En esta página publico los artículos escritos por mí en los últimos años, sobre política argentina, política latinoamericana y política internacional, que considero más interesantes y de actualidad. Visite mi blog con temas periodísticos y literarios http://jfernandezbaraibar.blogspot.com
22 de octubre de 2017
20 de octubre de 2017
14 de octubre de 2017
El Perón de la última etapa
Mauricio Macri
afirmó, en el encuentro de las grandes empresas llamado por alguna
razón IDEA, que le gusta el “Perón de la última etapa”. Como
se sabe, todo lo que diga Mauricio Macri sobre Perón está viciado
de oportunismo y no tiene que ver con sus convicciones, sino con lo
que su asesor Durán Barba le dice que tiene que decir. Esa
afirmación no es ni cierta, ni falsa. Quien se la sopló al oído lo
hizo con la intención de oponer a ese “Perón de la última etapa”
con los gobiernos de Nëstor Kirchner y de Cristina Fernández de
Kirchner y, más exactamente, con la candidatura de esta última a
senadora nacional por la provincia de Buenos Aires.
Pero no es tanto
la afirmación de Macri el motivo de estas líneas sino la reacción
observada en distintos espacios, sedicentemente nacionales y
populares, que con una curiosa interpretación, coincidieron con la
provocación presidencial.
En efecto, pudo
leerse en las redes sociales que no era de extrañar que el
presidente de las grandes corporaciones gustase del Perón de López
Rega y de Isabel, dando a entender que con esos dos datos se definía
al “Perón de la última etapa”.
Vayamos por
partes, como habría dicho Jack el Destripador.
Los tres últimos
gobiernos peronistas, que sacaron al país de la crisis económica y
estructural posiblemente más profunda desde el año 1890 se
caracterizaron, entre otras cosas, por sumar al torrente popular a
amplios sectores de una juventud de clase media formada en los
prejuicios ideológicos, de izquierda y de derecha, contra el
peronismo. Se trata de prejuicios que, por otra parte, ya en aquellos
años (1973-76) habían jugado un papel delicuescente contra el
tercer gobierno del General Perón. Toda simplificación es
empobrecedora e incorrecta, pero aún a ese riego podríamos decir
que hubo sectores, cuyos padres habían luchado contra Perón en el
55 porque no era Lenin, que lo habían votado en el 73 creyendo que
era Lenin. Y en ambos casos, padres e hijos, estaban equivocados.
Perón era, en el 55 y el 73, el jefe político de un movimiento
nacional del liberación cuyo objetivo era la creación de un país
industrial, autárquico, soberano, con justicia social e integrado a
América Latina. Tanto en el año 1945, cuando los trabajadores lo
arrancaron de la prisión, como en 1971, cuando el conjunto del
pueblo argentino logró traerlo del exilio, Perón intentó unificar
a los argentinos alrededor de las tres grandes banderas que
caracterizaron a su movimiento: independencia económica, soberanía
política y justicia social.
Pero podríamos
agregar que ese anciano general que tuvimos el enorme honor de
conocer personalmente se parecía más al de las jornadas del 17 de
octubre, de la nacionalización de los ferrocarriles, de la creación
de la Flota Mercante, de la promulgación del aguinaldo que al
presidente de 1955, asediado por el estrangulamiento del sector
externo, por las malas cosechas de trigo, por el enfrentamiento con
la iglesia, con un gobierno que había perdido la vitalidad y el
empuje de los años iniciales. El general que llegó a la residencia
de Gaspar Campos había incorporado, en su exilio europeo, un arsenal
de nuevas reflexiones, tanto doctrinarias como políticas, y llegaba,
pese a la edad, con el ánimo dispuesto a unir a los argentinos, como
el mismo lo expresó al llegar, “para la liberación, no para la
dependencia”.
Lo definitorio del
“Perón de la última etapa” no fue López Rega. Siempre había
habido algún personaje de esas características en su cercanía.
Apold o el diputado Visca formaron parte también de la legión de
chupamedias y alcahuetes que pululaban en los pasillo
gubernamentales. El vicepresidente Alberto Teissaire, después del 16
de septiembre de 1955, pasó a ser conocido como “el cantor de las
cosas nuestras” -atributo que hizo famoso a Antonio Tormo-, por sus
“confesiones” a las comisiones investigadoras del golpe cívico
militar.
