Mostrando las entradas con la etiqueta Cristina Argentina Ramos Izquierda Nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cristina Argentina Ramos Izquierda Nacional. Mostrar todas las entradas

16 de febrero de 2013

Políticas del presente en las que resuena el eco de antiguos entreveros


Políticas del presente en las que resuena 
el eco de antiguos entreveros

Quienes, como el autor de estas líneas, hemos sido formados en nuestra juventud, cuando nos iniciamos en la política militante, por el pensamiento y la palabra de don Arturo Jauretche, las políticas -y la retórica que ha sostenido esas políticas- iniciadas en el 2003 nos han convencido que mucho de lo escrito y pensado por el fundador de FORJA ha influido en el curso que Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner lograron imponer al país.

El 4 de abril de 1946, unos pocos días después de las elecciones que convirtieron por primera vez a Juan Domingo Perón en presidente de los argentinos, Jauretche escribió en el diario Democracia, las siguientes líneas:

“En el espacio de tiempo que media entre una fe que muere y una fe que nace, la frivolidad pone su imperio. Los viejos altares se van apagando y los nuevos tienen sólo una llamita incipiente, que no alumbra aún el camino de las oscuras catacumbas donde fermenta el futuro. Antes del tornado se produce el vacío. Así pasa con las revoluciones; es en el momento del máximo descreimiento que se dan las condiciones para el nacimiento de una nueva fe”.

Ese, exactamente, era el espíritu del pueblo argentino en los finales del siglo XX y principios del XXI. La frivolidad, la chatura intelectual, la llamada vídeo-política habían ocupado el lugar de una fe que el paso de la historia había hecho agonizar. La nueva fe era imprecisa. Había crecido en los intersticios del ciclo contrarrevolucionario, había resistido el bombardeo mediático y sobrevivía solo como una tenaz voluntad que se aferraba a los resplandores del octubre de 1945.

La presidencia de Néstor Kirchner, primero, y la de Cristina Fernández de Kirchner después dieron expresión a esa “nueva fe” de la que habla Jauretche: una nueva fe que se inspiraba explicitamente en las mejores enseñanzas del anterior ciclo revolucionario.

La restauración del estado nacional como instrumento de una política capaz de imponerse sobre la arbitrariedad del mercado había sido enunciada por Raúl Scalabrini Ortiz en su temprano “El hombre que está solo y espera”, como una emanación de las multitudes argentinas:

“El Estado brota de abajo, de la muchedumbre, y es casi una redención, una creación del pueblo solidario”.

Y ese concepto, que de alguna manera es el basamento del pensamiento nacional a lo largo del siglo XX, se aparece en el presidente Néstor Kirchner cuando en Mar del Plata, en la Cumbre de las Américas y frente al presidente de los EE.UU. George Bush, sostiene:

“Es el Estado el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo permanente de inclusión y creando oportunidades a partir del fortalecimiento de la posibilidad del acceso a la educación, la salud y la vivienda, promoviendo el progreso social basado en el esfuerzo y el trabajo de cada uno”.

En realidad, lo que se ha experimentado en la política, tanto nacional como internacional, y en la economía, con las presidencias de Néstor y Cristina, ha sido una actualización, en las condiciones del siglo XXI -en muchos aspectos muy diferentes a las de la década del '50 en el siglo XX- de esa concepción de la que Arturo Jauretche fue un maestro.

En el terreno de la economía, el eclipse forzado de todos los gurúes del establishment liberal y neoliberal y la restitución de la política y los objetivos de la política por encima del mercado, que ha caracterizado este ciclo fue anticipado por Jauretche, en Filo Contrafilo y Punta, cuando escribió:

“El problema que tenemos por delante no es un problema técnico: es un problema de mentalidad, los llamados técnicos pertenecen a la mentalidad antinacional y nunca posibilitarán una política de conjunto porque ésta tiene que revisar todos los fundamentos de su técnica que es la técnica del colonialismo. Que se vaya Krieger Vasena1 y venga Alemann2 o Alsogaray3 o Cueto Rúa4 o Verrier5, es lo mismo6, porque lo que el país necesita es precisamente eliminar esa mentalidad antinacional y no andar buscando recetas un día a Doña Lola y otro día a Doña Petrona7, por que siempre los expertos lo van a ilusionar con soluciones fáciles”.

Néstor Kirchner se hizo eco de estas advertencias y el 11 de marzo de 2004, decía:

“Qué razón tenía Jauretche en su libro Zonceras Argentinas: creen que porque se juntan cinco, ponen cara de serios, se colocan anteojos, cara de pensadores y dicen hay que hacer con la Argentina esto y esto. Nosotros los conocemos porque los vimos, nos dijeron durante toda la década del 90: tengan paciencia, esperen que el vaso va a derramar. Derramó en hambre, en exclusión, en olvido...”

O el discurso de Cristina Fernández de Kirchner, en marzo de 2008, donde vuelve a resonar el consejo jauretchiano:

“Un país no solamente es importante porque puede acumular reservas en el Banco Central; un país no solamente es importante porque cumple con sus condiciones macroeconómicas. Estos no son los fines, simplemente son los instrumentos para tener una mejor economía, y tener una mejor economía, significa mejorar la calidad de vida de la gente (…) Estas son las cosas, creo, que nos deben importar a los argentinos. La construcción cotidiana, sin pausa, sin descanso, de un país mejor”.

En Parque Norte el 27 de marzo de 2008, en medio de la reacción generada en los sectores agroexportadores por la política de retenciones, especialmente a la exportación de soja, la presidenta sostenía, en clara consonancia con el pensamiento de Jauretche:

“Hemos probado de todo los argentinos. Hemos probado desde 1900 para adelante muchas fórmulas. La fórmula de 'la Argentina del Centenario', agroexportadora únicamente, la riqueza concentreada en unos pocos y el resto, la 'ñata contra el vidrio'. Duró poco. Con el voto popular sube al gobierno Hipólito Yrigoyen. Luego, probaron, a partir de 1930, con los golpes militares”.

En la apertura del ciclo legislativo, el 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner exponía:

“Basta ver como los países más desarrollados protegen a sus trabajadores, a sus industrias y a sus productores. Se trata, entonces, de hacer nacer una Argentina con progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres, sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo”.

