29 de octubre de 2008

¡Salud a la gran Revolución Bolivariana!

Contra la estupidez oligárquica, contra la colonización pedagógica que se complace en la autodenigración, en nuestra metafísica incapacidad de convertirnos en historia humana, la revolución bolivariana ha puesto en órbita un satélite que no podía llevar otro nombre que el del más grande americano de todos los tiempos, el Libertador Simón Bolívar.

He escuchado un torrente de estupideces acerca de la inutilidad, la fanfarronería, las ínfulas faraónicas o la zafia actitud de poner un satélite cuando hay basura en las aceras, faltas de insumos en los hospitales o déficit de infraestructura en el sistema escolar.

Pero sobre todo he podido apreciar una sonrisa socarrona que intenta burlarse de la admiración del pueblo llano, de su rústico nacionalismo, de su simplón orgullo.

Y este orgullo, esta admiración y este nacionalismo que hoy hacen celebrar la puesta en órbita del satélite venezolano, son legítimos y bien fundados, aún cuando la mayoría de quienes manifiestan su entusiasmo no reciban de inmediato los beneficios del artilugio técnico.

Pero, de una manera u otra, son concientes -como no lo es la infame prensa opositora, los lenguaraces televisivos y los imbéciles radiofónicos- de que el Simón Bolívar en el espacio abre un nuevo período al desarrollo de la actividad espacial latinoamericana. Saben que con Brasil y Argentina, Venezuela se incorpora -y rápidamente lo hará con tecnología local- a un área decisiva en la soberanía continental: la de las comunicaciones. El presidente Hugo Chávez ha reiterado en varias oportunidades el generoso espíritu suramericano que, como no podía ser de otra manera, tiene el satélite Simón Bolívar.

Ahí esta cabalgando las praderas celestiales, volviendo a unir a nuestros pueblos, vinculando nuestras regiones, reencontrándose con la Cruz del Sur, asumiendo nuestro ineluctable destino continental.

¡Salud, venezolanos! El satélite Simón Bolívar es un verdadero orgullo de la Revolución Bolivariana y, por ende, de todos ustedes.

Caracas, 29 de octubre de 2008
Clarín sabe que esta vez la oposición no tiene ala plebeya

Los medios -y fundamentalmente Clarín- saben que la decisión presidencial de reestatizar el sistema previsional argentino cuenta con un importante apoyo de los sectores de clase media que fueron decisivos en el complot sojero contra la política del gobierno, en el llamado conflicto del campo. Sabe que muy pocos argentinos que viven de un sueldo van a salir a la calle a defender a las nefastas afjps.

Y es por eso que, en la edición de hoy, el escriba político de Clarín sale a denunciar como paranoia de la presidenta Cristina y de Néstor Kirchner la evidente coincidencia de intereses, sin apoyo masivo, entre los buitres del sistema bancario y financiero argentino, un pequeñìsimo sector social "paquete" circunscripto a Callao y Santa Fe y los countries de Pilar y, por supuesto, el sistema mediático monopolizado.

Dice Van der Kooy "Néstor Kirchner cree también ahora que hay poderes en las sombras que han comenzado a desestabilizar los mercados apenas el Gobierno de su esposa, Cristina Fernández, anunció la voluntad de reestatizar el sistema de jubilaciones privadas". Y a lo largo de su nota no emite una sola argumentación que contradiga esta suposición compartida por millones de argentinos. Los "mercados" no son, como ha quedado demostrado con la crisis bursátil desatada en EE.UU. un entidad abstracta y sin rostro. Por el contrario, detrás de esa fachada se mueven, intrigan, conspiran y amenazan hombres y mujeres concretos , -dueños de bancos, altos ejecutivos financieros, empresarios, agentes de bolsa, especuladores, embajadores, directores de diarios y televisoras- que por todos los medios intentarán quedarse con el ahorro argentino, puesto que es lo que han venido haciendo desde hace diez años en nombre de la libertad de comercio y el derecho de propiedad.

