1 de marzo de 2026

El criminal ataque a Irán

Lo que está en juego es el petróleo
y la hegemonía sionista en la región

El brutal ataque de EE.UU. e Israel sobre Irán me llevó a pensar sobre la historia más cercana del país de Asia Occidental. Recordé y actualicé fechas sobre la política nacionalista de Mohammad Mosaddeq y su nacionalización del petróleo. Pasó por mi memoria el golpe pergeñado e impulsado por la CIA y el MI6 que encarceló a Mosaddeq y la historia de la dinastía fundada por Reza Khan, un militar de origen humilde nacido en 1878 en Alasht, Mazandaran.

La dinastía Pahleví

Ascendió tras un golpe de estado, en 1921, y, en 1925, una asamblea constituyente lo declaró nuevo sha de Persia. El programa político del nuevo sha era la modernización del país. El padre de Reza Khan era un oficial del Ejército y su madre era una inmigrante georgiana. Adoptó el nombre de Pahlaví y cambió el nombre del país de Persia a Irán. Durante toda la Segunda Guerra, fue un declarado simpatizante del régimen nazi de Alemania. En agosto de 1941, ingleses y soviéticos ocuparon Irán y obligaron a a Reza Khan a abdicar en favor de su hijo Mohammad Reza Pahleví. Las tropas inglesas y soviéticas permanecieron en Irán hasta el fin de la guerra lo que garantizó la colaboración del nuevo sha con los aliados.



Al finalizar la guerra, Irán era un semicolonia inglesa y sus grandes recursos petroleros estaban en manos de la British Petroleum.

El breve período de Mosaddeq

En 1951, las elecciones conviertieron en primer ministro a Mohammad Mosaddeq y a su programa de nacionalizaciones. El 20 de marzo de 1951 se decretó la nacionalización de la Anglo-Persian Oil Company, que fue aprobada por las dos cámaras del parlamento. Gran Bretaña respondió con un bloqueo comercial y amenazas de enviar su flota. En paralelo impugnó la nacionalización ante la Corte Internacional de La Haya y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.


Mosaddeq realizó dos históricas defensas de su política ante ambos organismos, a punto tal que la Corte Internacional desestimó la denuncia. Inmediatamente comenzaron las tensiones entre el primer ministro nacionalista y el autócrata semicolonial.

En julio del año siguiente, Mosaddeq presentó su renuncia lo que produjo grandes manifestaciones de apoyo que obligaron al sha a restituirlo en su cargo. En diciembre de 1952 nacionalizó el servicio telefónico y la actividad pesquera. Gran Bretaña y EE.UU. comenzaron la tarea de destituirlo. El MI6, la agencia británica, se acercó a la CIA y comenzó el plan de reapoderarse del petróleo iraní, volteando a Mosaddeq a como diese lugar. El 18 de agosto de 1953 descargaron la Operación Ajax en connivencia con Reza Pahleví. Mosaddeq fue encarcelado y el sha se convirtió en el agente anglo-americano en la región. Las nacionalizaciones fueron canceladas y la figura de Reza Pahleví y sus andanzas se convirtieron en tema permanente en la prensa occidental.

El Sha de Persia en Occidente

Su figura alcanzó una enorme popularidad, sumada a un profundo rechazo, cuando, en 1958, se divorció de su segunda esposa, Soraya, debido a su infertilidad. Las revistas del corazón de todas las capitales occidentales la convirtieron en una triste princesa -ya que conservó el título- infecunda y bella. Dos años antes de su fallecimiento, Soraya publicó en sus memorias que su infertilidad no había sido tal, sino un falso diagnóstico de los médicos cortesanos para, justamente, alejarla del sha.

Su régimen, a partir de ese momento, se convirtió en una autocracia sangrienta, donde la SAVAK, la temida policía secreta, perseguía y ejecutaba a los opositores, sobre todo a los comunistas que durante los años 50 habían tenido un gran desarrollo. Alrededor de los negocios petroleros se enriquecía un pequeño sector social vinculado por distintos lazos al déspota. Desaparecieron por decreto los partidos políticos y su política regional fue la de hostilizar sistemáticamente a los gobiernos nacionalistas árabes, respondiendo al interés estratégico de EE.UU.

En octubre de 1971, en la cúspide de su poder y despliegue millonario, Reza Pahleví organizó, en Persépolis, la antigua capital del imperio persa, una multimillonaria fiesta en conmemoración de los 2500 años del Imperio Persa. Al desatinado banquete fueron invitados reyes, presidentes, ministros, congresistas, políticos y empresarios de todo el mundo. Incluso llegó a invitar, como si fuera un récord Guiness, a todos los partidos políticos del mundo. En otro momento contaré las declaraciones del doctor Oscar Alende a César Mascetti, en Canal 13, a su regreso del fastuoso convite.

Pero esa dispendiosa dilapidación de fondos públicos fue el principio del fin del denominado sha.