Muchos años antes, en Política Nacional y Revisionismo Histórico, Arturo Jauretche había escrito:

“En los países escasamente indujstrializados el subsidio debe venir, inversamente, del agro a la industria para que ésta alcance el nivel de desarrollo que permita mantener a la vez una población abundante y con buen nivel de vida”.

En ese mismo libro, el fundador de Forja, explicó para siempre algo que los gobiernos de Néstor y Cristina tuvieron notoriamente en cuenta. Dice Jauretche:

“El Fondo Monetario Internacional, al precio de momentáneos y precarios préstamos, obtiene la garantía, sine die, de la renuncia al ejercicio de la soberanía en lo económico, la limitación de los poderes nacionales en el gobierno y defensa de la economía propia y su comercio, y ata el futuro de los países que se somenten a la rueda estranguladora del interés compuesto reuniendo en una misma mano las capitulaciones nacionales y el establecimiento de la usura internacional”.

Y un eco de esa clara advertencia ser escucha en las palabras con que, el 21 de Septiembre de 2006, Néstor Kirchner se dirige al Consejo de las Américas:

“...decidimos cancelar al Fondo Monetario Internacional porque era imposible llevar la economía con la intervención de funcionarios burocráticos del Fondo, que no tenían una comprensión real del país. Le abonamos 10.800 millones de dólares y terminamos con un problema importante para el desarrollo de las acciones que debíamos llevar adelante”.

Como el lector podrá ver en estas citas que hemos escogido de los discursos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner y su contraste con algunos textos de don Arturo Jauretche, el pensamiento de éste, la tradición nacional en materia de Estado y economía que desarrolló a lo largo de innumerables artículos y libros están presentes en la política que sacó al país del marasmo neliberal. Se necesitaba tan sólo buscar soluciones propias, romper con la dependencia mental e ideológica impuesta en más de treinta años de predominio oligárquico, y las soluciones a cada requerimiento surgirían con claridad. Hubo argentinos, como Arturo Jauretche. que a lo largo del siglo XX pensaron al país y su destino. Su reencuentro con la política ha iluminado estos diez años de Proyecto Nacional.

Y para terminar: la reaparición de la juventud en la lucha política y el espacio que tanto Néstor como Cristina han abierto para las nuevas generaciones no es otra cosa el claro entendimiento de una advertencia jauretchiana expresada cuando la Argentina veía que una nueva generación pugnaba por tomar la posta. Decía don Arturo:

“No es posible quedarse a contemplar el ombligo del ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes. No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos”.

Néstor y Cristina eran parte de esos recién venidos, en sus años juveniles, y entendieron la enseñanza del viejo maestro. Con los nuevos, con los recién venidos ocupando los primeros puestos se están ganando nuevos combates contra una vieja Argentina que se resiste a los nuevos tiempos. En palabras de nuestra presidenta:

“Por primera vez ustedes -generación del Bicentenario- se están incorporando a la política no contra alguien, sino por alguien: por una historia, por la Argentina, por seguir mejorando las cosas”.

Notas
1Adalbert Krieger Vasena fue el primer representante argentino en el FMI, en 1955, después del derrocamiento del general Perón, y ministro de Economía de la llamada Revolución Argentina, bajo la presidencia de facto del General Juan Carlos Onganía. Su ministerio produjo una gran extranjerización del sistema bancario argentino.
2Roberto Alemann fue dos veces ministro de Economía. La primera en 1961, bajo la presidencia de Arturo Frondizi y como resultado de la presión militar. La segunda durante la dictadura cívico militar, en la presidencia de facto de Leopoldo Galtieri.
3Alvaro Alsogaray fue ministro de Industria durante la Revolución Libertadora, ministro de Economía del presidente Arturo Frondizi y, luego, del presidente José María Guido, en ambos casos respaldado por la cúpula liberal del Ejército. Finalmente fue embajador en los EE.UU. durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía.
4Julio César Cueto Rúa fue un abogado de formación liberal, ministro de Industria y Comercio con la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, dirigente de la Unión de Partidos de Centro (conservador liberal) y del Partido Demócrata de la Capital Federal. Fue conjuez de la Corte Suprema y director de la revista Análisis, una revista económica de orientación liberal.
5Roberto Verrier, ministro de Economía de la Revolución Libertadora.
6Las personas que menciona Arturo Jauretche, en su texto, eran los principales gurúes liberales de la época, principios de la década del 60.
7En ambos casos Jauretche se refiere a dos libros de cocina de la época. El Arte de la Mesa, de doña Lola, seudónimo de Dolores Clotilde Pietranera, y El Libro de Doña Petrona, de Petrona Carrizo de Gandulfo, fueron los dos libros de cocina más frecuentados y conocidos durante varias décadas.

9 de diciembre de 2011

La Fantasmagórica Historia Oficial y la señorita Ternavasio

La Fantasmagórica Historia Oficial y la señorita Ternavasio

La señorita Marcela Ternavasio, en su carácter de historiadora diplomada, publica en el Clarín de hoy un nuevo lugar común que deja en negro sobre blanco el carácter adocenadamente liberal del profesor Luis Alberto Romero y sus seguidores. Los lugares comunes del mitrismo y de los exilados porteños en Montevideo son los argumentos que usa para descalificar el gesto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al ceñirse con orgullo la divisa punzó.

La licenciada Araceli Bellota ha expuesto en ese mismo diario las condiciones políticas en que se impuso el uso de la cintilla federal: un estado de guerra civil, una oposición que desde Montevideo pedía la intervención extranjera, que no tardó en llegar con la flota francesa e inglesa.

En esos años, dos literatos de diverso talento llenaban cuartillas vituperando contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Internacionales de la Confederación.

Uno era un cordobés, José Rivera Indarte, creador de la Mazorca como emblema del régimen rosista, que pega el salto hacia el unitarismo al ser denunciado como estafador y falsificador de documentos. Instalado en Montevideo y a pedido del embajador francés, interesado en debilitar al gobierno rosista, Rivera Indarte se da a la tarea de escribir una lista de víctimas de Rosas por la que recibiría un monto determinado por la extensión de la misma. Demás está decir que la lista de Rivera Indarte, a la que se le puso el guignolesco nombre de Tablas de Sangre, fue interminable. Nombres de muertos que gozaban de excelente salud, así como de fallecidos años antes de la época de don Juan Manuel, se sumaban a acusaciones conspicuamente falsas como la responsabilidad por el asesinato de Alejandro Heredia, el caudillo tucumano.

