En esta página publico los artículos escritos por mí en los últimos años, sobre política argentina, política latinoamericana y política internacional, que considero más interesantes y de actualidad. Visite mi blog con temas periodísticos y literarios http://jfernandezbaraibar.blogspot.com
8 de marzo de 2017
Las dos grandes movilizaciones de los asalariados
Han pasado 24 horas de la masiva convocatoria de la CGT y las CTA, en repudio de las políticas económicas y sociales del gobierno. 500.000 compatriotas ocuparon los alrededores de la Plaza de Mayo y las fotos, las filmaciones y hasta los informes de los medios oficialistas son testimonio de la contundencia de la demostración.
La huelga y la marcha docente
El alto acatamiento al paro docente y la presencia en las calles de los gremios del magisterio, el día 6 de marzo, produjo una primera e importante derrota a la táctica del gobierno. Sus asesores publicitarios pensaron que una huelga y una demostración podía ser contrarrestada con las triquiñuelas y manipulaciones de una campaña electoral, donde las motivaciones del voto son diversas hasta la infinitud y donde el votante es un individuo aislado en el cuarto oscuro. Pusieron, entonces, en el centro de su dispositivo la imagen -la imagen en su sentido más estricto, una fotografía- de uno de los dirigentes docentes, el compañero Roberto Baradel, y contra él lanzaron su artillería de injurias, calumnias, sospechas y prejuicios. Y actuaron en el error de considerar que el sistema de representatividad de los sectores sindicalizados docentes era similar al de los sectores sindicalizados de los trabajadores industriales donde el conjunto de los afiliados y representados otorga un amplio margen de delegación a los dirigentes sindicales, concentrando en la figura del secretario general la representación del conjunto.
Pero ocurre, por un lado, que la adhesión a una huelga y a una convocatoria a una manifestación pública no tiene los mismos mecanismos que una elección. La decisión no es tomada individualmente en la soledad del cuarto oscuro, sino en asambleas, en reuniones colectivas, en compromisos frente a frente con sus pares, en un sistema de lealtades ante reclamos muy específicos y concretos. No están en juego valores abstractos como la democracia, el tipo de gobierno, el programa partidario o la capacidad de convicción de un determinado candidato, sino el monto del salario que cada uno de los trabajadores recibirá a fin de mes. En eso influye, poco o nada, la “imagen” de un dirigente individualmente considerado. No está en juego si ese dirigente será capaz de llevar a cabo la reivindicación, sino la reivindicación misma.
El penoso espectáculo de comunicadores televisivos y radiales intentando desprestigiar, con actitudes rayanas en la delación y en la amenaza al dirigente Baradel la noche antes de la huelga docente solo sirvió para comprobar la miserable catadura moral de dichos cagatintas. Los docentes no habían decidido ir a la huelga y a la marcha seducidos por el dirigente ya aludido, ni era de su interés que el mismo tuviese o no una excelente performance en sus estudios como maestro. Baradel podía muy bien no haber pisado una escuela en su vida. El reclamo de una paritaria nacional, fijada obligatoriamente por la ley, era la condición necesaria para comprometer al gobierno nacional en cualquier decisión que se tomase en las paritarias por provincia y el monto final del aumento era la única y exclusiva finalidad de la medida.
Pero, por otro lado, los gremios del sector docente son muchos, tienen distintos dirigentes y orientaciones políticas y todos ellos están caracterizados por una conducción muy cercana a los afiliados, con asambleas y reuniones distritales y por escuela, en una tradición gremial que es distinta -ni mejor ni peor, distinta- a la de los gremios industriales y de servicios. Incluso, la vieja y liberal tradición sarmientina y el papel de apostolado con que ha recubierto de prestigio moral al magisterio subyace en su modo de representación gremial.
