13 de agosto de 2011


La Unasur rescata la creación del chileno Felipe Herrera

La reunión de ministros de Economía del Unasur, realizada en Buenos Aires el 12 de agosto de 2011, silenciada torpemente por los grandes monopolios informativos, ha sido uno de los jalones más importantes en la consolidación de nuestro gran bloque continental.
Ante el pavoroso desarrollo de la crisis general del sistema imperialista basado en el capitalismo financiero, nuestra región ha respondido como nunca antes en nuestra historia pudo hacerlo.

La crisis del año 1929 sacudió todas nuestras economías sin control alguno, generó una ola de desocupación y empobrecimiento que aún hoy recuerdan los más ancianos y dio inicio a una dolorosa y espontánea migración hacia las grandes ciudades de millones de hombres y mujeres que habían perdido toda esperanza en sus pagos natales.

Por primera vez esta crisis, que eclipsa en poder destructor a la de aquellos años, encuentra a nuestro continente en un exitoso proceso de integración y unificación política y económica. La idea del blindaje de Suramérica, para evitar que la producción industrial excedente y los capitales especulativos se vuelquen a nuestros mercados nacionales, complicando el lento camino de recuperación iniciado en la última década, tuvo una respuesta unánime. Tanto Argentina, Brasil y Venezuela, como Colombia, Perú y Ecuador han acordado medidas, con el resto de los países de la región, que impidan la contaminación de nuestras economías y el resguardo de las mejorías alcanzadas por nuestros pueblos.


En ese marco es que se ha discutido el replanteamiento del papel que debe jugar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al considerar que, más allá de la creación, en un plazo más mediato del Banco del Sur -dificultado por los complejos trámites políticos y administrativos- la región debe tomar en sus manos aquel instituto que creara, en 1960, el insigne chileno Felipe Herrera.

Vale la pena recordar quien fue este gran patriota latinoamericano.

El abogado y economista Felipe Herrera nació en Valparaíso en 1922, fue militante del Partido Socialista, primero, y del Partido Socialista Popular, posteriormente. En 1953 fue nombrado ministro de Hacienda por el presidente Carlos Ibáñez del Campo, en el mismo año en que Perón, desde Buenos Aires lanza su proyecto del Nuevo ABC. El joven ministro se convirtió en un admirador de la propuesta integradora del presidente argentino, a punto de que Alberto Methol Ferré lo considera el principal discípulo y continuador del ideario continental de Perón. Puede decirse, sin exagerar, que a partir de 1955, fue el chileno Felipe Herrera quien desde los libros, la acción política y diplomática continuó esos proyectos disueltos con la caída de Perón ese año y el suicidio del brasileño Getulio Vargas en el año 1954, en el momento en que el imperialismo norteamericano se despliega en el continente. En sus memorias, escribe Herrera: “Hasta ese momento (finales de los años cincuenta) la política norteamericana frente a América Latina estaba fundada en tres objetivos globales y permanentes: prevenir cualquier alineamiento de algún país del hemisferio con una potencia rival; asegurar la presencia económica de los Estados Unidos en América Latina, y procurar el establecimiento de regímenes estables en Latinoamérica, lo que en muchos países se tradujo en la instalación de prolongadas dictaduras”.


El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) fue el resultado de los ingentes trabajos de Felipe Herrera en la búsqueda de la integración de nuestra región. Fue creado originalmente con la finalidad de financiar las grandes obras de infraestructura que nuestro continente reclamaba para la modernización de sus economías primarias y el intercambio en el seno de la región. Detrás de su construcción estaba el convencimiento de Herrera en las posibilidades de la Nación Latinoamericana. Decía en su discurso “Integración económica y reintegración política”, pronunciado en Salvador de Bahía, en agosto de 1962: “No es una entidad ficticia la nación latinoamericana. Subyace en la raíz de nuestros Estados modernos, persiste como fuerza vital y realidad profunda. Sobre su singular material indígena, diverso en sus formas y maneras pero similar en su esencia, lleva el sello de tres siglos de dominación ibera. Experiencia, instituciones, cultura e influencias afines la formaron desde México hasta el Estrecho de Magallanes. Así, unitaria en su espíritu y en su fuerza, se levantó para su independencia”.