El otro era el porteño José Mármol, quien “huyó” a Río de Janeiro como secretario del ministro plenipotenciario de la Confederación, Tomás Guido. Al parecer, algún comisario precupado por la virtud de su hija, en amores con Mármol, lo había detenido unos días en un calabozo. El viejo secretario de San Martín, Tomás Guido, quien tendría afecto por el mozo, y posiblemente un afecto paterno, lo saca de Buenos Aires. Ciertas infidencias en su cargo a favor del embajador inglés, hace que sea exonerado del cargo. Descubre así su fervor antirrosista y se instala también en Montevideo, donde dará forma al folletín Amalia, empalagosa y falsa visión de la sociedad porteña de entonces, que recién publicará con la caída de Rosas. Obviamente, la obra se convertirá, junto con las Tablas de Sangre, en la fuente mitrista liberal para condenar al rosismo.

Don Juan Manuel tenía la mano pesada, como la tenían sus enemigos que no habían dudado en ordenarle a Lavalle que asesinara a su primo Dorrego, pero advirtiéndole que destruyese la orden. El “violín y violón” no era privativo de los federales. Araoz de Lamadrid bañaba en sangre cada una de las provincias que recorría y cargaba de cadenas a la madre de Facundo Quiroga para enviarla a La Rioja. Los liberales de Montevideo denunciaban la falta de castigo a Camila y al cura Gutiérrez, para después acusar a Rosas de haberlos castigado. Sólo que la historia oficial se ha encargado de contar la versión de los triunfadores de Caseros y así lo siguen haciendo sus epígonos aunque intenten quitarse escandalizados el sayo.

Como se ve la “fantasmagórica” historia oficial que menciona la señorita Ternavasio comparte la afirmación que suele hacerse sobre los fantasmas: no existen, pero que lo hay, los hay.

Buenos Aires, 9 de diciembre de 2011

7 de diciembre de 2011

En la Cena de Fin de un Año Victorioso, el 26 de noviembre de 2011, en Buenos Aires.

3 de diciembre de 2011

En la inaguración de la CELAC,
Chávez volvió a citar a Jorge Abelardo Ramos

Desde México hasta Buenos Aires, ¡esta tierra ha parido gigantes y gigantas en estos siglos!

Comenzando por los gigantes que fueron los pueblos aborígenes que resistieron, aquí, la invasión europea, el genocidio, y el atropello, uno de los más grandes que puedan registrar los anales de la Historia.

Este Valle de Caracas que les da la bienvenida, el Valle de Guaicaipuro, los indios caribes, Ana Carina Rote... todavía se oye retumbando entre estas montañas, entre ese mar Caribe, entre estos valles !

¡Gigantes! ¡Gigantas! ¡Qué viven en nosotros hoy! Y que no están en verdad a nuestra espalda.

¡No! Están más bien delante de nosotros ! Retándonos en el tremendo desafío que se nos abre! En el tremendo desafío que nos abre la Historia de hoy y en la que estamos construyendo de hoy para mañana y para pasado mañana.

Bolívar fue uno de esos gigantes.

Casi todas las citas que yo tenía aquí, las trajo Calderón. Es muy bolivariano el Presidente Calderón. Allá en Cancún también.

Estábamos leyendo ayer con Cristina, que visitó el Palacio. Y luego vino Dilma, y estuvimos horas y horas. ¡Con estas dos gigantas! ¡Ellas son gigantas! (aplausos)

Estuvimos en reuniones bilaterales, continuando con el fortalecimiento, la integración económica, política, con Argentina, con Brasil, en estos casos específicos.

Estábamos leyendo un libro de Jorge Abelardo Ramos, libro que me llamó la atención, porque se llama Historia de la Nación Latinoamericana. Y allí buscando, y rebuscando en esas páginas de ese gran líder político, revolucionario argentino, escritor, ideólogo. Fue marxista y fue peronista. ¡Sí! Desarrolló la cuestión nacional... Perón-Perón, aquella fórmula. Ayer me estaban explicando.

Pero él narra, en alguna de esas páginas, el fervor que se desató en las calles de Buenos Aires, cuando se supo en enero de 1825, la victoria de Ayacucho, que como sabemos ocurrió, allá, en la pampa de la Quinua, el 9 de diciembre del año anterior, diciembre del 24.

Y cita Ramos testigos de la época, que dejaron escritas, como el gran intelectual que fue Alberdi o un General que era Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que escribe, después, mucho después, escribe que tuvo él que lanzar un decreto para poner orden en aquel delirio. ¡En aquel delirio en honor a Bolivar, a Sucre! ¡Un Gigante, pues! Delirio que duró un mes de procesiones con antorchas por las calles de Buenos Aires en honor a Bolivar.

Gigantes que terminaron como sabemos que terminaron su vida física.

Y de allí, Rafael, este libro! Pero solo para hacer referencia a esta frase, de una de las últimas cartas que Bolívar escribió. Muy poco antes de morir allá en Santa Marta. Una carta dirigida a Rafael Urdaneta, desde Cartagena, el 25 de setiembre de 1830. Bolívar renunció (en Bogotá) y se fue. Y le pedían que volviera. Les mandaban mensajes, le mandaban documentos firmados por no sé cuántas gentes, que volviera a retomar el poder. A salvar la patria.

Y él se negaba. Y explicaba a algunos, por escrito, incluso, por qué.

¡Fíjense esto! Dice Bolivar: “si no hubiera más que un sacrificio que hacer y que éste fuera el de mi vida, o el de mi felicidad, o el de mi honor, créame Ud. que no titubearía, pero estoy convenciddo que este sacrificio sería inútil, porque nada puede un pobre hombre contra un mundo entero, y porque soy incapaz de hacer la felicidad de mi país, me niego a mandarlo”.

Y hay más aún, termina diciendo, hay más aún, “los tiranos de mi país me la han quitado. ¡Ya no tengo Patria! Y yo estoy proscrito”.

