuados por la Argentina y su gobierno, en el sentido de darle una entidad política y no meramente comercial a la situación planteada por el juez Griesa.
En ese sentido, también de modo explícito, la resolución destaca “la importancia de establecer un conjunto claro de principios para gestionar y resolver las crisis financieras que tenga en cuenta la obligación de los acreedores de deuda soberana de obrar de buena fe y con espíritu de cooperación para pactar una reorganización consensuada de la deuda de Estados soberano.
Buena fe y espíritu de cooperación de parte de los acreedores”, reclaman las Naciones Unidas y dan un paso gigantesco en el sentido de los intereses de los pueblos y naciones sometidos durante los últimos cuarenta años al chantaje de la deuda externa.
Se está forjando, como pedíamos, una nueva doctrina Drago, a poco más de 100 años de su sanción por la Corte Internacional de La Haya en 1907, sobre la base de la dignidad y firmeza de una gobierno que ha dado muestras claras de no estar dispuesto a continuar siendo avasallado por la ley del interés compuesto.
Una nueva luz de justicia se ha prendido en el horizonte de los pueblos semicoloniales en rumbo a su independencia definitiva.
Buenos Aires, 10 de septiembre de 2014.

26 de abril de 2014

Contra la ofensiva antinacional, más Soberanía, más Justicia Social, más Patria Grande



