"Está es la Gran Colombia, era la idea de Bolívar y propongo por voto constituyente de la población, que la reconstruyamos como una confederación de Naciones autónomas. Tendríamos unas políticas comunes en las materias que proponga el pueblo. Indudablemente la política comercial hacia la industrialización y ser lo que es geográficamente un centro del mundo y de Latinoamérica. Un centro de energías limpias, del saber, de infraestructuras de alta tenología de movilidad y comunición. Sobre esas habría habría un parlamento grancolombiano, un tribunal de justicia y consejo de gobierno, como en la Unión Europea o en los EEUU federales. Una potencial del turismo y de la conectividad del mundo".
En otro lugar he sostenido que el presidente Gustavo Petro es una de las expresiones del grado de fortaleza que nuestro continente tiene y que, junto con Lula, en Brasil, Claudia Sheimbaum en México, y otros gobiernos de América Latina, refuta la derrotista visión de que un giro derechista ha aplastado en la región todo intento liberador. Petro ha interrumpido una serie de gobiernos colombianos directamente ligados al narcotráfico y a los EE.UU. y ha vuelto a vincular a su país con Venezuela. De ahí que adquiera especial importancia que desde Bogotá, desde la ciudad donde se intentó asesinar al Libertador Simón Bolívar, se vuelva a reivindicar el proyecto continental de los primeros 25 años de nuestra historia independiente. Que Colombia, a través de su presidente, sume su voz y su esfuerzo a la reconstrucción de la Patria Grande es, sin dudarlo, un enorme paso adelante en ese histórico mandato.
Dicho esto, permítanme sostener que esta propuesta de restauración de la Gran Colombia por parte del presidente colombiano deja más la impresión una nostalgia por un tiempo irrecuperable que un verdadero proyecto integrador de una nación continental.
En los primeros quince años del siglo XXI Suramérica avanzó, como no lo había hecho desde la batalla de Ayacucho, en el acercamiento y construcción de instituciones políticas, como el UNASUR, tendientes a esa integración. La decisión del comandante Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, de abrir la política suramericana hacia el Atlántico, sumando al Brasil, fue uno de los ejes del éxito. Hasta se impuso la tarea de hacer conocer a Simón Bolívar al pueblo brasileño, cuya historia había transcurrido al margen y, muchas veces, enfrentada al movimiento independentista. La estatua gigante del Libertador, en el Carnaval de Río, llevada por la scola do samba Santa Isabel, con un motivo alegórico a la unidad de la Patria Grande, fue el extraordinario recurso al que acudió Chávez.
Ya a mediados del siglo XX, en 1951, el general Juan Domingo Perón, entonces presidente argentino, había planteado el más poderoso mecanismo de unidad suramericana hasta ese momento. Perón estaba convencido que la alianza estratégica entre Argentina y Brasil -en aquel momento los dos países de mayor desarrollo económico en la zona- atraería al conjunto de los países de la región, en un concierto en el que Argentina y los países hispanohablantes equilibrarían el peso del gigante lusoparlante.
Y, en los últimos 20 años del siglo XX, esos dos países habían logrado construir el Mercosur, embrión de esa gran política esbozada por Perón. El Mercosur, con todos sus altibajos, ha sido, en suma, el acuerdo de integración regional de mayor duración y efectividad política y económica.
En mi humilde opinión, la propuesta de Gustavo Petro hace retroceder todos estos avances efectivos, alcanzados en lo que va del siglo XXI.
Si vemos en los mapas, dicha propuesta implica, entre otras cosas, la secesión de distintas regiones que hoy forman parte de un estado nacional, para sumarse a una hipotética Confederación de Naciones, de la que no forma parte Brasil, ni ningún país del sur del continente. Sería mucho más alentador que Colombia propusiera una alianza estratégica con Venezuela, en momentos en que ambos países están siendo objeto de diversas agresiones por parte de los EE.UU., o intentar, entre ambos países, un acuerdo similar al Mercosur -Merconorte se puede llamar- que pongan en movimiento fuerzas económicas, comerciales, políticas y culturales hacia nuevas instancias de unidad continental.
Insisto, más allá de esto, es muy bienvenida la voluntad de Colombia de sumarse a la aspiración de nuestros pueblos para construir la Patria Grande.
14 de enero de 2026
Insisto, más allá de esto, es muy bienvenida la voluntad de Colombia de sumarse a la aspiración de nuestros pueblos para construir la Patria Grande.
14 de enero de 2026


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