7 de marzo de 2021

Con la conducción de Gildo Insfrán, los formoseños crearon una gran provincia

 

El auto, con cuatro ocupantes, se desplaza cuidadosamente por el camino de tierra que corre paralelo al impreciso cauce del río Pilcomayo. Es un mediodía diáfano, de un calor abrasador, como suele serlo en el oeste de Formosa, en esa tierra de montes de espinas, ganado guampudo y escasos hombres, hirsutos y curtidos. Conversan animadamente los viajeros, que han salido de Ingeniero Juárez para internarse hacia el norte buscando volver hacia la lejana costa del Paraguay. El tereré, que uno de ellos ceba, pasa de mano en mano, para matar el tiempo que se hace largo, en un camino en el que parecen ser los únicos viajeros.

De pronto, a lo lejos, ven una polvareda en la que se arremolina un grupo de jinetes en el medio del endeble camino. El conductor baja la velocidad. Al aproximarse, logran divisar entre el polvo, al que el sol da un brillo particular, siete u ocho gauchos con sus anchos sombreros de copa baja y plana, con los barbijos ajustados bajo el mentón, botas de caña alta, amplias bombachas que se ocultan detrás de los alados guardamontes de sus cabalgaduras. Los caballos caracolean en la espera mientras uno de los jinetes se despega del grupo dirigiéndose al automóvil.

El conductor detiene el vehículo a una distancia prudencial. El sol cae a plomo sobre toda la escena dotándola de una evanescente luminosidad.

Desde su caballo, el hombre que se ha acercado al automóvil pregunta:

- ¿El doctor Insfrán?

Su tono es enérgico y en su tonada no se escucha la influencia del guaraní, ese modo particular de pronunciar el castellano de los hombres y mujeres del río Paraguay, tan característico del este de la provincia.

Los ocupantes del coche se miran, no sin cierta preocupación. El mate del tereré queda detenido en las manos de uno de ellos, que lo deposita en el piso para dejarlas libres. Entre ellos viaja, por cierto, el recientemente electo gobernador de la provincia, el doctor Gildo Insfrán. Este, con resolución, se baja del auto.

- Buenas, amigo, yo soy a quien buscan, responde, mientras camina hacia el jinete.

Detrás de él, los otros jinetes observan silenciosos.

En rápido movimiento, el jinete se quita su sombrero, que cae hacia su espalda.

- Doctor, queremos que nos haga una escuela, acá, en esta zona donde vivimos. Nuestros hijos no tienen donde ir a educarse.

El gobernador mira a su alrededor. No se ve poblado alguno. El hirsuto monte chaqueño parece tan desierto e inhóspito como lo ha sido siempre.

- Acá, en el monte, y hace un vago semicírculo con su brazo libre, mientras con el otro tironea de la rienda.

Insfrán sonríe, mientras sigue con su vista el movimiento del brazo.

- ¿Por qué no?, responde, de inmediato. - Junten un grupo de alumnos y desde el gobierno le hacemos la escuela y le ponemos un maestro.

El jinete desmonta y se acerca al gobernador con la mano extendida. Insfrán responde extendiendo la suya y cierran el acuerdo con un apretón. Los acompañantes del gobernador también han bajado del automóvil e intercambian algunas palabras con el grupo de jinetes y su lenguaraz.

Insfrán saluda con un gesto a los otros paisanos y después de algunas palabras de ocasión todos vuelven a subir al auto.

El grupo de jinetes los despide con una mano en alto y tirando de las riendas se vuelven a internar en el monte. El auto se aleja en medio de un tierral y el silencio y la quietud vuelve a dominar el paisaje.

Un mes después llega un sobre a la oficina de Gildo Insfrán. En su interior hay una nota toscamente escrita fechada en el paraje de San Cayetano, acompañada de una lista de unos veinte nombres y apellidos. Son los niños que aspiran a tener una escuela, los hijos e hijas de esos y otros gauchos del monte del oeste formoseño que habían detenido el auto del gobernador.

A los pocos días, llegó un maestro a aquellos parajes y, un tiempo después, se inauguraba la escuela.

El hombre del monte vive en casas con tan solo dos paredes, las que sostienen el techo. Su vida es dura y su actividad está vinculada a la ganadería propia de la región, ganado vacuno criollo, guampudo y flaco, que constituye desde tiempo inmemorial el núcleo de la economía del oeste formoseño, estrechamente vinculado a la provincia de Salta, al llamado Chaco Salteño, con su antiguo centro comercial en Embarcación, en la época de mayor florecimiento del ferrocarril.

Alrededor de la escuela, que fue el resultado de aquella particular gestión personal de ese grupo de gauchos, hoy se ha desarrollado la pequeña localidad de San Cayetano.

Aquella escuela fue, de alguna manera, la paráfrasis de la integración de Formosa al país que, por poco, la rechazaba y dejaba al abandono.

Este relato, real, cuyos protagonistas pueden dar testimonio, es la necesaria introducción al tema que ha sido tema de discusión este fin de semana: la provincia de Formosa y su gobernador Gildo Insfrán. Permitanme hacer una breve historia de esta provincia sobre la que se ignora casi todo lo que es necesario saber.

Formosa, la Cenicienta del sistema federal argentino

En las primeras décadas del siglo XX, Formosa era un espacio vacío frente a un potencial enfrentamiento bélico con el Brasil. Era un vasto territorio cuya principal actividad eran la extracción forestal y la ganadería extensiva latifundista, que encajaban con el modelo agroexportador con el que la Argentina se había incorporado a la división mundial del trabajo.

El estado nacional estaba siempre lejano y su actividad se reducía a la presencia militar y a la administración de las nuevas tierras para entregarlas en concesión. Como también ocurrió en la Patagonia, las mejores tierras quedaron en manos de la misma oligarquía que dominaba el aparato del Estado.

Formosa se fue poblando desde dos vertientes, que son las dos identidades culturales y antropológicas que formaron su personalidad. Desde el oeste llegaba una población criolla, de origen salteño y santiagueño. Venían con sus arreos de ganado buscando las tierras aledañas al cauce del Bermejo. El oeste formoseño, cuya geografía se prolonga en el Chaco salteño se incorporó a la ganadería de monte, constituyendo una de sus principales actividades económicas. Música, modismos y tradiciones vincularon para siempre a esta región al Noroeste argentino.

La otra corriente, con particular presencia en el este del territorio, es la que llegaba tanto de Corrientes, como de la República del Paraguay. Ganaderos correntinos que ocuparon grandes extensiones de tierra, peones y trabajadores de los obrajes, oriundos del otro lado de la frontera, fueron poblando el este formoseño. En los intersticios de los grandes latifundios se instalaron, de hecho, pequeños campesinos dedicados a una agricultura casi de subsistencia. El este formoseño, por herencia y por ocupación territorial, conformó un importante núcleo de cultura guaranítica, con una permanente relación con el Paraguay.

En la década del 20 del siglo pasado se sumó al torrente humano de la región un importante contingente de familias rusas, ucranianas y polacas que llegaron de sus países de origen, previo paso por el Paraguay. La mayoría de ellos se instaló en la localidad de Santa Rosa, en el oeste del territorio, a cuatrocientos treinta kilómetros de la ciudad de Formosa, agregando otro elemento cultural a la amplia diversidad de los formoseños.

Pero hasta las últimas décadas del siglo XX, Formosa seguiría siendo conocida por la gran prensa y el poder político nacional como un problema vinculado a las llamadas “hipótesis de conflicto”. Este razonamiento defensivo y bélico -con la permanente amenaza de un ataque brasileño- hizo que todo plan de desarrollo, todo tipo de obras de infraestructura en Formosa, por elementales que fuesen, eran consideradas un gasto innecesario y sin justificación, pues, a la larga, estarían destinadas a ser destruídas o inutilizadas por el hipotético enemigo. Formosa era, en términos bélicos, tierra de nadie. Los caminos, los puentes, las escuelas, los hospitales o los talleres fabriles quedaron prohibidos durante décadas para los formoseños.

En la década del treinta apareció una nueva producción que durante años determinará la economía rural de Formosa. En Buenos Aires comienzan a abrirse las primeras empresas textiles y, con ello, el cultivo del algodón. Con el algodón viene una nueva oleada inmigratoria, fundamentalmente desde el Paraguay y las provincias más cercanas, que concurre a satisfacer la gran demanda de mano de obra que esta producción exige. En 1935 se instaló en Formosa la primera desmotadora de algodón.

No obstante, la ganadería siguió ocupando el primer lugar en la producción del territorio, ampliando su mercado con dos importantes puntos de salida: Pozo del Tigre, en el medio oeste, por ferrocarril, y Bouvier, como puerto sobre el río Paraguay.

Todo esto fue conformando una pequeña trama de complejidad urbana en ciertos puntos geográficos. Al amparo de los fortines, durante décadas, fluyó la inmigración y se extendieron los asentamientos en el territorio.

El Territorio Nacional de Formosa, cincuenta años después de su creación en 1884, había logrado convertirse en una nueva comunidad argentina, con sus propias experiencias y tradiciones, con una escasa presencia del Estado Nacional, que fue reemplazado por la voluntad y el tesón de sus pobladores.

En el este, bajo la influencia de algunos cauces hídricos, crecieron colonias minifundistas, en los intersticios de los grandes campos ganaderos. La traza del ferrocarril fundó una docena de poblaciones sobre el tendido de los rieles.

Por el oeste continuó la peregrinación que se había iniciado en 1850, antes de la fundación de la ciudad de Formosa. En los primeros decenios del siglo XX, el núcleo de la corriente salteño-santiagueña que se desplazara por las orillas del Bermejo se afianzó, con la impactante presencia del ferrocarril, en Pozo del Tigre. Aquellos puestos de pastoreo y pequeñas colonias asentadas en el sur del territorio nacional se desplazaron bajo la influencia del trasporte ferroviario y el telégrafo, fortaleciendo los antiguos campamentos de punta riel.

Inmediatamente después del triunfo electoral de Juan Domingo Perón, el 24 de febrero de 1946, es nombrado por primera vez un vecino como gobernador del Territorio Nacional de Formosa, don Rolando de Hertelendy. Este hecho, sumado a la profunda renovación política que significó la aparición del peronismo y su gigantesca tarea de integración social, generó en los formoseños un nuevo aliento hacia el logro de la autonomía federal, de la provincialización. El nuevo presidente conocía el territorio. En dos oportunidades, en la década del '20, por cuestiones fronterizas y en los '30, con motivo del enfrentamiento paraguayo-boliviano, el joven oficial del Ejército Juan Domingo Perón había recorrido la provincia, había cabalgado a lo largo del Pilcomayo y sabía, por su larga residencia en la Patagonia, de las críticas al centralismo de los gobernadores nombrados en Buenos Aires y los deseos de los pobladores de lograr su lugar entre el resto de las provincias de la República.

