29 de diciembre de 2011

La incruenta batalla cultural

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha hablado en reiteradas oportunidades acerca de la batalla Cultural pendiente y ello ha provocado distintas reacciones tendientes a impugnar esta propuesta.

¿Que entendemos políticamente por Batalla Cultural quienes venimos bregando desde hace décadas contra lo que Jauretche llamó la “colonización pedagógica”?

Entendemos que la Batalla Cultural es un esfuerzo político e intelectual, desde el gobierno y desde la sociedad, que permitirá cambiar el paradigma sobre el cual se ha construido la visión que los argentinos y argentinas tenemos sobre nosotros mismos.

Ello implica, por lo tanto, restablecer un relato histórico que exprese la formación de nuestra sociedad desde la perspectiva de las grandes masas, de los sectores populares, derrotados en la mayoría de nuestras grandes encrucijadas, y de la construcción de nuestra independencia política, territorial y económica.

En la celebración del Día de la Soberanía en la Vuelta de Obligado, cada 20 de noviembre, y en la reivindicación de nuestra jurisdicción nacional sobre las Islas Malvinas y de nuestra guerra patriótica de 1982, cada 2 de abril, Cristina expresó el núcleo de ese paradigma que se enfrenta al relato establecido en 1853, como resultado de la batalla de Caseros. “Despojar de nuestras cabezas las cadenas culturales que durante tanto tiempo nos han metido y que son más invisibles y dañinas que los cañonazos”, fue la propuesta lanzada por la presidenta Cristina el 20 de noviembre del año pasado.

Esta Batalla Cultural implica también revertir el estrecho patriotismo impuesto por el proceso disgregador de América Latina y asumir un nuevo patriotismo continental. Significa romper en nuestros cerebros, el verdadero campo donde se libra esta batalla, la idea de una Argentina diferente -por blanca, por europea, por civilizada- al conjunto de los países de la UNASUR o de la CELAC. Estamos volviendo a ser parte de una gran Nación Latinoamericana y es necesario comenzar a pensar en esos términos, que eran los de San Martín, Artigas, Bolívar y O'Higgins, pero que, en otra batalla cultural perdida, fueron escamoteados. De ahí que el Instituto del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano se haya propuesto rescatar del olvido o hacer conocer las figuras de grandes compatriotas continentales a los que la balcanización convirtió en desconocidos en su propia tierra.

Además, el año que viene se cumplen 30 años de la Guerra de Malvinas. La sociedad y el Estado argentinos deberán recordar con dolor y dignidad a sus muertos heroicos en la turba malvinense. Tendremos que denunciar, con mayor vigor que nunca, la usurpación colonial británica y reivindicar la gesta que se inició el 2 de abril de 1982. Este año Cristina declaró solemnemente en Río Gallegos: “hagamos el duro aprendizaje de poder diferenciar las cosas y saber comprender que la patria y sus derechos están por sobre toda otra circunstancia o episodio que nos haya tocado vivir a cada uno de nosotros”. Esa parte de la Argentina probritánica, determinada por el paradigma impuesto en Caseros, más la colaboración de los propios británicos inició, con la derrota en el mar Austral, lo que se llamó la “desmalvinización”, quitar de la memoria cultural argentina el orgullo de haber luchado por nuestro territorio.

Forma parte de la Batalla Cultural restablecer aquel entusiasmo, revivir -como ocurre en cada reunión de países latinoamericanos- el sentimiento de Patria Grande que despertó aquella gesta. Este será, en 2012, otro de los momentos de esta batalla.

Y si bien esa contienda que ha propuesto Cristina se da en todos los frentes de la actividad del Estado, la Secretaría de Cultura de la Nación ha tenido y tiene una función decisiva. Jorge Coscia, el Secretario de Cultura de la Nación, ha jugado en estos dos años un gran papel. Tanto el Tercer Congreso Nacional de Cultura, el año pasado en San Juan, como el IV Congreso Iberoamericano de Cultura, este año en Mar del Plata, abrieron un amplio debate sobre estos nuevos paradigmas, sobre esta reescritura de nuestra memoria histórica. Los acuerdos celebrados recientemente con la ministra de Cultura del Brasil, Ana de Hollanda, el lanzamiento de los Puntos de Cultura –un programa de democratización de los proyectos culturales y fortalecimiento de las organizaciones de base- , la Cátedra de los Libertadores a lo largo de estos dos años, ha significado, con tantas otras iniciativas, que la cultura argentina es parte de un espacio más amplio, el continental, que, por otra parte, es ratificado por la presencia en el país de tradiciones y culturas de los compatriotas latinoamericanos que habitan nuestro suelo.

Esta batalla incruenta, de ideas, de pensamiento, de debate y reformulación es, de alguna manera, la garantía de continuidad en el tiempo, sin restauración posible, de este momento extraordinario que vive América Latina.

Por primera vez en tiempos modernos un proyecto de signo nacional y popular se extenderá por más de diez años continuos. Es el momento para que la impronta de estos años quede fijada para siempre en la autoconciencia nacional.

Estamos velando las armas de la crítica.

Publicado en Tiempo Argentino, 29 de diciembre de 2011

25 de diciembre de 2011

En la solidez del frente nacional y popular está la garantía del triunfo de Cristina

El 23 de octubre la presidenta Cristina fue reelegida con el 54,11 de los votos y con una diferencia de 38 puntos sobre el segundo candidato más votado. Desde la muerte del general Perón, ningún candidato había logrado triunfar con semejantes guarismos. Ese día, la voluntad popular y los intereses nacionales habían encontrado una expresión incontrastable. Este es el primer dato con el que queremos terminar este 2011 victorioso y comenzar el nuevo año.

Mientras tanto, Europa no termina de salir de su marasmo. Sus países periféricos, como Grecia, Irlanda, Italia y España, son la parte visible de un iceberg que amenaza colisionar con el Estado de Bienestar alcanzado después de la Segunda Guerra Mundial. La desocupación en España alcanza el 25% entre los jóvenes y es un drama político, económico y social que los hombres y mujeres del Tercer Mundo conocemos de sobra. Es más, se pensaba que sólo lo sufriríamos los países de África, Asia, Suramérica y el Caribe, donde los trabajadores, el campesinado y las clases medias menos acomodadas -que conforman la mayoría de sus poblaciones- eran sacrificadas por la acción predadora del capitalismo financiero. Esta depredación no constituye un exceso o una situación puntual que pueda ser corregida, sino que es la propia lógica del imperialismo, que no ha perdido las garras y que ha demostrado que no duda en movilizar a sus tropas y arrojar toneladas de bombas ante cualquier acto de independencia proveniente de los países llamados, generosamente, “emergentes”. Irak, Libia, Afganistán, Irán son una prueba dolorosa y sangrienta de lo que está dispuesto a hacer para mantener su hegemonía planetaria.

La crisis desatada en el norte industrial, en sociedades que se creían de progreso indefinido, es un fenómeno de alcance internacional, con epicentro en el llamado primer mundo, el mundo imperialista, y con desenlace y consecuencias imprevisibles.

Es en ese contexto que el gobierno nacional, ni bien comenzó su nuevo mandato, adoptó una serie de medidas tendientes a garantizar el crecimiento económico y la política distributiva en medio de una posible caída de la demanda internacional de nuestros productos, la de sus precios o de ambos. Las compañías de seguros deberán repatriar sus inversiones y disponibilidades radicadas en el extranjero; las petroleras y mineras tienen la obligación de liquidar las divisas de sus exportaciones en el mercado local; la nueva ley de entidades financieras viene a preservar la estabilidad del sistema financiero y proteger a los usuarios sobre los usureros; la ley contra la fuga de capitales y el lavado de dinero, considera esas maniobras delitos penales contra el orden económico; el proyecto de modificación de la Carta Orgánica del Banco Central esta pensado para que sea el gobierno quien fije la política monetaria y no el mercado; etc. Es la actividad del Estado concebido como el mecanismo más legítimo en defensa del interés nacional.