La presión norteamericana y la deserción de gran parte de las burguesías latinoamericana a la causa de la independencia económica del continente fueron convirtiendo a la creación del doctor Felipe Herrera en un instrumento del imperialismo norteamericano. Las sucesivas direcciones, posteriores a las del fundador, resistieron, en el mejor de los casos, los designios yanquis, convirtiéndose en voceros de intereses que no eran respetados en las decisiones financieras de la entidad.
Que la reunión de ministros de Economía de la Unasur hayan decidido rescatar esta institución hace evidente que la prédica de Felipe Herrera, colaborador del gobierno de Salvador Allende derrocado en 1973, no fue en vano. El ministro brasileño Guido Mantegna ha declarado: “El BID ha otorgado un financiamiento importante hacia América Latina, pero fue desvirtuado a lo largo del tiempo, y no es controlado por los países latinoamericanos. Debería ser el Fondo Monetario de los países latinoamericanos”.

No era otro el pensamiento y el deseo del chileno Felipe Herrera. A quince años de su muerte América del Sur se está reencontrando con este precursor, al que el predominio del Consenso de Washington sepultó en un injusto olvido.


Con la asunción de nuestros destinos, comenzamos también a asumir nuestro gran pasado y sus héroes.

Buenos Aires, 13 de agosto de 2011

28 de julio de 2011


El Frente Nacional y Popular le ganó al Frente Progresista

Santa Fe

Si los candidatos presidenciales de la oposición se embriagan con el festejo de los estrepitosos fracasos kirchneristas en la Capital, Santa Fe y Córdoba, es muy probable que dentro de apenas 20 días se despierten con la resaca implacable de una derrota propia. (Martín Rodríguez Yebra, La Nación, 26 de Julio de 2011)

Como ya se sabe, La Nación no escribe para la gilada. Su función es alertar y orientar al establishment económico, político y social del país para que tome las decisiones correctas y necesarias. De ahí la importancia de la cita con que comienza esta nota. Lejos de los chisporroteos y fuegos de artificio mediáticos tendientes a confundir el análisis, el periodista de La Nación pone en negro sobre blanco el verdadero y real panorama electoral de la Argentina.

Las elecciones de Santa Fe tuvieron un sólo e importante perdedor: el oficialismo provincial que bajó casi diez puntos desde la última elección, siendo alcanzado por un candidato de la farándula miamera. Perdió el control del congreso provincial, en ambas cámaras y las intendencias se repartieron entre los candidatos del Frente Progresista Cívico y Social y los del Frente Santa Fe para Todos. Por su parte el candidato Miguel Del Sel, si bien logró un sorprendente segundo puesto, el mismo no significa ninguna modificación de la relación de fuerzas en la política santafesina. Pasados los quince minutos de fama del candidato mediático, las fuerzas que en ella se expresaron -disímiles y contradictorias- se disolverán en la política real. Como lo ha expresado el viejo amigo y compañero santafesino Hugo Stratta, en unas interesantes reflexiones escritas quince días antes del comicio: “El midachi expresa una corriente del liberalismo portuario de ingrata e infausta tradición en nuestro país. En lo ideológico se espeja en Macri, cuyas definiciones políticas apuntan a que hay que reinsertar a la Argentina en el mundo, etc. Por ello, creo que va a ser ave de paso en la política local. Ha usado los cuadros prestados por la Fundación Libertad de Rosario - cenáculo que concentra lo mas cerril del liberalismo antinacional - y algunos gajos del justicialismo - prestados por Duhalde en la torpe utopía de alcanzar el poder, sin programa, sin política y de la mano de Macri-”.

