En esta página publico los artículos escritos por mí en los últimos años, sobre política argentina, política latinoamericana y política internacional, que considero más interesantes y de actualidad. Visite mi blog con temas periodísticos y literarios http://jfernandezbaraibar.blogspot.com
13 de enero de 2026
10 de enero de 2026
Carlos Pereyra y la Doctrina Monroe
El relanzamiento, por parte de Donald Trump, de la llamada Doctrina Monroe, ha vuelto a poner en circulación la vieja concepción imperial expansionista de los EE.UU. Por ello, se hace necesario reactualizar y poner en circulación los análisis y las críticas que el mensaje del quinto presidente de los EE.UU., James Monroe, el 2 de diciembre de 1823, hace doscientos dos años, generara a fines del siglo XIX.
Carlos Hilario Pereyra (1871-1942) fue uno de los grandes intelectuales mexicanos posteriores a la Revolución Mexicana, con la que tuvo una muy mala relación. Contemporáneo de Rufino Blanco Fombona y Manuel Ugarte, participó del poderoso movimiento intelectual que enfrentó la leyenda negra sobre la colonización española, lanzada básicamente por el historiador escocés William Robertson, con su Historia de América (1777), y el estadounidense William H. Prescott, con Historia de la Conquista de México (1843) e Historia de la Conquista de Perú (1847). Estos libros, y el sentido común generado por ellos, convirtió a la presencia española en el continente americano como una pura orgía de sangre y explotación. Contra la opinión de los escritores anglonorteamericanos, defendió la obra de Bernal Díaz del Castillo y prologó su monumental Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Fue, durante un breve tiempo, diputado, pero descolló en la diplomacia, tarea en la que ocupó importantes cargos como Secretario de la Embajada de México en Washington, encargado de negocios en Cuba, ministro plenipotenciario en Bélgica y Holanda y miembro del Tribunal Internacional de Arbitraje de La Haya en 1913. Como ha escrito Andrés Kozel:
“Pereyra ingresó en el servicio diplomático en las postrimerías del Porfiriato. Leal al régimen de Díaz hasta su disolución, en los albores del proceso revolucionario Pereyra escribió en contra de Francisco I. Madero. Debido a ello, apenas iniciada su presidencia, Madero lo cesó en su puesto en la legación mexicana en Washington. Pereyra no se quedó cruzado de brazos, sino que participó de la trama conspirativa contraria a Madero, secundando el golpe de Estado de Victoriano Huerta, el cual se fraguó –como es sabido– con la abierta participación del embajador estadounidense Henry Lane Wilson. Seguidamente, Pereyra pasó a integrar el gabinete de Huerta en calidad de subsecretario de Relaciones Exteriores. Duró poco en ese cargo: a mediados de 1913 partió a Europa, para desempeñarse como embajador ante Bélgica y los Países Bajos. Su salida de la escena mexicana parece haber estado relacionada a crecientes tensiones con Huerta, a quien había visto con buenos ojos al comienzo, pero no después. Pereyra no regresaría jamás a México. Caído el tirano, renunció a su cargo diplomático y, luego de pasar un tiempo en Suiza, se instaló en Madrid junto a su esposa, la poetisa María Enriqueta Camarillo. En la capital española daría a conocer la parte más importante de su obra”.
“La Revolución Mexicana fue para Pereyra una tragedia, que segó sus perspectivas diplomáticas y políticas, eventualmente inmejorables antes de noviembre de 1910. Haciendo un ejercicio contrafáctico, en «otros años diez» – esto es, los años diez de un México que hubiese podido resolver «de otro modo» la sucesión de Porfirio Díaz–, no es difícil imaginar a Pereyra como embajador en los Estados Unidos e, incluso, como canciller de México. Pero la Revolución lo trastocó todo, alejando en definitiva a Pereyra del país, y forzando de ese modo su consagración exclusiva a los estudios históricos. En rigor, y aun cuando Pereyra había publicado algunos estudios de calidad en los primeros años del siglo, su renombre como historiador proviene mayormente de los escritos dados a conocer en sus años españoles, es decir, desde 1916 en adelante”1.
Desde una perspectiva más conservadora y aristocratizante que nuestro Manuel Ugarte, Pereyra fue, a principios del siglo XX, una de las más claras voces en la denuncia del expansionismo norteamericano. Algunos de sus títulos dan cuenta de la pasión hispanoamericana del mexicano: La doctrina de Monroe: El destino manifiesto y el imperialismo (1908), El mito de Monroe (1914), Bolívar y Washington. Un paralelo imposible (1915), Tejas, la primera desmembración de Méjico (1917), Los dos polos de la diplomacia yanqui: la hipocresía y el miedo (1917), La constitución de Estados Unidos como instrumento de dominación plutocrática (1917).
El Mito de Monroe que tengo en mi biblioteca es un libro de 235 páginas, en cuerpo 8, publicado en Buenos Aires por una desconocida Ediciones El Búho en 1959. Esta fechado en Bruselas, julio-diciembre, 1914. El libro comienza con dos dedicatorias:
“A la memoria de Bolívar”
A la memoria de Sáenz Peña”
y una cita en inglés a un jurista inglés, Alfred Edward Randall:
“Cuando Marx inventó la interpretación económica de la historia, forjó un arma que, hábilmente utilizada, puede destruir la mayoría de las reputaciones históricas y reducir a la mayoría de los héroes históricos al extremo del innoble Cassio, exclamando: «¡Oh, he perdido mi reputación! ¡He perdido la parte inmortal, señor! Lo que queda de mí es bestial»”.
Lo primero que hace Carlos Pereyra en su libro es desmontar el carácter o monolítico de la tal doctrina Monroe. Pereyra sostiene que, por lo menos, hay tres.
La primera es la que escribió John Quincy Adams, entonces secretario de Estado, para el discurso de Monroe, aquel 2 de diciembre de hace doscientos dos años. Según Pereyra, el párrafo del discurso de Monroe que da base al mito es el siguiente:
“En las discusiones a que ha dado lugar este interés y en los acuerdos con que pueden terminar, se ha juzgado la ocasión propicia para afirmar, como un principio que afecta a los derechos e intereses de los Estados Unidos, que los continentes americanos, por la condición de libres e independientes que han adquirido y mantienen, no deben en lo adelante ser considerados como objetos de una colonización futura por ninguna potencia europea...”
Y un poco más adelante:
“Con las colonias o dependencias existentes de potencias europeas no hemos interferido y no interferiremos. Pero con los Gobiernos que han declarado su independencia y la mantienen, y cuya independencia hemos reconocido, con gran consideración y sobre justos principios, no podríamos ver cualquier interposición para el propósito de oprimirlos o de controlar en cualquier otra manera sus destinos, por cualquier potencia europea, en ninguna otra luz que como una manifestación de una disposición no amistosa hacia los Estados Unidos”2.
Dice Pereyra, a propósito de esta eufónica declaración:
“Que el presidente Monroe haya dicho en 1823 ciertas palabras a guisa de comentario sobre acontecimientos que para nosotros ya no tienen significación ninguna, y que en los Estados Unidos haya habido cierta predisposición sentimental que hizo de aquellas palabras una fórmula de valor místico para conjurar peligros internacionales más o menos imaginarios: he ahí todo lo que se necesitaba para que naciese una fórmula mágica de la especie del tabú”3.
La segunda doctrina Monroe, según la propuesta de Pereyra, es, cito textualmente:
“la que ha pasado, como una transformación legendaria y popular, del texto de Monroe a una especie de dogma difuso de glorificación de los Estados Unidos, para tomas cuerpo finalmente en el informe rendido al presidente Grant por el secretario de Estado Fish, con fecha 14 de julio de 1870”4.
Este “dogma difuso” es el que comenzó a aplicarse
Y a continuación pone algo que, a la luz de los actuales acontecimientos, adquiere una luz reveladora:
“En 1895 se presenta una sencillísima y vulgar cuestión de fronteras entre Venezuela y la Guayan inglesa. Lo que es Venezuela paa los Estados Unidos, se ha visto antes de Castro, en tiempo de Castro y después de Castro5. ¿Qué humillaciones, para no emplear la palabra atropellos, no se encuentran excusables y justificables en la cancillería de Washington cuando se trata de la desventurada Venezuela? Bloqueo pacífico, bombardeos, batida en forma a Castro, como un jabalí de la especie de Zelaya, el de Nicaragua: todo se permite contra Venezuela cuya soberanía, atravesada de parte a parte, da compasión (…)6.
Fue justamente a raíz de un conflicto fronterizo entre Venezuela y la entonces Guayana Inglesa, hoy Guyana, que el Secretario de Estado William Olney, en la segunda presidencia de Grover Cleveland estableció lo que pasó a llamarse Corolario Olney a la Doctrina Monroe:
“En la actualidad, Estados Unidos es prácticamente soberano de este continente y sus órdenes son ley para los súbditos a los que limita su intervención. ¿Por qué? No es por la amistad pura o la buena voluntad que sientan por él. No es simplemente por causa de su alta reputación como nación civilizada, ni porque la prudencia, la justicia y la equidad son características invariables de los tratados de los Estados Unidos. Es porque, además de todas las otras razones, sus infinitos recursos unidos a su posición aislada hacen que domine la situación y qué sea prácticamente invulnerable contra las demás potencias”7.
Y Pereyra cita una expresión del gobernador y senador por Connectticut y descubridor de las ruinas de Machu Pichu, Hiram Bingham -quien es considerado como la inspiración del personaje Indiana Jones-:
“El pueblo americano ha querido creer y ha creído que la doctrina de Monroe pertenece a este código misterioso conocido pajo el nombre de ley internacional, y hay todavía muchas gentes, la mayoría, que creen tal cosa”8.
La tercera doctrina Monroe es, para nuestro autor,
“la que, tomando como fundamento las afirmaciones de estos hombres públicos y sus temerarias falsificaciones del documento original de Monroe, quiere presentar la política exterior de los Estados Unidos como una derivación ideal del monroísmo primitivo".9
Según el mexicano esto ya no sería una falsificación, sino una “superfetación”. Denomínase superfetación a una situación extremadamente rara en la cual una mujer queda embarazada de un segundo feto días o semanas después de ya estar embarazada, resultando en gemelos de diferente edad gestacional. Con la hipérbole quiere expresar Pereya la total distancia y separación entre el discurso de 1823 y la doctrina generada por los apóstoles del imperialismo norteamericano: William McKinley, Teodoro Roosevelt y Henry Cabot Lodge, el representante de la diplomacia del dólar, William Howard Taft, y el representante de la misión tutelar imperialista, financiera y bíblica, Woodrow Wilson.
Todo el libro de Carlos Pereyra es una exhaustiva y sistemática denuncia de la doctrina Monroe como una patraña, un invento que nada tiene que ver ni con Monroe, ni con el verdadero autor del texto, John Quincy Adams. Los EE.UU. comenzaron a diseñarla una vez que voltearon los escollos que impedían su desarrollo capitalista, con la guerra de Secesión. Al final de su libro Pereyra realiza algunas observaciones que tienen un asombroso parecido a nuestra experiencia contemporánea.
“Hay en la América del Sur tres corrientes de sentimiento:”
“1o) La vulgar, que por engreimiento con las adquisiciones de orden material realizadas en los últimos años, rechaza toda vinculación con los países débiles y desorganizados de la America española. Los megalómanos de esta fracción sudamericana, son los serviles que aplauden las bellaquerías de Roosevelt y se asocian a las infamias de Wilson. Son los mismo que hablan de «la Argentina y sus grandezas». Se dicen los yanquis del Sur, los australianos de América y alcanzan, en realidad, el nivel de insolencia que corresponde a todo advenedizo. Reniegan de la raza, se burlan de la tradición, Son espíritus fuertes. Su representante intelectual e inmoral es el doctor don Estanislao Zeballos, maestro del rastacuerismo diplomático”.
“2o) La corriente popular, pura, noble, generosa, que nace del instinto y se derrama dondequiera que la juventud y el pueblo dejan oir su voz vibrante. Tiene por apóstoles a los poetas, los que conocen la vida por obra de intuiciones geniales. Su representante es el héroe de una odisea continental sine ejemplo: don Manuel Ugarte”.
“3o) La corriente de los estadistas profundos, que tienen la prudencia de los hombres prácticos y la videncia de los poetas. Su numen es Bolívar; su hombre de estado Sáenz Peña. Ellos saben que los norteamericanos no llevan a la América del Sur sino el propósito de la absorción económica y de la dominación política, y que ayudarlos en esta obra es un suicidio, a menos que fracase el plan de los norteamericanos, y que, en tal caso, sus incautos secuaces sudamericanos se vean mezclados en las futuras contiendas de los Estados Unidos, cuando América oiga cañonazos europeos o japoneses”.10
Ciento doce años después, los hispanoamericanos, como hubiera dicho Pereyra, nos encontramos exactamente en esta misma disyuntiva, pero con un mundo que es totalmente distinto al de 1914.
Buenos Aires, 10 de enero de 2026.
Carlos Hilario Pereyra (1871-1942) fue uno de los grandes intelectuales mexicanos posteriores a la Revolución Mexicana, con la que tuvo una muy mala relación. Contemporáneo de Rufino Blanco Fombona y Manuel Ugarte, participó del poderoso movimiento intelectual que enfrentó la leyenda negra sobre la colonización española, lanzada básicamente por el historiador escocés William Robertson, con su Historia de América (1777), y el estadounidense William H. Prescott, con Historia de la Conquista de México (1843) e Historia de la Conquista de Perú (1847). Estos libros, y el sentido común generado por ellos, convirtió a la presencia española en el continente americano como una pura orgía de sangre y explotación. Contra la opinión de los escritores anglonorteamericanos, defendió la obra de Bernal Díaz del Castillo y prologó su monumental Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Fue, durante un breve tiempo, diputado, pero descolló en la diplomacia, tarea en la que ocupó importantes cargos como Secretario de la Embajada de México en Washington, encargado de negocios en Cuba, ministro plenipotenciario en Bélgica y Holanda y miembro del Tribunal Internacional de Arbitraje de La Haya en 1913. Como ha escrito Andrés Kozel:
“Pereyra ingresó en el servicio diplomático en las postrimerías del Porfiriato. Leal al régimen de Díaz hasta su disolución, en los albores del proceso revolucionario Pereyra escribió en contra de Francisco I. Madero. Debido a ello, apenas iniciada su presidencia, Madero lo cesó en su puesto en la legación mexicana en Washington. Pereyra no se quedó cruzado de brazos, sino que participó de la trama conspirativa contraria a Madero, secundando el golpe de Estado de Victoriano Huerta, el cual se fraguó –como es sabido– con la abierta participación del embajador estadounidense Henry Lane Wilson. Seguidamente, Pereyra pasó a integrar el gabinete de Huerta en calidad de subsecretario de Relaciones Exteriores. Duró poco en ese cargo: a mediados de 1913 partió a Europa, para desempeñarse como embajador ante Bélgica y los Países Bajos. Su salida de la escena mexicana parece haber estado relacionada a crecientes tensiones con Huerta, a quien había visto con buenos ojos al comienzo, pero no después. Pereyra no regresaría jamás a México. Caído el tirano, renunció a su cargo diplomático y, luego de pasar un tiempo en Suiza, se instaló en Madrid junto a su esposa, la poetisa María Enriqueta Camarillo. En la capital española daría a conocer la parte más importante de su obra”.
“La Revolución Mexicana fue para Pereyra una tragedia, que segó sus perspectivas diplomáticas y políticas, eventualmente inmejorables antes de noviembre de 1910. Haciendo un ejercicio contrafáctico, en «otros años diez» – esto es, los años diez de un México que hubiese podido resolver «de otro modo» la sucesión de Porfirio Díaz–, no es difícil imaginar a Pereyra como embajador en los Estados Unidos e, incluso, como canciller de México. Pero la Revolución lo trastocó todo, alejando en definitiva a Pereyra del país, y forzando de ese modo su consagración exclusiva a los estudios históricos. En rigor, y aun cuando Pereyra había publicado algunos estudios de calidad en los primeros años del siglo, su renombre como historiador proviene mayormente de los escritos dados a conocer en sus años españoles, es decir, desde 1916 en adelante”1.
Desde una perspectiva más conservadora y aristocratizante que nuestro Manuel Ugarte, Pereyra fue, a principios del siglo XX, una de las más claras voces en la denuncia del expansionismo norteamericano. Algunos de sus títulos dan cuenta de la pasión hispanoamericana del mexicano: La doctrina de Monroe: El destino manifiesto y el imperialismo (1908), El mito de Monroe (1914), Bolívar y Washington. Un paralelo imposible (1915), Tejas, la primera desmembración de Méjico (1917), Los dos polos de la diplomacia yanqui: la hipocresía y el miedo (1917), La constitución de Estados Unidos como instrumento de dominación plutocrática (1917).
El Mito de Monroe que tengo en mi biblioteca es un libro de 235 páginas, en cuerpo 8, publicado en Buenos Aires por una desconocida Ediciones El Búho en 1959. Esta fechado en Bruselas, julio-diciembre, 1914. El libro comienza con dos dedicatorias:
“A la memoria de Bolívar”
A la memoria de Sáenz Peña”
y una cita en inglés a un jurista inglés, Alfred Edward Randall:
“Cuando Marx inventó la interpretación económica de la historia, forjó un arma que, hábilmente utilizada, puede destruir la mayoría de las reputaciones históricas y reducir a la mayoría de los héroes históricos al extremo del innoble Cassio, exclamando: «¡Oh, he perdido mi reputación! ¡He perdido la parte inmortal, señor! Lo que queda de mí es bestial»”.
Lo primero que hace Carlos Pereyra en su libro es desmontar el carácter o monolítico de la tal doctrina Monroe. Pereyra sostiene que, por lo menos, hay tres.
