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30 de marzo de 2012



A 30 años de la gesta de Malvinas

A 30 años de la sacrificada recuperación de nuestras irredentas Islas Malvinas, cuando expulsamos por unos meses a los ocupantes ingleses en aras de nuestra integridad territorial, continúa la usurpación británica de estas islas, así como de la Georgia del Sur y todas las del Atlántico Sur, que son parte de nuestro territorio nacional. Esa ocupación constituye hoy el despojo colonial más importante que persiste en el mundo.

El pueblo argentino y los países hermanos de la Patria Grande comprendieron de inmediato que el 2 de abril de 1982 la Argentina había emprendido una gran gesta, mientras muchos de los autodenominados “demócratas” de entonces, como lo siguen haciendo los de hoy, consideraban que esa lucha contra el imperialismo no era legítima porque procedía de una dictadura. Lo paradójico, para no decir trágico, es que fue ese mismo sistema de partidos políticos, que había alentado y apoyado el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976 y había ocupado y ocupaba miles de cargos en gobernaciones, intendencias, en la asesoría de la CAL (Comisión Asesora Legislativa) y en la Corte Suprema de Justicia, “descubría”, el 3 de abril de 1982, que el régimen sanguinario que había entregado el poder a la usura imperialista internacional y sembrado el terror estatal en todo el país era una dictadura.

La conducta de estos falsos defensores de la Constitución tenía sus antecedentes. En las dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945), los partidos políticos del régimen semicolonial y gran parte de la intelligentzia pacifista sostuvieron a los aliados angloyanquis, es decir a los explotadores coloniales directos de la Argentina y pedían el envío de tropas argentinas a morir por una causa ajena. Esas mismas fuerzas representativas de una supuesta democracia conspiraron contra Perón entre 1946 y 1955, hasta que lograron derribarlo.

Inmediatamente después del 2 de abril y del final de la guerra se inició una feroz campaña desmalvinizadora, que aún no cesa. Los medios de comunicación hegemónicos, los políticos de izquierda y de derecha, ciertos intelectuales progresistas y de la escuela mitrista que cuestionan nuestra soberanía sobre las islas y el mar austral y una dócil diplomacia educada en la indiferencia de los conflictos territoriales instalaron la idea de que la guerra de Malvinas, como lo afirmó burlonamente la señora Thatcher, habría sido la lucha de la democracia inglesa contra la dictadura argentina. Todos ellos estaban marcados por la dicotomía sarmientina de la civilización europea contra la barbarie criolla.

La Corriente Causa Popular asume en su tradición política el papel patriótico que la Izquierda Nacional -con Jorge Abelardo Ramos, Blas Alberti, Alberto Guerberof, Jorge Enea Spilimbergo- jugó en aquellos días de vibrante fervor antimperialista. Es por eso que celebra este 30 aniversario del inicio de la batalla del Atlántico Sur como un momento crucial en la historia argentina.

Y es por ello también que, ante la renovada provocación del usurpador imperial, la Corriente Causa Popular repudia y rechaza estas nuevas agresiones británicas y saluda la firme decisión del gobierno nacional de enfrentarla con todos los medios que dispone.

El 2 de Abril de 1982 se inició en América Latina un grito de unidad alrededor de nuestro histórico y legítimo reclamo y Perú y Venezuela ofrecieron su apoyo político y diplomático -y en el primer caso logístico y militar- para defender y mantener la reconquista territorial.

Hoy, gracias a aquellas jornadas y a la activa política latinoamericana ejecutada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, el reclamo argentino se ha convertido en un reclamo continental. Consolidarlo y fortalecerlo es el mandato de las nuevas generaciones que han entrado en la política con las banderas de la Unidad y Liberación de la Patria Grande.

Buenos Aires, 1° de Abril de 2012

Corriente Causa Popular – Mesa Nacional

En la senda de Manuel Ugarte, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos

y Juan Domingo Perón

Email: info@ctecausapopular.com.ar

23 de febrero de 2012


Todos los argentinos de bien por la recuperación de las Islas Malvinas, junto a América Latina

En el conflicto por la soberanía de las Islas Malvinas, Argentina ha recibido el apoyo de todos los países latinoamericanos -además de China y los países árabes-, poniendo en guardia al pirata inglés, pues el conflicto dejó de ser bilateral y adquirió tintes regionales. Ya no es un sólo país, es el conjunto de la región -incluído Brasil y Chile- quienes reclaman la soberanía argentina sobre las islas.

