3 de agosto de 2009

A propósito de la Patria

Leopoldo Marechal nos dejó un poema que, a quienes amamos esta Patria con nombre platino, nos ha marcado para toda la vida.

La Patria era una niña de voz y pie desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempos de labranza,
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta.)

La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las yerras
estampando su risa en los novillos;
o junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de setiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas)

Con las cuartillas escritas por Felipe Noguera y Alberto Berro –según informa La Nación de este domingo- el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biocatti, afirmó: “La Patria es nuestra historia y también nuestra conciencia de esa historia”. Con ello, el estanciero pretendió, con sus palabras, desplegar la concepción del “Campo” sobre la Patria.

De repente “los ojos de aritmética”, que sólo ven el tamaño y el peso, “los ojos verticales”, que sólo perciben la suba y la baja de los precios, se sintieron en la obligación de explicarnos a los argentinos qué es la Patria.

Es bueno que, por fin, se acepte el desafío de discutir sobre nuestra historia y sobre la conciencia de nuestra historia, porque es, justamente la conciencia de esa historia, la huella que ha dejado en las generaciones vivas, lo que hace evidente que la Patria a la que se refiere Biolcatti es una Patria muy distinta a la que está dibujada en el corazón y la memoria colectiva de la inmensa mayoría de los argentinos.

Dicen Noguera y Berro, a través de Biolcatti: “Cuando el campo dice Patria, piensa con nostalgia en aquel magnífico granero del mundo capaz de alimentar a la humanidad entera, hoy convertido en presa de la voracidad fiscal y la falta de políticas adecuadas”.

En cambio, cuando el pueblo argentino dice Patria recuerda con dolor y con indignación histórica aquel Centenario del “granero del mundo”, regido con estado de sitio, con la Ley de Residencia y donde, un año antes, los “cosacos” de la policía de Ramón Falcón reprimieron un acto del 1º de Mayo dejando tendidos 8 muertos y 105 heridos. Aquel 25 de mayo de 1910 se celebró con la redacción de las publicaciones obreras La Protesta, La Batalla y La Acción Socialista presos, junto a un centenar de militantes populares. Mientras la Argentina de la Sociedad Rural saludaba embelesada a la obesa representante de la corona española, la “infanta” Isabel, patotas oligárquicas empastelaban imprentas anarquistas, apaleaban a trabajadores desarmados y generaban terror blanco en las barriadas humildes.

Aquella Argentina no era “capaz de alimentar a la humanidad entera”, como sus escribas le hacen fantasear a Biolcatti, sino que apenas era capaz de alimentar a los argentinos viejos del interior postrado y a los nuevos argentinos que se hacinaban en los oprobiosos conventillos. Tan sólo alimentaba a los ingleses con su chilled beef, y a cambio de ello les entregaba el control de sus puertos, sus ferrocarriles, sus frigoríficos, su prensa y su gobierno.

Esa Argentina a cuya añoranza se suma, con aire de hijo bastardo Eduardo Buzzi, es la que llevó dos años después al proceso de sindicalización agraria, enfrentado a la clase terrateniente tradicional, que se conoció como “Grito de Alcorta”. Ni siquiera para los fundadores de la Federación Agraria Argentina, chacareros criollos, italianos y españoles, la Argentina del Centenario tenía un lugar. La incorporación de la Argentina rural al mercado internacional y los recursos generados por la renta diferencial se convirtieron en fanfarronerías de nuevo rico, en dilapidación suntuaria, en viajes a Europa con la familia y la vaca, en tirar manteca al techo con cocottes franchutas de besos lentos y manos rápidas.

Esa es la nostalgia que le dictan Noguera y Berro al parvenu Biolcatti. Es simplemente un adorno retórico a la exigencia perentoria de esa clase social, que, en sus pretensiones, no ha cambiado desde el Centenario: la renta agraria es nuestra y hacemos con ella lo que queremos.
Vuelve Biolcatti a la historia, cuando dice: “Pienso en Manuel Belgrano, en José de San Martín, en Domingo Faustino Sarmiento, en Juan Bautista Alberdi. Hombres que le dieron a la Patria todo, sin pedirle nada. Hombres que fundaron y construyeron esta Nación sin necesitar superpoderes. Que murieron en la dignidad de su pobreza, sin tener que presentar declaraciones juradas. Pienso en ellos y me avergüenzo.”

