1 de febrero de 2020

El Adiós al Chin Cabral




Acaba de fallecer en Posadas, Misiones, en su provincia adoptiva, el Chin Cabral,
Conocí a Salvador Cabral en 1975. Si bien se había acercado al movimiento unos años antes -Chin era el producto de las grandes movilizaciones estudiantiles de 1969 y 1970, concretamente del Correntinazo- fue recién a principios de aquel año en que establecí con él un contacto personal, amistoso y fraterno que duró hasta el día de hoy.
Había elecciones provinciales ese año en Misiones. La dirección nacional del FIP me envió a mi y a decenas de compañeros y compañeras a la provincia a colaborar con la campaña electoral. El Chin había venido de Corrientes para asentarse en Posadas y por propia gravitación y personalidad se había convertido en una de las figuras de la Izquierda Nacional de más peso en la provincia. Para que los lectores del siglo XXI se den una idea, yo tenía entonces 28 años y el Chin, 33. Había nacido en 1942. De estatura no muy alta y de contextura robusta, Chin hablaba con una intensa tonada correntino-misionera, usaba muchas palabras en guaraní y tenía ya una actitud corporal, un modo de hablar y de imponerse caudillesca. Fue conocerlo y llamarlo, de inmediato, Aureliano Buendía, mote que a Chin le gustó porque coincidía con la impresión que intentaba causar a sus interlocutores.
Su primer libro fue un descubrimiento para todos nosotros. Del fondo de la historia regional había rescatado la figura de Andresito Guaicurarú, el hijo adoptivo de Jose Artigas. Había sometido los documentos y las fuentes históricas a la luz de la interpretación de lo que llamábamos el revisionismo histórico socialista, es decir la relectura de la historia argentina propuesta por Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Alfredo Terzaga, principalmente, y había traído a 1970 un hombre casi desconocido pero de una intensa actividad como jefe popular en los inicios de nuestra revolución patria. Con ello, Cabral, el Chin, le había dado a Misiones un caudillo federal y guaraní, vinculado a los Pueblos Libres del padre del federalismo rioplantense. Ese libro, Andresito Artigas en la Emancipación Americana”, fue uno de los pocos que me acompañaron al exilio.
Su tesis de doctorado, que convirtió en libro y que tuvo la deferencia de regalarme, Las Estrategias del Poder del Yrigoyenismo”, está dedicada a analizar de modo magistral la concepción táctica de don Hipólito Yrigoyen en la construcción de su movimiento y en el camino al poder en 1916. Los radicales de hoy no han leído esa obra, así como ignoran todo lo que se pueda saber sobre el viejo caudillo bonaerense.
Salvador Cabral, el senador por Misiones, que acaba de fallecer fue un patriota latinoamericano cabal. Toda su actividad política y su preocupación intelectual estuvo dedicada al tema de nuestra integración continental suramericana. Concebía, no sin razón, a su provincia, como un nodo geopolítico que vinculaba al Río de la Plata con el mundo guaranítico del Paraguay y con el gigante lusoparlante. La pasión política, ese fervor que posiblemente sea el único capaz de acompañarnos hasta el fin de nuestra vida, nos alejó y nos acercó. Pero siempre, en cada momento decisivo de la Patria, nos encontró del mismo lado, luchando por los mismos ideales y objetivos que asumimos en nuestros años de estudiante.
El senador Chin Cabral juró, recuerdo, además de hacerlo por la Patria, por la memoria de Jorge Abelardo Ramos y fuimos cientos de antiguos compañeros de aquellos años juveniles los que sentimos que era el juramento de una generación, la nuestra.
Con Chin Cabral se va, como no puede ser de otra manera, una parte de la historia de los últimos cincuenta años. Mi más cariñoso saludo a Elida Vigo, su esposa, y a sus hijas. Nuestro movimiento, que nos llenó de ideas y convicciones para transformar la Argentina y restaurar la Patria Grande, ha perdido un enorme compañero.
Buenos Aires, 1 de febrero de 2020

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