Mostrando las entradas con la etiqueta Kirchner. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Kirchner. Mostrar todas las entradas

13 de noviembre de 2018

La integración suramericana en tiempos difíciles


La entrada en el siglo XXI introdujo definitivamente en la experiencia y el pensamiento doctrinario del peronismo el objetivo estratégico que planteara el general Juan Domingo Perón en la década del '50, con el lanzamiento del “Nuevo ABC” y que, posteriormente, en los '60 sintetizara en la consigna “El siglo XXI nos encontrara unidos o dominados”.


Efectivamente, fue a partir del año 2000, con la paulatina aparición de gobiernos de claro origen popular y definida vocación integradora, que el peronismo, desde el gobierno, se planteó estratégicamente el objetivo de la Patria Grande, de la integración suramericana, en su política de gobierno.
El último antecedente había sido el breve tercer gobierno peronista, entre 1973 y 1974, cuando en condiciones difíciles internacionales, el general Perón desplegó su política latinoamericana. Hasta el encuentro con el dictador Augusto Pinochet, en el aeropuerto de Mendoza, estuvo dictado por su concepción estratégica de integración continental. La visita del presidente panameño Omar Torrijos, la venta de automóviles a la Cuba bloqueada por el imperialismo norteamericano y el dramático viaje al Paraguay -que de alguna manera signó su posterior fallecimiento- fueron los momentos más altos de esa política.
Hay que reconocer que Néstor Kirchner tuvo cierta reticencia, en el principio de su gobierno, a comprometerse con la política latinoamericana. Su ausencia a la reunión de Cusco, Perú, el 7, 8 y 9 de diciembre de 2004, donde se creó la Comunidad Sudamericana de Naciones, argumentando razones de salud, hizo evidente que el tema no estaba en el centro de sus preocupacion que, por cierto, eran muy acuciantes en el plano interno. Hay coincidencia, en testigos y testimonios, en que fue la gestión personal del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, y las facilidades financieras que le ofreciera al país las razones que comenzaron a comprometer a Kirchner en la cuestión nacional latinoamericana. Este compromiso se hizo evidente y operativo en la IV Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, el 4 y 5 de noviembre de 2005, un año después. Vale la pena recordar que dicha Cumbre puso fin al intento norteamericano del ALCA, que hubiera significado la capitulación completa del continente frente a los intereses económicos norteamericanos. El presidente norteamericano George W. Bush y el presidente mexicano Vicente Fox, cabezas de la ofensiva imperialista, fueron los grandes derrotados en dicha reunión. La acción conjunto de Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva, más algunos presidentes centroamericanos como Leonel Fernández de la República Dominicana, terminaron sepultando al ALCA.
A partir de esas históricas jornadas -que, dicho sea de paso, han dejado la sangre en el ojo del imperialismo yanqui y son posiblemente la razón última del odio al llamado “kirchnerismo” expresado por el establishment local y norteamericano- el compromiso, tanto de Néstor, como, posteriormente, de Cristina con la política latinoamericana fue creciente.
No es el objetivo de este artículo hacer un análisis exhaustivo de esa política, pero la creación de la UNASUR y la CELAC, la pérdida de peso específico de la OEA y la incorporación al Mercosur de Venezuela, así como la creación de la Comisión de Defensa de la UNASUR fueron algunos de los puntos más importantes de todo ese período.
A partir de la asunción de Mauricio Macri a la presidencia y en consonancia con su errática, pero coherentemente claudicante, política internacional la cuestión latinoamericana desapareció, no solo de los titulares periodísticos, sino, lo que es mucho más grave, de la agenda política de la oposición. Lo ocurrido en Ecuador, con la capitulación de Lenin Moreno, y en Brasil, con el golpe contra Dilma, la prisión de Lula y el triunfo electoral de Bolsonaro, más las enormes dificultades políticas y económicas por las que atraviesa Venezuela parece que han quitado actualidad a la unidad latinoamericana. No existe en el Justicialismo una comisión de asuntos latinoamericanos, han dejado de aparecer artículos, reflexiones o propuestas en el sentido de la integración y, en el mejor de los casos, lo que aparece es una especie de solidaridad ideológica con los derrotados y el sistema de pensamiento académico progresista de la región. Pero no ha existido ninguna política explícita de replanteo de la cuestión, sobre cómo debe seguir una política de Patria Grande en tiempos de repliegue contrarrevolucionario.