Pero Van der Kooy sabe, como digo, que esta vez no lo acompañarán caceroleros de Flores o Caballito -ya bastante enojados con la especulación inmobiliaria en sus barrios- y que varios partidos de la oposición han declarado desde hace años su críticas a las afjps. Pero lo que Clarín quiere evitar con su paranoica denuncia sobre la supuesta paranoia presidencial es que las amplias mayorías de los argentinos que fueron afiliados a la fuerza al sistema privado, que apoyan el desmantelamiento de este sistema de saqueo financiero, se movilicen, como deberán hacerlo, para defender el proyecto al que hoy amenazan una hipócrita UCR, el desatino apocalíptico de la diputada Carrió y el gatoflorismo de una sedicente izquierda, a la que no hay proyecto que le venga bien.

El capital financiero en la Argentina está conspirando e intentará evitar que el Congreso sanciones el proyecto presidencial. Los Pinedos y los de Narvaez saldrán a apoyar cualquier propuesta que impida la sanción del proyecto oficialista. Y usarán para ello, no el rostro abominable del neoliberalismo de los '90 -derrotado mundialmente por sus propias calamidades- sino la hipócrita bonhomía de estos sepulcros blanqueados de la oposición radical-socialista-arista, que, una vez más, jugarán el triste papel de heraldos de la oligarquía y el imperialismo.
Caracas, 29 de octubre de 2008

22 de octubre de 2008

El manejo de nuestro principal ahorro vuelve a la Nación

El proyecto de reestatizar el sistema previsional argentino que acaba de enviar la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su aprobación por parte del Congreso pondrá fin a una de las más inicuas apropiaciones del ahorro argentino por parte del capital financiero internacional y devolverá a los argentinos el manejo del mismo.

El sistema de las AFJP fue impuesto en el medio del saqueo al que fue sometido el país por Menem, Cavallo y el neoliberalismo financiero. Además de la pérdida de nuestras grandes empresas estatales, el transporte aéreo, las comunicaciones, el petróleo, el hierro, el carbón, la minería y hasta el correo, el sometimiento del país a los dictados imperialistas impuso la apropiación por parte de las finanzas internacionales del sistema previsional. Millones de argentinos fueron forzosamente afiliados a las AFJPs que prometían, como lo hace todo estafador, una prodigiosa multiplicación de los aportes obligatorios. Muchas voces se levantaron entonces contra el sistema, cuyo simple análisis matemático evidenciaba como un timo mondo y lirondo. Entre ellas, la del entonces diputado Moisés Fontela, que en un librito de unas cien páginas demostró la burla que se estaba montando, el saqueo a que se sometía al país y la imposibilidad del sistema a mediano plazo.

La propuesta de Cristina ha puesto fin a esa iniquidad y nuestro Estado vuelve a recuperar este fundamental instrumento financiero. Aprovechando la situación de desmadre del sistema financiero internacional, cuya génesis está en su misma mecánica –la producción de más dinero por medio del dinero, sin necesidad de la trabajosa intermediación de la mercancía-, el gobierno continúa recuperando para la voluntad nacional los comandos económicos estratégicos.

Después que el fanatismo liberal de los republicanos se transformara en nacionalización de los bancos, después que Sarkozy declarara muerto el sistema financiero mundial que regía hasta hace quince días, ¿cuáles serán los argumentos de la oposición?, ¿qué principios sacrosantos de libertad individual habrá pisoteado esta vez el gobierno?

Ya están alegando que se usa con fines recaudatorios. ¿Y con eso qué? En momentos en que un vendaval financiero y económico da vueltas patas para arriba todo el mundo capitalista, es obligación, y no sólo derecho, de un gobierno tener bajo sus manos la mayor cantidad de herramientas que garanticen el menor costo posible para sus ciudadanos. Se van a respetar los derechos de los aportes ya efectuados y se respetará a quienes quieran poner en la timba de las finanzas privadas la parte de su ahorro extra. Pero los fondos acumulados hasta hoy no van a zozobrar como producto del gran casino financiero. Ni enriquecidos, venales y pésimos administradores podrán cobrar sus siderales sueldos, mientras se evapora el ahorro de más de diez años.

Ya han aparecido en la prensa canalla los pájaros de rapiña convocando a un torrente de juicios contra el estado. Ya han aparecido los émulos de la gata de doña Flora que se quejan por las formas o el momento. La señora Carrió pone sus ojos en blanco y profetiza nuevos fines del mundo, tal como lo hace con frecuencia. La desvaída oposición sólo intenta desprestigiar al gobierno, mientras de su seno no ha salido una sola idea o proyecto para enfrentar la crisis mundial, que los tomó por sorpresa, sin excepción.