En 1951, el Congreso nacional declaró a los viejos territorios de La Pampa y el Chaco como nuevas provincias argentinas. El movimiento por la provincialización de Formosa adquirió, entonces, nuevos bríos y esperanzas. Dos años después, en julio de 1953, le tocó a Misiones ser un estado provincial y en ese mismo año, en octubre, el presidente Perón visitó oficialmente Formosa. Fue, posiblemente, el primer gran acto multitudinario realizado en la ciudad capital del territorio. El presidente, en su discurso, hizo gala de su conocimiento de la región poniendo de relieve las bellezas de su geografía y las bondades de sus hombres y mujeres.

En enero de 1955, viajó a la ciudad de Formosa el Subsecretario de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior, el Teniente Coronel Martín Carlos Martínez, formoseño de nacimiento, y se reúne con el Gobernador del territorio y con distintas organizaciones representativas de la ciudadanía e informa sobre la decisión del gobierno nacional de Provincializar todos los territorios existentes.

Al mes siguiente, el 19 febrero de 1955, en el Cine Italia de la ciudad de Formosa se llevó a cabo una gran Asamblea Popular, de donde surgió una Comisión Pro-Provincialización, cuyo presidente fue el docente formoseño don Vicente Arcadio Salemi, quien se desempeñaba como concejal de la ciudad de Formosa. La Comisión Pro Provincialización recibió en marzo de 1955 una noticia que conmovió a los formoseños. Don Ramón Mariño y el Dr. Antenor Polo, que representaban a la comisión en la Capital Federal, informaron que la Presidencia de la República había concedido una audiencia con el presidente, General Juan Domingo Perón. La misma estaba citada para el 5 de abril, un mes después. En Formosa la perspectiva de una reunión con Perón generó una inmediata adhesión.

El viaje era largo y costoso. No se contaba con apoyo ni financiación oficial y la propuesta movilizó la solidaridad ciudadana. Un grupo salió de Formosa con la ayuda de los formoseños comprometidos con la provincialización. Otro grupo partió desde Resistencia, estos sí con apoyo del primer gobernador del Chaco, y primer gobernador obrero en la historia argentina, don Felipe Gallardo. A los viajeros se sumaron, en Buenos Aires, los residentes formoseños y a las ocho y veinte de la mañana la delegación se reunió con Perón. Quien llevaba la voz cantante era el presidente de la Comisión, el maestro Vicente Arcadio Salemi y expresó el deseo profundo de la comunidad que representaba en adquirir el rango de provincia y asumir la autonomía federal que la constitución reconoce a las provincias.

La recepción de Perón fue cálida y solidaria. Vale la pena recordar sus palabras de entonces:

Yo he vivido muchos años en los territorios, de manera que conozco también mucho los problemas y el sentir de esa gente. Por otra parte nuestra doctrina asegura por todos los medios y de todas las maneras que los gobiernos sean Gobiernos del Pueblo”.

Que expresen realmente su condición popular, haciendo únicamente lo que el pueblo quiere. Por esa razón, siendo los nuestros gobiernos populares, queremos que los gobiernos de los Territorios también estén en manos de sus habitantes, y por eso hemos propugnado por todos los medios la provincialización de los Territorios”.

Nadie va a trabajar mejor para la patria chica que el que en ella vive”.

Esto último era, para los formoseños, la razón profunda de su anhelo.

En mayo de 1955, el Poder Ejecutivo Nacional elevó al Congreso el Proyecto de Ley de Provincialización de varios territorios, entre ellos el de Formosa. En las sesiones del 1° y 2 de julio fue tratada por el Senado, quien aprueba la provincialización de Formosa.

El día 15 de junio de 1955 -un día antes del criminal bombardeo de la Plaza de Mayo por parte de la aviación de la Marina de Guerra, con su resultado de más de 300 muertos y casi un millar de heridos- el Senado aprobó, por ley N° 14.408, la provincialización. El 28 de junio el Poder Ejecutivo Nacional promulgó la ley y convirtió al viejo Territorio Nacional en la Provincia de Formosa.

La ley fue recibida por los formoseños con enorme júbilo. De inmediato se cambió la formación del gabinete, incorporando a los formoseños a la gestión, mientras comenzaron los preparativos para el llamado a una Convención Constituyente.

A los pocos meses, los sectores del privilegio oligárquico y el interés imperialista, que ya había bombardeado al propio pueblo en el mes de junio, descargaron su furor sobre el gobierno popular y derrocaron al general Juan Domingo Perón. Formosa se había convertido en provincia, pero sobre el conjunto del país había desaparecido la libertad y la democracia. Ya no era solo la nueva provincia que no podía elegir sus gobernantes, sino que todos los gobiernos provinciales habían sido usurpados por interventores militares.

Poco pudo aprovechar Formosa su transformación en provincia. La provincia durante el período de la proscripción peronista (1955-1973) no pudo sino seguir el derrotero político del país. Interventores federales, gobernadores elegidos con la proscripción del partido mayoritario, un gobernador electo impedido de asumir y nuevamente interventores federales. En esos 18 años de inestabilidad política, de grandes conflictos gremiales y de un declarado enfrentamiento entre los gobiernos militares y el conjunto de la población, Formosa fue creciendo lentamente. Su rango provincial permitió la aparición de nuevos y jóvenes dirigentes políticos, pese a las limitaciones democráticas que caracterizaron la época.

Muy pocos hitos vinculados al desarrollo y al progreso de la provincia pueden determinarse en esos años. La economía algodonera continuó siendo la principal actividad formoseña, con las consecuencias que el monocultivo genera. Alguna obra pública, como la pavimentación de la ruta 11 entre Formosa y Clorinda significó la vinculación por automóvil a las provincia mesopotámicas. Fue en aquellos años, la década del sesenta, cuando el río Pilcomayo, la frontera natural con el Paraguay, comenzó su proceso de colmatación (acumulación de sedimentos), también conocido como atarquinamiento. El Pilcomayo es el único cauce fluvial del mundo que ha sufrido una suerte de extinción a causa de este fenómeno. El río, hasta ese momento navegable, comenzó a perder su cauce y con ello se inició un proceso de modificación en la irrigación natural de la región.

Las elecciones de 1973

En 1973, con la vuelta al régimen constitucional fue elegida la fórmula del Partido Justicialista de Antenor Gauna-Ausberto Ortiz. Contrariamente a lo ocurrido en el país, en Formosa no pudo organizarse el FREJULI, la alianza del PJ con otros partidos menores como el MID, un sector de la Democracia Cristiana, el Partido Conservador Popular y otros. El PJ y el MID, que tenía un importante electorado en la provincia, fueron separados y hubo que ir a un ballotaje. En la segunda vuelta obtuvieron el 70,2% de los votos. El nuevo gobernador -el primero en ser elegido en plena vigencia de las garantías democráticas y constitucionales- era un respetado maestro rural, dirigente gremial y político del Partido Justicialista. La fórmula era el resultado de una particular conformación del peronismo formoseño.

Por el lado del gremialismo, los sindicatos estatales y judiciales tenían una amplia presencia, a la vez que los núcleos juveniles peronistas también tenían una importante representación. A ello debe sumarse la presencia del ULICAF, Unión de Ligas Campesinas Formoseñas, una organización de campesinos auspiciada, en aquel entonces, por la Iglesia Católica, en el marco del “Movimiento Rural Cristiano”. El obispo Pacífico Scozzina, primer titular del obispado de Formosa, fue su más importante impulsor.

Al poco tiempo de asumir, la provincia vivió una serie de tensiones políticas, originadas básicamente en la política agraria impulsada por las Ligas Agrarias y fues intervenida por el Poder Ejecutivo Nacional.

El gobierno de Antenor Gauna sancionó el decreto n° 408, por el que se disponía la revisión de todas las adjudicaciones en venta y/o permisos de ocupación a cualquier título, otorgadas sobre tierras fiscales rurales entre el 28 de junio de 1966 -golpe de estado del general Juan Carlos Onganía- y el 24 de marzo de 1973. La sanción del decreto había estado precedida de una serie de ocupaciones de tierras por parte de los campesinos organizados en el ULICAF, y en los fundamentos del mismo se mencionaba el “desorden existente en las entregas de tierras: despojos, litigios, injusticias y actitudes ilegales” y el “alarmante estado socio-económico de aproximadamente cinco mil familias campesinas abandonadas” mientras que “paradojalmente, extensas áreas de tierras permanecen incultas o irracionalmente explotadas”1. El decreto y la ley lograron bajar las tensiones existentes con la ULICAF, pero generaron, de inmediato, un conflicto muy serio con la Sociedad Rural de Formosa. Sus autoridades llegaron a entrevistarse con el presidente interino Raúl Lastiri, de visita en la provincia, a quien plantearon su oposición a la política del gobierno formoseño. Solicitaron, en una declaración que expresa el clima ideológico de la época, que la política de tierras fuese manejada “por técnicos y productores con profundo sentido nacional y popular y no por quienes embanderándose como tales responden a ideologías extrañas, ajenas a nuestros sentir de los argentinos”2.

A lo largo de esos meses del año 73, la situación política de la provincia vivió en una permanente crisis. Por un lado, el tema de las tierras y las propuestas de solución generaban tensiones con los sectores involucrados, mientras que por el otro, las diferencias políticas en el seno del propio gobierno generaron un enfrentamiento entre el Gobernador y el Poder Legislativo que terminó con la intervención federal de la provincia. El 17 de noviembre de ese año el Congreso Nacional sancionó la Ley de Intervención Federal a los tres poderes de la provincia.

¡Acá no se rinde nadie, carajo!”