La primera es la que escribió John Quincy Adams, entonces secretario de Estado, para el discurso de Monroe, aquel 2 de diciembre de hace doscientos dos años. Según Pereyra, el párrafo del discurso de Monroe que da base al mito es el siguiente:
“En las discusiones a que ha dado lugar este interés y en los acuerdos con que pueden terminar, se ha juzgado la ocasión propicia para afirmar, como un principio que afecta a los derechos e intereses de los Estados Unidos, que los continentes americanos, por la condición de libres e independientes que han adquirido y mantienen, no deben en lo adelante ser considerados como objetos de una colonización futura por ninguna potencia europea...”
Y un poco más adelante:
“Con las colonias o dependencias existentes de potencias europeas no hemos interferido y no interferiremos. Pero con los Gobiernos que han declarado su independencia y la mantienen, y cuya independencia hemos reconocido, con gran consideración y sobre justos principios, no podríamos ver cualquier interposición para el propósito de oprimirlos o de controlar en cualquier otra manera sus destinos, por cualquier potencia europea, en ninguna otra luz que como una manifestación de una disposición no amistosa hacia los Estados Unidos”2.
Dice Pereyra, a propósito de esta eufónica declaración:
“Que el presidente Monroe haya dicho en 1823 ciertas palabras a guisa de comentario sobre acontecimientos que para nosotros ya no tienen significación ninguna, y que en los Estados Unidos haya habido cierta predisposición sentimental que hizo de aquellas palabras una fórmula de valor místico para conjurar peligros internacionales más o menos imaginarios: he ahí todo lo que se necesitaba para que naciese una fórmula mágica de la especie del tabú”3.
La segunda doctrina Monroe, según la propuesta de Pereyra, es, cito textualmente:
“la que ha pasado, como una transformación legendaria y popular, del texto de Monroe a una especie de dogma difuso de glorificación de los Estados Unidos, para tomas cuerpo finalmente en el informe rendido al presidente Grant por el secretario de Estado Fish, con fecha 14 de julio de 1870”4.
Este “dogma difuso” es el que comenzó a aplicarse
Y a continuación pone algo que, a la luz de los actuales acontecimientos, adquiere una luz reveladora:
“En 1895 se presenta una sencillísima y vulgar cuestión de fronteras entre Venezuela y la Guayan inglesa. Lo que es Venezuela paa los Estados Unidos, se ha visto antes de Castro, en tiempo de Castro y después de Castro5. ¿Qué humillaciones, para no emplear la palabra atropellos, no se encuentran excusables y justificables en la cancillería de Washington cuando se trata de la desventurada Venezuela? Bloqueo pacífico, bombardeos, batida en forma a Castro, como un jabalí de la especie de Zelaya, el de Nicaragua: todo se permite contra Venezuela cuya soberanía, atravesada de parte a parte, da compasión (…)6.
Fue justamente a raíz de un conflicto fronterizo entre Venezuela y la entonces Guayana Inglesa, hoy Guyana, que el Secretario de Estado William Olney, en la segunda presidencia de Grover Cleveland estableció lo que pasó a llamarse Corolario Olney a la Doctrina Monroe:
“En la actualidad, Estados Unidos es prácticamente soberano de este continente y sus órdenes son ley para los súbditos a los que limita su intervención. ¿Por qué? No es por la amistad pura o la buena voluntad que sientan por él. No es simplemente por causa de su alta reputación como nación civilizada, ni porque la prudencia, la justicia y la equidad son características invariables de los tratados de los Estados Unidos. Es porque, además de todas las otras razones, sus infinitos recursos unidos a su posición aislada hacen que domine la situación y qué sea prácticamente invulnerable contra las demás potencias”7.
Y Pereyra cita una expresión del gobernador y senador por Connectticut y descubridor de las ruinas de Machu Pichu, Hiram Bingham -quien es considerado como la inspiración del personaje Indiana Jones-:
“El pueblo americano ha querido creer y ha creído que la doctrina de Monroe pertenece a este código misterioso conocido pajo el nombre de ley internacional, y hay todavía muchas gentes, la mayoría, que creen tal cosa”8.
La tercera doctrina Monroe es, para nuestro autor,
“la que, tomando como fundamento las afirmaciones de estos hombres públicos y sus temerarias falsificaciones del documento original de Monroe, quiere presentar la política exterior de los Estados Unidos como una derivación ideal del monroísmo primitivo".9
Según el mexicano esto ya no sería una falsificación, sino una “superfetación”. Denomínase superfetación a una situación extremadamente rara en la cual una mujer queda embarazada de un segundo feto días o semanas después de ya estar embarazada, resultando en gemelos de diferente edad gestacional. Con la hipérbole quiere expresar Pereya la total distancia y separación entre el discurso de 1823 y la doctrina generada por los apóstoles del imperialismo norteamericano: William McKinley, Teodoro Roosevelt y Henry Cabot Lodge, el representante de la diplomacia del dólar, William Howard Taft, y el representante de la misión tutelar imperialista, financiera y bíblica, Woodrow Wilson.
Todo el libro de Carlos Pereyra es una exhaustiva y sistemática denuncia de la doctrina Monroe como una patraña, un invento que nada tiene que ver ni con Monroe, ni con el verdadero autor del texto, John Quincy Adams. Los EE.UU. comenzaron a diseñarla una vez que voltearon los escollos que impedían su desarrollo capitalista, con la guerra de Secesión. Al final de su libro Pereyra realiza algunas observaciones que tienen un asombroso parecido a nuestra experiencia contemporánea.
“Hay en la América del Sur tres corrientes de sentimiento:”
“1o) La vulgar, que por engreimiento con las adquisiciones de orden material realizadas en los últimos años, rechaza toda vinculación con los países débiles y desorganizados de la America española. Los megalómanos de esta fracción sudamericana, son los serviles que aplauden las bellaquerías de Roosevelt y se asocian a las infamias de Wilson. Son los mismo que hablan de «la Argentina y sus grandezas». Se dicen los yanquis del Sur, los australianos de América y alcanzan, en realidad, el nivel de insolencia que corresponde a todo advenedizo. Reniegan de la raza, se burlan de la tradición, Son espíritus fuertes. Su representante intelectual e inmoral es el doctor don Estanislao Zeballos, maestro del rastacuerismo diplomático”.
“2o) La corriente popular, pura, noble, generosa, que nace del instinto y se derrama dondequiera que la juventud y el pueblo dejan oir su voz vibrante. Tiene por apóstoles a los poetas, los que conocen la vida por obra de intuiciones geniales. Su representante es el héroe de una odisea continental sine ejemplo: don Manuel Ugarte”.
“3o) La corriente de los estadistas profundos, que tienen la prudencia de los hombres prácticos y la videncia de los poetas. Su numen es Bolívar; su hombre de estado Sáenz Peña. Ellos saben que los norteamericanos no llevan a la América del Sur sino el propósito de la absorción económica y de la dominación política, y que ayudarlos en esta obra es un suicidio, a menos que fracase el plan de los norteamericanos, y que, en tal caso, sus incautos secuaces sudamericanos se vean mezclados en las futuras contiendas de los Estados Unidos, cuando América oiga cañonazos europeos o japoneses”.10
Ciento doce años después, los hispanoamericanos, como hubiera dicho Pereyra, nos encontramos exactamente en esta misma disyuntiva, pero con un mundo que es totalmente distinto al de 1914.
Buenos Aires, 10 de enero de 2026.
___________________________
1 Carlos Pereyra en los laberintos del desprecio. Notas para una sociología de los intelectuales antiimperialistas. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/s0186602815000407#fn0030
2https://www.oas.org/sap/peacefund/VirtualLibrary/MonroeDoctrine/Treaty/MonroeDoctrineSpanish.pdf
3Carlos Pereyra, El Mito de Monroe, Ediciones El Búho, Buenos Aires, 1959, página 13.4Carlos Pereyra, ibídem, página 9.
5Pereyra se refiere aquí a Cipriano Castro, presidente de Venezuela entre 1899 y 1908. Durante su gobierno, en 1902 comienza el sitio naval a Venezuela, por parte de los países acreedores de la deuda cuya moratoria había declarado el presidente venezolano.
6Carlos Pereyra, ibídem, página 14.
7 Yoacham, Cristián Guerrero; Lira, Cristián Guerrero. Breve historia de los Estados Unidos de América, 1998, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, página 175.
8 Carlos Pereyra, ibídem, página 15.
9 Carlos Pereyra, ibídem, página 9.
10Carlos Pereyra, ibídem, página 233 y 234.
1 Carlos Pereyra en los laberintos del desprecio. Notas para una sociología de los intelectuales antiimperialistas. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/s0186602815000407#fn0030
2https://www.oas.org/sap/peacefund/VirtualLibrary/MonroeDoctrine/Treaty/MonroeDoctrineSpanish.pdf
3Carlos Pereyra, El Mito de Monroe, Ediciones El Búho, Buenos Aires, 1959, página 13.4Carlos Pereyra, ibídem, página 9.
5Pereyra se refiere aquí a Cipriano Castro, presidente de Venezuela entre 1899 y 1908. Durante su gobierno, en 1902 comienza el sitio naval a Venezuela, por parte de los países acreedores de la deuda cuya moratoria había declarado el presidente venezolano.
6Carlos Pereyra, ibídem, página 14.
7 Yoacham, Cristián Guerrero; Lira, Cristián Guerrero. Breve historia de los Estados Unidos de América, 1998, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, página 175.
8 Carlos Pereyra, ibídem, página 15.
9 Carlos Pereyra, ibídem, página 9.
10Carlos Pereyra, ibídem, página 233 y 234.
Cinco tesis para la actualización del Movimiento Nacional
El presente trabajo fue escrito y presentado en el Simposio Proyecciones del Pensamiento Nacional –a 40 años del mensaje de Juan Domingo Perón “La Comunidad Organizada”- que organizó la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales entre el 20 y el 22 de abril de 1989.
2° Tesis: El Frente del 45 fue nacional y burgués en sus objetivos y tareas y obrero y popular en su base social.
La contradicción fundamental de la Argentina era, en 1945, y aún hoy, entre el bloque hegemónico oligárquico imperialista y el bloque popular sometido. Desde el punto de vista económico, el desarrollo de las fuerzas productivas que corresponde a una sociedad capitalista se ve trabado por la confiscación que hace del excedente aquel bloque social, derivándolo al derroche suntuario, a la especulación parasitaria o a la acumulación de los centros imperialistas. Esto determina el carácter de los objetivos y tareas por parte del bloque popular. Desde el poder, el peronismo creó las condiciones para la existencia de una economía nacional: un mercado, un sistema de transporte y comunicaciones adaptado al mismo, un Estado que garantiza el mecanismo de la plusvalía y su transformación en capital, un esquema de planificación que modifica sustancialmente el espontaneísmo y fatalismo de la economía pampeana, la apropiación de parte del excedente agrario con destino al proceso de capitalización industrial, el control del comercio exterior, de los seguros y reaseguros, del sistema bancario y financiero, etc.
Ahora bien, lo particular de este frente está dado por el hecho potencialmente explosivo que la base social que posibilitaba, con su movilización, la realización de este programa, era la clase obrera industrial. “La contradicción proletariado-burguesía, en un país capitalista de mediano desarrollo, pero dependiente y semicolonial, creaba una fuerte tensión interna en la medida que el programa del 45 no era socialista, sino un proyecto de capitalismo nacional autónomo, con justicia social distributiva”.
3° Tesis: La llamada “irracionalidad” del peronismo no es tal, sino la única solución históricamente posible, en el plano de la conciencia, a esta contradicción explosiva.
Desde esta perspectiva que venimos señalando, entonces, la tan llevada y traída cuestión acerca de la “irracionalidad” del peronismo y del carácter predominantemente “sentimental” de su adhesión es una consecuencia de la hegemonía burguesa en un movimiento de una enorme potencialidad revolucionaria, tanto por lo avanzado de sus postulados –fundamentalmente en lo vinculado a la justicia social- como por la base social que los sostiene –para la cual la justicia social es conditio sine qua non en su movilización de apoyo-.
Pero se trata de una hegemonía que la burguesía ni siquiera ejerce directamente, sino a través de la burocracia estatal, el ejército industrializador y una ideología no obrera, no socialista y hasta no burguesa. Esto, en realidad, más que su “irracionalidad” constituye su “racionalidad”, en tanto que la razón reside, en primer lugar, en el “yo” sujeto y agente del proceso y no en el “otro”, en el sistema cultural imperialista oligárquico. En la medida en que en la base social del movimiento se mantiene la conciencia revolucionaria –para disputar al bloque de las clases parasitarias el destino social del excedente económico- sobreviven entonces los elementos específicos de carácter emotivo que garantizan la movilización obrera y popular.
4° Tesis: Una tardía adecuación del peronismo a los parámetros de la respetabilidad establecida implica necesariamente una renuncia a sus interpelaciones revolucionarias.
La pretensión de imponer al peronismo una “racionalidad” cuyos parámetros están generados por el sistema del bloque hegemónico dominante significa, a la luz de lo que venimos sosteniendo, la imposición de una ideología estrictamente burguesa, desprovista de sus elementos proletario-populares. Es decir, una nueva “racionalidad” del frente surgido en el 45 que no incluya sustancialmente la superación de su naturaleza histórico-social, la incorporación de tareas y objetivos propios de su base obrera no puede significar sino la renuncia a su capacidad movilizadora contra el bloque oligárquico-imperialista. Implica reducirlo a un partido del Régimen, con mayor acento en el aspecto distributivo por razones de tradición, pero que acepta resignadamente las condiciones impuestas por el bloque hegemónico, al cual pasaría a pertenecer como nueva ala plebeya.
5° Tesis: El frente del 89 exige una actualización doctrinaria que pasa sustancialmente por la superación en la práctica de las tareas y objetivos planteados en el 45.
Si en el 45 la debilidad orgánica de la burguesía nacional delegó en el Ejército nacionalista y en el Estado sus funciones propias, en las condiciones de la acumulación de posguerra, las condiciones de la crisis actual, que afecta las posibilidades burguesas de acumulación e inversión, hacen necesario, para la viabilidad del proyecto, formas superadoras de propiedad social. No se trata de restringir la amplitud del frente, más allá de los límites impuestos por el general Perón: “La unidad nacional para la liberación”. Por el contrario, significa incorporar necesariamente al conjunto de los sectores explotados por el bloque hegemónico, pero dotando a este nuevo frente de una política que exprese los intereses y ambiciones históricas de la clase social que más lealtad ha demostrado al movimiento nacional: los trabajadores.
Esta propuesta no está, es obvio, desarrollada al modo de un programa. “Cada paso del movimiento real vale más que una docena de programas” 3. Está planteado en términos, precisamente, del movimiento real, como incidencia en el terreno programático del peso específico que la clase trabajadora tiene en el Frente Nacional y el papel de articulador colectivo que está llamada a cumplir. Desde el terreno gremial, la CGT ha jugado, con sus 26 Puntos4 el papel más avanzado –en momento de gran repliegue político e ideológico- del bloque histórico del 45 en las condiciones generadas por trece años de hegemonía oligárquico imperialista.
______________________
1 Spilimbergo, Jorge Enea, Clase Obrera y Poder, pág. 29, Editorial Octubre, Buenos Aires, 1974.
2 Conf. Torre, Juan Carlos, Interpretando (una vez más) los orígenes del peronismo, versión mecanografiada, 1982.
3 Carlos Marx, Crítica al Programa de Gotha, Carta a W. Bracke, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Primera edición, 1979, página 7.
4 El Programa de los 26 Puntos fue la respuesta, en agosto de 1985, de la CGT encabezada por Saúl Ubaldini al Plan Austral del presidente Alfonsín y su ministro de Economía Juan Sourrouille. El programa incluía, además de la exigencia de aumento salarial, la demanda de una moratoria del pago de intereses de la deuda externa, políticas de pleno empleo, crédito para los industriales, precios retributivos para los productores agropecuarios, participación sindical en las cajas de previsión social, etc. Fue la más importante propuesta programática surgida del peronismo en aquellos años.
1° Tesis: El movimiento nacido el 17 de octubre de 1945 fue un Frente Nacional.
Desde la perspectiva de la Izquierda Nacional concebimos a los partidos como expresión política de los intereses de las clases sociales y de sectores internos a ellas, sea esta representación explícita o implícita. El concepto “frente” caracterizará entonces una expresión pluriclasista, integrada o no por distintos partidos –ello dependerá del grado de desarrollo de las representaciones políticas de los distintos sectores en danza y del grado de vigencia del mismo-, pero en el que confluyen distintas clases sociales, con sus experiencias y tradiciones ideológicas y, fundamentalmente, con sus intereses y tareas históricas.
El justicialismo nace a la política como un amplio frente social, institucional y político.
Social: Un conjunto de clases y sectores acuden a la formación del mismo. Si bien la nueva clase obrera industrial constituye su base fundamental, la nueva burguesía de la industrialización de los años de la Segunda Guerra Mundial, las clases medias del interior, sectores postergados de la pequeña burguesía agraria de aparceros y chacareros pobres y hasta grupos vinculados a la oligarquía tradicional, todos ellos ligados al mercado interno, integran el nuevo movimiento.
Institucional: Nuevo sindicalismo, ejército nacional-industrial e Iglesia católica formaron también las columnas institucionales que dieron forma al peronismo. La debilidad de la burguesía y la inexistencia de un partido que la representase –dado su enorme dependencia al sistema ideológico oligárquico- determinó que los aspectos burgueses-conservadores del frente se expresasen a través de la Iglesia, en lo ideológico, y del Ejército, en lo político. Baste recordar en ese sentido el desmesurado papel que en el plano del pensamiento expresó el escolasticismo tomista. En cuanto al papel del Ejército, sostiene Spilimbergo: “En la medida de su intervención en la industria pesada, el Ejército actuaba como burguesía él mismo; y en la medida de su programa de capitalismo industrial soberano, como partido de facto de la burguesía nacional”1.
Político: La convergencia de diversas tradiciones políticas fue otro elemento distintivo del justicialismo. Radicales, conservadores, nacionalistas, socialistas, anarquistas, comunistas y trotskistas se sumaron al frente. La presencia de militantes de origen marxista o socialista en el seno del movimiento obrero explica, en muchos casos, la madurez política y organizativa del nuevo sindicalismo 2.
