9 de junio de 2012

A 50 años de la fundación del PSIN

A 50 años de la fundación del PSIN

El compañero Luis Alberto Rodríguez ha hecho circular el siguiente artículo, seguido de la proclama con la cual se dio a conocer la primera organización política de la Izquierda Nacional, hace 50 años. La trascendencia que en la política argentina han tenido las ideas ahí planteadas me convencen de la necesidad de dar a conocer este aporte. Asimismo significa un homenaje a todos aquellos compañeros reunidos en esa oportunidad, muchos de los cuales quedaron en el camino y otros continúan en la lucha por la liberación del pueblo argentino y la unidad de América Latina.

 Luis M. Cabral, Blas Alberti, Luis Alberto Rodríguez, Jorge Abelardo Ramos, Fernando Carpio, Jorge Enea Spilimbergo, Alberto Converti, entrando a la Casa Rosada en 1974

JFB

EL PARTIDO DE LA IZQUIERDA NACIONAL

Luis Alberto Rodríguez

No fueron mil, ni cien, sino algo más de una treintena de compañeros en todo el país, algunos de los cuales nos reunimos y fundamos en 1962 el Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN).1 Ese encuentro ocurrió en Buenos Aires, los días 15 y 16 de Junio, en la parte del frente de una casona de bajos, que alquilamos en la calle Soler 3847 del viejo barrio de Palermo.
La circunstancia política de entonces estaba dada por la crisis, tanto de la sociedad argentina como la de los exangües partidos tradicionales, en los que se encontraba la izquierda portuaria, desvinculada del proceso histórico de las masas argentinas.
La concreción en una organización militante de la corriente ideológica conocida como Izquierda Nacional, tuvo en Jorge Abelardo Ramos a su inspirador y nervio. Este pertenecía al grupo originario constituido por Aurelio Narvaja, Adolfo Perelman y Enrique Rivera (sin que ello signifique olvidarnos de otros destacados compañeros), grupo que había sentado las bases de dicho pensamiento. Sin duda que a Abelardo le cabía lo que Castelnuovo dijera sobre Víctor Serge: “No pensaba para seguir pensando y hacer un oficio del pensar. Pensaba para poner en práctica su pensamiento”.2
Esos forjadores dejaron una huella profunda porque no fueron hombres de nadie, sino leales a una causa. A este respecto es pertinente recordar la confesión hecha por Perón al periodista Esteban Peicovich: “Me pregunta usted qué epitafio desearía para mi tumba, me gustaría que dijera únicamente: “Aquí yace un hombre que vivió y cumplió una causa… Y esa gran causa fue la que me hizo grande”.3
El núcleo duro que acompañaba al Colorado lo constituía el tándem conformado por Jorge Enea Spilimbergo y el metalúrgico Manuel Fernando Carpio. En tanto que la plataforma operativa para el mencionado encuentro era la “Librería del Mar Dulce”, donde también funcionaba la “Editorial Coyoacán”. En dicho lugar, salpicado por la simpatía de la querible Faby Carvallo, se lo solía ubicar a Ramos, motivo por el cual era un caedero de amigos y desconocidos. Ello sucedía por la vorágine de los acontecimientos políticos del país y también por la característica de la personalidad de aquel, que lo llevaba a relacionarse con infinidad de seres, pero fundamentalmente con personajes poseedores de aristas singulares, los que marcaban con su sello el paso de su tiempo histórico.
Allí conocí y traté, entre otros, a Arturo Jauretche, los mencionados Carpio y Spilimbergo, Ricardo Carpani, el Tucho Methol Ferré, Fermín Chávez, José María Rosa, Luis Alberto Murray, Enrique Oliva (François Lepot), Pajarito García Lupo, Enrique Pavón Pereyra, Ángel Pérelman, Alfredo Terzaga, Carlos Díaz y Alberto Converti (estos cuatro últimos ya venían de la Izquierda Nacional).
En los albores de los ‘60 -rebotando aún los desgraciados ecos del golpe de Estado contra el gobierno peronista-, la cultura y la revolución iban del brazo, causa por la cual los siguientes acontecimientos atrajeron la atención de amplios sectores de argentinos: los libros Los Profetas del Odio, de Arturo Jauretche, y Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, del Colorado Ramos; la novela Sobre Héroes y Tumbas, de Ernesto Sábato; la exposición pública del Grupo Espartaco (orientado por el pintor Ricardo Carpani) y la música de Astor Piazzolla, con su emblemático Adiós Nonino.
Pero, ¿de dónde provenían la mayoría de aquellos delegados que le dieron vida al PSIN, esos que se reunieron ante un gran mural realizado por Carpani y cuya figura central era un magnífico centauro gaucho? Ellos constituían una muy pequeña representación de lo que, con posterioridad, se conocerá como la “nacionalización de la clase media”. Esos jóvenes militantes, que conformaban dos grupos, venían de una gran decepción, tan grande como la ilusión que los había llevado a la acción política.
El núcleo más importante provenía del “socialismo de vanguardia” -sector que era un desgajamiento de las múltiples escisiones sufridas por el esclerosado tronco del Partido Socialista-, que influenciado por la incomprensión hacia el peronismo y por la triunfante revolución cubana, terminará quedando a medio camino en el entendimiento de la cuestión nacional.
El otro grupo estaba integrado por universitarios derivados de la frustrante experiencia frondizista. A partir de 1957, el Dr. Frondizi había concitado el apoyo de importantes estamentos de la clase media al hacer eje en una salida política nacional y en una economía al servicio del país, con democracia y sin proscripciones. Toda la actividad política estaba a flor de piel, en un vertiginoso y confuso conglomerado de causas y efectos. Es por eso que, en búsqueda de orientación, muchos de nosotros empezamos a seguir los análisis y posiciones políticas que Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz explicitaban desde la revista Que, de gran influencia en aquellos tiempos.
La labor desarrollada por Don Arturo y Scalabrini no solo dio contenido a la batalla electoral que se avecinaba, sino que, por la continuidad de la prédica, llegaron a constituirse en los auténticos “formadores de la conciencia nacional en la Argentina contemporánea”.
Como es sabido, el proceso frondizista desembocó en la traición al acuerdo con Perón, la sumisión al imperialismo, la burla al estudiantado al implantarse la enseñanza libre, el despojo al triunfo electoral del peronismo, la entrega del petróleo y el comienzo del desguace ferroviario. Así, en marzo de 1960, frente a las sucesivas huelgas obreras y protestas estudiantiles, se declaraba al país en “estado de conmoción interna”. Ello posibilitó la detención de cientos de activistas estudiantiles y sindicales -entre los que se encontraban Andrés Framini y José Rucci- y la intervención a varios gremios. Como era previsible, en 1962, Frondizi terminará siendo derrocado por el mismo ejército del general Aramburu.
Volviendo a ese año y al PSIN, digamos que no había nada más, salvo lo más importante: la esperanza y la militancia para luchar por las banderas históricas del movimiento nacional en la perspectiva revolucionaria del socialismo criollo.
A la finalización de los debates de aquel encuentro, se eligió la primera Mesa Ejecutiva Nacional del nuevo partido, la que quedó integrada por Fernando Carpio, como Secretario General, Abelardo Ramos, Jorge E. Spilimbergo, Luis A. Rodríguez, Osvaldo Soraires, Isidro L. Zanelli, Juan C. Medina y Augusto Despréz. También fue elegido el Comité Ejecutivo, siendo su Secretario General el mismo Carpio, y como Vocales Carlos Díaz y Jaime Zapata (del Chaco), Oscar Aramburu y Luis A. Gargiulo (de Necochea), Rubén Bortnik (de Bahía Blanca), Ramos, Spilimbergo, Rodríguez, Soraires, Medina, Zanelli, Despréz, Ángel Perelman (obrero metalúrgico, uno de los fundadores de la U.O.M. y autor de “Como hicimos el 17 de Octubre”), y Alberto Belloni (dirigente obrero de A.T.E. y autor “Del anarquismo al peronismo” y de “Peronismo y Socialismo Nacional”).
Una segunda oleada –un poco más extensa que la anterior- se hizo presente apenas el Partido comenzó a entreverarse en la política nacional: Alberto Guerberof, Rodolfo Balmaceda, Jorge Raventos, Jorge Beinstein, Juan Barat y Leopoldo Markus, en Buenos Aires; Silvio Mondazzi, Roberto Ferrero y Roberto Reyna, en Córdoba; Hipólito Bolcato, Juan A. Geobergia, Pericles Dentesano y Mario Lacava, en Santa Fe; Mario Bernich, Osvaldo Pérez y Clarise Pasmanter, en Chaco; Bailón Gerez, Raúl Dargoltz y Carlos Zurita, en Santiago del Estero; Adolfo Marengo y Marcelo Palero, en Mendoza; Gregorio Caro Figueroa y Ana María Giacosa, en Salta; Simón Gómez en Catamarca.
Así, de a poco y con mucho sacrificio, aquel partido fue tomando encarnadura y abarcando con su influencia política y organización a casi todo el país. Años más tarde, en 1971, se transformará en el Frente de Izquierda Popular (FIP), y en 1987, en el Frente Patriótico de Liberación (MPL). Vaya, entonces, en este aniversario del PSIN, nuestro recuerdo fraterno para los miles de abnegados compañeros que hicieron -y los que aún siguen haciendo- camino al andar. Y vaya también nuestro homenaje a quienes ya no están físicamente entre nosotros, pero perduran en nuestro recuerdo por la persistencia de sus esfuerzos y sus ideales.
Como escribiera Van Gogh: “Los molinos ya no están, pero el viento sigue todavía”.
Buenos Aires, Junio de 2012.-