Y eso, estimo, es un error. Evo Morales sigue gobernando exitosamente Bolivia, el único país de la región que ha visto crecer su PBI en los últimos años y vive una pujanza económica y una estabilidad política que parece pasar desapercibida entre nosotros.
De la misma manera, parecería que se ha vuelto vergonzoso preocuparse por el destino de Venezuela y el asedio económico y las provocaciones políticas y militares que dificultan la marcha de su economía, mientras el gobierno de Maduro permanece sólido y estable, enfrentando las permanentes amenazas imperialistas y de una oposición que solo quiere la intervención extranjera.
Creo que es necesario reabrir el debate sobre la necesaria integración continental, sin la cual todo esfuerzo que hagamos aisladamente será en vano. No se ha sabido entender, por ejemplo y en mi humilde opinión, la naturaleza corrosiva de la campaña continental contra la “corrupción” de empresas como Odebrecht o, incluso, Techint, detrás de la cual se movía la mano de las grandes corporaciones norteamericanas dispuestas a aplastar cualquier competencia de las burguesías latinoamericanas, cuya debilidad política e ideológica es innegable, pero cuyos intereses forman parte del gran frente nacional continental.
Es evidente que el gobierno de Macri no tiene la menor idea acerca de estos temas y su visión es la de un capital financiero desterritorializado para el cual los estados nacionales son meros escenarios de su saqueo. Pero el movimiento nacional tampoco ha mostrado una política capaz de comprender y actuar sobre una realidad adversa, en cierto sentido, pero donde la opinión y la acción del peronismo sigue siendo respetada y hasta esperanzadora.
Siempre hemos insistido que la integración continental no puede ser planteada en términos puramente ideológicos, que una integración basada solo en la coincidencia de algunos gobiernos, por importantes que sean, solo puede durar lo que esos gobiernos duren. Frente a un cambio en la situación política de cualquiera de nuestros países, los pujos integradores se dispersan y esterilizan. Fijémosnos lo difícil que le resulta al Reino Unido, después de un plebiscito en el cual la ciudadanía le pide salir de la Unión Europea, cumplimentar ese mandato. Nuestra integración y, obviamente, nuestras políticas integradoras tienen que abocarse a tareas estructurales, económicas, de infraestructura, científicas, técnicas, militares e institucionales que hagan, si no imposible, muy difícil quebrar ese gran acuerdo estratégico, fundador de un nuevo agente en la política internacional.
Solo a modo de ejemplo, hoy Bolivia está clamando por un acuerdo con la Argentina para la extracción e industrialización del litio. Saben los hermanos bolivianos que sin la asociación con nuestro país, los logros que se puedan sacar de tan estratégica reserva serán pocos y difíciles. Ha habido reiteradas señales del gobierno de Evo Morales. Y, sinceramente, ha sido muy modesta la respuesta de nuestra parte, no sólo de Macri, de quien nada podemos esperar, sino de nuestro propio campo.
La bandera de la Patria Grande no es un saludo a la bandera los días de escarapela. Es junto con la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social, el programa histórico del peronismo.
Buenos Aires 13 de noviembre de 2018

Publicada en la Revista Movimiento

22 de marzo de 2011

Como nunca el destino de las provincias se juega en la Nación

Dos años después del 2008

Como nunca el destino de las provincias se juega en la Nación

En algún otro lugar hemos sostenido que la sorpresa ha sido una de las características del período iniciado con la asunción de Néstor Kirchner a la presidencia de la República. Y las últimas semanas no han hecho más que confirmar ese punto de vista.