Así, ¡yo no tengo Patria a quien hacer el sacrificio!

Bolivar murió sin Patria.

Por esos mismos días, un poquito antes, estaban fusilando en Buenos Aires a Manuel Dorrego. Un gran revolucionario y bolivariano amigo de Bolívar.

Y un poco antes habían asesinado de manera vil y cobarde, en la selva de Berruecos, al Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. ¡Cuando apenas tenía 35 años de edad!

¡Así terminaron aquellos gigantes !

Y San Martín, terminó lejos de la patria. Y O´Higgins igual. Y Artigas.

Y luego, los enanos, como diría un gran poeta chileno, que aquí vivió muchos años, Mafud Masiss. en un poema gigante, dedicado a Bolívar, dice:

“Enanos de largas trenzas se adueñaron de nuestros países y los picaron en pedazos”

Hoy, dos de diciembre, además, ¡qué coincidencia! Es bueno recordar que un día como hoy, en su mensaje al Congreso de los Estados Unidos, el Presidente de entonces, era 1823, James Monroe, lanzó la tesis, America for the americans. Ya Jefferson había dicho un poquito antes, que el destino de los Estados Unidos sería tragarse, una por una, las antiguas colonias españolas.

Así nació Estados Unidos. Es su naturaleza. Ojalá cambie algún día.

Nosotros queremos que cambie. Y que en ese gran territorio, florezca de verdad la Democracia,

el respeto a la soberanía de los pueblos, la tendencia a la paz, a la dignidad. La autodeterminación de los pueblos. (aplausos)

¡Que es lo que queremos, y es lo que pedimos!

Respeto, más nada, respeto.

Igualdad, libertad verdadera.

Grabado y transcripto por Mónica Chalbaud de Caracas, a quien agradecemos siempre su constancia y labor.

2 de diciembre de 2011

Cristina, Hugo Chávez y el Pensamiento de Jorge Abelardo Ramos

Cristina, Hugo Chávez y el Pensamiento de Jorge Abelardo Ramos

La escritora y periodista venezolana Mónica Chalbaud ha asumido sobre su responsabilidad la grabación y transcripción inmediata de los discursos e intervenciones de su presidente, Hugo Chávez. Esta vez lo hizo con el notable diálogo político entre entre el presidente de Venezuela y nuestra Cristina Fernández de Kirchner. De ese diálogo hemos extraído este momento que nos interesa sobremanera. En la víspera de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), Cristina y Hugo Chávez pasaron revista al pensamiento de Jorge Abelardo Ramos y su genial Historia de la Nación Latinoamericana.

Esta es la transcripción de ese momento.

Chávez: ¡Y hay que felicitar, por cierto, a Cristina! Fue reelecta ! No la hemos saludado de esa manera (aplausos)

¡A la reelecta Presidenta de las argentina0 y los argentinos! (siguen los aplausos)

¡Con un 54 % !

Cristina: ¡Sí! 54,11...

Chávez: 54

Cristina: 54, 11...No se te olvide el coma once !

Chávez: Voy a tratar de superarte en las elecciones del próximo año... (se ríe), o al menos, igualarte.

(aplausos)

Bueno, Cristina, quiero ir a la toma de posesión. Vamos a ir! Nicolás (Maduro) no está aquí porque está en la reunión de los cancilleres de la CELAC! Va a ser el 10 de diciembre, ¡y yo voy a ir ! Bueno Cristina, compañeros, compañeras: yo por eso decía que esa unidad, ese acercamiento, esa compenetración personal, política y estratégica entre el gobierno que dirigió Néstor y, ahora, el que tú diriges y nuestro gobierno, nuestros pueblos, nuestras naciones, eso viene de lejos. Yo creo que es un mandato de la historia para nosotros, argentinos, argentinas, venezolanos, venezolanas. Nuestra unidad es un mandato histórico. Es un mandato de la geografía, incluso pudiéramos decir. Aquella frase que Bolívar escribe desde el Orinoco, en plena guerra de liberación, en 1819, y le dice a quien entonces estaba al frente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que era Pueyrredón. Le escribe a Pueyrredón y a los habitantes del Río de la Plata. Mil ocho diecinueve, se me ha pegado un poco de ustedes lo de mil ocho diecinueve. Le dice: “Cuando las armas de Venezuela terminemos el proceso de nuestra Independencia iremos al Río de la Plata”, dice, “para forjar el pacto americano”. Y le dice al final: “Si la Providencia, si el cielo nos concediera ese voto, haríamos aquí la reina de las naciones y la madre de las repúblicas” . Y Bolívar casi llegó a Buenos Aires, ustedes saben. Casi, no llego a Buenos Aires porque se lo prohibe de Bogotá el movimiento antibolivariano que ya estaba cuajando en manos de Santander. El era presidente de la Gran Colombia y le llaman de Buenos Aires, entre otros el Loco Dorrego.

Cristina: Te cuento algo. Hace unos días firmé un decreto que ha levantado algunas críticas de la historiografía liberal en la Argentina. Se creó el Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, en el cual se va a estudiar todo lo que es la historia de Iberoamérica, pero no desde la perspectiva de los colonizadores o de los que vencieron en los distintos países, sino desde la perspectiva de lo que fueron los roles históricos en materia económica, en materia social, en materia de independencia. Esto ha levantado un poco de revuelo porque hay una historia oficial. En todos los países siempre hay una historia oficial, sobre todo en aquellos que han tenido dictaduras y fuertes subordinaciones culturales, que es la que nos enseñan en los colegios y nos cuentan. Pero todos sabemos que esa no es la verdadera historia. Era esta pequeña disgresión. No quería interrumplirlo, Presidente, discúlpeme. He tomado su costumbre, ya ve. No me debo juntar demasiado con usted. Adelante. (aplausos)

Chávez: Cristina, no, lo que has hecho no ha sido más que alimentar aún más mis reflexiones, alimentarlas. Y me parece tan bueno eso. Aquí a mi me acusa la burguesía de que estamos cambiando la historia... Bueno, la estamos cambiando en verdad. Hoy y hacia el futuro. Pero la pasada, el relato histórico. La verdad es que ellos falsificaron lo que realmente aquí ocurrió. Y ahora estamos haciendo un esfuerzo por colocar las cosas en su justo lugar, tratando de ser bien objetivos. Aquí en Venezuela casi nadie sabía que a Bolívar lo expulsaron de acá. Yo vine a enterarme cuando era capitán, era profesor de historia militar y buscando y buscando veo el decreto de expulsión de Bolívar. Te juro que aunque habían pasado ya casi doscientos años a mí se me fue la sangre a la cabeza y agarré mi espada de capitán y me provocó brincar doscientos años atrás a defender a Bolívar. Porque no hubo o casi no hubo quien lo defendiera. El pobre se quedó solo. Íngrimo y solo.