A P É N D I C E
LA IZQUIERDA NACIONAL YA TIENE SU PARTIDO


Trabajadores y Ciudadanos:

DELEGADOS de todo el país, en junio de este año, han fundado el Partido Socialista de la Izquierda Nacional. Sus cuadros se integran con hombres provenientes del llamado "socialismo de vanguardia" (Secretaría Tieffenberg), con militantes del Partido Socialista de la Revolución Nacional (disuelto por la Revolución Libertadora) y con numerosos núcleos obreros y estudiantiles independientes embanderados en el programa de la Izquierda Nacional.
Jóvenes revolucionarios sin compromisos con el pasado, y militantes más experimentados del socialismo revolucionario, se han unido para echar las bases de un movimiento político, independiente del imperialismo, de la burguesía nacional y de la burocracia soviética. En todo el país, los sostenedores de estas ideas eran conocidos como partidarios de la Izquierda Nacional. Era hasta hoy un movimiento puramente ideológico; se ha transformado en partido político precisamente en el momento que los partidos clásicos de la oligarquía, de la clase media y de las "izquierdas cipayas" atraviesan su crisis más profunda. Los partidos tradicionales de izquierda y de derecha expresan en sus convulsiones la decadencia general de la vieja sociedad Argentina.
El Partido Socialista de la Izquierda Nacional aspira a poner orden en este caos y a trazar las líneas de una política proletaria independiente en la Revolución Nacional. Si la oligarquía demuestra su total impotencia para resolver los problemas argentinos, y si la burguesía ya ha hecho su prueba, el proletariado aún no ha dicho su última palabra.

¿Qué es la Izquierda Nacional?