El 5 de octubre de 1975, un grupo perteneciente a la organización Montoneros intentó tomar el Regimiento de Infantería de Monte 29, con asiento en la ciudad Capital. Durante el ataque murieron doce miembros del Ejército, diez de ellos soldados conscriptos, y nueve miembros del grupo atacante. Posteriormente, y como consecuencia de la represión y persecución de los atacantes, el Ejército mató a tres civiles que no estaban vinculados al al hecho. Entre los conscriptos caídos en el ataque se destacó el soldado Hermindo Luna, quien se negó a rendirse y fue muerto por el grupo armado. El hecho ha perdurado en la memoria de los formoseños. La violencia del intento de copamiento, la represión posterior, la persecución a distintos sectores políticos y gremiales, sin relación con el hecho, pero de posiciones políticas radicales, quebró la tranquilidad provinciana. El conjunto del pueblo formoseño tomó lo ocurrido como un ataque a la misma provincia, más allá de cualquier simpatía política. Manuel Rodríguez, veterano militante de las Ligas Agrarias, recuerda:

Nos pegó muy fuerte, muy fuerte. Yo vivo ahí, a una cuadra del Hospital, yo no entendía como pudo ser. Nos dolió mucho. El 5 de octubre es un acto al que yo no dejo de ir nunca, es el único acto al que no falto nunca. No entendíamos cómo pudo pasar. Es algo que nos pegó, nos impactó,. No entendíamos por qué tantas muertes. Como nosotros, en nuestro trabajo, andábamos por el interior, los conscriptos muertos en el ataque eran chicos del interior, que los conocíamos. Eran todos peronistas”3.

El acto al que se refiere Rodríguez es el del 5 de octubre. Todos los años, desde 2002, con la ley N° 1395, se conmemora el “Día del Soldado Formoseño”, con un acto en la plaza de armas del Regimiento, que es encabezado por el gobernador de la provincia y la superioridad militar, y la presencia de todos los sectores políticos y sociales.

Aquí en Formosa, los soldados muertos el cinco de octubre son tanto o más héroes que los de Malvinas. Cuando Gildo sale a decir 'Acá no se rinde nadie, carajo', repite la famosa frase del soldado Luna, cuando los montoneros entran y lo liquidan al sargento Saravia, que estaba intentando mandar un mensaje a la otra fuerza, y sale este soldado que, en realidad, estaba castigado”4.

De modo que, como consecuencia del desatino criminal de ese intento de copamiento, los formoseños tuvieron un anticipo de lo que después del 24 de marzo se desplegó con toda su furia en el resto del país.

La noche del golpe cívico-militar

El golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976 impuso sobre Formosa la misma ley del Terror estatal y de retiro por parte del Estado que se aplicó al conjunto del país. En octubre del año anterior, la provincia fue sacudida por un hecho cuya conmoción perdura hasta nuestros días.

Después de un breve interinato del coronel Reinaldo Alturria, fue nombrado “gobernador” el general Juan Carlos Colombo. Simultáneamente con el golpe, el Regimiento se convirtió en un Centro Clandestino de Detención, por donde pasaron cientos de ciudadanos formoseños, muchos de los cuales fueron asesinados o desparecidos. Los militares persiguieron con especial saña a los militantes y dirigentes de las Ligas Agrarias y organizaciones campesinas en general. Mientras retrocedía la producción algodonera, como resultado de la apertura de las importaciones, el sistema financiero público y privado entregaba créditos blandos a los productores que fueron a parar a la compra de vehículos y maquinarias inútiles por la caída de la actividad. Comenzó entonces un lento pero permanente éxodo de pobladores rurales a la ciudad de Formosa, que creció ostensiblemente, y que servía de estación intermedia rumbo a las grandes ciudades más al sur, Rosario y, finalmente, Buenos Aires.

Pero no solo la política y la economía preocupaban a los formoseños. La geografía comenzó entonces una lenta transformación que determinaría un cambio en el comportamiento del río Paraguay. En 1979 se produjo una creciente con un máximo de 8,32 metros en la zona del puerto con la consecuencia de importantes pérdidas económicas y miles de evacuados. Ese año marcó el inició de una período signado por la amenaza de la inundación. En 1982, 18.000 formoseños debieron ser evacuados de sus hogares, cuando la creciente batió un nuevo récord: 8,68 metros.

Para entonces, la dictadura cívico militar había comenzado su retirada. El gobernador militar fue reemplazado por un hombre de militancia en el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), el escribano Rodolfo Rhiner. Ante la proximidad del proceso electoral y con la idea de su participación en el mismo, Rhiner dejó lugar a Ezio José Massa, un empresario que fue el último gobernador bajo el régimen militar de facto.

El retorno del régimen constitucional volvió a llenar de esperanza el corazón de los formoseños quienes, a casi treinta años de su provincialización aún no habían logrado el pleno ejercicio de sus derechos y la puesta en marcha de sus capacidades.

La democracia sin escuelas ni hospitales

En 1983 se inicia en el país un período que, con altibajos, aún continúa. Ha sido el ciclo democrático más extenso que ha conocido el país desde la vigencia, en 1912, de la Ley Saenz Peña que dio inicio a la paulatina incorporación de las grandes masas a la vida política. En 1916 el voto secreto, universal y obligatorio para los varones dio el triunfo a don Hipólito Yrigoyen. El 30 de septiembre de 1930, catorce años después, un golpe militar lo derrocaba y se iniciaban dieciséis años de proscripción, primero, y fraude, después. Recién en febrero de 1946 el pueblo argentino podría votar en libertad y con garantías. Tan solo nueve años después, otro golpe cívico-militar derrocó al presidente Perón y dio inició a un largo período de dieciocho años, caracterizados por la alternancia de golpes militares y gobiernos civiles producto de la proscripción del peronismo.

La recuperación de la soberanía política del pueblo argentino y la plena vigencia de la Constitución Nacional en 1973 duró menos de tres años.

Los comicios de noviembre de 1983 inauguraron un período de vigencia del Estado de Derecho, de las garantías constitucionales y de elecciones democráticas y libres, que al año 2021 lleva treinta y ocho años.

Para Formosa significó también la anhelada y tantas veces postergada institucionali-zación provincial y la participación plena de los formoseños en la administración de su provincia. Fue un camino lento y lleno de dificultades que la voluntad, la tenacidad y la fuerza de trabajo del pueblo de la provincia pudo ir sorteando con dignidad e hidalguía.

Las urnas de ese año dieron el triunfo a la fórmula justicialista de Floro Bogado y Lisbel Andrés Rivira. Pero en el país había triunfado la fórmula de signo opuesto, la de la Unión Cívica Radical, con Raúl Alfonsín como presidente.

Entre los años 1983 y 1989, la provincia dependía de modo casi exclusivo de la coparticipación federal, la que permitía cubrir los salarios de los empleados públicos, policía y docentes y la pequeña parte restante se dirigía a la obra pública, es decir, vivienda, rutas y muy poco más. Mientras tanto, la falta de perspectivas económicas agudizaba la emigración de los habitantes del interior que comenzó a despoblar los pueblos y parajes rurales. Obviamente, esto significó el crecimiento desordenado y tumultuoso de la ciudad capital que, sumaba a su histórico déficit de infraestructura, empeorado por las periódicas inundaciones, los asentamientos, la falta de agua corriente, electricidad y servicios de desagües.

Así como en el orden nacional aumentó la deuda externa hasta alcanzar los 70.000 millones de dólares, las provincias -y Formosa no fue, entonces, ninguna excepción- se endeudaron y vegetaban en una economía de sobrevivencia.

En 1991 fueron reelectos como gobernador y vice de la provincia Vicente Joga y Gildo Insfrán. La vigencia del sistema democrático no modificó en mucho la situación estructural de la provincia de Formosa. Continuó su aislamiento del resto del país, que se negaba a considerarla un miembro más del federalismo argentino. El monocultivo del algodón en retirada, una producción ganadera con bajos precios y baja calidad, una actividad forestal meramente extractiva, con miserables regalías petroleras y una línea ferroviaria agonizante, una estructura caminera sin inversiones y una permanente crisis energética fueron los rasgos centrales de Formosa entre los años 1983 y 1995. Los pueblos del interior vivían al final del siglo pasado una situación aún peor que en la ciudad capital. Incomunicados entre sí, carentes de escuelas y centros de salud, sus habitantes no tenían acceso a las mínimas condiciones de bienestar: teléfono, transporte, educación, salud y trabajo. Para el país pampeano, centrado en Buenos Aires, la provincia era virtualmente inexistente.

Formosa no contaba aún con un proyecto, con una propuesta que pusiera de pie a sus hombres y mujeres y les permitiera el despliegue de sus poderosas energías, de su voluntad de trabajo, de su tesón y fortaleza. 1994 sería el año clave para su futuro.

Las elecciones de 1995 llevaron a la gobernación al doctor Gildo Insfrán, un veterinario nacido en la localidad de Laguna Blanca, a unos 180 kilómetros de la ciudad capital y a Floro Bogado -quien había sido el primer gobernador con el retorno de la democracia en 1983- como vice.

El gobierno nacional, ejercido por Carlos Menem, había dado un giro abiertamente liberal a su política y las privatizaciones de las grandes empresas públicas habían quitado al Estado las herramientas necesarias para una necesaria política de desarrollo nacional. Era la época en que el ministro de Economía, Domingo Cavallo, rigoreaba a los gobernadores provinciales con políticas de ajuste, de despido de empleados públicos, de achicamiento asfixiante del presupuesto nacional y un manejo discrecional de los aportes federales. Era necesario convocar al espíritu pionero y tenaz de los formoseños para poner a la provincia de pie e impulsar con los escasos recursos fiscales provinciales una transformación profunda de Formosa. La política lanzada desde Buenos Aires por el gobierno de Menem y su ministro Cavallo era la de que cada provincia se arreglase como pudiese.

Con una ignorancia culpable, injustificada en funcionarios de ese nivel, el ministro de Economía se desentendía de los pedidos y propuestas del gobierno provincial. A las permanentes solicitudes de pavimentación de la ruta 8, que atraviesa longitudinalmente la provincia, y que entonces era un tortuoso camino de tierra imposible de transitar en épocas de lluvia, Cavallo respondía con un criterio de un economicismo casi criminal: “no se justifica una inversión de semejante magnitud cuando no existe ninguna actividad económica que la haga necesaria”. El brutal liberalismo del ministro ignoraba culpablemente que, justamente, la pavimentación de esa ruta y la posibilidad de acceso a los mercados del resto del país, haría posible la actividad económica de la región, que el aislamiento de la provincia era una de las causas de su atraso productivo y económico y no a la inversa.

El gobernador Gildo Insfrán conocía profundamente la provincia y sus históricos reclamos. Conocía las necesidades de los hombres y mujeres del campo formoseño y estaba imbuido de un profundo convencimiento intelectual peronista. Convocó a sus coprovincianos y les propuso volver a los tiempos fundacionales y a los de la lucha por la provincialización. Los invitó a retomar el espíritu de los vencedores de escollos y dificultades que habían construido la provincia.

