28 de octubre de 2010

A las cuatro de la mañana de una noche fatal

Compañeros, el artículo que les acabo de enviar es tan sólo un esfuerzo intelectual para no sucumbir a la angustia y zozobra que en estas horas nos aqueja a cada uno de los argentinos dignos, libres y patriotas. 

La muerte de este flaco, desgarbado y arrebatado hijo de la fría y lejana Patagonia nos ha dejado con el alma por el piso. Todos sabemos lo que nos costó que el pueblo argentino, con su secreta química, gestase en su misterioso atanor un nuevo caudillo, un hombre que nuevamente expresase nuestras mejores aspiraciones, nuestras mejores virtudes. Surgió como de casualidad -posiblemente el big bang no hay sido sino una cósmica casualidad- cuando nadie se esperaba que de una provincia con menos habitantes que un barrio de Buenos Aires, lejana de todo, fría, nueva, sin una tradición histórica que la vinculase a las guerras de la Independencia o, por lo menos, a la más reciente gesta de la clase trabajadora, surgiese un presidente que, con menos votos que desocupados (21% por ciento de los votos, 24% de desocupación) resucitase la Argentina de las grandes horas, la Argentina de San Martín, de Perón y de Evita. 

El presidente Chávez, con esa mirada poética que tiene y esa agudeza de estratega que lo caracteriza, lo ha nombrado como "El Resucitador". Eso fue este muchacho alborotado y alborotador. El Resucitador de nuestras viejas glorias, la de los obreros bien pagos y la dignidad nacional. El Resucitador de nuestro pasado latinoamericano, el héroe de la batalla de Mar del Plata que puso a la blanca, orgullosa y creída Argentina a disposición y servicio de sus hermanos latinoamericanos.

¿Cómo vamos a reemplazar la fiereza táctica de Néstor? ¿Quién va a disciplinar a los llamados "barones" del conurbano, hijos mestizos del neoliberalismo y de la voluntad de satisfacer las demandas de los más humildes? ¿Con quién va a discutir por las noches nuestra presidenta Cristina, preparando la gran operación electoral del año 2011? 

Todavía no tenemos respuestas. Hemos estado en la plaza de siempre -hace 200 años que vamos a esa plaza en las grandes jornadas-, nos hemos abrazado con los compañeros y compañeras de ojos arrasados por las lágrimas, hemos compartido nuestra congoja con hijos y nietos que han vuelto a militar por la liberación de la Patria, mientras en la Recoleta y San Isidro brindaban por la partida de Néstor, más necesario cuanto más muerto. 

Hoy era día de censo en la Argentina. La basura oligárquica había lanzado una inicua campaña para que los vecinos no respondieran a los censistas, con el argumento de que tras el documento oficial de censista se escondiese un ladrón o un violador. Todo fue en vano. El pueblo argentino respondió, dolorido, al censo, pero no faltaron las escenas dignas de la antología de la infamia. 

Un censista llegó a un hogar del barrio de la Recoleta, entró en un amplio y lujoso departamento. El dueño de casa lo invitó a brindar con una copa de champaña por la muerte de Néstor Kirchner. Una trompada del censista en la mandíbula del depravado dio por terminada la propuesta. 

Desde Mar del Plata, mi hija María Soledad me llama con llanto en la voz, porque como censista entró en una casa donde vio los titulares de la televisión que anunciaban la muerte de Néstor, mientras los habitantes de la misma celebraban con algarabía. No pudo seguir con su trabajo. La embargó el llanto y la rabia. Esos hijos de puta me deben dos: la alegría necrofílica por Néstor y las lágrimas de mi hija. 

Así estamos, compañeros. Pasando una noche de mierda, una vela al amigo y al patriota y un desvelo por las horas que se vienen. Sólo nos queda la CGT, la clase obrera y el pueblo. Con ellos y Cristina les daremos batalla y venceremos.

Néstor Kirchner, un hombre de la Patria Grande

Se ha ido con Néstor Kirchner un héroe contemporáneo de la Patria Grande. Su nombre figura ya con los de Juan Domingo Perón y Getulio Vargas, con los Wilson Ferreira Aldunate y Marcelo Quiroga Santa Cruz, con los compatriotas latinoamericanos que forjaron el actual e irreversible proceso de integración continental. 