El envío del destructor Dauntless al Atlántico Sur -al que se le agregaría el de un submarino de propulsión nuclear-, la prolongada estadía del Príncipe Guillermo en las Malvinas y considerar nuestra reclamo como “colonialista”, constituyen la nueva escalada de inaceptables provocaciones del imperialismo británico. Ante ellas, la Argentina vuelve a responder con su paciente apelación a los organismos internacionales para que se cumplan sus propias resoluciones y se pueda negociar, pacíficamente, la eliminación del enclave colonial.

La posición de Argentina, expresada en el discurso de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner -que debe considerarse como parte de la construcción de la renovada estrategia diplomática que se afirma en el carácter latinoamericano del conflicto-, volcó el peso de la activa solidaridad de los gobiernos del subcontinente, sobre la decisión que deberá tomar las Naciones Unidas.

Nuestro país, cuya estrategia de defensa prescindió del rearme militar, adoptó, como política de defensa, la integración latinoamericana. “Una suerte de defensa conjunta de la región, porque (los británicos) vienen a depredar nuestros recursos naturales", sostuvo la Presidenta.

Argentina tiene la legítima potestad de responder, todavía, con una serie de medidas de carácter económico destinadas a robustecer nuestra posición y a afectar al usurpador en su flanco más sensible. La Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte -CATT-, puso en marcha las mismas, decidiendo un boicot a los buques y aviones de bandera inglesa , de conveniencia o mentirosas, y obtuvo, en el mismo sentido, el apoyo de distintas centrales latinoamericanas. Esas medidas marcan también un camino para la negociación.

La campaña desmalvinizadora

La influencia cultural del imperialismo en nuestro país está intacta. Dice presente en las operaciones aplastantes de las editoriales de la canalla periodística agrupada en la gran prensa. Los plumíferos que defendieron sumisamente a la última dictadura cívico-militar, hoy golpean la posición argentina por “xenófoba” (Joaquín Morales Solá, La Nación, 05/02/2012), poniendo en duda si las Malvinas son nuestras (Luis Alberto Romero, La Nación, 14/02/2012) y suplicando que “por favor, dejemos en paz a esos isleños” (Silvina Walger, La Nación, 15/02/2012). Los mismos que sostuvieron que la gesta del 2 de abril tenía el único fin de prolongar el calvario de la dictadura cívico-militar oligárquica son los que hoy dicen que la causa Malvinas es una cortina de humo del gobierno nacional, popular y democrático, persiguiendo fines reelectorales. Estos mismos sedicentes intelectuales acaban de crear el “partido kelper” proponiendo, con gran auspicio de los medios coloniales, el reconocimiento de los pocos habitantes ingleses de las islas, un arrastrado y sumiso punto de vista que ni las Naciones Unidas consideran. Por eso hay que armarse de los mejores argumentos, no sólo para responder al usurpador, sino también para desarticular a la prensa colonizada y a los agentes ingleses disfrazados de hombres y mujeres ecuánimes. No hay ecuanimidad en cuestiones de la Patria.

Si el informe Rattenbach puede agregar datos sobre la incapacidad de la Junta Militar que dirigió el conflicto bélico contra las dos mayores potencias militares y económicas mundiales de la época –como las enfrentamos en la Vuelta de Obligado-, no podrá borrar de nuestra historia ni de la realidad, la Guerra de Malvinas, que es la que debe dar sustento ideológico a la estrategia diplomática argentina y nuevo impulso a la conciencia nacional y democrática del país.

La causa Malvinas reclama de la participación de todos los argentinos de bien

Si conviene a los intereses nacionales, el pueblo argentino debe respaldar toda negociación con el pirata inglés, sin olvidar que para defender la soberanía territorial, enfrentando a las grandes potencias, dueñas de los recursos de la presión económica, del favor de la prensa mundial, del más sofisticado sistema de espionaje y del terrorismo ideológico, hay que defender la soberanía política y económica, los salarios, las demandas obreras y la de los pequeños empresarios y las condiciones de vida de los sectores aún excluidos, presentando un frente férreamente nacional, popular y democrático.

Este año se cumplen 30 años de la Gesta de Malvinas. Junto con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner los argentinos, más allá de cualquier filiación política, debemos redoblar nuestro convencimiento acerca de la legítima soberanía sobre los territorios australes y nuestra exigencia de que el usurpador colonial, que, además, es una de las potencias con presencia permanente en todas las guerras imperialistas contra el mundo semicolonial, debe retirarse de las Islas Malvinas y terminar con uno de los últimos residuos del colonialismo del siglo XIX.