Desde la perspectiva de la Izquierda Nacional concebimos a los partidos como expresión política de los intereses de las clases sociales y de sectores internos a ellas, sea esta representación explícita o implícita. El concepto “frente” caracterizará entonces una expresión pluriclasista, integrada o no por distintos partidos –ello dependerá del grado de desarrollo de las representaciones políticas de los distintos sectores en danza y del grado de vigencia del mismo-, pero en el que confluyen distintas clases sociales, con sus experiencias y tradiciones ideológicas y, fundamentalmente, con sus intereses y tareas históricas.
El justicialismo nace a la política como un amplio frente social, institucional y político.
Social: Un conjunto de clases y sectores acuden a la formación del mismo. Si bien la nueva clase obrera industrial constituye su base fundamental, la nueva burguesía de la industrialización de los años de la Segunda Guerra Mundial, las clases medias del interior, sectores postergados de la pequeña burguesía agraria de aparceros y chacareros pobres y hasta grupos vinculados a la oligarquía tradicional, todos ellos ligados al mercado interno, integran el nuevo movimiento.
Institucional: Nuevo sindicalismo, ejército nacional-industrial e Iglesia católica formaron también las columnas institucionales que dieron forma al peronismo. La debilidad de la burguesía y la inexistencia de un partido que la representase –dado su enorme dependencia al sistema ideológico oligárquico- determinó que los aspectos burgueses-conservadores del frente se expresasen a través de la Iglesia, en lo ideológico, y del Ejército, en lo político. Baste recordar en ese sentido el desmesurado papel que en el plano del pensamiento expresó el escolasticismo tomista. En cuanto al papel del Ejército, sostiene Spilimbergo: “En la medida de su intervención en la industria pesada, el Ejército actuaba como burguesía él mismo; y en la medida de su programa de capitalismo industrial soberano, como partido de facto de la burguesía nacional”1.
Político: La convergencia de diversas tradiciones políticas fue otro elemento distintivo del justicialismo. Radicales, conservadores, nacionalistas, socialistas, anarquistas, comunistas y trotskistas se sumaron al frente. La presencia de militantes de origen marxista o socialista en el seno del movimiento obrero explica, en muchos casos, la madurez política y organizativa del nuevo sindicalismo 2.
2° Tesis: El Frente del 45 fue nacional y burgués en sus objetivos y tareas y obrero y popular en su base social.
La contradicción fundamental de la Argentina era, en 1945, y aún hoy, entre el bloque hegemónico oligárquico imperialista y el bloque popular sometido. Desde el punto de vista económico, el desarrollo de las fuerzas productivas que corresponde a una sociedad capitalista se ve trabado por la confiscación que hace del excedente aquel bloque social, derivándolo al derroche suntuario, a la especulación parasitaria o a la acumulación de los centros imperialistas. Esto determina el carácter de los objetivos y tareas por parte del bloque popular. Desde el poder, el peronismo creó las condiciones para la existencia de una economía nacional: un mercado, un sistema de transporte y comunicaciones adaptado al mismo, un Estado que garantiza el mecanismo de la plusvalía y su transformación en capital, un esquema de planificación que modifica sustancialmente el espontaneísmo y fatalismo de la economía pampeana, la apropiación de parte del excedente agrario con destino al proceso de capitalización industrial, el control del comercio exterior, de los seguros y reaseguros, del sistema bancario y financiero, etc.
Ahora bien, lo particular de este frente está dado por el hecho potencialmente explosivo que la base social que posibilitaba, con su movilización, la realización de este programa, era la clase obrera industrial. “La contradicción proletariado-burguesía, en un país capitalista de mediano desarrollo, pero dependiente y semicolonial, creaba una fuerte tensión interna en la medida que el programa del 45 no era socialista, sino un proyecto de capitalismo nacional autónomo, con justicia social distributiva”.
3° Tesis: La llamada “irracionalidad” del peronismo no es tal, sino la única solución históricamente posible, en el plano de la conciencia, a esta contradicción explosiva.
Desde esta perspectiva que venimos señalando, entonces, la tan llevada y traída cuestión acerca de la “irracionalidad” del peronismo y del carácter predominantemente “sentimental” de su adhesión es una consecuencia de la hegemonía burguesa en un movimiento de una enorme potencialidad revolucionaria, tanto por lo avanzado de sus postulados –fundamentalmente en lo vinculado a la justicia social- como por la base social que los sostiene –para la cual la justicia social es conditio sine qua non en su movilización de apoyo-.
Pero se trata de una hegemonía que la burguesía ni siquiera ejerce directamente, sino a través de la burocracia estatal, el ejército industrializador y una ideología no obrera, no socialista y hasta no burguesa. Esto, en realidad, más que su “irracionalidad” constituye su “racionalidad”, en tanto que la razón reside, en primer lugar, en el “yo” sujeto y agente del proceso y no en el “otro”, en el sistema cultural imperialista oligárquico. En la medida en que en la base social del movimiento se mantiene la conciencia revolucionaria –para disputar al bloque de las clases parasitarias el destino social del excedente económico- sobreviven entonces los elementos específicos de carácter emotivo que garantizan la movilización obrera y popular.
4° Tesis: Una tardía adecuación del peronismo a los parámetros de la respetabilidad establecida implica necesariamente una renuncia a sus interpelaciones revolucionarias.
La pretensión de imponer al peronismo una “racionalidad” cuyos parámetros están generados por el sistema del bloque hegemónico dominante significa, a la luz de lo que venimos sosteniendo, la imposición de una ideología estrictamente burguesa, desprovista de sus elementos proletario-populares. Es decir, una nueva “racionalidad” del frente surgido en el 45 que no incluya sustancialmente la superación de su naturaleza histórico-social, la incorporación de tareas y objetivos propios de su base obrera no puede significar sino la renuncia a su capacidad movilizadora contra el bloque oligárquico-imperialista. Implica reducirlo a un partido del Régimen, con mayor acento en el aspecto distributivo por razones de tradición, pero que acepta resignadamente las condiciones impuestas por el bloque hegemónico, al cual pasaría a pertenecer como nueva ala plebeya.
5° Tesis: El frente del 89 exige una actualización doctrinaria que pasa sustancialmente por la superación en la práctica de las tareas y objetivos planteados en el 45.
Si en el 45 la debilidad orgánica de la burguesía nacional delegó en el Ejército nacionalista y en el Estado sus funciones propias, en las condiciones de la acumulación de posguerra, las condiciones de la crisis actual, que afecta las posibilidades burguesas de acumulación e inversión, hacen necesario, para la viabilidad del proyecto, formas superadoras de propiedad social. No se trata de restringir la amplitud del frente, más allá de los límites impuestos por el general Perón: “La unidad nacional para la liberación”. Por el contrario, significa incorporar necesariamente al conjunto de los sectores explotados por el bloque hegemónico, pero dotando a este nuevo frente de una política que exprese los intereses y ambiciones históricas de la clase social que más lealtad ha demostrado al movimiento nacional: los trabajadores.
Esta propuesta no está, es obvio, desarrollada al modo de un programa. “Cada paso del movimiento real vale más que una docena de programas” 3. Está planteado en términos, precisamente, del movimiento real, como incidencia en el terreno programático del peso específico que la clase trabajadora tiene en el Frente Nacional y el papel de articulador colectivo que está llamada a cumplir. Desde el terreno gremial, la CGT ha jugado, con sus 26 Puntos4 el papel más avanzado –en momento de gran repliegue político e ideológico- del bloque histórico del 45 en las condiciones generadas por trece años de hegemonía oligárquico imperialista.
______________________
1 Spilimbergo, Jorge Enea, Clase Obrera y Poder, pág. 29, Editorial Octubre, Buenos Aires, 1974.
2 Conf. Torre, Juan Carlos, Interpretando (una vez más) los orígenes del peronismo, versión mecanografiada, 1982.
3 Carlos Marx, Crítica al Programa de Gotha, Carta a W. Bracke, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Primera edición, 1979, página 7.
4 El Programa de los 26 Puntos fue la respuesta, en agosto de 1985, de la CGT encabezada por Saúl Ubaldini al Plan Austral del presidente Alfonsín y su ministro de Economía Juan Sourrouille. El programa incluía, además de la exigencia de aumento salarial, la demanda de una moratoria del pago de intereses de la deuda externa, políticas de pleno empleo, crédito para los industriales, precios retributivos para los productores agropecuarios, participación sindical en las cajas de previsión social, etc. Fue la más importante propuesta programática surgida del peronismo en aquellos años.
5 de enero de 2026
El secuestro de Nicolás Maduro
A apenas 24 horas del criminal secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, una catarata de opiniones, interpretaciones, denuncias y sospechas se ha volcado sobre el abrumador entretejido de las redes sociales. Textos largos y cortos, vídeos extensos o breves reels, artículos fundados en una buena bibliografía y ocurrencias más o menos certeras, más o menos ingeniosas han alimentado la información pública. Una parte de esa producción es de fuentes ligadas al sistema de inteligencia yanqui, otra es la colaboración espontánea de politólogos, internacionalistas, economistas, sociólogos y simples y plebeyos observadores.
El hecho es que, en una operación militar quirúrgica, EE.UU. secuestró al presidente de un país soberano, en ejercicio de su mandato, con el pretexto de juzgarlo por narcotráfico. La operación ha sido la última acción militar de una cadena de provocaciones y amenazas verbales y de carácter bélico. Varias decenas de sencillos pescadores en las costas venezolana y colombiana fueron asesinados por cohetes yanquis disparados desde helicópteros. Uno o dos grandes buques cisterna, transportando petróleo, fueron abordados, al estilo del pirata Barba Negra, en el Caribe. Se llegó a una situación en la que uno de esos buques izó la bandera rusa para evitar el abordaje y la advertencia de las autoridades moscovitas evitó el acto de piratería.
Que un sangriento dictador -para la opinión de los jerarcas yanquis- sentado en un oceáno de petróleo, se dedique a gigantescas operaciones de tráfico de cocaína, en un país que ni cultiva la coca ni produce el polvo narcótico, en lugar de hacer operaciones comerciales, legales y con una alta tasa de ganancia, con el petróleo, deja a las claras la patraña de toda la acusación. Que en toda la confusa y confusionista retórica de Donald Trump y su ministro Marcos Rubio -él sí con conexiones familiares con el hampa miamera de la cocaína- no se mencione en ningún momento la presunta ilegitimidad del mandato de Maduro o sus, también presuntos, atentados a la democracia y los derechos humanos, dejan también a las claras que el único objetivo del secuestro ha sido voltear, desestabilizar y, en última instancia, poner fin al proceso nacional iniciado por el Comandante Hugo Chávez, con el levantamiento contra el capitulador Carlos Andrés Pérez.
Por otra parte, EE.UU. y su sofisticado aparato bélico está en condiciones técnicas y humanas de llevar a cabo ese secuestro. Lo hemos visto muchas veces en películas, en el cine y en la televisión. En “La noche más oscura” de la directora al servicio de la CIA Kathryn Bigelow, podemos verlo en el seguimiento a Bin Laden en Afganistán. El sistema de espionaje satelital de los yanquis permite espiar y anular dispositivos de control para operaciones de este tipo. El secuestro, no obstante ello, resultó en el asesinato de unos 80 soldados encargados de la custodia del presidente Maduro y del lugar donde se hallaba.
Mencionó esto porque, entre el fárrago de análisis y comentarios, comenzaron a aparecer los juicios acerca de la posible “entrega” de Nicolás Maduro por parte del equipo chavista de gobierno. Gente que, en la mayoría de los casos no ha hecho el servicio militar, manifestaba su sorpresa por la supuesta falta de respuesta de la FANB al ataque y al secuestro y buscaba en presuntas conspiraciones palaciegas el éxito del golpe.
Lo que hizo Trump, y no lo dice la legión “A mi no me engañan” es un signo de debilidad. No puede actuar como lo hizo en Panamá, porque Venezuela no es Panamá, las FANB no son la guardia nacional panameña y una invasión en regla, además de generar un conflicto con su propio Congreso, lo metería en un pantano del cual no sabe cuando podrá salir, mientras se le pudre el frente interno con los primeros Jimmy que bajen de un avión de transporte envueltos en la fatídica bolsa negra.
El petróleo y solo el petróleo ha sido el motivo del secuestro. La apropiación y el manejo del petróleo, según lo ha declarado inmediatamente después del secuestro, el secuestrador Donald Trump.
Mientras tanto, en Venezuela, el régimen chavista continúa.
Como se sabe, la vicepresidencia, según la constitución venezolana, no es un cargo electivo, sino que, al modo de un ministro, la elige el presidente electo. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, rodeada del ministro del Interior, jefe de la policía, Diosdado Cabello, el ministro de Defensa a cargo de la FANB, el general Vladimir Padrino López, y el Fiscal General y representante del Poder Ciudadano, Tarek William Saab, ratificó a Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Posteriormente, el Tribunal Supremo de Justicia la nombró como presidenta interina.
La constitución establece que si el presidente de la República fallece o renuncia antes de la primera mitad de su mandato, la Asamblea Nacional deberá llamar a elecciones. El interinato de Delcy Rodríguez implica que el presidente sigue siendo Nicolás Maduro, quien al ser secuestrado por un estado extranjero, lo sigue siendo de jure,y que, por lo tanto, no hay que llamar a elecciones.
Los mismos hombres y mujeres que manejaban el país antes del secuestro siguen en sus cargos. Todos los nombrados han sido militantes y dirigentes del chavismo en vida del Comandante y hombres y mujeres de probada lealtad a la Revolución Bolivariana. Hasta tanto no se haga evidente otra cosa yo me niego a sumarme a conspiraciones e ideas raras.
¿Trump va a intentar negociar con Delcy? Obvio, es lo que hace siempre. Por otra parte, era lo que Maduro venía intentando. Con las técnicas de un jugador mentiroso de póker, lo que en inglés se llama un “bluffer”, Trump ha forzado al máximo su desafío y, con la misma patraña, amenaza a Delcy Rodríguez, pero también a Claudia Sheinbaum, presidenta de México, a Gustavo Petro, presidente de Colombia, y a Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba.
¿Delcy y Diosdado y Padrino López van a hacer automáticamente lo que les diga Trump? ¿Por qué lo van a hacer? La oposición al gobierno no existe, las calles han sido ocupadas por los millones de venezolanos indignados por el ataque yanqui y Trump,por su parte, se encargó de pegarle una patada en el culo a la indigna premio Nóbel de la Paz.
En las calles está el chavismo, no la oposición.
Pero el extremo bluffeo le ha hecho perder a Donald Trump todo legalidad internacional. Las respuestas de China, Rusia, Reino Unido, la declaración conjunta de España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay son muy expresivas. De varios lados se ha pedido una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, aunque el organismo no haya brillado nunca por su capacidad para solucionar conflictos, refleja el rechazo que el secuestro, un delito penado en todos los códigos penales del mundo, ha generado en los grandes protagonistas de la política internacional.
Va a aumentar el precio del petróleo. El maldito “American Empire” está en total y franca decadencia y retroceso. En Perú, China construyó un gigantesco puerto en Chancay, a 100 kms de Lima. Por ahí saldrá en poco tiempo toda la producción andina y brasileña hacia el Asia.
Ha quedado explícito cuál es el interés de Trump en Venezuela y en América Latina.Todo esto no producirá sino una aceleración en el acercamiento e integración de México a los BRICS y afianzará la relación de Brasil con el acuerdo. El Banco de Desarrollo de los BRICS abrirá en Brasil una sede para América Latina. Y Colombia, después de décadas de gobiernos oligárquicos y sostenidos en el narcotráfico, tiene un presidente que asume la hermandad latinoamericana y su cercanía histórica, geográfica y cultural con Venezuela. Ya no gobierna Francisco de Paula Santander la patria de Nariño.
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, compañera de lucha de Hugo Chávez desde los años 90, están presos en Nueva York, acusados de un delito inventado. El chavismo sigue gobernando Venezuela y el brutal imperialismo ejercido por Trump es muy probable que sea el principio de su derrota estratégica.
No olvidemos lo que dicen los compatriotas de por allá:
¡El que se mete con Venezuela se seca!
Buenos Aires, 4 de enero de 2026
El hecho es que, en una operación militar quirúrgica, EE.UU. secuestró al presidente de un país soberano, en ejercicio de su mandato, con el pretexto de juzgarlo por narcotráfico. La operación ha sido la última acción militar de una cadena de provocaciones y amenazas verbales y de carácter bélico. Varias decenas de sencillos pescadores en las costas venezolana y colombiana fueron asesinados por cohetes yanquis disparados desde helicópteros. Uno o dos grandes buques cisterna, transportando petróleo, fueron abordados, al estilo del pirata Barba Negra, en el Caribe. Se llegó a una situación en la que uno de esos buques izó la bandera rusa para evitar el abordaje y la advertencia de las autoridades moscovitas evitó el acto de piratería.
Que un sangriento dictador -para la opinión de los jerarcas yanquis- sentado en un oceáno de petróleo, se dedique a gigantescas operaciones de tráfico de cocaína, en un país que ni cultiva la coca ni produce el polvo narcótico, en lugar de hacer operaciones comerciales, legales y con una alta tasa de ganancia, con el petróleo, deja a las claras la patraña de toda la acusación. Que en toda la confusa y confusionista retórica de Donald Trump y su ministro Marcos Rubio -él sí con conexiones familiares con el hampa miamera de la cocaína- no se mencione en ningún momento la presunta ilegitimidad del mandato de Maduro o sus, también presuntos, atentados a la democracia y los derechos humanos, dejan también a las claras que el único objetivo del secuestro ha sido voltear, desestabilizar y, en última instancia, poner fin al proceso nacional iniciado por el Comandante Hugo Chávez, con el levantamiento contra el capitulador Carlos Andrés Pérez.
