18 de junio de 2014

Mesa de Periodistas sobre los fondos buitres

17 de junio de 2014

Los bárbaros existen

Los bárbaros existen

¡Qué apretada que le pegó Cristina al próximo gobierno!

Fue el discurso de una mujer de Estado. Mujeres de Estado fueron Isabel la Católica, que unió los reinos de España y proyectó su idioma sobre el ancho mundo; Isabel de Inglaterra, la hija bastarda que convirtió su reino en una nación poderosa; Cristina de Suecia, la última Vasa que impuso en su helado país la idea de Columna regni sapientia, “la sabiduría es el pilar del reino”. O Catalina de Rusia que proyectó su atrasado y extenso mundo en el siglo de las luces.

Y en nuestros días hay pocas para comparar: Thatcher “the Bloody”, quizás. Sé que suena desagradable, pero amaba a su país como CFK ama al nuestro, al suyo. No amaba, es cierto a su pueblo, pero la ajada grandeza de Bretaña fue su única tarea.

Y no hay muchas más.

Dos veces en mi vida me sentí cerca, identificado hasta conmoverme, con un presidente.

El primero fue Perón, durante ese escaso año que gobernó. Tuve la suerte y el honor de estar sentado frente a él, a mis veintipico años, y sentir en la boca del estómago la sensación de que la Historia me hablaba.

La otra es esta hermosa mujer que tenemos de presidenta. Su firmeza, su claridad intelectual, su voluntad de diamante y la convicción íntima y profunda de hablar en nombre de un pueblo y su destino me dejaron hoy la impresión de que la Historia comenzaba a expresarse a través de ella.

Esta mujer no jode. Habla en serio.

Y los enanos, los miserables paniaguados de nuestro módico Ciudadano Kane, la estólida oposición de vuelo de gallina pretenden hablar de corrupción porque un vicepresidente les expropió los fondos de jubilación y disimulan indiferentes la opus magna de la corrupción que ha sido nuestra deuda externa en general y en particular la armada por los savonarolas laicos del radicalismo, estúpidos incapaces de gobernar si no es en provecho de las finanzas internacionales.
Hoy, en un momento difícil para nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro apareció una giganta. No la de Baudelaire, a la sombra de cuyos senos quería dormir, “como la aldea al pie de la montaña”, sino la mujer de hierro cuyos pies se hacen firmes en la tierra y sus brazos cobijan multitudes.

Esta mujer hoy distribuyó serenidad, impuso cordura, denunció la barbarie extranjera y la complicidad de la magistratura. Hizo actual el iluminado poema de Cavafis:

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.


Dejó establecido un legado para los gobiernos que le sucedan: nunca más los argentinos nos entregaremos a la voracidad del capital financiero, el interés compuesto y las comisiones por nuestra sangría.

Hoy Cristina Fernández de Kirchner dejó en claro que los bárbaros existen y que se han levantado murallas de voluntad y firmeza para evitar que se repita la exclusión de la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

Su voz fuerte y clara unió a los hijos de San Martín y Perón.

4 de junio de 2014

La Historia en Debate. 
Programa 2. José Gervasio Artigas











8 de mayo de 2014

De Avenida Alvear a Avenida Iriarte



El 29 de julio de 2009 estuve en el acto de asunción del gabinete del, en ese momento, flamante secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia. Como se sabe la sede de la Secretaría de Cultura de la Nación era, entonces, un petit hotel ubicado en la avenida Alvear y Rodríguez Peña, uno de los lugares históricamente más oligárquicos de Buenos Aires, conocido como Palacio Casey. Fue construido en 1889, en plena eclosión de la especulación financiera que terminó con la célebre crisis del 90. Teodolina Lezica Alvear de Uriburu lo compró en 1911. Cuando, en plena Década Infame, la oligarquía en el poder se aprestaba a recibir al Cardenal Eugenio Pacelli, la residencia es comprada por doña Adelina Harilaos de Olmos para alojar en ella al purpurado huésped, quien después sería Pío XII.

