En esta página publico los artículos escritos por mí en los últimos años, sobre política argentina, política latinoamericana y política internacional, que considero más interesantes y de actualidad. Visite mi blog con temas periodísticos y literarios http://jfernandezbaraibar.blogspot.com
30 de junio de 2007

Su paso por la política argentina fue un resultado, como tantas otras desgracias que azotaron al país, de la dictadura cívico militar de naturaleza oligárquica e imperialista que sufrimos a partir de 1976, conocida como “el Proceso”.
En 1991 junto a Chacho Álvarez, quien, rota por completo su vinculación con el peronismo, se había convertido en un adalid del “progresismo” porteño, la profesora, ya desaparecido el itálico Castagnola, Graciela Fernández Meijide aparece como fundadora del FREDEJUSO y se postula a la diputación por la ciudad de Buenos Aires, sin salir electa.
El Frente del Sur, creado en 1992 para presentar a Pino Solanas a la senaduría de la Ciudad de Buenos Aires, tenía, como se sabe, dos sectores claramente diferenciados. Por un lado, el partido Encuentro Popular de Luis Brunati, uno de los diputados peronistas rebeldes al giro de Menem, el Partido de la Izquierda Nacional de Jorge Enea Spilimbergo y, en cierta medida, el Partido del Trabajo y el Pueblo –sigla legal del Partido Comunista Revolucionario de Otto Vargas- expresaban una línea de aproximación al movimiento de masas antimenemista, a los sectores más combativos de la CGT, que luego constituirían el MTA, y, en general, hacia los postulados nacionales, democráticos y antiimperialistas que habían caracterizado al peronismo. Por el otro, el partido Comunista, sectores del partido Intransigente, el Partido Humanista y diversos amigos personales de Pino Solanas, como Manuel Gaggero, Alcira Argumedo, Eduardo Jozami y Horacio González sostenían una tendencia progresista, democratista y alejada de las expresiones combativas de la CGT, un punto de vista en el que la oposición a Menem estaba muy mezclada con los prejuicios antiperonistas gorilas de la clase media porteña.
Pasadas las elecciones, el FREDEJUSO y, sobre todo, la extraña fascinación que Álvarez tenía sobre los progresistas de todo pelaje, logra que el Frente del Sur, ya sin la participación del Partido de la Izquierda Nacional, se incorpore a un nuevo Frente Grande. Las elecciones del año 93 llevan a “Graciela”, junto con Álvarez, a la Cámara de Diputados de la Nación.
Desde el parlamento y su bancada progresista, la señora Fernández Meijide comienza a convertirse en una especie de módica Pasionaria contra los excesos de corrupción y mal gusto del gobierno de Menem, sin que su voz se escuchara en temas como las privatizaciones o el esquema cambiario, que ya había comenzado a hacer agua.
El año 1994 la verá convertida en constituyente nacional. Desde su escaño seguirá las directivas de Chacho Álvarez, quien es ya un decidido defensor de la política económica del gobierno. Las críticas verbales al Pacto de Olivos no le alcanzaron a la profesora para retirarse de la convención, como sí lo hizo un miembro de su bancada, el obispo de Neuquén, don Jaime de Nevares.
De ahí en más no vendrían más que triunfos para ella. Terminada la nueva constitución que crea la autonomía de la Capital Federal, participa del encuentro de la Confitería El Molino, donde comienza a gestarse lo que sería posteriormente la Alianza.
Desde la lista del FREPASO, el nuevo frente formado con Bordón, fue electa senadora por la Capital Federal. Luego triunfaría sobre, nada menos que, Chiche Duhalde en las elecciones legislativas, triunfo que la llevaría a presentarse nada menos que a gobernadora de la provincia de Buenos Aires.
Al inicio de esta campaña comienza a viajar para proyectar su imagen en el exterior. Uno de esos viajes la lleva a los EE.UU. gobernado entonces por Bill Clinton. Fue, justamente, a la vuelta de este viaje donde tuvo lugar la más importante expresión política de la profesora Graciela Fernández Meijide. “Clinton es del palo” dijo a los desconcertados periodistas, para referirse al tipo de relaciones que pensaba haber logrado establecer con el gobierno que por la época bombardeaba Yugoslavia. Y la expresión la pinta a la perfección. Esta pobre señora pensaba –y nada hace suponer que no lo siga pensando- que ella -y a los que ella representa- y Bill Clinton, el jefe del superimperialismo, el representante de la plutocracia mundial, el general en jefe del más grande ejército de la historia humana, pertenecen a la misma pandilla, al mismo lado, al mismo partido, que es el de la gente buena. La profesora jamás hubiera dicho que Bush o Nixon eran “del palo”. No. Ellos son agresivos, imperialistas, racistas, cowboys malos y feos. Pero el joven, sonriente, rubio, lindo y demócrata Clinton, claro que es “del palo”.