Resultan tan legítimos -en este marco de crisis y recesión en las metrópolis imperialistas- las presiones que ejercen los empresarios argentinos para lograr medidas que tiendan a mejorar su situación (créditos más blandos, medidas proteccionistas, etc.), como los reclamos del movimiento obrero destinados a que no se ponga techo en las paritarias o para que el gobierno suba el mínimo no imponible que pesa sobre los salarios de los trabajadores mejores pagos. Es la pugna de intereses dentro de un gobierno que debe velar por los de todos los que forman parte de la estrategia de crecimiento y desarrollo con justicia social. Ese ha sido, desde 1945, el rasgo característico del frente nacional y popular. La voluntad del conjunto del pueblo es representada por un líder -lamentablemente no hay femenino para este sustantivo- independiente de cada una de las clases sociales y sectores que conforman el movimiento. A su vez, estas clases y sectores, expresión de los distintos intereses de una sociedad capitalista, discuten, entre sí y con el gobierno, su participación económica, social y política. Dice Jorge Abelardo Ramos, en Revolución y Contrarrevolución en la Argentina: “El bonapartismo (expresión derivada del papel desempeñado por Napoleón I y su sobrino Luis Napoleón en la historia de Francia) es el poder personal que se ejerce 'por encima' de las clases en pugna; hace el papel de árbitro entre ellas. Pero en un país semicolonial como la Argentina, la lucha fundamental no se plantea solamente entre las clases sociales del país sino que sume un doble carácter: el imperialismo extranjero interviene decisivamente en la política interior y tiene a su servicio a partidos políticos nativos y a clases interesadas en la colonización nacional”.

El gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no es ni de la UIA ni de la CGT, aunque muchas veces expresa el interés de una burguesía nacional débily otras defiende y sostiene los intereses de los trabajadores restituyéndoles plenamente sus derechos.

Se trata de un sistema de equilibrio relativo entre las clases y sectores nacionales y populares, enfrentados al imperialismo. Ni burgués ni proletario. Es decir, no hay lugar para un partido peronista exclusivo de los empresarios -o de la burguesía nacional-, como tampoco para un partido peronista obrero. Ambos serían la antítesis de un frente nacional. Por cierto, todas las clases o sectores tienen sobrados derechos para conformar la organización política que crean que mejor los representa, pero esto sólo sería comprensible o justificable si el peronismo hubiese agotado su espíritu revolucionario. El triunfo aplastante de Cristina y los logros y alcances de su política parecen desmentir esto último.

Es en este contexto que hace a la historia misma del movimiento nacional que debe ser interpretada la tensión surgida entre la CGT y el gobierno nacional. Más allá de algún exabrupto formulado al calor de la improvisación en un acto de masas, lo dicho por el diputado Facundo Moyano al terminar el acto de Huracán, expresan con claridad la naturaleza de la tensión: La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal y el proyecto nacional popular y latinoamericano, y eso se expresa en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo. Nosotros sabemos de qué lado estamos!”

Si esta certeza se impone, y el movimiento obrero como nadie ha conocido en carne propia los resultados de apartarse de ella, el 2012 permitirá consolidar el proyecto en medio de un mundo que se derrumba y que, por ello, es estruendoso.

Editorial de Caminopropio, N° 6

Buenos Aires, enero de 2012

11 de diciembre de 2011


El orgullo de responder con la verdad

El debate abierto por la presidenta de la República al crear el Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego no cesa y cada día abre nuevos meandros. En su edición del 10 de diciembre de este año, Clarín publica la colaboración de un historiador, investigador del Conicet y público detractor de la Guerra de Malvinas, Federico Lorenz, bajo el título “La que pierde es la enseñanza de la historia”.

No voy a abocarme, en este caso, al problema de “desandar el camino que miles de maestros, profesores, alumnos y padres venimos haciendo desde 1983 para abordar el pasado en su complejidad y con rigor, para reparar hacia el futuro las heridas de una sociedad binaria de palabra y de hecho”. Personalmente vengo intentando abordar el pasado en su complejidad y con rigor desde hace más de cuarenta años. En septiembre de 1969, pocos meses después del Cordobazo, me afilié al Partido Socialista de la Izquierda Nacional de Jorge Abelardo Ramos, como resultado de una reflexión intelectual sobre la política, la lucha de clases, la religión, el sentido de la historia y de una pulsión moral a transformar de modo radical la realidad argentina. Y fue el abordaje sobre el pasado ofrecido por la Izquierda Nacional lo que me convenció de dar ese paso trascendental que ha marcado mi vida hasta ahora. Sé, entonces, de qué hablo.

Lo que quiero responder en esta nota, por las mismas razones que acabo de mencionar, es una pregunta retórica que se hace el becario Lorenz y que pone en boca de un hipotético alumno: “Profe, ¿la izquierda nacional no apoyó el desembarco en Malvinas?”

Profesor Lorenz, con toda autoridad y orgullo le respondo que la respuesta que debe dar en ese caso es un rotundo y enérgico “Sí”. La Izquierda Nacional -todos los partidos y grupos que se identificaban bajo ese nombre, sin excepción alguna- apoyamos la recuperación militar de nuestras islas en manos del usurpador británico. Y ello no podía ser de otra forma, porque justamente por no pensar la realidad en términos binarios, como afirma Lorenz que hacemos, consideramos que esa acción militar, pese a la naturaleza ilegítima, despótica, oligárquica e imperialista del gobierno militar, se insertaba en la tradición del nacionalismo territorial que fue propio de los grandes movimientos populares argentinos. Sostuvimos, junto con una gran mayoría de compatriotas, que nuestro deber de argentinos era apoyar a nuestros soldados en guerra con el enemigo histórico de nuestra soberanía -el Reino Unido, al que hemos estado atados desde el nefasto préstamo de la Baring Bros.-, a explicar al mundo entero la legitimidad de nuestra acción y, en ese curso, intentar modificar la naturaleza de la dictadura.

Puede usted, además, contarle a sus alumnos que Jorge Abelardo Ramos, en la reunión que los presidentes de todos los partidos tuvieron con el general Iglesias, en el edificio del Congreso, comenzó diciendo: “Muy bien, General. Hemos echado al inglés. Sería bueno que ahora echemos al Alemán”. Se refería, obviamente, al ministro de Economía Roberto Aleman, notorio representante de las finanzas europeas en la Argentina. Puede explicarle también que lo que el sarcástico epigrama proponía y planteaba era, justamente, la lucha contra el opresor extranjero en todos los terrenos, no sólo en el archipiélago austral, transformando el nacionalismo territorial, que llevó a la recuperación de las Islas, en un patriotismo integral, político y económico. Algo que podría comentarle al alumno que tuviera el tino de formularle esa pregunta es que Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Alberto Guerberof, Blas Alberti, y miles de compañeros llevaron adelante una ciclópea campaña de esclarecimiento y debate acerca de la Guerra de Malvinas, tanto en los ámbitos civiles como militares, carentes como estamos de una visión binaria -y sobre todo de un binarismo basado en la vestimenta-. Puede incluso citar a Ramos, diciendo: Pero cuando está en juego el suelo de la patria, sólo un cipayo puede preguntarse si el gobierno que conduce la guerra le gusta o no. Si San Martín hubiese renunciado a luchar contra el Imperio español al descubrir a su llegada a Buenos Aires la catadura de Rivadavia y Pueyrredón, quizás seríamos todavía subditos del rey de España”.

El año que viene, cuando se cumplan treinta años de nuestra gesta patriótica, dígales a sus alumnos que los hombres de la Izquierda Nacional compartieron entonces los mismos criterios de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien contó en la celebración del último 2 de abril: Tan es así, tan está hecho carne, por lo menos adentro nuestro, de quien fuera mi compañero y de esta Presidenta, esta situación, que también debo contarles -y algunos lo recordarán- que también durante esos meses en los cuales en Río Gallegos no se movía una mosca sin que fuera absolutamente controlado, porque era necesario, también se produjo un atentado contra el estudio en el cual mi compañero y yo ejercíamos nuestra profesión. Sin embargo, eso nunca nos llevó a confundir las cosas, porque es imprescindible que los hombres y mujeres que tenemos responsabilidades institucionales y también todos los argentinos, aprendamos, hagamos el duro aprendizaje de poder diferenciar las cosas y saber comprender que la patria y sus derechos están por sobre toda otra cualquier circunstancia o episodio que nos haya tocado vivir a cada uno de nosotros”.

Dígales todo esto con la tranquilidad de quien está diciendo una verdad como puño, documentable en fuentes y testimonios, como reclama el arte de Clío. Y una verdad de la que sus protagonistas se sienten orgullosos.

Buenos Aires, 11 de diciembre de 2011.