Y hay una frase de Bolívar, hacia el final de sus días, que dice textualmente: “¿Qué puede un pobre hombre contra el mundo?”.

De allá viene todo este impulso. Bolívar, San Martín. ¡El Abrazo de Guayaquil! Ese es un desafío para nosotros, argentinas y argentinos, venezolanos y venezolanas: el Abrazo de Guayaquil y todo lo que ocurrió luego.

Por cierto, hablando de Dorrego, en las notas que me hacen los compañeros, Clips Históricos, el 1° de diciembre, hoy -mira ya llegó casi la Navidad-, pero de 1828, ¡qué casualidad!, una conjura azuzada desde Londres, hecha del poder al gobernador legítimo de la provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego. El representante del imperio británico, Lord Ponsomby (lee el nombre con dificultad)

Cristina: Lord Pónsomby (aclara). Hay una obra de teatro fantástica que es un diálogo entre Lord Pónsomby y Dorrego escrita por Pacho O'Donnell. Es excelente. Y te voy a decir algo, vos decís que a Bolívar lo echaron de aquí. Yo te voy a decir algo de Manuel Belgrano, otro gran patriota, que tal vez no tenga...

Chávez: Me has hablado mucho tú de Belgrano.

Cristina: Ah, mi preferido es Belgrano. Que eso me valió un título que casi los de River me matan. Pero, bueno, no importa. Porque Belgrano es un equipo de fútbol que le ganó a River y yo dije esto, “mi preferido es Belgrano”, y un diario puso “el preferido de Cristina es Belgrano” (risas)

Belgrano, y afortunadamente no lo cumplió, había recibido desde Buenos Aires la orden de retirarse del Norte, y si él no hubiera desobedecido las órdenes no hubiera vencido en las batallas de Salta y Tucumán, hubiera sido imposible, luego, lo que hizo San Martín. A San Martín se lo puede entender en el cruce de los Andes y en la campaña del Perú por los triunfos en el Norte de Belgrano. Y a Belgrano le habían ordenado que abandonara esas posiciones y volviera con las tropas a Buenos Aires, con lo cual los realistas hubieran avanzado. El desobedeció y los venció, y las derrotas que les infringió en Salta y Tucumán fueron determinantes, como también otro gran argentino como Miguel de Güemes.

Chávez: Es el paso de los Andes que viene luego ¿no?

Cristina: Claro, el tenía que dar esas batallas e impedir la entrada, porque hubiera sido inútil la marcha por el Pacífico de San Martín., que también ha sido una obra... inspirada en Aníbal, pienso yo. El cartaginés que intentó cruzar los Alpes para ingresar a Roma. Bueno, te dejo con Dorrego...

Chávez: Que bueno que nos juntemos, mira. Estamos en cadena nacional. Bolívar hizo lo propio por acá en 1819, cruzó los Andes rumbo a Boyacá, pues. Y liberó Nueva Granada. Por eso que este cuento viene de lejos y tiene raíces muy, muy profundas y muy vivas hoy. No son raíces que estén muertas, no. Son raíces vivas. Es una historia viva, retadora, excitante, comprometedora.

Derrocaron a Dorrego un día como hoy en 1828.

Belgrano, recuerdo que, así como tu contaste que echaste unas lágrimas cuando yo anuncié mi cáncer... y Cristina tenía días y días llamando a La Habana. Nicolás me dijo: “Yo no encuentro qué decirle a Cristina... ¿Qué le digo?” Y al final me contó que Cristina le dijo: “Nicolás, está bien, no me digas nada”. Lo regañaste.

Cristina: Me enojé, sí, me enojé.

Chávez: Y le dijiste: “Yo me imagino que Hugo ha de tener algo serio, porque yo me caí, me dí un golpe y no me llamó. ¡Y fui postulada como candidata, y tampoco me llamó!

Cristina: Fue cuando me caí en acto y me abrí la cabeza. Y vos por cualquier cosa me llamabas y cuando me caí, ¡no me llamaste! Y anuncié que iba a someterme de vuelta a consideración del electorado, ¡y no me llamaste! Y ahí fue que me di cuenta que estaba pasando algo. ¿Por qué, cómo no me llama?

Chávez: ¡Y salió regañado Nicolás! Entonces, igual yo, yo lloré de indignación, una noche, iba manejando una noche, mi carrito, en Fuerte Tiuna, iba yo regresando, a medianoche casi, regresaba a la Escuela Militar, donde trabajaba de Capitán, 1981, y venía yo oyendo radio y ¡dan la noticia del hundimiento del Belgrano!

Cristina: Claro...

Chávez: El Belgrano, que creo que no era ningún barco de guerra, creo que llevaba pasajeros.

Cristina: No, no, era el crucero General Belgrano que estaba fuera de la zona de exclusión. Fue un crimen de guerra, no fue un acto de guerra, ¡fue un crimen de guerra!

Chávez: ¡Nunca se me olvida esa noche! Bueno. Cristina, por eso decía en mis reflexiones que esa historia nos impulsa ¡y aquí nos trajo! ¡Comenzando el siglo XXI ! Mira! (le acerca un libro) ¡Jorge Abelardo Ramos! Este libro, que lo estoy leyendo ahora, ¡preparándome para la CELAC!

Cristina: (Se ríe)

Chávez: ¡Sí! Estudiando, y como me lo regalaron unos argentinos en el 2003... Me dicen aquí: “Sr. Presidente Hugo Chávez -un 17 de agosto del 2003- ¡Por un Ayacucho definitivo! ¡A paso de Vencedores! Natalia Fosatti y Andrés Ruiz, orgullosos de haber bailado un tango para Ud. en representación de nuestro pueblo, y por la unión de las naciones”. ¡Me regalaron este libro!