En los primeros tiempos de su sorprendente gobierno, Néstor Kirchner dejaba la impresión de que no le interesaba, ni le gustaba demasiado la política latinoamericana. Absorbido por el torbellino de volver a poner un país y un pueblo de pie, en restaurar la autoridad del Estado nacional sobre la arbitrariedad y el capricho del mercado, en restablecer la preeminencia de la política sobre los manejos discrecionales de los medios de comunicación y de los dueños del dinero, Néstor Kirchner no le dedicaba a las reuniones de la integración mucho tiempo de su agenda. Por esa razón, por alguna cuestión de luchas internas o, realmente, por una preocupación sobre su salud, Néstor Kirchner no estuvo en la reunión de Cuzco, cuando se creó la Unión de Naciones de Suramérica (UNASUR). 

Sin embargo, este desgarbado presidente, de gesto juvenil y apasionada palabra, volvería a sorprender, como lo hizo desde el día en que se hizo cargo de la presidencia de la República. 

A poco de andar, se fue haciendo evidente que América Latina formaba parte esencial de su visión estratégica. Los avances y retrocesos de la integración política y económica, de la lucha continental por la independencia y por mejorar las condiciones de sus ciudadanos era una de las piedras basales de su concepción. Lentamente, la figura de este gran hijo de la Patagonia argentina, comenzó a ser identificada con las mejores tradiciones de la Patria Grande. Estableció una fuerte e irrompible relación con el otro patriota del norte, Hugo Chávez. Buscó el acercamiento con la presidenta Michele Bachelet, arrimando al remiso Chile a la forja continental. Estableció con su gran colega brasileño, Lula da Silva, la misma alianza que intentaran, cincuenta años antes, los presidentes Perón y Vargas. Evo Morales encontró su apoyo y amistad aún antes de convertirse en presidente de su país y en el caudillo indiscutido de los pueblos de Bolivia. 

Toda esta política de cuño suramericano y liberador tuvo su, también inesperada, eclosión en la histórica Cumbre de Presidentes Americanos, realizada en Mar del Plata el 4 y 5 de noviembre de 2005. Las generaciones venideras, nuestros nietos, recordarán esta fecha con la misma unción y fervor con que hoy celebramos la batalla de Maipú, la de Junín o la de Ayacucho. Néstor Kirchner tuvo el honor y la valentía de encabezar, en su propia patria, la formidable y poderosa coalición de países suramericanos que derrotó políticamente los planes imperialistas del ALCA, en las barbas del mismo George W. Bush que teñía de sangre las arenas de Irak y de Afganistán. 

Desde los tiempos de la presidencia de Bill Clinton, la cancillería norteamericana y los grandes intereses imperialistas por ella expresados, los EE.UU. venían desarrollando, con una agenda meticulosamente dibujada, el más importante ataque a la soberanía política y ecónomica de América Latina: el llamado ALCA. Este proyecto implicaba la sumisión lisa y llana de todas nuestras economías a la de los EE.UU. A partir de su vigencia caducarían todos nuestros intentos independentistas y nuestras organizaciones regionales. El conjunto del continente se convertiría en el “lebensraun” de la potencia hegemónica, nuestros países se transformarían en simples objetos indiferenciados de la política internacional y nuestros sueño de 200 años de soberanía y dignidad quedarían reducidos a lejanos e irreversibles recuerdos de una civilización olvidada. 

Ni más ni menos que este destino de ilotas es lo que la acción y la palabra de Néstor Kirchner, como presidente argentino, modificaron en las jornadas de Mar del Plata. Fue él quien se comprometió con los desplantes desafiantes de Hugo Chávez, con la serena firmeza de Lula, con el reclamo secular de Evo Morales. Fue este hombre, de retórica a veces desordenada pero siempre arrasadora en su pasión militante, el que comunicó al jefe político y militar de la superpotencia imperialista que sus planes habían fracasado, que ahí, en Mar del Plata, se sepultaba para siempre al ALCA. Mientras ello ocurría en las sesiones oficiales, en un estadio de fútbol miles y miles de militantes políticos y sociales, con la presencia de Chávez, Evo y Diego Armando Maradona, ratificaban el apoyo popular a las expresiones de los presidentes suramericanos. 