9 de diciembre de 2011

La Fantasmagórica Historia Oficial y la señorita Ternavasio

La señorita Marcela Ternavasio, en su carácter de historiadora diplomada, publica en el Clarín de hoy un nuevo lugar común que deja en negro sobre blanco el carácter adocenadamente liberal del profesor Luis Alberto Romero y sus seguidores. Los lugares comunes del mitrismo y de los exilados porteños en Montevideo son los argumentos que usa para descalificar el gesto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al ceñirse con orgullo la divisa punzó.

La licenciada Araceli Bellota ha expuesto en ese mismo diario las condiciones políticas en que se impuso el uso de la cintilla federal: un estado de guerra civil, una oposición que desde Montevideo pedía la intervención extranjera, que no tardó en llegar con la flota francesa e inglesa.

En esos años, dos literatos de diverso talento llenaban cuartillas vituperando contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Internacionales de la Confederación.

Uno era un cordobés, José Rivera Indarte, creador de la Mazorca como emblema del régimen rosista, que pega el salto hacia el unitarismo al ser denunciado como estafador y falsificador de documentos. Instalado en Montevideo y a pedido del embajador francés, interesado en debilitar al gobierno rosista, Rivera Indarte se da a la tarea de escribir una lista de víctimas de Rosas por la que recibiría un monto determinado por la extensión de la misma. Demás está decir que la lista de Rivera Indarte, a la que se le puso el guignolesco nombre de Tablas de Sangre, fue interminable. Nombres de muertos que gozaban de excelente salud, así como de fallecidos años antes de la época de don Juan Manuel, se sumaban a acusaciones conspicuamente falsas como la responsabilidad por el asesinato de Alejandro Heredia, el caudillo tucumano.

El otro era el porteño José Mármol, quien “huyó” a Río de Janeiro como secretario del ministro plenipotenciario de la Confederación, Tomás Guido. Al parecer, algún comisario precupado por la virtud de su hija, en amores con Mármol, lo había detenido unos días en un calabozo. El viejo secretario de San Martín, Tomás Guido, quien tendría afecto por el mozo, y posiblemente un afecto paterno, lo saca de Buenos Aires. Ciertas infidencias en su cargo a favor del embajador inglés, hace que sea exonerado del cargo. Descubre así su fervor antirrosista y se instala también en Montevideo, donde dará forma al folletín Amalia, empalagosa y falsa visión de la sociedad porteña de entonces, que recién publicará con la caída de Rosas. Obviamente, la obra se convertirá, junto con las Tablas de Sangre, en la fuente mitrista liberal para condenar al rosismo.

Don Juan Manuel tenía la mano pesada, como la tenían sus enemigos que no habían dudado en ordenarle a Lavalle que asesinara a su primo Dorrego, pero advirtiéndole que destruyese la orden. El “violín y violón” no era privativo de los federales. Araoz de Lamadrid bañaba en sangre cada una de las provincias que recorría y cargaba de cadenas a la madre de Facundo Quiroga para enviarla a La Rioja. Los liberales de Montevideo denunciaban la falta de castigo a Camila y al cura Gutiérrez, para después acusar a Rosas de haberlos castigado. Sólo que la historia oficial se ha encargado de contar la versión de los triunfadores de Caseros y así lo siguen haciendo sus epígonos aunque intenten quitarse escandalizados el sayo.

Como se ve la “fantasmagórica” historia oficial que menciona la señorita Ternavasio comparte la afirmación que suele hacerse sobre los fantasmas: no existen, pero que lo hay, los hay.

Buenos Aires, 9 de diciembre de 2011

8 de diciembre de 2011

Sobreactuación e hipocresía

Luis Alberto Romero, como esos viejos actores ignorantes de Stanislavsky y el Actor’s Studio o la escuela de Lito Cruz –para darle un toque nacional- , sobreactúa. Enfatiza un texto grandilocuente, redactado por los herederos de quien ejecutó al Dante en idioma castellano, y exclama con exagerada inflexión: “Me pegué un susto bárbaro, inmediatamente escribí para preguntarles qué querían decir, porque es un mail de esos que amenazan mucho y concretan poco”.

El “susto bárbaro” fue consecuencia de una obvia comunicación interna de las autoridades del Conicet a sus investigadores acerca de que las opiniones institucionales del organismo eran de responsabilidad de estas autoridades y que las opiniones personales de sus investigadores –ciudadanos argentinos que cobran un sueldo del Estado para estudiar los temas que les son pertinentes- sean claramente indicadas como una expresión de cada uno de ellos y no de la institución.

Supongamos que un gerente de personal de la Ford, de la Coca Cola o de Dalmine Siderca respondiera sobre cuestiones políticas en nombre de la empresa que le paga su sueldo y que esa opinión contradijera el punto de vista institucional de la firma. ¿Cuánto duraría en el cargo dicho ejecutivo? ¿Habría algún medio que saldría en defensa de la diversidad de opiniones y en contra del discurso único?

Por otra parte, es sabido el terrorismo ideológico que el señor Romero practicaba en su cátedra. ¿Qué diría este demócratico antiperonista, de estar aún en funciones, si una de sus ayudantes de cátedra saliera en Página 12, como integrante de la cátedra de Romero, afirmando su coincidencia con la creación del Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego? ¿Llegaría la muchacha a cobrar el mes completo? Si hubiera dependido de Romero, no.

El liberalismo mitrista es hipócrita. Romero es hipócrita.

Lo que las autoridades del Conicet han hecho es que la opinión institucional de este organismo del Estado nacional es privativa de sus autoridades. La opinión de sus investigadores y becarios es privativa de los mismos como ciudadanos.

No es tan difícil de entender.

Buenos Aires, 8 de diciembre de 2011


7 de diciembre de 2011

3 de diciembre de 2011

Historia de la Nación Latinoamericana, el libro

La oficina de prensa del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, un día antes de la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), publicó una foto de Hugo Chávez, concentrado y leyendo un libro cuyo título y autor se podían leer, así como se veía claramente el retrato del autor en la contratapa. Se trataba de la primera edición de Historia de la Nación Latinoamericana, de Jorge Abelardo Ramos, aparecida en el año 1968. Pero la vinculación de Chávez con el libro no terminó en esa foto. Al día siguiente, en conversación con nuestra presidenta Cristina, Chávez saca nuevamente el libro, lo pondera y llega a leer, con fruición evidente, un breve párrafo referido a cómo celebró Buenos Aires, en 1824, el triunfo de Ayacucho. En el diálogo con Cristina, ésta le cuenta brevemente quién había sido Ramos y comenta que en las elecciones de 1973, que dieron el triunfo a Perón, el FIP -el partido de Ramos- había llevado la fórmula Perón-Perón en sus boletas y que casi un millón de ciudadanos y ciudadanas había elegido votar al viejo caudillo con esa boleta.

El 2 de diciembre, en el discurso de apertura de las deliberaciones del CELAC, ante los treinta y tres representantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños, todos, desde el sur del Río Grande hasta la base Marambio en la Antártida, el presidente venezolano sacó nuevamente el viejo volumen, volvió a mencionar a su autor, ahora con los datos aportados por Cristina, y leyó el mismo párrafo de las celebraciones porteñas en 1824.

Recuerde el lector que para introducir a Bolívar en el Brasil, un país que por razones conocidas no había sentido su influencia política y espiritual, Chávez puso varios millones de dólares, en el año 2006, para la escola do samba de Vila Isabel. La escola desfiló por el sambódromo al compás del tema “Loco por tí, América”, con una gigantesca estatua en papier maché del Libertador Simón Bolívar. Demás está decir que la Escola do Samba de Vila Isabel obtuvo el primer premio del carnaval de aquel año y la figura de Bolívar entró en cada uno de los televisores brasileños y del mundo entero.

¿Qué sentido tiene, entonces toda esta notoria puesta en escena del libro Historia de la Nación Latinoamericana por parte de este genial propagandista que es el comandante Chávez?

Empecemos por ver de qué trata el libro en cuestión.

En 1949, a los veintiocho años, Ramos publicó América Latina, Un país. El libro no se extiende mucho sobre la historia política del continente, sino sobre la argentina, y contiene imprecisiones que el autor corregirá y precisará en sus obras futuras. Pero entre sus mayores aciertos -además de la interpretación del peronismo desde una perspectiva marxista revolucionaria- está sin duda el título mismo. Considerar en 1949 que América Latina era un país podía significar una invitación al chaleco de fuerza o una condena al más absoluto aislamiento del mandarinato cultural de la oligarquía. Los fragmentos de Hispanoamérica se trataban entre sí con la misma distancia y frialdad con que cada uno de ellos se relacionaba con Alemania, Suiza o Finlandia. En esa concepción que rigió hasta no hace tanto, Costa Rica o Haití, Bolivia o Guatemala eran naciones como lo eran Francia o Polonia.