“El Perón de la
última etapa” es el del Modelo Argentino para el Proyecto
Nacional, donde deja establecido en negro sobre blanco la naturaleza
de la tarea a encarar:
“Nuestra
tarea común es la liberación. Liberación tiene muchos
significados:
- En lo político, configurar una nación sustancial, con capacidad suficiente de decisión nacional, y no una nación en apariencia que conserva los atributos formales del poder, pero no su esencia.
- En lo económico, hemos de producir básicamente según las necesidades del pueblo y de la Nación, y teniendo también en cuenta las necesidades de nuestros hermanos de Latinoamérica y del mundo en su conjunto. Y, a partir de un sistema económico que hoy produce según el beneficio, hemos de armonizar ambos elementos para preservar recursos, lograr una real justicia distributiva, y mantener siempre viva la llama de la creatividad.
- En lo socio-cultural, queremos una comunidad que tome lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos, y que agregue a ello todo lo que nos es propio, autóctono, para desarrollar un profundo nacionalismo cultural, como antes expresé. Tal será la única forma de preservar nuestra identidad y nuestra auto-identificación. Argentina, como cultura, tiene una sola manera de identificarse: Argentina. Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar.
- La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha también por los recursos y la preservación ecológica, y en ella estamos empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables. Pasó la época en que podían tomarse riquezas por la fuerza, con el argumento de la lucha política entre países o entre ideologías.
- Tenemos que trabajar para hacer también del Tercer Mundo una comunidad organizada. Esta es la hora de los pueblos y concebimos que, en ella, debe concretarse la unión de la humanidad.
- En lo científico-tecnológico, se reconoce el núcleo del problema de la liberación. Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible. La liberación del mundo en desarrollo exige que este conocimiento sea libremente internacionalizado sin ningún costo para él. Hemos de luchar por conseguirlo; y tenemos para esta lucha que recordar las esencias: todo conocimiento viene de Dios”.
Es el Perón que incorpora al programa de la Argentina justa, libre y
soberana las reivindicaciones de un ecologismo tercermundista, de
protección de nuestros recursos naturales y su explotación al
servicio de la grandeza de la nación y el bienestar del pueblo. Es
el Perón de la propuesta de integración continental para la que los
tiempos habían madurado desde aquel temprano llamado de la década
del '50.
Sabemos que el presidente Macri ignora este “Perón de la última
etapa”, al que sus amigos gorilas, con los mismos apellidos e
intereses, combatieron con denuedo hasta el último momento de su
augusta vida. “Las fuerzas del orden –pero del orden nuevo,
del orden revolucionario, del orden del cambio en profundidad– han
de imponerse sobre las fuerzas del desorden entre las que se
incluyen, por cierto, las del viejo orden de la explotación de las
naciones por el imperialismo, y la explotación de los hombres por
quienes son sus hermanos y debieran comportarse como tales”,
dijo “el Perón de la última etapa”, ante el Congreso de la
Nación el 1° de Mayo de 1974. No es este, como se ve, el programa
expuesto ante los millonarios de IDEA.
Lo que nos preocupa es que desde nuestro campo se ignore también a
este “Perón de la última etapa” y se pretenda confundir su
memoria. Afirmar que la presencia de López Rega caracteriza y define
al período final de Perón es sumarse a los silbidos de los que,
aquel 1° de Mayo de 1974, quisieron disputarle el liderazgo de su
movimiento y quedaron aprisionados en el juego de pinzas que el
imperialismo y la oligarquía local impusieron sobre el pueblo
argentino.
El legado de Perón, su pensamiento y acción de gobierno, no es un
bien mostrenco del que cualquiera se apropia. Macri sencillamente
miente cuando dice lo que dice. Los nuestros se equivocan cuando
ignoran qué fue ese “Perón de la última etapa”.
Buenos
Aires, 14 de octubre de 2017.
23 de septiembre de 2017
La Novia del Desierto
Si uno lee hoy las desangeladas críticas de Página 12 o de La Nación a La Novia del Desierto, seguramente no concurrirá a verla este soleado fin de semana. Los críticos cinematográficos son la encarnación misma del eunuco al que se refiere George Steiner cuando escribe: "Al mirar hacia atrás, el crítico ve la sombra de un eunuco. ¿Quién sería crítico, si pudiera ser escritor?". Su preocupación es distinta a la del director o a la del espectador. Su preocupación es lo más cercano al solipsismo tal como lo define la RAE: Forma radical de subjetivismo según la cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo.