El resultado fue, entonces, una derrota estrepitosa del gobierno y de su táctica de cuño canero. Y allá quedó el presidente Macri inaugurando el ciclo lectivo en un pueblito de la provincia de Jujuy, donde las clases no comenzaron por el alto grado de adhesión a la huelga. La jitanjáfora con la que cerro su discurso sintetiza, mejor que nada, el naufragio intelectual y político del presidente. Vale la pena su transcripción completa, porque posiblemente no se encuentre antecedente alguno de semejante oquedad en ningún presidente, constitucional o no, de la historia argentina:
“Como decía Gandhi profesor, ya que usted citó otro, que para mí hay la persona, un líder que influyó mucho en mi vida: tenemos que ser la reforma, tenemos que ser la sociedad que queremos que exista en el mundo, tenemos que hacerla nosotros, cada uno de nosotros y expresarla la verdad y eso, justamente, parte de decirnos la verdad”.
La gran concentración de trabajadores y pueblo del 7 de Marzo
Coincidimos con Gabriel Fernández en su nota CGT / Masivo rechazo al gobierno, demasiados interrogantes internos (http://www.xn—lasealmedios-dhb.com.ar/2017/03/08/cgt-masivo-rechazo-al-gobierno-demasiados-interrogantes-internos/):
“El movimiento obrero argentino brindó este martes una extraordinaria demostración de fuerza en oposición a la política económica del gobierno macrista. Más de medio millón de personas se movilizaron hacia el Ministerio de Industria, cerca de la Plaza de Mayo, para rechazar la apertura económica, el techo a las negociaciones paritarias, la caída del poder adquisitivo y la desindustrialización en general.
La convocatoria surgió de los sindicatos industriales de la Confederación General del Trabajo, con un fuerte impulso de los nucleados en la Corriente Federal de Trabajadores. Esta demanda fue adoptada como propia por la totalidad de la central y mereció la adhesión de las dos vertientes de la CTA. Junto a organizaciones sociales y políticas populares, llevaron adelante una de las jornadas de protesta más importantes de la historia”.
El triunvirato provisional que conduce la CGT convocó a esta gran asamblea y su llamamiento superó ampliamente los objetivos iniciales. A las inmensas columnas de trabajadores alineados en sus organizaciones, se sumaron, por un lado, amplios sectores populares, de clase media y media baja, columnas del conurbano, sobre todo de la zona sur, agrupaciones políticas y miles y miles de hombres y mujeres que por su cuenta se acercaron a la cita.
El lugar elegido por los organizadores dejó claro desde el principio que se intentaba bajar el contenido de la protesta. En un espacio lateral a la Plaza de Mayo y su gran vía de acceso, formada por las avenidas de Mayo y las dos Diagonales, rodeada de calles estrechas y trasnversales, muchas de ellas bloqueadas por obras, la inmensa multitud corrió riesgos de que un pequeño incidente o desmadre se convirtiese en un desastre. Un eventual desbande, por cualquier causa, provocada o accidental, hubiera dejado un saldo de cientos de víctimas aplastadas en las estrechas calles del centro histórico, repletas de vallados, baños portátiles e improvisados puestos de venta. A ello debió sumarse el adelantamiento sin motivos de la hora de inicio de los oradores, la brevedad e insustancialidad de los discursos y la repulsa que los mismos generaron en la multitud que rodeaba el escenario, integrada casi exclusivamente por delegaciones de diversos sindicatos, incluidos los de quienes estaban en el palco.
Como ha contado Gabriel Fernández: “Esto originó desacuerdos a viva voz en los manifestantes: a decir verdad, la mayor parte de los mismos entonó “Paro General” durante todo el acto”.
Diversos testimonios dan cuenta de que en el propio escenario se produjeron encontronazos, pechazos y conatos de discordia, lo que dejó evidenciado que el triunvirato tiene los días contados. Como, con inteligencia, ha escrito en Facebook un compañero con el seudónimo de Gauchito Gil:
“El problema es que hoy por hoy, las tensiones crecen. Tenés sectores como el de Barrionuevo que apoyan al gobierno a muerte, y también sectores como el metalúrgico que están sufriendo despidos y otros como bancarios que por su poder de fuego y ambición dentro de la CGT tensan la cuerda. La crisis tensiona al movimiento obrero y está cúpula no sabe administrar esa tensión. No tiene el carisma de un Moyano o un Ubaldini, ni el poder de fuego de Moyano, no te ordena la disputa. A eso se le suma que la marcha obviamente suma sectores politicos, también sin una clara conducción, que ven en el paro general la posibilidad de la unidad popular toda”.