Cristina: El hijo de Ramos es uno de los historiadores que está en este Instituto iberoamericano Manuel Dorrego! (ella, en su conversación, poco antes, había nombrado ese Instituto como algo muy positivo). Fíjate tú.

Chávez: ¡Aah!...

Cristina: Ves como la Historia....

Chávez: ¡Nosotros deberíamos hacer una réplica aquí, en Caracas, de ese Instituto! ¡Claro! Fíjate lo que escribe aquí Jorge Abelardo Ramos, un marxista y que enfoca muy bien la cuestión nacional. ¡La cuestión nacional!

Cristina: Él integra la corriente de marxistas, con Hernández Arregui, entre otros, que interpretaban la Historia. Eran marxistas pero tenían una mirada nacional de los problemas. El integró esa corriente historiográfica, también.

Chávez: ¡Y apoyó a Perón!

Cristina: ¡Claro! En el año 73, cuando se produce la fórmula Perón-Perón. Que ya había un ambiente caldeado, el histórico en esos momentos, y, surge la fórmula Perón-Perón, y él lo lleva en la boleta del FIP

Chávez: ¿Cómo fórmula Perón- Perón?

Cristina: ¡Claro! Cuando Cámpora renuncia y Perón se postula. El postula como Vicepresidenta a Isabel, a su mujer, a Isabel Perón. Y como esto provocó mucha efervescencia y muchos sectores juveniles y de centro izquierda, que no querían demasiado a la esposa de él, Abelardo Ramos, desde el FIP, también lleva la fórmula Perón-Perón y dice: “Vote a Perón desde la izquierda”. Y él lanza eso. Y obtiene ocho cientos y pico mil votos, casi un millón de votos, de los que sacó Perón, en un record histórico de 62%, fueron aportados, de...

Chávez: ¡Desde de la izquierda, pues!

Cristina: No eran votos de Jorge Abelardo Ramos, obviamente. Era gente que quería votar por Perón, pero desde un lugar, diferente, ¡sí!

Chávez: De movimientos de izquierda, de sectores populares. Fíjate. En este capítulo, el siete, de esta maravillosa obra, que se llama “De Bolívar a Bolivia”, dice Jorge Abelardo Ramos: “El pueblo de Buenos Aires festeja a Bolívar”. Leo aquí, sólo este párrafo: “La noticia llegó a Buenos Aires a las 8 de la noche del 2 de enero de 1825. Alberdi, recordará su niñez”... Alberdi, un escritor...

Cristina: Juan Bautista Alberdi fue un hombre que integró primero la generación de Mayo. ¡Ay! ¡Parecemos unos Profesores de Historia! En Buenos Aires dirían: “¡Uh, otra vez la pesada esta dando Historia! (Se ríen) Bueno, Juan Bautista Alberdi fue uno de los hombres más preclaros, pero se puso preclaro al final de sus días, cuando vio la historia..., a ese Alberdi de las Obras Póstumas lo ocultan y lo ignoran. ¿Sí? Muestran al Alberdi que fue antirrosista, el Alberdi de la llamada generación de Mayo... Pero no muestran el Alberdi maravilloso de las Obras póstumas que te cuesta encontrarlas. Yo las encontré en una librería perdida de la calle Corrientes porque no se encuentran en ninguna parte.

Chávez: Creo que era niño, entonces...

Cristina: Era muy joven. Y tuvo una postura no del todo nacionales y populares. Pero al final de su vida revé toda esa postura y, bueno, es el hombre de las bases constitucionales argentinas, y realmente, es un personaje del que se muestra una primera parte de él. Pero el Alberdi del final, el Alberdi que advierte por donde viene la cuestión nacional y popular, el de sus obras póstumas, a ese lo desaparecen. Como a tantos otros.

Chávez: Fíjate lo que dice Ramos de Alberdi. “Alberdi recordará su niñez: Comillas (Cita a Alberdi): “Mi primera impresión de Buenos Aires son los repiques de campanas y las fiestas en honor a Bolívar por el triunfo de Ayacucho”. Cierra las comillas. Muchos años más tarde, en su vejez, el general Gregorio Las Heras, que se desempeñaba como gobernador de Buenos Aires, al llegar la gran noticia, evocaba sus impresiones con su verba de viejo soldado: 'Sacaron en procesión el retrato de Bolívar por las calles con hachas encendidas en noche de pampero...

¡Noche de pampero!, ¿qué es?

Cristina: El pampero es el viento...

Chávez: Ah, ¡de la pampa! Del viento, de la brisa de la pampa. ¡Qué bien este viejo de las Heras! Escribe mucho tiempo después esto, ¿no? Hachas, debe ser antorchas... Dice: “hachas encendidas en noche de pampero. Volcán de fiestas y alegrías en la ciudad, por un mes”. Y termina diciendo: Tuve que tirar un decreto para reglamentar el delirio”. ¡Así recibieron la noticia de Ayacucho! Por eso hoy, con ese mismo delirio, ¡aquí tenemos a Néstor! ¡A San Martín! ¡A Perón! ¡A Eva! ¡Y a tí! ¡Y a todos Uds.! (aplausos)

¡Compañeras y compañeros! ¡La Patria Argentina ! (aplausos)

¡Solo sigamos enfrentando el desafío! El desafío del Sur. ¡El desafío nuestro!

Yo, por supuesto que todos los países de América Latina y todos los países del Caribe. Y todos los países de Suramérica tienen su peso propio, tienen su propia grandeza, tienen su importancia tremenda! Pero, la geopolítica: Caracas, Buenos Aires. El Caribe y el Atlántico Sur. El Orinoco y el Río de la Plata. Muchas cosas harán falta para la definitiva unidad de Suramérica. Y más allá, el Caribe, América latina! Pero una de ellas, y la más importante, y lo creo firmemente, lo creemos, es la relación que podamos seguir haciendo, estructurando, fortaleciendo, en el eje Caracas - Buenos Aires.

Y aquí estamos haciéndolo! Hoy lo hemos hablado bastante en la reunión con nuestros Cancilleres, con nuestros Ministros y Ministras, y Embajadores.