El PAIIPA, la respuesta a los pequeños productores agrarios

Carlos Menem había sido ratificado en su cargo y el país se deslizaba en la pendiente del uno a uno. En ese momento, en el año 1996, Formosa lanzó el PAIPPA, Programa de Acción Integral para el Pequeño Productor Agropecuario. Se trataba de un programa de asistencia para agricultores minifundistas, todos ellos, en ese momento, por debajo de la línea de pobreza. La propiedad de la tierra en la que habían estado trabajando desde siempre fue la primera de las condiciones que se necesitó asegurar. El PAIPPA es un programa de producción para autoconsumo, primero, y con posibilidades de mercado, más adelante, planificado para agricultores minifundistas. La primera etapa abarcó a unas 8.000 familias, con asistencia crediticia, técnica, cobertura alimentaria, de salud y vivienda en la chacra.

Con el PAIPPA, los pequeños productores agrarios de la provincia y la provincia toda vivieron una verdadera revolución social. El programa debía superar la tradicional estructura de la dádiva estatal para reemplazarla por verdaderas estrategias de promoción y crecimiento rural, que permitiese pasar de una economía de mera subsistencia del campesino a una economía de explotación rentable. Se propusieron, entonces, diversas metas:

  • La generación de formas asociativas destinadas, primeramente a la incorporación de tierras para la explotación agropecuaria.

  • El crecimiento de la producción.

  • La transformación del campesino de arrendatario a propietario de su tierra.

  • La explotación sustentable de la tierra, con la utilización de los avances científicos y tecnológicos que preserven el medio ambiente.

  • El mejoramiento sustancial de las condiciones de vida y seguridad social del sector de pequeños productores y sus familias.

  • El uso individual y cooperativo de la maquinaria agrícola.

  • Y, como síntesis de todo ello, el trazado de un nivel de vida por debajo del cual no se encuentre ninguna familia campesina.

Dardo Williams Caraballo nos dio su testimonio: El 'paiipero' es el minifundista que tiene 6 ó 7 hectáreas, que hacía algodón, que hacía banana. El PAIIPA contuvo el éxodo rural a la gran ciudad y evitó que tengamos grandes cordones de pobreza en la periferia. En la primera etapa del PAIIPA se les hizo una casa en el lugar a los pequeños productores, que es en gran medida la linea que llevaban las Ligas Agrarias en los años '60”5.

La docente y pedagoga Ana María del Riccio también participó en la experiencia del PAIIPA desde un principio y cuenta: “Yo integre los equipos, operativos, ya siendo Subsecretaria de Educación, en mi última época. Salía acompañando a los grupos operativos que hicieron los relevamientos de las tierras y acompañaba a entregar las cajas de complementos nutricional y hacer los relevamientos de las familias paiiperas que eran 6138. Era un relevamiento social y educativo y salíamos en equipos, hacíamos las recorridas en equipos. Nosotros hacíamos todas las actividades, no estábamos dividido por funciones, éramos un equipo político militante, que salía con un cronograma y cada equipo tenía que realizar todas las funciones”.

Culturalmente, para mí, el PAIPPA fue 'la macro visión cultural' de la gran causa de Formosa. El PAIPPA significó darle visibilidad a esa ruralidad olvidada, postergada, a cientos y miles de familias, generaciones de jóvenes, mujeres y familias que fueron desconocidos. Pero no solamente materialmente, no de lo tangible, sino de lo intangible, de lo simbólico, del mensaje, de respetar la voz, la presencia”6.

Históricamente, para la visión liberal, puramente economicista, teñida de ignorancia y desprecio, el campesino, el pequeño productor agropecuario había sido considerado como inviable. Desde esta perspectiva, su producción, su actividad productiva, que era su forma de vida y la base de su cultura, era considerada insignificante, no rentable e incapaz de una acumulación que permitiera su ampliación. Durante años, el campesinado formoseño y el tipo de explotación agraria que desarrollaba fueron considerados como irracionales, como casos sociales que solo ameritaban un socorro estatal en las situaciones de mayor urgencia. La perspectiva desde el Estado era que la aparición de alguna empresa, en general de otra provincia, se hiciera cargo de su actividad, le comprara el pequeño lote de tierra y convirtiera al campesino en peón de una unidad económica mayor. Desde el Estado se fomentaba este tipo de empresas con créditos y facilidades financieras e impositivas, considerándolos grandes o medianos productores agropecuarios. Pero el campesino no se considera a sí mismo como un empresario. El campo no es solo lo que con su trabajo le proporciona su alimento, sino que el campo es su lugar en el mundo, donde vive, donde cría a sus hijos, donde desarrolla sus capacidades humanas, materiales y espirituales, donde alimenta y construye su propia cultura. Para el alma campesina, la actividad económica, con todo lo importante que es y con todo el tiempo que le ocupa, sólo es una parte de su existencia, de una existencia que tiene su experiencia vital en el medio rural.

El Programa apuntaba, además, a detener la permanente migración de los hijos de los campesinos hacia la ciudad capital y hacia otras capitales del país. Carentes de una perspectiva de futuro, con algunas escuelas primarias en los pueblos más numerosos, sin escuela secundaria y, obviamente, sin alternativas educativas terciarias, los hijos de esos pequeños productores emigraban vaciando al campo de sus sectores más jóvenes, dejando, en muchos casos, a sus pequeños hijos en manos de sus abuelos, hasta que la ubicación en los centros urbanos les permitieran unirse a los padres emigrados.

Con el PAIPPA por primera vez, esos miles de campesinos que, en cierto modo, habían sido transparentes para las gestiones anteriores y, sobre todo, para los planificadores estatales, tuvieron entidad y consistencia. A partir de su implementación comenzó una vigorosa transformación de la vida campesina, lo que implicó un acelerado proceso de integración y acercamiento entre los productores, rompiendo el aislamiento y el individualismo que, hasta entonces, caracterizaba su actividad.

Uno de los resultados más innovadores de la implementación del PAIPPA, además de los aspectos sociales que llevó adelante, fue el de la eliminación del monocultivo formoseño. Como ya hemos visto, el algodón constituía su principal producción, pero a la vez significaba una economía agraria sin diversificación, una explotación predadora de los suelos y una total dependencia del mercado de dicho producto, expuesto permanentemente a los vaivenes de las políticas que se tomaban muy lejos de Laguna Blanca o del Riacho. Las políticas de defensa de la producción nacional, de la industria textil y de la indumentaria, favorecían con el precio del algodón a los productores. Las políticas liberales, de apertura de las importaciones, de cierre de las industrias nacionales, determinaba inmediatamente la caída de los precios y el empobrecimiento del campesino que quedaba sumido en una economía de subsistencia, fuera del mercado.

Pero esto fue solo el comienzo. Bajo un gobierno nacional que llevaba adelante una política liquidadora, de importación indiscriminada, de privatización del capital argentino acumulado durante décadas en las grandes empresas públicas, en Formosa se comenzaba a gestar un proyecto diferente para el cual todavía no había llegado la plenitud de su hora, el Proyecto Formoseño.

Los pueblos originarios, la tierra y la cultura

En la actualidad, la provincia de Formosa tiene 595.280 habitantes. Unos 40.000 de ese total está formado por ciudadanos pertenecientes a pueblos originarios, es decir el 7,5 % de la población total.

Según el último censo (2010), el departamento de mayor presencia aborigen es el de Ramón Lista, situado en el extremo noroeste de la provincia. Con una población de 13.754 habitantes, el 64,9 de ellos son originarios.

Le sigue el departamento Matacos, ubicado al sur de Ramón Lista, en el extremo occidental de la provincia. Con una población total de 14.375 habitantes, casi la mitad (49,5 %) pertenecen a pueblos originarios.

El departamento Bermejo, pegado a estos últimos hacia el este tiene una población de 14.046 habitantes de los cuales el 38,6 % son indígenas.

Y luego el departamento Patiño, más al este, con una población de 68.581 habitantes tiene una población originaria del 18,8 %.

Esta población originaria está, casi en su totalidad, distribuida en 192 comunidades indígenas. De esas comunidades, 116 pertenecen a la etnia wichí7, 50 a la etnia qom8 (toba) y 126 a la etnia pilagá9. La población wichi está concentrada en la zona más occidental, en el límite con la provincia de Salta, los pilagás se ubican en el centro de la provincia, mientras que la mayoría de las comunidades qom se ubican en el este provincial10.

En 1984 se sancionó la Ley Integral del Aborígen N° 426. Con esta ley, la Provincia de Formosa se puso a la cabeza en las políticas de estado respecto a los pueblos originarios y dio origen a todo un sistema legislativo, institucional y de representación política basado en la ampliación de derechos de esas minorías.

Fue a partir de la sanción de esta ley que Formosa creo el Instituto de Comunidades Aborígenes (ICA), el reconocimiento de la personería jurídica a las comunidades indígenas, la entrega de propiedad comunitaria de las tierras y, por último, la educación intercultural bilingüe 11.

A partir de la sanción de la Ley Integral del Aborigen, en 1985, el gobierno provincial comenzó la transferencia de 300.000 hectáreas de tierra bajo la forma de propiedad comunitaria, un hecho inédito y de profunda significación en materia política y jurídica en la respuesta estatal a la cuestión de los pueblos aborígenes. Por otra parte, la legislación se anticipó en casi 35 años al mensaje del Papa Francisco a los pueblo originarios en Puerto Maldonado, Perú, el 19 de enero de 2018:

Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos; asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias”12.

Hoy ya son más de 80 los títulos entregados a las comunidades, que incluyen a la casi totalidad de 192 las comunidades indígenas existentes. Por otra parte, es necesario tener en cuenta que dichas comunidades se fragmentan en nuevos grupos comunitarios que, a su vez, reclaman nuevos títulos, tanto dentro de la antigua propiedad comunitaria como en nuevas tierras, lo que obliga a un permanente trabajo de regularización de títulos y tierras.

Es interesante destacar que el 99,5 % de los títulos fueron adjudicados en su carácter de propiedad comunitaria, mientras que sólo un 0,5 % prefirió prefirió titularizar su tierra individualmente, aún cuando mantienen todas las garantías que otorga la Ley 426 a la propiedad indígena13.