El gobierno de Cristina, en medio de la tormenta, ha retomado la iniciativa política. El siguiente paso debe ser la derogación de la actual ley de entidades financieras y la sanción de un nuevo instrumento legal que devuelva al país su capacidad y control.

Caracas, 21 de octubre de 2008

17 de octubre de 2008


Los Muchachos Peronistas

Son Juan Molina, Juancito, y Armando Ponce, el Negro. Tienen más de 70 años, pero nacieron a la historia hace cincuenta y cuatro, el 17 de Octubre de 1945 y su nacimiento es testimoniado por esta foto.

Ese día estuvieron en la plaza de Mayo, exigieron la libertad del coronel Perón y refrescaron sus pies cansados en el agua de la fuente. Son los dos protagonistas aún vivos del testimonio fotográfico más importante de la historia social argentina del siglo XX: la que documenta la escena fundadora del más avanzado momento de nuestra liberación nacional y social.

Como la del niño del levantamiento del ghetto de Varsovia, como la del miliciano republicano congelado en el momento de caer muerto en la trinchera de la guerra Civil Española, como la de la niña vietnamita desnuda que corre desesperada con el cuerpo quemado por el napalm yanqui, la anónima y hermosa foto de esos hombres y mujeres jóvenes con “las patas en la fuente”, como inmortalizara el gran Leonidas Lamborghini, sintetiza y expresa la naturaleza social y el sentido democrático del momento histórico en que fue tomada. Y esa tarde y esa foto signó para siempre la vida de Juancito y el Negro. Fueron, de ahí en más, peronistas.

Cuando sobre la Argentina arreciaba con toda su furia el vendaval del neoliberalismo encabezado por Menem y Cavallo, en los años en que los patriotas éramos despreciados por “habernos quedado en el 45” estos “muchachos peronistas” fueron entrevistados por Clarín para hablar de aquel gobierno.

Juan Molina, el que trató a Evita, el preso de la revolución “libertadora”, el dirigente sindical de la Resistencia, fue corto y claro: “Ha rifado al movimiento obrero y ha olvidado a los pobres y los humildes”.

Armando Ponce, el otro soldado anónimo del 17 de octubre, se extendió aún más: “Dio un giro hacia el neoliberalismo. Dilapidó el ahorro de muchas generaciones con las privatizaciones. Y su peor error fue olvidarse de la justicia social”.

Aquí están expresadas, con crudeza y sin eufemismos, las razones por las cuales el pueblo argentino ha repudiado a Menem, quien hoy fatiga los pasillos de los tribunales. Pese a las piruetas bufonescas con que intenta ocultar su infamia, el pueblo del 45 nunca perdió el rumbo aprendido en aquellos lejanos años.

“Nunca se lo vamos a perdonar”, terminó diciendo Armando Ponce. Y esa sentencia pesará sobre la conciencia del traidor.

15 de octubre de 2008

12 de octubre: El mandato del Inca Yupanqui

Buenos Aires, 12 de octubre de 2005.

¡Cuba! al fin te verás libre y pura
Como el aire de luz que respiras,
Cual las olas hirvientes que miras
En tus playas la arena besar.
Aunque viles traidores le sirvan,
Del tirano es inútil la saña;
¡Que no en vano entre Cuba y España
Tiende inmenso sus olas el mar!

El joven cubano José María Heredia, recién expulsado de su isla verde por el gobierno colonial, escribía estos versos del Himno del Desterrado, con sagrado odio a quien aherrojaba su Patria y la separaba del resto de Iberoamérica, libre ya de la regencia peninsular. El argumento geográfico, la inmensidad del mar océano, se le presentaba, en su desesperación, como el argumento último y definitivo de su convicción y lucha independentistas.

En su Antología Poética Hispano Americana[1] publicado por la Academia Argentina de Letras con el título Poetas Hispanoamericanos en Buenos Aires, 1949. , don Calixto Oyuela agrega, a renglón seguido de las inflamadas estrofas heredianas: “¡Lástima que no suceda lo mismo entre Cuba y los Estados Unidos!”.