Pero recién en 1968, con el libro que Hugo Chávez tenía en sus manos, Jorge Abelardo Ramos logró desarrollar, en su plena madurez, su visión histórico-política sobre el continente y sus docenas de pequeños y débiles países. Dice en el prólogo: Nos propusimos averiguar si América Latina es un simple campo geográfico donde conviven veinte Naciones diferentes o si, en realidad, estamos en presencia de una Nación mutilada, con veinte provincias a la deriva, erigidas en Estados más o menos soberanos”. Y logra demostrar que el futuro de la unidad latinoamericana está signado desde el inicio mismo de su vida independiente.

Y más aún, afirma y demuestra que, antes de la Independencia, las condiciones impuestas por la corona española sobre el Nuevo Mundo determinaban que la región debía ser una sola y gran Nación.

Se remonta al origen mismo del reino de España y su lenta ocupación del territorio ocupado por los árabes. Interpreta el fracaso del proyecto unificador y modernizante de la unión de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón y cómo una aristocracia parásita, ociosa y retrógrada sumerge a España en un pozo histórico del que tardaría siglos en levantarse. Con pluma magistral describe el modo como la riqueza extraída a América, sobre el trabajo esclavo de su población originaria y africana pasa de largo por España, para terminar en las arcas de los financistas flamencos, mientras Europa vive un novedoso proceso inflacionario.

La colonización española generó, afirma Ramos, las condiciones para constituir una nación hispano-criolla, con unidad de lengua, mercado y territorio, aún cuando el atraso precapitalista y la voracidad de las burguesías comerciales de los puertos atentaban contra la misma.

Recoge los escritos del Precursor Francisco de Miranda y de toda la intelectualidad criolla que iluminó con proclamas y manifiestos las guerras de Independencia. Encuentra en la obra y la acción militante de Manuel Ugarte los antecedentes de ese magno proyecto.

Ramos analiza de qué manera ese proyecto originario que expresaban Artigas, Bolívar y San Martín fue deteriorándose y agonizando; qué intereses concurrieron para que el proyecto se fragmentase, para que esas grandes visiones continentales que caracterizan la prosa de Bolívar terminaran en pequeñas e impotentes repúblicas dotadas de todos los elementos formales que caracterizan al estado burgués, pero de ninguno de sus elementos constitutivos materiales. Son pequeñas repúblicas que actúan como estados burgueses, pero no tienen la base material para serlo y, por lo tanto, se convierten en correa de transmisión de las políticas imperialistas.

Pero además Historia de la Nación Latinoamericana abre una implacable crítica a dos terribles errores políticos que azotaron nuestro continente, con efectos perniciosos y letales: el “cubanismo y el mito de la lucha armada”.

En este libro, Jorge Abelardo Ramos da un debate profundo –ideológico y político- para intentar explicar y aclarar a las nuevas generaciones que la táctica guerrillera y el reduccionismo político de la lucha armada llevaban a toda una generación a un matadero sangriento.

Las clases medias universitarias del continente, según el punto de vista de Ramos y de la Izquierda Nacional -la corriente política que creó y dirigió-, idealizaron como un nuevo demiurgo histórico la figura del guerrillero. Es el guerrillero el que debe introducir en los campesinos la idea del levantamiento socialista y que, a través de su sacrificio, –heroico y desinteresado-, logra redimir al conjunto del género humano.

Ésta es la ideología latente en este cubanismo que caracterizó a los años ’60 y que Ramos critica en la parte final de Historia de la Nación Latinoamericana. Y esta fue la ideología política que terminó en el proceso de las guerrillas campesinas y urbanas que tuvo lugar en los distintos países de América Latina, incluidos Argentina y Uruguay, durante los años 60 y parte de los 70.

En 1973, apareció una segunda edición, en dos tomos. Posteriormente el Senado de la Nación publicó una edición, con algunas correcciones formuladas por el autor antes de su fallecimiento.

Y este año, como presintiendo el alcance y repercusión que el libro alcanzaría -ser citado nada menos que en la Cumbre de Estados Latinoamericanos y del Caribe- Ediciones Continente lo ha lanzado nuevamente a las librerías.

En 2007, el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia hizo un documental, en cuatro capítulos de cincuenta minutos. Se trata de una versión audiovisual que logra transmitir con acierto los puntos de vista, la argumentación y el mensaje del libro.

En 1806, las tropas napoleónicas ocupaban el territorio alemán, dividido en una miríada de miserables principados, ducados y baronías, impotentes y con una población empobrecida y sin horizonte. Mientras Francia ponía en marcha su revolución burguesa y el Reino Unido se lanzaba ya a una industrialización fundada en el saqueo colonial, el antiguo imperio Romano Germánico dormía una bucólica siesta agraria, sus sembradíos eran hollados por tropas extranjeras y su sórdida aristocracia cazaba ciervos y acosaba rubias doncellas campesinas. En ese momento, un humilde e inteligente hijo de la Sajonia, en el límite oriental de la tierra tudesca, Johann Gottlieb Fichte, publicaba sus célebres “Discursos a la Nación Alemana”. Con los instrumentos ideológicos de su época propuso a sus contemporáneos la creación de un estado nacional para los alemanes. Apeló a los sentimientos patrióticos de sus contemporáneos e intentó movilizar a su pueblo para poder irrumpir en la historia moderna. Y cuando se inició la guerra de liberación del yugo francés, no vaciló en unirse a la milicia para sostener con la bayoneta lo afirmado con la pluma. Pasarían, no obstante, más de cincuenta años, hasta que el privilegio aristocrático y el miserable aislamiento de los príncipes fuese aplastado con puño de hierro por Bismarck.

Hace cuarenta y tres años, Historia de la Nación Latinoamericana de Jorge Abelardo Ramos propuso a sus contemporáneos -los jóvenes que en aquella época nos iniciábamos en la lucha política- la reconstrucción de un gran estado continental, apelando a la historia de nuestra emancipación y al imperativo que exigía, ya entonces, el futuro. Como Fichte, Ramos no pudo ver la victoria de su llamamiento. El nuevo siglo, nuevos y extraordinarios dirigentes políticos, nuevas generaciones han comenzado a reconocer el mandato. Aunque algunos periodistas desmemoriados y abúlicos olviden el nombre de esta obra, aunque se intente oscurecer la memoria de su autor, Historia de la Nación Latinoamericana es ya la proclama y la guía de esta Patria Grande que hemos comenzado a consolidar.

Buenos Aires 3 de diciembre de 2011

En la inaguración de la CELAC,
Chávez volvió a citar a Jorge Abelardo Ramos

Desde México hasta Buenos Aires, ¡esta tierra ha parido gigantes y gigantas en estos siglos!

Comenzando por los gigantes que fueron los pueblos aborígenes que resistieron, aquí, la invasión europea, el genocidio, y el atropello, uno de los más grandes que puedan registrar los anales de la Historia.

Este Valle de Caracas que les da la bienvenida, el Valle de Guaicaipuro, los indios caribes, Ana Carina Rote... todavía se oye retumbando entre estas montañas, entre ese mar Caribe, entre estos valles !

¡Gigantes! ¡Gigantas! ¡Qué viven en nosotros hoy! Y que no están en verdad a nuestra espalda.

¡No! Están más bien delante de nosotros ! Retándonos en el tremendo desafío que se nos abre! En el tremendo desafío que nos abre la Historia de hoy y en la que estamos construyendo de hoy para mañana y para pasado mañana.

Bolívar fue uno de esos gigantes.

Casi todas las citas que yo tenía aquí, las trajo Calderón. Es muy bolivariano el Presidente Calderón. Allá en Cancún también.

Estábamos leyendo ayer con Cristina, que visitó el Palacio. Y luego vino Dilma, y estuvimos horas y horas. ¡Con estas dos gigantas! ¡Ellas son gigantas! (aplausos)

Estuvimos en reuniones bilaterales, continuando con el fortalecimiento, la integración económica, política, con Argentina, con Brasil, en estos casos específicos.