Editorial de Caminopropio N° 13 que ya está en la calle

A la oposición no le salen bien las cosas. Pese al enorme dispositivo mediático con que cuenta, pese a la pertinaz acción psicológica de los noticieros monopólicos, pese a la complacencia con que la prensa antigubernamental tiene con sus aspirantes a candidatos, a la oposición política, y a los sectores del privilegio que ésta encarna, las cosas no le salen bien.
El primer chisporroteo ocurrió cuando la presidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner, nombró como jefe del Ejército a César Milani y el Senado, posteriormente, lo ascendió a teniente general. Una insidiosa y artera campaña de desprestigio se descargó sobre el alto oficial, perteneciente a una familia de larga militancia peronista en su ciudad natal, Cosquín. Tanto de algunos sectores progresistas cercanos al gobierno como de la totalidad de la oposición, con el diario La Nación a la cabeza intentaron ensuciar al nuevo jefe del Ejército con la represión en tiempos de la dictadura. La foja de servicios del militar había pasado varias veces por la instancia del Senado, en cada uno de sus ascensos, sin que hubiera surgido ningún antecedente que se opusiera a su promoción. Sin embargo, su ascenso a Teniente General revolvió las aguas de la oposición. Resonaba en los sensibles oídos de la oposición y de algunos sectores cercanos al oficialismo pero de marcada vocación antiperonista, como la del periodista Horacio Verbitsky, las palabras de Milani al hacerse cargo de su jefatura: “Pretendo aquí un Ejército maduro, (…) para acompañar el Proyecto Nacional que hoy se encuentra vivo e instalado en el corazón y la mente de los argentinos (…) Un Ejército Sanmartiniano, profundamente comprometido con los valores de la argentinidad, la democracia y los derechos humanos. (…)
Queremos un Ejército unido, integrado con las otras Fuerzas Armadas y comprometido con la sociedad a la que se debe, con el único fin de contribuir con el bien común de los argentinos y profundizar nuestra hermandad con los países de la Gran Patria Sudamericana. (…) Señora Presidenta, sepa de mi compromiso y el de todo el Ejército con
las políticas de transformación emprendidas por usted” (la negrita es nuestra).
Después de años de ausencia de una política militar de contenido nacional y popular, en el sentido que ella tuvo en tiempos de Perón o, para dar un ejemplo más actual, en la Venezuela del presidente Chávez, las palabras de un Jefe del Estado Mayor del Ejército retomaban el proyecto de unas fuerzas armadas al servicio de un proyecto nacional. Una foto de Hebe de Bonafini con el teniente general y un elogioso título en el periódico de las Madres contrarrestaron fuertemente la ofensiva y dejaron en evidencia la naturaleza política de los cuestionamientos a Milani. La voluntad de Cristina, expresada en su designación, y la correcta disciplina de los senadores del oficialismo dieron por terminada la cuestión.
La sorpresa Francisco
Fuimos pocos los que desde el apoyo al gobierno de Cristina y una tradición de Izquierda Nacional aplaudimos la elección de Jorge Bergoglio al trono del Vaticano. En aquella oportunidad dijimos: Más allá de toda cuestión religiosa, confesional o corporativa, es auspicioso que el primer Papa de la Iglesia Católica no europeo sea un latinoamericano, hijo de esta ciudad de Buenos Aires, conocedor de sus barrios humildes y comprometido con los intereses y expectativas de los más pobres de nuestra patria”. La oposición celebró hipócritamente el nombramiento, en el convencimiento que las rispideces parroquiales entre el Arzobispo Jorge Bergoglio y el presidente Néstor Kirchner se iban a trasladar mecánicamente a Roma. Ahora iba a ser el mismo Papa el que pusiera coto a la prepotencia, al autoritarismo y a la corrupción que La Nación, Clarín y la oposición por ellos conducida atribuyen al gobierno. Por su mente pasó aquella procesión de Corpus Christi el 10 junio de 1955, cuando liberales, masones y anticlericales se pusieron en fila detrás del arzobispo de Buenos Aires para iniciar el derrocamiento de Juan Domingo Perón.
Por su parte, muchos analistas y comentaristas periodísticos del kirchnerismo vieron en el nombramiento la misma imagen, la entronización de un poder mundial, de amplio reconocimiento en la opinión pública del país, que haría lo posible por desestabilizar y derrotar al gobierno de Cristina. Nuevamente los artículos de Horacio Verbitzky llevaban la impronta de una abierta y declarada confrontación con el nuevo Papa, mientras los sectores kirchneristas más vinculados al progresismo porteño extraían de su biblioteca los viejos argumentos anticlericales del siglo XIX.
Afortunadamente la visión presidencial fue más sagaz que la de sus opositores y muchos de sus seguidores. Cristina celebró de inmediato el nombramiento papal y viajó a la ceremonia de asunción, junto con otro gran presidente de la región, Rafael Correa de Ecuador.
Y a poco de andar, Francisco dejó en claro que nuestras expectativas -fundadas no tanto en el conocimiento personal de Bergoglio, sino en la contradicción principal del mundo contemporáneo entre el centro y la periferia- no estaban desencaminadas. Más allá de los innumerables gestos, casi cotidianos, con los que el Papa envía señales al mundo entero, a los hombres de estado y a los simples ciudadanos, más allá de iniciar la limpieza de los establos de Augias en que se ha convertido el Vaticano, Francisco dio a conocer un documento “Gaudium Evangelii” que posiblemente sea el texto social más importante que se ha producido en lo que va del siglo XXI.
Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. (…) Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida”.
Estas definiciones retoman una tradición del pensamiento católico, que tuvo su explicitación conceptual en el Concilio Vaticano II y que, durante los años 60 y 70 del siglo pasado, se convirtieron en nuestro continente en bandera de lucha de miles de hombres y mujeres. “Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»”, dice Francisco en su documento. Desde los tiempos del Papa Montini, Paulo VI, estas palabras no se habían escuchado y si, entonces, los documentos sociales de la Iglesia se referían al fenómeno de la explotación de la sociedad capitalista, en este se avanza en la caracterización de un modo de producción que ya no incorpora explotados sino que descarta humanidad sobrante. Eso, que es la característica de la rapacidad capitalista imperialista en el mundo periférico, ha sido la experiencia latinoamericana de Bergoglio y su contribución a un desplazamiento geopolítico, religioso y político de consecuencias incalculables.