Vuelve a vigilar Mitre desde lo alto de la noche el examen de historia del estanciero lechero.
¡Pobre Manuel Belgrano! Quería desarrollar la industria textil para hacer velas y sogas para nuestros barcos, y estos tipos reniegan de una Argentina industrial, que sólo puede construirse con la apropiación por parte del Estado de sus excedentes rentísticos.

¡Y que San Martín no necesitó superpoderes! Los tuvo y los usó discrecionalmente. Los tuvo en Mendoza, como gobernador militar, y los tuvo en Perú como Protector. Es muy linda la historia de las damas mendocinas entregando su tiempo y sus joyas a la causa de la Independencia. Y es útil para falsear la verdadera imagen del Libertador. En uso de las atribuciones que le exigió al gobierno de Buenos Aires para aceptar su nombramiento, San Martín expropió a las clases pudientes cuyanas para usar sus bienes sobrantes en beneficio de la causa independentista. Aquí se ve, en su manifestación práctica, la utilidad que la historia de Mitre tiene para el sistema de dominación argentino. ¡Qué bueno es ocultar que San Martín fue un gobernante dotado de plenos poderes, sin control parlamentario alguno!

El sanjuanino está muy bien en boca de Biolcatti, que desde su cargo hace evidente la crítica observación sarmientina de que el poder en la Argentina de entonces tenía “olor a bosta de vaca”. Y, podemos agregar, la Sociedad Rural Argentina quiere que vuelva a tenerlo.

En cuanto a lo de la pobreza de Alberdi no podemos sino aceptarlo. El gobierno de los ganaderos y los importadores de la ciudad de Buenos Aires le negaba el pago de sus sueldos como representante argentino en París. “La dignidad de su pobreza” tenía mucho más de castigo mitrista que de virtud republicana. Hace bien Biolcatti en avergonzarse de ello.

Cuando el pueblo argentino dice Patria recuerda con orgullo y dolor la sangre gaucha derramada por los soldados criollos a lo largo y lo ancho de América del Sur, cuando Rivadavia –a quien los asesores de Biolcatti se olvidaron de nombrar o quizás su nombre ya no tiene el impacto publicitario de otras épocas- le quitaba su apoyo al ejército de San Martín, obligándolo a retirarse de Perú. Rememora la firmeza de Juan Manuel de Rosas defendiendo la soberanía de la Confederación, frente al asedio de ingleses y franceses, y saluda con devoción a los héroes de la Vuelta de Obligado. La palabra Patria para los argentinos pobres, para los asalariados –obreros y maestros- es el levantamiento gaucho contra la tiranía porteña, es el exilio, la tuberculosis y la muerte de Felipe Varela, es la cabeza del Chacho clavada en la plaza de Olta.

Esa palabra nos recuerda con orgullo los levantamiento de Yrigoyen contra el “régimen falaz y descreído” de la oligarquía del campo y nos alegra con el desborde arrabalero de los votos radicales de 1916.

Patria es para nosotros, los argentinos que estamos fuera del predio ferial, de la estancia y de la inversión en soja, la sangre obrera derramada en las calles de Barracas y Parque de los Patricios durante la Semana Trágica y el levantamiento de Paso de los Libres contra la dictadura justista.
Nosotros no tenemos que avergonzarnos, como Biolcatti. Nos pone orgullosos el recuerdo de los obreros bien pagos del 17 de octubre y nos alegra la insolencia plebeya de Evita, nombrando a su madre al frente de la Sociedad de Beneficencia.

La Patria, en suma, ha sido para nosotros una larga lucha por la Independencia, por construir una sociedad soberana, por reparar la injusticia, por dar voz a los desheredados. Desde el 2001, que son los años que Biolcatti mejor conoce, henos tenido que dar una dura lucha para sacarnos de encima las políticas que nos impuso la Sociedad Rural Argentina desde su participación en el golpe de 1976 y dar trabajo a los desocupados, blanquear a los trabajadores informales y mejorar el salario de todos. La preocupación por la pobreza en boca del presidente de la SRA tiene el mismo valor que la preocupación del verdugo por la salud del condenado a muerte.

En suma:

La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.

Por eso, que la Sociedad Rural mejor no hable de la Patria.

Buenos Aires, 2 de agosto de 2009

7 comentarios:

MONA dijo...