El candidato a gobernador del Frente Santa Fe para Todos, Agustín Rossi, fue una de las figuras de mayor exposición pública durante el embate desestabilizador contra la ley 125 de la presidenta Cristina. Baste recordar las cobardes agresiones sufridas en la localidad de Laguna Paiva, el 3 de febrero de 2009, y en Reconquista, el 23 de mayo del mismo año, por parte de patotas integradas por ricos productores sojeros envalentonados por el anonimato y el número. Fue un candidato que sostuvo con firmeza la política del gobierno nacional y con ello ganó en las internas del PJ. La incorporación como primer diputado nacional de Omar Perotti, identificado con los sectores opuestos a Rossi, no alcanzó para que su candidatura atrajese la totalidad de los votos peronistas.

Pero la lista de diputados encabezada por María Eugenia Bielsa, en la que se reflejan las distintas tendencias del peronismo santafesino, conquistó un resultado que deja en claro la posibilidad de crecimiento de una política que, expresando su coincidencia estratégica con la Casa Rosada, sea capaz de integrar a la mayor parte del sistema de fuerzas nacionales.

En la nota antes citada, Hugo Stratta reprocha el tono de la campaña del candidato a gobernador del Frente Santa Fe para todos: “Una ojeada al debate de los candidatos a gobernador y algunas sensaciones, sin ser un analista político ni un encuestador, me llevan a pensar que en las próximas elecciones los errores que ha cometido Rossi - en mi opinión, por supuesto - lo llevan inexorablemente a perder por bastante margen con Bonfatti y también a que Del Sel realice una muy buena elección, no se si para sacarle el segundo puesto a Rossi.

Los ejes utilizados por Rossi, han sido en muchos casos - no en todos - plantear que Bonfati era una especie de Muñeco parlante de Binner, es decir un segundón. A mi parecer el socialismo y sus socios radicales en Santa Fe han realizado un mal gobierno, que da lugar a la existencia de muchisimos flancos que un candidato con intención de alcanzar el poder en la provincia debería haber atacado. El engrosamiento de la administración, el déficit del presupuesto, el intento de aumentar alevosamente los impuestos, la demora de obra publica imprescindibles planificados por el anterior gobierno peronista, y hoy leyendo El Litoral se cae su supuesto progresismo en materia de Salud Pública (recomiendo leer las renuncias de un neurocirujano y un traumatólogo en el Hospital Reconquista). (…) Y se ha enredado en una discusión frontal con el Midachi, "el payaso" Torres del Sel, que en mi opinión no es el enemigo a vencer y no porque sea amigo”.

Y continúa Stratta caracterizando políticamente al oficialismo:
“En tanto que el socialismo expresa al detritus mas concentrado de la clase media santafesina, gorila, antinacional, antiobrera y anti cabecitas negras, cuya filiación en el juanbejustismo es una carta de presentación que exime de mas análisis. Su máximo exponente - Binner - se ha manifestado como un personaje proclive a adular a la clase media agraria enriquecida por los aumentos de los comodities, sin pensar en una política industrial (tengo material donde tuvo que ser corregido por su actual ministro de economía, Sciara, ya que había prometido liberar al dólar, eliminar las retenciones, etc)”.

Estos sectores sufrieron un profundo menoscabo en los resultados del domingo. Tendrán que gobernar con un parlamento adverso y enfrentados al gobierno nacional. Binner deberá conformarse con una candidatura presidencial simbólica y perdedora, mientras el partido Socialista de Santa Fe seguirá en manos de un Giustiniani enfrentado al gobernador electo.

Por su parte, María Eugenia Bielsa, triunfadora en las elecciones al congreso provincial tendrá sobre sus hombros la responsabilidad de reencolumnar a las fuerzas dispersas, negociar con los distintos sectores del peronismo provincial y del resultado de ello dependerá su aparición como una nueva conducción de las fuerzas nacionales y populares santafesinas.
En suma, como muy bien lo ha visto el columnista de La Nación, las elecciones santafesinas tienen un marcado carácter provincial. No se puso en juego la política nacional, sino que lo que se hizo evidente es la importancia que, de una u otra manera, sigue jugando el peronismo y su sistema de jefaturas locales, que expresan la complejidad de fuerzas e intereses que constituyen un frente nacional y popular. La unilateralización de un polígono tan complicado, su reduccionismo, genera, necesariamente, respuestas adversas y un llamado de atención.

