15 de febrero de 2016

El Rosario a Milagro

A ver. El Papa Francisco ha dicho ante centenares de dirigentes de los movimientos sociales en el Encuentro de Santa Cruz de la Sierra, el 9 de Julio del año pasado, cosas como estas:

-"Las famosas tres T”: tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra".

- "¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?"

- "¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para sus problemas?”
Pueden hacer mucho. Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» ¿De acuerdo? (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!"

- "Los he visto trabajar incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tienden a la reafirmación de algo tan elemental e innegablemente necesario como el derecho a «las tres T»: tierra, techo y trabajo".

- "He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica y vi que algunos están aquí. Las empresas recuperadas, las ferias francas y las cooperativas de cartoneros son ejemplos de esa economía popular que surge de la exclusión y, de a poquito, con esfuerzo y paciencia, adopta formas solidarias que la dignifican. ¡Y qué distinto es eso a que los descartados por el mercado formal sean explotados como esclavos!"

- "En otras ocasiones, bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo –graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada– vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas".

- "Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico".

- "Para finalizar, quisiera decirles nuevamente: el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los Pueblos; en su capacidad de organizar y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. Los acompaño. Y cada uno Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez".

¿Cuál sería la razón para sorprenderse o argumentar que el Papa no conoce Jujuy cuando decide enviar a Milagro Sala, rehén de los encomenderos jujeños, un rosario con su bendición?

Solamente una brutal y escandalosa hipocresía podría generar una fingida sorpresa ante un punto de vista, un juicio y una toma de posición papal que ha sido anunciada y difundida en cuanta oportunidad ha tenido. Cierto es que no ha sido el episcopado argentino, salvo honrosas excepciones como la de monseñor Jorge Lozano, el organismo que más se ha dedicado a hacer conocer a los católicos argentinos el pensamiento de Bergoglio. Más bien han sido algunos fervientes y honestos creyentes, los curas vinculados a la actividad social y algunos muy poco creyentes, como el autor de estas líneas, quienes hemos formado las primeras líneas de defensa de la prédica de Francisco.

Que un sinvergüenza millonario sobre la base de la confusión y manipulación de su pueblo, como Jorge Lanata, cuestione el derecho papal de intervenir apostólicamente en la realidad argentina, regalándole un inocente rosario a una perseguida, da la exacta medida de la calaña moral de los enemigos, ya no del Papa, sino de los pobres, de los excluídos de la Argentina.

He leído en estos días muchas señoras y algunos señores que han dado testimonio de una fe más basada en el derecho a tener mucama con cama adentro que en el amor a los pobres, a los hambrientos, a los desposeídos, que Francisco intenta expresar en textos como los que he citado.

Su religión les dice que en algún momento tendrán que dar cuentas a su Creador de esta fe farisaica. Nosotros, los que sin mucha fe en "el Cielo que me tienes prometido", venimos peleando por Tierra, Techo y Trabajo para nuestros compatriotas y "los pobres del mundo, los esclavos sin pan" no tenemos más que alegría para celebrar el mensaje de Francisco y el rosario de Milagro.


Buenos Aires, 15 de febrero de 2016

4 de febrero de 2016

Los primeros efectos de la derrota electoral

La noticia de la división del bloque de diputados del Frente para la Victoria, con la separación de 12 diputados encabezados, al parecer, por el diputado bonaerense y ex director del ANSES durante los últimos siete años, Diego Bossio, provocó una profunda impresión en amplios sectores del movimiento. El nuevo bloque, como se sabe, reúne a varios diputados de distintas provincias norteñas, a un par de dirigentes sindicales, además del propio Bossio.

El peronismo sufrió un duro golpe con la derrota electoral del año pasado y se hicieron evidentes las diferencias tácticas y estratégicas, en sordina mientras estuvo en el gobierno. Las diferencias perdieron el freno inhibitorio que el ejercicio de la presidencia de la república imponía y las críticas a la campaña electoral, al ejercicio del poder en los últimos años, al rigor interno y a la imposición de criterios por encima de la capacidad de convencimiento se hicieron públicas. La derrota, casi incomprensible, en la provincia de Buenos Aires, permanente bastión de la recuperación peronista, dejó abierta una interna originada ya en la campaña de las PASO y el enfrentamiento electoral entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez. Es indudable, pasados unos meses, que una buena parte de la conducción territorial peronista en el conurbano bonaerense sintió al binomio Fernández-Sabattella como una imposición y el hecho es que ninguno de los dos miembros de la fórmula ganó en su propio territorio.
Se abrió entonces un período de intensa discusión interna, apremiada además por la necesidad de poner al Partido Justicialista en orden con la Ley de Partidos Políticos y la justicia electoral, que imponen plazos perentorios para la realización de su Congreso y la elección de sus autoridades en todo el país.

