El hecho es que, en una operación militar quirúrgica, EE.UU. secuestró al presidente de un país soberano, en ejercicio de su mandato, con el pretexto de juzgarlo por narcotráfico. La operación ha sido la última acción militar de una cadena de provocaciones y amenazas verbales y de carácter bélico. Varias decenas de sencillos pescadores en las costas venezolana y colombiana fueron asesinados por cohetes yanquis disparados desde helicópteros. Uno o dos grandes buques cisterna, transportando petróleo, fueron abordados, al estilo del pirata Barba Negra, en el Caribe. Se llegó a una situación en la que uno de esos buques izó la bandera rusa para evitar el abordaje y la advertencia de las autoridades moscovitas evitó el acto de piratería.
Que un sangriento dictador -para la opinión de los jerarcas yanquis- sentado en un oceáno de petróleo, se dedique a gigantescas operaciones de tráfico de cocaína, en un país que ni cultiva la coca ni produce el polvo narcótico, en lugar de hacer operaciones comerciales, legales y con una alta tasa de ganancia, con el petróleo, deja a las claras la patraña de toda la acusación. Que en toda la confusa y confusionista retórica de Donald Trump y su ministro Marcos Rubio -él sí con conexiones familiares con el hampa miamera de la cocaína- no se mencione en ningún momento la presunta ilegitimidad del mandato de Maduro o sus, también presuntos, atentados a la democracia y los derechos humanos, dejan también a las claras que el único objetivo del secuestro ha sido voltear, desestabilizar y, en última instancia, poner fin al proceso nacional iniciado por el Comandante Hugo Chávez, con el levantamiento contra el capitulador Carlos Andrés Pérez.
Por otra parte, EE.UU. y su sofisticado aparato bélico está en condiciones técnicas y humanas de llevar a cabo ese secuestro. Lo hemos visto muchas veces en películas, en el cine y en la televisión. En “La noche más oscura” de la directora al servicio de la CIA Kathryn Bigelow, podemos verlo en el seguimiento a Bin Laden en Afganistán. El sistema de espionaje satelital de los yanquis permite espiar y anular dispositivos de control para operaciones de este tipo. El secuestro, no obstante ello, resultó en el asesinato de unos 80 soldados encargados de la custodia del presidente Maduro y del lugar donde se hallaba.
Mencionó esto porque, entre el fárrago de análisis y comentarios, comenzaron a aparecer los juicios acerca de la posible “entrega” de Nicolás Maduro por parte del equipo chavista de gobierno. Gente que, en la mayoría de los casos no ha hecho el servicio militar, manifestaba su sorpresa por la supuesta falta de respuesta de la FANB al ataque y al secuestro y buscaba en presuntas conspiraciones palaciegas el éxito del golpe.
Lo que hizo Trump, y no lo dice la legión “A mi no me engañan” es un signo de debilidad. No puede actuar como lo hizo en Panamá, porque Venezuela no es Panamá, las FANB no son la guardia nacional panameña y una invasión en regla, además de generar un conflicto con su propio Congreso, lo metería en un pantano del cual no sabe cuando podrá salir, mientras se le pudre el frente interno con los primeros Jimmy que bajen de un avión de transporte envueltos en la fatídica bolsa negra.
El petróleo y solo el petróleo ha sido el motivo del secuestro. La apropiación y el manejo del petróleo, según lo ha declarado inmediatamente después del secuestro, el secuestrador Donald Trump.
Mientras tanto, en Venezuela, el régimen chavista continúa.
Como se sabe, la vicepresidencia, según la constitución venezolana, no es un cargo electivo, sino que, al modo de un ministro, la elige el presidente electo. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, rodeada del ministro del Interior, jefe de la policía, Diosdado Cabello, el ministro de Defensa a cargo de la FANB, el general Vladimir Padrino López, y el Fiscal General y representante del Poder Ciudadano, Tarek William Saab, ratificó a Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Posteriormente, el Tribunal Supremo de Justicia la nombró como presidenta interina.
La constitución establece que si el presidente de la República fallece o renuncia antes de la primera mitad de su mandato, la Asamblea Nacional deberá llamar a elecciones. El interinato de Delcy Rodríguez implica que el presidente sigue siendo Nicolás Maduro, quien al ser secuestrado por un estado extranjero, lo sigue siendo de jure,y que, por lo tanto, no hay que llamar a elecciones.
Los mismos hombres y mujeres que manejaban el país antes del secuestro siguen en sus cargos. Todos los nombrados han sido militantes y dirigentes del chavismo en vida del Comandante y hombres y mujeres de probada lealtad a la Revolución Bolivariana. Hasta tanto no se haga evidente otra cosa yo me niego a sumarme a conspiraciones e ideas raras.
¿Trump va a intentar negociar con Delcy? Obvio, es lo que hace siempre. Por otra parte, era lo que Maduro venía intentando. Con las técnicas de un jugador mentiroso de póker, lo que en inglés se llama un “bluffer”, Trump ha forzado al máximo su desafío y, con la misma patraña, amenaza a Delcy Rodríguez, pero también a Claudia Sheinbaum, presidenta de México, a Gustavo Petro, presidente de Colombia, y a Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba.
¿Delcy y Diosdado y Padrino López van a hacer automáticamente lo que les diga Trump? ¿Por qué lo van a hacer? La oposición al gobierno no existe, las calles han sido ocupadas por los millones de venezolanos indignados por el ataque yanqui y Trump,por su parte, se encargó de pegarle una patada en el culo a la indigna premio Nóbel de la Paz.
En las calles está el chavismo, no la oposición.
Pero el extremo bluffeo le ha hecho perder a Donald Trump todo legalidad internacional. Las respuestas de China, Rusia, Reino Unido, la declaración conjunta de España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay son muy expresivas. De varios lados se ha pedido una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, aunque el organismo no haya brillado nunca por su capacidad para solucionar conflictos, refleja el rechazo que el secuestro, un delito penado en todos los códigos penales del mundo, ha generado en los grandes protagonistas de la política internacional.
Va a aumentar el precio del petróleo. El maldito “American Empire” está en total y franca decadencia y retroceso. En Perú, China construyó un gigantesco puerto en Chancay, a 100 kms de Lima. Por ahí saldrá en poco tiempo toda la producción andina y brasileña hacia el Asia.
Ha quedado explícito cuál es el interés de Trump en Venezuela y en América Latina.Todo esto no producirá sino una aceleración en el acercamiento e integración de México a los BRICS y afianzará la relación de Brasil con el acuerdo. El Banco de Desarrollo de los BRICS abrirá en Brasil una sede para América Latina. Y Colombia, después de décadas de gobiernos oligárquicos y sostenidos en el narcotráfico, tiene un presidente que asume la hermandad latinoamericana y su cercanía histórica, geográfica y cultural con Venezuela. Ya no gobierna Francisco de Paula Santander la patria de Nariño.
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, compañera de lucha de Hugo Chávez desde los años 90, están presos en Nueva York, acusados de un delito inventado. El chavismo sigue gobernando Venezuela y el brutal imperialismo ejercido por Trump es muy probable que sea el principio de su derrota estratégica.
No olvidemos lo que dicen los compatriotas de por allá:
Buenos Aires, 4 de enero de 2026

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