26 de mayo de 2012

Mitre vuelve a cargar sobre Solano López

Entre 1973 y 1974 fui corresponsable de la edición de Izquierda Popular, el periódico quincenal del Frente de Izquierda Popular (FIP). En su momento culminante, después del triunfo del general Perón, el periódico tuvo una venta militante que llegó en algunos períodos a los 50.000 ejemplares. El blog Ruinas Digitales ha subido a su sitio una colección casi completa (sólo faltan dos números) de aquel periódico. De ese blog hemos extraído el siguiente artículo de nuestra autoría que, como se verá, sigue manteniendo una notable actualidad. Por otro lado, el lector podrá observar que lo que pensábamos entonces no es muy distinto a lo que sostenemos hoy, treinta ocho años después. Como La Nación, tampoco nosotros cambiamos


La Nación, el empacado órgano que sirve de guardaespaldas a la familia Mitre, está muy molesto con el gobierno popular. A pesar de sus sutiles maniobras envolventes, el paquidermo no puede ocultar su desagrado por medidas que reflejan el avance -acaso moderado, pero real- del movimiento nacional en distintos campos: la reforma impositiva le parece “fiscalista”, el gravamen a la renta potencial de la tierra “expropiatorio”, la politica universitaria, “caótica”.


Pero sus diferencias no} se limitan a cuestiones “trascendentales”; la olígarquía siempre ha sido cuidadosa de sus símbolos ideológicos, ha utilizado la superestructura cultural como arma de dominio. Por eso, el editorial de la “Tribuna de Doctrina”' del jueves 17 de enero se dedica a protestar enérgicamente por el cambio de nombre de una calle, la que antes se llamaba Manuel García y ahora se llama Mariscal Francisco Solano López.


Pocas veces una medida de tal materia ha sido tan justa. Baste recordar que García fue el cipayo pro-inglés que hizo la política de Rivadavia, firmó la paz con el Brasil que convertía en derrota la victoria militar y suscribió el tratado que hacfa realidad la política británica de Canning, “independizando” a la Banda Oriental e inventando al Uruguay como “estado tapón”, junto al imbécil aforismo de que “la victoria no da derechos”.
En cuanto a Solano López, él fue el heroico conductor del pueblo paraguayo en una guerra de exterminio que llevaron contra él los esclavistas brasileros, los cipayos uruguayos y la oligarquía porteña bajo la batuta de Bartolomé Mitre. Tras esa triple alianza, también se movía la diplomacia inglesa, que fue en definitiva la única triunfante.


Junto a López estuvieron entonces caudillos como Felipe Varela y López Jordán; intelectuales combatientes como José Hernández, Olegario Andrade, Carlos Guido y Spano, Rafael Hernández, Lorenzo Palacios y hasta el propio Alberdi, el extraviado unitario de los años mozos. Todo el pueblo criollo se alzó contra esa guerra injusta que culminó en un genocidio. La patria por la que ese pueblo luchaba no era la que imaginaban los estrechos intereses de la burguesía comercial porte1ía, sino la patria grande.


La Nación, claro está, defiende sus posiciones. Para ella hay “un nombre extranjero en el corazón de Buenos Aires”, y no es el de Canning, por ejemplo sino el de López. Aunque éste habría actuado en su momento “desde sus respetables puntos de vista también nacionales” (la negrita es nuestra)


Pues bien, nosotros afirmamos que el punto de vista de López era el punto de vista nacional. El de Mitre, el de la antipatria. No existe una “nación Argentina” en ese momento, sino un movimiento popular que aspira a una unidad federativa que vaya más allá de los intereses de la oligarquía del puerto de Buenos Aires. Esa bandera, la que enarbolaba Varela, la de la Unidad Americana, aún hoy está vigente. Avanza con los triunfos del movimiento antiimperialista de nuestro continente y el Frente de Izquierda Popular la ha tomado del fondo de nuestra historia común, de sus victorias y de sus derrotas. Nuestra nación, no es La Nación.

Izquierda Popular, Año 2, N° 29, Primera Quincena de Febrero de 1974.

2 comentarios:

Jorge Devincenzi dijo...

Julio: en una de las vueltas de la vida perdí Revolución y Contrarevolución de A Ramos, que si no recuerdo mal editó Plous Ultra en 3 tomos. Lo he buscado inútilmente porque no volvió a editarse. Sabés de algún lugar perdido donde se encuentre?
Saludos
JD

Lic. Faustino Velasco dijo...

Y lo peor es que se ha vuelto a llamar Manuel GARCÍA.

Habría que pedirle a los cipayos de la ciudad que restituyan el nombre del Mariscal paraguayo.