Lo que se ha logrado, en suma, es una poderosa demostración de fuerza de los sectores populares ante un gobierno minoritario, cipayo y saqueador del trabajo nacional. Los sectores del movimiento obrero con una clara voluntad de defensa de las conquistas laborales, del trabajo y el bienestar de sus afiliados, entre los que se encuentran seguramente sectores tan estratégicos como la Unión Obrera Metalúrgica, la Asociación Obrera Textil y la Asociación Bancaria, además de la combativa Corriente Sindical Federal, saben que cuentan para la obtención de sus reclamos con un altísimo grado de aceptación social del conjunto de los sectores populares, sindicalizados o no. 500.000 argentinos y argentinas en las calles son una base de operaciones que permiten asegurar que la relación de fuerzas sociales se ha volcado a favor de los sectores populares.
Se equivocan, no obstante, aquellos que pretendan del movimiento obrero algo más que reivindicaciones gremiales vinculadas al mundo del trabajo. Es cierto, desde una perspectiva metodológica, que es imposible una clase obrera bien paga, con altos niveles de ocupación y con poder adquisitivo, sin cuestionar la naturaleza misma de las políticas que el gobierno lleva adelante, con impunidad y firmeza. Pero es responsabilidad de la política, de la cual el sindicalismo forma parte, generar una conducción, candidatos y puntos programáticos que sean capaces de revertir la derrota electoral del año 2015.
Y en ese sentido, la unidad, tanto del movimiento obrero en su conjunto, como del peronismo y las fuerzas nacionales y populares sigue siendo el eje de cualquier política que pretenda recuperar la iniciativa popular y generar las condiciones para sacar del poder a la pandilla de empresarios transnacionales que ha ocupado la Casa Rosada.
El movimiento obrero argentino, el más organizado de toda América Latina, logró, entre otras cosas, gracias a su poderosa estructura y a su capacidad organizativa, una concentración popular histórica, frente a un gobierno hostil y amenazante. En el seno mismo de ese movimiento obrero y de su unidad, está la respuesta a los interrogantes abiertos.
Los argentinos, una vez más, hemos demostrado que “no somos empanadas que sólo se comen con abrir la boca”, como expresara nuestro Libertador. El nuevo año se ha iniciado con un gran triunfo popular en la calle, que consolidaremos en las urnas en las próximas elecciones. No es momento de triunfalismos ni de recriminaciones. Tampoco es momento de arrebatos ni de cobardías. Las jornadas que se avecinan serán una poderosa escuela política para las nuevas generaciones que no han conocido los momentos difíciles que hemos atravesada en el pasado y en los que los sindicatos, sus dirigentes y militantes, fueron el lugar donde pudimos reconstruir nuestra fuerza y seguir siendo el clavo en el zapato de la Argentina oligárquica.
Buenos Aires, 8 de marzo de 2017.
2 de marzo de 2017
Dos discursos
Ayer, al final del
día, pude tener ante mí dos discursos, ante sus respectivos
congresos, de dos mandatarios argentinos. Uno, el del presidente de
la República, Mauricio Macri, y el otro el del gobernador de la
Provincia de Formosa, Gildo Insfrán. Una rápida comparación de
ambos textos revela, descubre dos diferentes concepciones de la
política, dos diferentes concepciones de la sociedad y del mundo.
El discurso del presidente, que ya ha sido analizado y comentado
profusamente, comienza con la retórica que se ha hecho conocer como
de “coaching motivacional”1.
Intentemos explicar de qué se trata. Los estudios acerca de lo
motivacional son el resultado de la aplicación de conclusiones
psicológicas y de comportamiento a partir de estudios cuantitativos
sobre el funcionamiento conductual de personas afectadas a un sistema
organizativo determinado por la diferencia entre “input”(o
inversión) y “output” (o resultado) , es decir la ganancia.