Por otra parte, EE.UU. y su sofisticado aparato bélico está en condiciones técnicas y humanas de llevar a cabo ese secuestro. Lo hemos visto muchas veces en películas, en el cine y en la televisión. En “La noche más oscura” de la directora al servicio de la CIA Kathryn Bigelow, podemos verlo en el seguimiento a Bin Laden en Afganistán. El sistema de espionaje satelital de los yanquis permite espiar y anular dispositivos de control para operaciones de este tipo. El secuestro, no obstante ello, resultó en el asesinato de unos 80 soldados encargados de la custodia del presidente Maduro y del lugar donde se hallaba.
Mencionó esto porque, entre el fárrago de análisis y comentarios, comenzaron a aparecer los juicios acerca de la posible “entrega” de Nicolás Maduro por parte del equipo chavista de gobierno. Gente que, en la mayoría de los casos no ha hecho el servicio militar, manifestaba su sorpresa por la supuesta falta de respuesta de la FANB al ataque y al secuestro y buscaba en presuntas conspiraciones palaciegas el éxito del golpe.
Lo que hizo Trump, y no lo dice la legión “A mi no me engañan” es un signo de debilidad. No puede actuar como lo hizo en Panamá, porque Venezuela no es Panamá, las FANB no son la guardia nacional panameña y una invasión en regla, además de generar un conflicto con su propio Congreso, lo metería en un pantano del cual no sabe cuando podrá salir, mientras se le pudre el frente interno con los primeros Jimmy que bajen de un avión de transporte envueltos en la fatídica bolsa negra.
El petróleo y solo el petróleo ha sido el motivo del secuestro. La apropiación y el manejo del petróleo, según lo ha declarado inmediatamente después del secuestro, el secuestrador Donald Trump.
Mientras tanto, en Venezuela, el régimen chavista continúa.
Como se sabe, la vicepresidencia, según la constitución venezolana, no es un cargo electivo, sino que, al modo de un ministro, la elige el presidente electo. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, rodeada del ministro del Interior, jefe de la policía, Diosdado Cabello, el ministro de Defensa a cargo de la FANB, el general Vladimir Padrino López, y el Fiscal General y representante del Poder Ciudadano, Tarek William Saab, ratificó a Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Posteriormente, el Tribunal Supremo de Justicia la nombró como presidenta interina.
La constitución establece que si el presidente de la República fallece o renuncia antes de la primera mitad de su mandato, la Asamblea Nacional deberá llamar a elecciones. El interinato de Delcy Rodríguez implica que el presidente sigue siendo Nicolás Maduro, quien al ser secuestrado por un estado extranjero, lo sigue siendo de jure,y que, por lo tanto, no hay que llamar a elecciones.
Los mismos hombres y mujeres que manejaban el país antes del secuestro siguen en sus cargos. Todos los nombrados han sido militantes y dirigentes del chavismo en vida del Comandante y hombres y mujeres de probada lealtad a la Revolución Bolivariana. Hasta tanto no se haga evidente otra cosa yo me niego a sumarme a conspiraciones e ideas raras.
¿Trump va a intentar negociar con Delcy? Obvio, es lo que hace siempre. Por otra parte, era lo que Maduro venía intentando. Con las técnicas de un jugador mentiroso de póker, lo que en inglés se llama un “bluffer”, Trump ha forzado al máximo su desafío y, con la misma patraña, amenaza a Delcy Rodríguez, pero también a Claudia Sheinbaum, presidenta de México, a Gustavo Petro, presidente de Colombia, y a Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba.
¿Delcy y Diosdado y Padrino López van a hacer automáticamente lo que les diga Trump? ¿Por qué lo van a hacer? La oposición al gobierno no existe, las calles han sido ocupadas por los millones de venezolanos indignados por el ataque yanqui y Trump,por su parte, se encargó de pegarle una patada en el culo a la indigna premio Nóbel de la Paz.
En las calles está el chavismo, no la oposición.
Pero el extremo bluffeo le ha hecho perder a Donald Trump todo legalidad internacional. Las respuestas de China, Rusia, Reino Unido, la declaración conjunta de España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay son muy expresivas. De varios lados se ha pedido una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, aunque el organismo no haya brillado nunca por su capacidad para solucionar conflictos, refleja el rechazo que el secuestro, un delito penado en todos los códigos penales del mundo, ha generado en los grandes protagonistas de la política internacional.
Va a aumentar el precio del petróleo. El maldito “American Empire” está en total y franca decadencia y retroceso. En Perú, China construyó un gigantesco puerto en Chancay, a 100 kms de Lima. Por ahí saldrá en poco tiempo toda la producción andina y brasileña hacia el Asia.
Ha quedado explícito cuál es el interés de Trump en Venezuela y en América Latina.Todo esto no producirá sino una aceleración en el acercamiento e integración de México a los BRICS y afianzará la relación de Brasil con el acuerdo. El Banco de Desarrollo de los BRICS abrirá en Brasil una sede para América Latina. Y Colombia, después de décadas de gobiernos oligárquicos y sostenidos en el narcotráfico, tiene un presidente que asume la hermandad latinoamericana y su cercanía histórica, geográfica y cultural con Venezuela. Ya no gobierna Francisco de Paula Santander la patria de Nariño.
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, compañera de lucha de Hugo Chávez desde los años 90, están presos en Nueva York, acusados de un delito inventado. El chavismo sigue gobernando Venezuela y el brutal imperialismo ejercido por Trump es muy probable que sea el principio de su derrota estratégica.
No olvidemos lo que dicen los compatriotas de por allá:
Buenos Aires, 4 de enero de 2026
27 de noviembre de 2025
Entre el legado de la Cumbre de Mar del Plata y la búsqueda de nuevos caminos
América Latina en punto muerto
Entre el legado de la Cumbre de Mar del Plata y la búsqueda de nuevos caminos
Ha habido elecciones en Uruguay, en Bolivia, en Argentina, en Chile y en Ecuador tuvo lugar un importante plebiscito propuesto por el gobierno del banquero Noboa. El resultado de esas expresiones de la voluntad popular y la situación política en los otros países latinoamericanos, desde México hasta Colombia, ameritan una reflexión.
A partir de la entrada en el siglo XXI, Latinoamérica vivió un momento casi único de gobiernos, surgidos de la voluntad popular, que coincidían estratégicamente en la búsqueda de una unificación continental. La irrupción del Comandante Hugo Chávez en Venezuela, sobre todo a partir de la derrota del golpe que lo derrocó y lo detuvo durante 48 horas, fue el inicio de una seguidilla de triunfos de partidos de clara tradición popular. Lula, en el 2002, gana la presidencia del Brasil en su cuarto intento. El peronismo, rescatado por Néstor Kirchner de las babas del neoliberalismo en que lo envolvió Menem, se impuso en las elecciones del 2003, coronando el impulso transformador que emanaba de la pueblada que en diciembre de 2001 puso punto final al largo tramo neoliberal iniciado con el golpe de 1976. En el 2005, Evo Morales asume la presidencia de Bolivia como el primer presidente hijo de los pueblos originarios del Altiplano. En el 2009, Pepe Mujica es elegido presidente de la República Oriental del Uruguay y pone un matiz latinoamericanista al gobierno del Frente Amplio que había encabezado Tabaré Vázquez. Entre 2003 y 2015 se produce en Suramérica el más intenso proceso de acercamiento e integración que conoció la región desde los tiempos de la Guerra de la Independencia. Las visitas presidenciales suceden a las reuniones cumbre de presidentes de la región y hasta el gobierno liberal-conservador del chileno Sebastián Piñera logra adecuarse al ímpetu integrador de sus colegas regionales. El Mercosur vive su momento de mayor esplendor. Estos escribimos después de la cumbre de Mar del Plata en 2005:
“La férrea unidad y convicción de los gobiernos del Mercosur -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay-, y de Venezuela logró algo que, hace tan sólo unos años, hubiera parecido imposible: impedir de modo casi irreversible la firma del nuevo estatuto colonial norteamericano, el ALCA.
Las fauces del chacal de Iraq se fueron, esta vez, limpias de sangre. El presidente George W. Bush se retiró de Mar del Plata sin haber logrado asestar su feroz dentellada sobre Suramérica. Un desgarbado y ceceoso presidente argentino había puesto en negro sobre blanco la insalvable contradicción entre los intereses imperialistas norteamericanos y el interés de los pueblos y la patria americana, había denunciado ante todo un continente la responsabilidad yanqui sobre las feroces dictaduras militares, el despotismo saqueador de los organismos financieros internacionales y la arbitrariedad de un ALCA que aporta beneficios para una sola de las partes. En la voz del presidente argentino Néstor Kirchner se resumió un siglo de pensamiento y acción nacionales”1.
Ese era el espíritu y la atmósfera de aquellos años.
Lentamente, por razones endógenas y exógenas, por las debilidades políticas de los gobiernos populares suramericanos y por lentos e indetenibles cambios en la política internacional ese momento glorioso dio paso al actual momento de “impasse” o, si se quiere, punto muerto en que se encuentra hoy la Argentina y nuestra región. Por un lado, el relanzamiento intensificado de la “Doctrina Monroe” por parte de los EE.UU. ha operado en toda la región a través de los políticos y los medios de prensa afines. Las crisis derivadas de la debilidad orgánica de las economías de la región frente al cuello de botella de su sector externo ha generado un enfriamiento en la adhesión y hasta en la participación popular a las políticas que caracterizaron los primeros 15 años del siglo. En nuestro caso, debe agregarse que, pese a la importante mejora de la situación de los sectores populares, los tres gobiernos consecutivos del peronismo no lograron grandes transformaciones estructurales que hicieran imposible o muy difícil la restauración neoliberal.
Insisto, en lo que acabo de escribir. No estamos atravesando un proceso abierta y decididamente contrarrevolucionario en la totalidad de nuestra región, no estamos ante una situación de derrota de los grandes proyectos nacionales y populares del continente, como mucha prensa pretenden hacernos ver. No hay un proyecto hegemónico claro, ni del campo de las clases dominantes y el imperialismo, ni de los pueblos y sus movimientos políticos, sino que estamos atravesando una especie de coexistencia de modelos, con una seria crisis de representación y una búsqueda, a veces desesperada, a veces errática, de soluciones a cuestiones y problemas que han sido endémicos en la región.
1. El Cono Sur: Crisis, Continuidad y Pragmatismo
A. Argentina: La Crisis del Peronismo y el 40% Desorientado
Ochenta años después del 17 de octubre de 1945, el peronismo -el movimiento nacional surgido en la posguerra de mayor perdurabilidad en el continente- y veintidós años después de su rescate por Néstor Kirchner dela mazmorra neoliberal, enfrenta una profunda crisis de conducción, una evidente fragmentación, una indisimulable dificultad para ofrecer una alternativa convincente y, por ello, una importante crisis de representación. Errores y debilidades de vieja data, tanto en lo económico como en lo político que comienzan tan lejos como en el 2011, que se agravan con la derrota electoral en 2015 y culminan con la crisis del gobierno de Alberto Fernández generada desde las propias filas que propusieron su candidatura, fueron algunas de las manifestaciones tempranas de esta crisis. Si a eso le sumamos los cambios moleculares sufridos por la sociedad argentina en los últimos 25 o 30 años, con cambios estructurales en el mundo del trabajo, con una relativa pérdida de representatividad de los sindicatos por la precarización de la mano de obra y la imposibilidad que tuvo el peronismo en sus 12 años de gobierno de producir cambios estructurales más o menos permanentes -por lo menos tan permanentes como los efectuados por los gobiernos peronistas entre 1945 y 1955- llevó a la derrota electoral del 2023 ante un candidato totalmente marginal y casi desconocido como Javier Milei.
Ese lamentable gobierno presidido por un marginal de confusas ideas religiosas y económicas, con la asistencia técnica y terapéutica de su hermana mayor, fue el resultado de un frente político y social implícito en el balotaje del 2023. El conjunto de las clases dominantes tradicionales de la Argentina semicolonial encontraron en la candidatura de Milei la posibilidad de asumir el poder político del país, derrotando al candidato del frente que, pese a sus vacilaciones y debilidades, representaba al movimiento nacional.
El triunfo de Milei – con los dos meses de encierro en el hotel Libertador2- expresaba a la gran burguesía transnacional, identificada en la figura de Paolo Rocca, a los exportadores, al capital financiero nacional y extranjero, a la gran burguesía inmobiliaria y a los dueños de los grandes medios, concentrados básicamente en la ciudad de Buenos Aires. También a las clases dominantes en las provincias, vinculadas a la producción agraria y extractiva, la burguesía comercial provinciana, los grandes propietarios y los sectores medios dependientes de aquellos, sectores que votarían por un partido conservador, si tal cosa existiera. Todo este complejo social se había expresado en las fórmulas del macrismo a nivel nacional y en distintas expresiones políticas provinciales, que iban desde el radicalismo hasta candidatos de anterior vinculación con el peronismo. Encontraron en el marginal, sin mayores compromisos ni exposición social, el ejecutor perfecto de sus políticas.
Pasados dos años de la asunción de Milei, las elecciones de medio tiempo dieron un muy estrecho triunfo al oficialismo. Como también he dicho en otro lugar:
“en el resultado de ayer (26 de octubre de 2025) ganó, básicamente, el miedo al día posterior a las elecciones. El chantaje financiero de Trump, Bessent y JP Morgan funcionó. Una mayoría del electorado temió un desastre con el dólar a 2000 pesos y un descontrol en la remarcación de precios”3.
La Libertad Avanza, es decir Milei, obtuvo 9.437.000 votos, un poco más de un millón de votos que los que obtuviera en la primera vuelta presidencial en 2023 (8.034.000 votos), pero 5.117.000 votos menos que en el balotaje. Es decir, que mantiene un núcleo duro de protesta y desencanto, pero sin alcanzar una expansión masiva.
Pero, y este es el dato principal, un 40 % de abstención, un 40 % de un electorado que no encuentra rumbo u horizonte. Lejos de significar un giro del electorado a posiciones neoliberales, libertarias y proimperialistas, los votantes argentinos expresan rechazo y desorientación. A mi entender eso se debe a diversas razones, entre las que se puede mencionar el desencanto por la falta de una clara propuesta del partido popular por excelencia que es el peronismo, una modificación sustancial en las condiciones de trabajo de un amplio sector de la juventud, que desconoce y desconfía de la organización sindical, y el hastío por enfrentamientos que llevan varios años y no logran superar la sensación de empate hegemónico, mientras el país retrocede en la mayoría de sus índices. En realidad, ese 40 % es, o debe ser, el eje de la disputa política en el futuro inmediato. Forjar propuestas claras, establecer un diálogo genuino con una juventud que ingresa a un mundo laboral fragmentado y desorganizado, y priorizar los problemas del presente sobre los enfrentamientos del pasado son, posiblemente, algunos de los mecanismos para romper con este punto muerto.
B. Brasil: La Continuidad de Lula en un Escenario Adverso
Por su parte, Brasil sigue demostrando la vitalidad de la conducción de Lula y su enorme capacidad de negociación. Bolsonaro, su enemigo declarado, está a punto de ser llevado a prisión, mientras continúa con detención domiciliaria. Si bien, el Congreso y la diversidad de partidos estaduales, cada uno con sus requerimientos, significan un escollo muy grande y una permanente negociación, Lula ha logrado mantener su caudal electoral, volver a ganar las elecciones y negociar en pie de igualdad con el chantaje de Trump y su intento de arancelar las exportaciones brasileñas a los EE.UU.
Es más, las medidas del gobierno norteamericano, más las intrigas generadas por el hijo de Jair Bolsonaro, Eduardo Bolsonaro -un diputado nacional electo que vive en los EE.UU. dedicado a convencer a la administración Trump de aislar económicamente al Brasil-, solo lograron fortalecer el antinorteamericanismo de los brasileños.
Aún cuando los gobiernos de Lula no han logrado retornar a un crecimiento del sector industrial y la reprimarización del país ha seguido su curso, no se ha consolidado un movimiento que intente retrotraer al país a las condiciones políticas de la dictadura militar.
C. Uruguay: La Excepción Ordenada
El Uruguay ha logrado mantener una notable estabilidad de su electorado a partir de una derecha, como la que constituyen el Partido Nacional y el Partido Colorado, caracterizada por su prudencia, tanto en lo político, como en lo económico, y una izquierda centrista, pragmática y con enorme capacidad de adaptación a las condiciones generales.
La antigua semicolonia inglesa privilegiada ha logrado sobrevivir a los conflictos de los últimos 50 años convirtiéndose, en parte, en un pequeño paraíso fiscal de la burguesía evasora argentina, y, en parte, con un crecimiento nulo de su población.
“En los últimos 12 años, la población uruguaya apenas creció. Los datos preliminares del Censo 2023 muestran que los residentes en el país son 3.444.263, lo que significa que el aumento en comparación al 2011 (cuando se hizo el último estudio) fue de solo un 1%. Sin la población extranjera (unas 60.000 personas), los habitantes de Uruguay hubieran estado por debajo del Censo de 2011.
En el estancamiento de la población de Uruguay se registra otro fenómeno: la cantidad de personas que dejaron el país en los últimos 12 años fueron, al menos, 100.000”4.
También allí podemos apreciar, con el triunfo electoral del Frente Amplio, un punto muerto. No ha habido un corrimiento en la opinión pública hacia posiciones de una derecha neoliberal o libertaria.
D. Chile: La Sombra de la Geopolítica y la Inestabilidad Interna
El resultado electoral en Chile es uno de los datos que más se utilizan para demostrar el corrimiento hacia la derecha de la voluntad popular del continente. Ocurre que hace cinco años, Chile vivió una enorme y espontánea movilización popular, encabezada, sobre todo, por las nuevas generaciones hartas de la alternancia regiminosa. Fueron esas movilizaciones las que desembocaron en una convención constituyente y en el triunfo electoral de Gabriel Boric.