Y ahora, que Cristina está a punto de comenzar un nuevo período, de ocho años!

Cristina: ¡De Cuatro!

Chávez: De cuatro. Perdón, de cuatro, de cuatro años. (Se ríe)

Cristina: Ni se te ocurra decir eso, por Dios! ¡Desde ya me imagino la prensa con 80 titulares! ¡Cuatro años! ¡Es más que suficiente !

Chávez: Cuatro años. Y el año que viene comenzaremos nosotros, otro período de seis años. Pero, bueno, tenemos por delante, digamos, conjuntamente, cuatro años, para fortalecer lo que hemos logrado y para lanzar la relación estratégica a nuevos niveles, de mayor peso. Sobre todo que ahora tenemos al mundo. Lo que está pasando en el mundo. Que no lo teníamos hace ocho años. No lo teníamos hace un año, incluso. Tú estabas en el G-20 y nos comentabas algunas cosas. Anoche, yo veía en Telesur, ¡que cada día está mejor Telesur! ¡No dejen de ver Telesur! ¿ Débora, tú ves Telesur?

(Débora Giorgi asiente entre asombrada y complacida)

Néstor un día me llamó, ¿sabes que me dijo un día Néstor? Estaba yo hablando, no sé donde, y yo, la culpa no era mía! Entonces Telesur estaba pegada a una cadena mía. ¿Eh? Y yo, habla que habla. Y entonces llama Néstor: “Díganle a Chávez que suelte a Telesur que me hace falta para dormirme. (Se rie) Yo me duermo con Telesur”. ¿Te acuerdas? (Se rie) Él me llamó, después, en la noche, y hablamos. “Yo me duermo con Telesur, dile que suelte a Telesur, chico” (Se rie) La culpa no era mía, Telesur estaba transmitiendo un acto...

Cristina: En Argentina, por ejemplo, los canales de televisión transmiten un poquito de lo que pasa en el Mundo. Casi uno no se entera. Si uno quiere saber lo que está pasando en Londres o en Nueya York, en Grecia, en Europa, en Oriente Medio, tiene que poner Telesur, porque, en realidad, los canales como que no quieren mostrar lo que pasa en el mundo, no sea cosa que los argentinos se aviven y se den cuenta de lo que tenemos, ¿no? Me parece que también, muchas veces debe obedecer a eso, a una estrategia. No son todos, sería injusto generalizar, pero, la mayor parte no pasa nada.

Chávez: Afortunadamente, Cristina, así lo veo yo, modestamente, mirando, como he estado yo estos cuatro o cinco meses un poco en retaguardia, con más tiempo, para ver, analizar, estudiar un poco. Lo que a Europa le está ocurriendo ahora, por aquí ya pasó ya. Aquí pasó lo que está ocurriendo en algunos países de Europa, de África, rebeliones populares de distintos signos, ¡nosotros ya lo vivimos aquí! ¿El Caracazo qué fue? ¡Uds. allá en Buenos Aires? ¡El modelo neoliberal! ¡El hambre! ¡La miseria! ¡La Deuda Externa! ¡Las imposiciones del Fondo Monetario Internacional! Eso fue otra cosa magistral que Néstor hizo. El diseño aquel estratégico financiero. Que lo hablamos en el Orinoco, recuerdo. Estaba ahí Julio De Vido. ¡Desde aquí le mando un saludo a Julio De Vido!

Ahora, en la situación que hoy vive el mundo, en este marco de una crisis terrible que nadie sabe donde va a terminar, aquí estamos nosotros, ¡en Nuestramérica, pues!

Creo que no es que estemos en óptimas condiciones, pero tenemos buenas condiciones, ¿eh? para pensar en un Proyecto, más allá de lo nacional, de lo nacional nacional, permítanme la expresión, para enfocarnos a un Proyecto Gran Nacional, permítanme también esa expresión... Porque estaba también leyendo aquí a Aldo Ferrer...

Cristina: Nuestro Embajador en Francia.

Chávez: ¡Ah! ¿Está en Francia? Y Helio Jaguaribe, este librito lo tengo hace varios años, Argentina y Brasil en la reflexión Mercosur o ALCA. Esta la dimos en Mar del Plata. Y aquella frase de Nestor (se ríe) ¡Aquí no vengan a patotearnos! ¿Te acuerdas?

Cristina: Pusieron cara como de ¿ qué nos está diciendo?

Chávez: Salieron aquellos señores, por allá, silenciosamente. Yo recuerdo, ¡Nestor era muy hábil! ¡Muy hábil! Me llamó aparte y entonces me dijo: ¡Mira Hugo, tú que hablas tanto! A estos tipos los vamos a cansar aquí. ¡Los vamos es a cansar! Estaban sudando, sudando. Y me dijo: Cuando yo necesite ganar tiempo, te doy la palabra, en cualquier momento, y tú hablas, y hablas, y hablas. (se ríe) Y así lo hizo, como tres veces! En algún momento, yo creo que salí al baño, y me dicen: Mire que le toca hablar... ¿ A mí? ¡Sí! ¡Le dieron la palabra al Presidente de Venezuela! Y cada vez que yo tomaba la palabra, Mister Danger se levantaba y se iba no sé pa' dónde. Me impresionó la habilidad, la dirección de aquella reunión. Si no, ¡nos hubieran impuesto el ALCA! Esos gobiernos, la gente estaba resuelta, incluso querían hacer una votación. Tú estabas ahí. Querían hacer una votación. Ahí fue cuando él dijo: ¡Aquí no vengan a patotearnos! Una expresión muy típica de los argentinos.

Bueno, Cristina, ¡y tú ? Yo no voy a abusar del tiempo. Por ahí viene la Presidenta Dilma, la Presidenta de Brasil. Y tenemos otra bilateral. Ojalá nos podamos conseguir los tres, y conversar algunas ideas. De esto, ¡del tema de la Gran Nación! Uds. que son ministras, ministros, embajadores, empresarios, también hay aquí, gobernadores, y mis compañeras y compañeros, tengamos esto, cada día, más firmemente, aquí, entre pecho y espalda, en la conciencia: la cuestión nacional, que aquí la desarrolla muy bien, Jorge Abelardo Ramos. Pero la desarrolló muy bien, y sobre el mapa y sobre el terreno, ¡San Martín! ¿Por qué San Martín se vino hasta Guayaquil? ¡Y casi llegó a Caracas! ¿Y por qué Bolivar se fue y llegó casi a Buenos Aires?