Buenos Aires, 22 de febrero de 2012

MESA NACIONAL de la CORRIENTE CAUSA POPULAR

Luis Gargiulo (Necochea), Eduardo González (Córdoba), Julio Fernández Baraibar (Cap. Fed.), Eduardo Fossati (Cap. Fed.), Laura Rubio (Cap. Fed.), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral. Roca), Ismael Daona (Tucumán), Alberto Silvestri (Esquina), Magdalena García Hernando (Cap. Fed.), Marcelo Faure (La Paz ER), Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Córdoba), Liliana Chourrout (GBA), Oscar Alvarado (Azul); Ricardo Vallejos (Cap. Fed.), Alfredo Cafferata (Mendoza), Juan Luis Gardes (Cipoletti), Omar Staltari (Bahía Blanca), Gabriel Claverí (Cnel. Dorrego), Rodolfo Pioli (Jujuy) y Horacio Cesarini (GBA).

Ateneo Arturo Jauretche - Jujuy

29 de diciembre de 2011

La incruenta batalla cultural

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha hablado en reiteradas oportunidades acerca de la batalla Cultural pendiente y ello ha provocado distintas reacciones tendientes a impugnar esta propuesta.

¿Que entendemos políticamente por Batalla Cultural quienes venimos bregando desde hace décadas contra lo que Jauretche llamó la “colonización pedagógica”?

Entendemos que la Batalla Cultural es un esfuerzo político e intelectual, desde el gobierno y desde la sociedad, que permitirá cambiar el paradigma sobre el cual se ha construido la visión que los argentinos y argentinas tenemos sobre nosotros mismos.

Ello implica, por lo tanto, restablecer un relato histórico que exprese la formación de nuestra sociedad desde la perspectiva de las grandes masas, de los sectores populares, derrotados en la mayoría de nuestras grandes encrucijadas, y de la construcción de nuestra independencia política, territorial y económica.

En la celebración del Día de la Soberanía en la Vuelta de Obligado, cada 20 de noviembre, y en la reivindicación de nuestra jurisdicción nacional sobre las Islas Malvinas y de nuestra guerra patriótica de 1982, cada 2 de abril, Cristina expresó el núcleo de ese paradigma que se enfrenta al relato establecido en 1853, como resultado de la batalla de Caseros. “Despojar de nuestras cabezas las cadenas culturales que durante tanto tiempo nos han metido y que son más invisibles y dañinas que los cañonazos”, fue la propuesta lanzada por la presidenta Cristina el 20 de noviembre del año pasado.

Esta Batalla Cultural implica también revertir el estrecho patriotismo impuesto por el proceso disgregador de América Latina y asumir un nuevo patriotismo continental. Significa romper en nuestros cerebros, el verdadero campo donde se libra esta batalla, la idea de una Argentina diferente -por blanca, por europea, por civilizada- al conjunto de los países de la UNASUR o de la CELAC. Estamos volviendo a ser parte de una gran Nación Latinoamericana y es necesario comenzar a pensar en esos términos, que eran los de San Martín, Artigas, Bolívar y O'Higgins, pero que, en otra batalla cultural perdida, fueron escamoteados. De ahí que el Instituto del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano se haya propuesto rescatar del olvido o hacer conocer las figuras de grandes compatriotas continentales a los que la balcanización convirtió en desconocidos en su propia tierra.

Además, el año que viene se cumplen 30 años de la Guerra de Malvinas. La sociedad y el Estado argentinos deberán recordar con dolor y dignidad a sus muertos heroicos en la turba malvinense. Tendremos que denunciar, con mayor vigor que nunca, la usurpación colonial británica y reivindicar la gesta que se inició el 2 de abril de 1982. Este año Cristina declaró solemnemente en Río Gallegos: “hagamos el duro aprendizaje de poder diferenciar las cosas y saber comprender que la patria y sus derechos están por sobre toda otra circunstancia o episodio que nos haya tocado vivir a cada uno de nosotros”. Esa parte de la Argentina probritánica, determinada por el paradigma impuesto en Caseros, más la colaboración de los propios británicos inició, con la derrota en el mar Austral, lo que se llamó la “desmalvinización”, quitar de la memoria cultural argentina el orgullo de haber luchado por nuestro territorio.