Y aquí también las cosas le salieron patas para arriba a la oposición. Poco a poco empezó a reflejarse en la prensa, que hasta entonces lo sostenía como un nuevo restaurador de sus privilegios, la desilusión y, en muchos casos, hasta el sarcasmo que producía la sorpresa de Francisco. Llegaron a inventar operaciones de prensa involucrando a Bergoglio en mezquinas trenzas locales. Viajaron a Roma para sacarse fotos con el nuevo ícono y volvieron sin foto y amargados. La respuesta desde Roma fue llamar al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires para que, después de entrevistar a Francisco, anunciase a la opinión pública, pero sobre todo a la Suprema Corte de Justicia, que el Papa apoyaba la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. A todo esto, Cristina, ratificando el rumbo fijado el primer día, estrechaba y afianzaba su personal relación con el Papa, quien, aprovechando su visita a Francia, no dudó en invitarla a una comida en sus dependencias.
El mentiroso es el primer engañado
En pleno mes de enero, con un récord en el desplazamiento turístico de buena parte de la población, los sectores más concentrados de la economía y, en especial, su sector financiero lanzan una miserable embestida contra el valor del peso argentino en relación con el dólar. Con el convencimiento generado por una interpretación falaz del real estado de la economía de que la misma estaba al borde de una quiebra similar a la del 2001, la presión sobre el peso tenía como finalidad, no solo generar una masiva devaluación, sino voltear a un gobierno al que suponían desvalido, inerme y en pleno zafarrancho. Este error de apreciación deriva de la lectura de los diarios y comentaristas que, cotidianamente, abruman a la ciudadanía con sus apocalípticas previsiones y dan el efecto de sentido de que nunca el país estuvo en peor situación económica. Lo curioso y desconcertante de la situación es que esas falsas informaciones, análisis y presunciones están destinadas, se supone, a engañar al incauto público que cree religiosamente lo que se escribe o dice en la prensa. Pero que no tienen como objetivo engañar tontamente a los propios emisores de la falacia. Pero eso, y no otra cosa, es lo que ocurre. Como en los más agudos casos de mitomanía, el establishment económico de la Argentina es el primero en convencerse de sus propias mentiras y, a partir de ello, todas sus previsiones terminan en un estrepitoso fracaso. En este caso, una devaluación, que muchos economistas nacionales estimaban como necesaria desde hacía ya unos meses, puso el dólar en un nuevo nivel, muy por debajo de la falsa expectativa que habían generado los devaluacionistas del sistema financiero. El ajuste cambiario es un reconocimiento de que había un atraso producto de la apreciación que agravaba la escasez de divisas como el problema más urgente; lo veo como un ordenamiento de una economía que complicaba la gestión”, sostuvo el economista industrialista Aldo Ferrer, quitándole dramatismo a la cuestión. Simultáneamente, en un hecho absolutamente novedoso en materia de devaluaciones, el gobierno lanzó una serie de medidas, como los Precios Cuidados, destinadas a que el nuevo precio del dólar no recaiga en los bolsillos de los más pobres de la sociedad.
El paro de la Sociedad Rural, el PO, Barrionuevo y Moyano
El desesperado intento de “poner fin al ciclo Kirchner” en las próximas elecciones hizo que Héctor Magnetto convenciese al ahora blanqueado Hugo Moyano a llamar a un paro de 24 horas, en medio de las negociaciones de paritarias y con difusos objetivos y consignas. Para ello debió sumar al justamente desprestigiado Luis Barrionuevo y a la mitad más vociferante e irrepresentativa de la CTA. A eso se sumaron, como moscas en la miel, los grupos trotsquistas con fuerte base en las facultades de Filosofía y Ciencias Sociales, que en un verdadero prodigio retórico pretendieron enfrentar al “gobierno patronal”, aliándose a las “burocracias patronales” y a la Sociedad Rural Argentina, que también apoyó entusiasta el absurdo paro. Una nueva Unión Democrática volvía a cristalizar , fogoneada por las pantallas de TN que transmitían directamente de los diversos piquetes con que se trató de impedir que los trabajadores concurriesen a sus lugares de trabajo.
Acá también todo salió mal. Por un lado, la intemperancia de los piquetes de la estudiantil izquierda cipaya le quitó argumentos a los convocantes, respecto a la adhesión al paro. Rápidamente, los que hasta el día anterior habían abrazado al dirigente ferroviario teñido de amarillo, señor Pollo Sobrero, intentaban deslindarse de los piquetes, sabedores del impacto negativo que tiene en gran parte de la población esos actos de violencia. Por el otro, quien quedó como principal convocante del paro fue el gastronómico Luis Barrionuevo, pese a que el sector fue uno de los que menos sintió el cese de actividades. Los bares y restaurantes de Buenos Aires funcionaron casi como un día normal. Pero, además, la intemperancia verbal de Barrionuevo, que en todo momento manifestó su adhesión al Frente Renovador de Sergio Massa, y que prometió que este candidato “los iba a matar en las elecciones”, hizo sonar la alarma de los asesores de imagen del diputado bonaerense, en la conciencia de que la infinita capacidad de “piantar votos” del gastronómico los perjudicaría en las encuestas de opinión.
Y para terminar, fuera del ámbito metropolitano el paro casi no tuvo repercusión alguna. Lo que se buscaba era impactar sobre los medios para, una vez más, intentar debilitar al poder político del Estado en miras al 2015. Para colmo, pocos días después, un tiroteo en una asamblea de Camioneros en Rosario, con el resultado de un muerto y varios heridos de bala, aclaró un poco más las características internas del poderoso sindicato de Hugo Moyano.
Hacia el 2015 con las banderas desplegadas
Cristina Fernández de Kirchner, en particular, y el gobierno, en general, son los protagonistas mejor dotados para incidir decisivamente en los resultados de la próxima elección presidencial. En ella se pondrá en juego el destino final de estos diez años de retorno a las políticas fundacionales del peronismo: la soberanía popular, la independencia económica y la justicia social. Cuanto más fortalecido y con capacidad de juego logremos llegar a esos comicios, mayor será la posibilidad de mantener y aún profundizar los logros alcanzados en estos años.
Lejos de entrar en un compás de espera, de imprudente inactividad, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner está dando y va a dar claros indicios de su fortaleza y su capacidad de sortear y superar las arteras jugadas de una oposición que, aunque poderosa, no encuentra el rumbo político.
Más Soberanía, más Justicia Social, más Patria Grande son las tareas que nos permitirán afrontar el nuevo desafía con firmeza y vocación de futuro.
Buenos Aires, 15 de abril de 2014