Nunca, desde los tiempos de la batalla de la Vuelta de Obligado, la Argentina había vivido batalla semejante y nunca había experimentado victoria igual. La patria de San Martín y Belgrano había vuelto por sus derechos y los pueblos del mundo volvían a ver “en trono a la noble Igualdad”. A partir de ello, Néstor Kirchner se convirtió en una de las figuras decisorias de la nueva realidad que comenzó a vivir el continente. 

La unánime elección como Secretario General de la UNASUR no fue otra cosa que el reconocimiento a su papel central en las jornadas de Mar del Plata. Y su actividad febril, como siempre era la suya, en la construcción de una paz sólida entre Venezuela y Colombia, ha hecho que esos pueblos hoy lo despidan conmovidos y tristes. 

Junto con muchas otras cosas, Néstor Kirchner nos deja una herencia suramericana tan rica y generosa como las transformaciones que logró en la Argentina. 

Hoy brilla la Cruz del Sur porque ha muerto un hombre de la Patria Grande. 

Buenos Aires, 27 de octubre de 2010

1 de octubre de 2010

Dudas sobre la situación en Ecuador

Tengo la sensación, desde Buenos Aires, claro, que en Ecuador existen más focos posibles de insubordinación golpista que en Venezuela. No estoy seguro, y lo ocurrido ayer, confirman mi duda, sobre el control que el presidente Correa tiene sobre la totalidad de las FF.AA., que en Venezuela constituyen uno de los principales elementos de sostenibilidad del gobierno de Chávez. Hoy nadie habla, por lo menos en ningún noticioso, sobre la ocupación militar de ayer del Aeropuerto de Quito.

También me deja dudas todo lo ocurrido alrededor del rescate del presidente. Esa manera de salir, en un tumulto, cruzado de tiros y gases, con la mera protección de un grupo de amigos que se arremolinaban alrededor de Correa protegiendolo con sus propios cuerpos, las declaraciones del jefe de policía al renunciar, la participación de la hija de Lucio Gutiérrez en la fuerza de elite que rescató al presidente, me dejan la sensación de que no existe una plena conducción del presidente Correa sobre el aparato del Estado.

Tampoco tengo claro cuál es la fuerza política organizada que sostiene a Correa. Gutiérrez tiene un partido -más allá del apoyo que pueda tener del imperialismo- con presencia e influencia en los sectores bajos de las FF.AA. y, como se hizo evidente, de la policía. Si eso no se revierte, si la política de Correa no logra incorporar a la mayoría de las tropas, suboficiales y oficiales de esas fuerzas, alguien va a llenar ese vacío y no serán los sectores populares.

Digo, es un decir, si España cae...
como decía Vallejo.

31 de julio de 2010


¿Hasta cuándo, Sociedad Rural Argentina, abusarás de nuestra paciencia?

Quizás no tengamos derecho a parafrasear el célebre “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra” ya que su también célebre autor no era otro que Marco Tulio Cicerón, un engolado romano del partido de la oligarquía (un Mariano Grondona de la antigüedad -aunque esto ya suene a un oxímorón-) y estaba dirigida al senador del partido popular, Lucio Sergio Catilina. Mucho menos cuando, al parecer, Catilina no participó en la conjura, que por otra parte, tenía un claro sesgo antioligárquico. Ya Ernesto Palacio, en su “Catilina contra la oligarquía”, desenmascara al altisonante orador y usa el hecho para desmontar las las técnicas con que los sectores dominantes suelen deformarse la historia en su provecho.

Pero es inevitable la caída en el latinajo y lugar común al ver nuevamente a la vieja y nueva oligarquía, con la corte adicta de partidos opositores, conspirando desde su reducto de Plaza Italia. La complicidad del rejunte opositor -de los Morales, Solá, Carrió, Meabe, De Narváez (verdadero dueño de casa: ¡gracias Carlos!), Bullrich, Pinedo y algunos otros- pretende convertir el predio oligárquico en la sede del Congreso Nacional, a la vez que pergeña e imagina fórmulas mágicas que le permitan borrar de la faz de la tierra las odiadas retenciones. Cómo se compagina esto con la propuesta de imponer un 82 % móvil para los jubilados es uno de esos arcanos que ninguna ciencia podrá explicar.