Buenos Aires, 26 de Julio de 2011

1 de julio de 2011

1974-2010, dos despedidas de dolor y llanto

Hace 37 años, alrededor del mediodía, estábamos esperando una llamada telefónica. Estábamos en la sede central del Frente de Izquierda Popular, en Alsina y Jujuy, en el primer piso. En la sala se encontraban, entre los que me acuerdo, Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Blas Alberti, Luis Alberto Rodríguez, Fernando Carpio, Jorge Raventos y quien esto escribe.

Suena el teléfono, la compañera que se ocupaba de la secretaría le pasa una llamada a Ramos:

- De la residencia presidencial de Olivos, quieren hablar con Ud.

Ramos toma el teléfono, conversa unos minutos y con rostro serio y adusto, nos mira a cada uno de los presentes:

- Ha muerto el General Perón. Han convocado a los presidentes de los partidos a Olivos.

Recuerdo perfectamente que todos quedamos demudados y en silencio. Nos mirábamos sin saber qué decir, qué comentario hacer.

Inmediatamente Ramos se preparó para ir hasta Olivos y, dirigiendose a Raventos y a mí, nos dijo:

- Vengan conmigo, ustedes son periodistas, tienen que ver este momento histórico.

En ese momento Raventos y yo dirigíamos el periódico Izquierda Popular, que era el vocero oficial del partido.

Subimos a su Falcon -Ramos se había comprado el auto hacía unos meses y tenía hacia él un cariño especial, lo consideraba una de las mejores creaciones del capitalismo, cuyo único defecto era que había que ponerle nafta- y nos condujo hasta la entrada de la Quinta por Libertador.

Recuerdo que en el viaje Ramos alternaba sus permanentes ironías con recuerdos del viejo caudillo. Su encuentro con él en Puerta de Hierro, las tres o cuatro veces que se entrevistaron en Buenos Aires, al regreso del jefe popular. Unos meses atrás, el 25 de mayo, había muerto otro enorme argentino, su amigo e interlocutor permanente, Arturo Jauretche. El propio padre de Ramos, el antiguo anarquista, hijo de un cantor de fogones y de una institutriz austríaca, también había muerto en Montevideo hacía pocas semanas.

La muerte ondeaba sus trapos sucios sobre el país y comenzaba ya su siniestra cosecha.

“1974, el año de la Peste” titularía poco después en la tapa de Izquierda Nacional, aquella notable publicación que tuvo en la calle durante, por lo menos, diez años. La muerte de Juan José Hernández Arregui en septiembre del mismo año puso mayor dramatismo al terrible título.

Llegamos a la residencia presidencial y sólo Ramos pudo entrar a los interiores. Nos quedamos en el parque, donde nos encontramos con cantidad de hombres y mujeres de la política y el sindicalismo. Poco había para hablar. Sabíamos que muchos de los que allí estaban con aire compungido, en la intimidad de sus corazones gorilas celebraban la muerte del creador de la Argentina moderna. Después de un rato de apretones de manos y abrazos, sinceros e insinceros, nos volvimos en taxi al local de Alsina y Jujuy.

Había comenzado un gigantesco luto popular. El pueblo argentino, que había creado al gran líder, lo acompañó con dolor infinito en las frías y lluviosas días, noches y madrugadas que duró el velorio en el Congreso. Los rostros desencajados por llanto, los ojos que se negaban al hecho aciago, las manos que retorcían inútilmente un rosario, un pañuelo, una bufanda que había perdido su misión de abrigo para convertirse en sedante de unos nervios destrozados por la desazón.