Estábamos leyendo un libro de Jorge Abelardo Ramos, libro que me llamó la atención, porque se llama Historia de la Nación Latinoamericana. Y allí buscando, y rebuscando en esas páginas de ese gran líder político, revolucionario argentino, escritor, ideólogo. Fue marxista y fue peronista. ¡Sí! Desarrolló la cuestión nacional... Perón-Perón, aquella fórmula. Ayer me estaban explicando.

Pero él narra, en alguna de esas páginas, el fervor que se desató en las calles de Buenos Aires, cuando se supo en enero de 1825, la victoria de Ayacucho, que como sabemos ocurrió, allá, en la pampa de la Quinua, el 9 de diciembre del año anterior, diciembre del 24.

Y cita Ramos testigos de la época, que dejaron escritas, como el gran intelectual que fue Alberdi o un General que era Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que escribe, después, mucho después, escribe que tuvo él que lanzar un decreto para poner orden en aquel delirio. ¡En aquel delirio en honor a Bolivar, a Sucre! ¡Un Gigante, pues! Delirio que duró un mes de procesiones con antorchas por las calles de Buenos Aires en honor a Bolivar.

Gigantes que terminaron como sabemos que terminaron su vida física.

Y de allí, Rafael, este libro! Pero solo para hacer referencia a esta frase, de una de las últimas cartas que Bolívar escribió. Muy poco antes de morir allá en Santa Marta. Una carta dirigida a Rafael Urdaneta, desde Cartagena, el 25 de setiembre de 1830. Bolívar renunció (en Bogotá) y se fue. Y le pedían que volviera. Les mandaban mensajes, le mandaban documentos firmados por no sé cuántas gentes, que volviera a retomar el poder. A salvar la patria.

Y él se negaba. Y explicaba a algunos, por escrito, incluso, por qué.

¡Fíjense esto! Dice Bolivar: “si no hubiera más que un sacrificio que hacer y que éste fuera el de mi vida, o el de mi felicidad, o el de mi honor, créame Ud. que no titubearía, pero estoy convenciddo que este sacrificio sería inútil, porque nada puede un pobre hombre contra un mundo entero, y porque soy incapaz de hacer la felicidad de mi país, me niego a mandarlo”.

Y hay más aún, termina diciendo, hay más aún, “los tiranos de mi país me la han quitado. ¡Ya no tengo Patria! Y yo estoy proscrito”.

Así, ¡yo no tengo Patria a quien hacer el sacrificio!

Bolivar murió sin Patria.

Por esos mismos días, un poquito antes, estaban fusilando en Buenos Aires a Manuel Dorrego. Un gran revolucionario y bolivariano amigo de Bolívar.

Y un poco antes habían asesinado de manera vil y cobarde, en la selva de Berruecos, al Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. ¡Cuando apenas tenía 35 años de edad!

¡Así terminaron aquellos gigantes !

Y San Martín, terminó lejos de la patria. Y O´Higgins igual. Y Artigas.

Y luego, los enanos, como diría un gran poeta chileno, que aquí vivió muchos años, Mafud Masiss. en un poema gigante, dedicado a Bolívar, dice:

“Enanos de largas trenzas se adueñaron de nuestros países y los picaron en pedazos”

Hoy, dos de diciembre, además, ¡qué coincidencia! Es bueno recordar que un día como hoy, en su mensaje al Congreso de los Estados Unidos, el Presidente de entonces, era 1823, James Monroe, lanzó la tesis, America for the americans. Ya Jefferson había dicho un poquito antes, que el destino de los Estados Unidos sería tragarse, una por una, las antiguas colonias españolas.

Así nació Estados Unidos. Es su naturaleza. Ojalá cambie algún día.

Nosotros queremos que cambie. Y que en ese gran territorio, florezca de verdad la Democracia,

el respeto a la soberanía de los pueblos, la tendencia a la paz, a la dignidad. La autodeterminación de los pueblos. (aplausos)

¡Que es lo que queremos, y es lo que pedimos!

Respeto, más nada, respeto.

Igualdad, libertad verdadera.

Grabado y transcripto por Mónica Chalbaud de Caracas, a quien agradecemos siempre su constancia y labor.

2 de diciembre de 2011

Cristina, Hugo Chávez y el Pensamiento de Jorge Abelardo Ramos


La escritora y periodista venezolana Mónica Chalbaud ha asumido sobre su responsabilidad la grabación y transcripción inmediata de los discursos e intervenciones de su presidente, Hugo Chávez. Esta vez lo hizo con el notable diálogo político entre entre el presidente de Venezuela y nuestra Cristina Fernández de Kirchner. De ese diálogo hemos extraído este momento que nos interesa sobremanera. En la víspera de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), Cristina y Hugo Chávez pasaron revista al pensamiento de Jorge Abelardo Ramos y su genial Historia de la Nación Latinoamericana.

Esta es la transcripción de ese momento.

Chávez: ¡Y hay que felicitar, por cierto, a Cristina! Fue reelecta ! No la hemos saludado de esa manera (aplausos)

¡A la reelecta Presidenta de las argentina0 y los argentinos! (siguen los aplausos)

¡Con un 54 % !

Cristina: ¡Sí! 54,11...

Chávez: 54

Cristina: 54, 11...No se te olvide el coma once !

Chávez: Voy a tratar de superarte en las elecciones del próximo año... (se ríe), o al menos, igualarte.

(aplausos)

Bueno, Cristina, quiero ir a la toma de posesión. Vamos a ir! Nicolás (Maduro) no está aquí porque está en la reunión de los cancilleres de la CELAC! Va a ser el 10 de diciembre, ¡y yo voy a ir ! Bueno Cristina, compañeros, compañeras: yo por eso decía que esa unidad, ese acercamiento, esa compenetración personal, política y estratégica entre el gobierno que dirigió Néstor y, ahora, el que tú diriges y nuestro gobierno, nuestros pueblos, nuestras naciones, eso viene de lejos. Yo creo que es un mandato de la historia para nosotros, argentinos, argentinas, venezolanos, venezolanas. Nuestra unidad es un mandato histórico. Es un mandato de la geografía, incluso pudiéramos decir. Aquella frase que Bolívar escribe desde el Orinoco, en plena guerra de liberación, en 1819, y le dice a quien entonces estaba al frente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que era Pueyrredón. Le escribe a Pueyrredón y a los habitantes del Río de la Plata. Mil ocho diecinueve, se me ha pegado un poco de ustedes lo de mil ocho diecinueve. Le dice: “Cuando las armas de Venezuela terminemos el proceso de nuestra Independencia iremos al Río de la Plata”, dice, “para forjar el pacto americano”. Y le dice al final: “Si la Providencia, si el cielo nos concediera ese voto, haríamos aquí la reina de las naciones y la madre de las repúblicas” . Y Bolívar casi llegó a Buenos Aires, ustedes saben. Casi, no llego a Buenos Aires porque se lo prohibe de Bogotá el movimiento antibolivariano que ya estaba cuajando en manos de Santander. El era presidente de la Gran Colombia y le llaman de Buenos Aires, entre otros el Loco Dorrego.

Cristina: Te cuento algo. Hace unos días firmé un decreto que ha levantado algunas críticas de la historiografía liberal en la Argentina. Se creó el Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, en el cual se va a estudiar todo lo que es la historia de Iberoamérica, pero no desde la perspectiva de los colonizadores o de los que vencieron en los distintos países, sino desde la perspectiva de lo que fueron los roles históricos en materia económica, en materia social, en materia de independencia. Esto ha levantado un poco de revuelo porque hay una historia oficial. En todos los países siempre hay una historia oficial, sobre todo en aquellos que han tenido dictaduras y fuertes subordinaciones culturales, que es la que nos enseñan en los colegios y nos cuentan. Pero todos sabemos que esa no es la verdadera historia. Era esta pequeña disgresión. No quería interrumplirlo, Presidente, discúlpeme. He tomado su costumbre, ya ve. No me debo juntar demasiado con usted. Adelante. (aplausos)

Chávez: Cristina, no, lo que has hecho no ha sido más que alimentar aún más mis reflexiones, alimentarlas. Y me parece tan bueno eso. Aquí a mi me acusa la burguesía de que estamos cambiando la historia... Bueno, la estamos cambiando en verdad. Hoy y hacia el futuro. Pero la pasada, el relato histórico. La verdad es que ellos falsificaron lo que realmente aquí ocurrió. Y ahora estamos haciendo un esfuerzo por colocar las cosas en su justo lugar, tratando de ser bien objetivos. Aquí en Venezuela casi nadie sabía que a Bolívar lo expulsaron de acá. Yo vine a enterarme cuando era capitán, era profesor de historia militar y buscando y buscando veo el decreto de expulsión de Bolívar. Te juro que aunque habían pasado ya casi doscientos años a mí se me fue la sangre a la cabeza y agarré mi espada de capitán y me provocó brincar doscientos años atrás a defender a Bolívar. Porque no hubo o casi no hubo quien lo defendiera. El pobre se quedó solo. Íngrimo y solo.

