30 de septiembre de 2026

La Nación, Pagni, Halperín Donghi y Martín Fierro

Hace mucho que sufrimos
la suerte reculativa:
trabaja el gaucho y no arriba,
pues á lo mejor del caso,
lo levantan de un sogaso
sin dejarle ni saliva.

Martín Fierro, José Hernández



Ayer, 29 de septiembre, el aguzado periodista de La Nación, Carlos Pagni, publicó su habitual columna de análisis político con el título Para Milei, el infierno son los otros. Su juicio es abrumador. El presidente Milei se encuentra, según el periodista estrella del diario, en la misma situación final a la que llegaron Menem, De la Rúa y Macri: “Al igual que estos expresidentes, debe justificar la falta de dinamismo en la economía, un aspecto que había prometido, y que es esperable para que la gente esté satisfecha”.

Después de enumerar los desopilantes recursos retóricos a los que acudieron cada uno de esos gobiernos para intentar poner la causa de los males fuera de ellos mismos –Menem con el efecto tequila, de la Rúa con la cantidad de feriados, Macri y Dujovne aceptando que se estaba frente a una recesión pero no a una crisis–, Pagni afirma: “Milei se encuentra en la misma situación que sus predecesores: no reconoce que su modelo económico enfríe a la economía como consecuencia de la estrategia elegida para enfrentar a la inflación”. Y a partir de ahí se encarga de ridiculizar la catarata de argumentos, patéticos y falaces, con que Milei intentó explicar su fracaso, tanto en Nueva York, con el periodista de Bloomberg, como en Argentina, con su lacayo Luis Majul.

Las críticas de Pagni son certeras y filosas. Siempre es grato leer que “el rey está desnudo” cuando su Majestad anda por la calle mostrando sus partes pudendas. No obstante, en ningún momento su análisis se detiene a puntualizar qué es lo que se hizo mal y, mucho menos, qué es lo que debería haberse hecho o debería hacerse para salir del marasmo. Pese a su probada capacidad analítica, Carlos Pagni, en La Nación, no pone en tela de juicio el programa general del gobierno de Milei, que no es otro que el del liberalismo mitrista que, en cada uno de los momentos en que fue aplicado puso al país al borde del abismo, empobreciendo a las enormes mayorías, enriqueciendo a un pequeño sector, en parte extranjero, y sometiendo al país a los designios de potencias imperialistas, Inglaterra, entonces, y Estados Unidos, hoy. Pero lo que me llamó la atención fue el final de su, repito, acertada reflexión.

Escribió Pagni:

“En 1998, dos grandes historiadores, José Carlos Chiaramonte y Oscar Terán, le hicieron una entrevista muy interesante a Tulio Halperín Donghi que fue publicada en Todo es Historia. Allí, Halperín Donghi dijo: 'El drama de la Argentina es que tuvimos una gran oportunidad entre 1870 y 1930 y, desde entonces, no hacemos nada más que esperar que el mundo nos ofrezca otra oportunidad. Y en esa espera, vamos decayendo'. 30 años después de esa entrevista, seguimos esperando lo mismo”.

Y ahí fue donde recordé los versos de José Hernández, que dan inicio a estas líneas. El libro fue publicado en 1872, en el inició del período que menciona Halperín Donghi. El país ya ha pasado la dictadura brutal de Bartolomé Mitre y la carnicería de la Guerra del Paraguay. Un miembro del grupo liberal unitario, pero provinciano, el loco Sarmiento, gobierna el país. Lentamente los intereses del conjunto nacional van imponiéndose sobre el privilegio porteño y el soldado federal José Hernández escribe:

"De los males que sufrimos
hablan mucho los puebleros,
pero hacen como los teros
para esconder sus niditos:
en un lao pegan los gritos
y en otro tienen los güevos".


“Los puebleros”, los hombres de la City, los hombres de La Nación, hablan mucho de nuestros males, es cierto, pero engañan, no dicen lo principal, ocultan, como los teros, sus “güevos” y escriben largas parrafadas que solo ocutan “sus niditos”. Pero sigue ese militante implacable que fue Hernández:

“Y se hacen los que no aciertan
a dar con la coyuntura;
mientras al gaucho lo apura
con rigor la autoridá”.


Nuevamente la impostura, la preocupación actuada y falsa de La Nación, en este caso a través de Pagni, mientras Jorge Macri, como el ministro Gainza del poema nacional, se mete en las villas que se ha negado urbanizar para aporrear a los pobres o golpear a compatriotas jubilados y con discapacidades por reclamar por sus derechos.

Y aquí es donde Hernández se conecta directamente con la tontería presuntamente académica de Halperín Dongui:

“Ellos a la enfermedá
le estan errando la cura”.


Ignorar, como lo hacen Halperín Donghi y Pagni, el riquísimo proceso que se inició exactamente después de ese período que menciona (1870-1930) es realizar un interesado diagnóstico erróneo, un “errarle a la cura”, consciente y deliberado. Porque si algo ocurrió a partir del 17 de octubre de 1945 fue que que dejamos de “esperar que el mundo nos ofrezca otra oportunidad” y nosotros mismos, por nuestra propia cuenta construimos una oportunidad para industrializarnos, consolidar un proletariado, moderno, sindicalizado y bien pago, alcanzar enormes cotas de independencia y soberanía nacional.

Nada de eso ve Pagni, por las mismas razones que no lo vio Halperín Donghi: su disciplinamiento ideológico al liberalismo económico y su sumisión al bloque social dominante hizo que, como los actuales beneficiarios del delirio semipsicótico de Milei, “a la enfermedad / le están errando la cura”.

30 de septiembre de 2026.

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