Lamentablemente, la convención constituyente fue escenario de una radicalización meramente ideológica de los convencionales de los grupos de izquierda que determinó la redacción de un texto que, finalmente, fue rechazado por el voto popular. El gobierno de Boric, más allá de los enfrentamientos retóricos con el sistema de la alternancia postpinochetista, no supo, no quiso o no pudo ofrecer al pueblo chilenos las respuestas a las expectativas despertadas por aquellas movilizaciones de 2019. Como ha escrito el analista Marcelo Solervicens:
“Jeannette Jara no consiguió imponer su tema de urna, aunque realizó una excelente campaña, distanciándose del gobierno, presentándose como líder de una coalición que busca mejorar las condiciones de vida de la población y seguir reforzando la seguridad de las personas. Una narrativa que adolece de una narrativa capaz de movilizar los sectores populares en torno a un proyecto país que responda a un contexto internacional crecientemente complejo”5.
Por otra parte, el inesperado 20 % obtenido por el candidato Franco Parisi del Partido de la Gente, es un signo más de esta impasse o momentáneo punto muerto en que se encuentra el estado de conciencia de las grandes masas latinoamericanas. Y me acaba de llegar la noticia de que Francisco Parisi ha recomendado a sus votantes, dar su apoyo electoral a Jeanette Jara. Habrá que esperar al balotaje para saber quien va a gobernar en Chile, pero el análisis del resultado electoral de ninguna manera permite pensar en una “derechización” del electorado chileno.
Pero además, un eventual triunfo del candidato José Antonio Kast, expresión lisa y llana de la ultraderecha libertaria-conservadora en Chile, no significaría, en mi opinión, el establecimiento de un eje Buenos Aires-Santiago. La clase dominante chilena y sus expresiones políticas adolecen de un antiargentinismo estructural que podría terminar como lo hizo la relación entre Pinochet y Videla. Recordemos brevemente. En 1978 la disputa de soberanía sobre tres islas en la zona del Canal Beagle: Picton, Lennox y Nueva, y sus aguas adyacentes al arbitraje escaló al punto de que ambas dictaduras iniciaron fuertes aprestos bélicos. Durante varios meses, Argentina y Chile estuvieron al borde de una guerra, hasta que la intervención del Papa Juan Pablo II logró bajar la tensión.
Un gobierno como el de Kast tendería, por otra parte, a competir con el de Milei en su relación con Trump, con la ventaja comparativa que tiene Chile en su relación con los EE.UU. que es de complementariedad y con una alianza que lleva ya más de 50 años.
2. La Región Andina: estabilidad macro, inestabilidad política y parálisis productiva
A. Bolivia: La crisis del MAS y la fragilidad del nuevo gobierno
Las elecciones bolivianas dieron el triunfo al candidato del partido Demócrata Cristiano, Rodrigo Paz, contrariamente al anunciado triunfo de los candidatos de la derecha tradicional, Jorge “Tuto” Quiroga o el derrotado en la primera vuelta electoral Samuel Doria Medina. Este resultado estuvo determinado por la ruptura del MAS, como consecuencia del duro enfrentamiento que el expresidente Evo Morales llevó adelante contra el gobierno, también del MAS, de Luis Arce.
El resultado, en mi opinión, es de una gran fragilidad. Esto se ha hecho evidente en las declaraciones del vicepresidente de Rodrigo Paz, un joven ex capitán de la Policía Nacional de Bolivia, Edman Lara, cuya figura se popularizó en TikTok por sus denuncias de la corrupción policial. Días atrás ha lanzado un ataque contra el presidente a poco más de una semana de haber asumido. El oportunismo de los acuerdos políticos, la poca densidad política de estas candidaturas circunstanciales, más el hecho de que posiblemente nadie o muy pocos hayan votado pensando en una solución, sino en un mal menor, hacen, insisto, de estos resultados más que un triunfo de los sectores sociales vinculados al imperialismo, un retroceso popular, una especie de estancamiento de las energías transformadoras
También en Bolivia, entonces, nos encontramos con un transitorio cambio en el electorado, como resultado, por un lado, de los límites alcanzados por las políticas tanto de Evo Morales como de su sucesor Arce, no como producto de una “derechización” de la opinión popular.
B. Perú: La Total Inestabilidad Política y la más notoria estabilidad macroeconómica
El caso del Perú quizás sea uno de los más dramáticos de la región, donde una estimable estabilidad macroeconómica se asienta paradójicamente sobre una larga y profunda inestabilidad política. Las destituciones de presidentes legítimamente elegidos y su reemplazo por circunstanciales reemplazantes que se ven obligados a llamar a nuevas elecciones que tampoco garantizan la continuidad del nuevo mandatario ha sido la característica de la situación política peruana. A ello se suma, o quizás es causa de lo anterior, un Congreso Nacional fragmentado y una permanente tensión entre los poderes estatales.
En realidad, tras esta inestabilidad política hay una clase dominante, sólida y estructurada que, al margen y prescindiendo casi de la política, ha establecido una verdadera dictadura económica sobre el país. El extractivismo minero sin industrialización (cobre, oro, zinc, plomo y plata) y la exportación de productos como uvas, arándanos, espárragos, paltas y café, constituyen el grueso de sus exportaciones, que alimenta al capital financiero que es quien ha establecido las reglas desde hace ya más de 35 años. La emigración constante y en aumento de peruanos hacia España y Estados Unidos ha descongestionado la presión social que este estrecho corsé económico genera. Las remesas de los emigrados constituyen un importante sostén de millones de economías familiares en el Perú.
Ello no le ha impedido establecer ventajosas relaciones con China, que llevaron a la inauguración, este año, del puerto de Chancay , una gigantesca infraestructura situada a unos 75 km al norte de Lima, construida por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports. Su objetivo es servir como el principal centro logístico para América Latina en la costa del Pacífico y fortalecer el corredor comercial entre Asia y el continente sudamericano como parte de la iniciativa china de la Franja y la Ruta.
El interrogante que propone la situación peruana es si la virtual dictadura del poder económico puede sostenerse en el tiempo sin tensiones y enfrentamientos. Un poder político debilitado y fragmentado, sin capacidad real de decisión, no parece una situación que pueda sostenerse en el tiempo.
C. Ecuador: En un Impasse por la Violencia
Al final de las tres presidencias de Rafael Correa y el restablecimiento de las viejas oligarquías ecuatorianas en el control del país se produjo un paulatino crecimiento de la violencia criminal, sobre todo ligada al narcotráfico. Ecuador se ha convertido en una ruta clave para el tráfico de cocaína. Los puertos marítimos de Guayaquil y Manta son puntos de embarque cruciales para la droga destinada a Europa y Norteamérica. Estas rutas se han convertido en objeto de enfrentamiento de distintos carteles mexicanos (como el Cártel de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación) y bandas albano-kosovares que compiten por el control de las mismas. Por otra parte, la desaparición de las FARC, en Colombia, tras el acuerdo de paz de 2016, generó un vacío de poder en las zonas fronterizas que fue llenado por disidencias y bandas criminales más pequeñas y violentas (como el Clan del Golfo), que intensificaron sus operaciones en Ecuador.
Es interesante destacar que el actual presidente Daniel Noboa, nacido en Miami y heredero de la familia más rica del país, hasta hace dos años, era un personaje desconocido en la política ecuatoriana. La relativa labilidad de la política ecuatoriana, con sus intentos de golpes policiales, candidatos que, una vez asumidos, se dan vuelta el poncho y hasta el asesinato de un candidato presidencial en plena campaña, determinó que el balotaje lo favoreciera. El 23 de noviembre de 2023 asumió la presidencia para completar el período incompleto de su antecesor, el derechista Guillermo Lasso6. El conjunto de los sectores dominantes del Ecuador lograron salir de la encerrona. El país extractivista y exportador, la alianza de las oligarquías de las dos regiones (la Sierra y la Costa) que gobernó desde los tiempos de Velazco Ibarra, respiraba aliviada.
La reducción de la violencia criminal se convirtió en el principal tema de las campañas electorales, incluida la consulta que se llevó a cabo el 16 de noviembre. El resultado de esa consulta se convirtió en una derrota estrepitosa del gobierno del neoliberal Daniel Noboa. Este es otro de los signos de esta situación de punto muerto o “impasse” que viven los pueblos latinoamericanos. 13,5 millones de ecuatorianos votaron en una consulta con cuatro preguntas destinadas a cambiar la constitución ecuatoriana de 2008, aprobada en el primer gobierno de Rafael Correa. La opción “No” se impuso en las cuatro preguntas por márgenes de entre 23 y 6 puntos porcentuales de ventaja7.
Con esos cambios, el gobierno neoliberal y pronorteamericano de Noboa hubiera estado en condiciones de llamar a una Asamblea Constituyente y redactar una nueva constitución que pusiese punto final al ciclo iniciado con Correa. A esto se opuso el resultado de las urnas. Pero implicó también un rechazo al retorno de las bases yanquis en Ecuador.
Y el rechazo a la propuesta de Noboa ha tenido como causas de fondo el deterioro en la salud y la educación, el crecimiento del desempleo y la pobreza. Pero, sobre todo, el fracaso de Noboa en su promesa de reducir la violencia criminal, además de la creciente represión contra los movimientos sociales. Las medidas de ajuste fiscal exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la eliminación del subsidio al diesel provocaron una medida de lucha nacional por parte de las organizaciones indígenas durante un mes. En respuesta, el gobierno instaló el estado de sitio en siete provincias y lanzó una fuerte represión que dejó un saldo de tres muertos y cuatrocientos setenta heridos.
El tema de la violencia paraliza hoy toda otra agenda política en Ecuador. Si esta derrota de los intentos continuistas y de la alianza estratégica con EE.UU. continúa en el tiempo y es capaz de consolidar una alternativa al gobierno financierista de Noboa es algo que continúa abierto a la acción de una política de reivindicación nacional y popular. La gravedad de la crisis crea las condiciones para la consolidación de una alternativa popular a la rosca oligárquica que gobierna el país.
D. Colombia: El Cambio Más Importante
El análisis sobre la situación de Colombia en 2025 es, posiblemente, la que más satisfacciones puede proporcionarnos a quienes bregamos por la integración continental y el imperio de los intereses populares sobre los oligárquicos.
Nunca antes el país había tenido un presidente como Gustavo Petro, un ex guerrillero del Movimiento 19 de Abril. Para comprender la trascendencia de su figura, es necesario remontarse al origen mismo de su movimiento, surgido del fraude electoral que impidió la victoria del general Gustavo Rojas Pinilla.
Este ingeniero militar asume como presidente de facto en 1953 e intentó, con relativo éxito, restablecer la paz, rota desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el jefe indiscutido del Partido Liberal. Este crimen, ocurrido curiosamente el mismo día en que la IX Conferencia Panamericana en Bogotá redactaba la Carta de la OEA, marcó a fuego la historia del país. El gobierno de Rojas Pinilla pacificó, como decíamos, y modernizó Colombia al margen de los dos partidos tradicionales que se habían disputado el poder desde los tiempos de Francisco de Paula Santander. Suponía que el “binomio Pueblo-Fuerzas Militares”, según sus propias palabras, serían el instrumento para transformar el país ante el fracaso de las fuerzas tradicionales. De modo que el origen político del actual presidente se encuentra en un movimiento armado y radicalizado de origen nacional.
El 19 de junio de 2022, Gustavo Petro fue electo presidente de la República de Colombia. Traía una exitosa experiencia como alcalde de Bogotá y cincuenta años de experiencia política y legislativa. Su gobierno ha marcado una clara distancia de la política exterior norteamericana y se ha resistido a la nueva Doctrina Monroe lanzada por Donald Trump. Después de años de gobiernos hostiles a la Venezuela chavista, Petro se ha convertido en un firme defensor de la independencia de este país y en un fuerte crítico de las amenazas yanquis. Pese a la resistencia de las viejas oligarquías bogotana y antioqueña, Petro ha logrado robustecer su gobierno y cuenta con un significativo apoyo popular y el declarado respaldo del Brasil gobernado por Lula. No obstante, la presión es feroz: Donald Trump lo ha incluido en la llamada Lista Clinton de personas vinculadas al narcotráfico y la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria) de Colombia rápidamente manifestó su acatamiento.
Hay dos ejes decisivos en su política de gobierno: la “Paz Total”, (la completa pacificación de la zonas rurales colombianas, azotadas por guerrillas y narcotraficantes) y la “transición energética”, (el reemplazo de la energía fósil y de defensa del medio ambiente). En ambos objetivos, Petro ha encontrado grandes obstáculos —desde la oposición de los poderes económicos ligados al petróleo hasta la compleja trama de los actores armados— no obstante lo cual su gobierno no se ha debilitado sustancialmente.
He aquí una prueba de que el "impasse" regional no siempre es parálisis: en Colombia, ese punto de inflexión en la opinión pública ha permitido cambios que hace cinco años eran imposibles de pensar.
E. Venezuela: Petróleo y bloqueo
El caso de la patria de Bolívar es completamente diferente al del resto de los países hasta aquí descriptos. En Venezuela se vive desde “el Caracazo” de 1989 una situación revolucionaria. La asunción presidencial de Hugo Chávez en 1999 y, sobre todo, el aplastamiento del golpe cívico-militar, conocido como “el Carmonazo”, dio forma a esas ansias de cambio que se expresaron en la gran revuelta popular contra el presidente Carlos Andrés Pérez y el agotado Pacto de Punto Fijo. Desde el 2002, con el regreso de Hugo Chávez al poder presidencial, se consolidó la alianza entre el pueblo venezolano y sus fuerzas armadas, alianza que ha garantizado la continuidad hasta hoy del gobierno de Nicolás Maduro.
Cito algo que escribí en el año 2008, cuando residía en Caracas:
“Los cuadros políticos que conformaron al movimiento que llevó a Chávez al poder, en 1998, fueron producto de una doble vertiente. Por un lado, el nacionalismo militar de sus camaradas de armas, el rechazo que en las filas castrenses producía la corrupción de la Cuarta República, su sumisión a los norteamericanos y el pensamiento continental de Bolívar como nueva doctrina estratégica generó una nueva esperanza en la población venezolana más humilde. Un comandante joven y valiente, oriundo de los llanos barineses, que en su fisonomía expresa la conjunción de las razas más explotadas y humilladas del país, encarnó inmediatamente el repudio a la ´república puntofijista´ y su estéril reparto del poder para beneficio de una burguesía compradora, coimera y encandilada por lo peor y más vulgar de la cultura norteamericana.
Por el otro lado, el levantamiento y la prisión del comandante Hugo Chávez despertó la atención de dirigentes, militantes y agrupamientos políticos vinculados a la izquierda venezolana.
Como se sabe, durante toda la década del 60, y a impulsos de la revolución cubana, distintos sectores de la izquierda venezolana se alzaron en armas contra los gobiernos de Acción Democrática, -Rómulo Betancourt y sus sucesores- alineados a la política de la Alianza para el Progreso, como alternativa ´democrática´ a la propuesta de Fidel Castro. Estos levantamientos, sostenidos fundamentalmente por militantes de origen universitario, terminaron en duros fracasos, con sus consecuencias de represión y detenciones ilegales, torturas, desaparecidos y asesinatos policiales y parapoliciales. Los gobiernos del partido conservador social cristiano, COPEI, no le fueron en saga y tras las presidencias de Rafael Caldera, se dejaba ver la mano con anillo de los obispos católicos, uno de los episcopados más reaccionarios entre la reaccionaria jerarquía eclesiástica suramericana.
El Caracazo contra el ajuste decretado por Carlos Andrés Pérez, con su miles de muertos, ahondó aún más el duro enfrentamiento, la exclusión social y el enriquecimiento rápido de los sectores privilegiados, que caracterizó a la sociedad venezolana. Entre los años 58 y 94, la llamada Cuarta República gobernó a su antojo, generó una casta política de millonarios con casa en Miami, hijos en universidades norteamericanas y mujeres con implantes de siliconas, mientras en el país se ahondaba la pobreza, las migraciones hacia Caracas y Valencia vaciaban el campo, y en los cerros caraqueños crecían y se multiplicaban los “barrios”.
Esos sectores de izquierda, marginados de la vida política institucional, encontraron en Chávez y los chavistas la posibilidad de dar cauce a su crítica a la alternancia adeco-copeyana. El apoyo dado por Fidel Castro al hombre preso en Yare facilitó que no lo vieran como un militar golpista, como un ´carapintada´ del Caribe, tal como lo vio la inmensa mayoría de la izquierda argentina. Recordemos que en 1994 sólo un grupo de nacionalistas militares, algunos círculos peronistas y la Izquierda Nacional reivindicaron su accionar y lo invitaron a Buenos Aires al salir de prisión”8.
El intento de democratizar la renta petrolera, reemplazar a la burguesía compradora que se quedaba con el grueso de esa renta, redistribuirla bajo la forma de una presencia social del estado e intentar sentar las bases para una economía nacional productiva recibió el inmediato rechazo de los EE.UU., cualquiera fuese el partido que ocupara la presidencia. El bloqueo, el congelamiento de fondos en el exterior, la escasez de alimentos, la migración forzosa de miles de venezolanos, los sabotajes y los intentos de invasión no lograron modificar en un ápice la voluntad transformadora del chavismo y sus herederos.
Venezuela ha sido el país latinoamericano que más elecciones ha tenido en los últimos 25 años. Los EE.UU. y la miserable burguesía compradora que actúa como su representante no ha podido quebrar la representatividad del gobierno venezolano ni la unidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Su economía, obviamente, se resintió profundamente con las medidas tomadas por EE.UU. y la UE, y tampoco pudo realizar una de las más profundas aspiraciones de Hugo Chávez, una paulatina industrialización de Venezuela y una menor dependencia de las importaciones de la mayor parte de sus artículos de consumo, desde alimentos, hasta indumentaria y automóviles. Sin embargo, el apoyo logrado por parte de países fuera de la región y que forman parte de los BRICS, como Rusia, China e Irán, y una capacidad de negociación con EE.UU. y sus empresas petroleras, le permitió salir del infierno generado por el bloqueo.