En junio de 2008, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el proyecto político llevado adelante desde el 2003 sufrieron un rudo embate electoral. Eran las elecciones legislativas inmediatamente anteriores a las presidenciales. La oposición, recuerdan, obtuvo una miserable mayoría, lograda sobre la base de un rejunte mistongo de gorilas de todo pelaje. Tocaban el cielo con las manos. El rostro demacrado de una democracia mancillada recuperaría sus rubicundos colores gracias a esta chalupa de náufragos, que impondría su voluntad desde la Cámara de Diputados.

Y no les faltaba antecedentes a estos zombies opositores. Todos los gobiernos, desde 1983, que obtenían un resultado adverso en sus últimas elecciones legislativas se limitaban, en los dos años de gobierno que les quedaba, a vaciar los cajones, a romper los documentos comprometedores y prepararse para volver a la tranquilidad y rebeldía del llano. Estos pasajeros de la barca de Carontes -el remero del infierno que transportaba los cadáveres sobre el Aqueronte para alcanzar el reino de Hades- pensaron que con un par de votaciones paralizarían al gobierno nacional. Llegaron a suponer que podrían determinar la política jubilatoria y votaron un 82 % móvil que ni siquiera contó con el apoyo de los interesados. Con eso suponían -y los medios monopólicos les ayudaban a creerlo- que, extenuada por su resistencia y sus presiones, Cristina abandonaría la pelea, replegaría su política y terminaría como Don Segundo Sombra: yéndose “como quien se desangra”. Esa había sido la constante en la política argentina.

Lejos de ello, Cristina y Néstor redoblaron sorprendentemente su apuesta y comenzaron una ofensiva política que arrasó con los intentos de la rejuntada oposición. Cristina modificó el gabinete, elevó al Congreso la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, movilizó a miles y miles de ciudadanos en todo el país para discutir esa ley y, con el gran superávit fiscal más los fondos recuperados de las AFJP, sancionó la Asignación Universal por hijo. Néstor, desde su lugar político, convocaba y unía las fuerzas capaces de sostener ese proyecto.

Conjuntamente, Cristina comenzó con los preparativos de una notable batalla cultural, tendiente a restablecer los ejes nacionales y populares en el gran debate público, buscando el convencimiento de miles y miles de argentinos y argentinas que, por primera vez, se acercaban a la actividad política. El punto culminante, más no el único, fueron las celebraciones del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Los homenajes a la Batalla de la Vuelta de Obligado fueron el otro momento central de esa campaña por reconquistar para el sentido común nacional y popular el espíritu de nuestros compatriotas.

Mientras tanto, la economía de nuestro país, caracterizada por su permanente sucesión de crisis recurrentes -de origen externo e interno-, atravesaba el proceloso remolino de la bancarrota financiera mundial sin sacudones, ni vueltas de campana. Creció a ritmos que antes se consideraban asiáticos y los argentinos tuvieron un verano que recordó, por la intensa movilización turística, a aquellos años de la década del cincuenta, cuando millones de argentinos pudieron conocer el mar.

A su vez, esa legión perdida de políticos regiminosos se fue apagando en vitalidad, lozanía y vigor. Los maquillajes se fueron escurriendo y apareció el abominable rostro de la vieja partidocracia gorila. La Mesa de Enlace, otrora rampante, comenzó a arrastrar penosamente los pies, mientras la inteligente política del Ministerio de Agricultura y Ganadería quebraba la innoble unidad de la Federación Agraria con la Sociedad Rural Argentina.