Pero antes de examinar las clases y los partidos de la Argentina, corresponde decir quiénes somos y que títulos podemos exhibir ante los trabajadores para justificar nuestra existencia.
Todos los obreros recordarán que antes del 17 de octubre de 1945 el país estaba dividido entre los partidarios del ingreso argentino en la guerra imperialista mundial y aquellos que se oponían a la infame matanza.
La cipayería acusaba de "nazis" a los neutralistas de la pequeña burguesía y a los marxistas revolucionarios que condenaban la guerra. Entre estos últimos estábamos nosotros, desde 1939.
Los mismos cipayos de esos años -radicales, conservadores, socialistas y comunistas- serán los que formaron luego la Unión Democrática contra el peronismo. Y cuando en 1945 las masas populares imprimieron un nuevo rumbo a los destinos del país, los socialistas revolucionarios, un puñado tan solo, estuvieron junto al pueblo y recibieron con el pueblo el mote de "nazi-peronistas". En 1945 también nosotros éramos "nazi-peronistas", únicamente porque, sin ser peronistas, apoyábamos la lucha contra el imperialismo y las grandes realizaciones del gobierno de Perón. Las condiciones políticas de la pequeña burguesía, polarizada en el antiperonismo mas ciego, y de la clase obrera, polarizada en el peronismo como su primera etapa de lucha política, impidieron que la ideología socialista revolucionaria cristalizase en partido.
Hubo una tentativa, suprimida por los gorilas de la revolución libertadora, que fue el Partido Socialista de la Revolución Nacional. Precisamente en ese agrupamiento, con la edición del periódico "Lucha Obrera", aparecido al caer Perón, centenares de miles de trabajadores aprendieron que podía haber en el país un socialismo realmente argentino y revolucionario, aliado al peronismo, capaz de señalar el camino en las horas más difíciles y dolorosas del país.
Es en ese momento, en abril de 1955, que lanzamos la idea de la Izquierda Nacional, como contrafigura de la izquierda cipaya tradicional, y cuyo contenido no podía ser sino socialista. En una resolución política del 14 de abril de 1955, formulamos en estos términos la consigna: "Por una nueva Izquierda Nacional y Latinoamericana! Por un poderoso partido de la clase trabajadora! Por la lucha irreconciliable contra el imperialismo y sus aliados nativos!". La reacción oligárquica de ese momento nos excluyó de la acción
política por muchos años, y desde entonces libramos la batalla en el frente ideológico para educar a la nueva generación en los principios de la política proletaria, del método marxista en la cuestión nacional y de un movimiento socialista que fuese capaz de interpretar al país tal cual es.
Precisamente cuando el Socialismo de la Revolución Nacional era disuelto por los gorilas, Alfredo Palacios era nombrado embajador libertador en el Uruguay, Américo Ghioldi aullaba que se había "acabado la leche de la clemencia", Tieffemberg condenaba a la "barbarie peronista" postulándose a los libertadores para una cátedra en la Facultad de Derecho, y Codovila asaltaba los sindicatos peronistas con la ayuda de la policía. Estos simples hechos, conocidos por todo el mundo, permiten comprender el panorama de la izquierda cipaya en 1955, y también la posición invariable de la izquierda nacional revolucionaria.
Pero la nueva generación socialista no ha podido ser confundida. La inmensa mayoría de las juventudes del "socialismo de vanguardia" ha roto sus vínculos con ese grupo bajo la enseña de la Izquierda Nacional. Jóvenes y veteranos estamos juntos hoy para acometer una gran empresa, digna de los tiempos borrascosos que vivimos. El Partido Socialista de la Izquierda Nacional es el instrumento militante para realizarla. Ese es nuestro pasado. Podemos mirar hacia atrás porque estamos orgullosos del él. Sin jactancia desafiamos a las izquierdas cipayas a que hagan lo mismo, si pueden.Del yrigoyenismo al peronismo