Eso, desazón, desasosiego, desesperanza era el sentimiento que se imponía en la multitud acongojada. Sobre ella volaban las aves negras de la orfandad. El futuro se presentaba como el cumplimiento de una venganza prometida. Vendrían los profetas del odio y no habría nadie que lo protegiese de la sangrienta revancha. El hombre que había defendido a la multitud de sus enemigos no dejaba sucesor. El trono de la voluntad popular había quedado vacío

Este sentimiento de derrota fue la gran diferencia entre la muchedumbre que acompañó a Juan Domingo Perón y la que acompañó a Néstor Kirchner, hace menos de un año.

Había tristeza en la Plaza de Mayo el 27 de octubre, había dolor. Había viejos con manos sarmentosas retorcidas por la pérdida. Había mujeres de pueblo, humildes, silenciosas, oscuras que contenían el llanto mientras esperaban entrar a la capilla ardiente. Había jóvenes, como en 1974, que ponían vibración política con sus gritos y consignas. Pero no había el desasosiego de aquel año fatídico. No había sentimiento de derrota sobre las masas doloridas. El sentimiento era de esperanza, de fe en el futuro y de confianza en que la tarea de ese gran argentino que se marchaba para siempre podría ser continuada sin mengua por quien ejercía la presidencia de la República.

La historia no permitiría que los argentinos sufriésemos de igual manera la desaparición física del caudillo. Clío, la musa de la historia y de la épica, había tejido otro final al viejo relato del héroe moribundo. Cristina le ofrecía a ese pueblo la sensación de que, por ahora, y mientras ella estuviese, nadie lo volvería a derrotar. El convencimiento de que no caería sobre la república una nueva noche de revancha oligárquica.

Esa fue la diferencia entre dos dolores que marcaron a fuego el alma de los argentinos.

Mensaje para mi amiga Carola Chávez y todos mis compañeros venezolanos

Algo me temía, querida Carola, en esos días de silencio. Pero creo que la cosa no es grave.

Eso para hablar de lo secundario. También podría agregar que por el mismo o peor trance pasaron Lugo y Roussef y ahí están en medio de la batalla.


Pero lo importante es lo que ha dicho el eremita de San Antonio, el querido amigo Lizardo Sánchez, con quien estuve en Córdoba hablando, obviamente, de vos.

El pueblo venezolano, por primera vez en su historia, asaltó el cielo, tocó el cielo con las manos, se miró al espejo y vio su imagen reflejada. De esa experiencia no volverá jamás a ser el mismo.

Chávez es quien hizo el milagro físico de volver opaco lo transparente, para que la luz rebote en lo que antes atravesaba: los millones de oscuros desdentados que vi felices, gastando guita en ropa linda y en morfi bueno, llevando a la rastra a morenitos felices con la franela roja o el gorrito de beisbol que llevaba inscripto el nombre del demiurgo.

Ese pueblo, si llegara a ocurrir algo, digo, es un decir -como decía Vallejos- no hará otra cosa que lo que ordenaba el gran peruano:

si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!...

que no es otra cosa que lo que han hecho y harán todos los pueblos del mundo.

Pero, por ahora, Chávez vive, en carne y hueso. y vivirá para siempre cuando -digo, es un decir- la horrible guadaña tronche su vida prodigiosa.

Con Chávez vivo, querida Carola, seguiremos ganando batallas.

Te quiero mucho.

25 de mayo de 2011

Buenos Aires debe volver a ser de todos los argentinos



-->Filmus-Tomada a la Capital Federal
Buenos Aires debe volver a ser de todos los argentinos