6 de enero de 2013


Terminar con la presencia oligárquica

en el Poder Judicial de la Nación

Con la cautelar dictada por la Cámara en lo Civil y Comercial Federal a favor de la Sociedad Rural Argentina queda establecido de manera apodíctica el carácter oligárquico y la naturaleza clasista de una parte del Poder Judicial de nuestro país.
La misma Cámara que ampara los intereses monopólicos del Grupo Clarín dicta una medida que, como bien ha dicho la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, viola el principio jurídico de igualdad ante la ley, ampara a sospechosos de delitos contra el interés patrimonial del Estado Nacional y se insolenta contra una Poder Ejecutivo elegido por el 54 % de los votos.
Para la Corriente Causa Popular no se trata de un simple caso de venalidad de un juez incurso en el delito de dádivas. Se trata de la naturaleza de clase del último reducto del poder oligárquico, antidemocrático y antinacional, en el aparato del Estado. Una casta que, en nombre de argumentos propios del siglo XIX, se niega a pagar impuestos, que tiene prohibido el ejercicio del comercio o la industria, pero no el de la administración de negocios agropecuarios, no puede seguir condicionando la voluntad popular encarnada en los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Es necesario limpiar de la escoria oligárquica los establos de Augias en que se ha convertido el Palacio de Tribunales. Sostener y fortalecer a los jueces democráticos, probos y antioligárquicos, aislar y separar a los representantes del tradicional privilegio minoritario, de la Argentina agroexportadora, antiindustrial y antiobrera, para conseguir un Poder Judicial que corresponde a un país que ha decidido desprenderse de toda la carga reaccionaria dejada por la dictadura cívico militar, son las tareas de esta nueva hora argentina.
Estamos seguros que no temblará la mano de quien tiene detrás la voluntad de una amplísima mayoría nacional y popular.
Buenos Aires, 5 de enero de 2013
Mesa Nacional de la Corriente Causa Popular
Luis Gargiulo (Necochea), Eduardo González (Córdoba), Julio Fernández Baraibar (Cap. Fed.), Eduardo Fossati (Cap. Fed.), Laura Rubio (Cap. Fed.), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral. Roca), Ismael Daona (Tucumán), Alberto Silvestri (Esquina), Magdalena García Hernando (Cap. Fed.), Marcelo Faure (La Paz ER), Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Córdoba), Liliana Chourrout (GBA), Oscar Alvarado (Azul); Ricardo Vallejos (Cap. Fed.), Alfredo Cafferata (Mendoza), Juan Luis Gardes (Cipoletti), Omar Staltari (Bahía Blanca), Gabriel Claverí (Cnel. Dorrego), Rodolfo Pioli (Jujuy) y Horacio Cesarini (GBA).
Centro Arturo Jauretche de Jujuy