Básicamente, se habla -o hablan estos especialistas-
de motivación intrínseca y motivación extrínseca. La motivación
intrínseca corresponde a una serie de aspiraciones atribuíbles al
conjunto de los seres humanos basadas en el deseo
de cosas nuevas y nuevos retos, para analizar la capacidad de uno
mismo, observar y adquirir más conocimiento, según lo definen
Richard Ryan
y Edward L. Deci, dos psiquiatras norteamericanos de la Universidad
de Rochester, que se han especializado en estos estudios. Es
un impulso que no tiene sus raíces en presiones externas o en deseos
de recompensa. Al tener este origen, es mucho más difícil o
requiere mucho más tiempo y esfuerzo fomentar esta motivación
intrínseca para que incida sobre el comportamiento, que depende
exclusivamente de la personalidad individual de cada sujeto.
Pero
ahí aparece la motivación extrínseca. Y ¿cuál es el motor
esencial de ese impulso externo al individuo y que hace que el éste,
con menos tiempo y menos esfuerzo, encuentre la
motivación necesaria para llevar a cabo una tarea y seguir
esforzándose en ella con persistencia?
Básicamente, la recompensa, la promesa de un premio en dinero, en
mejoramiento de su situación personal, en reconocimiento -que
también se traduce en más dinero-.
El
discurso motivacional es el que tiene por objetivo movilizar al
individuo a aumentar su esfuerzo, su rendimiento y su competitividad
con premios, no simbólicos -una copa, una medalla, un aplauso es una
motivación intrínseca- sino en contante y sonante: un aumento de
sueldo, un coche nuevo, un viaje a Hawaii, una casa con pileta, todo
a cuenta de la empresa y libre de impuestos.
“Estamos
acá para construir una Argentina donde cada persona pueda
proyectar la vida que espera”.
Esa
motivación extrínseca, individualista, asocial, que hace caso omiso
del conjunto social, al que define, nuevamente, con elementos
subjetivos e individuales: “Una
sociedad es una inmensa red afectiva”. El
extremismo subjetivista y superindividualista de Ayn Rand, la papisa
laica del presidente Macri, impregna este concepto. No hay comunidad
humana, no hay creación de un nosotros, de un yo colectivo orgulloso
de su soberanía, de su historia, de su lengua y sus tradiciones.
Hay, tan solo, una tibia y húmeda red de individuos aislados, unidos
por un nauseabundo tegumento llamado afectividad.
Y
agrega motivacionalmente: “Pero
es imposible que podamos tomar contacto con esas emociones si no
podemos pagar las cuentas a fin de mes o no podemos poner comida en
nuestra mesa”. Después
de haber quintuplicado las tarifas de los servicios y producido el
más alto precio relativo de los alimentos en quince años, el
presidente, en su papel de “coach”, exhibe la motivación
extrínseca para que aceptemos su propuesta y nos esmeremos en
lograrla. Olvida, los psicólogos motivacionales suelen carecer de
pensamiento histórico, que hace tan solo dos años pagabamos
nuestras cuentas y comíamos en una mesa abundante con todos nuestros
afectos y desplegábamos nuestras emociones de manera colectiva y
pletórica de alegría en manifestaciones desbordantes de alegría y
entusiasmo.
Anticipándonos
al análisis que haremos posteriormente, vale la pena adelantar este
concepto, tan simétricamente opuesto, pronunciado por el gobernador
de Formosa en su discurso a la Legislatura provincial: “Esto
lo vive la familia argentina a diario cuando le llega la factura de
la luz o debe comprar sus alimentos, y siente que aún esforzándose
como siempre, se hace más difícil llegar a fin de mes”.
Por
eso no hay interés en hablar ante una multitud. Por eso carece de
significación el brillo incandescente de la ausencia de las
multitudes argentinas en una Plaza de los Dos Congresos vacía como
un pueblo abandonado. El pueblo es como el sistema de ávidos
ejecutivos de una empresa, al que hay que alentarlo, uno por uno,
para que, ganando dinero, le haga ganar más dinero a la empresa.
Esta
noción recalcitrantemente individualista y despolitizada es la
última y más soez manifestación ideológica del capital
financiero. Si para el liberalismo del siglo XIX, admirador de
Augusto Comte y su organicismo social, el pueblo era el sector
ilustrado y pudiente, para estos sociópatas randianos no existe,
siquiera, ese concepto. Se trata de una población que, por abuso del
estado, aún no ha descubierto las mieles del individualismo, del
hedonismo privilegiado y de la anomia en que se mueven.