Pero la explicación de sus contradicciones es lo que menos preocupa a los dueños de casa y sus lisonjeros visitantes. El intento es, una vez más -¿y cuántas van?-, generar condiciones de ingobernabilidad, quitarle al gobierno la base financiera que le ha permitido la mejor gestión política que recuerda el país desde la muerte del General Perón, volver la economía a las condiciones nefastas del gobierno de la Alianza o al feroz traslado de ingresos de Duhalde, que en una noche mandó al infierno de la indigencia a miles y miles de compatriotas.

Para los muertos vivos que aparecen al frente de este Congreso golpista ésta es una de las últimas oportunidades en poder usar la oligárquica tribuna de la Exposición Rural para sabotear e intentar debilitar al gobierno de Cristina Kirchner. Incapaces de generar una política alternativa seria e imposibilitados de erigir una candidatura creíble, los políticos alquilones que pululan alrededor del predio ferial, buscan fuerzas en lo que hoy es más débil que nunca: el frente agrario opositor, deshilachado como poncho de pobre, incapaz de unificar bajo su hegemonía a la totalidad de los productores del campo, aislado cada vez más de las clases medias urbanas y cuyo juego ha quedado evidente para la mayoría.

Ni la Nación ni el Clarín están hoy en condiciones de fogonear sus arrestos, aunque lo intentan inútilmente. La posible intervención a Papel Prensa en las semanas venideras dará un golpe de gracia a esta rémora de la dictadura militar y pondrá al conjunto de la prensa del país en igualdad de condiciones para competir.

De ahí que, casi inevitablemente, aparezca en la memoria el latiguillo de Cicéron: ¿Hasta cuándo, Sociedad Rural, abusarás de nuestra paciencia?.

1° de agosto de 2010

La foto es de 1946. Perón y Evita escuchan la queja anual del presidente de la Sociedad Rural -en este caso José A. Martínez de Hoz, padre-. El gesto del rostro de Evita es más que elocuente.

28 de julio de 2010


Morales Solá, bajo las peores sospechas


El untuoso plumífero de la “tribuna de doctrina”, Joaquín Morales Solá, con voz engolada declara en su nota de hoy: “El Senado, bajo las peores sospechas”.

El lector, siempre desprevenido, piensa de inmediato que Moyano ha vuelto a denunciar algún pago de coima para la aprobación de alguna ley antiobrera y se figura ya la nueva ola de descrédito que la cámara representativa de las provincias que conforman la nación deberá enfrentar.

Pero no, todo es un poco más difuso y la severa advertencia tiende a transformarse en una mueca de impotencia, a poco que se avanza en el texto de la nota.

En realidad se trata, tan sólo, de una especie de entrevista colectiva de senadores y diputados opositores, llevada a cabo en la Sociedad Rural y en la que el columnista fue una especie de moderador.

En ese ámbito, envalentonados por la presencia de la gente de la casa, la senadora correntina Josefina Meabe (más adelante hablaremos de ella), el jujeño Morales, el diputado bonaerense Felipe Solá y la imponderable creadora de frases altisonantes, Lilita Carrió afirmaron que los senadores vendían sus votos. Ésta última afirmó algo tan contundente y apodíctico como: “El Gobierno compra senadores. Esa es la única verdad”. Nada de documentos, valijas de dinero, banelcos y otros elementos probatorios. Tan sólo su afirmación rotunda.

Antes de avanzar en la nota del comentarista de La Nación, se hace necesario informar que la señora Josefina Meabe ha sido denunciada por el ingeniero Rodolfo Paladini, coautor del Código de Aguas de la Provincia de Corrientes, por el delito de “robo de aguas públicas en banda y en descampado para su beneficio varias veces reiterados”, como consecuencia del indebido e ilegal uso de aguas del río Corrientes que la senadora utiliza en su empresa arrocera. Es difícil, ante esta cuestión de aguas, evitar el chiste que le hiciera el diario La Fronda al doctor Raimundo Meabe, que atendía a Hipólito Yrigoyen por sus problemas de próstata, al quien llamaban, de manera inmisericordiosa, Dr. Mea Bene.

Chanzas aparte, ninguno de los preclaros denunciantes aportan mayores datos a la denuncia que el autor de la nota caracterizó como “prebendas personales, favores políticos o promesas de obras públicas o de mayores recursos para las provincias”.