Y hay una frase de Bolívar, hacia el final de sus días, que dice textualmente: “¿Qué puede un pobre hombre contra el mundo?”.

De allá viene todo este impulso. Bolívar, San Martín. ¡El Abrazo de Guayaquil! Ese es un desafío para nosotros, argentinas y argentinos, venezolanos y venezolanas: el Abrazo de Guayaquil y todo lo que ocurrió luego.

Por cierto, hablando de Dorrego, en las notas que me hacen los compañeros, Clips Históricos, el 1° de diciembre, hoy -mira ya llegó casi la Navidad-, pero de 1828, ¡qué casualidad!, una conjura azuzada desde Londres, hecha del poder al gobernador legítimo de la provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego. El representante del imperio británico, Lord Ponsomby (lee el nombre con dificultad)

Cristina: Lord Pónsomby (aclara). Hay una obra de teatro fantástica que es un diálogo entre Lord Pónsomby y Dorrego escrita por Pacho O'Donnell. Es excelente. Y te voy a decir algo, vos decís que a Bolívar lo echaron de aquí. Yo te voy a decir algo de Manuel Belgrano, otro gran patriota, que tal vez no tenga...

Chávez: Me has hablado mucho tú de Belgrano.

Cristina: Ah, mi preferido es Belgrano. Que eso me valió un título que casi los de River me matan. Pero, bueno, no importa. Porque Belgrano es un equipo de fútbol que le ganó a River y yo dije esto, “mi preferido es Belgrano”, y un diario puso “el preferido de Cristina es Belgrano” (risas)

Belgrano, y afortunadamente no lo cumplió, había recibido desde Buenos Aires la orden de retirarse del Norte, y si él no hubiera desobedecido las órdenes no hubiera vencido en las batallas de Salta y Tucumán, hubiera sido imposible, luego, lo que hizo San Martín. A San Martín se lo puede entender en el cruce de los Andes y en la campaña del Perú por los triunfos en el Norte de Belgrano. Y a Belgrano le habían ordenado que abandonara esas posiciones y volviera con las tropas a Buenos Aires, con lo cual los realistas hubieran avanzado. El desobedeció y los venció, y las derrotas que les infringió en Salta y Tucumán fueron determinantes, como también otro gran argentino como Miguel de Güemes.

Chávez: Es el paso de los Andes que viene luego ¿no?

Cristina: Claro, el tenía que dar esas batallas e impedir la entrada, porque hubiera sido inútil la marcha por el Pacífico de San Martín., que también ha sido una obra... inspirada en Aníbal, pienso yo. El cartaginés que intentó cruzar los Alpes para ingresar a Roma. Bueno, te dejo con Dorrego...

Chávez: Que bueno que nos juntemos, mira. Estamos en cadena nacional. Bolívar hizo lo propio por acá en 1819, cruzó los Andes rumbo a Boyacá, pues. Y liberó Nueva Granada. Por eso que este cuento viene de lejos y tiene raíces muy, muy profundas y muy vivas hoy. No son raíces que estén muertas, no. Son raíces vivas. Es una historia viva, retadora, excitante, comprometedora.

Derrocaron a Dorrego un día como hoy en 1828.

Belgrano, recuerdo que, así como tu contaste que echaste unas lágrimas cuando yo anuncié mi cáncer... y Cristina tenía días y días llamando a La Habana. Nicolás me dijo: “Yo no encuentro qué decirle a Cristina... ¿Qué le digo?” Y al final me contó que Cristina le dijo: “Nicolás, está bien, no me digas nada”. Lo regañaste.

Cristina: Me enojé, sí, me enojé.

Chávez: Y le dijiste: “Yo me imagino que Hugo ha de tener algo serio, porque yo me caí, me dí un golpe y no me llamó. ¡Y fui postulada como candidata, y tampoco me llamó!

Cristina: Fue cuando me caí en acto y me abrí la cabeza. Y vos por cualquier cosa me llamabas y cuando me caí, ¡no me llamaste! Y anuncié que iba a someterme de vuelta a consideración del electorado, ¡y no me llamaste! Y ahí fue que me di cuenta que estaba pasando algo. ¿Por qué, cómo no me llama?

Chávez: ¡Y salió regañado Nicolás! Entonces, igual yo, yo lloré de indignación, una noche, iba manejando una noche, mi carrito, en Fuerte Tiuna, iba yo regresando, a medianoche casi, regresaba a la Escuela Militar, donde trabajaba de Capitán, 1981, y venía yo oyendo radio y ¡dan la noticia del hundimiento del Belgrano!

Cristina: Claro...

Chávez: El Belgrano, que creo que no era ningún barco de guerra, creo que llevaba pasajeros.

Cristina: No, no, era el crucero General Belgrano que estaba fuera de la zona de exclusión. Fue un crimen de guerra, no fue un acto de guerra, ¡fue un crimen de guerra!

Chávez: ¡Nunca se me olvida esa noche! Bueno. Cristina, por eso decía en mis reflexiones que esa historia nos impulsa ¡y aquí nos trajo! ¡Comenzando el siglo XXI ! Mira! (le acerca un libro) ¡Jorge Abelardo Ramos! Este libro, que lo estoy leyendo ahora, ¡preparándome para la CELAC!

Cristina: (Se ríe)

Chávez: ¡Sí! Estudiando, y como me lo regalaron unos argentinos en el 2003... Me dicen aquí: “Sr. Presidente Hugo Chávez -un 17 de agosto del 2003- ¡Por un Ayacucho definitivo! ¡A paso de Vencedores! Natalia Fosatti y Andrés Ruiz, orgullosos de haber bailado un tango para Ud. en representación de nuestro pueblo, y por la unión de las naciones”. ¡Me regalaron este libro!

Cristina: El hijo de Ramos es uno de los historiadores que está en este Instituto iberoamericano Manuel Dorrego! (ella, en su conversación, poco antes, había nombrado ese Instituto como algo muy positivo). Fíjate tú.

Chávez: ¡Aah!...

Cristina: Ves como la Historia....

Chávez: ¡Nosotros deberíamos hacer una réplica aquí, en Caracas, de ese Instituto! ¡Claro! Fíjate lo que escribe aquí Jorge Abelardo Ramos, un marxista y que enfoca muy bien la cuestión nacional. ¡La cuestión nacional!

Cristina: Él integra la corriente de marxistas, con Hernández Arregui, entre otros, que interpretaban la Historia. Eran marxistas pero tenían una mirada nacional de los problemas. El integró esa corriente historiográfica, también.

Chávez: ¡Y apoyó a Perón!

Cristina: ¡Claro! En el año 73, cuando se produce la fórmula Perón-Perón. Que ya había un ambiente caldeado, el histórico en esos momentos, y, surge la fórmula Perón-Perón, y él lo lleva en la boleta del FIP

Chávez: ¿Cómo fórmula Perón- Perón?

Cristina: ¡Claro! Cuando Cámpora renuncia y Perón se postula. El postula como Vicepresidenta a Isabel, a su mujer, a Isabel Perón. Y como esto provocó mucha efervescencia y muchos sectores juveniles y de centro izquierda, que no querían demasiado a la esposa de él, Abelardo Ramos, desde el FIP, también lleva la fórmula Perón-Perón y dice: “Vote a Perón desde la izquierda”. Y él lanza eso. Y obtiene ocho cientos y pico mil votos, casi un millón de votos, de los que sacó Perón, en un record histórico de 62%, fueron aportados, de...

Chávez: ¡Desde de la izquierda, pues!

Cristina: No eran votos de Jorge Abelardo Ramos, obviamente. Era gente que quería votar por Perón, pero desde un lugar, diferente, ¡sí!

Chávez: De movimientos de izquierda, de sectores populares. Fíjate. En este capítulo, el siete, de esta maravillosa obra, que se llama “De Bolívar a Bolivia”, dice Jorge Abelardo Ramos: “El pueblo de Buenos Aires festeja a Bolívar”. Leo aquí, sólo este párrafo: “La noticia llegó a Buenos Aires a las 8 de la noche del 2 de enero de 1825. Alberdi, recordará su niñez”... Alberdi, un escritor...