Don Hipólito Irigoyen encabezó un gran movimiento nacional en la época que el proletariado estaba en formación. Fue la primera tentativa en el siglo XX para restringir la influencia política y económica de la oligarquía agropecuaria. Las clases que lo componían, la inmadurez del país, su inconsecuencia, determinaron la frustración de su lucha. El saldo de sus dos gobiernos puede resumirse en los lineamientos de una política nacional burguesa progresiva que no logró verificarse sino en el papel. El factor fundamental que abre nuevas perspectivas para el desarrollo de la revolución nacional es el proceso de industrialización abierto con la primera guerra mundial, con la crisis de 1929 y con la segunda hecatombe imperialista de 1939.
A partir de 1930 aparece un nuevo proletariado, que ya no procedía, como a principios de siglo, de la inmigración, sino del crecimiento vegetativo del interior y de la crisis agraria que empuja a los peones a las ciudades industriales en crecimiento. Esos cuadros de obreros criollos irrumpieron en la ciudad cosmopolita de Buenos Aires y transformaron su composición nacional y su destino político. La nueva clase obrera así formada saldrá a la calle el 17 de Octubre y hará sus primeras armas sindicales y políticas con el peronismo. El movimiento nacional iniciado por Irigoyen trasladará su eje a partir de 1945 y el elemento predominante en el peronismo será la clase trabajadora. El radicalismo será desde entonces un movimiento mixto, de clase media, de burguesía nacional, de agentes de la burguesía comercial, cipayos y nacionales reunidos.
La aparición del peronismo es inexplicable sin la formación del frente de clases que lo constituyó. Ese Frente Nacional estaba formado nos solo por los trabajadores, sino particularmente por el Ejército, por sectores de la burguesía nacional, por la Iglesia, por sectores de la clase media urbana y rural y por la burocracia del estado. El verdadero espíritu revolucionario de ese Frente Nacional estaba refugiado en las masas obreras. En el Ejército existía un sentido nacional muy acentuado, aunque limitado por el temor a la clase trabajadora.
En cuanto la burguesía nacional, solo la presencia de Perón, como regulador y arbitro supremo del movimiento, contenía el odio de clase hacia los obreros. Para la burguesía nacional, el movimiento peronista debía estar al servicio de su lucro, y practicar un antiimperialismo estatal sin sindicatos y sin ideología, sin porvenir y sin grandeza. Los elementos burgueses y burocráticos de ese Frente no pudieron impedir que Perón imprimiese a su movimiento un amplio carácter popular, que es la garantía verdadera de su fuerza; pero lograron suprimir de él todo vestigio de ideología revolucionaria.
Diese así la paradoja de que un movimiento nacional apoyado por las masas obreras tuviese una expresión ideológica reaccionaria, proporcionada por los elementos nacionalistas de derecha, mientras que, por el contrario, los sectores de la izquierda cipaya antiperonista, ostentasen fórmulas ideológicas democráticas y "avanzadas", para ocultar el contenido ultrarreaccionario de su prédica. A través de esta contradicción de hierro- que alejó del peronismo a grandes sectores de la juventud pequeño burguesa- transcurrieron diez años de régimen peronista. Instintivamente, las masas populares rechazaban el partido peronista, prefiriendo apoyar directamente a Perón, pues sospechaban que los elementos reaccionarios de la burocracia y de la burguesía estaban más cerca de la contrarrevolución que de la revolución.
La lucha contra el imperialismo, por otra parte, no suprime la contradicción de clases dentro del Frente Nacional; por el contrario, la acentúa y permite medir la consecuencia, la resolución y el espíritu revolucionario de cada una de ellas frente al enemigo del país. De ahí la importancia decisiva que en la revolución nacional actúe un partido obrero independiente, formado por los elementos más decididos y esclarecidos de la clase trabajadora, capaces de impulsar la revolución hacia delante y de condenar todas las vacilaciones e inconsecuencias de las otras clases del Frente Nacional.
Ahogar esta tentativa en nombre de la "unidad nacional" solo puede servir a los intereses de la burguesía, capaz de llegar a cualquier acuerdo con las potencias mundiales (Kennedy, Mac Millan o... Kruschev) antes de permitir que la clase obrera se convierta en el sector conductor y en el cerebro dirigente de la Revolución. Virajes a derecha o a izquierda de este género ya los hemos visto, y los volveremos a ver, pero a no hacerse ilusiones. Solo un partido revolucionario con raíces profundas en el país será el mejor correctivo para estas maniobras circunstanciales de la burguesía, destinadas a mantener su control sobre la clase obrera y el movimiento nacional.
Perón intentó realizar las tareas de industrialización requeridas por el país con la ayuda del ejército y la clase obrera, sus dos fuerzas fundamentales. Pero los elementos burgueses y conservadores de su movimiento impidieron esa industrialización alcanzase su necesario vuelo. Esto solo podía lograrse económica y políticamente, con la expropiación de la oligarquía terrateniente, de la burguesía comercial, de los frigoríficos y de otras inversiones extranjeras que ahogan al país. Al dejar en pie esos pilares de la reacción, Perón fue derribado en 1955.
La oligarquía, que había sido políticamente expropiada, pero a la que restaba intacta toda su base económica, reconstituyo sus fuerzas y siete años después de la caída de Perón, continua en la plenitud de su poderío.
El triunfo electoral de Frondizi reflejo la debilidad fundamental del país en 1958. Aniquilados los sectores del ejército que habían sostenido el régimen peronista, replegada la clase obrera a sus reductos sindicales, desmantelados los sistemas defensivos de la economía nacional creados por el peronismo, Frondizi subió al poder condicionado por tales limitaciones. Representante de la pequeña burguesía democrática y de los nuevos sectores de la burguesía industrial creados bajo el régimen peronista, toda su política consistió en evitar un enfrentamiento con el imperialismo; por el contrario, y demostrando que la pequeña burguesía posee un alto respeto por la gran burguesía, intentó "persuadir" a los Estados Unidos que la industrialización argentina era un contrafuerte ante el avance del "comunismo" hemisférico.
Su buena voluntad se demostró accediendo a todas las exigencias imperialistas: sin prensa propia, sin banca nacionalizada, sin IAPI, sin control de cambios, sin capitalismo de estado, no le quedó más remedio que comprender al fin de su ciclo que el imperialismo había aprovechado esas concesiones para reintroducirse en la economía argentina sin dar nada en cambio. El frondizismo- esto es, la burguesía nacional- intentó gobernar fundado en dos clases: la oligarquía y la burguesía. El resultado está a la vista y las contradicciones hirvientes de su gobierno respondían a la quimérica tentativa de buscar la estabilidad financiera para la oligarquía y el desarrollo para la burguesía. Con lo cual no podía satisfacer plenamente ni a la una ni a la otra.
El papel desempeñado por los "planteos" militares en ese tumultuoso proceso revelaba por un lado que las fuerzas armadas habían quedado enfeudadas desde 1955 a la influencia ideológica del imperialismo y por el otro que a Frondizi y a su clase le faltó la audacia y resolución necesaria para impulsar una abierta política nacional capaz de reeducar a los cuadros de oficiales en la lucha misma. El carácter semicolonial de la Argentina quedaría suplementariamente demostrado por estos hechos, reveladores en definitiva que solo la clase obrera a permanecido fiel a las banderas de la liberación nacional y que no ha podido ser jamás confundida en medio del caos político de los últimos años.
Esta conciencia profunda de las masas populares resulta más patética a la luz de los teóricos que el frondizismo ha producido en el curso de sus cuatro años de gobierno. Frigerio es uno de ellos y en sus lastimosas tesis puede medirse toda la impotencia de nuestra burguesía nacional. Incapaz de salvarse a sí misma del abrazo estrangulador de la oligarquía, mal podría pretender salvar al país. Al idealizar el papel económico del imperialismo, la burguesía y Frigerio dicen bien a las claras que han renunciado a conducir la defensa de los intereses nacionales y aun de su propia existencia.
Mientras que la oligarquía y sus partidos sostienen la necesidad de volver a la prosperidad del Centenario y hacer emigrar a los diez millones de argentinos que la economía agropecuaria no puede alimentar, los partidos de la pequeña burguesía como el radicalismo sostienen que la salvación radica en la Alianza para el Progreso. Si no podemos industrializarnos desde adentro, busquemos la industrialización por afuera! A esto se reduce su ideología meteca.
Los elementos de la izquierda cipaya, a su vez, proponen como suprema panacea, "negociar" con la cortina de hierro. Cipayos de izquierda y derecha, olvidan todos a nuestra América Latina, la reserva del imperialismo y la base de nuestra verdadera unidad, independencia y grandeza. Ninguno de estos partidos a planteado el problema de la unidad latinoamericana, de establecer íntimas relaciones con los pueblos hermanos y de crear un comercio Inter-Latinoamericano capaz de oponer al comprador y vendedor único, un monopolio latinoamericano de productos para defender ante el imperialismo una gran patria dividida.
Esto no significa que el socialismo de la Izquierda Nacional ponga en un mismo plano al bloque socialista y al imperialismo. En el campo del socialismo, sean cuales fueran sus deformaciones burocráticas y sus errores, flamea la bandera de toda la humanidad. Pero los caminos que conducen al socialismo no han sido trazados en ninguna parte. Y menos que nadie por la burocracia soviética, especialista en estrangular revoluciones. Tan solo nosotros, y solo nosotros, determinaremos las ideas y la conducción de nuestra lucha en América Latina. Y solamente así nuestra revolución no se expondrá a ser negociada en las chancillerías por Kruschev como hizo Stalin en su tiempo con los movimientos nacionales y coloniales.
Nuestros países deben negociar con Estados Unidos, con la Unión Soviética y con todos los estados del mundo, sin ninguna clase de restricciones ni de intimidaciones. En cuanto a los escépticos que niegan la posibilidad de un
desarrollo económico sin ayudas del imperialismo y a los izquierdistas cipayos que ven solo en el comercio con la Unión Soviética en la "coexistencia pacífica" la clave de nuestro progreso, respondemos: no hay desarrollo sin revolución, y no puede haber real liberación argentina sin revolución latinoamericana.
La grandiosa revolución cubana, por el retraso del movimiento en América Latina, está confinada a una isla. Nada mejor puede pedir el imperialismo que insularizar nuestras revoluciones, que aislar a Bolivia en el altiplano o a Cuba en el Caribe. Tampoco puede inquietar a la burocracia soviética esta dramática situación. Pero a nosotros, los latinoamericanos, el destino de Cuba o Bolivia, sus avances o desfallecimientos, aluden a nuestro propio destino. Dejemos que esas revoluciones den motivo a los cipayos de izquierda a un "cubanismo" frenético, destinado a ocultar la verdadera naturaleza de nuestra propia revolución. Dejemos que los "cubanistas" sean revolucionarios en la Habana y cipayos en su propio país. No hemos de juzgar a los heroicos cubanos por sus deplorables epígonos de Buenos Aires, sino por sus propios actos, y aun por sus errores. Tenemos autoridad suficiente para hablar de ellos sin que la cipayería adicta a todas las revoluciones triunfantes pueda conmovernos.