Si ponemos provisoriamente entre paréntesis lo de prebendas personales -que pueden consistir en algún viaje o cosa por el estilo-, los favores políticos y las promesas de obras públicas y de mayores recursos para las provincias han sido, son y, posiblemente, serán los mecanismos típicos de negociación en los cuerpos parlamentarios. Todos los congresos del mundo se manejan con este tipo de toma y daca, característico, por otra parte, de toda actividad política. Sólo los regímenes dictatoriales imponen su voluntad sin dar nada a cambio, so pena de cerrar el congreso o meter presos a sus miembros. ¿Cuántas veces el senado norteamericano habrá votado el aumento de tropas en Vietnam o en Irak a cambio de un subsidio a los productores de maní o a los criadores de avestruces? ¿Cuántas veces en todos los gobiernos constitucionales del mundo una importante decisión de estado ha sido definida por el voto que se consigue de algún diputado de una lejana región que aprovecha la situación para llevar una mejora, un puente, una carretera o un hospital a su distrito?

Y a eso, que es de uso habitual en las democracias, el lenguaraz oligárquico pretende comparar con el dinero contante y sonante que el gobierno de De la Rúa y su jefe de la SIDE le entregaron a los senadores de la oposición de entonces para aprobar una indigna y patronal ley de desregulación laboral. “Los viejos sobornos fueron un desayuno de monjas comparados con lo que pasa ahora”, le hace decir a un anónimo legislador, ignorando posiblemente qué desayunan las monjas.

Toda esta falsa tormenta y más falsa denuncia tiene como explicación el hecho de que termina la vigencia de la delegación de facultades al Poder Ejecutivo y la prensa opositora fogonea la posibilidad de que la incierta mayoría que creen tener en el Congreso comience a dictar leyes que desfinancien al gobierno nacional. Derogar las retenciones es su objetivo de máxima. Los estrategas de este golpe parlamentario saben que aquellos con aspiraciones a gobernar, en caso de una difícil derrota electoral del oficialismo, no van a generar una situación que revierta en contra de su hipotético gobierno. Este acto de realismo es enturbiado por la “tribuna de doctrina”, poniendo un manto de sospecha sobre el Senado.

La nota de Morales Solá termina con un maravilloso lugar común que he escuchado desde los años en que me inicié en la política. “Era evidente, al final, el desánimo entre los centenares de productores que asistieron al debate”. El desánimo de los productores con sus 4x4 dando la “vuelta al perro” en sus localidades, con sus silos-bolsa jugando a evitar pagar las retenciones, con sus inversiones inmobiliarias en las capitales de todo el país, con sus viajes a Miami o a donde sea, es, citando a Borges, “tan eterno como el agua y el aire” y tan falso como lo es la mendaz acusación del escriba.

Buenos Aires, 28 de julio de 2010


26 de julio de 2010

Se fue otro argentino oriental, el “profe” Luis Vignolo

Días atrás recibí un escueto mensaje electrónico. “Falleció mi padre” decía tan sólo su texto. Lo firmaba el compañero oriental Luis Vignolo hijo.

Luis Vignolo, el “Profe” como lo llamaba el inolvidable Alberto “Gato” Carbone, fue un patriota latinoamericano, oriental por nacimiento, argentino por afecto y residencia, y uno de los grandes intelectuales, periodistas y militantes de nuestra unidad latinoamericana. Amigo y cumpa de discusiones y whiskys de Tucho Methol Ferré, la vida de Vignolo es una buena paráfrasis del destino de un patriota continental en nuestro balcanizado continente, en la segunda mitad del siglo XX.

Luis Vignolo nació en Montevideo el 12 de julio de 1927. Su padre era constructor y eso le permitió conocer desde niño el olvidado interior de la “tacita de plata”, el Uruguay producto de la hegemonía del partido Colorado. En el Liceo Bauzá, donde hace la escuela secundaria, ingresó a la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), como representante de los estudiantes secundarios, cargo que previamente había logrado imponer. Y en la misma época ingresa en las Juventudes Libertarias –la organización juvenil anarquista- donde llegaría a ser alma mater y Secretario General. Me cuenta Luisito Vignolo, su desolado hijo, que de esa época conservó algunas de sus más entrañables amistades que lo acompañaron hasta el final. Tres veteranos anarquistas lo llamaban permanentemente en sus últimos días: Dante D'Ottone, Pablo Capanno y el "Coco" González Chiesa. El destacado médico Dante D'Ottone, con sus noventa y pico de años, estuvo en el velorio y algunos de los veteranos compañeros de armas decían, al verlo: ahí está el "Mariscal"...