Al parecer, las dos grandes corrientes internas serían: por un lado, quienes consideran que Cristina Fernández de Kirchner es la conductora natural del espacio Frente para la Victoria -incluido en el mismo al peronismo-, más allá incluso de detentar o no la presidencia del partido justicialista; y por el otro lado, quienes consideran que la conducción kirchnerista-cristinista es un período superado por el resultado electoral y que el peronismo debe seguir un camino similar al trazado por el ex gobernador cordobés, José Manuel de la Sota, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, incorporando al ex intendente de Tigre y candidato presidencial por el Frente Renovador, Sergio Massa, alejado del justicialismo desde hace más de dos años, aunque con distintas simpatías e influencias en el mismo. Entre esos dos puntos existe una variedad de matices, tendientes en todos los casos a mantener una imprescindible unidad, lo más amplia posible y que permita llegar al 2017 como una fuerza política en condiciones de enfrentar exitosamente al oficialismo liberal-conservador en las elecciones legislativas de medio mandato. En esa franja, rica en matices, juegan dirigentes de amplio apoyo popular y larga experiencia como Daniel Scioli -el hombre que remontó, a fuerza de voluntad, amplio apoyo popular y con gran resistencia interna, una elección presidencial enormemente complicada por la derrota bonaerense-, José Luis Gioja -el veterano ex gobernador de San Juan, muy cercano a la presidencia de la república durante los doce años de gobierno de Néstor y Cristina- y Jorge Capitanich -el ex gobernador del Chaco, ex jefe de gabinete durante el período de mayor enfrentamiento con el monopolio mediático y actual intendente victorioso de la ciudad de Resistencia. A este cuadro debe sumarse al movimiento sindical, dividido en varias centrales, con importantes matices en su seno, y que, a partir de febrero, será protagonista del primero y más importante enfrentamiento con el gobierno y los sectores patronales: la apertura de la discusión paritaria después de un brutal ajuste sobre los salarios y una descomunal suba de precios y tarifas.

Cuando nuestra Corriente Causa Popular decidió, semanas atrás, afiliarse al peronismo dijimos:

Los viejos sectores y clases de terratenientes, agentes financieros, bancos y compañías extranjeras han vuelto al poder, arrasando con la independencia económica y la justicia social. Su principal objetivo político es convertir al Partido Justicialista, creado por Juan Domingo Perón como herramienta electoral del movimiento nacional y popular, en una alternativa “popular” de la partidocracia liberal. Estamos convencidos que la única forma de evitar esa domesticación, que alejaría por décadas la posibilidad de retomar el rumbo del 17 de octubre de 1945, es consolidar al peronismo como el gran movimiento nacional y no como la alternativa dentro del régimen de la dependencia. A ello nos comprometemos al afiliarnos. Fuera del peronismo y en oposición al movimiento obrero, se corre el peligro de quedar reducido a un partido sin posibilidades de poder, debilitando y hasta dividiendo el gran frente nacional en provecho de los intereses que se proclama combatir”.

Todo lo que ha ocurrido y ocurrirá en el seno del peronismo y del Frente para la Victoria en los próximos meses está directamente vinculado a este juego de pinzas, que, con distinta intencionalidad, se ejerce sobre la unidad del frente nacional.

La decisión tomada por los diputados rupturistas no ha hecho otra cosa que explicitar lo que venía sucediendo. Alfredo Silleta, en su blog (http://alfredosilletta.blogspot.com.ar/2016/02/fracaso-de-macri-y-massa-en-romper-al.html), sostiene: Un pequeño grupo de diputados se ha alejado del bloque. No es la primera vez que sucede en el peronismo. En los años sesenta dirigentes políticos y sindicales, cansados de luchar por el regreso de Juan Domingo Perón, prefirieron negociar con el poder de turno y se los conoció como neoperonistas. Su principal referente fue Augusto Vandor, que lanzó la consigna 'para salvar a Perón, hay que estar contra Perón'”.


El periodista Gerardo Fernández, que desde sus artículos escritos y radiales ha sostenido claramente a los gobiernos de Néstor y Cristina, ha publicado en su blog (http://gerardofernandez.net/dilemas-del-cristinismo/) una inteligente reflexión sobre estos hechos, poniendo en el centro de la misma la conducta seguida por la ex presidenta: Más allá de los reflejos y las broncas que instantáneamente generan rupturas como la de ayer, el manual del buen político recomienda leer que bajo esa cáscara están pasando cosas y que ya se pusieron en evidencia el mismísimo 10 de diciembre cuando no toda la bancada del FPV, tanto en diputados como en senadores, obedeció la orden muy poco feliz de no asistir a la jura de Macri para acompañar la menos feliz decisión de Cristina de tensar la cuerda para encontrar la coartada de no asistir al acto simbólico de traspaso”.

Un viejo amigo me recordaba, días atrás, una entrevista que tuvo con Alberto Serú García, quien, como recordarán los más memoriosos, enfrentó, en 1966, la candidatura de Ernesto Corvalán Nanclares a la gobernación de Mendoza, quien contaba con el apoyo expreso de Juan Domingo Perón en el exilio. En esa entrevista, Serú García, ya un hombre muy mayor -falleció en 2013 a los 92 años- le confesaba que el propio Perón le había pedido que asumiera esa tarea. El resultado fue que Corvalán Nanclares obtuvo 102.000 votos y Serú García 62.000, que sumados superaban ampliamente los 129.000 votos obtenidos por el “ganso” Emilio Jofré (para los lectores más jóvenes, “ganso” era el mote que los conservadores tenían históricamente en Mendoza). Sabía o intuía el general exiliado que unidos los votos peronistas nunca hubieran alcanzado esa cifra. Con esta anécdota pretendo simplemente desdramatizar lo ocurrido en Diputados.