¡Compañeros y Trabajadores!

Nos hemos lanzado a la acción política porque abrigamos la profunda convicción que la clase obrera necesita un partido de clase independiente. Estamos en el vasto escenario de la revolución nacional y pretendemos ser la autoconciencia del proletariado en esa lucha gigantesca. Un partido realmente revolucionario es "el factor consciente del inconsciente proceso histórico" pero no puede operar maravillas. Tan solo si la clase trabajadora necesita del socialismo, se hará socialista. Pero esa exigencia está en la naturaleza misma del régimen capitalista; ese régimen, sufre una agonía mortal en el mundo entero.
Las particularidades del proceso argentino han determinado, por el contrario, cierto desarrollo capitalista moderno, producido gracias a la ruina general del sistema en escala internacional. Esa es la razón por la cual el empuje de la industrialización está detenido y las primeras manifestaciones de la crisis industrial aparecen en nuestro país. Surgidos a la vida histórica como factoría inglesa exportadora la crisis del imperialismo nos permitió industrializarnos.
La expresión política de ese intento fue el ‘45 y el peronismo. Su derrocamiento fue la señal de parálisis, lo que debe llevarnos a la conclusión que no habrá para nuestro país, ni para ninguna otra semicolonia del siglo veinte otro camino para industrializarse que no sea la revolución. Dicho en otros términos estamos condenados al estancamiento a la degradación económica y a la miseria si no reconstruimos un país industrial.
Toda la cuestión se resume en la respuesta a esta pregunta: ¿Qué clase dirigirá el proceso? Nosotros creemos que lo hará el pueblo argentino, con su clase obrera al frente, verdadera personificación de toda su historia. Y contra ella estarán los eternos rivadavianos, mitristas y cipayos de 150 años de guerras civiles. Pues si los obreros son los montoneros de ayer, el socialismo revolucionario es el nuevo movimiento para las viejas tareas irresueltas que América Latina reclama.

¡Compañeros, trabajadores!. El socialismo de la Izquierda Nacional ofrece a la nueva generación una nueva bandera!

¡Hacia la segunda revolución de Octubre, hacia un Octubre definitivo e invencible!

¡Por la liberación nacional y social del pueblo argentino!

¡Por la unidad de América Latina!

¡VIVA EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO!


COMITÉ EJECUTIVO
PARTIDO SOCIALISTA DE LA IZQUIERDA NACIONAL

Buenos Aires, Junio de 1962.-





1 Hubo un valioso antecedente en el Partido Socialista de la Revolución Nacional, fundado en 1953 como ala izquierda del movimiento peronista. Inmediatamente de producido el derrocamiento de Perón apareció, en noviembre de 1955, el semanario Lucha Obrera dirigido por Esteban Rey. Esta publicación continuó hasta comienzos del ’56, siendo con El Líder, la última defensa de la revolución nacional.
22 Elías Castelnuovo, militante y destacado escritor anarquista, accede a prologar en 1954, a pedido de Spilimbergo, Vida y muerte de Trotsky, en donde narra sus valiosos encuentros con Serge. Ese libro fue publicado por Indoamérica, una de las tantas editoriales fundadas por Ramos.
3 Pavón Pereyra, Enrique: Los últimos días de Perón, Ediciones La Campana; Buenos Aires, 1981, p. 228.

1 de junio de 2012


Los seis primeros meses de 2012

La oligarquía se prepara para las legislativas del año que viene

En los seis primeros meses del 2012, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha sufrido una virulenta ofensiva política de las fuerzas sociales y económicas que se sintieron profundamente amenazadas por el resultado electoral del mes de octubre del año pasado.
Una mayoría del 54,11 % en primera vuelta y una diferencia de 38 puntos con el segundo candidato más votado representa, en efecto, una legitimidad y un apoyo popular capaz de poner en riesgo la hegemonía política y económica de las tradicionales minorías privilegiadas en la Argentina, esos sectores a los que la tradición política nacional y popular ha bautizado para siempre como “la oligarquía”. Y pasadas las celebraciones del Nuevo Año, esa oligarquía, a través de sus medios de comunicación, comenzó un pertinaz ataque a la presidenta, a través de atacar a cada uno de los hombres en los que Cristina se ha apoyado.
A las ya reiterativas críticas y ataques al Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, se sumó una andanada mediático-judicial contra el vicepresidente Amado Boudou, basada en las vagas y confusas acusaciones de una mujer despechada. No ha pasado día sin que los diarios monopólicos y sus medios asociados, no publiquen todo tipo de acusaciones calumniosas contra el vicepresidente, quien, es preciso recordar, fue quien llevó adelante la nacionalización de las AFJP, devolviendo al Estado argentino el manejo de la principal fuente de ahorro nacional y terminando con un negocio en el que el propio monopolio mediático estaba envuelto.
En dos oportunidades, la última recientemente, las cuevas financieras de esa oposición minoritaria e irresponsable lanzaron una absurda especulación sobre el dólar, llevándolo a precios inicuos para inducir una devaluación, generar zozobras en una población muy sensible, por las experiencias pasadas, a la evolución de esta moneda y favorecer la inflación. La solidez macroeconómica de la Argentina desbarató la maniobra. Pero el intentó le permitió a esta oposición salvaje, escasamente representada por los partidos opositores, un conato de cacerolazo aristocrático y escuálido a lo largo de la avenida Santa Fe, en la ciudad de Buenos Aires. Ni Caballito se sumó al bochinche oligárquico.

