30 de diciembre de 2005

El Siglo XXI nos encontró, por fin, unidos

Buenos Aires, 7 de noviembre de 2005.

“La República Argentina sola, no tiene unidad económica; Brasil solo, no tiene tampoco unidad económica; Chile solo, tampoco tiene unidad económica; pero estos tres países unidos conforman quizá en el momento actual la unidad económica más extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro, porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva. (…) Esto es lo que ordena, imprescriptiblemente, la necesidad de la unión de Chile, Brasil y Argentina”.
Juan Domingo Perón, Conferencia del 11 de noviembre de 1953, en la Escuela Nacional de Guerra.

“Sólo la unidad redimirá a los pueblos latinoamericanos”
Jorge Abelardo Ramos, Historia de la Nación Latinoamericana.

La férrea unidad y convicción de los gobiernos del Mercosur -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay-, y de Venezuela logró algo que, hace tan sólo unos años, hubiera parecido imposible: impedir de modo casi irreversible la firma del nuevo estatuto colonial norteamericano, el ALCA.
Las fauces del chacal de Iraq se fueron, esta vez, limpias de sangre. El presidente George W. Bush se retiró de Mar del Plata sin haber logrado asestar su feroz dentellada sobre Suramérica. Un desgarbado y ceceoso presidente argentino había puesto en negro sobre blanco la insalvable contradicción entre los intereses imperialistas norteamericanos y el interés de los pueblos y la patria americana, había denunciado ante todo un continente la responsabilidad yanqui sobre las feroces dictaduras militares, el despotismo saqueador de los organismos financieros internacionales y la arbitrariedad de un ALCA que aporta beneficios para una sola de las partes. En la voz del presidente argentino Néstor Kirchner se resumió un siglo de pensamiento y acción nacionales.
Manuel Ugarte, el socialista precursor, Hipólito Yrigoyen, el del repudio a la invasión a Santo Domingo, Juan Domingo Perón, el domador de Spruille Braden, se expresaban en la palabra del presidente argentino, convertido en vocero del más potente bloque que conoce la historia de América Latina. Este conjunto de países no sólo constituye la representación del 75 % del PBI del continente -como le informó, con sequedad, el presidente Kirchner a un insolente lenguaraz de la propuesta colonial, durante las arduas negociaciones en las que los imperialistas yanquis intentaron doblegar la firmeza sureña-, sino una convergencia que hace pie en el centro geopolítico del continente, que unifica las cuencas del Orinoco, del Amazonas y del Plata, que se abre en riquísimo balcón al mar Caribe y que extiende sus raíces hacia el centro andino. Si el fracaso de don Gaspar de Guzmán, el Conde Duque de Olivares, en sostener la unidad hispano-lusitana permitió el desarrollo de la hegemonía inglesa, la consolidación de esta unidad luso – hispánica en el Nuevo Mundo se ha convertido en el principal freno y balance a la expansión angloyanqui.
Pese a las dificultades y a las gigantescas presiones políticas, económicas y hasta militares, el Mercosur superó una de sus más difíciles instancias. Ni los desacuerdos mercantiles entre Argentina y Brasil, ni los enojos de Uruguay por la desaprensiva irresponsabilidad de un gobernador argentino, ni la seducción artillada de los yanquis sobre el Paraguay pudieron debilitar la firmeza y solidez del acuerdo mercosuriano.
Tampoco lo logró la prepotencia charra del presidente mexicano, convertido en abogado de las maquiladoras y sumiso correveidile de su poderoso vecino. Y la fortaleza de esta nueva unidad, que Perón imaginaba hace sesenta años, puso sordina a los puntos de vista del presidente de Chile, Ricardo Lagos, un defensor de los Tratados de Libre Comercio, que debió reconocer, con cortés prudencia, la intransigencia argentino-brasileña.
Mientras el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acompañado por Evo Morales y Diego Maradona, daba expresión multitudinaria y plebeya a lo que se debatía en el Hotel Hermitage, Néstor Kirchner, anfitrión del encuentro y expositor de la negativa al ALCA, ponía en un lenguaje diplomático pero contundente el punto de vista de un nuevo bloque político continental que, en Mar del Plata, tuvo su bautismo de fuego.
Mención aparte merecen los grupúsculos sedicentemente izquierdistas que se negaron a entrar al Estadio Mundialista donde se desarrolló la Cumbre de los Pueblos. Baste decir que se oyó a algunos de sus dirigentes repudiar al presidente venezolano por citar a Juan Perón y por mezclar la figura del gran caudillo argentino con la del Che Guevara. Como esos fracasados amantes que, cuando más evidente se hace su impotencia, más gritan y pegan a la mujer que infructuosamente los espera, estos elementos forman parte objetiva, y en muchos casos subjetiva, de la campaña imperialista contra esta nueva resistencia continental. Herederos de la vieja izquierda cipaya juanbejustista, enemigos de los movimientos nacionales y de la unidad latinoamericana, estólidos energúmenos divisionistas, son, para usar una conocida frase del general Perón, “como bostas de paloma, ensucian, pero no dan olor”.
Después de estas históricas jornadas y como homenaje a aquel profeta, también vinculado existencialmente a la Patagonia, creo que ésta es la mejor síntesis del nuevo momento que aquí se abre: el siglo XXI, por fin, nos encontró unidos.

Por Julio Fernández Baraibar

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy bien amigos! sigan adelante!

saludos desde www.tinku.org