La “segunda dictadura” compró el edificio en 1948, seguramente para aliviar a sus dueños del ya oneroso elefante blanco, sin lograr por ello generar en ellos mayor simpatía. Finalmente, en 1960 se convirtió en Casa Nacional de la Cultura. El salón principal de la planta baja se llama Miguel Cané, en homenaje al autor de Juvenilia y de la Ley de Residencia que permitía expulsar a inmigrantes, sin juicio previo, y bajo la mera sospecha de ser socialistas o anarquistas. Esa noche, en esa sala, Jorge Coscia improvisó un excelente discurso, exponiendo su ideario político y su compromiso con la cultura nacional. En una primera parte enumeró la lista de pensadores nacionales que formaron su pensamiento: Manzi, Jauretche, Perón, Scalabrini, Hernández Arregui, Discépolo.

En el momento de referirse a la importancia que a su gestión le asignará a la integración continental, Jorge dijo expresamente que debía su concepción de la Patria Grande "a mis maestros Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Blas Manuel Alberti y Norberto Galasso". Después de esas palabras, Jorge Coscia invitó a los presentes a cantar la Marcha Peronista.

A los pocos días, el guardaespaldas de Bartolomé Mitre convocó a sus plumíferos para denunciar el ultraje a la República. Los ojos de Beatriz Sarlo se pusieron en blanco y mostró su virginidad institucional manoseada. “Los cantores de la marcha seguramente pensaron que estas diferencias entre partido y gobierno son viejas manías del formalismo republicano”, escribió con su característica dispepsia literaria. Sobre este punto escribimos en aquella oportunidad: “La señora Sarlo no entiende que hoy, después de más de sesenta años, la marcha peronista no es tan sólo una marcha partidaria, sino el himno que expresa al conjunto de los argentinos enfrentados al bloque oligárquico que intenta recuperar el manejo del Estado. Es mucho más que una canción partidaria. Es la marsellesa argentina, la conjunción, a nivel simbólico, de la Argentina de los héroes de la Independencia, de los caudillos federales, de los obreros del 17 de octubre y de los desocupados del 2001”.

Pero lo central es que en ese lugar y de esa forma se iniciaron los cinco años de gestión de Jorge Coscia al frente de la Secretaría de Cultura de la Nación, por decisión de la presidenta de la República.

De esto me acordaba hoy, en la Casa de la Cultura de la Villa 21-24 de Barracas, durante la ceremonia en la cual Jorge Coscia se despidió de sus colaboradores y Teresa Parodi, la flamante Ministra de Cultura, se hacía cargo de sus funciones. El calor popular con el que hombres, mujeres, jóvenes y niños del barrio más pobre de la ciudad más rica de Argentina recibieron a los dos funcionarios, el saliente y la entrante, el agradecimiento, expresado en sonrisas, abrazos, saludos, chistes y hasta lágrimas, a Jorge Coscia y la bienvenida abierta, a puro corazón y esperanza, dirigida a Teresa Parodi, conformaban un clima muy distinto a la sensación de sapo de otro pozo, de involuntario usurpador, que tenía aquella concurrencia de hace cuatro años en el Palacio Casey.

Y la Marcha Peronista que se cantó en la Casa de la Cultura, con los cuadros proletarios de Quinquela Martín en sus paredes y la bendición villera del Padre Toto, sonaba más digna, triunfal y desafiante que nunca. No había preocupación sobre las instituciones en esa multitud feliz. Había orgullo y gratitud porque se sabían protagonistas, sujetos activos de la cultura y de la Cultura.

Jorge Coscia inició su gestión en el Palacio Casey, en la Avenida Alvear, comprometiéndose con sus maestros y la terminó, con el corazón satisfecho, en la Villa 21, en la Avenida Iriarte, cumpliendo los sueños de sus maestros y del pueblo profundo de la Patria.

Tiene todo el derecho a sentirse orgulloso de estos cinco años.