Cristina: Juan Bautista Alberdi fue un hombre que integró primero la generación de Mayo. ¡Ay! ¡Parecemos unos Profesores de Historia! En Buenos Aires dirían: “¡Uh, otra vez la pesada esta dando Historia! (Se ríen) Bueno, Juan Bautista Alberdi fue uno de los hombres más preclaros, pero se puso preclaro al final de sus días, cuando vio la historia..., a ese Alberdi de las Obras Póstumas lo ocultan y lo ignoran. ¿Sí? Muestran al Alberdi que fue antirrosista, el Alberdi de la llamada generación de Mayo... Pero no muestran el Alberdi maravilloso de las Obras póstumas que te cuesta encontrarlas. Yo las encontré en una librería perdida de la calle Corrientes porque no se encuentran en ninguna parte.

Chávez: Creo que era niño, entonces...

Cristina: Era muy joven. Y tuvo una postura no del todo nacionales y populares. Pero al final de su vida revé toda esa postura y, bueno, es el hombre de las bases constitucionales argentinas, y realmente, es un personaje del que se muestra una primera parte de él. Pero el Alberdi del final, el Alberdi que advierte por donde viene la cuestión nacional y popular, el de sus obras póstumas, a ese lo desaparecen. Como a tantos otros.

Chávez: Fíjate lo que dice Ramos de Alberdi. “Alberdi recordará su niñez: Comillas (Cita a Alberdi): “Mi primera impresión de Buenos Aires son los repiques de campanas y las fiestas en honor a Bolívar por el triunfo de Ayacucho”. Cierra las comillas. Muchos años más tarde, en su vejez, el general Gregorio Las Heras, que se desempeñaba como gobernador de Buenos Aires, al llegar la gran noticia, evocaba sus impresiones con su verba de viejo soldado: 'Sacaron en procesión el retrato de Bolívar por las calles con hachas encendidas en noche de pampero...

¡Noche de pampero!, ¿qué es?

Cristina: El pampero es el viento...

Chávez: Ah, ¡de la pampa! Del viento, de la brisa de la pampa. ¡Qué bien este viejo de las Heras! Escribe mucho tiempo después esto, ¿no? Hachas, debe ser antorchas... Dice: “hachas encendidas en noche de pampero. Volcán de fiestas y alegrías en la ciudad, por un mes”. Y termina diciendo: Tuve que tirar un decreto para reglamentar el delirio”. ¡Así recibieron la noticia de Ayacucho! Por eso hoy, con ese mismo delirio, ¡aquí tenemos a Néstor! ¡A San Martín! ¡A Perón! ¡A Eva! ¡Y a tí! ¡Y a todos Uds.! (aplausos)

¡Compañeras y compañeros! ¡La Patria Argentina ! (aplausos)

¡Solo sigamos enfrentando el desafío! El desafío del Sur. ¡El desafío nuestro!

Yo, por supuesto que todos los países de América Latina y todos los países del Caribe. Y todos los países de Suramérica tienen su peso propio, tienen su propia grandeza, tienen su importancia tremenda! Pero, la geopolítica: Caracas, Buenos Aires. El Caribe y el Atlántico Sur. El Orinoco y el Río de la Plata. Muchas cosas harán falta para la definitiva unidad de Suramérica. Y más allá, el Caribe, América latina! Pero una de ellas, y la más importante, y lo creo firmemente, lo creemos, es la relación que podamos seguir haciendo, estructurando, fortaleciendo, en el eje Caracas - Buenos Aires.

Y aquí estamos haciéndolo! Hoy lo hemos hablado bastante en la reunión con nuestros Cancilleres, con nuestros Ministros y Ministras, y Embajadores.

Y ahora, que Cristina está a punto de comenzar un nuevo período, de ocho años!

Cristina: ¡De Cuatro!

Chávez: De cuatro. Perdón, de cuatro, de cuatro años. (Se ríe)

Cristina: Ni se te ocurra decir eso, por Dios! ¡Desde ya me imagino la prensa con 80 titulares! ¡Cuatro años! ¡Es más que suficiente !

Chávez: Cuatro años. Y el año que viene comenzaremos nosotros, otro período de seis años. Pero, bueno, tenemos por delante, digamos, conjuntamente, cuatro años, para fortalecer lo que hemos logrado y para lanzar la relación estratégica a nuevos niveles, de mayor peso. Sobre todo que ahora tenemos al mundo. Lo que está pasando en el mundo. Que no lo teníamos hace ocho años. No lo teníamos hace un año, incluso. Tú estabas en el G-20 y nos comentabas algunas cosas. Anoche, yo veía en Telesur, ¡que cada día está mejor Telesur! ¡No dejen de ver Telesur! ¿ Débora, tú ves Telesur?

(Débora Giorgi asiente entre asombrada y complacida)

Néstor un día me llamó, ¿sabes que me dijo un día Néstor? Estaba yo hablando, no sé donde, y yo, la culpa no era mía! Entonces Telesur estaba pegada a una cadena mía. ¿Eh? Y yo, habla que habla. Y entonces llama Néstor: “Díganle a Chávez que suelte a Telesur que me hace falta para dormirme. (Se rie) Yo me duermo con Telesur”. ¿Te acuerdas? (Se rie) Él me llamó, después, en la noche, y hablamos. “Yo me duermo con Telesur, dile que suelte a Telesur, chico” (Se rie) La culpa no era mía, Telesur estaba transmitiendo un acto...

Cristina: En Argentina, por ejemplo, los canales de televisión transmiten un poquito de lo que pasa en el Mundo. Casi uno no se entera. Si uno quiere saber lo que está pasando en Londres o en Nueya York, en Grecia, en Europa, en Oriente Medio, tiene que poner Telesur, porque, en realidad, los canales como que no quieren mostrar lo que pasa en el mundo, no sea cosa que los argentinos se aviven y se den cuenta de lo que tenemos, ¿no? Me parece que también, muchas veces debe obedecer a eso, a una estrategia. No son todos, sería injusto generalizar, pero, la mayor parte no pasa nada.

Chávez: Afortunadamente, Cristina, así lo veo yo, modestamente, mirando, como he estado yo estos cuatro o cinco meses un poco en retaguardia, con más tiempo, para ver, analizar, estudiar un poco. Lo que a Europa le está ocurriendo ahora, por aquí ya pasó ya. Aquí pasó lo que está ocurriendo en algunos países de Europa, de África, rebeliones populares de distintos signos, ¡nosotros ya lo vivimos aquí! ¿El Caracazo qué fue? ¡Uds. allá en Buenos Aires? ¡El modelo neoliberal! ¡El hambre! ¡La miseria! ¡La Deuda Externa! ¡Las imposiciones del Fondo Monetario Internacional! Eso fue otra cosa magistral que Néstor hizo. El diseño aquel estratégico financiero. Que lo hablamos en el Orinoco, recuerdo. Estaba ahí Julio De Vido. ¡Desde aquí le mando un saludo a Julio De Vido!

Ahora, en la situación que hoy vive el mundo, en este marco de una crisis terrible que nadie sabe donde va a terminar, aquí estamos nosotros, ¡en Nuestramérica, pues!

Creo que no es que estemos en óptimas condiciones, pero tenemos buenas condiciones, ¿eh? para pensar en un Proyecto, más allá de lo nacional, de lo nacional nacional, permítanme la expresión, para enfocarnos a un Proyecto Gran Nacional, permítanme también esa expresión... Porque estaba también leyendo aquí a Aldo Ferrer...

Cristina: Nuestro Embajador en Francia.

Chávez: ¡Ah! ¿Está en Francia? Y Helio Jaguaribe, este librito lo tengo hace varios años, Argentina y Brasil en la reflexión Mercosur o ALCA. Esta la dimos en Mar del Plata. Y aquella frase de Nestor (se ríe) ¡Aquí no vengan a patotearnos! ¿Te acuerdas?

Cristina: Pusieron cara como de ¿ qué nos está diciendo?