Sus días políticos terminaron antes que terminara el miserable gobierno encabezado por de la Rúa. Nombrada por éste, como ministra de Desarrollo Social tuvo que renunciar, en el 2001, pero mucho antes de diciembre, por nombrar como interventor del PAMI a su cuñado Angel Tonietto, o sea por nepotismo y corrupción, las únicas críticas que formulara al gobierno de Menem.
La noche la tragó, las jornadas del 19 y 20 de diciembre la sepultaron en el olvido y nadie, o casi nadie, se acordaba ya de “Graciela”.
Y, entonces, estos recuerdos, ¿a propósito de qué?
Es que hoy la prensa hablaba de ella, como en la canción de Joaquín Sabina.
En una librería de la calle Florida, la “Bruja” Fernández Meijide presentó un libro al que ella o la editorial han llamado “La Ilusión – El fracaso de la Alianza vista por dentro”. En compañía de Alfonsín y algunos otros políticos en situación de retiro, la profesora de Educación Democrática desempolvó sus viejas admoniciones. Como en las pasadas épocas de su paso por el estrellato, sostuvo que el Gobierno incurre en un “incumplimiento” de la Constitución de 1994, cuando “se lesionan las instituciones, se margina al Congreso con un exceso de decretos de necesidad y urgencia, y cuando no se respeta al Poder Judicial a través de los cambios en el Consejo de la Magistratura”.
Y aprovechó la más inmediata coyuntura, para sostener que “siempre se dice que la gente vota con el bolsillo y que no se le puede ganar a un gobierno en tiempos de bonanza económica, pero ahora se acaba de demostrar en dos lugares (por la Capital y Tierra del Fuego) que no es tan así cuando la gente tiene la prevención de que algo no anda bien en el plano institucional”.
Sus maestros, Zuretti y Peñaloza, autores inolvidables de los manuales de Educación Democrática de toda una generación no podrían sino estar felices de su discípula.
Buenos Aires, 28 de junio de 2007.
7 de junio de 2007
El Mercosur debe estar en manos de patriotas suramericanos
A propósito de unas reflexiones del señor Eduardo Sigal, Subsecretario de Integración Económica de la Cancillería argentina

Pero así son las cosas. Desaparecida la Unión Soviética y convertido su partido en una gigantesca secretaría financiera sin estructura política que financiar, Sigal abandonó el comunismo argentino para convertirse en un lavadito socialdemócrata, bueno para un barrido o un fregado en cualquier rosca que con la etiqueta de progresista, le permitiera poner sus aptitudes de burócrata al servicio de la burocracia estatal.
¿Unión Europea o Unidad Latinoamericana?
Pero ahí tan sólo empiezan los graves problemas de concepción política que manifiestan las reflexiones del alto funcionario de nuestra cancillería. Dice Sigal:
Si algo no puede ser la Unión Europea para nuestra integración es un ejemplo de aprendizaje histórico. Dos guerras mundiales, en el siglo XX, para dar tan sólo un ejemplo, no pueden ser paradigmas históricos al que los hispanoamericanos debamos remitirnos para potenciar nuestro proceso de unidad. La integración latinoamericana es, desde el punto de vista histórico, estructuralmente diferente a la europea. Nuestros países se caracterizan por su idioma común –el del reino de España y Portugal del conde-duque de Olivares- su unidad cultural y religiosa y un pasado común con guerras, que si bien han sido dramáticas, se han debido más a designios extracontinentales que a insalvables enfrentamientos de intereses nacionales. Si Europa debe buscar sus antecedentes unitarios en las arcaicas estructuras imperiales cristianas, herederas del Imperio Romano, Latinoamérica tiene su fuente histórica en los Archivos de Indias y en las guerras de la Independencia. El proceso histórico de creación de los estados nacionales europeos se construyó a partir de los elementos diferenciadores que le ofrecía cada una de las grandes unidades lingüísticas, sus monarcas y la unidad de sus mercados. El proceso de balcanización latinoamericana se basó en la división arbitraria de la heredad hispánica según las exigencias del mercado mundial y de las oligarquías regionales que pugnaban por su inserción privilegiada. En suma, si el proceso de aparición de las actuales naciones europeas fue el producto del desarrollo de sus fuerzas productivas, la disgregación latinoamericana fue el resultado de su atraso y postergación económica y social.