El inicio de la reacción popular iraní

En el seno del pueblo iraní, en los pueblos más lejanos, en los populosos barrios de Teherán, en lo que allá llaman el bazar, el gigantesco mercado que reúne a comerciantes, artesanos y los distintos gremios de orfebres, tejedores de alfombras, textiles y ferreteros, se gestaba una revolución republicana, con la interpretación shiíta del Islam como estandarte. Su jefe era un anciano clérigo, desconocido para el gran público, quien desde hacía años residía exilado en París, el ayatolá Ruhollah Jomeini. La presencia de la religión islámica y de sus clérigos islámicos en la política iraní no era nueva. Ya en tiempos de Mossadeq, en la década del 50, el ayatolá Seyyed Abolqasem Kashaní fue, como presidente de la Asamblea Consultiva Nacional iraní, uno de los principales defensores de la nacionalización del petróleo. En la misma época, Navvab Safaví, un joven “ulema” o sabio coránico, había creado la organización Fedayines del Islam, cercana al ayatolá Kashani. En realidad, el pueblo de Irán no se sentía heredero de Ciro, el Grande o de Zaratustra. Eran las enseñanzas de Mahoma y de sus herederos Alí y Fátima el instrumento ideológico que unificaba al pueblo iraní contra el sangriento y extranjerizante régimen de Palehví y el jefe político y espiritual de su resistencia era el anciano clérigo residente en París.

En su intento de aparentar una modernización del país, Reza Pahleví realizó una módica reforma agraria de muy corto alcance, que no modificó el carácter casi de siervos del campesinado. Los ingresos petroleros habían enriquecido infinitamente a un pequeño grupo de millonarios, mientras la inmensa mayoría del pueblo iraní sufría de una desesperante pobreza. Casi la mitad (42 %) de los habitantes de Teherán carecían de vivienda , mientras se construían faraónicos palacios en los barrios de acomodados con el régimen. En la década del '70, Irán tenía los más bajos indicadores en educación y mortalidad infantil, entre los países de Asia Occidental. La alardeada modernización solo produjo el empobrecimiento de las grandes masas de campesinos, pequeños comerciantes, artesanos y trabajadores, mientras la implacable SAVAK secuestraba, torturaba y asesinaba a los resistentes.

El Viernes Negro de 1978

En 1978 se inició un irreversible proceso de agitación y movilización popular que tenía su expresión política en el clérigo residente en Europa y, últimamente, en París, Ruhollah Jomeini, quien a su vez proporcionaba combustible al levantamiento. Todo ese turbulento período tuvo lo que se conoció como el Viernes Negro. En su intento por aplacar la crisis política, el shá liberó presos político y nombró a Jaafar Sharif Imami como primer ministro. Este era un viejo político iraní, amigo personal de Reza Pahleví, gran maestre masónico, considerado más liberal que el monarca. Desde París, Jomeini desafíó el intento reformista y convocó a voltear al sha y desterrarlo. Más de 500.000 personas se reunirían en Teherán bajo la novedosa consigna de “Independencia, Libertad y República Islámica”. La reacción gubernamental fue declarar la ley marcial y prohibir la manifestación. Desafiando la prohibición, fue convocada otra manifestación el viernes 8 de septiembre de 1978. Tanques y helicópteros acribillaron a la multitud. Más de 15.000 iraníes fueron muertos y heridos durante ese Viernes Negro.

A partir de ese momento la insurreción liderada por Jomeini desde su exilio en París no cesó un solo momento. Huelgas, movilizaciones masivas – llegaron a reunirse dos millones de personas a fines de 1978 – no dieron tregua al autócrata. Pero además soldados y oficiales comenzaron a unirse en las distintas ciudades a la insurrección, mientras cada vez eran más los seguidores de Jomeini.

El sha intentó paliar la crisis nombrando como primer ministro a Shapur Bajtiar, un módico y afrancesado opositor socialdemócrata. La oposición liderada por Jomeini no cesó un instante, hasta que Reza Pahlevi presentó su abdicación y el 16 de enero de 1979 salía del trono y del país conduciendo su propio avión. Giscard d'Estaing, presidente conservador de Francia, le negó el ingreso a su país. Reza Pahleví y su esposa, Farah Diba, circularon por diversos países: Marruecos, Bahamas, Ecuador, México, los Estados Unidos, Panamá y, por fin, Egipto, acogidos por el presidente Anwar el-Sadat. Reza Pahleví murió de cáncer el 27 de julio de 1980 en El Cairo.

El triunfo de la República Islámica

El 1 de febrero de 1979 el ayatola Ruhollah Jomeini regresaba a Teherán, después de 15 años de exilio. Más de tres millones de personas salieron a las calles a recibirlo. Los días de Bajtiar estaban contados. El 11 de febrero de ese mismo año, el primer ministro fue expulsado. La revolución republicana islámica de Irán había triunfado.

El pueblo iraní había encontrado en sus propias tradiciones culturales y en la firme negativa a imitar simiescamente a Occidente el camino de su independencia.

Esta revolución victoriosa, esta expresión de soberanía nacional y popular es lo que, EE.UU. e Israel pretenden aplastar con sus bombas. En ninguno de ellos hay la menor preocupación sobre las características particulares del régimen islámico, sus convicciones morales y religiosas. A EE.UU. solo le preocupa, como en el caso de Venezuela, el control de su petróleo. A Israel le interesa aplastar a Irán como fuerza regional que le impida convertirse en potencia hegemónica, racista y supremacista, del Asia Occidental.

Buenos Aires, 10 de marzo de 2026.






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