Entre el grito enérgico del poeta caribeño y el comentario irritado del crítico rioplatense se plantea, creo, la tensión de nuestra relación con España.

Las guerras de la Independencia debían afirmar la ruptura y la distancia. La carta jamaiquina del Libertador Bolívar rezuma odio al opresor hispánico, condena sus asesinatos y saqueos, reivindica a Atahualpa y a Moctezuma y desprecia a Carlos IV y a Fernando. José de San Martín insulta a los “godos” y a los “maturrangos”. Por encima de ellos resuena potente el discurso del inca en las Cortes de Cádiz: “Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”, la protesta fundadora del delegado de ultramar en la única instancia que hubiera permitido la creación de una gran nación hispanoamericana.

Por eso, Vicente López y Planes anuncia “oíd el ruido de rotas cadenas”, que también molesta a Oyuela. Por eso denuncia “¿no los veis sobre México y Quito arrojarse con saña tenaz?” La afirmación de la Independencia requería energía espiritual y justificativo moral. La España absolutista que aplasta a las Juntas y que traiciona el espíritu democrático y jacobino de la guerra contra Napoleón se merece la ira de los españoles americanos.

Pero esa soberbia autonómica y ese amor a la libertad no han surgido de la nada. Es el resultado de trescientos años de mixtura, de fusión. De doloroso, sangriento y difícil mestizaje, en el cual ya nada o casi nada queda de aquellos brutales y valientes aventureros, ni de los hombres y mujeres que vieron y sufrieron su llegada.

Para los hispanoamericanos que pasan del siglo XIX al siglo XX, quien se levanta amenazante no es ya el desaparecido imperio español. El Nuevo Mundo ha adquirido su independencia, pero una veintena de pequeñas repúblicas son presa fácil para la voracidad anglosajona yanqui. Con las cañoneras y el Destino Manifiesto, Washington hace aparecer o desaparecer países a su antojo, mientras que el Reino Unido incorpora las llanuras del Plata a su imperio de préstamos y manufacturas.

En ese momento reaparece el sentimiento de pertenencia a otra cultura, a otra religión, a otra lengua. Descubrimos en Nuestra América una relación con un pedazo de Europa que cien años después no terminaba de recuperarse del peso de su imperio y de su pérdida, para entrar al siglo XX.

La idea de la “raza” surge de aquella generación del 90 que vio en Cuba cómo salían derrotados los españoles y entraban, vulgar e inconteniblemente, Teddy Roosevelt y Rudolph Hearst. Y repercute en la América española que ve cómo se arranca a Panamá de Colombia, cómo se pierde Puerto Rico, cómo se intenta invadir Venezuela para cobrar una deuda.

A “la Raza”, como ha escrito en estos días el chileno Pedro Godoy, “el Presidente Irigoyen le confiere en Argentina rango de efeméride”. Y los pueblos la hicieron propia. Y cuando la España de 1812, la de las Juntas y los fueros, se vuelve a levantar contra el despotismo y corre en la península sangre de hermanos, América es apoyo a combatientes populares y refugio de perseguidos. Y cuando el hambre sitia a España, por maniobra inicua y criminal del imperialismo anglosajón, América es trigo para los españoles y Evita Perón el abrazo fraterno y solidario.

Hoy España es para nosotros, herederos de aquellos españoles americanos, de aquellos pueblos en los que se mezcló la sangre de blancos, indios y negros, la que se quedó con nuestro petróleo, la que acumula las ganancias de nuestras telecomunicaciones, la que garantiza con la firma de su testa coronada el cumplimiento del Tratado de Madrid, la que desprecia a los “sudacas”, la que se integra a Europa alejándose de América. Es la que ayuda al golpe escuálido contra Chávez y los venezolanos. Es la que levanta muros sobre las fronteras de la abundancia. Nuevamente renace la vieja tensión de los tiempos de la Independencia.

Pero si Numancia se llamó el mejor regimiento hispanoamericano, incorporado por San Martín a su ejército, seguramente Ayacucho, Junín o Bahía Cochinos podrá llamarse la nueva legión de españoles que asuman sobre sus hombros la tarea que hace ya casi dos siglos les espetara el Inca Yupanqui: “Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”.

En ese momento, la Hispanidad adquirirá su monumental sentido de crear un mundo al que en vano “tiende inmenso sus olas el mar”.