Es de sus tiempos de anarquista que el sanducero Alberto Carbone, de inolvidable memoria en este lado del Plata, conoció a estos hombres.

Y fue la conducción de Luis Vignolo –según me cuenta su hijo - que las Juventudes Libertarias se convirtieron en la más poderosa organización anarquista del Uruguay a fines de los ’40 y comienzos de la siguiente década. Pero las peleas internas –caracterizadas por una fuerte impronta ideologista- terminan por agotarlo y se aleja de la organización. Pero llevaba consigo las reflexiones y escritos de Eliseo Reclus sobre la Guerra del Paraguay y los artículos de Barrett sobre la brutal explotación de los obrajes paraguayos. Encuentra Vignolo en sus orígenes familiares saravistas –sus tíos Montecoral y Coirolo habìan peleado en la revolución de 1904 y uno de sus tío abuelos era Rafael Zipitría, Comandante de la 16ª División del Ejército Revolucionario de ese año- un cauce nacional profundo a su afán libertario.

El padre de Luis Vignolo había sido blanco seguidor de Lorenzo Carnelli, en los años 20: una especie de izquierda del partido que terminó siendo expulsada, básicamente por acción de Luis Alberto de Herrera. No obstante ello, Vignolo, desde una perspectiva heterodoxa, que reunía en “una mezcla pampeadamente rara” –como ha escrito Homero Manzi- sus convicciones ácratas con su naciente admiración por el peronismo argentino y el MNR boliviano, se acercó al herrero-ruralismo que logra la victoria electoral en 1958. Sobre este período Methol Ferré nos dejó un escrito esclarecedor, “La crisis del Uruguay y el imperio británico”, que Peña Lillo editara en la célebre colección La Siringa.

Y para mantener sus ideales se convirtió en periodista. Alcanza con decir que fue uno de los periodistas más famosos y exitosos del Uruguay. Trabajó en el diario de Batlle y en el de los blancos. Fue justamente en El País donde se destaca. En una época en que el matutino no era el pasquín oligárquico pronorteamericano que hoy indigesta la cabeza de los uruguayos, Vignolo se convierte en el virtual director del diario. Simultáneamente es columnista de política internacional en el Canal 12, de la misma empresa que El País.

Deja, en 1964, este diario al que había convertido en un éxito de ventas para dirigir un proyecto político periodístico de Zelma Michelini, el diario Hechos al que también convirtió en un éxito de ventas, aunque el fracaso electoral de Michelini lo obligó a venderlo, con lo que Vignolo se aleja de la redacción.

Pasa a la Secretaría de Redacción del viejo diario El Debate, fundado por don Luis Alberto de Herrera, aunque ahora bajo la dirección política del “Toba” Gutiérrez Ruiz, el gran blanco latinoamericanista asesinado por la dictadura, y Diego Terra Carve. Se cuenta que algunos lingotes de oro “expropiados” por los Tupamaros a los Mailhos, y que el Toba había tomado en depósito, ayudaron a la financiación del matutino.

Posteriormente se vincula a Inter Press Service, la Agencia de Noticias internacionales italiana, la que inicialmente tenía su sede latinoamericana en Montevideo, en la casa de Methol Ferré, en la calle Brecha, frente al Templo Inglés, al que le alquilaban un piso de su casona. Luego la sede pasó a Buenos Aires y Vignolo se radicó entre nosotros.

Fue colaborador de la primera revista Nexo, que publicaron Methol Ferré, Ares Pons y Reyes Abadie. En 1964 publica el ensayo "Reencuentro con la tradición española en la pintura de Torres García", una visión de la historia de la cultura desde nuestra América. Este artículo constituye, según considera Luis Vignolo hijo, un acercamiento del autor a la religión católica en la que había sido educado por su madre y su abuela. Pero este acercamiento está signado por sus viejas convicciones anarquistas. Sólo el Concilio Vaticano II y el estado deliberativo que se produce en la vieja estructura romana lo conquistan para la fe. A partir de ello comienza a colaborar en la también célebre revista Vísperas que dirige Methol Ferré, una publicación católica, vinculada al CELAM, que pone como punto central de su visión teológica la unidad latinoamericana. El peronismo y la revolución peruana de Velazco Alvarado serían sus temas preferidos.