Mientras tanto, la vieja oposición “escuálida”, como la llamó Chávez, no ha hecho sino profundizar su envilecimiento. Desde la pantomima del “gobierno de Guaidó”, hasta el actual llamado a la invasión yanqui por parte de la señora María Corina Machado, pasando por el ya olvidado “gobierno en el exilio” de Edmundo González, el antichavismo proyanqui está en retroceso.
En el contexto del “impasse” regional, Venezuela representa un caso único: un equilibrio de fuerzas forjado en la resistencia. Lejos de la parálisis, es un escenario de confrontación activa donde el proyecto chavista, a pesar de no haber logrado superar la dependencia económica, ha demostrado una resiliencia política férrea, sostenido por la unidad cívico-militar y el fracaso de una oposición entreguista.
Aunque, obviamente, el final está abierto.
3. América del Norte
A. México: La Fuerza de Sheinbaum y la Consolidación del Proyecto
El triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, en 2018, significó un importante cambio en las relaciones de fuerza latinoamericanas. Después de 70 años ininterrumpidos de gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y 12 años de su rival conservador, el PAN, el movimiento Morena, que reivindica la tradición del cardenismo histórico, llegó al poder. Y el país de Emiliano Zapata y Francisco Villa pareció ponerse de pie, como no lo hacía desde la presidencia de Lázaro Cárdenas, entre 1934 y 1940.
López Obrador puso en marcha una política que denominó “la Cuarta Transformación”. Es interesante saber cuáles son las otras “tres transformaciones” para entender cómo pretendió filiar su política. La Primera Transformación fue la guerra de la Independencia del dominio español. La Segunda Transformación fue la guerra de la Reforma, impulsada por Benito Juárez. La Tercera Transformación fue la Revolución Mexicana entre 1910 y 1917, la primera revolución popular del siglo XX. En esa tradición histórico-política inscribió López Obrador su presidencia.
Los principios básicos de esa política consistieron en una lucha contra la enorme desigualdad social del país. “Por el bien de todos, primero los pobres” constituyó la consigna de justicia social. El otro punto fue la lucha contra la corrupción estatal, la reducción de los salarios de los altos funcionarios y garantizar la transparencia en el funcionamiento del Estado. El tercer elemento, que garantizaba la ejecución de los anteriores, fue revisar y revertir las reformas neoliberales en educación, energía y telecomunicaciones. La idea fuerza fue la creación de un nuevo proyecto de nación, ante el agotamiento del viejo PRI y del liberalismo conservador del PAN.
Fue precisamente el éxito de este proyecto lo que permitió el triunfo de la primera mujer presidenta en los Estados Unidos de México, Claudia Sheinbaum, fiel continuadora de la política de su antecesor.
Por primera vez, desde la década del 30 en el siglo pasado, México volvió a ser una avanzada en la resistencia a la presión norteamericana. Es fundamental entender aquí que México tiene la más extensa frontera con EE.UU., que, además, es una frontera civilizatoria, es el punto de roce de dos civilizaciones, la anglosajona calvinista y la hispano-indoamericana católica.
Hoy México es, junto con Colombia, los dos datos nuevos en el contexto latinoamericano, datos que no existían en las dos primeras décadas del siglo XXI. Una izquierda nacionalista con amplio respaldo popular, capaz de ganar elecciones y de expresar el hastío hacia las políticas de acatamiento al orden yanqui y la hegemonía de sus oligarquías locales, caracteriza a ambos países Acá el momento de “impasse” está pregnado de una enorme potencialidad que puede extenderse al conjunto de la región.
La Disputa por el Sentido del “Impasse”
América Latina, entonces, no asiste al funeral de sus proyectos nacionales ni al triunfo irreversible de la contrarrevolución. Asiste a algo más complejo y profundo: un “impasse” histórico, una pausa cargada de tensiones en la que se redefine el destino del continente.
El ciclo de unidad y audacia que tuvo su cima simbólica en Mar del Plata y su expresión concreta en la derrota del ALCA se agotó no por casualidad, sino por la tenacidad de un enemigo imperial que no descansa y por las propias debilidades orgánicas de nuestros proyectos, que no lograron anclar transformaciones estructurales a prueba de restauraciones.
Hoy, el mapa regional es un tablero de fuerzas en disputa. En un extremo, la Argentina muestra la cara más dramática de este punto muerto: un peronismo en crisis de conducción y horizonte, un 40% del electorado huérfano de representación y un experimento libertario que es la máscara grotesca de la vieja oligarquía, financiado por el capital transnacional y sostenido por el miedo. Es la expresión de un proyecto de recolonización que, sin embargo, no logra consolidar una nueva hegemonía.
Pero este “impasse” no es unánime. Frente a la desorientación argentina y la parálisis de países como Perú o Ecuador, se alzan los dos faros estratégicos de la nueva resistencia: Colombia y México. Con Petro y Sheinbaum, demostraron que es posible torcerle el brazo al destino oligárquico, que una izquierda con raíces nacionales y respaldo popular puede ganar, gobernar y cambiar la relación de fuerzas, aun en la boca del lobo norteamericano.
Este no es un tiempo de derrotas, es un tiempo de definiciones. La pregunta que recorre la región de norte a sur ya no es cuándo llegará la próxima oleada popular y de unidad continental, sino qué aprenderemos de este instante de transición. La tarea urgente es recomponer el lazo con esa multitud desencantada -esa juventud precarizada, ese 40% que no se reconoce en las opciones del pasado-, forjar propuestas claras que hablen de los problemas del presente y reconstruir, desde abajo, una nueva épica integracionista.
La sombra de Bolívar, San Martín, Perón, Fidel Castro y Chávez no nos condena a repetir sus gestas, nos interpela a forjar las nuestras. El legado de la Cumbre de Mar del Plata no es un recuerdo nostálgico, sino una brújula. Nos señala que el único camino para superar este punto muerto es el que siempre fue: la unidad continental, la soberanía económica y la decisión inquebrantable de poner, de una vez por todas, el horizonte de la Patria Grande por encima de los intereses mezquinos de siempre.
Y este desafío se libra en un tablero global radicalmente transformado. El mundo está viviendo un momento de intensa transición. El agotamiento de la hegemonía del capital financiero en el capitalismo occidental, la aparición de nuevos y plurales polos de poder, el paulatino eclipse de Europa y la OTAN y la conversión de EE.UU. en uno de los jugadores en la distribución de poder, perdiendo así su naturaleza de superpotencia, el final de la guerra en Ucrania y la consistente alianza entre la República Popular China y la Federación Rusa, la consolidación de los BRICS+ son, todas ellas, circunstancias que influirán cada vez más en lo sucesivo.
El “impasse”, este punto muerto, esta aparente inmovilidad, es, en definitiva, la antesala de una nueva batalla por la independencia. Y su desenlace no está escrito; se escribe todos los días en la lucha de nuestros pueblos.
27 de noviembre de 2025.
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1 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2005/12/el-siglo-xxi-nos-encontr-por-fin.html
2 Entre el 22 de octubre de 2023 y el 8 de enero de 2024 Javier Milei estuvo alojado en el Hotel Libertador, propiedad del millonario Eduardo Elsztain, presidente de IRSA, una empresa dedicada al desarrollo, propiedad, administración y operación de bienes raíces, con un enfoque en centros comerciales, edificios de oficinas y hoteles. En esos 79, incluída la semana en la que ya había asumido como presidente, Milei tuvo permanentes reuniones con empresarios, economistas y representantes de cámaras empresariales, sin que exista un registro exacto de sus visitantes.
3 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2025/10/superar-el-repliegue-popular-con-un.html
4 https://www.infobae.com/america/america-latina/2023/11/30/el-censo-uruguayo-revelo-que-si-no-fuera-por-la-inmigracion-la-poblacion-hubiera-disminuido-en-los-ultimos-12-anos
5 https://comentariointernacional.com/2025/11/17/chile-se-confirma-balotaje-presidencial-entre-jara-y-kast/
6 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2021/02/ecuador-entre-la-dolarizacion-y-la.html
7 https://comentariointernacional.com/2025/11/22/ecuador-le-dice-no-a-daniel-noboa-y-donald-j-trump/
8 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2008/11/si-se-pierde-petare-si-se-pierde-petare.html
Entre el legado de la Cumbre de Mar del Plata y la búsqueda de nuevos caminos
Ha habido elecciones en Uruguay, en Bolivia, en Argentina, en Chile y en Ecuador tuvo lugar un importante plebiscito propuesto por el gobierno del banquero Noboa. El resultado de esas expresiones de la voluntad popular y la situación política en los otros países latinoamericanos, desde México hasta Colombia, ameritan una reflexión.
A partir de la entrada en el siglo XXI, Latinoamérica vivió un momento casi único de gobiernos, surgidos de la voluntad popular, que coincidían estratégicamente en la búsqueda de una unificación continental. La irrupción del Comandante Hugo Chávez en Venezuela, sobre todo a partir de la derrota del golpe que lo derrocó y lo detuvo durante 48 horas, fue el inicio de una seguidilla de triunfos de partidos de clara tradición popular. Lula, en el 2002, gana la presidencia del Brasil en su cuarto intento. El peronismo, rescatado por Néstor Kirchner de las babas del neoliberalismo en que lo envolvió Menem, se impuso en las elecciones del 2003, coronando el impulso transformador que emanaba de la pueblada que en diciembre de 2001 puso punto final al largo tramo neoliberal iniciado con el golpe de 1976. En el 2005, Evo Morales asume la presidencia de Bolivia como el primer presidente hijo de los pueblos originarios del Altiplano. En el 2009, Pepe Mujica es elegido presidente de la República Oriental del Uruguay y pone un matiz latinoamericanista al gobierno del Frente Amplio que había encabezado Tabaré Vázquez. Entre 2003 y 2015 se produce en Suramérica el más intenso proceso de acercamiento e integración que conoció la región desde los tiempos de la Guerra de la Independencia. Las visitas presidenciales suceden a las reuniones cumbre de presidentes de la región y hasta el gobierno liberal-conservador del chileno Sebastián Piñera logra adecuarse al ímpetu integrador de sus colegas regionales. El Mercosur vive su momento de mayor esplendor. Estos escribimos después de la cumbre de Mar del Plata en 2005:
“La férrea unidad y convicción de los gobiernos del Mercosur -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay-, y de Venezuela logró algo que, hace tan sólo unos años, hubiera parecido imposible: impedir de modo casi irreversible la firma del nuevo estatuto colonial norteamericano, el ALCA.
Las fauces del chacal de Iraq se fueron, esta vez, limpias de sangre. El presidente George W. Bush se retiró de Mar del Plata sin haber logrado asestar su feroz dentellada sobre Suramérica. Un desgarbado y ceceoso presidente argentino había puesto en negro sobre blanco la insalvable contradicción entre los intereses imperialistas norteamericanos y el interés de los pueblos y la patria americana, había denunciado ante todo un continente la responsabilidad yanqui sobre las feroces dictaduras militares, el despotismo saqueador de los organismos financieros internacionales y la arbitrariedad de un ALCA que aporta beneficios para una sola de las partes. En la voz del presidente argentino Néstor Kirchner se resumió un siglo de pensamiento y acción nacionales”1.
Ese era el espíritu y la atmósfera de aquellos años.
Lentamente, por razones endógenas y exógenas, por las debilidades políticas de los gobiernos populares suramericanos y por lentos e indetenibles cambios en la política internacional ese momento glorioso dio paso al actual momento de “impasse” o, si se quiere, punto muerto en que se encuentra hoy la Argentina y nuestra región. Por un lado, el relanzamiento intensificado de la “Doctrina Monroe” por parte de los EE.UU. ha operado en toda la región a través de los políticos y los medios de prensa afines. Las crisis derivadas de la debilidad orgánica de las economías de la región frente al cuello de botella de su sector externo ha generado un enfriamiento en la adhesión y hasta en la participación popular a las políticas que caracterizaron los primeros 15 años del siglo. En nuestro caso, debe agregarse que, pese a la importante mejora de la situación de los sectores populares, los tres gobiernos consecutivos del peronismo no lograron grandes transformaciones estructurales que hicieran imposible o muy difícil la restauración neoliberal.
Insisto, en lo que acabo de escribir. No estamos atravesando un proceso abierta y decididamente contrarrevolucionario en la totalidad de nuestra región, no estamos ante una situación de derrota de los grandes proyectos nacionales y populares del continente, como mucha prensa pretenden hacernos ver. No hay un proyecto hegemónico claro, ni del campo de las clases dominantes y el imperialismo, ni de los pueblos y sus movimientos políticos, sino que estamos atravesando una especie de coexistencia de modelos, con una seria crisis de representación y una búsqueda, a veces desesperada, a veces errática, de soluciones a cuestiones y problemas que han sido endémicos en la región.
1. El Cono Sur: Crisis, Continuidad y Pragmatismo
A. Argentina: La Crisis del Peronismo y el 40% Desorientado
Ochenta años después del 17 de octubre de 1945, el peronismo -el movimiento nacional surgido en la posguerra de mayor perdurabilidad en el continente- y veintidós años después de su rescate por Néstor Kirchner dela mazmorra neoliberal, enfrenta una profunda crisis de conducción, una evidente fragmentación, una indisimulable dificultad para ofrecer una alternativa convincente y, por ello, una importante crisis de representación. Errores y debilidades de vieja data, tanto en lo económico como en lo político que comienzan tan lejos como en el 2011, que se agravan con la derrota electoral en 2015 y culminan con la crisis del gobierno de Alberto Fernández generada desde las propias filas que propusieron su candidatura, fueron algunas de las manifestaciones tempranas de esta crisis. Si a eso le sumamos los cambios moleculares sufridos por la sociedad argentina en los últimos 25 o 30 años, con cambios estructurales en el mundo del trabajo, con una relativa pérdida de representatividad de los sindicatos por la precarización de la mano de obra y la imposibilidad que tuvo el peronismo en sus 12 años de gobierno de producir cambios estructurales más o menos permanentes -por lo menos tan permanentes como los efectuados por los gobiernos peronistas entre 1945 y 1955- llevó a la derrota electoral del 2023 ante un candidato totalmente marginal y casi desconocido como Javier Milei.
Ese lamentable gobierno presidido por un marginal de confusas ideas religiosas y económicas, con la asistencia técnica y terapéutica de su hermana mayor, fue el resultado de un frente político y social implícito en el balotaje del 2023. El conjunto de las clases dominantes tradicionales de la Argentina semicolonial encontraron en la candidatura de Milei la posibilidad de asumir el poder político del país, derrotando al candidato del frente que, pese a sus vacilaciones y debilidades, representaba al movimiento nacional.
El triunfo de Milei – con los dos meses de encierro en el hotel Libertador2- expresaba a la gran burguesía transnacional, identificada en la figura de Paolo Rocca, a los exportadores, al capital financiero nacional y extranjero, a la gran burguesía inmobiliaria y a los dueños de los grandes medios, concentrados básicamente en la ciudad de Buenos Aires. También a las clases dominantes en las provincias, vinculadas a la producción agraria y extractiva, la burguesía comercial provinciana, los grandes propietarios y los sectores medios dependientes de aquellos, sectores que votarían por un partido conservador, si tal cosa existiera. Todo este complejo social se había expresado en las fórmulas del macrismo a nivel nacional y en distintas expresiones políticas provinciales, que iban desde el radicalismo hasta candidatos de anterior vinculación con el peronismo. Encontraron en el marginal, sin mayores compromisos ni exposición social, el ejecutor perfecto de sus políticas.
Pasados dos años de la asunción de Milei, las elecciones de medio tiempo dieron un muy estrecho triunfo al oficialismo. Como también he dicho en otro lugar:
“en el resultado de ayer (26 de octubre de 2025) ganó, básicamente, el miedo al día posterior a las elecciones. El chantaje financiero de Trump, Bessent y JP Morgan funcionó. Una mayoría del electorado temió un desastre con el dólar a 2000 pesos y un descontrol en la remarcación de precios”3.
La Libertad Avanza, es decir Milei, obtuvo 9.437.000 votos, un poco más de un millón de votos que los que obtuviera en la primera vuelta presidencial en 2023 (8.034.000 votos), pero 5.117.000 votos menos que en el balotaje. Es decir, que mantiene un núcleo duro de protesta y desencanto, pero sin alcanzar una expansión masiva.
Pero, y este es el dato principal, un 40 % de abstención, un 40 % de un electorado que no encuentra rumbo u horizonte. Lejos de significar un giro del electorado a posiciones neoliberales, libertarias y proimperialistas, los votantes argentinos expresan rechazo y desorientación. A mi entender eso se debe a diversas razones, entre las que se puede mencionar el desencanto por la falta de una clara propuesta del partido popular por excelencia que es el peronismo, una modificación sustancial en las condiciones de trabajo de un amplio sector de la juventud, que desconoce y desconfía de la organización sindical, y el hastío por enfrentamientos que llevan varios años y no logran superar la sensación de empate hegemónico, mientras el país retrocede en la mayoría de sus índices. En realidad, ese 40 % es, o debe ser, el eje de la disputa política en el futuro inmediato. Forjar propuestas claras, establecer un diálogo genuino con una juventud que ingresa a un mundo laboral fragmentado y desorganizado, y priorizar los problemas del presente sobre los enfrentamientos del pasado son, posiblemente, algunos de los mecanismos para romper con este punto muerto.
B. Brasil: La Continuidad de Lula en un Escenario Adverso
Por su parte, Brasil sigue demostrando la vitalidad de la conducción de Lula y su enorme capacidad de negociación. Bolsonaro, su enemigo declarado, está a punto de ser llevado a prisión, mientras continúa con detención domiciliaria. Si bien, el Congreso y la diversidad de partidos estaduales, cada uno con sus requerimientos, significan un escollo muy grande y una permanente negociación, Lula ha logrado mantener su caudal electoral, volver a ganar las elecciones y negociar en pie de igualdad con el chantaje de Trump y su intento de arancelar las exportaciones brasileñas a los EE.UU.