El llamado Peronismo Federal, ante el agotamiento y descrédito de su agónico campeón, Eduardo Duhalde, salió a buscar la candidatura de un gorila unitario como el actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, un tirifilo inepto y basto, al borde del juicio político. Pino Solanas ofreció sus servicios a Luis Juez, en Córdoba, y a Binner, por un lado, y Giustiniani, por el otro, en Santa Fe. Como en las obras de rellenado, lucía en su remera un cartel anunciando: “Se recibe tierra”. La señora Carrió, entre charla y charla con Dios, se pasó dos años anunciando catástrofes que nunca ocurrieron, tal vez porque Dios no la toma muy en serio y, en sus conversaciones, simplemente se limita a cargarla. La UCR, tironeada por la creciente insignificancia de Cobos y el esfuerzo emulativo de Alfonsín hijo, intenta asumir el papel de oposición sensata exigiendo todo lo que fueron incapaces de llevar adelante en las oportunidades en que fueron gobierno.

El duelo público por el fallecimiento de Néstor Kirchner hizo evidente que todo ese esfuerzo no se había realizado en vano. Apareció a la luz del día un fuerte sentimiento de convencida y militante admiración hacia el ex presidente y de decidido apoyo político a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La participación popular y festiva del bicentenario se convirtió en compromiso político.

Se sentía que Cristina había recuperado, desde el primer momento, la iniciativa política. Se presentía que los resultados de una política económica exitosa a la larga repercutiría en el apoyo popular.

Cristina, con la ausencia definitiva de Kirchner, decidió mantener las elecciones escalonadas en algunas provincias. Aunque en un principio algunas habían estado dirigidas a marcar independencia frente a la conducción de Néstor Kirchner, el cambio de situación permitió que fuesen usadas para apreciar el estado general de la opinión pública.

Y Catamarca dio el primero y sorprendente -una vez más- resultado. Con una aparición de Cristina durante la campaña, la senadora Lucía Corpacci derrotó el aparato electoral del radical cobista que mantuvo a su provincia alejada de los progresos generados por la administración central. El gobierno ganaba la primera prueba.

En Chubut las fuerzas kirchneristas habían sido de una gran debilidad. El manejo de Das Neves de la maquinaria electoral justicialista, su ambición presidencialista y su alianza con las empresas petroleras habían imposibilitado la aparición de una formación política que expresase al gobierno nacional. En las últimas elecciones el kirchnerismo había sido débilmente representado por el partido Socialista Auténtico, cuya dirección provincial no comparte los lineamientos del partido a nivel nacional, alineado con la política opositora de Solanas. La aparición del intendente de la segunda ciudad de la provincia, Puerto Madryn, dio lugar a la constitución de un Frente para la Victoria, claramente kirchnerista o, si se quiere, cristinista. La paridad de los resultados y la flagrante manipulación fraudulenta de votos cometida por el aparato dasnevista hizo evidente que la carrera presidencial del gobernador había muerto antes de nacer. El escrutinio aún no ha terminado y es muy posible, si la justicia electoral chubutense no es un mero títere del oficialismo, que Eliceche sea el próximo gobernador de Chubut.

Con este espíritu y con estos resultados se inicia la decisiva campaña electoral de este año. Hay un frente nacional y popular en formación y crecimiento. El principal y casi único objetivo es asegurar el triunfo de Cristina, que oportunamente anunciará su candidatura. Han aparecido nuevos electores, nuevos votantes, ante los cuales será sumamente peligroso acudir a los viejos mecanismos partidocráticos. Es muy probable que muchas conducciones provinciales, de larga data en el ejercicio del poder, sean también puestas a juicio en la militancia por Cristina Fernández de Kirchner. Es muy grande la responsabilidad de los dirigentes provinciales. Sus prestigios locales deberán ponerse al servicio del triunfo nacional. Una duda en este punto puede ser muy peligrosa, tanto para esas conducciones, lo que sería secundario, como para la victoria de la Presidenta.

También en estas elecciones se librará una amplia y profunda batalla cultural en la que, como nunca, el progreso y el bienestar de las provincias está sujeto al progreso y bienestar del conjunto del país.