Contrariamente a la sombra de estos eunucos, Steiner dixit, yo voy a empezar mi comentario diciendo: no dejen de ir a ver La Novia del Desierto. Es una hermosa, simple, sencilla película que se merece la mejor respuesta de su público, a poco que se encuentren, película y público. La sombra de los eunucos impiden este rendez vous.
La Novia del Desierto es una pequeña historia de gente pobre, de mediana edad y sin glamour, tal como somos la inmensa mayoría de los habitantes de este valle de lágrimas. Los pobres, de mediana edad y sin glamour son, en este caso, dos actores gigantescos, millonarios en sensibilidad y expresión, Paulina García, una chilena mágica en su interpretación de medios tonos, de silencios, de represión, de chileno pobre acostumbrado a no mirar a los ojos del patrón, y Claudio Rissi, para quien agoté los adjetivos que tenía a disposición. Su Gringo es cercano, reconocible, es ese fletero de la vuelta de casa, ese mozo veterano y sabio que nos conversa en el el bodegón del barrio, ese plomero mal vestido y de pantalón flojo que destapa el desagüe del lavadero.
Y es el paisaje seco, áspero, con el aroma de la jarilla, que golpea y conmueve a la urbana Teresa. Y es el santuario de la Difunta Correa, sus exvotos, sus ofrendas, ese abigarrado mundo de creencias y pequeños negocios. Desierto y santuario son la escenografía natural y cultura de un encuentro de dos almas en pena, dos olvidados de la mano de Dios, que se encuentran y vuelven a ser felices.
Es una historia chiquita. Como tu historia, como la mía.
Vayan a verla. Las directoras son dos chicas jóvenes hasta el escándalo, entusiasmadas con su obra y su trabajo, que, como aquellas películas que solíamos hacer con Jorge Coscia, tiene, a falta de dinero, una larguísima lista de agradecimientos. La película respira el aliento de Mirta de Liniers a Estambul, de El General y la Fiebre. Es el cine que mejor nos sale, porque lo hacemos con el corazón y la voluntad.
Vayan a verla.
14 de septiembre de 2017
La entrevista de Cristina con Novaresio
Es
imposible saber, media hora después de finalizado, la importancia
que la entrevista de Cristina con Novaresio puede tener en la opinión
pública que no nos ha votado y que podría hacerlo. Lo que si creo
que se puede afirmar es que fue una entrevista necesaria para todo
los que pertenecemos al campo nacional, simpaticemos o no con
Cristina, su gestión, su estilo, su carácter y su personalidad.
Dejo de lado cualquier comentario sobre el papel jugado por el
periodista, porque no viene al caso y porque forma parte de las
condiciones objetivas de la entrevista.
La foto de la jornada. CFK y Haddad |
Fue
necesaria y fue positiva porque se pudo ver a una CFK más
descontracturada y cercana que de costumbre, con una voz y un modo de
expresión más reposado y menos apodíctico. Tuvo algunas
expresiones de una gran importancia política.
En
primer lugar, como lo suponíamos, el aclarar que la candidatura la
asumió como una iniciativa colectiva y no como una iniciativa
personal, que su deseo no era presentarse.
En
segundo lugar, su manifestación clara y fuerte de que su candidatura
no será motivo de división del peronismo en el 2019, que se así
fuera se apartaría de toda aspiración presidencial.
En
tercer lugar, su definición, también fuerte y clara, de que es
peronista, que pertenece al peronismo y su negativa a discutir sobre
derechas e izquierdas en el seno del movimiento nacional.
También
ha sido importante el reconocimiento del error de algunas cadenas
presidenciales, en las que confesó primaba una situación de ánimo
que no correspondía y que podía ser mal entendida aún por los
propios.
Creo
que su llamado a un gran diálogo público para expresar claramente
el proyecto de país que cada sector pretende es una propuesta que
deberá ser desarrollada y ampliada. Más allá de la naturaleza
histórica de la famosa grieta, el país, la opinión pública y la
sociedad hoy manifiestan un cierto hartazgo de las políticas
confrontativas. El discurso de la cultura del encuentro que propone
Francisco desde Roma, y que tuvo su manifestación masiva en la
visita a Colombia, es, me parece, un gran marco de referencia para
esa propuesta.