Buenos Aires, 8 de mayo de 2014

26 de abril de 2014

Contra la ofensiva antinacional, más Soberanía, más Justicia Social, más Patria Grande



Editorial de Caminopropio N° 13 que ya está en la calle

A la oposición no le salen bien las cosas. Pese al enorme dispositivo mediático con que cuenta, pese a la pertinaz acción psicológica de los noticieros monopólicos, pese a la complacencia con que la prensa antigubernamental tiene con sus aspirantes a candidatos, a la oposición política, y a los sectores del privilegio que ésta encarna, las cosas no le salen bien.
El primer chisporroteo ocurrió cuando la presidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner, nombró como jefe del Ejército a César Milani y el Senado, posteriormente, lo ascendió a teniente general. Una insidiosa y artera campaña de desprestigio se descargó sobre el alto oficial, perteneciente a una familia de larga militancia peronista en su ciudad natal, Cosquín. Tanto de algunos sectores progresistas cercanos al gobierno como de la totalidad de la oposición, con el diario La Nación a la cabeza intentaron ensuciar al nuevo jefe del Ejército con la represión en tiempos de la dictadura. La foja de servicios del militar había pasado varias veces por la instancia del Senado, en cada uno de sus ascensos, sin que hubiera surgido ningún antecedente que se opusiera a su promoción. Sin embargo, su ascenso a Teniente General revolvió las aguas de la oposición. Resonaba en los sensibles oídos de la oposición y de algunos sectores cercanos al oficialismo pero de marcada vocación antiperonista, como la del periodista Horacio Verbitsky, las palabras de Milani al hacerse cargo de su jefatura: “Pretendo aquí un Ejército maduro, (…) para acompañar el Proyecto Nacional que hoy se encuentra vivo e instalado en el corazón y la mente de los argentinos (…) Un Ejército Sanmartiniano, profundamente comprometido con los valores de la argentinidad, la democracia y los derechos humanos. (…)
Queremos un Ejército unido, integrado con las otras Fuerzas Armadas y comprometido con la sociedad a la que se debe, con el único fin de contribuir con el bien común de los argentinos y profundizar nuestra hermandad con los países de la Gran Patria Sudamericana. (…) Señora Presidenta, sepa de mi compromiso y el de todo el Ejército con
las políticas de transformación emprendidas por usted” (la negrita es nuestra).
Después de años de ausencia de una política militar de contenido nacional y popular, en el sentido que ella tuvo en tiempos de Perón o, para dar un ejemplo más actual, en la Venezuela del presidente Chávez, las palabras de un Jefe del Estado Mayor del Ejército retomaban el proyecto de unas fuerzas armadas al servicio de un proyecto nacional. Una foto de Hebe de Bonafini con el teniente general y un elogioso título en el periódico de las Madres contrarrestaron fuertemente la ofensiva y dejaron en evidencia la naturaleza política de los cuestionamientos a Milani. La voluntad de Cristina, expresada en su designación, y la correcta disciplina de los senadores del oficialismo dieron por terminada la cuestión.
La sorpresa Francisco
Fuimos pocos los que desde el apoyo al gobierno de Cristina y una tradición de Izquierda Nacional aplaudimos la elección de Jorge Bergoglio al trono del Vaticano. En aquella oportunidad dijimos: Más allá de toda cuestión religiosa, confesional o corporativa, es auspicioso que el primer Papa de la Iglesia Católica no europeo sea un latinoamericano, hijo de esta ciudad de Buenos Aires, conocedor de sus barrios humildes y comprometido con los intereses y expectativas de los más pobres de nuestra patria”. La oposición celebró hipócritamente el nombramiento, en el convencimiento que las rispideces parroquiales entre el Arzobispo Jorge Bergoglio y el presidente Néstor Kirchner se iban a trasladar mecánicamente a Roma. Ahora iba a ser el mismo Papa el que pusiera coto a la prepotencia, al autoritarismo y a la corrupción que La Nación, Clarín y la oposición por ellos conducida atribuyen al gobierno. Por su mente pasó aquella procesión de Corpus Christi el 10 junio de 1955, cuando liberales, masones y anticlericales se pusieron en fila detrás del arzobispo de Buenos Aires para iniciar el derrocamiento de Juan Domingo Perón.
Por su parte, muchos analistas y comentaristas periodísticos del kirchnerismo vieron en el nombramiento la misma imagen, la entronización de un poder mundial, de amplio reconocimiento en la opinión pública del país, que haría lo posible por desestabilizar y derrotar al gobierno de Cristina. Nuevamente los artículos de Horacio Verbitzky llevaban la impronta de una abierta y declarada confrontación con el nuevo Papa, mientras los sectores kirchneristas más vinculados al progresismo porteño extraían de su biblioteca los viejos argumentos anticlericales del siglo XIX.