La decisión presidencial de designar la fórmula de Daniel Filmus y Carlos Tomada para las elecciones de Jefe de Gobierno de la Capital Federal ha puesto al conjunto de las fuerzas nacionales y populares en campaña para derrotar a Mauricio Macri.
Las próximas elecciones en la ciudad de Buenos Aires serán decisivas para la marcha del proyecto nacional y popular impulsado por el gobierno nacional. La campaña interna de varios meses, que tuvo como protagonistas a los tres candidatos del Frente para la Victoria -Amado Boudou, Daniel Filmus y Carlos Tomada-, permitió desplegar en toda su potencialidad la voluntad de sacar de Bolívar 1 al reaccionario e inepto Mauricio Macri y poner en su lugar a un legítimo representante del gobierno nacional, votado por la mayoría de los capitalinos.
Cristina ha repetido en cada uno de sus discursos sobre este tópico que “Buenos Aires es de todos los argentinos”. Conociendo la fina conciencia histórico-política de la presidenta esas palabras no son simplemente un lugar común sino una necesaria aclaración sobre la distorsión que se ha producido a partir de la reforma constitucional de 1994.
La vieja ciudad-puerto
La ciudad de Buenos Aires no fue siempre de todos los argentinos. Desde el 25 de mayo de 1810, la ciudad-puerto -como la llamó Cristina en su discurso de inauguración del magnífico Museo del Bicentenario- lejos de ser de todos los argentinos fue la base política y económica de la burguesía comercial porteña desinteresada en la lucha por la Independencia y ejecutora de un proyecto de sujeción de los gobiernos provinciales a su hegemonía. Durante esos setenta años que van de 1810 a 1880, Buenos Aires y los representantes de su burguesía comercial defendieron a sangre y a fuego el monopolio sobre la Aduana porteña y se negaron a compartir sus beneficios con el resto del país. El partido rivadaviano, primero, en parte el rosismo y, por último, el mitrismo intentaron -con diferentes métodos- que la ciudad, puerto y provincia de Buenos Aires fuese la que condujese al conjunto del país, sin tocar el privilegio aduanero. Y lo de sangre y fuego no es una mera expresión retórica. Desde las campañas militares contra José Artigas, en la Banda Oriental, hasta el asesinato del Chacho Peñaloza, la Guerra del Paraguay y la represión a Felipe Varela, el partido porteño asoló a las provincias del interior. La ciudad-puerto se negó a ser sede del gobierno nacional en 1853 cuando se aprueba la Constitución Nacional y se separa del gobierno nacional asentado en Paraná. Durante siete años Buenos Aires se convierte en una especie de Hong-Kong platina, busca reconocimiento internacional y hasta intenta contratar tropas cipayas de la India -aunque esto suene como una exageración revisionista- para enfrentar militarmente al gobierno nacional. Incluso, cuando después de Cepeda, Buenos Aires se reincorpora a la Confederación en 1860, bajo el gobierno de Mitre, lo hace a condición de que los derechos de exportación no serían considerados como rentas nacionales, sino como rentas de la ciudad-puerto. Todo lo que pagaban los productores del país para salir por el puerto de Buenos Aires y todo lo que pagaban los productos que entraban al puerto y se distribuían en todo el país era propiedad de Buenos Aires.
La Capital Federal
Recién en 1880, con la acción del ejército del General Julio A. Roca, formado por hombres del interior, las provincias logran aplastar a la ciudad-puerto. El jefe militar porteño era Carlos Tejedor, gobernador de la provincia, un acérrimo centralista que había declarado que el gobierno nacional era “un huésped suyo”. Los llamados “cuicos” de Roca triunfan sobre las formaciones porteñas en dos sucesivas batallas que ponen fin a la guerra civil: la batalla de Puente Alsina, en Pompeya, y la batalla de los Corrales Viejos, en Caseros y Rioja. Más de tres mil argentinos cayeron en esas dos batallas. Su sacrificio permitió que la ciudad fundada por Garay se convirtiera en Capital Federal y que la renta del puerto integrase las arcas del gobierno nacional. Por primera vez desde 1810, la ciudad de Buenos Aires se integraba al conjunto del país. Miles de argentinos habían muerto a lo largo de esos 70 años, las provincias se habían empobrecido, las producciones regionales habían desaparecido y el Paraguay era una selva poblada de valerosos espectros. En esta historia y en estos dolorosos acontecimientos se basó la figura jurídica por la cual el presidente de la República nombraba un delegado suyo como intendente de la ciudad. El gobierno nacional, y sobre todo cuando expresaba políticas nacionales, no podía volver a ser huésped -metáfora que encubre la de prisionero- de la egoísta oligarquía porteña.
El pacto Alfonsín-Menem, que dio origen a la infausta reforma constitución de 1994, modificó irresponsablemente ese equilibrio, con la finalidad, no explícita en ambos jugadores fulleros, de que ambos partidos -la UCR alfonsinista y el PJ menemista- se repartirían la ciudad, el primero, y el país, el segundo.
Capitalinos con el país
Todo esto recordó Cristina al usar la antigua denominación de ciudad-puerto para nombrar a Buenos Aires. Y todo esto es lo que los candidatos elegidos deberán poner sobre sus hombros.
No se trata, por supuesto, de quitar al ciudadano capitalino -como, por otra parte, gustaba decir Néstor Kirchner, para referirse a los porteños, haciendo hincapié en su condición de habitantes de una ciudad capital de todos los argentinos- su derecho a elegir. Se trata de que la mayoría de los ciudadanos de Buenos Aires, los más humildes, los más desprotegidos, los que necesitan viviendas, hospitales y escuelas, logren poner nuevamente a la ciudad como Capital Federal, asiento de un gobierno de todo el país, en armonía con la política de reparación nacional y popular que se despliega desde la Casa Rosada.
Como nunca antes están dadas las condiciones para un estratégico triunfo popular en la ciudad de Buenos Aires. El gobierno de Macri -este Carlos Tejedor frívolo y poco dotado- ha sido incapaz de dar satisfacción a los votantes de su propio sector social. La avidez por los negocios rápidos, la búsqueda de lucro donde hay una necesidad, no sirve ni siquiera para mantener limpia la zona de la Recoleta. Daniel Filmus exhibe en su trayectoria un importante antecedente de gestión en materia educativa, con grandes realizaciones. Carlos Tomada ha sido el hombre que logró, como ministro de Trabajo, los más grandes avances de los trabajadores desde la muerte de Perón y una paz social basada en la justicia que garantizan su futura gestión.
Cristina Fernández de Kirchner triunfará en las elecciones capitalinas. Y los porteños volveremos, como José Hernández, a ser también nacionales.
25 de mayo de 2011