Muy bueno! Lo has expresado cabalmente. Jamás "el granero del mundo" dio de comer a todos... Y si eso hubiese sido cierto, tendrían que haber empezado por los de su País, que padecían hambre. La primera conscripción, en 1902, sirvió como un interesante y dramático muestreo de la realidad social del granero del mundo: el 46% de los convocados no reunía las condiciones de talla y peso mínimos para su incorporación a las fuerzas armadas y evidenciaban claros síntomas de desnutrición y huellas de enfermedades sociales evitables.(lo dice Felipe Pigna)
Los asalariados de entonces, los peones y obreros, vivían en la indigencia, o trabajaban por menos de un plato de comida.Las jornadas de trabajo eran largas, extenuantes, sin ropa adecuada, sin alimento suficiente, sin condiciones mínimas de seguridad, ni higiénicas. Cuando había pago, se daba en mercaderías, y en el mejor de los casos, en vales, que se usaban solamente en el negocio del empleador. Y no solamente en tal época de oro, sino en la actualidad, el campo tiene la mayor proporción (comparados con otras tareas) de trabajo infantil, o de toda la familia, sin paga extra.
Es como la mirada de la poesía, sus ojos verticales ven las ganancias abundantes. Los ojos de la aritmética se han asociado como las “entidades del campo”, aliadas ahora en la Mesa de Enlace contra las retenciones móviles. Ellas acuerda sin dificultades las condiciones laborales de los trabajadores rurales: votaron contra la jornada laboral de ocho horas y a favor del trabajo “de sol a sol”. Las cuatro rechazaron otorgar un premio estímulo para que los trabajadores terminen la escuela. Las cuatro se opusieron a la entrega de ropa de trabajo para los peones. Así lo evidencia una recopilación de resoluciones de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario, el ente que regula el trabajo en el campo y que integran empleados, empresarios y el Estado, en las que figura la oposición sistemática de las cuatro cámaras rurales a distintos avances en materia de derechos laborales. En los documentos, las cuatro apoyan en conjunto mantener las pautas del Régimen Nacional de Trabajo Agrario, sancionado en 1980 con las firmas de Videla, Harguindeguy y Martínez de Hoz.
Por eso, que no me vengan a contar ahora que aquella Argentina era capaz de alimentar a una humanidad entera. Porque producen alimentos como para 300 millones de personas, pero en su propio País 20 millones de personas se encuentran bajo el nivel de pobreza, 6.000.000 son indigentes y cerca de 4.5000.000 están desempleados.
Si. Es cierto. La palabra Patria significa distinto según quién la nombre.
Saludos

Martín LatinoameriKano dijo...

La verdad, un gran trabajo Julio, tu descripción de las dos concepciones de Patria es atrapante, y rescato entre otras cosas el pasaje en el que hablás sobre los próceres en la boca de Biolcatti. La verdad que yo también me avergonzaría, ¿te imaginás pedirle al Gral. San Martín que no confronte con el enemigo?

Chau Macri dijo...

Existen enemigos y gente que piensa distinto, con el Chacho Peñaloza podriamos pensar distinto, tal vez, con Chavez quien sabe, pero Sarmiento seguro sería un enemigo, Biolcati sin lugar a dudas está en el bando contrario. El otro día veía en Canal Encuentro el discurso de Alfonsín en la SRA cuando fue chiflado.
Sabemos de los intereses de la Sociedad Rural, sabemos de sus intereses.

Julio Fernández Baraibar dijo...

Gracias a todos los compañeros que subieron este artículo en sus blogs, a los que lo reenviaron a su lista de correos o los publicaron en sus newsletters.
Esa es justamente la idea, lanzar una botella al mar y que el pueblo la recoja en su torrente.

Anónimo dijo...

Muy buen texto. Felicitaciones.

Facundo Cano

La Pipi dijo...

Acabo de recibir vía mail la carta "Ante la censura de Clarín sobre un blog de opinión".
Estamos armando un blogs de blogs para unirnos, si te interesa formar parte, allí figura el modo de sumarse:
http://www.bloggersenaccion.blogspot.com/

Gracias!

ana dijo...

Artículo muy interesante y con abundantes datos...
¿Bajo que gobierno ocurrió la "Semana Trágica" y bajo que gobierno ocurrieron las masacres de la "Patagonia Rebelde" cuya mención está ausente?