Callao y Santa Fe, el epicentro del cacerolazo gorila. Se observan los rostros macilentos por el hambre y la misertia
La necesaria reforma impositiva en la provincia de Buenos Aires permitió también que la Mesa de Enlace -desmantelada durante los últimos meses- se pintase nuevamente la cara. Para nuestra clase terrateniente el impuesto es como la sal sobre una babosa, algo que atenta contra su misma existencia. Incapaces de una sola mejora en sus tierras y responsables de una irresponsable y empobrecedora explotación del recurso, el precio de sus propiedades aumentó geométricamente desde 2003, merced a las políticas gubernamentales. Convencidos que su holgazanería constituye un monumento al trabajo nacional, estos grupos minoritarios, ausentistas, residentes en su gran mayoría en la Capital Federal y su zona norte, y grandes acumuladores de dólares que por todos los medios intentan sacar del país, son el núcleo duro de la oposición al gobierno. Su odio, entrevisto en algunos reportajes televisivos o en algunas notas de La Nación, solo puede ser comparado al que manifestaron contra Perón y el peronismo en el siglo pasado, que terminó en los criminales golpes de Estado de 1955 y 1976.
Este lock out con el que pretenden seguir evadiendo sus impuestos ha carecido de los apoyos que tuvo el del 2008. Es que, justamente, el 54,11 % de los votos hace tan solo ocho meses es, todavía, una base política muy sólida. Y ese sustento popular ha sido fortalecido por el gobierno de Cristina con algunas medidas que han sido decisivas. La renacionalización de YPF ha sido entendida por el conjunto del país real y profundo como una ratificación del rumbo que se decidió tomar en 2003 y como una prueba de la contundencia del gobierno para enfrentar las grandes encrucijadas. Hoy no acompañan a los holgazanes agrarios los distintos sectores medios que en el 2008 se sintieron seducidos por sus camperas de gamuza y sus 4x4.
Todos estos ataques tienen una sola finalidad. Incapacitados como están los partidos opositores para unificar su enfrentamiento con el gobierno, el núcleo duro oligárquico y la corporación mediática intentan debilitar a Cristina y a los posibles candidatos del gobierno para las elecciones legislativas del año que viene. La presidenta debe evitar el cimbronazo del 2009 y, por el contrario, debe buscar un resonante triunfo que le permita una mayoría parlamentaria capaz de aprobar una convocatoria a una constituyente que reforme la carta magna. Y la cláusula de la reelección no es el tema excluyente, ni siquiera el principal. Lo sustancial para la consolidación del proyecto de país que se viene desarrollando desde 2003 es la derogación de los peores y más concesivos artículos de la constitución aprobada en 1994 con el contubernio de Alfonsín y Menem. Su sanción correspondió a la cristalización del proyecto neoliberal, del encuadramiento al Consenso de Washington, del desguace del Estado Nacional, del desmantelamiento de la soberanía nacional sobre nuestros recursos naturales, a la vez que creó la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la que el gobierno nacional ha vuelto a ser huésped de un poder enemigo.
Revisar estos cimientos constitucionales a la luz de la nueva Argentina que emergió de los incendios de diciembre de 2001 es una de las tareas que permitirán evitar o dificultar los retrocesos, consolidar lo alcanzado y profundizar sus alcances.
Los enemigos de esta Argentina le temen al 2013 y toda su actividad apunta a aquella fecha. Cristina sabe y demuestra que gobernando con mano firme garantiza la continuidad de su proyecto nacional y popular.
Buenos Aires, 1° de junio de 2012

28 de mayo de 2012

Entrevista en la televisión local de General Rodríguez a propósito de "El otro 25 de Mayo" y la situación de los afrodescendientes en la sociedad de la época.

26 de mayo de 2012

Mitre vuelve a cargar sobre Solano López

Mitre vuelve a cargar sobre Solano López

Entre 1973 y 1974 fui corresponsable de la edición de Izquierda Popular, el periódico quincenal del Frente de Izquierda Popular (FIP). En su momento culminante, después del triunfo del general Perón, el periódico tuvo una venta militante que llegó en algunos períodos a los 50.000 ejemplares. El blog Ruinas Digitales ha subido a su sitio una colección casi completa (sólo faltan dos números) de aquel periódico. De ese blog hemos extraído el siguiente artículo de nuestra autoría que, como se verá, sigue manteniendo una notable actualidad. Por otro lado, el lector podrá observar que lo que pensábamos entonces no es muy distinto a lo que sostenemos hoy, treinta ocho años después. Como La Nación, tampoco nosotros cambiamos


La Nación, el empacado órgano que sirve de guardaespaldas a la familia Mitre, está muy molesto con el gobierno popular. A pesar de sus sutiles maniobras envolventes, el paquidermo no puede ocultar su desagrado por medidas que reflejan el avance -acaso moderado, pero real- del movimiento nacional en distintos campos: la reforma impositiva le parece “fiscalista”, el gravamen a la renta potencial de la tierra “expropiatorio”, la politica universitaria, “caótica”.

Pero sus diferencias no} se limitan a cuestiones “trascendentales”; la olígarquía siempre ha sido cuidadosa de sus símbolos ideológicos, ha utilizado la superestructura cultural como arma de dominio. Por eso, el editorial de la “Tribuna de Doctrina”' del jueves 17 de enero se dedica a protestar enérgicamente por el cambio de nombre de una calle, la que antes se llamaba Manuel García y ahora se llama Mariscal Francisco Solano López.

Pocas veces una medida de tal materia ha sido tan justa. Baste recordar que García fue el cipayo pro-inglés que hizo la política de Rivadavia, firmó la paz con el Brasil que convertía en derrota la victoria militar y suscribió el tratado que hacfa realidad la política británica de Canning, “independizando” a la Banda Oriental e inventando al Uruguay como “estado tapón”, junto al imbécil aforismo de que “la victoria no da derechos”.

En cuanto a Solano López, él fue el heroico conductor del pueblo paraguayo en una guerra de exterminio que llevaron contra él los esclavistas brasileros, los cipayos uruguayos y la oligarquía porteña bajo la batuta de Bartolomé Mitre. Tras esa triple alianza, también se movía la diplomacia inglesa, que fue en definitiva la única triunfante.

Junto a López estuvieron entonces caudillos como Felipe Varela y López Jordán; intelectuales combatientes como José Hernández, Olegario Andrade, Carlos Guido y Spano, Rafael Hernández, Lorenzo Palacios y hasta el propio Alberdi, el extraviado unitario de los años mozos. Todo el pueblo criollo se alzó contra esa guerra injusta que culminó en un genocidio. La patria por la que ese pueblo luchaba no era la que imaginaban los estrechos intereses de la burguesía comercial porteña, sino la patria grande.

La Nación, claro está, defiende sus posiciones. Para ella hay “un nombre extranjero en el corazón de Buenos Aires”, y no es el de Canning, por ejemplo sino el de López. Aunque éste habría actuado en su momento “desde sus respetables puntos de vista también nacionales” (la negrita es nuestra)

Pues bien, nosotros afirmamos que el punto de vista de López era el punto de vista nacional. El de Mitre, el de la antipatria. No existe una “nación Argentina” en ese momento, sino un movimiento popular que aspira a una unidad federativa que vaya más allá de los intereses de la oligarquía del puerto de Buenos Aires. Esa bandera, la que enarbolaba Varela, la de la Unidad Americana, aún hoy está vigente. Avanza con los triunfos del movimiento antiimperialista de nuestro continente y el Frente de Izquierda Popular la ha tomado del fondo de nuestra historia común, de sus victorias y de sus derrotas. Nuestra nación, no es La Nación.