El señor Eduardo Sigal considera, como podrían hacerlo Mariano Grondona, Carlos Escudé o Isidoro Ruiz Moreno, que las relaciones entre Uruguay y Argentina, Perú y Ecuador o, incluso, Argentina y Brasil son de la misma naturaleza que las que se han establecido entre Francia y Alemania, Holanda y Austria o España e Inglaterra, para no mencionar a Eslovenia o la República Checa.
Pero su confusión se evidencia aún más cuando emite la siguiente afirmación con carácter disyuntivo:
La ramplonería progresista de Sigal se extiende, como no podía ser de otra forma, sobre el metafísico carácter democrático que le atribuye al Mercosur:
Allá por los principios de la década del 60, algunos cineastas comenzaron a filmar, en nuestro país, inspirados en algunas de las manifestaciones estéticas que el cine de posguerra había generado en Europa, sobre todo en Francia. Preguntado uno de sus exponentes, Rodolfo Kuhn si la memoria no me falla, sobre cómo ello era posible, habida cuenta que la Argentina no había pasado por una guerra, la respuesta obvia, y casi automática para la época fue: “La lucha contra el peronismo tuvo entre nosotros el mismo papel que la Segunda Guerra Mundial en Europa”.
En su intento de asimilar el proceso de integración suramericano al europeo, para darle así respetabilidad reconocible, Sigal se encuentra en la dificultad de los cineastas rebeldes de los ’60. Ante la evidencia de los datos históricos concretos que han determinado la integración europea, iniciada en la misma época en que Perón proponía su ABC en nuestro cono Sur –la finalización de la Guerra, el proceso global de concentración capitalista, la aparición de una potencia hegemónica extraeuropea, etc.- busca el contenido de nuestro principal proyecto integracionista en la pérdida de apoyo por parte de los EE.UU. de los regímenes militares a su servicio en nuestros países y en la democracia semicolonial que sobrevino. Lo que para Europa fue el triunfo sobre el nazismo, dice Sigal, para nosotros lo fue el triunfo sobre la dictadura.
El Mercosur nace, para nuestro Subsecretario de Integración Económica, como un pacífico y declarativo intento de alejar el fantasma de una guerra entre latinoamericanos que jamás tuvo lugar. Nada de ampliar nuestros pequeños mercados internos, nada de construir una economía a escala, nada de acuerdos aduaneros que frenen la penetración de productos producidos fuera del área, nada de unificación de nuestras fuerzas armadas, nada de grandes obras de infraestructura ni empresas energéticas comunes. Paz y cooperación es el objetivo que Sigal le atribuye al Mercosur. Más o menos los mismos objetivos del Centro Cultural de la Cooperación.
Todo el esfuerzo argumental de Sigal es alejar las propuestas concretas de consolidación mercosuriana de cualquier apelación histórica. Así sostiene:
Y aquí radica el error de este neoeconomicismo, tan nocivo como el de los ’90, puesto que solamente en la profundización de las raíces comunes –sin comillas- es que puede profundizarse lo hasta ahora alcanzado, tal como lo demuestra el impulso que se ha obtenido de lo que Sigal llamaría “el mandato bolivariano”.
Pero posiblemente sea el siguiente párrafo del Subsecretario de Integración Económica de la Cancillería argentina el que mejor defina su punto de vista:
Pero la anterior afirmación es el antecedente de la siguiente:
[1] Escribía Perón, bajo el seudónimo de Descartes, en 1951: “El signo de la Cruz del Sur puede ser la insignia de triunfo de los penates de la América del hemisferio austral. Ni Argentina, ni Brasil, ni Chile aisladas pueden soñar con la unidad económica indispensable para enfrentar un destino de grandeza. Unidas forman, sin embargo, la más formidable unidad a caballo sobre los dos océanos de la civilización moderna. Así podrán intentar desde aquí la unidad latinoamericana con una base operativa polifacética con inicial impulso indetenible”. Perón, Juan Domingo, América Latina en el año 2000: unidos o dominados, pág. 79, Ediciones de la Patria Grande, Casa Argentina de Cultura, México, 1990.