El siguiente es un cuadro que expresa de qué manera las tres etnias afincadas en la provincia se beneficiaron con la entrega de tierras provinciales14.

Por otra parte, la Ley creó el Instituto de Comunidades Aborígenes (ICA), como un organismo descentralizado del Poder Ejecutivo provincial, dependiente funcionalmente del Ministerio de la Comunidad y con la responsabilidad específica de aplicar la política indígena del Estado Provincial15.

El reconocimiento de las lenguas aborígenes y la educación pública

La Ley Integral del Aborigen fue la primera manifestación de una política de estado que, partiendo del reconocimiento de la realidad multicultural y plural del pueblo formoseño, incorporó a esas minorías a los beneficios del estado provincial y de los derechos y garantías que establece la Constitución Nacional. Pero no será sino a partir de la reforma de la Constitución Provincial de 1991 y, posteriormente la reforma de 200316 conforme a lo sostenido en sus artículos 92 y 93, que esta política se extendió hacia el área educativa, cultural e, inclusive, de salud.

Allí se sostiene:

Artículo 92.- LA PROVINCIA DE FORMOSA reconoce su realidad cultural conformada por vertientes nativas y diversas corrientes inmigratorias. Las variadas costumbres, lenguas, artes, tradiciones, folcklore y demás manifestaciones culturales que coexisten, merecen el respeto y el apoyo del Estado y de la sociedad en general. Esta pluralidad cultural marca la identidad del pueblo formoseño.

La educación bregará por afianzar:

Dicha identidad cultural.

La conciencia de pertenencia a Formosa en un marco nacional, latinoamericano y universal.

El compromiso para el desarrollo integral de la cultura”.

Y el artículo siguiente establece:

Artículo 93.- El Estado Provincial tiene la obligación según corresponda, de determinar, conducir, ejecutar, supervisar, concertar y apoyar la educación del pueblo en todas sus formas, contenidos y manifestaciones. A tal efecto, las leyes que se dicten y las políticas educativas que se fijen deberán contemplar:

(…)

Que la educación impartida por el Estado en las comunidades aborígenes se realicen en forma bilingüe e intercultural”.

La Ley 426 establecía ya una serie de artículos que pusieron en marcha una verdadera renovación en el tratamiento por parte del estado de sus ciudadanos aborígenes.

El Instituto, el Ministerio de Educación y el Consejo General de Educación, en coordinación, elaborarán :

a) Una enseñanza bilingüe (castellano - lenguas aborígenes).

b) Planes específicos reformulando los contenidos pedagógicos conforme con la cosmovisión e historia aborigen.

c) Campañas de alfabetización.

d) Un plan de aplicación del sistema de auxiliares docentes aborígenes en un ciclo primario.

e) Un sistema de becas estímulo para los aborígenes en condiciones de acceder al ciclo secundario y terciario, siendo Organismo de aplicación del Instituto.

f) Los planes necesarios para la formación de docentes aborígenes, los que remplazarán en los establecimientos especiales a los suplentes, interinos o ex titulares, debiendo el Ministerio de Educación organizar un sistema de traslado de los afectados para permitir a los futuros docentes aborígenes el inmediato ingreso a sus funciones.

g) Planes de estudios provinciales primarios y secundarios en las materias que se consideren pertinentes por las áreas específicas que contemplen temas encaminados a difundir el conocimiento de la cultura, cosmovisión e historia aborigen en todos los educandos de la provincia”.

Todas estas propuestas constituyeron lo que comenzó a denominarse Educación Intercultural Bilingüe (EIB). Dentro del enorme crecimiento que el área de la Educación Pública comenzó ha tener en la Provincia de Formosa a partir de 1995, la EIB tuvo un lugar principal. Sobre la base de proporcionar a las comunidades originarias el pleno acceso a la educación básica obligatoria, logró consolidarse una educación basada en la plena igualdad de oportunidades y tendiente a consolidar las identidades aborígenes, su cultura y su visión del mundo. Estas escuelas, diseminadas en todas las áreas con presencia de pueblos aborígenes, han incorporado la figura del Maestro Especial Modalidad Aborígen (MEMA), con formación en las áreas de Lengua Materna, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales.

En el año 2013 funcionaban ya en la provincia 447 escuelas bajo el régimen de EIB, con alrededor de 20.000 alumnos. Estos niños son asistidos por más de 550 maestros indígenas y un total de 1980 docentes en las escuelas EIB. Estos números expresan un crecimiento de 361 % de unidades educativas EIB, con mayor incidencia (426%) en la enseñanza secundaria e inicial (295%). A esto debe agregarse la creación de 130 unidades educativas para educación de jóvenes y adultos.

A su vez, la matrícula de alumnos en la EIB se incrementó entre los años 2005 y 2013 un 47%, pasando de los 13.614 de aquel año a los 19.966 registrados en 2013. Otro aspecto a destacar es el crecimiento constante de la matrícula femenina en las escuelas secundarias de EIB. Hoy 1.730 inscriptas en la educación de esa modalidad son mujeres, lo que constituye casi la mitad del alumnado (46%)17.

Todo este notable progreso educativo e inclusivo ha dado, entre otros resultados exitosos, que la Universidad Nacional de Formosa cuente con más de ciento veinte estudiantes de distintas comunidades aborígenes, sin contar los que estudian en centros universitarios privados de Formosa y en las Universidades del Nordeste, en Chaco, y Corrientes. Con orgullo afirman que son más de cuarenta los profesionales provenientes de comunidades aborígenes que han egresado del nivel superior18.

La Identidad Aborígen y la Salud Pública

El otro aspecto que el estado formoseño tomó en cuenta para profundizar el proceso de inclusión de las minorías aborígenes y facilitar su incorporación a una ciudadanía plena fue el de la Salud Pública.

La Constitución de la Provincia establece en su artículo 80 que

El Estado reconoce a la salud como un proceso de equilibrio bio-psico-espiritual y social y no solamente la ausencia de afección o enfermedad; y un derecho humano fundamental, tanto de los individuos como de la comunidad, contemplando sus diferentes pautas culturales. Asumirá la estrategia de la atención primaria de la salud, comprensiva e integral, como núcleo fundamental del sistema salud, conforme con el espíritu de la justicia social”.

Como se ve, resuena en el texto el pensamiento y la acción del ministro de Salud de Juan Domingo Perón, el doctor Ramón Carrillo. Fueron él y sus discípulos quienes impusieron la idea de la salud como otra cosa distinta a la falta de enfermedad, concepto que pasó a formar parte del pensamiento peronista en materia de Salud Pública.

También aquí ha regido el principio de la interculturidad, y se le ha dado un papel principal en la atención primaria a las parteras tradicionales de las distintas comunidades indígenas y los llamados “agentes sanitarios”.

Las parteras tradicionales son, como es natural, comadronas conocidas por la comunidad y en la que sus integrantes depositan una gran confianza. Su participación en el sistema de salud ha permitido un mejor y más fácil acercamiento hacia las mujeres embarazadas y parturientas de los grupos aborígenes, que han sido históricamente remisas a acercarse al hospital o a los centros de salud. El conocimiento personal, la pertenencia de estas parteras a la misma tradición cultural ha logrado romper la barrera que impone la supuesta “civilización” a aquellos ciudadanos que no forman parte de sus presupuestos culturales.

¿Qué es el agente sanitario? Se trata de un funcionario en el área de salud que pertenece a alguna comunidad indígena. Su función es promover, proteger y recuperar la salud a través de visitas programadas, tanto en los puestos sanitarios como en los centros de salud de las comunidades. El agente sanitario tiene una función de divulgación y educación en diversos temas vinculados a la salud pública, como la potabilización del agua y su conservación, la higiene y la desinsectización de la vivienda y el control y aplicación de vacunas. También está capacitado para atenciones muy primarias de situaciones de emergencia como la deshidratación por diarreas, atención de cuadros febriles y algunas curaciones cutáneas así como el seguimiento de las indicaciones médicas a los pacientes pertenecientes a algunos de los grupos aborígenes. Los agentes sanitarios han elaborado además una cartografía del lugar de trabajo con las necesidades específicas y mantienen un diálogo permanente con los pobladores así como con los líderes comunitarios.

Si bien en un inicio todos los agentes sanitarios eran varones, lentamente han ido incorporándose mujeres, crecimiento que ha estado facilitado por el acceso de estas mujeres a la educación formal.

En la actualidad hay 156 agentes sanitarios, de los cuales 36 son mujeres y es un objetivo permanente la incorporación de estas mujeres dado que su trabajo es mucho más efectivo, sobre todo en las otras mujeres y sus niños.

Estas políticas inclusivas y de integración con los pueblos aborígenes formoseños han sido ejemplares. Se ha logrado disminuir la mortalidad infantil en las comunidades aborígenes de un 136 por mil en 1985 a un actual 19 por mil. Ha logrado erradicarse el sarampión y otras enfermedades inmunoprevenibles, que, lamentablemente, eran una presencia permanente en las comunidades. La extensión de la red de agua potable al oeste, hacia la zona de influencia wichí ha tenido también un gran impacto en la disminución de una de las principales causas de mortalidad infantil, las diarreas.

Un tema que merece mencionarse es la construcción de viviendas que respetan las pautas culturales de estos pueblos. Estas viviendas tienen el baño afuera -requisito esencial para su cultura- y poseen en su interior un fogón, en lugar de la habitual cocina a gas o querosen. Asimismo se han dispuesto para que la comunidad pueda tener un área de cultivo de quinta para su propio consumo19.

Todas estas políticas específicas determinadas por la interculturalidad deben sumarse a todo el complejo del sistema de salud pública formoseño que oportunamente consideraremos como parte del Proyecto Formoseño.

La cuestión de los pueblos originarios y su inclusión política y social es un tema complejo que rebalsa los límites de lo económico y social y se impregna de difíciles e inasibles contenidos culturales y antropológicos.

La antropóloga argentina de largo desempeño académico en el Brasil, Rita Segato, ha escrito:

Nacionalizar significó aquí (Argentina) moldearla en una especie de 'etnicidad ficticia' férreamente uniformizada. El sujeto nacional tuvo que moldearse en un perfil neutro, vaciado de toda particularidad. 'Civilización' fue aquí definida como 'neutralidad étnica', y 'barbarie' como su antagónico otro interior en constante retirada y pugna por retorno”20.