Por
otro lado, quedó en evidencia la pobreza de la crítica a su
gobierno. El tema de la corrupción fue magníficamente contestado y
terminó en el único momento de quiebre emocional de la nota. Ni
hablar con lo referido a la carta de intenciones con Irán. La mera
enunciación de ese tema dejó constancia de la inconsistencia dolosa
de la acusación.
Creo
que una opinión pública que ha sufrido la constante demonización
de Cristina ha tenido y tiene oportunidad de relativizar sus
convicciones, fundadas básicamente en una pertinaz, perversa y
mezquina campaña mediática, y ha mostrado una mujer muy inteligente
-la más inteligente de la escena política argentina, por lejos-, la
sinceridad de sus convicciones y su entrega a ellas.
Los
que la apreciamos lo seguimos haciendo, incluso con mayor énfasis,
ante la necesidad del triunfo en noviembre. Los que la odian la
seguirán odiando también con mayor énfasis, ante la dificultad que
encuentra el destruirla.
Pero
hay, estoy convencido, una amplia franja de hombres y mujeres
honestas y sinceras que han sido arrastrados por el odio impartido
desde el poder económico y mediático. Muchos de esos compatriotas
hoy se han sentido interrogados por la entereza de esta mujer que
desde hace dos años se enfrenta diariamente sola, armada con su
inteligencia, con la profundidad de sus convicciones y la seguridad
de ser amada por millones de compatriotas de Argentina y Suramérica,
a la más poderosa coalición de intereses económicos locales e
internacionales, un monopolio mediático sin frenos ni vacilaciones,
un miserable sistema de partidos políticos a su servicio y todo el
aparato de un estado que la quiere meter presa, sin haber cometido un
solo delito, para sacarla de la escena política y, con ello,
intentar derrotar el proyecto de país soberano, industrial, justo e
integrado al continente. Esa amplia franja de compatriotas honestos
es la destinataria de este mensaje.
Buenos
Aires. 14 de septiembre de 2017
13 de septiembre de 2017
El Papa en Colombia
Francisco
vino a ratificar la paz del continente,
exigir
la verdad, bregar por la justicia y llamar al encuentro
“Entendemos
que el viaje de Francisco, el apóstol de la paz entre los pueblos,
tiene como objetivo consolidar esa paz alcanzada por los colombianos,
con la ayuda de otros países de la región. Pero también advertir
al mundo que este continente quiere la paz para siempre y que la
misma no podrá ser violada por la presencia de ejércitos
extranjeros, de provocadores mercenarios o agentes de la disolución
nacional”.
Cuando
ya han pasado algunos días, y pese al poco eco que despertó en el
cada vez más degradado periodismo comercial argentino, el viaje
papal cumplió ampliamente con esas expectativas y se amplió hacia
otros frentes, donde reiteró su mensaje de justicia, de fraternidad
y de respeto a “la
casa común”,
nuestro planeta.
Posiblemente
los dos lugares más significativos hayan sido Villavicencio, la
capital del departamento de Meta, en los llanos orientales y casi en
el centro mismo del país, y en Cartagena de Indias, el puerto sobre
el Caribe que fuera centro del comercio esclavista bajo la dominación
española, una ciudad en la que la presencia africana, fuerte en toda
Colombia, se acentúa e impregna su cultura.
Después
de escuchar, en Villavicencio, el dramático testimonio de dos
mujeres cuyas vidas fueron atravesadas y modificadas para siempre por
la violencia y de una muchacha que a los 16 años es obligada a
ingresar a un grupo paramilitar de los llamados Grupos de
Autodefensa y de un hombre ex integrante de las FARC, Francisco tuvo
uno de sus discursos centrales: “Es
la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y
abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la
creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.
La justicia, la verdad y el encuentro fraterno fueron las claves de
su mensaje a lo largo de toda su visita.
En
la misma Villavicencio, 2.000 colombianos, miembros de las 102 etnias
originarias que hay en el país, viajaron más de 15 horas para
entregarle a Francisco -en una calle de honor formada por la Guardia
Indígena- un acta en la que denuncian el despojo histórico de sus
territorios ancestrales, la violación sistemática de los derechos
de sus pueblos y el detrimento que sufre la madre tierra por la
descontrolada explotación a la que es sometida. El documento
contenía también un pedido de audiencia para continuar en Roma la
discusión de medidas concretas en favor de estos reclamos..