Izquierda Popular, Año 2, N° 29, Primera Quincena de Febrero de 1974.

25 de mayo de 2012

Entrevista en el programa Enfoques, de la Radio Nacional de Venezuela, con motivo de la renacionalización de YPF 

Realizado por Luis Matos y Maglene Sierralta, el 3 de mayo de 2012

16 de mayo de 2012


La integración latinoamericana no debe depender de lo ideológico”

El “sueño” histórico de la integración latinoamericana hoy es un proceso en marcha y “la tarea más importante de esta generación. Ningún país tiene destino; sin integración son nada”, sentencia Julio Fernández Baraibar, entrevistado por esta revista en su reciente visita a Tandil donde disertó en el marco del 6to Encuentro del Pensamiento Nacional que organiza todos los años el político oficialista Rubén Sentís. Baraibar es asesor por partida doble, del secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, y en temas históricos en la Casa Nacional del Bicentenario, e integrante del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, creado por la presidenta Cristina Kirchner; allí está a cargo de actividades académicas y de las relaciones internacionales. Ideológicamente, proviene de la izquierda nacional: “Soy discípulo de Jorge Abelardo Ramos y de Jorge Spilimbergo”, define.
Nativa: -¿Por qué dice que no hay destino sin integración?
J. F. Baraibar: -Como discípulo de Jorge A. Ramos yo aprendí de muy joven que nuestro país no tenía destino, sino era con el conjunto de los países latinoamericanos. De Ramos aprendí el concepto de la Nación latinoamericana y los últimos 30 años de mi vida me he dedicado a investigar y profundizar este concepto. Para mí, la tarea de la integración continental de los países latinoamericanos es la más importante de la generación presente y de las futuras generaciones, porque ninguno de nuestros países está en condiciones de enfrentar a las poderosísimas fuerzas internacionales; todos, inclusive Brasil, son débiles frente a ellas. El concepto de estado nacional tal como se lo conoció durante el siglo19 y parte del siglo 20 ha caducado, ya no son los países los que juegan como tales en la política internacional, sino que son los grandes aglomerados continentales los que protagonizan la política internacional: es la Unión Europea, EEUU y Canadá, China, la Federación Rusa, los países del sudeste asiático, que tienden a agruparse y formar instituciones unificadores. Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile no son nada en la política internacional sin estar integrados a un gran contexto latinoamericano.
-¿Cómo define el actual momento histórico para la integración?
-El momento que estamos atravesando es el de mayor integración, el de mayor convergencia de los distintos países en que se fragmentó la heredad iberoamericana después de las guerras de la Independencia y de la batalla de Ayacucho. No hay momento anterior a este en donde se haya producido un proceso de unificación, de coincidencias y de voluntad política de construir una nueva unidad como la que se está viviendo en estos días. Desde hace 10 ó 12 años y sobre todo a partir del Mercosur, de una manera incipiente cada país comenzó a ser cada vez más consciente de que sin integración no eran nada. Y en ese sentido el actual momento es de una potencialidad histórica como nunca hemos vivido y es el único camino y la política más importante que los gobiernos pueden encarar, el de acelerar y profundizar este proceso de integración que debe ser estructural. Hay que generar las condiciones objetivas para que esta integración latinoamericana no pueda ser desecha. Hay que generar caminos, estructuras ferroviarias, de transporte, financieras, militares, políticas, culturales, científicas, educativas que hagan imposible para cada uno de los países, en un futuro, separarse de esta integración.
-En ese plano de las concreciones materiales, da la impresión de que se ha avanzado poco y se ha avanzado mucho en las acciones políticas.
-En las acciones políticas se ha avanzado muchísimo, pero también se ha avanzado en algunos aspectos que eran impensables hace 20 años. Hoy existe una instancia militar suramericana, hoy los ejércitos de Sudamérica tienen una organización en la cual discuten las situaciones estratégicas que se le presentan a la región. Eso no existía. Hoy por primera vez existe sin la presencia de los EEUU. Existen avanzadas negociaciones que en cualquier momento se van a resolver de crear el Banco del Sur, una integración financiera de todo el continente. Hoy se están haciendo negocios hacia dentro del continente en plata del continente no en dólares, esto significa una independencia del patrón dólar. De manera que yo no creo que sea sólo política o por así decirlo verso el tema la integración latinoamericana, creo que se ha acelerado profundamente, y es por esa razón que Colombia y Chile con dirigentes y gobiernos de puntos de vista distintos y en algunos casos hasta enfrentados con otros de la región, apuestan a la integración.
-Eso fue una sorpresa, en alguna medida.
-Que Sebastián Piñera sea un presidente chileno mucho más propicio a la integración continental que los de la Concertación a mí no me sorprende, porque a los gobiernos de la Concertación los unía una concepción puramente ideológica; Piñera es un hombre de negocios, nos guste o no nos guste, por lo tanto lo que a él le preocupa es la realidad concreta de los negocios y la realidad concreta de Chile es que afuera de América latina no puede hacer negocios. Es la objetividad de las cosas, es el proceso económico, la integración económica y estructural, que le vendamos gas a Chile, que LanChile tenga una situación de tranquilidad y armonía en América latina para poder hacer sus negocios, todo eso es lo que determina que Piñera sea un decidido impulsor de la integración, mucho más que los gobiernos de la Concertación que seguían determinados por el histórico aislacionismo chileno basado en la idea de que Chile es distinto y distante del resto de los países latinoamericanos. Eso se ha roto y lo rompió un presidente de derecha, conservador, que representa los intereses económicos chilenos, mientras que los que representaban sectores populares no fueron capaces de dar este giro copernicano a la visión geopolítica de Chile.
-¿Cuáles son las amenazas o las debilidades de este proceso de integración?