Tenemos por delante una gigantesca tarea: derrotar al gobierno liberal conservador basado en las empresas imperialistas y sus gerentes. Solo la política, tan reivindicada todos estos años de reencuentro con nuestras mejores tradiciones, podrá mantener la unidad de criterio y de acción del movimiento nacional. En ese sentido, tengo para mí que es tan contraproducente entregar de antemano fuerzas al enemigo, como intentar manejar algo tan rico, complejo y representativo como el peronismo, con criterios dignos de un grupo de boyscouts.

El futuro inmediato irá determinando por donde pasa la línea de corte entre un peronismo domesticado en el cepo de la partidocracia liberal, un principismo testimonialista sin capacidad de poder y el potencial revolucionario de un movimiento que más de 70 años de conspiración oligárquica no han podido aplastar.


Buenos Aires, 4 de febrero de 2016

16 de enero de 2016

Nuevamente se acabó la leche de la clemencia

Ni bien supe que la dirigente social jujeña, una muchacha de la calle a la que la lucha social y política, más la acción de una política nacional y popular de parte del Estado Nacional, había convertido en la abanderada de los derechos sociales de los sectores más olvidados e invisibilizados de la sociedad de su provincia, la compañera Milagro Sala, escribí el siguiento post: La detención de Milagro Sala es un punto de quiebre. Comenzó la dictadura blanca y liberal de los ricos sobre los pobres. 1955. 1976. 2016”.
En estas líneas quisiera ampliar este concepto.
El 10 de diciembre asumió el poder político del estado una banda integrada por los representantes y los actores directos de los grandes intereses agrarios, las empresas imperialistas y el capital financiero. En un mes desplegaron su programa político que, aunque conocido, habían intentado ocultar durante la campaña electoral. No quiero extenderme aquí en las medidas económicas desplegadas durante este período, todas ellas redactadas no en la sede del poder político del Estado, sino en los estudios jurídicos, los despachos empresariales y las organizaciones del parasitismo oligárquico. Su orientación y sus efectos son conocidos por el conjunto de la militancia nacional y popular, del peronismo y de las agrupaciones que integran el Frente para la Victoria.
Todo ese paquete de medidas, impuestas sin la participación del Congreso Nacional, de dudosa legitimidad constitucional y en contra no sólo del 49 % que no votó al presidente herniado, han tenido como finalidad demoler el sistema defensivo nacional construido dificultosa y parcialmente por los 12 años de la administración de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Expresan, en las condiciones nacionales e internacionales del siglo XXI el programa económico de la Revolución Libertadora y del Proceso de Reorganización Nacional.
Jujuy ha sido siempre una provincia en donde las clases dominantes, capitaneadas por el omnímodo poder del grupo Blaquier, con mayor evidencia se ha manifestado la naturaleza reaccionaria, racista y esclavista de un importante sector del capitalismo argentino. Jujuy es, posiblemente, una de las provincias cuya composición social más se asemeja a la de Bolivia, con una amplia población, de origen incaico, sometida a condiciones de superexplotación, donde no habían llegado, ya no los beneficios de los derechos sociales obtenidos por el peronismo, sino los derechos ciudadanos establecidos por la Constitución de 1853. En un oceáno poblacional integrado por descendientes directos de los pueblos originarios de la región que, en épocas previas a nuestra Revolución de Mayo, se encontraban sometidos a la institución colonial de la encomienda, los herederos y continuadores de aquellos encomenderos habían invisibilizado a las grandes mayorías que no participaban, ni siquiera, de los derechos fundamentales a la educación, la salud, la vivienda o el trabajo digno. Una minoría blanca, de origen criollo o inmigrante, sometía al conjunto cobrizo de su población. Milagro Sala, una chica de la calle, pudo construir, sobre la base de su inteligencia, su incorruptibilidad y su capacidad de liderazgo y organización, una fuerte estructura social, a la que los gobiernos de Néstor y Cristina dotaron de recursos, capacidad económica e iniciativa. Gracias a ello lograron lo que en ninguna otra provincia de estructura social semejante se había logrado: un sistema de cooperativas que construyó viviendas, fuentes de trabajo productivo, educación, salud y esparcimiento, que convirtió las barriadas humildes, las villas y chabolas de los alrededores de Jujuy en barrios ejemplares, arquitectónica y socialmente, que rápidamente despertaron el odio, el resentimiento y el espíritu de revancha no solo en los sectores oligárquicos jujeños, sino en el propio sistema oligárquico nacional. Los métodos de Milagro Sala eran duros, confrontativos decididos, pero dentro del orden legal y democrático.
Milagro Sala y su organización Tupac Amaru recibió del gobierno nacional un apoyo político y económico sin el cual toda esta tarea hubiera sido casi imposible. Y esto fue, durante todos estos años, un clavo en la suela del zapato de un sistema político y social provincial cuya finalidad era preservar la hegemonía de la minoría blanca o sedicentemente blanca, sobre la inmensa mayoría mestiza, de rasgos y apellidos incaicos. Los restos del viejo sistema encomendero, que terminó con la vida de Martín Miguel de Güemes, convirtieron a Milagro Sala y la Tupac Amaru en el objetivo, primero de su odio y después de su revancha.
El triunfo del encomendero radical Gerardo Morales, merced a los errores y vacilaciones de un peronismo provincial que veía en la organización Tupac Amaru una amenaza a privilegios tradicionales y no un aliado con quien combatir por la transformación de la provincia ha concluído con el quite de la personería jurídica a la organización y, por fin, la detención arbitraria y chantajista de su principal dirigente.
Pero la medida no tiene un efecto circunscripto a la provincia. Con esto, el gobierno clasista de Mauricio Macri inicia su etapa abiertamente represiva. Por primera vez en décadas hay un preso político en la Argentina. Mientras, para dar un caso, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, procesado por enriquecimiento ilícito por millones de dólares con el megacanje de de la Rúa, habla sobre peluches en los nuevos billetes, una de las más decididas dirigentes sociales de la Argentina, es detenida en su propio domicilio por una contravención. El país y, sobre todo, el movimiento popular argentino, el peronismo, vive ya bajo esta amenaza que tiene como finalidad aplastar a sangre y a fuego, repito porque estos años nos han hecho olvidar algunos métodos, a sangre y a fuego, cualquier resistencia extraparlamentaria al saqueo que han comenzado a imponer sobre nuestra economía y riqueza. Mientras tanto, mantienen cerrado el parlamento y gobiernan a puro decreto.
Esto, y no otra cosa, fueron la Revolución Libertadora de 1955 y el Proceso de Reorganización Nacional de 1976: una dictadura clasista, racista, liberal y extranjerizante impuesta por los intereses porteños y sus cómplices provinciales, sobre el país cobrizo, latinoamericano y nacional.
Y detrás de esta barbarie se oculta el intento de dividir una vez más al peronismo, separarlo de sus sectores plebeyos, reducirlo a una coparticipación del saqueo y convertirlo en una alternativa que no cuestiona las bases mismas del sometimiento nacional y el privilegio social. Es posible que a las conducciones locales del peronismo, Milagro Sala les fuera molesta e inoportuna. Pero si no se solidarizan activamente con ella, serán ellos los siguientes en la lista.