Afortunadamente la visión presidencial fue más sagaz que la de sus opositores y muchos de sus seguidores. Cristina celebró de inmediato el nombramiento papal y viajó a la ceremonia de asunción, junto con otro gran presidente de la región, Rafael Correa de Ecuador.
Y a poco de andar, Francisco dejó en claro que nuestras expectativas -fundadas no tanto en el conocimiento personal de Bergoglio, sino en la contradicción principal del mundo contemporáneo entre el centro y la periferia- no estaban desencaminadas. Más allá de los innumerables gestos, casi cotidianos, con los que el Papa envía señales al mundo entero, a los hombres de estado y a los simples ciudadanos, más allá de iniciar la limpieza de los establos de Augias en que se ha convertido el Vaticano, Francisco dio a conocer un documento “Gaudium Evangelii” que posiblemente sea el texto social más importante que se ha producido en lo que va del siglo XXI.
Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. (…) Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida”.
Estas definiciones retoman una tradición del pensamiento católico, que tuvo su explicitación conceptual en el Concilio Vaticano II y que, durante los años 60 y 70 del siglo pasado, se convirtieron en nuestro continente en bandera de lucha de miles de hombres y mujeres. “Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»”, dice Francisco en su documento. Desde los tiempos del Papa Montini, Paulo VI, estas palabras no se habían escuchado y si, entonces, los documentos sociales de la Iglesia se referían al fenómeno de la explotación de la sociedad capitalista, en este se avanza en la caracterización de un modo de producción que ya no incorpora explotados sino que descarta humanidad sobrante. Eso, que es la característica de la rapacidad capitalista imperialista en el mundo periférico, ha sido la experiencia latinoamericana de Bergoglio y su contribución a un desplazamiento geopolítico, religioso y político de consecuencias incalculables.
Y aquí también las cosas le salieron patas para arriba a la oposición. Poco a poco empezó a reflejarse en la prensa, que hasta entonces lo sostenía como un nuevo restaurador de sus privilegios, la desilusión y, en muchos casos, hasta el sarcasmo que producía la sorpresa de Francisco. Llegaron a inventar operaciones de prensa involucrando a Bergoglio en mezquinas trenzas locales. Viajaron a Roma para sacarse fotos con el nuevo ícono y volvieron sin foto y amargados. La respuesta desde Roma fue llamar al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires para que, después de entrevistar a Francisco, anunciase a la opinión pública, pero sobre todo a la Suprema Corte de Justicia, que el Papa apoyaba la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. A todo esto, Cristina, ratificando el rumbo fijado el primer día, estrechaba y afianzaba su personal relación con el Papa, quien, aprovechando su visita a Francia, no dudó en invitarla a una comida en sus dependencias.
El mentiroso es el primer engañado
En pleno mes de enero, con un récord en el desplazamiento turístico de buena parte de la población, los sectores más concentrados de la economía y, en especial, su sector financiero lanzan una miserable embestida contra el valor del peso argentino en relación con el dólar. Con el convencimiento generado por una interpretación falaz del real estado de la economía de que la misma estaba al borde de una quiebra similar a la del 2001, la presión sobre el peso tenía como finalidad, no solo generar una masiva devaluación, sino voltear a un gobierno al que suponían desvalido, inerme y en pleno zafarrancho. Este error de apreciación deriva de la lectura de los diarios y comentaristas que, cotidianamente, abruman a la ciudadanía con sus apocalípticas previsiones y dan el efecto de sentido de que nunca el país estuvo en peor situación económica. Lo curioso y desconcertante de la situación es que esas falsas informaciones, análisis y presunciones están destinadas, se supone, a engañar al incauto público que cree religiosamente lo que se escribe o dice en la prensa. Pero que no tienen como objetivo engañar tontamente a los propios emisores de la falacia. Pero eso, y no otra cosa, es lo que ocurre. Como en los más agudos casos de mitomanía, el establishment económico de la Argentina es el primero en convencerse