Forma parte de la Batalla Cultural restablecer aquel entusiasmo, revivir -como ocurre en cada reunión de países latinoamericanos- el sentimiento de Patria Grande que despertó aquella gesta. Este será, en 2012, otro de los momentos de esta batalla.

Y si bien esa contienda que ha propuesto Cristina se da en todos los frentes de la actividad del Estado, la Secretaría de Cultura de la Nación ha tenido y tiene una función decisiva. Jorge Coscia, el Secretario de Cultura de la Nación, ha jugado en estos dos años un gran papel. Tanto el Tercer Congreso Nacional de Cultura, el año pasado en San Juan, como el IV Congreso Iberoamericano de Cultura, este año en Mar del Plata, abrieron un amplio debate sobre estos nuevos paradigmas, sobre esta reescritura de nuestra memoria histórica. Los acuerdos celebrados recientemente con la ministra de Cultura del Brasil, Ana de Hollanda, el lanzamiento de los Puntos de Cultura –un programa de democratización de los proyectos culturales y fortalecimiento de las organizaciones de base- , la Cátedra de los Libertadores a lo largo de estos dos años, ha significado, con tantas otras iniciativas, que la cultura argentina es parte de un espacio más amplio, el continental, que, por otra parte, es ratificado por la presencia en el país de tradiciones y culturas de los compatriotas latinoamericanos que habitan nuestro suelo.

Esta batalla incruenta, de ideas, de pensamiento, de debate y reformulación es, de alguna manera, la garantía de continuidad en el tiempo, sin restauración posible, de este momento extraordinario que vive América Latina.

Por primera vez en tiempos modernos un proyecto de signo nacional y popular se extenderá por más de diez años continuos. Es el momento para que la impronta de estos años quede fijada para siempre en la autoconciencia nacional.

Estamos velando las armas de la crítica.

Publicado en Tiempo Argentino, 29 de diciembre de 2011

24 de febrero de 2010

La presencia pirata en Malvinas debe llegar a su fin

CORRIENTE CAUSA POPULAR

En la senda de Manuel Ugarte, Arturo Jauretche,

Jorge Abelardo Ramos y Juan D. Perón

Comunicado de Prensa:


La Corriente Causa Popular apoya incondicionalmente la posición del Gobierno nacional con relación a la defensa irrestricta del petróleo argentino en territorio de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, plasmada en el reciente Decreto 256/2010.

El tema del petróleo en Malvinas y mares circundantes está directamente ligado con la cuestión de la soberanía. El decreto presidencial, que impide el transporte de materiales destinados a la explotación petrolera en las islas, no hace otra cosa que trabajar política y diplomáticamente para revertir los daños generados por las fórmulas del “paraguas de soberanía” y la “estrategia de seducción” aplicadas en la triste década del menemismo. No es ni más ni menos que comenzar a poner fin a esta historia de piratas.

Veintiocho años después de la gesta militar en Malvinas, el plan británico para consolidar la usurpación de las islas está a un paso de concretarse, lo que provocaría, entre otras cosas, un duro revés tanto para la Argentina como para Unasur, quien ya ha manifestado su solidaridad con la Argentina en la Cumbre de Rio en Cancún.

Impedir que consorcios locales abastezcan a los piratas en la plataforma argentina y sancionar económicamente a la banca y empresas, especialmente inglesas que colaboren con los ilegítimos ocupantes de nuestras islas y mares, es otro de los caminos que el gobierno no debe desdeñar.

La patriótica decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es una batalla más en la lucha por el uso soberano de nuestros recursos naturales y por la recuperación de nuestro territorio usurpado.

La causa de Malvinas está más viva que nunca en el alma de los argentinos.

Y Latinoamérica nos acompaña.

CORRIENTE CAUSA POPULAR – Mesa Nacional

Luis Gargiulo (Necochea), Ricardo Bernal (GBA), Roberto Ferrero (Córdoba), Julio Fernández Baraibar (Cap Fed), Eduardo Fossati (Cap Fed), Federico Bernal (GBA), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral Roca), Rafael Bernal Castro (GBA),Luis Jaimovich (Tucumán), Ricardo Franchini (Córdoba), Liliana Chourrout (GBA), Eduardo Rotundo (Cap Fed), Oscar Alvarado (Azul), Ricardo Vallejos (Cap Fed), Elio Salcedo (San Juan), Alfredo Cafferata (Mendoza), Rolando Mermet (Cap Fed) y Horacio Cesarini (GBA).

Agradecemos su amplia difusión.