Romper ese paradigma de más de un siglo es el desafío de cualquier política de estado que se disponga a incluir a ese otro. Quebrar la ficción uniforme de esa etnicidad, hacerla concreta y particular para su reinclusión real en la sociedad debe ser el prisma desde el cual se analice y juzguen las políticas sobre los pueblos originarios. Formosa, al incluir a sus distintas etnias aborígenes en el marco de su Proyecto Formoseño, inició un camino que, lleno de escollos y dificultades, es novedoso y ejemplar.

Formosa, la de los techos azules


El viajero que, en el vuelo de Aerolíneas Argentinas, sobrevuela la ciudad de Formosa, antes del descenso, se pregunta qué serán esos techos azules que se destacan sobre el mosaico que forma la ciudad desde la altura.

Son algunas de las 1389 escuelas construídas desde el años 2003, cuando Néstor Kirchner, recién asumido como presidente, le dijo al gobernador Insfrán, en su visita a Formosa:

- Gildo, ahora podrás llevar adelante todos tus sueños.

De ese total de escuelas 15 de ellas fueron inauguradas durante el 2020, en plena pandemia. Esa gran infraestructura escolar fue clave en el control del coronavirus, porque permitió instalar centros de asistencia a la población.

También esos techos azules cubren la notable infraestructura hospitalaria y de atención primaria de la salud construida en todos estos años. Además del Hospital de Alta Complejidad Presidente Perón de la ciudad capital, cuyo funcionamiento ha permitido que los pacientes que hasta hace muy pocos años debían asistirse en el Chaco o Corrientes, puedan obtener la más alta atención médica en su propia provincia. Y este hospital no es sino la cúspide de una pirámide asistencial que implica la creación de Salas y Centros de atención primaria en cada localidad de la provincia, por pequeña que sea.

Formosa es la provincia con menos casos positivos y muertes por coronavirus del país, sólo 20 personas fallecieron desde el inicio de la pandemia. Pudo llevar adelante la más exitosa campaña de prevención al contagio.

Toda la penosa campaña de la que fuimos testigos el día viernes y sábado no fue, a nuestro entender, nada más que un ensayo de remoción de un dirigente político electo con altos porcentajes y un permanente apoyo por parte de su ciudadanía. La presencia del diputados por la Mossad, Waldo Wolff y de la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, más la detención de 40 agitadores sin domicilio en la provincia y pertenecientes a la banda de provocadores fascistas llamada Jóvenes Republicanos, ha hecho evidente para quien vea las cosas con mediana claridad, que todo eso fue una provocación. Por otra parte, debe quedar en claro que el intento de ocupar la casa de gobierno por parte de esos grupos no puede responderse más que con el empleo de la fuerza represiva del Estado. No hubo ni descontrol ni exceso represivo en Formosa. Hubo legítima defensa frentre a un intento de violencia destituyente por parte de un grupo muy minoritario que responde a una fracción política desacreditada y minoritaria en la provincia.

Gildo Insfrán ha gobernado ejemplarmente durante estos veintiseis años. Y es por ello que sus coprovincianos lo han vuelto a reelegir. Y la provincia de Formosa ha sido, durante cada uno de esos veintiseis años, un poco mejor que el año anterior, incluso con gobiernos nacionales hostiles, como lo fue el de Mauricio Macri.

Los peronistas tenemos la responsabilidad de defender a Formosa, a su gente y a su gobernador, de las intrigas con que una oposición sin votos intenta destituirlo, entre otras cosas porque eso mismo van a intentar hacer a nivel nacional y contra el presidente de la República.

Buenos Aires, 7 de marzo de 2021

1Diario La Mañana, Formosa, 11 de Julio de 1973. Mencionado en Alicia Servetto, El peronismo en el poder: la primera y fallida experiencia de gobierno en Formosa, 1973, página 18, nota 42.

2Diario La Mañana, Formosa, 5 de Septiembre de 1973. Mencionado en Alicia Servetto, El peronismo en el poder: la primera y fallida experiencia de gobierno en Formosa, 1973, página 18, nota 44.

3Manuel Rodríguez, ibídem.

4Testimonio de Dardo Williams Caraballo, grabación realizada por el autor. Caraballo ha sido uno de los principales impulsores de los juicios contra los responsables de graves violaciones de los derechos humanos durante la dictadura. Junto con las distintas organizaciones lograron llevar a juicio al ex general Colombo, primero y único gobernador condenado por crímenes de lesa humanidad. Colombo falleció cumpliendo su sentencia, en prisión domiciliaria.

5Dardo Williams Caraballo, ibídem

6Ana María del Riccio, ibídem

7 Wichís, wichis o matacos son los integrantes de una etnia indígena históricamente vinculada al imperio incaico, que habitan en el oeste de la provincia de Formosa y el este de la provincia de Salta. El nombre mataco es de origen quechua y así aparecen en las más antiguas crónicas de los conquistadores españoles. Al parecer el nombre mataco ya tenía un carácter peyorativo, haciendo alusión, al parecer, a un tipo de armadillo. Wichí significa, en la lengua de esta etnia, gente o pueblo.

8Qom es el nombre que se dan a sí mismos los integrantes de una etnia que habita la región chaqueña. Son también llamados tobas, palabra de origen guaraní con un significado peyorativo. Comenzaron a habitar la región chaqueña alrededor del siglo XVI.

9Los pilagás son un pueblo indígena del grupo de los guaicurúes que habita en el centro de la provincia de Formosa.

10Micaela Martínez, Nahuel Millenaar, Federico Muracciole, Política y Etnicidad. Estado, agentes globales y proyectos políticos, pág. 35. Formosa, 2015.

11Micaela Martínez, Nahuel Millenaar, Federico Muracciole, op. cit., pág. 36 y ss.

12https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-francisco-a-los-pueblos-amazonicos-en-puerto-maldonado-98269

13Micaela Martínez, Nahuel Millenaar, Federico Muracciole, op. cit., pág. 40

14Ibidem.

15Ley 462 del año 1984. https://www.legislaturaformosa.gob.ar/?seccion=verley&nro=426

16Constitución de la Provincia de Formosa. https://argentina.justia.com/provinciales/formosa/constitucion-de-formosa/

17Micaela Martínez, Nahuel Millenaar, Federico Muracciole, op. cit., pág. 47 y ss.

18Ibidem, pág. 55

19Ibidem, pág. 55 y ss.

20Rita Segato, La Nación y sus otros, pág. 30, Prometeo Libros, 2007, Buenos Aires.

15 de febrero de 2021

Reflexiones sobre “la traición” de Carlos Menem

 Mientras la aristocracia financiera hacía las leyes, regenteaba la administración del Estado, disponía de todos los poderes públicos organizados y dominaba a la opinión mediante la fuerza de los hechos, y mediante la prensa, se repetía en todas las esferas, desde la corte hasta el cafetín de mala nota la misma prostitución, el mismo fraude descarado, el mismo afán por enriquecerse, no mediante la producción, sino mediante el escamoteo de riqueza ajena ya creada. Y señaladamente en la cumbres de la sociedad burguesa salía a la superficie el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía; desenfreno en el cual, por ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza procedente del juego, desenfreno por el que el placer se convierte en crápula y en el que confluyen el dinero, el lodo y la sangre. La aristocracia financiera, tanto en sus métodos de adquisición, como en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpen proletariado en las cumbres de la sociedad burguesa.

Carlos Marx, Las luchas de clases en Francia, 1850



La muerte de Carlos Menem, a los 90 años de edad, ha enterrado, sin pena ni gloria, ese desalentador período que el pueblo argentino cerró, en lo político, en las históricas movilizaciones del 19 y 20 de diciembre del 2001. La cita que encabeza esta nota está puesta no tanto por el principio de autoridad que pudiera emanar de su autor, sino porque, como ninguna otra que haya encontrado, describe con mayor precisión el clima político, económico, cultural y moral que prevaleció en Argentina durante el decenio en el que Carlos Menem presidió la República.

En realidad, aquellas jornadas del principios del nuevo siglo pusieron fin a un ciclo de 25 años iniciado el 24 de marzo de 1976, que, que a su vez, había sido una continuación ampliada de la contrarrevolución del 16 de septiembre de 1955. Cuarenta y seis años se necesitaron para que la Argentina erigida entre 1943 y 1955 fuese sistemática y rigurosamente desmantelada.

La energía anticolonial surgida al finalizar la guerra había llegado a su agotamiento y ya poco y nada quedaba de aquellos movimientos que habían dado lugar a la Indonesia de Sukarno, al panislamismo de Gammal Abdel Nasser o al panafricanismo de Lumumba, Kwame Nkrumah y Jomo Kenyatta. Para 1989, todos los movimientos nacionales latinoamericanos, previos o posteriores a la Segunda Guerra Mundial, habían claudicado. Tanto el viejo APRA, creado en los años 20 por Haya de la Torre, como el PRI, heredero de la revolución mexicana, como el MNR boliviano o la Acción Democrática venezolana, se habían sometido y expresaban en sus políticas de gobierno la supremacía del capital financiero en el centro del imperialismo y el neoliberalismo friedmaniano como su expresión intelectual. Todos esos intentos de construir nacionalmente alguna forma de capitalismo autónomo, encabezados por las clases medias agrarias, en algún caso, y urbanas universitarias, en otros, habían sucumbido y los embriones de burguesías nacionales que se expresaban en su seno habían decidido convertirse en correas de transmisión del interés imperialista. En ninguno de esos casos se trataba de una traición individual o de un grupo de individuos a inamovibles y sagrados principios o a imprecisos mandatos populares. Se trataba de una transformación molecular de cada una de esas sociedades y la paulatina integración de sus burguesías y parte de sus sectores populares al orden imperialista.

El mundo en 1989

En 1989, es elegido presidente Carlos Menem, al ganarle las elecciones a Eduardo Angeloz, un turbio gobernador radical cordobés, que en su campaña había explicitado un proyecto de corte liberal. Por su parte, Menem se había cuidado muy bien de explicitar las políticas que pondría en ejecución tras un discurso eufónico pero sin ninguna precisión. Tras el resultado electoral -donde el FREJUPO obtiene el el 47, 5 % de los votos-, se desencadena en el país la primera hiperinflación que conocimos. De la noche a la mañana la gente se encuentra con que el dinero que ha ganado ya no le alcanza para las compras más básicas y necesarias. Las mujeres dedicadas al servicio doméstico cobran sus horas trabajadas y cuando llegan a su casa esa plata ya ha perdido la mitad de su capacidad de compra. La situación que se generó en esos días fue de pánico social. El conjunto del país que vivía de un salario sintió que el piso se convertía en arena movediza o en agua y que inexorablemente se hundía en el más absoluto desamparo. Los sectores más humildes de la sociedad argentina se vieron lanzados a algo que aborrecían moralmente, algo que consideraban que no se debía hacer: el saqueo, es decir, el aprovisionamiento de comestibles a como diese lugar. La incapacidad del alfonsinismo, su ineptitud en materia económica, sus idas y venidas y el aislamiento en el que había caído caía sobre los desposeídos argentinos como un castigo bíblico.

