8 de diciembre de 2011

Sobreactuación e hipocresía

Luis Alberto Romero, como esos viejos actores ignorantes de Stanislavsky y el Actor’s Studio o la escuela de Lito Cruz –para darle un toque nacional- , sobreactúa. Enfatiza un texto grandilocuente, redactado por los herederos de quien ejecutó al Dante en idioma castellano, y exclama con exagerada inflexión: “Me pegué un susto bárbaro, inmediatamente escribí para preguntarles qué querían decir, porque es un mail de esos que amenazan mucho y concretan poco”.

El “susto bárbaro” fue consecuencia de una obvia comunicación interna de las autoridades del Conicet a sus investigadores acerca de que las opiniones institucionales del organismo eran de responsabilidad de estas autoridades y que las opiniones personales de sus investigadores –ciudadanos argentinos que cobran un sueldo del Estado para estudiar los temas que les son pertinentes- sean claramente indicadas como una expresión de cada uno de ellos y no de la institución.

Supongamos que un gerente de personal de la Ford, de la Coca Cola o de Dalmine Siderca respondiera sobre cuestiones políticas en nombre de la empresa que le paga su sueldo y que esa opinión contradijera el punto de vista institucional de la firma. ¿Cuánto duraría en el cargo dicho ejecutivo? ¿Habría algún medio que saldría en defensa de la diversidad de opiniones y en contra del discurso único?

Por otra parte, es sabido el terrorismo ideológico que el señor Romero practicaba en su cátedra. ¿Qué diría este demócratico antiperonista, de estar aún en funciones, si una de sus ayudantes de cátedra saliera en Página 12, como integrante de la cátedra de Romero, afirmando su coincidencia con la creación del Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego? ¿Llegaría la muchacha a cobrar el mes completo? Si hubiera dependido de Romero, no.

El liberalismo mitrista es hipócrita. Romero es hipócrita.

Lo que las autoridades del Conicet han hecho es que la opinión institucional de este organismo del Estado nacional es privativa de sus autoridades. La opinión de sus investigadores y becarios es privativa de los mismos como ciudadanos.

No es tan difícil de entender.

Buenos Aires, 8 de diciembre de 2011


2 comentarios:

Faustino Velasco dijo...

Cumpa Julio:
Que ROMERO piense como quiera, fiel heredero de su padre. ¡NO APRENDIÓ NADA!.
Lo lamentable es que este señor sea becario del CONICET usando fondos del erario público que pagamos todos.
Entiendo que esa área debería realizar un concienzudo censo depurador de las investigaciones que de ellos dependen; esto en todas la áreas de la ciencia.

Eduardo Real dijo...

¿Quién es Romero?