Porque estaban claros, mucho antes de que salieran las tesis de la cuestión nacional, de que ninguno de nuestros países, por si solos, tendría futuro en un mundo, que como decía Bolívar, se movía muy rápido. Se aceleraba muy rápido, desde entonces, amenazado por grandes Imperios, ¡los viejos y los nuevos Imperios!

¡Hoy tenemos, tenemos una gran oportunidad de darle vida a un Proyecto Gran Nacional Suramericano!

25 de agosto de 2011

Retorno y presencia de Jorge Abelardo Ramos


Retorno y presencia de Jorge Abelardo Ramos

No hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado.

Víctor Hugo

América Latina no es un conjunto de naciones: es una nación deshecha.

Felipe Herrera

En la década del 50 del siglo pasado, Jorge Abelardo Ramos, un joven trotskista de treinta años, publicó un libro titulado “América Latina, un país”. Desde el título, se lanzaba una notoria provocación y se introducía en el debate político de la época. En efecto, para el pensamiento impartido en las universidades, escuelas, academias y diarios de la época ese título movía, en el mejor de los casos, a un displicente gesto de conmiseración ante la ignorancia, torpeza o ligereza intelectual del autor. La idea misma de que nuestro continente fuese un sólo país sólo podía ser el resultado del razonamiento de un orate. Era evidente de toda evidencia que América Latina no era ni podía ser un país. Así como Europa estaba constituida por más de dos decenas de países, con lenguas, religiones, tradiciones culturales, mitologías, gobiernos y ejércitos distintos, nuestro continente también estaba formado por una veintena de países y las relaciones diplomáticas entre ellos eran de la misma naturaleza que las que cada uno de ellos podía tener con Austria o Finlandia.

En sus artículos publicados en el diario Democracia, el presidente Perón, bajo el seudónimo de Descartes, venía planteando la idea de los estados continentales, que luego se plasmaría en el llamado Nuevo ABC. En aquellos años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, pensar que la Argentina propusiese algún tipo de unión estratégica con alguno de sus vecinos sólo podía ser entendido como una forma de expansionismo o anexionismo. La prensa trasandina, en 1952, interpretaba que detrás de la visita del presidente argentino a su par chileno, Carlos Ibáñez del Campo, subyacía la idea de anexar a su país. De “imperialismo argentino” calificó, por su parte, el magnate de la prensa brasileña Assís de Chateaubriand la propuesta de Perón, en 1953.

León Trotsky, el bolchevique perseguido por Stalin, había escrito en 1934, tres años antes de que la Revolución Mejicana, bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas le diese asilo: “Los países de Sud y Centro América no pueden librarse del atraso y del sometimiento si no es uniendo a todos sus Estados en una poderosa federación. Esa grandiosa tarea histórica no puede acometerla la atrasada burguesía latinoamericana, representación completamente prostituída del imperialismo, sino el joven proletariado latinoamericano, señalado como fuerza dirigente de las masas oprimidas. Por eso, la consigna de lucha contra las violencias e intrigas del capital financiero internacional y contra la obra nefasta de la camarillas de agentes locales, es: ‘Los Estados Socialistas de Centro y Sud América”. De esta visión del revolucionario ruso, iluminada aún por las llamaradas proletarias de Octubre de 1917, Jorge Abelardo Ramos comenzó a desentrañar, hacia el pasado y hacia el futuro, la naturaleza histórica de América Latina. La audaz propuesta de Perón atrajo su atención y, a partir de esos años su mayor preocupación política e intelectual fue desarrollar un sistema de ideas que fundamentase y diese consistencia operativa a la constitución de lo que comenzó a llamar la Nación Latinoamericana.

Ni Perón ni, mucho menos, Ramos fueron escuchados por sus contemporáneos en este punto central. La época había logrado hacer surgir la idea. Pero esta no había logrado encarnarse en las grandes masas, no había logrado convertirse en fuerza material, por radiante que apareciese a la inteligencia de algunos pocos hombres y mujeres. Se necesitaría medio siglo y dolorosas experiencias políticas y sociales para que la idea, lentamente, se convirtiese en un incontenible movimiento de pueblos y estados.

Jorge Abelardo Ramos, cuyos libros lograron convertirse en una especie de best sellers políticos, durante los años '60 y parte de los '70, falleció en 1994. Pocas voces salimos en ese momento al rescate de su ideario, de su pensamiento y de sus obras.

Pero, como el Cid Campeador que logra la victoria después de su muerte, Ramos, sus libros y sus ideas se han convertido en centro y fuente de los apasionantes debates que hoy vive la sociedad argentina. Desde la agudeza y sensibilidad de algún columnista de La Nación, para descubrir el instrumento ideológico hostil a su hegemonía cultural, hasta las nuevas publicaciones oficialistas, como Tiempo Argentino o Miradas al Sur, han descubierto en Ramos la inspiración de muchas de las ideas y propuestas que son impulsadas desde la presidencia de la Nación, sobre todo en materia de diplomacia latinoamericana. El propio ministro de Economía y candidato a vicepresidente, Amado Boudou ha recurrido al conocido aforismo forjado por Ramos para referirse a su punto de vista sobre la Unasur. “Somos argentinos, porque fracasamos en ser latinoamericanos”, declaró el ministro. Casi no pasa semana sin que su nombre o alguna cita suya aparezca en los diarios. Hasta Cristina Fernández de Kirchner comentó, en varias oportunidades, haber votado a Perón, en 1973, con la boleta del Frente de Izquierda Popular. “De rebelde”, habría dicho la presidenta.

La idea, la grandiosa idea de la Nación Latinoamericana ha, por fin, encontrado su cauce en el mundo real. Desde la península de Paraguaná, en el Caribe, hasta la península antártica, en el Pasaje de Drake, es la extensión de ese nuevo protagonista. Ala idea sanmartiniana y bolivariana, que imaginaba Ramos, le ha llegado su tiempo.

Buenos Aires, 25 de agosto de 2011