Buenos Aires, 16 de enero de 2016

18 de diciembre de 2015

No es una grieta, son dos proyectos radicalmente enfrentados


Durante la campaña electoral del balotaje subí a las redes un posteo que sostenía:

“Argentina, contrariamente a Chile, tiene dos grandes partidos. Uno, el nuestro, caótico, irreverente, despelotado y vital, quiere construir un país soberano, industrial, con altos salarios y alto nivel de empleo, proyectado a la integración latinoamericana, a la paz mundial con justicia y en la defensa de los pueblos perifericos.

El otro quiere un país agroexportador, de industrialización reducida, en el mejor de los casos, a agregar valor a la producción agraria, con una población mayoritariamente sujeta a los vaivenes de la exportación, una minoría dolarizada y una delegación de nuestra política internacional en los EE.UU.

Estos dos partidos son antagónicos, no son competitivos. O existe uno o existe el otro. De ahí que resulte impensable la alternancia en el poder, que para el país agroexportador es el sancto santorum republicano, siempre y cuando el alternador no quiebre sus presupuestos.

Nuestra única herramienta para llevar a cabo nuestro programa histórico es el poder del estado nacional e imponer democráticamente las transformaciones necesarias sobre el partido y las clases sociales de la dependencia agroexportadora y la sujección al imperialismo.

Este partido y estas clases sociales saben como nosotros, aunque lo disfracen, que los dos países son incompatibles y su tarea desde el poder del estado es igual, en cierto sentido, a la nuestra: destruirnos en todos los campos: politico, social y económico.

De ahí que especular con el paso a la oposición al estilo chileno, donde después de Piñera volvió Bachelet es suicida. En Chile, ambos partidos comparten el mismo proyecto y sus diferencias son de matices secundarios. Ninguno de los dos brega por un país soberano e industrializado, con un movimiento obrero organizado y bien pago, integrado al bloque continental. Por eso es en Chile la alternancia una característica distintiva: solo discuten si la educación publica debe ser gratuita o no. No está en discusión la renta minera y agraria para industrializar Chile autárquicamente.

Eso en Argentina es literalmente imposible. Y esa es nuestra gigantesca fortaleza”.

A ocho días de la asunción del nuevo presidente esta afirmación ha quedado evidenciada.

Las medidas tomadas por el equipo de predadores que se ha hecho cargo del poder político en la Argentina han destruido, en cuestión de horas, lo que duramente, con esfuerzo gigantescos de parte de los sectores más humildes de nuestro pueblo, con errores, correcciones y con una permanente presión de todo tipo sobre nuestro gobierno, logramos construir durante estos últimos doce años.

Una brutal devaluación expropió un 40 % la capacidad adquisitiva de los salarios y como ha sostenido el Wall Street Journal, “… recortó decenas de miles de millones de dólares del Producto Bruto Interno argentino”. (…) Eso hace que Argentina se vea peor no sólo que el vecino y tradicionalmente más pobre Brasil, sino también que Gabón, México y Turquía, según datos del Banco Mundial. Y el pueblo de la Argentina es ahora una cuarta parte más pobre que el de la ex república soviética de Kazajstán (http://blogs.wsj.com/moneybeat/2015/12/17/a-crying-shame-about-argentina/). 

Mientras las grandes empresas extranjeras podrán comprar los dólares necesarios para girar utilidades a sus casas centrales, los tontos que reclamaban por el levantamiento del llamado “cepo”, deberán regirse por normas más o menos similares a las que regían durante el gobierno de CFK.
El levantamiento de las retenciones, a su vez, disparará los precios internos de los alimentos que deberán establecerse por el precio internacional de las commodities,mientras una gigantesca masa de divisas quedará en manos de las grandes cerealeras y pools de siembra para realimentar el circuito timbero o la fuga de capitales.