Buenos Aires, 21 de marzo de 2011

16 de enero de 2010

Carta abierta a la señora Presidenta de la República Argentina, doctora Cristina Fernández de Kirchner

Buenos Aires, 12 de enero de 2010

SeñoraPresidenta
de la República Argentina
Doctora Cristina Fernández de Kirchner
Presente

De nuestra mayor consideración:

No han pasado dos semanas del inicio del año en que los argentinos –y los latinoamericanos, en general- celebramos los doscientos años del inicio de nuestra revolución independentista. Las fuerzas políticas y sociales del privilegio, la dependencia y la fragmentación de la Patria Grande han lanzado una gigantesca operación contra Ud., contra su mandato y, sobre todo, contra la política de recuperación de la autonomía nacional, de la justicia social y de la unidad continental que Ud. y su antecesor, el doctor Kirchner, han llevado y llevan adelante.

En toda esta danza macabra que hemos debido presenciar en estos días, las razones argumentadas carecen de total significación. Más allá de la defensa a la llamada autonomía del Banco Central –que constituye la piedra angular del neoliberalismo y el sometimiento de nuestra soberanía económica- la Unión Democrática del siglo XXI se ha alzado para socavar su autoridad, debilitar el ejercicio de su poder y, de ser posible, reemplazarla en el cargo para el que la eligió el pueblo argentino. Al no contar, como en 1955 o en 1976, con la complicidad de los altos mandos militares gorilas, tienen hoy a su disposición el irrestricto apoyo de la nueva junta: la que integran los “generales de redacción” Magnetto, Vila y de Narváez, jefes de los cuerpos del ejército golpista, los monopolios mediáticos.Las fuerzas políticas y los ciudadanos que firmamos esta carta abierta –muchos de los cuales hemos tenido la desgracia de vivir a pleno los golpes cívico-militares que derrocaron a los últimos gobiernos populares- queremos expresarle que en su persona se expresa hoy la larga historia del pueblo argentino por su liberación y su dignidad.

El gran poeta nacional Leopoldo Marechal expresó para siempre que “de todo laberinto se sale por arriba”. En estas intensas jornadas, ello significa ratificar y profundizar el rumbo de la política de su gobierno, renacionalizar el Banco Central para que no sea una simple agencia del Banco de Basilea sino el instrumento monetario de una política de reindustrializació n, ocupación, trabajo en blanco y consumo popular. Implica convocar a las fuerzas nacionales y populares que están esperando su llamado, para desmontar la intentona de debilitamiento y destitución, cerrar el paso, con los trabajadores y el pueblo en la calle, la ofensiva de la oligarquía y el imperialismo.

Para ello, para ocupar nuestro puesto de lucha, podrá Ud. contar con nosotros, señora Presidenta. Codo a codo con las grandes mayorías argentinas podemos resistir la ofensiva gorila y abrir nuevos cauces al proceso que Ud., con tanta dignidad, encabeza.

Corriente Causa PopularMesa Nacional

Luis Gargiulo (Necochea), Ricardo Bernal (GBA), Roberto Ferrero (Córdoba), Julio Fernández Baraibar (Cap Fed), Eduardo Fossati (Cap Fed), Federico Bernal (GBA), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral Roca), Rafael Bernal Castro (GBA), Luis Jaimovich (Tucumán), Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Córdoba), Liliana Chourrout (GBA), Eduardo Rotundo (Cap Fed), Oscar Alvarado (Azul); Ricardo Vallejos (Cap Fed), Elio Salcedo (San Juan), Alfredo Cafferata (Mendoza), Rolando Mermet (Cap Fed) y Horacio Cesarini (GBA).

FARO de la Comunicación

Hugo Barcia, presidente; Gustavo Granero, Vicepresidente; Enrique Masllorens, Coco Plaza, Julio Fernández Baraibar, Mario Paulela, Javier González, Mariana Baranchuk, vocales

Para adherirse enviar mensaje a fernandezbaraibar@gmail.com