-Las debilidades son lo que se llama la asimetría de los países. Los más grandes y poderosos económicamente tienen que tener especial cuidado y dedicación con las relaciones con los países más pequeños como Paraguay, Uruguay y Bolivia, porque desde una perspectiva puramente comercial cualquiera de estos países puede ser comprometido en un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los EE.UU. por muy poco dinero, y cualquier tratado de libre comercio que establezcan estos países con EE.UU. rompe el proyecto de integración latinoamericana. Para dar un ejemplo, hoy Paraguay está enojado y con razón por ciertas trabas a las exportaciones paraguayas a la Argentina. A la Argentina ese comercio le representa 16 millones de dólares, una moneda, y por una moneda no podemos nosotros poner en riesgo la permanencia del Paraguay en el Mercosur y en el contexto latinoamericano. Lo mismo podría decir del Uruguay, y aquí cabe mayor énfasis porque está presidido por un hombre que apuesta todos los días a la integración y su oposición interna en el Frente Amplio y la externa apuestan a romper este proceso de integración. Tanto Tabaré Vázquez, como el partido Blanco y el Colorado están apostando a un TLC con los EE.UU.
-¿Y las amenazas cuáles son?
-Las amenazas es EE.UU., la única amenaza que tiene el continente, que es un potencia agresiva, belicosa, que donde actúa lo hace por medio de la fuerza militar y que por ahora tiene demasiadas complicaciones en todo el mundo, pero el petróleo, el tema del agua, los recursos forestales etc, es algo que en algún momento se le va a presentar como un objetivo estratégico y ya sabemos que lo decide militarmente. Para Brasil, es fundamental la integración sudamericana por esta razón, porque de caer Chávez, vía golpe militar, elección o una invasión norteamericana, Brasil pasa a ser un país limítrofe con los EE.UU. Y esto es algo que Brasil, su gobierno, el Estado Mayor militar brasileño no lo pueden permitir bajo ningún concepto, Brasil tiene que tener un colchón de amortiguación entre su país y los EE.UU. De ahí la apuesta que ha hecho a la integración latinoamericana El principal interesado en que Chávez o el chavismo permanezcan en Venezuela es Brasil. Ellos saben que la Amazonia no puede limitar con EE.UU., porque si no va a suceder lo que sucedió con México, se van a quedar con el 35 por ciento de su territorio.
-En los últimos 8 a 10 años aproximadamente se han dado en la región gobiernos de similar signo político, de centroizquierda, a mi juicio esto ha ayudado mucho al proceso integrador, creo que han sido una de las principales energías para desarrollarlo, ¿qué puede pasar si hay cambios, si pierde Chávez, si pierde Correa en Uruguay, el kirchnerismo en la Argentina, por ejemplo?
-No hubo nunca en el continente una coincidencia tan similar como ha ocurrido en estos últimos 10 años. Perón, en la década del 50, lo tenía a Getulio Vargas en Brasil con quien quería establecer un acuerdo estratégico, pero nunca coincidían exactamente en el gobierno Perón y Vargas. En el único momento en que coinciden, Getulio está muy rodeado, muy amenazado por un Parlamento contrario y por el sistema exportador brasilero que califica a la política integracionista argentina como expansionista, como imperialista. Luego se suicida Getulio, cae Perón al año siguiente y todo eso se evapora. Nunca como ahora entonces hubo una similitud que le dio una sinergia especial a este proceso de integración. Yo insisto en que este proceso no puede depender exclusivamente de las coincidencias ideológicas entre los gobiernos, porque cuando esos gobiernos cambien todo el proceso se va al demonio. Puede ser acelerado o ayudado por coincidencias ideológicas, pero tiene que ser estructural y que dependa de que el fluir de los negocios y de la actividad económica se desbarata si se rompe esa integración. La integración de un proceso económico que haga imposible que alguien pueda hacer negocios fuera del sistema.
-¿Usted cree que en ese camino se está yendo?
-Claro que es así. ¿Por qué se soluciona el conflicto entre Venezuela y Colombia, que casi lleva a una guerra?, porque las economías de Colombia y Venezuela están integradas, el principal comprador de los productos industriales textiles de Colombia es Venezuela, para dar un caso. Los países están yendo en ese sentido. Brasil puede quejarse, y Clarín le da un altoparlante por supuesto, pero Brasil no puede romper el Mercosur y Argentina tampoco. Toda nuestra industria está básicamente orientada al Mercosur, son nuestros principales clientes y viceversa, más allá de estas permanentes broncas de si vendí más o menos. Que fabriquemos repuestos que se usan en los autos brasileros es fundamental, lo mismo que usemos en nuestros hospitales agujas hipodérmicas que se fabrican en Ecuador.
-La energía en este proceso integrador se nota, se ve claramente en los Ejecutivos latinoamericanos, ¿qué otros sectores están también protagonizándolo?
-Los principales sectores que lo movilizan en los diferentes países son en primer lugar los vinculados a la producción. Hay vastos sectores de la actividad productiva de la industria argentina que se han desarrollado gracias a todo este proceso. Hoy Venezuela ha convertido a muchas empresas familiares de productos agromecánicos que eran para el consumo interno en empresas que exportan a Venezuela. Hay un déficit de los sectores intelectuales; en general, los que no están vinculados a la tradición más nacional de la Argentina no ven con precisión este fenómeno. Siguen pendientes de las tendencias intelectuales europeas y norteamericanas y pierden de vista este objetivo estratégico de la Argentina que la a vez es un objetivo estratégico del pensamiento y de la reflexión nacional. De los partidos políticos argentinos que tienen representación parlamentaria yo diría que el que más claridad tiene sobre estos temas y más lo ha desarrollado y hace reuniones y explica y trata de formular una doctrina es el partido oficialista y los grupos que integran el partido oficialista. En la oposición lo que se ve es que utilizan las dificultades que existen en la integración como elementos para combatir al gobierno. El tema de la integración no les interesa.
-¿Y las universidades?
-Y si hay un lugar en donde ese déficit de reflexión y de energía sobre el tema de la integración es evidente y es un déficit que casi clama el cielo es en las universidades. Y ni que decir en la Universidad de Buenos Aires (UBA) que vive aislada de lo que son los principales problemas de la época de la Argentina y de la región. Hay algunas universidades, más nuevas, que han tomado el tema con seriedad, como las de Lomas de Zamora, Lanús, 3 de Febrero, pero las grandes universidades históricas y nacionales de la Argentina como la del Litoral, la de Córdoba, la de Buenos Aires, no les asignan la menor importancia y donde menos importancia le dan a este tema es en las facultades de Ciencias Económicas que han sido copadas a revólver por el sistema neoliberal y eso por ahora no se ha modificado para nada. Es más, uno de los temas centrales de los sectores juveniles vinculados al gobierno en la universidad es modificar el programa de estudios de las facultades de Ciencias Económicas y plantear no el tema liberal, monetarista, ortodoxo, sino los grandes temas de una economía nacional a escala ampliada. 
Mayo 2012
Entrevista realizada por Sergio Salerno,director de la revista Nativa –salud, ambiente y ciudadanía-,de Tandil, Argentina.
nativa_tandil@yahoo.com.ar