de sus propias mentiras y, a partir de ello, todas sus previsiones terminan en un estrepitoso fracaso. En este caso, una devaluación, que muchos economistas nacionales estimaban como necesaria desde hacía ya unos meses, puso el dólar en un nuevo nivel, muy por debajo de la falsa expectativa que habían generado los devaluacionistas del sistema financiero. El ajuste cambiario es un reconocimiento de que había un atraso producto de la apreciación que agravaba la escasez de divisas como el problema más urgente; lo veo como un ordenamiento de una economía que complicaba la gestión”, sostuvo el economista industrialista Aldo Ferrer, quitándole dramatismo a la cuestión. Simultáneamente, en un hecho absolutamente novedoso en materia de devaluaciones, el gobierno lanzó una serie de medidas, como los Precios Cuidados, destinadas a que el nuevo precio del dólar no recaiga en los bolsillos de los más pobres de la sociedad.
El paro de la Sociedad Rural, el PO, Barrionuevo y Moyano
El desesperado intento de “poner fin al ciclo Kirchner” en las próximas elecciones hizo que Héctor Magnetto convenciese al ahora blanqueado Hugo Moyano a llamar a un paro de 24 horas, en medio de las negociaciones de paritarias y con difusos objetivos y consignas. Para ello debió sumar al justamente desprestigiado Luis Barrionuevo y a la mitad más vociferante e irrepresentativa de la CTA. A eso se sumaron, como moscas en la miel, los grupos trotsquistas con fuerte base en las facultades de Filosofía y Ciencias Sociales, que en un verdadero prodigio retórico pretendieron enfrentar al “gobierno patronal”, aliándose a las “burocracias patronales” y a la Sociedad Rural Argentina, que también apoyó entusiasta el absurdo paro. Una nueva Unión Democrática volvía a cristalizar , fogoneada por las pantallas de TN que transmitían directamente de los diversos piquetes con que se trató de impedir que los trabajadores concurriesen a sus lugares de trabajo.
Acá también todo salió mal. Por un lado, la intemperancia de los piquetes de la estudiantil izquierda cipaya le quitó argumentos a los convocantes, respecto a la adhesión al paro. Rápidamente, los que hasta el día anterior habían abrazado al dirigente ferroviario teñido de amarillo, señor Pollo Sobrero, intentaban deslindarse de los piquetes, sabedores del impacto negativo que tiene en gran parte de la población esos actos de violencia. Por el otro, quien quedó como principal convocante del paro fue el gastronómico Luis Barrionuevo, pese a que el sector fue uno de los que menos sintió el cese de actividades. Los bares y restaurantes de Buenos Aires funcionaron casi como un día normal. Pero, además, la intemperancia verbal de Barrionuevo, que en todo momento manifestó su adhesión al Frente Renovador de Sergio Massa, y que prometió que este candidato “los iba a matar en las elecciones”, hizo sonar la alarma de los asesores de imagen del diputado bonaerense, en la conciencia de que la infinita capacidad de “piantar votos” del gastronómico los perjudicaría en las encuestas de opinión.
Y para terminar, fuera del ámbito metropolitano el paro casi no tuvo repercusión alguna. Lo que se buscaba era impactar sobre los medios para, una vez más, intentar debilitar al poder político del Estado en miras al 2015. Para colmo, pocos días después, un tiroteo en una asamblea de Camioneros en Rosario, con el resultado de un muerto y varios heridos de bala, aclaró un poco más las características internas del poderoso sindicato de Hugo Moyano.
Hacia el 2015 con las banderas desplegadas
Cristina Fernández de Kirchner, en particular, y el gobierno, en general, son los protagonistas mejor dotados para incidir decisivamente en los resultados de la próxima elección presidencial. En ella se pondrá en juego el destino final de estos diez años de retorno a las políticas fundacionales del peronismo: la soberanía popular, la independencia económica y la justicia social. Cuanto más fortalecido y con capacidad de juego logremos llegar a esos comicios, mayor será la posibilidad de mantener y aún profundizar los logros alcanzados en estos años.
Lejos de entrar en un compás de espera, de imprudente inactividad, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner está dando y va a dar claros indicios de su fortaleza y su capacidad de sortear y superar las arteras jugadas de una oposición que, aunque poderosa, no encuentra el rumbo político.
Más Soberanía, más Justicia Social, más Patria Grande son las tareas que nos permitirán afrontar el nuevo desafía con firmeza y vocación de futuro.
Buenos Aires, 15 de abril de 2014