Chávez: Salieron aquellos señores, por allá, silenciosamente. Yo recuerdo, ¡Nestor era muy hábil! ¡Muy hábil! Me llamó aparte y entonces me dijo: ¡Mira Hugo, tú que hablas tanto! A estos tipos los vamos a cansar aquí. ¡Los vamos es a cansar! Estaban sudando, sudando. Y me dijo: Cuando yo necesite ganar tiempo, te doy la palabra, en cualquier momento, y tú hablas, y hablas, y hablas. (se ríe) Y así lo hizo, como tres veces! En algún momento, yo creo que salí al baño, y me dicen: Mire que le toca hablar... ¿ A mí? ¡Sí! ¡Le dieron la palabra al Presidente de Venezuela! Y cada vez que yo tomaba la palabra, Mister Danger se levantaba y se iba no sé pa' dónde. Me impresionó la habilidad, la dirección de aquella reunión. Si no, ¡nos hubieran impuesto el ALCA! Esos gobiernos, la gente estaba resuelta, incluso querían hacer una votación. Tú estabas ahí. Querían hacer una votación. Ahí fue cuando él dijo: ¡Aquí no vengan a patotearnos! Una expresión muy típica de los argentinos.

Bueno, Cristina, ¡y tú ? Yo no voy a abusar del tiempo. Por ahí viene la Presidenta Dilma, la Presidenta de Brasil. Y tenemos otra bilateral. Ojalá nos podamos conseguir los tres, y conversar algunas ideas. De esto, ¡del tema de la Gran Nación! Uds. que son ministras, ministros, embajadores, empresarios, también hay aquí, gobernadores, y mis compañeras y compañeros, tengamos esto, cada día, más firmemente, aquí, entre pecho y espalda, en la conciencia: la cuestión nacional, que aquí la desarrolla muy bien, Jorge Abelardo Ramos. Pero la desarrolló muy bien, y sobre el mapa y sobre el terreno, ¡San Martín! ¿Por qué San Martín se vino hasta Guayaquil? ¡Y casi llegó a Caracas! ¿Y por qué Bolivar se fue y llegó casi a Buenos Aires?

Porque estaban claros, mucho antes de que salieran las tesis de la cuestión nacional, de que ninguno de nuestros países, por si solos, tendría futuro en un mundo, que como decía Bolívar, se movía muy rápido. Se aceleraba muy rápido, desde entonces, amenazado por grandes Imperios, ¡los viejos y los nuevos Imperios!

¡Hoy tenemos, tenemos una gran oportunidad de darle vida a un Proyecto Gran Nacional Suramericano!

1 de diciembre de 2011

Manuel Ugarte: el gran intelectual de la semicolonia

La prodigiosa pluma de Jorge Abelardo Ramos escribió en 1985: “Tengo en mis manos un retrato amarillento y algo borroso, de ambigua retícula. Una muchacha francesa, con una chispa maliciosa en los ojos, observa arrobada a un criollo sereno, bien plantado. Es su marido. Joven todavía, en su pelo rizado se advierten canas. El criollo, de traje, corbata y ancho cuello de camisa a la moda, luce bigotes recortados a la 1914 y un aire formal. Ella se llama Therese. El marido es Manuel Ugarte, un argentino en el destierro. La escena se fija en un solemne estudio de Niza. Son años felices. Las catástrofes del siglo XX aún se incuban en el inescrutable provenir. Pero Ugarte vive su estadía europea con melancolía”.

Ese hombre, mucho después de esa foto, moriría en el mismo lugar, en el balneario francés de Niza, el 2 de diciembre de 1951.

Detrás quedaba una vida dedicada a una pasión irrenunciable: unir la heredad hispanoamericana que había estallado en mil pedazos inermes después de la Independencia.

Nació en Buenos Aires el 27 de febrero de 1875, en San José de Flores, cuando ésta era aún una villa cercana a Buenos Aires. Sus padres pertenecían a la alta clase media de la época lo que le permitió estudiar en el Colegio Nacional de Buenos Aires. De muy joven se despertó su interés por la literatura y los temas sociales. Como todos los jóvenes acomodados de entonces, realizó su viaje de iniciación a París en 1897. Allí debutó en las letras y el Modernismo será su primer militancia literaria. Y allí conoció a América Latina por boca de los cientos de jóvenes de ese origen que vivían la bohemia de un, para muchos, dorado exilio.

Curiosamente fue la residencia en París la que le permitió a Ugarte descubrir a nuestro continente. El aislamiento y el desinterés de la semicolonia próspera del Río de la Plata eran tales que resultaba imposible descubrir el mundo que se abría más allá de la llanura rebozante de ganados y mieses.

De vuelta en Buenos Aires se acercó al partido Socialista ya que este pensamiento había ganado su conciencia en la Francia del caso Dreyfus y de Jean Jaurés. El joven Manuel Ugarte, de gran sensibilidad literaria, hispanoamericanista y católico entraría rápidamente en conflicto con el avinagrado y anglófilo positivismo de Juan B. Justo. Expulsado del partido, volvió a Francia y se estableció en Niza, donde comenzó su gigantesca labor política y literaria por la reconstrucción de la gran unidad continental perdida. En 1909 publicó El Porvenir de la América Española.

Dos años después, en 1911 comenzó su legendaria gira latinoamericana que lo llevó a recorrer el Nuevo Mundo, desde México hasta retornar a la Argentina dos años después. Habló para cientos de miles de estudiantes y obreros del continente. Desafíó al poder de los EE.UU. que ya consideraban a Centroamérica como su patio trasero y al Caribe como su mediterráneo propio. Despertó en los pueblos que visitaba el viejo deseo de unidad, el antiguo sentimiento fraterno y el odio a la amenaza imperialista que ya había mostrado sus garras en Cuba, en Puerto Rico y poco después lo haría en Colombia, segregando al Panamá. Su carta abierta al presidente norteamericano William Taft es hoy una pavorosa denuncia de las tropelías y agresiones del imperialismo yanqui sobre Nuestra América, como la llamó Martí.

En 1922, publicó Mi Campaña Hispanoamericana, recopilando muchos de los discursos con los que electrizara a la juventud del continente. La Patria Grande y El Destino de un Continente fueron sus dos libros siguientes. Había abandonado para entonces su carrera literaria, para volcar todos sus esfuerzos a esa tarea ciclópea: reunificar la América Latina. A él y a su prédica le debemos la expresión misma de Patria Grande para referirnos al continente, en oposición a las pequeñas patrias parroquiales en que nos encerró la mediocridad de nuestras oligarquías y el poder imperialista angloyanqui.

Al final de esa enorme labor, Manuel Ugarte descubrió que la pequeña fortuna heredada de sus padres se había terminado. Había logrado despertar prodigiosas fuerzas en otras latitudes americanas pero la medianía orgullosa de la Reina del Plata lo había sometido al aislamiento. Dice Jorge Abelardo Ramos: “No era para menos, pues en la irresistible Argentina del Centenario, orgullosa y rica, el emporio triguero del mundo, no había lugar para él”.

La vida de Manuel Ugarte resumió la ética de un intelectual nacional en la semicolonia. Industrialista y proteccionista, neutralista en las dos guerras imperialistas, defensor de los trabajadores y latinoamericanista, en medio de una intelligentzia que hacia culto del librecambio, el alineamiento con las grandes potencias y el desprecio por la América criolla.

Manuel Ugarte fue embajador de Juan Domingo Perón en México.

Poco antes de morir, había votado para reelegir a Perón en las elecciones de 1951.

Sus restos fueron repatriados en 1954 por una comisión integrada, entre otros, por Jorge Abelardo Ramos, John William Cooke, Ernesto Palacio, Carlos María Bravo y Rodolfo Puiggrós. Recuerda Ramos aquel acto: “Salvo el Presidente Perón, que envió un telegrama de adhesión, ni el gobierno ni el peronismo oficial se hicieron presentes. Y, va de suyo, nadie de la “inteligentzia” llamada argentina. Soplaba un viento gélido y en el espíritu colectivo palpitaban sórdidos presagios. La contrarrevolución democrática estaba en marcha. El año 1955, año clave para explicar la profundidad de la crisis orgánica que se abatió sobre la sociedad argentina, ya estaba a la vista”.

Por fortuna, la Patria Grande de don Manuel Ugarte ha recorrido ya un largo camino y su prédica ha sido asumida por las nuevas generaciones latinoamericanas. Su vida no fue en vano. Sus frutos, el Mercosur, la Unasur, la CELAC, han comenzado a modificar el mapa político de un continente que Manuel Ugarte soño fuerte y unido.

Buenos Aires, 1 de diciembre de 2011.