Simultáneamente, ocurre en el mundo el hecho más importante y trascendente del siglo XX después de la Revolución Rusa: el desmoronamiento, la implosión y caída de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS). De pronto, el mundo tal como estaba conformado desde 1945, desde los acuerdos de Yalta, con el reparto de esferas de influencia, Guerra Fría, coexistencia pacífica, carrera espacial, armamentismo nucleas y balance entre dos grandes superpotencias, había desaparecido. El mundo tenía una sola superpotencia, EE.UU., y la base fáctica de la Tercera Posición -la existencia de dos campos, sobre los cuales negociar- era un recuerdo.

En esas condiciones, con un presidente que ya no es un “pato rengo”, sino un “pato sin patas”, Menem debe asumir la presidencia antes de tiempo.

Todo esto determinó el inicio del ciclo menemista. Y en esas condiciones, Carlos Menem, a poco de comenzar a gobernar y después de varios intentos fallidos, decidió abierta y decididamente jugar la carta que le proporcionaba el imperialismo y un importante y representativo sector de la burguesía nacional. Y la casi totalidad de la conducción del justicialismo, que lo había llevado al triunfo, lo acompañó en su política.

La falsa idea de la “traición”

En estos días se ha podido leer hasta el cansancio la idea de “la traición” de Menem. Estoy convencido que esta caracterización es absolutamente irrelevante para el análisis político. Se basa en el peso que la virtud de “la lealtad” tiene en el imaginario colectivo y el repudio que “la traición” genera en el mismo imaginario. Pero la política no es cuestión de virtudes morales, sino de resultados y, sobre todo, de resultados a largo plazo.

Menem fue el gobernante más nefasto del período democrático porque en 1989, gran parte de la burguesía nacional que, de una u otra manera, se sentía representada en el justicialismo y sus aliados, había perdido vitalidad y energía para enfrentar al establishment imperialista-oligárquico y la clase obrera había sido debilitada estructuralmente por las políticas de Martínez de Hoz y los desaguisados radicales. La idea de una alianza con la potencia supérstite, la apertura del país al capital financiero y un proceso de modernización de la mano de las privatizaciones y el desguace del estado se convirtió en la utopía reaccionaria que, en 1995, le permitiría volver a ganar las elecciones, ahora por el 49,94% de los votos.

En cierta medida -medida que solo podría apreciarse 12 o 13 años después- el peronismo comenzaba a vivir el mismo recorrido entrópico que habían experimentado las corrientes políticas similares en el continente. La paridad con el dólar, la entrada masiva de dólares a través de las privatizaciones -brutales y salvajes-, la aparición de la telefonía celular, la explosión de los instrumentos digitales -computadora, internet, etc.- generaron una ilusión que arrastró, no solo a una mayoría de dirigentes, sino a una mayoría del pueblo argentino que creía haber entrado en la modernidad que, hasta ese momento, se le había negado.

David Ricardo había observado, unos 150 años antes que: “La misma causa que puede acrecentar el rédito neto del país, puede al mismo tiempo hacer que la población se vuelva sobrante y deteriorar la condición del trabajador”. Solo a partir del nuevo siglo ese fenómeno comenzó a perforar la euforia que los viajes a Miami habían producido en amplios sectores, hasta entonces populares en cuanto a su definición política.

La caracterización de “traidor” a Menem hace perder toda la complejidad social de lo ocurrido en aquellos años y tranquiliza, en cierto sentido, la conciencia del observador, al convertirlo en un pecado moral individual. La realidad fue otra y ahí es donde, de alguna manera, nos salpica a todos. Durante unos quince años, la sociedad argentina, presidida por un aprendiz de brujo que ignoraba las fuerzas que pretendía manejar, se ilusionó con la posibilidad de “enriquecerse, no mediante la producción, sino mediante el escamoteo de riqueza ajena ya creada”.

La soledad que acompañó los restos de Menem, camino a la tumba, deja la sensación de que, conciente o inconcientemente, los argentinos queremos desandar esos errores que nos signaron duramente el presente y el futuro.

Buenos Aires, 15 de febrero de 2021.


5 de febrero de 2021

Ecuador: entre la dolarización y la atomización del poder político



El domingo hay elecciones presidenciales en Ecuador. Su resultado tendrá un importante efecto no solo en el país sino en el conjunto del bloque de países de Suramérica.

Ecuador es un país sobre el cual tenemos un enorme desconocimiento, tanto de su historia política, como de su realidad político-social. No vamos a intentar aquí resumir esos doscientos o trescientos años de historia, pero la balcanización que tuvo lugar a partir de la muerte de Bolívar no terminó de construir un estado al modo como Roca lo hizo en la Argentina o Guzmán Blanco en Venezuela.

El país se divide en tres zonas geográficas con muy distintas características sociales y económicas: la costa, la zona andina donde está ubicada su capital Quito y la llanura amazónica, cada una de ella con sus oligarquías locales y sus caciquismos políticos. La oligarquía costeña, vinculada al puerto de Guayaquil, ha sido siempre la que más vinculada a estado a los intereses extranjeros, tal como ocurre con todos los puertos de nuestro continente. Allí radica el sector más ferzomente enfrentado a cada uno de los gobiernos que intentaron superar ese acuerdo de las clases dominantes. Tradicionalmente la administración del poder central fue una negociación entre las tres oligarquías correspondientes a las tres regiones mencionadas. De alguna manera, la situación tiene características comunes con lo que en Brasil se llamó la República Velha (Vieja), a la que el régimen de Getulio Vargas puso fin.

A ello debe sumarse, en las últimas décadas la presencia de una importante organización político-social indígena como el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, cuyo papel ha sido intentar sumarse a la mesa de esa distribución oligárquica del poder. Inclusive la izquierda participa de ese reparto quedándose tradicionalmente con la universidad en la que discute e investiga tanto sobre la explotación del trabajo infantil en las minas alemanas en el siglo XIV, como el papel jugado por la Segunda Guerra Mundial en la incorporación de la mujer al mercado laboral inglés.

Rafael Correa pretendió disolver el poder de estas oligarquías, construir un estado por encima de ellas y sobre la totalidad del territorio nacional, recortando el poder político de las mismas, algo del poder económico, sobre todo en el área del petróleo e intentando superar el arcaico enfrentamiento entre liberales y conservadores. El final de su gobierno y el brutal cambio de bando de su sucesor, Lenin Moreno, dejó a las claras que no había logrado realizar totalmente su tarea.

Es necesario agregar que la moneda de curso legal en el Ecuador es el dólar, impuesto durante el gobierno del presidente Jamil Mahuad, con asesoramiento de nuestro conocido Domingo Cavallo. Es decir que Ecuador carece de moneda propia, no puede emitir y depende totalmente de sus exportaciones y de los créditos tanto privados como del FMI.

Los Candidatos

Es en este país donde el domingo habrá elecciones en las que se enfrentarán con posibilidades tres candidatos.

Andrés Arauz, de 35 años, es el candidato que lleva adelante el conjunto de sectores que se definen como correístas, ante la proscripción impuesta por el regimen de Moreno al expresidente, quien, por su parte, ha jugado un papel importante en la campaña electoral desde su exilio belga. Arauz es un economista con títulos en la Flacso, en la Universidad Autónoma de México y, esto es muy importante para su imagen en el país, en la Universidad de Michigan. Fue ministro coordinador de Conocimiento y Talento Humano de Correa, cualquiera hayan sido las funciones de este ministerio, en un país donde existe una clase media y media alta con títulos universitarios altamente sofisticados y carece de industria en la que poner esos conocimientos. Hoy Arauz encabeza todas las encuestas de opinión en el Ecuador

Guillermo Lasso, antiguo presidente del Banco de Guayaquil y uno de sus principales accionistas. Es un hombre que representa directa y casi exclusivamente al capital financiero, está asociado a 49 empresas offshore en paraísos fiscales y acumuló entre 1999 y 2000 una riqueza de 30 millones de dólares, según publicara Página 12 hace unos años. Fue ministro de Economía del presidente Jamil Mahuad, que terminó su gobierno arrastrado por la crisis financiera de enero del 2000. Fundó el Movimiento Creando Oportunidades (CREO) con un rejuntado de grupos y partidos liberales. Es supernumerario del Opus Dei sostenedor de la falacia de “las dos vidas” y ha sido el principal opositor al gobierno de Rafael Correa. Ya se presentó y perdió en las anteriores elecciones presidenciales y, si bien es el candidato que según las encuestas va en segundo término en la preferencia de los electores, su recalcitrante conservadorismo político y su liberalismo económico no lo hacen capaz de sumar votos para enfrentar a Arauz en una segunda vuelta.

Y ahí es donde aparece la candidatura de Yaku Sacha Pérez Guartambel, inscrito al nacer con los nombres de Carlos Ranulfo. Este abogado recibido en la Universidad Católica de Cuenca, especializado en justicia indígen y derecho ambiental, es desde hace varios años miembro de Pachakutik y la CONAIE (la organización nacional de pueblos indígenas del Ecuador), fundador de ECUARUNARI (la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa), la organización indígena quichua de la Sierra, que constituye la fuerza más importante dentro de la CONAIE. Es hijo de madre quichua cañari y declara dirigir una organización latinoamericana de pueblos indígenas, que en realidad es un sello inventado por él. Su figura creció como referente de la lucha antiminera en esa provincia, en defensa del agua y los páramos, convirtiéndose en referente también y muy especialmente del anticorreísmo. En los ambientes académicos que este dirigente indígena frecuenta desde siempre ha recibido el mote de “brichero”, que en la jerga estudiantil significa algo así como “levanta gringas”. Está en pareja, unido en matrimonio ancestral, con Manuela Picq, una PHD en Derecho Internacional, franco-brasileña y ecofeminista de Flacso, que encabezó una fuerte campaña contra Correa por el tema minero. Correa cometió el grave error de expulsarla del país por participar, como extranjera, en protestas, convirtiéndola, en la prensa europea, en la principal denunciante de “la dictadura de Correa”. Este Yaku Pérez pertenece al ala más vinculada a las ONG y el financiamiento de la cooperación internacional, como ocurre con buena parte de la dirigencia de Pachakutik. Fue, sorpresivamente, la apuesta ganadora dentro de Pachakutik, cuando se pensaba en Leónidas Iza, el líder de las poderosas movilizaciones de octubre del 2019 contra Moreno y gobierno. En realidad, la designación de Yaku como candidato respondió al interés de la burocracia de Pachakutik por bloquear a Iza y su línea de enfrentamiento al régimen oligárquico. Dentro del correísmo, donde hay puentes tendidos con Iza, se piensa que éste hubiera sido un mejor candidato para el desempeño electoral de Pachakutik, aunque el hecho de tener unos contornos étnicos y regionales más subrayados y la memoria de la insurrección de octubre le habrían representado un techo mucho más bajo e infranqueable.