La derogación de los DJAI, que controlaba las importaciones impidiendo la invasión de mercaderías extranjeras producidas a bajo costo, liquidará en tiempo perentorio la recuperación de nuestras industrias que, una a una, irán cerrando sus puertas, con la secuela de desocupación que ya vivimos los argentinos durante la dictadura militar y, posteriormente, con Menem y de la Rúa.

Nuestra economía volverá a endeudarse, y si aún no lo ha hecho se debe, fundamentalmente, a la crisis global del sistema financiero internacional. El levantamiento por parte del Banco Central de todas las medidas tendientes a evitar el aterrizaje predador de capitales golondrinas, más la necesaria alza de las tasas de interés a efectos de evitar una corrida hacia los dólares, nos dejará nuevamente inermes ante el capital financiero que se hará su agosto en el tipo de inversiones especulativas de corto plazo que arruinaron el país durante los '90.

Como se ve, la simple enumeración de las consecuencias en curso de las primeras medidas de gobierno dejan en claro que no se trata de un partido, o grupo de partidos, que tienen un punto de vista diferente en temas importantes pero no estructurales, como podrían ser las diferencias entre el partido Republicano y el partido Demócrata en los EE.UU.,en relación al sistema público de salud, para dar un ejemplo.

En estos 12 años el gobierno, con amplia base popular (54 %, sin balotaje), fortaleció la economía nacional, la blindó en todo lo posible contra las consecuencias de la crisis mundial -evitando que las mismas recayeran en los sectores de ingresos fijos-, robusteció nuestro siempre incompleto proceso de industrialización, fortaleció el mercado interno, favoreció el consumo popular y llevó adelante una obra de infraestructura de una magnitud solo comparable a la del período del primer peronismo, en los '50 del siglo pasado. Llevó adelante una firme lucha contra el saqueo de los fondos buitres -que hoy han vuelto a llamarse “holdouts”- llevando el tema al ámbito de las Naciones Unidas y sentando las bases para una doctrina internacional sobre esta plaga.

Como se ve, las diferencias no son tan solo entre un partido que favorece más a los ricos y otro que favorece más a los pobres. Imaginemos que hubiera un partido que sostiene el establecimiento de la esclavitud y la economía de plantación y otro que sostiene su abolición para poder desarrollar lamano de obra libre necesaria para un proceso industrial. Sería imposible pensar que esos partidos podrían alternar en el gobierno y que cada cuatro u ocho años se estableciese la esclavitud, para, en el siguiente recambio, abolirla.

Exactamente eso es lo que ocurre en la Argentina desde 1945. El período más largo en el que hemos podido gobernar ha sido este. Nunca pudimos, hasta ahora, superar los 12 años, si, un poco arbitrariamente, no incluimos el período que va de 1943 a 1945. Y como estamos viendo, no nos reemplaza un gobierno que intenta desde una perspectiva más conservadora, o más empresarial, o más dialoguista, o más, inclusive, pronorteamericana, corregir los errores, desvíos, incorrecciones y desajustes que se pudieron cometer. No. Nos reemplaza un gobierno que pretende restaurar la esclavitud, es decir, destruir toda la estructura defensiva, de carácter capitalista, autónoma y sobre la base del mercado interno y la integración latinoamericana, considerada como una potencial ampliación del mercado interno. Nos reemplaza un gobierno cuyo objetivo es no dejar rastro alguno de estos doce años en la estructura del estado y, de ser posible, en la memoria de nuestro pueblo.

Como decíamos en aquel breve posteo: “Estos dos partidos son antagónicos, no son competitivos. O existe uno o existe el otro”. No es una grieta fundada en la intolerancia, la obstinación o la soberbia. Son dos proyectos radicalmente enfrentados de país.

Ahora nos toca luchar por reconquistar el poder político del Estado. Cuando lo hagamos deberemos tener en cuenta que es imperioso para nuestra sobrevivencia como comunidad humana destruir toda posibilidad de restauración de ese otro proyecto. En la historia, como en el arte, “para que lo nuevo tenga su espacio, lo viejo debe perecer”.


Buenos Aires, 18 de diciembre de 2015

10 de noviembre de 2015

El mensaje de Francisco, entre el triunfo y la derrota

Hace dos semanas escribí en mi blog:
“Una derrota en estas elecciones (…) también amenazaría, y esto no es ninguna exageración, la notable y solitaria campaña en contra de la globalización dictada por el capital financiero y la destrucción del medio ambiente para la vida humana en el planeta, llevada adelante por nuestro compatriota, el Papa Francisco. La historia ha hecho que nuestro país y nuestro continente sean la retaguardia y la base territorial de su prédica a favor del mundo periférico y los más pobres y desheredados de todos los pueblos. Un triunfo en su país de nacimiento de las políticas que Francisco combate a escala global va a debilitar, de una u otra manera, su inclaudicable prédica”.
Quiero ampliar un poco esta idea que puede parecer desatinada, irrespetuosa o, simplemente, propagandística.
Desde su llegada al papado, nuestro compatriota Jorge Bergoglio ha iniciado una prédica social y política que cuestiona frontal y radicalmente el capitalismo globalizado bajo la hegemonía del capital financiero y las consecuencias económicas, sociales, culturales y espirituales que ello ha tenido sobre los millones de hombres y mujeres, tanto del mundo central como del mundo periférico. Le ha dedicado a ello una carta apostólica (Evangelii Gaudium) y una encíclica (Laudato Si).
Así, en Evangelii Gaudium afirma:
“54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia”.
Pero no solo eso. En todos sus viajes, y sobre todo, en sus viajes a nuestro continente latinoamericano, Francisco ha insistido con palabras enérgicas sobre la injusticia, la exclusión, el empobrecimiento material y ético y ha llamado a los pueblos a rebelarse contra ese inhumano sistema, proponiendo un cambio de sistema. Así en Santa Cruz de la Sierra, en el Encuentro con los Movimientos Populares, sostuvo enfáticamente:

Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» ¿De acuerdo?  (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!”.
¿Y en qué cambios está pensando el Papa? Lo explica en el mismo discurso:
La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra”.
Un eventual triunfo de Mauricio Macri en la Argentina significa explícitamente la victoria de quienes pregonan la libertad de mercado, de quienes desprecian la vida digna de los pueblos, de quienes ponen al hombre y la naturaleza al servicio del dinero, bajo la forma idolatrada del dólar. Trabajo, Techo y Tierra para los excluídos, para los marginados, para los perífericos, no es el cambio que pregona cínicamente el candidato de Cambiemos y sus voceros, sus economistas y sus publicitarios.  En realidad, y pese a las enormes dificultades y carencias, son los gobiernos suramericanos como los de Kirchner, Cristina Fernández, Rafael Correa o Maduro quienes han logrado imponer cambios decisivos en nuestros países, reinstalando la idea de la justicia social, del amor a los más desprotegidos, de la vivienda digna, de la salud, la educación y la cultura para todos.
Y nuestro país es, en última instancia, y desde una perspectiva histórico-política, la base territorial donde esas ideas se han plasmado embrionariamente. La Argentina es el país natal de Francisco, y si bien su mensaje tiene un carácter universal, el triunfo de las ideas de la hegemonía del capital financiero, de la dictadura del mercado, de la globalización impiadosa conducida por las grandes corporaciones económicas, quita al Papa su base territorial, el lugar en el mundo donde esos principios intentan convertirse en políticas públicas, en un reordenamiento de la sociedad más justo y humano.
Detrás del candidato neoliberal conservador se ocultan también los mismos grupos e intereses, la misma moral de explotadores, que en el seno de la propia Iglesia católica y del corazón burocrático del Vaticano, ha intentado e intenta por todos los medios ahogar su prédica y su acción renovadora. No es ajeno a esto la aparición de un oscuro e hipócrita miembro del Opus Dei que, con propuestas moralizantes propias del Concilio de Trento (1550), confronta con el mensaje evangélico de amor y perdón que caracteriza la prédica papal.
Posiblemente sea una exageración motivada por el énfasis de una campaña electoral, pero si hay un candidato que expresa, en su ideario, en sus convicciones y en sus propuestas, el mensaje de Francisco, es Daniel Scioli, quien ha hecho suya la consigna de las Tres T mencionadas más arriba.
En la elección del 22 de noviembre el mensaje fresco de justicia, igualdad y latinoamericanismo que viene de Roma no puede ser pisoteado por el pueblo que parió a Francisco, que lo formó y lo puso en condiciones de ser el heredero de Pedro.

Hasta ese punto es necesario el triunfo de Daniel Scioli, a quien la historia lo ha convertido en la bisagra entre un mundo justo y humano o una brutal dictadura del interés compuesto.

9 de noviembre de 2015

Los cuatro yanquis de Francisco

El discurso que el Papa Francisco pronunció ante el Congreso de los EE.UU, el 24 de septiembre pasado, tiene un párrafo que la adocenada prensa comercial no ha analizado lo suficiente.

Dijo Francisco: Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.
Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton”.

Son curiosas, habida cuenta de la cuidadosa elaboración de su discurso y el sentido, por así decir, profético, que el Papa ha dado a sus presentaciones públicas en sus viajes, estas cuatro menciones.

La Abolición de la esclavitud 
La de Abraham Lincoln y la de Martin Luther King tienen una mayor claridad, ya que sus personalidades son conocidas por el gran público. No obstante no está de más destacar que Abraham Lincoln fue el presidente que abolió la esclavitud en medio de la espantosa guerra civil, producida por la secesión de los estados esclavistas sureños, guerra que costó la vida de unos 618.000 norteamericanos de ambos bandos. 

La derrota de la economía agroexportadora y esclavista del Sur -ligada al Reino Unido como proveedora de algodón a las hilanderías de Manchester- significó, pese a su costo, el establecimiento definitivo de una economía industrial, de trabajo asalariado, que convirtió a su país, en pocos años, en una nación continental industrial, como diría Alberto Methol Ferré. Lincoln no era un hombre especialmente religioso y jamás hizo referencia a ello en su carrera política. Este es el primer hombre que reivindica Francisco.