[2] Jorge Abelardo Ramos, El Marxismo de Indias, pág., 236, nota 66, Editorial Planeta, Barcelona, 1973
6 de mayo de 2007
sobre la papelera uruguaya y el papelón argentino
Esta carta tiene ya casi dos años de antigüedad. Fue escrita a poco que el conflicto tuviera estado público. Todo lo que en ella se dice mantiene la más completa actualidad, aunque ya no pueda ser dirigida al doctor Rafael Bielsa, sino a su sucesor, el doctor Jorge Taiana. El tiempo transcurrido no ha hecho sino entorpecer aún más las relaciones con el Uruguay, dificultando la profundización del Mercosur y dando argumentos al acercamiento de Montevideo a Washington. La creación de Lord Ponsonby, por artificiosa que haya sido, es hoy uno de los integrantes plenos del Mercosur y el único camino para incorporarlo plenamente a la comunidad suramericana es por la vía del reconocimiento a sus necesidades y la búsqueda común de soluciones.
Buenos Aires, 29 de julio de 2005
Señor
Ministro de Relaciones Exteriores de
la República Argentina
Dr. Rafael Bielsa
Presente
Estimado ministro:
Como Ud. bien sabe, la política exterior de un país no puede estar sujeta a los avatares de una opinión pública perversamente manipulada por el monopolio privado de los medios de comunicación ni a las cambiantes encuestas de opinión en épocas electorales.
Dentro de los grandes lineamientos estratégicos de nuestra política exterior, el Mercosur y los países que lo integran constituyen, y deben constituir, su principal preocupación. Todo lo que afecte la más estrecha, fraterna y solidaria relación con los estados que integran este embrión de unidad suramericana debe ser motivo de intensa preocupación, estricta atención y urgente solución, con la prudencia y la confidencialidad que, en general, ameritan las relaciones internacionales.
El Uruguay, el paisito como lo llaman sus hijos con cariño, no es un país industrial. Diversas razones históricas, que orientales como Alberto Methol Ferré, Washington Reyes Abadie y Carlos Machado nos han hecho ver a los argentinos, lo condenaron a la evanescente riqueza de la renta diferencial, a un empobrecido presente pastoril, sin fábricas que den trabajo a sus laboriosos compatriotas, con inmensas colonias de emigrados económicos que buscan en Australia y Nueva Zelanda el porvenir que no encuentran en su patria.
Resulta verdaderamente doloroso y carente de toda racionalidad que la intención uruguaya de instalar en Fray Bentos una fábrica de papel, como las que ya hay en nuestro país, se haya convertido, para un reducido grupo de ciudadanos argentinos, en una amenaza de la misma magnitud genocida que el bombardeo atómico de Hiroshima. La acción de sedicentes organizaciones ambientalistas, el sensacionalismo ignorante de la prensa comercial, el oportunismo electoralista de algunos políticos argentinos, más la sospecha de intereses que intentarían traer el emprendimiento a la Argentina, han convertido esta cuestión perfectamente secundaria en un problema que amenaza la armonía entre los dos países y, lo que es aún peor, la posibilidad de acordar con el Uruguay políticas comunes en el ámbito del Mercosur. No fue la causa directa del resultado en la elección del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, pero el Uruguay no aceptó la propuesta argentino-brasileña en el medio de este patético enfrentamiento.
Pero resulta aún más preocupante que el ministerio de Relaciones Exteriores no haya sabido ponerse por encima de este cuestionamiento local, apareciendo ante la opinión pública uruguaya como haciéndose eco o apoyando el mismo, dando explicaciones a los vecinos y sometiendo decisiones de política internacional a una asamblea barrial.
Esta situación sólo beneficia a quienes, desde la Argentina, el Uruguay o Washington atentan contra todo intento de romper nuestra balcanización y erigir en el sur del continente un sólido bloque de poder que aúne nuestros estados y nuestros pueblos.
Estimado señor Ministro:
Es imprescindible que se restablezca un sano criterio de interés superior por sobre estos reclamos que, por ingenuidad, ignorancia o perfidia, atentan contra lo que debe ser el más alto objetivo de nuestra Cancillería: la unidad suramericana.
Es necesario dar amplia información y debate sobre estos grandes temas, para contrarrestar, en parte, el poderoso sistema de comunicación que monopolizan los sectores vinculados al gran capital imperialista, que son quienes, en definitiva, imponen la agenda a discutir.
Es preciso restablecer la confianza y la amistad con el gobierno y el pueblo uruguayos en la idea de que nuestra compañía jamás será un obstáculo para su bienestar y desarrollo sino un instrumento esencial a esos objetivos.