El
gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, por el contrario, comienza su
discurso presentándose ante su gente para cumplir “con
el deber democrático de rendir cuentas sobre la marcha de nuestro
gobierno”.
Y
lo primero que enuncia el gobernador es el estado en que se encuentra
el mundo, ya que, como afirmara Juan Domingo Perón, “La
política es política internacional”.
Es una referencia breve, sintética, pero con la suficiente carnadura
para ilustrar a su pueblo, a los formoseños, de las dificultades de
la hora:
“El
mundo, confundido, se debate cuestionando sus propios paradigmas.
China, pilar del comunismo en el pasado, impulsa el libre mercado.
EE.UU., meca del liberalismo, cierra sus fronteras insinuando una
fuerte apuesta proteccionista. La Unión Europea, universalmente faro
de los derechos humanos y ejemplo de integración supranacional,
cuestiona sus propios ejes fundacionales y cierra sus puertas al
drama humanitario de los refugiados.
En suma,
teorías políticas, económicas, sociales y culturales que dominaron
el mundo por décadas, hoy muestran su fracaso.
Así
las cosas, mientras los países más poderosos de la tierra se
debaten sobre la dirección a tomar, las personas se ven sumidas en
la más cruel desigualdad”.
Desde
ahí, desde esa real inserción en el mundo, Insfrán comienza su
informe.
Comparemos
con esta reflexión del presidente Macri:
“Pero,
este mundo que tenemos hoy es un mundo lleno de incertidumbres, de
volatilidades. Vemos la tensión los debates políticos en los países
centrales, los países desarrollados, cruzados por la globalización,
las corrientes migratorias, la revolución tecnológica.
Autos
que se manejan solos, alimentos que se producen en forma sintética,
inteligencia artificial, robots, revolución genética; todos temas
que hace rato dejaron de ser ciencia ficción.
Frente
a esto yo siento, y quiero transmitirles, que en esas novedades hay
herramientas que pueden ayudarnos a resolver nuestros problemas, pero
para eso tenemos que dejar de tener una agenda mezquina, pequeña,
negar lo que pasa en el mundo”.
La compleja
realidad política, sus enfrentamientos, las sombras que amenazan al
conjunto humano, son reemplazadas, en una cabeza propia de un
vendedor de cepillos puerta por puerta, en un vulgar catálogo de
novedades explicadas admirativamente por un niño de ocho años... de
la década del 60.
Continúa el
gobernador de Formosa:
“De acuerdo a
la organización internacional OXFAM, tan solo 8 individuos
concentran en sus manos una riqueza equivalente a la que poseen 3.600
millones de personas, es decir, la mitad más pobre del planeta.
Al abordar las
principales causas de esta terrible injusticia, destaca: la falsedad
de la teoría del derrame; las enormes ganancias empresariales a
costa de los trabajadores; la sumisión de las instituciones
democráticas a los intereses de las grandes corporaciones; y
especialmente, el papel de la evasión y de la elusión fiscal.
En América
Latina y el Caribe, el 10% más rico concentra el 71% del capital,
mientras que la evasión asciende a más de 320.000 millones de
dólares, cifra que se escurre anualmente hacia los paraísos
fiscales. Esto afecta a los más pobres, que dependen en mayor medida
del dinero que se deja de tributar.
La desigualdad
no solo tiene un efecto económico, fundamentalmente tiene
consecuencias humanas. Está probado que crea las condiciones para el
aumento de la delincuencia, la inseguridad y un peligroso resurgir
del racismo y la xenofobia”.
Quien pretendan encontrar en el discurso ante la Asamblea Legislativa
algo parecido buscará en vano. El mundo es, para el presidente de la
República, lluvia de dólares, generosidad capitalista, deseos de
invertir, afán de beneficiar a la Argentina. Y, lo que es peor, el
reconocimiento de esta incertidumbre y volatilidad es considerado
“aislamiento del mundo”.
“Es inaceptable subordinar nuestros intereses a los centros de
poder global, bajo el engañoso argumento de la reinserción de la
Argentina en el mundo”, dice el gobernador en su mensaje,
anticipándose a lo que en ese mismo momento decía el presidente en
Buenos Aires.