La igualdad y la inclusión
El Reverendo Martin Luther King, pastor de su iglesia bautista, fue el hombre que encabezó en la segunda mitad del siglo XX la más amplia y masiva lucha de los afronorteamericanos por su igualdad e inclusión social, política y económica. Las movilizaciones populares convocadas por Martin Luther King conmovieron el pétreo racismo que ha caracterizado siempre a la sociedad norteamericana e impuso, sobre todo en los estados del Sur -los derrotados de la guerra civil- el derecho de los descendientes de los antiguos esclavos a gozar de todos los beneficios establecidos por su constitución. Un balazo en la garganta, disparado por un segregacionista blanco, terminó, el 4 de abril de 1968, con la vida de este gran hijo de su pueblo. A este mártir por sus ideales de igualdad y justicia convocó el Papa en su discurso.

Los otros dos sí merecen una explicación mayor, ya que no tienen el mismo conocimiento público.

Contemplación y activismo social
La primera vez que vi el nombre de Thomas Merton fue en el año 1968, en el primero o segundo ejemplar de la revista Cristianismo y Revolución. En ese número aparecía un extenso reportaje a un monje trapense, poeta y pacifista, realizado por el argentino Miguel Grinberg.

Merton (1915-1968) fue un poeta, hijo de padre neocelandés y madre norteamericana, nacido en Francia, donde estaban radicados sus padres. Su madre muere, siendo tan solo un niño, y tuvo una infancia bastante azarosa, vivió en distintos países y, en la entrada a la adolescencia murió su padre. Estudió letras en la universidad de Columbia y se inscribió en Cambridge, donde no terminó sus estudios, que se basaban en la investigación y análisis del poeta y grabador inglés William Blake (1757-1827), creador de una impresionante obra poética y pictórica, cruzada por sus visiones místicas y una profunda inspiración metafísica y una rebelión contra la opresiva y estamental sociedad inglesa de su época.

Por sus estudios y preocupaciones poéticas, Merton se convirtió al catolicismo en 1938 y pocos años después ingresó a la abadía trapense de Getsemaní, en el estado de Kentucky, donde vivió el resto de su vida, a excepción de algunas salidas, incluso al exterior. Desde su reclusión produjo una riquísima literatura espiritual y religiosa, así como una extensa obra poética. Poco a poco su nombre se abrió paso en los círculos literarios norteamericanos, siempre vinculado a ese sector de la burguesía progresista y académica de la costa este norteamericana. En 1959 conoce a Ernesto Cardenal, el poeta nicaragüense que ingresa a la abadía de Getsemaní y de quien será su maestro de novicio. A partir de ello, Merton y Cardenal mantuvieron un intenso intercambio epistolar y varios intentos fallidos del norteamericano de visitar la  comunidad religiosa fundada por Cardenal en la isla Solentiname del lago Cocibolca, en el centro de Nicaragua.

A partir de esos años, Merton se convirtió en una figura intelectual de gran relieve e inició lo que será su preocupación central: el establecimiento de un amplio diálogo interreligioso y la lucha por la paz y contra el racismo. Se vinculó a los movimientos pacifistas que caracterizaron la actividad político social de la juventud norteamericana en los años ’60 -vinculada a la resistencia contra la guerra de Vietnam- y sus libros tuvieron gran influencia en el movimiento hippie y los movimientos contestatarios de aquellos años.

Thomas Merton murió en un accidente doméstico en Bangkok, donde se encontraba justamente de visita religioso espiritual a la comunidad budista, al producirse un cortocircuito en un ventilador que estaba manipulando. La descarga lo mató en el acto.

Este es el monje, poeta y luchador social norteamericano que Francisco puso como ejemplo de ese pueblo.

Una pecadora anarquista
Y por último, apareció el nombre de una mujer, esta sí completamente desconocida: Dorothy Day. Pero ponerse a investigar quién fue esta mujer no hace sino resaltar la intencionada elección de ese nombre. Porque Dorothy Day no fue, ni de cerca, una señora piadosa, rezadora de novenas, que se persigna asustada ante una manifestación obrera o un piquete de desocupados.

Dorothy nació en Brooklyn en 1897 cuando aún no formaba parte de la ciudad de Nueva York, sino que era una pequeña ciudad de trabajadores e inmigrantes pobres. Su padre era un humilde periodista y tanto él como su madre eran protestantes.

La joven Dorothy manifestó de muy pequeña su viva inteligencia y llegada a la adolescencia comenzó a devorar los libros de Jack London que describían la situación de miseria de los barrios humildes y se interesó rápidamente por las ideas anarquistas. A los dieciséis años, junto con la beca que le permite comenzar los estudios universitarios, Dorothy se afilió al Partido Socialista de América, fundado en 1901 por el obrero ferroviarios Eugene Victor Debs. Al poco tiempo abandona sus estudios universitarios, en Illinois, y, al volver, su padre no la recibe en la casa, y se instaló en el barrio judío de Brooklyn. Para ganarse la vida se inicia en el periodismo y escribe en el periódico socialista “Call” (Llamado). Sus artículos informan sobre las actividades del mundo obrero, manifestaciones de protesta, denuncias sobre abuso policial, huelgas y actividades pacifistas -la Primera Guerra Mundial descargaba su furia en Europa, pero EE.UU. aún no había intervenido-.

Dorothy Day se fue convirtiendo en una convencida y militante anarquista, enemiga del estado moderno y defensora y propagandista de la augestión y las formas comunitarias autonómicas de gestión. Participó en todas esas luchas obreras y populares que relataba en sus artículos y sufrió en carne propia la brutal represión de la policía de la plutocracia y fue detenida en varias oportunidades. El Talón de Hierro que Jack London había descripto en su famosa novela desplegaba entonces su furor antiproletario y antiinmigrante.