Yaku Pérez está logrando que por primera vez un candidato propio de Pachakutik sea tenido en cuenta al momento de considerar escenarios de ballotage. De hecho, su campaña polariza ahora con Lasso, para ver si logra entrar en la segunda vuelta. Por esta razón y en clara evidencia del oportunismo que caracteriza su política se mostró a favor de la independencia del Banco Central, de la derogación del Impuesto a la Salida de Divisas y está abierto a considerar un TLC con Estados Unidos, eso sí, “si es bueno para el Ecuador”.

Para el correísmo es muy importante ganar en la primera vuelta. Tal como ocurrió en nuestro país, la posibilidad de que los votos que resisten a una vuelta de Rafael Correa al país y a su influencia en el gobierno puedan sumarse en un ballotaje pone en riesgo su triunfo.

En Ecuador sobreviven el sistema político creado por las oligarquías regionales y la burocracia indígena y un gobierno de Arauz sería, en el mejor de los casos, una transición para futuros cambios en un país, atomizado, dolarizado y sometido de manera sistemática a la alianza de los sectores exportadores y el capital financiero. Lo que sigue siendo una duda que circula con voz en sordina es sí ese régimen aceptará los resultados de las urnas o apelará, como lo hicieran en Bolivia, al recurso de la OEA y su servicial secretario general Luis Almagro.

Para la Argentina y el proyecto histórico del movimiento nacional respecto a la integración regional, Arauz es el candidato que más expectativas genera y así lo ha hecho evidenciar el gobierno de Alberto Fernández.

El domingo se juega, nuevamente, una baza importante para el conjunto suramericano.

Buenos Aires, 5 de febrero de 2020

2 de febrero de 2021

El “Gran Juego” en el Mar Índico



Posiblemente el recuerdo más remoto que mi generación pueda tener sobre Birmania son las dolorosas imágenes en blanco y negro de El Arpa Birmana, la magistral película de Kon Ichikawa, que hablaba de la profunda crisis que significó para el alma japonesa la derrota sufrida en la Segunda Guerra Mundial. El soldado Mizushima, cuya función es tocar el “saung” o arpa birmana en la banda de su regimiento, convertido en un aspirante a monje, se propone la tarea de enterrar a todos los soldados japoneses caídos en suelo birmano, antes de volver al Japón, para cerrar, de alguna manera, la herida abierta por la derrota. Pero muy poco, si algo, sabemos de Birmania, que ha pasado a llamarse Myanmar u, oficialmente, Unión de Myanmar.

En ese país de 50 millones de habitantes, donde conviven, a veces en armonía, muchas veces en discordia, desde hace milenios distintos grupos étnicos y lingüísticos, aterrizó hace casi cuatro años, nuestro compatriota, el Papa Francisco.

Pero, ¿qué es Myanmar?

Poco después que las tropas japonesas se rindieran ante los ingleses, que eran los ocupantes coloniales de Birmania, el Imperio Británico debió conceder la independencia.

En 1612, con la presencia de la Compañía Británica de las Indias Orientales -la empresa saqueadora de las riquezas del Extremo Oriente-, los británicos reemplazaron a los portugueses en el control comercial de la región, donde se mantuvieron bajo distintas formas hasta 1948. En el interín, separaron la antigua provincia de Arakán, en la costa occidental de Birmania y la unieron a su colonia de Bengala Oriental, fomentando el traslado de bengalíes musulmanes como trabajadores semiesclavos en la agricultura colonial de esa provincia. Aquí nace uno de los problemas que hoy se vive en una región del país.

Las distintas etnias birmanas, a diferencia de los bengalíes, han sido tradicionalmente budistas de la rama llamada Theravada, que concede una gran importancia a la vida monástica. Según algunas tradiciones budistas de Myanmar, ya en el siglo III a.c. el Gautama fue visitado por dos comerciantes de Okkala, el antiguo nombre de Rangún, la vieja capital donde aterrizó Francisco en su visita. Siguiendo las fuentes birmanas, en Myanmar hay más de 400.000 monjes y 75.000 monjas, 6.000 viharas (escuelas) e innumerables pagodas. Alrededor de 1.000 viharas sirven como instituciones educativas para la comunidad monástica. Algunos de los monasterios más grandes cuentan con más de 1.000 monjes que estudian las escrituras budistas y realizan prácticas de meditación. Más del 80 % de la población de Myanmar es budista.

En estos trasplantes poblacionales llevados a cabo por los británicos radica, como decíamos, uno de los principales conflictos étnicos que vive el país desde hace ya más de una década: el de la minoría Rohingja que habita, justamente, la antigua provincia de Arakán, hoy llamada Rakáin. Se trata de más de 600.000 personas descendientes de los bengalíes sunnitas traídos por los ingleses de la actual Bangladesh, la antigua Bengala Oriental, enfrentados con el gobierno central desde el inicio mismo de la vida independiente. Las tendencias separatistas son muy grandes en todo el país y las potencias occidentales, especialmente los EE.UU. se han montado sobre ellas para debilitar la constitución de la nación myanmariana. Detrás del enfrentamiento religioso -recuérdese que el budismo no es en sentido estricto una religión- se mueven los grandes intereses occidentales sobre un país rico en petróleo y gas y de una decisiva ubicación geográfica, con fronteras con China y el Sudeste Asiático.

El proceso independentista, que como dijimos se inicia en 1948, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, estuvo caracterizado por una retórica socialista y de emancipación nacional y, en la actualidad, las principales empresas son estatales, en un estado donde la presencia del ejército es decisiva desde hace décadas.

El golpe de Estado militar

Este es el país en el que el ejército, protagonista decisivo de la independencia del país y, en largos períodos titular del poder político, ha dado un golpe de Estado y ha detenido al presidente y a Aung San Suu Kyi, hija del líder de la Independencia y verdadero poder detrás del presidente. Los argumentos del golpe han sido un supuesto fraude electoral en las recientes elecciones que dieron un gran triunfo al partido de Suu Kyi.

El golpe se produce con el trasfondo de la persecusión que sufre la minoría rohingja, la política de China de la Ruta de la Seda y la construcción, con ayuda china, de un gran puerto sobre el mar Índico. Contrariamente a lo ocurrido con el golpe de Estado llevado a cabo contra Evo Morales en nuestra vecina Bolivia, que fue ocultado sistemáticamente por los gobiernos y los medios norteamericanos y europeos, el golpe en Myanmar ha tenido una enorme resonancia y repudio. Eso y no otra cosa nos lleva a pensar que deben existir poderosos intereses occidentales interesados también en todo este batifondo. No vamos, obviamente, a justificar la persecusión y segregación que sufre la minoría rohingja, peo tampoco podemos ignorar el uso que la CIA y los servicios ingleses y franceses han hecho tradicionalmente de estos conflictos, generados por el colonialismo, para dividir estados nacionales débiles y balcanizarlos para su propio interés.

China, que se ha convertido en la principal potencia de la región, no ha condenado al gobierno y ha expresado su deseo de que “las partes puedan resolver sus diferencias dentro del marco de la Constitución y la ley, salvaguardando la estabilidad política y social”. Lo que menos quiere Beijing es un conflicto racial

En su viaje a Myanmar Francisco convocó a la concordia y el entendimiento. Pareciera que la Guerra Fría ha sido reemplazada por el “Great Game” entre potencias que caracterizó el final del siglo XIX y el principio del siglo XX.

Buenos Aires, 2 de febrero de 2020

La Sputnik V y la Pfizer


Dice el amigo Bruno Sgarzini, desde Venezuela: “Pfizer y Estados Unidos llegan tarde con su vacuna porque su industria farmacéutica es para ganar dinero. El desarrollo de su conocimiento depende de la bolsa, no de la salud ni la reputación de EEUU. Para Rusia, la Sputnik V es un asunto geopolítico, de Estado, no de dinero”. 

Aunque parezca traído de los pelos, la diferencia en los criterios de distribución y venta internacional de la vacuna Sputnik V y la de Pfizer tiene que ver con el hecho de que, en 1917, ocurrió en el viejo Imperio Ruso una revolución obrera socialista. Pese a las deformaciones burocráticas que, por diversas razones que no vienen al caso, sufrió la gran Revolución de Octubre, la URSS nunca estableció con los países que componían el Pacto de Varsovia una relación de imperialismo económico, al modo como los países capitalistas impusieron con su periferia semicolonial.

La relación era brutal, muchas veces despótica, pero se basaba exclusivamente en una imposición política y, en el peor de los casos, militar, que es, al fin y al cabo, una forma de la política. "La guerra es la política por otros medios", explicó Clausevitz. No había ni exportación de capital, ni hegemonía del capital financiero. A punto tal que, cuando el centro político del sistema se desmorona, el conjunto del "imperio" soviético se desarmó como un castillo de naipes.

En la “restauración” del capitalismo en Rusia, después de la disolución de la URSS, el Estado ha jugado un papel central, limitando y hasta persiguiendo y haciendo desaparecer, en parte, a las mafias que intentaron convertirse en una especie de “lumpenburguesía” dominante. Y, así como durante la existencia de la URSS, la cuestión de la carrera espacial estaba determinada no por un afán de rentabilidad capitalista, la política exterior de Rusia se basa, como observa Sgarzini, en un afán de prestigio geopolítico, de relaciones políticas no basadas en el interés compuesto, ni en la sujeción económica de las economías de la periferia, ni en la tasa de ganancia de la empresa estatal.

De alguna manera, y sin idealizar, detrás de la política exterior de Rusia sobrevive la Insurrección de Petrogrado.

Buenos Aires, 2 de febrero de 2020