13 de mayo de 2011


La conducción de este frente nacional,
popular y democrático es de Cristina


En el momento en que se hace evidente el triunfo de las fuerzas nacionales y populares encabezadas por Cristina Fernández de Kirchner en las próximas elecciones a presidente, los sectores del privilegio y el sometimiento han iniciado todo tipo de operaciones.

Una huelga irracional de un sector muy bien pago de los trabajadores -cuyos patrones son fundamentalmente extranjeros- amenaza el abastecimiento de combustible lo que es aprovechado por los monopolios mediáticos para pintar con sus acostumbrados tonos sombríos el futuro inmediato. Una discusión por lugares en las listas de diputados es utilizado livianamente por un dirigente sindical para amenazar con romper el frente encabezado por la presidenta.

Los sucesivos fracasos de todas las operaciones destituyentes, desde aquella que se montó a partir de la Resolución 125 sobre las retenciones, encuentran en estas maniobras una perversa repetición.

La presidenta Cristina, la única en condiciones de liderar el gran frente nacional, popular y democrático, ha pronunciado hoy una certera definición -en el estilo de las grandes definiciones del peronismo- sobre el papel de los sindicatos, sobre su base ética que es la solidaridad y sobre la diferencia que deben mantener con las corporaciones.

La Corriente CAUSA POPULAR adhiere a las palabras de la Presidenta en su discurso en José C. Paz. En uno de los distritos más empobrecidos del conurbano bonaerense, frente a un pueblo humilde y leal, Cristina puso en claro quien conduce y hacia donde al movimiento nacional. El pueblo y los trabajadores se encargarán de repudiar a los dirigentes que crean ser más representativos que quienes han sido capaces de dejar atrás las peores llagas de la dependencia y el privilegio, como lo han sido Néstor y Cristina.

Buenos Aires, 12 de mayo de 2011

Mesa Nacional de la Corriente Causa Popular