Militó en la formación del Frente Amplio y se convierte en el anónimo secretario de redacción del diario La Idea, sostenido por las fuerzas frentistas más vinculadas a los Tupamaros. Allí hizo la primera denuncia del plan de invasión preventiva al Uruguay por parte del ejército brasileño, el Plan 30 Horas, cuya existencia había filtrado un general argentino, en historia que Luis Vignolo hijo ha prometido contarme personalmente. Denunció duramente el fraude en las elecciones de 1971, fraude que ahora los documentos norteamericanos desclasificados reconocen. Puede agregarse a su biografía que uno de esos documentos desclasificados sostiene que los únicos tres medios de prensa por los que la embajada norteamericana se preocupaba eran: el semanario Marcha de Carlos Quijano, el diario El Popular del Partido Comunista, y el diario La Idea, dirigido desde las sombras por Luis Vignolo. Fue cerrado varias veces hasta que Pacheco Areco o el presidente fraudulento Juan Marìa Bordaberry terminan por clausurarlo. Y con ello, Vignolo vuelve a Buenos Aires y a Inter Press Service IPS donde se convierte en el Director para América Latina.

Luis Vignolo vivió en Argentina hasta 1991. Vuelve a Montevideo empujado por una de las últimas hiperinflaciones. Y la política de Menem, al que había votado como tantos de nosotros, _tenía nacionalidad uruguaya y argentina y votaba, por lo tanto, en las dos riberas del Plata- lo escandalizó y amargó profundamente.

En el 94 se suma junto con Tucho Methol Ferrè a las huestes blancas de Alberto Volonté, quien le rindió un merecido homenaje en el programa de Radio Espectador de Montevideo “En Perspectiva”, uno de los programas de radio más escuchados e de la radio uruguaya.

Está fue, en brevísima síntesis, la rica vida de este compatriota y compañero que acaba de dejarnos. Su mote de “El Profe” le venía de los tiempos en El País, gracias a un irascible obrero gráfico que lo veía permanentemente hablando con sus colegas más jóvenes: “Ahí está el Profe, otra vez hablando y no trabaja nunca”, habría dicho el iracundo linotipista, bautizando para siempre a nuestro amigo.

El Uruguay, por muy diversas razones, es un país donde las ideas sobre la unidad latinoamericana no entran con facilidad. Un agotado sentido de la excepcionalidad de sus condiciones materiales, una ideología nacional basada en la creencia de una esencialidad nacional uruguaya, una tendencia a actuar como engranaje local de una gran potencia extraña –el Reino Unido o EE.UU.- han generado formidables anticuerpos al saludable virus de la Patria Grande. Todos los intelectuales y políticos que pugnaron por la integración de la Cuenca del Plata predicaron, hasta ahora, en el desierto. Ferryra Aldunate, Gutiérrez Ruiz, Methol Ferré, Reyes Abadie y este Luis Vignolo que nos ha dejado, dedicaron su vida, y hasta la entregaron, a ese difícil empeño.

Luis Vignolo fue un amigo dilecto de los argentinos y un ferviente oriental amigo, como Herrera y Haedo, de Perón y el peronismo.

Estas líneas tienen el propósito de que el olvido no borre de nuestra frágil memoria la presencia, la acción y las ideas de un notable pensador, un solidario amigo de los perseguidos y un argentino oriental por decisión intelectual y política. Los argentinos le debemos un homenaje al Profe Luis Vignolo.

Buenos Aires. 26 de julio de 2010

Todas las precisiones biográficas de este artículo han sido producto de una comunicación personal con Luis Vignolo hijo. Es mi deseo no solamente honrar la memoria de su padre, sino hacer evidente el respeto, estima y amor filial del hijo del gran intelectual fallecido, quien, ante mi pedido, no vaciló en dedicar horas a su duelo para comunicarme una suscinta, pero completa, biografía personal y política de este gran uruguayo.