Es más, las medidas del gobierno norteamericano, más las intrigas generadas por el hijo de Jair Bolsonaro, Eduardo Bolsonaro -un diputado nacional electo que vive en los EE.UU. dedicado a convencer a la administración Trump de aislar económicamente al Brasil-, solo lograron fortalecer el antinorteamericanismo de los brasileños.
Aún cuando los gobiernos de Lula no han logrado retornar a un crecimiento del sector industrial y la reprimarización del país ha seguido su curso, no se ha consolidado un movimiento que intente retrotraer al país a las condiciones políticas de la dictadura militar.
C. Uruguay: La Excepción Ordenada
El Uruguay ha logrado mantener una notable estabilidad de su electorado a partir de una derecha, como la que constituyen el Partido Nacional y el Partido Colorado, caracterizada por su prudencia, tanto en lo político, como en lo económico, y una izquierda centrista, pragmática y con enorme capacidad de adaptación a las condiciones generales.
La antigua semicolonia inglesa privilegiada ha logrado sobrevivir a los conflictos de los últimos 50 años convirtiéndose, en parte, en un pequeño paraíso fiscal de la burguesía evasora argentina, y, en parte, con un crecimiento nulo de su población.
“En los últimos 12 años, la población uruguaya apenas creció. Los datos preliminares del Censo 2023 muestran que los residentes en el país son 3.444.263, lo que significa que el aumento en comparación al 2011 (cuando se hizo el último estudio) fue de solo un 1%. Sin la población extranjera (unas 60.000 personas), los habitantes de Uruguay hubieran estado por debajo del Censo de 2011.
En el estancamiento de la población de Uruguay se registra otro fenómeno: la cantidad de personas que dejaron el país en los últimos 12 años fueron, al menos, 100.000”4.
También allí podemos apreciar, con el triunfo electoral del Frente Amplio, un punto muerto. No ha habido un corrimiento en la opinión pública hacia posiciones de una derecha neoliberal o libertaria.
D. Chile: La Sombra de la Geopolítica y la Inestabilidad Interna
El resultado electoral en Chile es uno de los datos que más se utilizan para demostrar el corrimiento hacia la derecha de la voluntad popular del continente. Ocurre que hace cinco años, Chile vivió una enorme y espontánea movilización popular, encabezada, sobre todo, por las nuevas generaciones hartas de la alternancia regiminosa. Fueron esas movilizaciones las que desembocaron en una convención constituyente y en el triunfo electoral de Gabriel Boric.
Lamentablemente, la convención constituyente fue escenario de una radicalización meramente ideológica de los convencionales de los grupos de izquierda que determinó la redacción de un texto que, finalmente, fue rechazado por el voto popular. El gobierno de Boric, más allá de los enfrentamientos retóricos con el sistema de la alternancia postpinochetista, no supo, no quiso o no pudo ofrecer al pueblo chilenos las respuestas a las expectativas despertadas por aquellas movilizaciones de 2019. Como ha escrito el analista Marcelo Solervicens:
“Jeannette Jara no consiguió imponer su tema de urna, aunque realizó una excelente campaña, distanciándose del gobierno, presentándose como líder de una coalición que busca mejorar las condiciones de vida de la población y seguir reforzando la seguridad de las personas. Una narrativa que adolece de una narrativa capaz de movilizar los sectores populares en torno a un proyecto país que responda a un contexto internacional crecientemente complejo”5.
Por otra parte, el inesperado 20 % obtenido por el candidato Franco Parisi del Partido de la Gente, es un signo más de esta impasse o momentáneo punto muerto en que se encuentra el estado de conciencia de las grandes masas latinoamericanas. Y me acaba de llegar la noticia de que Francisco Parisi ha recomendado a sus votantes, dar su apoyo electoral a Jeanette Jara. Habrá que esperar al balotaje para saber quien va a gobernar en Chile, pero el análisis del resultado electoral de ninguna manera permite pensar en una “derechización” del electorado chileno.
Pero además, un eventual triunfo del candidato José Antonio Kast, expresión lisa y llana de la ultraderecha libertaria-conservadora en Chile, no significaría, en mi opinión, el establecimiento de un eje Buenos Aires-Santiago. La clase dominante chilena y sus expresiones políticas adolecen de un antiargentinismo estructural que podría terminar como lo hizo la relación entre Pinochet y Videla. Recordemos brevemente. En 1978 la disputa de soberanía sobre tres islas en la zona del Canal Beagle: Picton, Lennox y Nueva, y sus aguas adyacentes al arbitraje escaló al punto de que ambas dictaduras iniciaron fuertes aprestos bélicos. Durante varios meses, Argentina y Chile estuvieron al borde de una guerra, hasta que la intervención del Papa Juan Pablo II logró bajar la tensión.
Un gobierno como el de Kast tendería, por otra parte, a competir con el de Milei en su relación con Trump, con la ventaja comparativa que tiene Chile en su relación con los EE.UU. que es de complementariedad y con una alianza que lleva ya más de 50 años.
2. La Región Andina: estabilidad macro, inestabilidad política y parálisis productiva
A. Bolivia: La crisis del MAS y la fragilidad del nuevo gobierno
Las elecciones bolivianas dieron el triunfo al candidato del partido Demócrata Cristiano, Rodrigo Paz, contrariamente al anunciado triunfo de los candidatos de la derecha tradicional, Jorge “Tuto” Quiroga o el derrotado en la primera vuelta electoral Samuel Doria Medina. Este resultado estuvo determinado por la ruptura del MAS, como consecuencia del duro enfrentamiento que el expresidente Evo Morales llevó adelante contra el gobierno, también del MAS, de Luis Arce.
El resultado, en mi opinión, es de una gran fragilidad. Esto se ha hecho evidente en las declaraciones del vicepresidente de Rodrigo Paz, un joven ex capitán de la Policía Nacional de Bolivia, Edman Lara, cuya figura se popularizó en TikTok por sus denuncias de la corrupción policial. Días atrás ha lanzado un ataque contra el presidente a poco más de una semana de haber asumido. El oportunismo de los acuerdos políticos, la poca densidad política de estas candidaturas circunstanciales, más el hecho de que posiblemente nadie o muy pocos hayan votado pensando en una solución, sino en un mal menor, hacen, insisto, de estos resultados más que un triunfo de los sectores sociales vinculados al imperialismo, un retroceso popular, una especie de estancamiento de las energías transformadoras
También en Bolivia, entonces, nos encontramos con un transitorio cambio en el electorado, como resultado, por un lado, de los límites alcanzados por las políticas tanto de Evo Morales como de su sucesor Arce, no como producto de una “derechización” de la opinión popular.
B. Perú: La Total Inestabilidad Política y la más notoria estabilidad macroeconómica
El caso del Perú quizás sea uno de los más dramáticos de la región, donde una estimable estabilidad macroeconómica se asienta paradójicamente sobre una larga y profunda inestabilidad política. Las destituciones de presidentes legítimamente elegidos y su reemplazo por circunstanciales reemplazantes que se ven obligados a llamar a nuevas elecciones que tampoco garantizan la continuidad del nuevo mandatario ha sido la característica de la situación política peruana. A ello se suma, o quizás es causa de lo anterior, un Congreso Nacional fragmentado y una permanente tensión entre los poderes estatales.
En realidad, tras esta inestabilidad política hay una clase dominante, sólida y estructurada que, al margen y prescindiendo casi de la política, ha establecido una verdadera dictadura económica sobre el país. El extractivismo minero sin industrialización (cobre, oro, zinc, plomo y plata) y la exportación de productos como uvas, arándanos, espárragos, paltas y café, constituyen el grueso de sus exportaciones, que alimenta al capital financiero que es quien ha establecido las reglas desde hace ya más de 35 años. La emigración constante y en aumento de peruanos hacia España y Estados Unidos ha descongestionado la presión social que este estrecho corsé económico genera. Las remesas de los emigrados constituyen un importante sostén de millones de economías familiares en el Perú.
Ello no le ha impedido establecer ventajosas relaciones con China, que llevaron a la inauguración, este año, del puerto de Chancay , una gigantesca infraestructura situada a unos 75 km al norte de Lima, construida por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports. Su objetivo es servir como el principal centro logístico para América Latina en la costa del Pacífico y fortalecer el corredor comercial entre Asia y el continente sudamericano como parte de la iniciativa china de la Franja y la Ruta.
El interrogante que propone la situación peruana es si la virtual dictadura del poder económico puede sostenerse en el tiempo sin tensiones y enfrentamientos. Un poder político debilitado y fragmentado, sin capacidad real de decisión, no parece una situación que pueda sostenerse en el tiempo.
C. Ecuador: En un Impasse por la Violencia
Al final de las tres presidencias de Rafael Correa y el restablecimiento de las viejas oligarquías ecuatorianas en el control del país se produjo un paulatino crecimiento de la violencia criminal, sobre todo ligada al narcotráfico. Ecuador se ha convertido en una ruta clave para el tráfico de cocaína. Los puertos marítimos de Guayaquil y Manta son puntos de embarque cruciales para la droga destinada a Europa y Norteamérica. Estas rutas se han convertido en objeto de enfrentamiento de distintos carteles mexicanos (como el Cártel de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación) y bandas albano-kosovares que compiten por el control de las mismas. Por otra parte, la desaparición de las FARC, en Colombia, tras el acuerdo de paz de 2016, generó un vacío de poder en las zonas fronterizas que fue llenado por disidencias y bandas criminales más pequeñas y violentas (como el Clan del Golfo), que intensificaron sus operaciones en Ecuador.
Es interesante destacar que el actual presidente Daniel Noboa, nacido en Miami y heredero de la familia más rica del país, hasta hace dos años, era un personaje desconocido en la política ecuatoriana. La relativa labilidad de la política ecuatoriana, con sus intentos de golpes policiales, candidatos que, una vez asumidos, se dan vuelta el poncho y hasta el asesinato de un candidato presidencial en plena campaña, determinó que el balotaje lo favoreciera. El 23 de noviembre de 2023 asumió la presidencia para completar el período incompleto de su antecesor, el derechista Guillermo Lasso6. El conjunto de los sectores dominantes del Ecuador lograron salir de la encerrona. El país extractivista y exportador, la alianza de las oligarquías de las dos regiones (la Sierra y la Costa) que gobernó desde los tiempos de Velazco Ibarra, respiraba aliviada.
La reducción de la violencia criminal se convirtió en el principal tema de las campañas electorales, incluida la consulta que se llevó a cabo el 16 de noviembre. El resultado de esa consulta se convirtió en una derrota estrepitosa del gobierno del neoliberal Daniel Noboa. Este es otro de los signos de esta situación de punto muerto o “impasse” que viven los pueblos latinoamericanos. 13,5 millones de ecuatorianos votaron en una consulta con cuatro preguntas destinadas a cambiar la constitución ecuatoriana de 2008, aprobada en el primer gobierno de Rafael Correa. La opción “No” se impuso en las cuatro preguntas por márgenes de entre 23 y 6 puntos porcentuales de ventaja7.
Con esos cambios, el gobierno neoliberal y pronorteamericano de Noboa hubiera estado en condiciones de llamar a una Asamblea Constituyente y redactar una nueva constitución que pusiese punto final al ciclo iniciado con Correa. A esto se opuso el resultado de las urnas. Pero implicó también un rechazo al retorno de las bases yanquis en Ecuador.
Y el rechazo a la propuesta de Noboa ha tenido como causas de fondo el deterioro en la salud y la educación, el crecimiento del desempleo y la pobreza. Pero, sobre todo, el fracaso de Noboa en su promesa de reducir la violencia criminal, además de la creciente represión contra los movimientos sociales. Las medidas de ajuste fiscal exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la eliminación del subsidio al diesel provocaron una medida de lucha nacional por parte de las organizaciones indígenas durante un mes. En respuesta, el gobierno instaló el estado de sitio en siete provincias y lanzó una fuerte represión que dejó un saldo de tres muertos y cuatrocientos setenta heridos.
El tema de la violencia paraliza hoy toda otra agenda política en Ecuador. Si esta derrota de los intentos continuistas y de la alianza estratégica con EE.UU. continúa en el tiempo y es capaz de consolidar una alternativa al gobierno financierista de Noboa es algo que continúa abierto a la acción de una política de reivindicación nacional y popular. La gravedad de la crisis crea las condiciones para la consolidación de una alternativa popular a la rosca oligárquica que gobierna el país.
D. Colombia: El Cambio Más Importante
El análisis sobre la situación de Colombia en 2025 es, posiblemente, la que más satisfacciones puede proporcionarnos a quienes bregamos por la integración continental y el imperio de los intereses populares sobre los oligárquicos.
Nunca antes el país había tenido un presidente como Gustavo Petro, un ex guerrillero del Movimiento 19 de Abril. Para comprender la trascendencia de su figura, es necesario remontarse al origen mismo de su movimiento, surgido del fraude electoral que impidió la victoria del general Gustavo Rojas Pinilla.
Este ingeniero militar asume como presidente de facto en 1953 e intentó, con relativo éxito, restablecer la paz, rota desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el jefe indiscutido del Partido Liberal. Este crimen, ocurrido curiosamente el mismo día en que la IX Conferencia Panamericana en Bogotá redactaba la Carta de la OEA, marcó a fuego la historia del país. El gobierno de Rojas Pinilla pacificó, como decíamos, y modernizó Colombia al margen de los dos partidos tradicionales que se habían disputado el poder desde los tiempos de Francisco de Paula Santander. Suponía que el “binomio Pueblo-Fuerzas Militares”, según sus propias palabras, serían el instrumento para transformar el país ante el fracaso de las fuerzas tradicionales. De modo que el origen político del actual presidente se encuentra en un movimiento armado y radicalizado de origen nacional.
El 19 de junio de 2022, Gustavo Petro fue electo presidente de la República de Colombia. Traía una exitosa experiencia como alcalde de Bogotá y cincuenta años de experiencia política y legislativa. Su gobierno ha marcado una clara distancia de la política exterior norteamericana y se ha resistido a la nueva Doctrina Monroe lanzada por Donald Trump. Después de años de gobiernos hostiles a la Venezuela chavista, Petro se ha convertido en un firme defensor de la independencia de este país y en un fuerte crítico de las amenazas yanquis. Pese a la resistencia de las viejas oligarquías bogotana y antioqueña, Petro ha logrado robustecer su gobierno y cuenta con un significativo apoyo popular y el declarado respaldo del Brasil gobernado por Lula. No obstante, la presión es feroz: Donald Trump lo ha incluido en la llamada Lista Clinton de personas vinculadas al narcotráfico y la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria) de Colombia rápidamente manifestó su acatamiento.
Hay dos ejes decisivos en su política de gobierno: la “Paz Total”, (la completa pacificación de la zonas rurales colombianas, azotadas por guerrillas y narcotraficantes) y la “transición energética”, (el reemplazo de la energía fósil y de defensa del medio ambiente). En ambos objetivos, Petro ha encontrado grandes obstáculos —desde la oposición de los poderes económicos ligados al petróleo hasta la compleja trama de los actores armados— no obstante lo cual su gobierno no se ha debilitado sustancialmente.
He aquí una prueba de que el "impasse" regional no siempre es parálisis: en Colombia, ese punto de inflexión en la opinión pública ha permitido cambios que hace cinco años eran imposibles de pensar.
E. Venezuela: Petróleo y bloqueo
El caso de la patria de Bolívar es completamente diferente al del resto de los países hasta aquí descriptos. En Venezuela se vive desde “el Caracazo” de 1989 una situación revolucionaria. La asunción presidencial de Hugo Chávez en 1999 y, sobre todo, el aplastamiento del golpe cívico-militar, conocido como “el Carmonazo”, dio forma a esas ansias de cambio que se expresaron en la gran revuelta popular contra el presidente Carlos Andrés Pérez y el agotado Pacto de Punto Fijo. Desde el 2002, con el regreso de Hugo Chávez al poder presidencial, se consolidó la alianza entre el pueblo venezolano y sus fuerzas armadas, alianza que ha garantizado la continuidad hasta hoy del gobierno de Nicolás Maduro.
Cito algo que escribí en el año 2008, cuando residía en Caracas:
“Los cuadros políticos que conformaron al movimiento que llevó a Chávez al poder, en 1998, fueron producto de una doble vertiente. Por un lado, el nacionalismo militar de sus camaradas de armas, el rechazo que en las filas castrenses producía la corrupción de la Cuarta República, su sumisión a los norteamericanos y el pensamiento continental de Bolívar como nueva doctrina estratégica generó una nueva esperanza en la población venezolana más humilde. Un comandante joven y valiente, oriundo de los llanos barineses, que en su fisonomía expresa la conjunción de las razas más explotadas y humilladas del país, encarnó inmediatamente el repudio a la ´república puntofijista´ y su estéril reparto del poder para beneficio de una burguesía compradora, coimera y encandilada por lo peor y más vulgar de la cultura norteamericana.
Por el otro lado, el levantamiento y la prisión del comandante Hugo Chávez despertó la atención de dirigentes, militantes y agrupamientos políticos vinculados a la izquierda venezolana.
Como se sabe, durante toda la década del 60, y a impulsos de la revolución cubana, distintos sectores de la izquierda venezolana se alzaron en armas contra los gobiernos de Acción Democrática, -Rómulo Betancourt y sus sucesores- alineados a la política de la Alianza para el Progreso, como alternativa ´democrática´ a la propuesta de Fidel Castro. Estos levantamientos, sostenidos fundamentalmente por militantes de origen universitario, terminaron en duros fracasos, con sus consecuencias de represión y detenciones ilegales, torturas, desaparecidos y asesinatos policiales y parapoliciales. Los gobiernos del partido conservador social cristiano, COPEI, no le fueron en saga y tras las presidencias de Rafael Caldera, se dejaba ver la mano con anillo de los obispos católicos, uno de los episcopados más reaccionarios entre la reaccionaria jerarquía eclesiástica suramericana.
