12 de junio de 2009

Las elecciones presidenciales en Irán
En Siete Punto Cero, Radio Cooperativa de Buenos Aires
12 de junio de 2009

9 de junio de 2009

Sobre las elecciones al Parlamento europeo
En Siete Punto Cero, Radio Cooperativa de Buenos Aires
8 de junio de 2009




2 de junio de 2009


Varguitas apareció en la escena literaria latinoamericana hacia principios de los '60. La Casa Verde, La Ciudad y los Perros y Conversaciones en la Catedral lo convirtieron en una de las caras más representativas de lo que se llamó, con evidente anglicismo, el "boom" de la novela latinoamericana.

Aquellas novelas era verdaderamente buenas.

Su personaje central era siempre un joven pequeño burgués -así decíamos entonces, ahora diría de clase media urbana- que en sus conflictos expresaba la tensión entre el atraso y la modernidad, entre la sociedad de castas y la igualdad, entre el despotismo terrateniente y la democracia.

Gracias a esas novelas conocimos entonces la Lima anterior a la revolución de 1968, el oscuro mundo campesino que palpitaba en sus entresijos y más allá de las puertas de la ciudad de los Reyes. Varguitas describió como pocos a esa clase media, de puños gastados, cultura europea y sueños de gloria.

No obstante, no fue gracias a Varguitas que supimos de la existencia del pongo y la mita, no fue por sus novelas que nos enteramos de que esas familias de apellidos virreinales tenían esclavos en sus haciendas, disponían de trabajo humano gratuito que les permitía vivir como los nobles que describe Chaderlos de Laclos en Relaciones Peligrosas: holgazaneando y haciendo travesuras galantes. De eso nos enteramos, en 1968, cuando apareció un general, Velazco Alvarado, y decretó la abolición de la mita y el pongo. Ahí, recién ahí nos enteramos que esas simpáticas instituciones que leíamos en los libros de historia de la escuela primaria y que habían regido durante la época colonial, estaban en plena vigencia en el Perú.
A Varguitas le dieron el premio Rómulo Gallegos, que sigue siendo el más importante premio literario de América Latina, en 1967. Del discurso de aceptación del premio están tomados esos párrafos que, en estos días, memoriosos venezolanos han hecho circular.

La revolución cubana, lejana, lo había tocado con su hálito, como a tantos jóvenes de su época. Y posiblemente ese año fuera el año en que Varguitas comenzó a volver al Miraflores limeño. Poco después se agarró a las trompadas con García Márquez, en pelea que dio que hablar durante años, y en nombre de los ideales de socialismo y libertad, que enuncia su discurso, atacó al gobierno del cholo Velazco Alvarado, el que había convertido en ciudadanos a los esclavos del pongaje.

Y ahí comenzó una indigna decadencia que nos lleva a este Varguitas de hoy, viejo y reseco, infatuado y vano. Algo ha permanecido, sin embargo. Sigue siendo expresión de una parte de esa clase media en ascenso que añora que ya no haya mitayos, que ahora "que somos ricos", no pueden disfrutar el privilegio de ser un amo sobre seres humanos.


Eso es Varguitas.


Buenos Aires, 2 de junio de 2009.

16 de febrero de 2009

Unidad nacional y popular o frente imperialista y gorila

Muchos amigos me han manifestado, por escrito o verbalmente, -algunos llamando al programa A Boca de Jarro en radio Cooperativa, AM 740, de lunes a viernes entre las 10:30 y las 12:00 de la noche-, su opinión sobre la inoportunidad de abrir un debate con quienes, desde posiciones supuestamente de izquierda o nacionales, se unen a nuestros tradicionales enemigos en contra del gobierno de la presidenta Cristina.

Prevalece en estos amigos la admiración que sienten por el director de cine Pino Solanas y su lucha por una política energética nacional, o el respeto a la trayectoria de la profesora universitaria Alcira Argumedo, por encima de la necesaria evaluación de su funesto papel en el actual coyuntura política de nuestros país. Lo curioso es que tanto Hugo Barcia como Norberto Galasso –que han polemizado públicamente con los antedichos- han partido de un expreso reconocimiento a esas trayectorias, cuya validez no está en discusión.

Este debate, sin embargo, es de una perentoria necesidad, porque justamente son las trayectorias de los recién nombrados el basamento moral de una política radicalmente errónea, en contra de los intereses que pretenden defender y que ignora algo que la mayoría del pueblo profundo percibe: la diferencia sustancial entre los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina y todos los gobiernos que los precedieron desde 1976.

Acierta Norberto Galasso cuando recurre a Jauretche y a Scalabrini Ortiz para iluminar el desvarío de los seguidores de Solanas. Porque también había en aquella época gente bien intencionada, buena, preocupada por los más necesitados, denunciadora permanente de los monopolios extranjeros, de la ingerencia de las embajadas norteamericana e inglesa, que consideraba que la política de Perón era menguada, producto de la improvisación y más demagógica que antiimperialista. Muchos de ellos volvieron a la Unión Cívica Radical alvearizada porque Perón no nacionalizó la CADE –la compañía de electricidad- o sostenían que la nacionalización de los ferrocarriles era una medida que favorecía a los ingleses.

Y si los socialistas se opusieron a la sanción del aguinaldo con el argumento de que ellos habían sido quienes lo habían propuesto anteriormente en el parlamento, hay hoy un dirigente que impugna como oportunista la reglamentación de la ley de bosques por considerar que no se lo hizo cuando él lo propuso.

Y están los que –como Humberto Tumini y Jorge Ceballos-, de manera antiperonista clásica, se horrorizan por la presencia de dirigentes peronistas del conurbano bonaerense, a quienes descubren cuatro años después de haber estado conviviendo con ellos y cobrando del presupuesto de un gobierno al que esos dirigentes ayudaron a ganar las elecciones.

Hoy estos sectores confrontan abiertamente con el gobierno. Luchan contra él como si lo hicieran contra Menem y de la Rúa, sin tomar en cuenta que su lucha solamente favorece al bloque oligárquico que los recibe generosamente en sus radios, en sus diarios y en sus canales.

No son las “críticas” al gobierno lo que estamos discutiendo. La mayoría de los argentinos las tiene. Lo que estamos discutiendo es la política de confrontación con el gobierno, la incapacidad de separar lo estratégico de lo importante, la ceguera contumaz que no ve el formidable avance político y económico de las fuerzas nacionales y populares que estos cinco años han permitido, una de cuyas expresiones es esta misma polémica.

En 1973 muchos de nosotros sosteníamos la necesidad imperiosa de votar y apoyar a Perón, pero veíamos también con preocupación las fuerzas enemigas que se ocultaban en el gran movimiento. De esa visión salió aquello de “vote a Perón desde la izquierda” que Jorge Abelardo Ramos y quienes militábamos en el FIP lanzamos a los comicios de aquel año. Y 900.000 votos manifestaron su coincidencia con el planteo. Curiosamente, según nos hemos ido enterando a lo largo de los años transcurridos, entre ellos estaba una joven militante platense que hoy es presidenta de los argentinos, así como muchos amigos que hoy militan en Proyecto Sur.

Cada época trae su desafío. Pero mantener unido el frente nacional y popular ha sido una constante a la que hoy tenemos que responder con inteligencia y patriotismo. Del otro lado vienen “capando elefantes” y no preguntan quién es elefante y quién no lo es.


Buenos Aires, 16 de febrero de 2009