Dos
artistas colombianos figuraron en los discursos y mensajes de
Francisco. El viejo profesor de letras no pudo soslayar al premio
Nóbel colombiano, Gabriel García Márquez, y citó precisamente un
párrafo de su discurso de recepción del galardón sueco: “es
posible una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda
decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto
el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a
cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda
oportunidad sobre la tierra”.
En otra reunión con los obispos locales, el Papa volvió a recordar
a Gabo: “No
imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla”.
Francisco
citó también al cantante pop Juanes, un artista colombiano
internacionalmente conocido. Durante la homilía de una misa, el
Papa dijo: “Un
compatriota de ustedes lo canta con belleza: 'los árboles están
llorando, son testigos de tantos años de violencia. El mar está
marrón, mezcla de sangre con la tierra'".
La estrofa pertenece a Minas
Tierras,
una canción compuesta por Juanse luego de conocer a 35
sobrevivientes de minas antipersonales.
Sus
discursos en Cartagena fueron los que posiblemente encerraron el
carácter más amplio y continental de su visita colombiana.
“Desde
este lugar, quiero asegurar mi oración por cada uno de los países
de Latinoamérica, y de manera especial por la vecina Venezuela.
Expreso mi cercanía a cada uno de los hijos e hijas de esa amada
nación, como también a los que han encontrado en esta tierra
colombiana un lugar de acogida. Desde esta ciudad, sede de los
Derechos Dumanos, hago un llamamiento para que se rechace todo tipo
de violencia en la vida política y se encuentre una solución a la
grave crisis que se está viviendo y afecta a todos, especialmente a
los más pobres y desfavorecidos de la sociedad”.
Asimismo,
aprovechó la estancia en el viejo puerto esclavista para redondear
su concepto sobre la paz. Dijo allí :
“Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la
experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido
invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes
coloreen los procesos de memoria colectiva. El autor principal, el
sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es
una clase, una fracción, un grupo, una élite. Toda la gente y su
cultura. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o
una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento
colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto
social y cultural. A nosotros, cristianos, se nos exige
generar «desde abajo» generar un cambio cultural: a la cultura de
la muerte, de la violencia, responder con la cultura de la vida y del
encuentro. Nos lo decía ya ese escritor tan de ustedes y tan de
todos: «Este desastre cultural no se remedia ni con plomo ni con
plata, sino con una educación para la paz, construida con amor sobre
los escombros de un país enardecido donde nos levantamos temprano
para seguirnos matándonos los unos a los otros, una legítima
revolución de paz que canalice hacia la vida la inmensa energía
creadora que durante casi dos siglos hemos usado para destruirnos y
que reivindique y enaltezca el predominio de la imaginación»”.
Terminaba nuevamente con
palabras del autor de Cien Años de Soledad.
“Hago
un llamado para que se busquen los modos para terminar con el
narcotráfico que lo único que hace es sembrar muerte por doquier,
truncando tantas esperanzas y destruyendo tantas familias. Pienso
también en otros dramas como en la devastación de los recursos
naturales y en la contaminación, en la tragedia de la explotación
laboral, pienso en el blanqueo ilícito del dinero así como la
especulación financiera, que a menudo asume rasgos perjudiciales y
demoledores para enteros sistemas económicos y sociales, exponiendo
a la pobreza a millones de hombres y mujeres; pienso en la
prostitución que cada día cosecha víctimas inocentes, sobre todo
entre los más jóvenes, robándoles el futuro; pienso en la
abominable trata de seres humanos, en los delitos y abusos contra los
menores, en la esclavitud que todavía difunde su horror en muchas
partes del mundo, en la tragedia frecuentemente desatendida de los
emigrantes con los que se especula indignamente en la ilegalidad», e
incluso también se especula en una «aséptica legalidad» pacifista
que no tiene en cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo”.
El
editorialista de La Nación, prosopéyico y engolado como ha sido
diariamente durante 147 años, intentó traducir el viaje papal en la
menguada clave de su interés local, comparando una guerra civil de
más de 50 años de duración, con los conatos guerrilleros de
nuestro país entre los años 1969-1976 y, curiosamente, la
actualidad.
Francisco,
por el contrario, ratificó, con su presencia y su palabra, el
mensaje que ha caracterizado todo su pontificado: justicia,
solidaridad con los más débiles, denuncia de un sistema que produce
descarte de los hombres y destrucción de la gran nave común. Y en
este caso en especial, ratificar la paz en la que quiere vivir
nuestro continente de orquídeas y tucanes.
Buenos
Aires, 13 de septiembre de 2017
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