El Caracazo contra el ajuste decretado por Carlos Andrés Pérez, con su miles de muertos, ahondó aún más el duro enfrentamiento, la exclusión social y el enriquecimiento rápido de los sectores privilegiados, que caracterizó a la sociedad venezolana. Entre los años 58 y 94, la llamada Cuarta República gobernó a su antojo, generó una casta política de millonarios con casa en Miami, hijos en universidades norteamericanas y mujeres con implantes de siliconas, mientras en el país se ahondaba la pobreza, las migraciones hacia Caracas y Valencia vaciaban el campo, y en los cerros caraqueños crecían y se multiplicaban los “barrios”.
Esos sectores de izquierda, marginados de la vida política institucional, encontraron en Chávez y los chavistas la posibilidad de dar cauce a su crítica a la alternancia adeco-copeyana. El apoyo dado por Fidel Castro al hombre preso en Yare facilitó que no lo vieran como un militar golpista, como un ´carapintada´ del Caribe, tal como lo vio la inmensa mayoría de la izquierda argentina. Recordemos que en 1994 sólo un grupo de nacionalistas militares, algunos círculos peronistas y la Izquierda Nacional reivindicaron su accionar y lo invitaron a Buenos Aires al salir de prisión”8.
El intento de democratizar la renta petrolera, reemplazar a la burguesía compradora que se quedaba con el grueso de esa renta, redistribuirla bajo la forma de una presencia social del estado e intentar sentar las bases para una economía nacional productiva recibió el inmediato rechazo de los EE.UU., cualquiera fuese el partido que ocupara la presidencia. El bloqueo, el congelamiento de fondos en el exterior, la escasez de alimentos, la migración forzosa de miles de venezolanos, los sabotajes y los intentos de invasión no lograron modificar en un ápice la voluntad transformadora del chavismo y sus herederos.
Venezuela ha sido el país latinoamericano que más elecciones ha tenido en los últimos 25 años. Los EE.UU. y la miserable burguesía compradora que actúa como su representante no ha podido quebrar la representatividad del gobierno venezolano ni la unidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Su economía, obviamente, se resintió profundamente con las medidas tomadas por EE.UU. y la UE, y tampoco pudo realizar una de las más profundas aspiraciones de Hugo Chávez, una paulatina industrialización de Venezuela y una menor dependencia de las importaciones de la mayor parte de sus artículos de consumo, desde alimentos, hasta indumentaria y automóviles. Sin embargo, el apoyo logrado por parte de países fuera de la región y que forman parte de los BRICS, como Rusia, China e Irán, y una capacidad de negociación con EE.UU. y sus empresas petroleras, le permitió salir del infierno generado por el bloqueo.
Mientras tanto, la vieja oposición “escuálida”, como la llamó Chávez, no ha hecho sino profundizar su envilecimiento. Desde la pantomima del “gobierno de Guaidó”, hasta el actual llamado a la invasión yanqui por parte de la señora María Corina Machado, pasando por el ya olvidado “gobierno en el exilio” de Edmundo González, el antichavismo proyanqui está en retroceso.
En el contexto del “impasse” regional, Venezuela representa un caso único: un equilibrio de fuerzas forjado en la resistencia. Lejos de la parálisis, es un escenario de confrontación activa donde el proyecto chavista, a pesar de no haber logrado superar la dependencia económica, ha demostrado una resiliencia política férrea, sostenido por la unidad cívico-militar y el fracaso de una oposición entreguista.
Aunque, obviamente, el final está abierto.
3. América del Norte
A. México: La Fuerza de Sheinbaum y la Consolidación del Proyecto
El triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, en 2018, significó un importante cambio en las relaciones de fuerza latinoamericanas. Después de 70 años ininterrumpidos de gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y 12 años de su rival conservador, el PAN, el movimiento Morena, que reivindica la tradición del cardenismo histórico, llegó al poder. Y el país de Emiliano Zapata y Francisco Villa pareció ponerse de pie, como no lo hacía desde la presidencia de Lázaro Cárdenas, entre 1934 y 1940.
López Obrador puso en marcha una política que denominó “la Cuarta Transformación”. Es interesante saber cuáles son las otras “tres transformaciones” para entender cómo pretendió filiar su política. La Primera Transformación fue la guerra de la Independencia del dominio español. La Segunda Transformación fue la guerra de la Reforma, impulsada por Benito Juárez. La Tercera Transformación fue la Revolución Mexicana entre 1910 y 1917, la primera revolución popular del siglo XX. En esa tradición histórico-política inscribió López Obrador su presidencia.
Los principios básicos de esa política consistieron en una lucha contra la enorme desigualdad social del país. “Por el bien de todos, primero los pobres” constituyó la consigna de justicia social. El otro punto fue la lucha contra la corrupción estatal, la reducción de los salarios de los altos funcionarios y garantizar la transparencia en el funcionamiento del Estado. El tercer elemento, que garantizaba la ejecución de los anteriores, fue revisar y revertir las reformas neoliberales en educación, energía y telecomunicaciones. La idea fuerza fue la creación de un nuevo proyecto de nación, ante el agotamiento del viejo PRI y del liberalismo conservador del PAN.
Fue precisamente el éxito de este proyecto lo que permitió el triunfo de la primera mujer presidenta en los Estados Unidos de México, Claudia Sheinbaum, fiel continuadora de la política de su antecesor.
Por primera vez, desde la década del 30 en el siglo pasado, México volvió a ser una avanzada en la resistencia a la presión norteamericana. Es fundamental entender aquí que México tiene la más extensa frontera con EE.UU., que, además, es una frontera civilizatoria, es el punto de roce de dos civilizaciones, la anglosajona calvinista y la hispano-indoamericana católica.
Hoy México es, junto con Colombia, los dos datos nuevos en el contexto latinoamericano, datos que no existían en las dos primeras décadas del siglo XXI. Una izquierda nacionalista con amplio respaldo popular, capaz de ganar elecciones y de expresar el hastío hacia las políticas de acatamiento al orden yanqui y la hegemonía de sus oligarquías locales, caracteriza a ambos países Acá el momento de “impasse” está pregnado de una enorme potencialidad que puede extenderse al conjunto de la región.
La Disputa por el Sentido del “Impasse”
América Latina, entonces, no asiste al funeral de sus proyectos nacionales ni al triunfo irreversible de la contrarrevolución. Asiste a algo más complejo y profundo: un “impasse” histórico, una pausa cargada de tensiones en la que se redefine el destino del continente.
El ciclo de unidad y audacia que tuvo su cima simbólica en Mar del Plata y su expresión concreta en la derrota del ALCA se agotó no por casualidad, sino por la tenacidad de un enemigo imperial que no descansa y por las propias debilidades orgánicas de nuestros proyectos, que no lograron anclar transformaciones estructurales a prueba de restauraciones.
Hoy, el mapa regional es un tablero de fuerzas en disputa. En un extremo, la Argentina muestra la cara más dramática de este punto muerto: un peronismo en crisis de conducción y horizonte, un 40% del electorado huérfano de representación y un experimento libertario que es la máscara grotesca de la vieja oligarquía, financiado por el capital transnacional y sostenido por el miedo. Es la expresión de un proyecto de recolonización que, sin embargo, no logra consolidar una nueva hegemonía.
Pero este “impasse” no es unánime. Frente a la desorientación argentina y la parálisis de países como Perú o Ecuador, se alzan los dos faros estratégicos de la nueva resistencia: Colombia y México. Con Petro y Sheinbaum, demostraron que es posible torcerle el brazo al destino oligárquico, que una izquierda con raíces nacionales y respaldo popular puede ganar, gobernar y cambiar la relación de fuerzas, aun en la boca del lobo norteamericano.
Este no es un tiempo de derrotas, es un tiempo de definiciones. La pregunta que recorre la región de norte a sur ya no es cuándo llegará la próxima oleada popular y de unidad continental, sino qué aprenderemos de este instante de transición. La tarea urgente es recomponer el lazo con esa multitud desencantada -esa juventud precarizada, ese 40% que no se reconoce en las opciones del pasado-, forjar propuestas claras que hablen de los problemas del presente y reconstruir, desde abajo, una nueva épica integracionista.
La sombra de Bolívar, San Martín, Perón, Fidel Castro y Chávez no nos condena a repetir sus gestas, nos interpela a forjar las nuestras. El legado de la Cumbre de Mar del Plata no es un recuerdo nostálgico, sino una brújula. Nos señala que el único camino para superar este punto muerto es el que siempre fue: la unidad continental, la soberanía económica y la decisión inquebrantable de poner, de una vez por todas, el horizonte de la Patria Grande por encima de los intereses mezquinos de siempre.
Y este desafío se libra en un tablero global radicalmente transformado. El mundo está viviendo un momento de intensa transición. El agotamiento de la hegemonía del capital financiero en el capitalismo occidental, la aparición de nuevos y plurales polos de poder, el paulatino eclipse de Europa y la OTAN y la conversión de EE.UU. en uno de los jugadores en la distribución de poder, perdiendo así su naturaleza de superpotencia, el final de la guerra en Ucrania y la consistente alianza entre la República Popular China y la Federación Rusa, la consolidación de los BRICS+ son, todas ellas, circunstancias que influirán cada vez más en lo sucesivo.
El “impasse”, este punto muerto, esta aparente inmovilidad, es, en definitiva, la antesala de una nueva batalla por la independencia. Y su desenlace no está escrito; se escribe todos los días en la lucha de nuestros pueblos.
27 de noviembre de 2025.
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1 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2005/12/el-siglo-xxi-nos-encontr-por-fin.html
2 Entre el 22 de octubre de 2023 y el 8 de enero de 2024 Javier Milei estuvo alojado en el Hotel Libertador, propiedad del millonario Eduardo Elsztain, presidente de IRSA, una empresa dedicada al desarrollo, propiedad, administración y operación de bienes raíces, con un enfoque en centros comerciales, edificios de oficinas y hoteles. En esos 79, incluída la semana en la que ya había asumido como presidente, Milei tuvo permanentes reuniones con empresarios, economistas y representantes de cámaras empresariales, sin que exista un registro exacto de sus visitantes.
3 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2025/10/superar-el-repliegue-popular-con-un.html
4 https://www.infobae.com/america/america-latina/2023/11/30/el-censo-uruguayo-revelo-que-si-no-fuera-por-la-inmigracion-la-poblacion-hubiera-disminuido-en-los-ultimos-12-anos
5 https://comentariointernacional.com/2025/11/17/chile-se-confirma-balotaje-presidencial-entre-jara-y-kast/
6 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2021/02/ecuador-entre-la-dolarizacion-y-la.html
7 https://comentariointernacional.com/2025/11/22/ecuador-le-dice-no-a-daniel-noboa-y-donald-j-trump/
8 https://fernandezbaraibar.blogspot.com/2008/11/si-se-pierde-petare-si-se-pierde-petare.html
5 de noviembre de 2025
La Revolución Francesa de Milei
El titular del llamado ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, habló en el Hotel Mandarín Oriental Ritz, de Madrid, invitado por algo llamado Nueva Economía Forum, un lobby de empresarios, especialmente financieros, y políticos de la derecha española, que también podría llamarse “Lo de los Rodríguez”, ya que está conducida por José Luis Rodríguez, el presidente, Diego Rodríguez, el director general y Susana Rodríguez, la jefa de Secretaría y Administración. Allí intentó Sturzenegger explicarle a los españoles, que nunca tuvieron muy en claro qué fue la Revolución Francesa, que el proceso de liquidación nacional que vive la Argentina “sería como el Luis XVI (último rey francés con poderes absolutos); los sindicatos serían la Iglesia, y los empresarios prebendarios o cortesanos serían los terratenientes. Entonces Javier Milei, la Revolución Francesa”. Insisto, intentar vender esta chapucería histórica a los empresarios españoles, que se hicieron ricos bajo una monarquía impuesta por un régimen dictatorial montado sobre una guerra civil y 150.000 ejecuciones posteriores a ella, se le puede haber ocurrido solamente a este peligroso farabute.
El historiado inglés Eric Hobsbawm, en su clásico “La Era de la Revolución”, sostiene que lo que define a la Revolución Francesa no es la mera ruptura con un statu quo, sino su carácter doble: fue una revolución burguesa que, actuando bajo la bandera universal de la Ilustración, desató fuerzas sociales y políticas que transformaron irreversiblemente al mundo. El gobierno de Milei, del que Sturzenegger es alcahuete, no solo no encaja en este modelo, sino que representa su antítesis en aspectos fundamentales. Sigamos un poco a Hobsbawm:
El Proyecto Burgués y la Construcción de un Mercado Nacional
Dice Hobsbawm que la Revolución Francesa fue el instrumento de la burguesía ascendente para barrer con las estructuras feudales (privilegios aristocráticos, los viejos gremios medievales, leyes locales) que impedían la creación de un mercado nacional unificado y un Estado moderno. El lema “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!” tenía una base material: crear las condiciones legales y administrativas para el desarrollo capitalista.
El gobierno al que pertenece el farabute, lejos de fortalecer el mercado interno y la industria nacional (lo que en términos clásicos se denomina la burguesía nacional), su programa de desregulación extrema y apertura importadora precipita la desindustrialización y el debilitamiento de las cadenas productivas locales. No se está construyendo un mercado nacional más robusto, sino que se lo está subordinando a los intereses del capital financiero internacional y a la importación, algo que Hobsbawm y nosotros identificaríamos más con un modelo colonial o de dependencia que con una revolución burguesa clásica.
La “Doble Revolución”: la Política y la Económica
Dice el autor inglés que la singularidad de la era 1789-1848 fue la “doble revolución”: la fusión Revolución Francesa (política) y la Revolución Industrial británica (económica). La política dejó de ser un asunto de las cortes y los cortesanos para convertirse en el campo de batalla de ideologías (liberalismo, conservadurismo, socialismo) y de sectores sociales que buscaban impulsar un cambio social y económico.
Por el contrario su gobierno insiste en presentar su programa como una verdad económica “inevitable” y “técnica”, por encima de la política y sus presupuestos ideológicos. Esto es todo lo opuesto al espíritu de la Revolución Francesa, que elevó el nivel político de las masas y afirmó que era la soberanía popular (no los dogmas de mercado) la que debía decidir el destino de la nación. Mientras la pandilla de Milei y Sturzenegger predican el “fin de la política”, la Revolución Francesa fue su explosivo renacimiento.
La Movilización Popular y la Conquista de Derechos
Hobswaum también explica que la Revolución Francesa no la hicieron unos pocos iluminados desde arriba. Fue un proceso masivo, caótico y popular (el Terror, los Sans-Culottes) que, con todos sus excesos, conquistó y universalizó el concepto de “derechos ciudadanos”. Abrió la puerta a las luchas por los derechos sociales que vendrían en el siglo XIX y XX.
La gestión de Milei se caracteriza por una concentración de poderin precedentes en el Ejecutivo, el uso de DNUs para eludir el debate legislativo y una retórica y una práctica que estigmatiza y reprime la protesta social. Mientras la Revolución Francesa expandió derechos, las políticas de ajuste que implementan Milei y Sturzenegger restringen derechos sociales y laborales (ley ómnibus, reforma previsional), aumentan la pobreza y debilitan el poder adquisitivo de la mayoría. Es una redistribución del ingreso, pero hacia arriba, no hacia el pueblo.
Una idea de redención universal
La Revolución Francesa se vio a sí misma como un faro para la humanidad. Sus ideales eran universales y se exportaron a través de las guerras revolucionarias y napoleónicas, que, aunque tenían una naturaleza de imperialismo político, llevaron consigo la modernización jurídica (el Código Napoleónico) y administrativa y generaron revueltas de signo parecido en los países de Europa.
Lu retórica de Sturzenegger -como lo demuestran estas declaraciones-, si bien es confrontativa, no propone un ideal universal emancipador. Por el contrario, se basa en un enfrentamiento entre “los que ajustan” (el gobierno) y “los vividores del Estado” (el conjunto de la sociedad), o en una visión que celebra el alineamiento incondicional con potencias extranjeras y capitales globales, sin un proyecto de integración regional o liderazgo de ideas a escala global.
En resumen, la Revolución Francesa fue un proceso de construcción de un nuevo orden burgués y moderno, que movilizó a las masas, expandió derechos y cambió la concepción misma de la política.
El gobierno del que forma parte Sturzenegger no puede ser equiparado a ello. No está construyendo un nuevo orden social más justo o moderno, sino desmantelando uno preexistente. No está expandiendo derechos, sino restringiéndolos en nombre de un equilibrio fiscal. No está movilizando al pueblo, sino gobernando a pesar de él.
Lo que llama “revolución” se parece más, en todo caso, a lo que Hobsbawm describiría como una “contrarrevolución burguesa radical”: la imposición desde el Estado de un capitalismo fundamentalista que busca desmontar los logros sociales y las conquistas democráticas del pueblo argentino a lo largo de 80 años que, irónicamente, son en parte el legado histórico de las revoluciones que comenzaron en 1789. Sturzenegger no se refiere al 1789 de la Toma de la Bastilla, sino al 1789 de los intentos de la aristocracia por frenar el curso de la historia.
Pero esto no es nuevo en el liberalismo semicolonial. El efecto Coriolis en materia de ideologías importadas hizo que quienes se identificaron abstractamente con la Revolución Francesa terminaran enfrentando a las propias manifestaciones populares capaces de reproducir, bajo las propias condiciones y con las características locales, los intereses y objetivos de aquella. Así fue como se enfrentaron a Artigas, a los caudillos provinciales, proclamaron que no había que ahorrar sangre de gauchos, aplastaron al Paraguay de Solano López, se opusieron al voto universal, secreto y obligatorio, dieron golpes de estado contra gobiernos que expresaban el contenido democrático y popular del París de 1789, como el de Perón, impusieron un baño de sangre con Martínez de Hoz y Videla y hoy, con Milei, Sturzenegger, el ludópata Caputo, intentan atar a la Argentina al carro empobrecedor y decadente del imperialismo norteamericano, llamando a eso una “Revolución Francesa”.
Esa es la patraña de este farabute semiletrado.
5 de noviembre de 2025.
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