La más importante tarea que generación alguna se impuso en este continente es lo que está en juego: convertir nuestras aisladas y débiles naciones en una integrada y fuerte confederación de repúblicas.
Quedo a su disposición
Julio Fernández Baraibar
19 de abril de 2007
Entre fines de 1973 y fines de 1974, Jorge Raventos y yo comenzamos a publicar en Izquierda Popular, una pequeña sección, en la última página, en la que ironizábamos sobre alguna figura política con el género del epitafio, en algunos casos, o del ovillejo, en otros. El tiempo ya no me permite recordar -en realidad, no es el tiempo sino este alemán que no me acuerdo cómo se llama- quien ha sido el autor de cada uno de ellos. De una manera u otra eran una creación colectiva.
Hojeando viejos papeles me los encontré y los subo al blog, para recuerdo de quienes los leyeron en su momento, y descubrimiento para quienes los lean por primera vez. De su lectura se puede percibir la dureza y el encarnizamiento de la lucha política de entonces y la irrespetuosidad que nos daba tener veinte años.
EPITAFIO AL CORONEL NAVARRO
(El coronel Navarro era un jefe de policía del gobernador Lacabanne de Córdoba, brutalmente reaccionario y de clara filiación fascista)
Bajo dos metros de tierra,
en un redondo ataúd,
yace el Coronel Navarro
tocando triste el laúd.
Cuando lo iban a enterrar
se eligió tamaña funda
para poderlo patear
desde su casa a la tumba.
OVILLEJO DEL REINO UNIDO
Sin pelo pero con más maña
Gran Bretaña,
agonizas con-fundido,
Reino Unido,
y nadie tus ojos cierra,
Inglaterra.
Fue tu más heroica hazaña
haber desaparecido.
El Medio Oriente te entierra,
Gran Bretaña, Reino Unido o Inglaterra.
EPITAFIO A RICHARD MILHOUS NIXON
Richar Nixon yace aquí
abrazado a Tío Sam.
Juntos quedaron así
al echarlos de Vietnam.
Por último a rematarlos
saltó el caso Watergate.
Sólo nos queda expulsarlos
del barroso River Plate.
OVILLEJO A EMILIO ABRAS
(Emilio Abras era el secretario de Prensa de Perón, un peronista un poco franquista y reaccionario para nuestros revolucionarios gustos de entonces. Lo he subido al blog más por razones de fidelidad histórica que por mantener el mismo punto de vista.)
Jactando de puro ario
Secretario,
Con Franco en un dulce idilio,
Emilio,
Negro porvenir te labras,
Abras.
En Prensa eres vicario,
del pueblo, un utensilio.
Si amordazas las palabras
en rapto totalitario
cambiarás de domicilio,
Secretario Emilio Abras.
OVILLEJO DE ALBERTO J. ARMANDO
(Ex presidente de Boca, vendedor de autos, creador de la ciudad Deportiva y candidato de Ezequiel Martínez –el candidato oficialista en las elecciones de 1973-.)
Aunque es un vivo está muerto,
Alberto,
Lo asusta la bancarrota,
Jota,
Y en Boca lo andan buscando,
Armando.
Para él la fama fue cuento,
la Deportiva, derrota,
Lo de Ezequiel, contrabando.
Por eso, aunque no sea cierto,
dicen que no yace, flota,
Don Alberto Jota Armando.
EPITAFIO A LA PRENSA
Una farola apagada,
un cadaver insepulto,
La Prensa agoniza aquí
sin lectores ni tumulto.
¡Quisiera ser expropiada!
Que Gainza descanse en Paz.
Que el demonio en su impiedad
no le prescriba otros males
que leer sus editoriales
por toda la eternidad.
OVILLEJO A FRANCISCO GUILLERMO MANRIQUE
(el bombardeador de Plaza de Mayo en 1955 e inventor del ministerio de Bienestar Social y del Prode)
Posando, ya de amable, ya de arisco,
Francisco,
ordeñando a la viuda y al enfermo,
Guillermo,
Te viste popular, te diste dique,
Manrique.
Hoy ya no hay paco ni para el mordisco.
Hoy tu partido es territorio yermo.
Hoy tu barco pirata se va a pique,
don Francisco Guillermo de Manrique.
EPITAFIO A RAUL ALFONSIN
Del pago de la Laguna,
sereno, triste y cansado,
llegó a la ciudad, ¡ahijuna,
con diploma de abogado.
Mostró, senil y jovial,
su pasta de Gran Delfín.
Lo mató un síncope "Urnal"
al doctor Raúl Alfonsín.