17 de enero de 2026

El acuerdo Mercosur-UE

 El acuerdo Mercosur-UE no tiene muchos beneficios para la economía argentina, según he podido leer y escuchar en muy agudas críticas al mismo.

Como sabemos, el mismo se basa en nuestra capacidad de producir commodities agrarias y en la capacidad europea de producir mercancías industriales. El acuerdo es resistido por algunos sectores campesinos europeos, los que, por otra parte, están hartos de las exigencias burocráticas de Bruselas a su producción agrícola-ganadera, que, además, ha encarecido enormemente los alimentos. Algunos países manifestaron objeciones y amenazan con no aprobarlo en sus respectivos parlamentos.

Y el acuerdo ha recibido críticas, pero es menos resistido que en Europa, por los sectores industriales argentinos y, en menor medida, mercosureños. Pero esos sectores no tienen una gran influencia en sus respectivas sociedades o, por lo menos, han sido incapaces de resistirse a las políticas desindustrializadoras del liberalismo. En todo caso, las dificultades para las industrias nacionales no están causadas por el acuerdo, sino por políticas previas, aceptadas mansamente por las organizaciones representativas de la industria, como, por ejemplo, la Unión Industrial Argentina.

Pero el acuerdo Unión Europea-Mercosur tiene una gran importancia desde el punto de vista de la política internacional, desde un punto de vista geopolítico, como se usa decir ahora.

Constituye un gigantesco mercado. Esto, obviamente, ayuda, tanto al Mercosur como a la Unión Europea, a hacer evidente su capacidad de generar políticas comerciales que ignoren los deseos de los EE.UU. Cuando EE.UU. amenaza con arancelar las importaciones europeas y de todos los países que se opongan a su pretensión de reemplazar a Dinamarca como potencia colonial ocupante de la isla de Groenlandia, un mercado de esta amplitud significa un recorte al poder acobardante de los aranceles.

Es decir, Suramérica, de la mano del presidente del Brasil, Lula da Silva, logra constituir un mercado de cerca de 800 millones de consumidores y aproximadamente el 25% del PIB global y, tanto la UE, como el presidente del Paraguay reconocen esa responsabilidad del pernambucano.

Ello, junto con su participación en los BRICS+, convierte a Lula en uno de los grandes estadistas contemporáneos, al nivel de Xi Ping, Putin, Macron o Van der Leyen y en el único latinoamericano a esa altura, a excepción y por otras razones de Nicolás Maduro.


En mi opinión esto es lo trascendente. Las críticas al acuerdo son minucias de contador, frente a su significado político. En adelante habrá que ver en qué medida se consolida y es aplicado y reconocido por cada uno de los estados europeos, de qué manera, como lo ha manifestado Lula, es para Brasil una posibilidad de reindustrialización. Pero las desventajas que pueda sufrir la Argentina no serán mayores que las que ya sufre con la política liquidacionista y financiera de Javier Milei.

El problema, como siempre, no sera el acuerdo, sino nuestra capacidad de derrotar al bloque financiero cipayo que se ha enquistado en el poder político del estado.

17 de enero de 2025.

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