Menciona Insfrán, en su discurso al Papa Francisco, mención que no
es tan solo un saludo a la bandera, sino un claro establecimiento de
un lugar, una toma de partido, en esa “incertidumbre” que
es el mundo:
“Porque
precisamente este sistema '...no hace nada por sanar las heridas
sociales ni enfrentar las estructuras que dejan a tantos hermanos
tirados en el camino'.
Contrariamente a la abstracta enunciación de deseos del presidente
Macri sobre pobreza cero y su preocupación por los más pobres, que
no le permite enunciar una sola medida concreta dirigida a ese
sector, el gobernador de Formosa plantea “un mundo más justo,
una economía más humana y respetuosa de la naturaleza, una
comunidad más solidaria”. Y el resto de su discurso es un
repaso a la lista de realizaciones que su gobierno ha implementado en
la provincia.
Pero antes se encarga de dejar perfectamente claro cuáles son sus
diferencias con el gobierno nacional. Desde una provincia que,
históricamente, ha sido considerada como marginal y a la que Domingo
Cavallo llegó a ofender con el calificativo de “inviable”,
sabiendo a los riesgos políticos que su sinceridad lo expone,
Insfrán sostiene:
“Las medidas
económicas tomadas por el gobierno nacional han producido una enorme
transferencia de riquezas en beneficio de los sectores más
privilegiados, haciendo caer el peso del ajuste sobre las espaldas de
los que menos tienen.
Así lo
demuestran los indicadores económicos y sociales, incluso los datos
oficiales. Cayó el consumo y la economía familiar. Cayó el empleo
y la capacidad adquisitiva de los salarios. Cayó la actividad
industrial, con el cierre de miles de empresas. Cayó el turismo.
Cayeron las industrias culturales. La inflación superó el 40%
anual. El déficit fiscal creció por encima de los valores
largamente criticados por quienes hoy nos gobiernan. Crecieron los
indicadores de pobreza, indigencia, desocupación, desigualdad, y
sobre todo, el endeudamiento del país. Con estas políticas, lejos
quedan nuestros anhelos de lograr la independencia económica”.
Estas palabras se pronunciaban en el momento mismo en que el
presidente Macri mentía con obras no realizadas, con aspiraciones de
deseos sin mecanismos ni financiación para convertirlos en
políticas, con promesas de inversiones no conseguidas, en suma con
la lista de mendacidades que el conjunto de la clase política,
oficialista y opositora, sabe que no quiere ni puede llevar adelante.
El discurso de Insfrán, como no podía ser de otra manera, abunda en
cada una de las realizaciones, mejoras, progresos y transformaciones
que ha vivido la provincia y su pueblo en todos esos años. Pero
además, tiene la virtud del agradecimiento, rasgo poco habitual en
la política.
“Mucho
se habla de pesadas herencias, pero de la única herencia de la que
podemos dar cuenta los formoseños es la que vino a reparar
históricas postergaciones, con más inclusión, equidad y dignidad”.
Y es agradecimiento, porque es conciente, y quiere que todos sus
coprovincianos lo sean, que el actual presente de la provincia, sus
rutas, sus escuelas, sus hospitales, ese mar de techos azules que se
ve desde el avión al acercarse a Formosa, fueron posibles por el
compromiso de Néstor y Cristina con la provincia, con su
postergación injusta e inmotivada.
El
discurso de Gildo Insfrán enuncia uno a uno los logros alcanzados y
advierte sobre las dificultades que pueden sobrevenir. Enunciar cada
uno de ellos sobrepasa el intento de esta nota. Pero quiero terminar
citando el final mismo del discurso formoseño, porque permite
descubrir la diferencia de concepciones acerca del pueblo y la
voluntad popular, que caracterizan ambos discursos: Termina diciendo
Insfrán:
“Vivimos
momentos difíciles, no reconocerlo sería faltar a la verdad. Pero
los formoseños estamos acostumbrados a enfrentar la adversidad.
Muchas veces se nos planteó el dilema de vencer o ser vencidos.
Nuestra respuesta fue nunca pactar, y así vencimos siempre.
Hoy,
como ayer, hay quienes pretenden que volvamos atrás y seamos aquel
territorio olvidado que no gozaba de los mismos derechos ni de las
mismas oportunidades que otras provincias se equivocan. Formosa
cambió para nunca más volver atrás.