La Revolución de Octubre, en 1917, llenó de esperanzas a Dorothy y sus camaradas en las posibilidades de un gran alzamiento popular norteamericano que destronase la casta capitalista gobernante. Fue enfermera, reportera judicial y modelo vivo para estudiantes de pintura. El amor libre, los derechos de la mujer y el control de la natalidad fueron también las inquietudes y discusiones en las que se involucró esta apasionada jovencita. En esos años se relaciona con un hombre de su edad, cuyo nombre no ha pasado a la historia, y queda embarazada. Ha contado, muchos años después, que su pareja no quería tener hijos y que el miedo a perderlo la llevó al aborto.

Ya en la década del 20, Dorothy Day comenzó a colaborar con el legendario periódico New Masses (Las Nuevas Masas), una publicación marxista, revolucionaria, en la que escribieron, entre otros, Langston Hugues, John Dos Passos, Upton Sinclair y el gran ilustrador y muralista, de origen húngaro, Hugo Gellert. Se casó, entonces, con un camarada de la política, Forster Butterman y tuvo con él una hija, Tamar.

Es en estos años cuando Dorothy experimentó una profunda crisis espiritual, al parecer relacionada con el nacimiento de Tamar, que la llevó a convertirse al catolicismo. Se separó de Butterman y se bautizó, junto con su hija.

Como es sabido, la crisis iniciada en 1929 tuvo pavorosas consecuencias sobre la clase trabajadora norteamericana. Millones de hombres fueron arrojados a la desocupación y las calles de las grandes ciudades se llenaron de hombres, mujeres y familias arrojados de sus casas, sin trabajo ni pan. Se calcula que hacia 1933 había 13 millones de desocupados en los EE.UU, mientras los bancos se apropiaban de las chacras ante la imposibilidad de hacer frente a sus obligaciones por parte de los agricultores.

Hacia esos años Dorothy conoció a Peter Maurin, un católico de origen francés, profesor de su lengua materna y admirador de la doctrina de San Francisco de Asís. En 1933 fundan un periódico que tendría una larga trayectoria y una resonancia explosiva: el Catholic Worker (El Obrero Católico). Con un precio de un centavo de dólar el periódico describía en sus páginas las duras condiciones del mundo proletario, el trabajo infantil, las huelgas de los agricultores y los conflictos en los distintos sectores de la industria. Apareció, como una empresa casi personal de sus fundadores, con un tiraje de 2.500 ejemplares y en pocos meses alcanzó los 150.000 ejemplares con una distribución de carácter militante en todo el inmenso país.

Con un lenguaje llano y coloquial, el Catholic Worker expresaba las ideas de lo que entonces se comenzó a llamar la doctrina social de la Iglesia, cruzado por un anarquismo teñido de Piotr Kropotkin y San Francisco de Asís.

El pensamiento del singular escritor y pensador inglés Gilbert Keith Chesterton tuvo una importante influencia en Day. Chesterton manifestaba un catolicismo periférico en el seno de una sociedad antipapista y protestante. Para traerlo a nuestra tierra, fue un autor que influyó determinantemente en, por ejemplo, el escritor y periodista porteño, apasionado peronista, Luis Alberto Murray, autor de un hermoso poema “Chesterton en el cielo” que apareció publicado en el diario Mayoría en 1974.

El catolicismo norteamericano era, entonces, más conservador aún que el de hoy. Era la religión que había aportado a los EE.UU. dos grandes grupos inmigrantes: los irlandeses y los polacos no judíos. Ambos grupos estaban ya establecidos y formaban parte, de una u otra manera, del establishment yanqui, aun cuando recién en 1960, con John F. Kennedy, un católico llegó a la presidencia norteamericana. El periódico fundado por Dorothy Day tuvo una gran resistencia por parte de la burguesía católica norteamericana y por la jerarquía eclesiástica. En sus páginas, a lo largo de más de 40 años -el tiempo que Dorothy Day fue su directora- escribieron figuras como Thomas Merton, ya mencionado, y Daniel Berrigan, un muy conocido poeta y jesuita, activista por la paz, asesor de la película La Misión, protagonizada por Robert De Niro, y en la que hace un breve cameo.

En 1962, por propia iniciativa Dorothy Day visitó la isla de Cuba, se hace amiga personal de Fidel Castro y, al volver a su país, manifestó abiertamente su simpatía por el gobierno revolucionario. En 1971, ya con 74 años visitó la Unión Soviética para ver con sus propios ojos qué había sido de aquella revolución que tanto la entusiasmara en sus inicios políticos. Si bien no llegó a establecer una relación amistosa con el régimen soviético, destacó algunas de sus virtudes y de ninguna manera se sumó a la atmósfera macartista que ha caracterizado el análisis de la URSS en los EE.UU.

Dorothy entró como laica en la orden benedictina, a la que perteneció hasta su muerte en 1980 y fue a lo largo de toda su vida una mujer consecuente con los ideales de justicia e igualdad que abrazara en su adolescencia.

No es un azar que haya sido esta mujer, esta inclaudicable anarquista cristiana, esta “pecadora”, la que Francisco eligiera para honrar su memoria y con ella a la de los millones de trabajadores norteamericanos.


Ni el millonario presidente Kennedy ni el conservador Cardenal Newman formaron parte de esa galería, sino un monje poeta y una activista social, desprejuiciada e indoblegable.