Tenemos
mucho más por hacer. Tenemos mucho que mejorar. Pero también somos
un pueblo sano, creyente, alegre, sin odios, con la fuerza necesaria
para avanzar.
No
es un tiempo para tibios ni medias tintas.Es tiempo de estar unidos.
Todos juntos... hombres..., mujeres..., trabajadores..., jóvenes...
Unos al lado de los otros. Cuidando aquello que queremos. Defendiendo
lo que tanto nos costó lograr. Sé que vamos a estar a la altura de
los desafíos, porque conozco a Formosa y conozco al formoseño.
Porque
sabemos luchar, resistir y vencer.
Porque
no nos arrodillamos ante nadie..., solo ante Dios. Y a Él elevamos
nuestras oraciones para que, junto a nuestra Madre, la Virgen del
Carmen, bendigan y protejan a nuestro pueblo”.
No
hay motivación extrínseca en estas palabras. Hay apelación a las
mejores motivaciones intrínsecas del ser humano: su dignidad, su
orgullo, su amor a la tierra en la que nació”.
Es la diferencia entre un
discurso peronista, nacional y popular, y un ramplón alegato
neoliberal randiano, sin pasión ni razón.
Buenos Aires, 2 de marzo de
2017
1Así
lo definió el periodista Damián
Fernández Pedemonte
en La Nación,
http://www.lanacion.com.ar/1989184-un-discurso-activista-sin-certezas-sobre-el-plan-general-del-gobierno.
Y escribe: “Los
"argentinos" destinatarios del mensaje no constituyen un
colectivo. Algunos pasajes demuestran esta apelación al ciudadano
común, en particular el extraño momento en que habla de las
emociones y del país como "una red afectiva". No se
apuntala un proyecto colectivo ni un bien común. Macri les habla a
individuos en contacto con otros individuos. Y el estilo que elige
para hacerlo es el motivacional, el aspiracional del líder
empresarial, del coach. Ahí encajan muy bien los casos ejemplares
que le gusta citar: la comunidad wichi Asunción; las docentes
Mónica, Raquel o María Marta”.
31 de enero de 2017
No se trata de defender a Trump, se trata de entender la nueva situación
Un
amigo de estos muros me escribe:
“Sigo
preguntándome y te pregunto, ya que veo que lo seguís defendiendo
(a Donald Trump), ¿en qué nos beneficia a los argentinos? ¿en que
vamos a tener limones más baratos, quizás?. Por favor tratá de ser
muy didáctico porque me cuesta entender”.
Y
mi respuesta ha sido:
¿De
dónde sacás que lo defiendo?
Lo
he repetido cada vez que hablamos del tema, por aquí, por Twitter,
por la radio y en artículos publicados en distintos medios
electrónicos.
La
aparición de Trump expresa una ruptura en el bloque hegemónico
imperialista, un quiebre en el orden internacional planteado desde,
por lo menos, la presidencia de Reagan. TODO quiebre del bloque
hegemónico nos favorece. En este caso, no está en cuestión la
naturaleza imperialista del capitalismo norteamericano, sino que se
trata de un enfrentamiento entre los sectores vinculados directamente
al capital financiero -Wall Street- y sectores de la sociedad
norteamericana que descubren los perjuicios que esa hegemonía ha
generado puertas adentro de EE.UU. e intenta establecer una nueva
hegemonía, manifestando, así, una profunda crisis en el seno de la
principal potencia imperialista.
Es
obvio que el caracter no complementario de nuestra economía con la
economía yanqui no permite un efecto económico directo y más que
alguna dificultad con algunos pocos rubros, aunque importantes, como
la carne o los limones, no va ha haber en lo inmediato.
Pero
produce un realineamiento general en la política internacional, una
tensión nueva y distinta, donde EEUU vuelve a su aislacionismo de
los años 20, a un nuevo proteccionismo -que actualiza y pone en
evidencia las ventajas de nuestro propio proteccionismo- que tiene un
efecto inmediato sobre el NAFTA y México, sobre el TTP, sobre el
acuerdo del Pacífico y sobre las relaciones político militares de
EEUU con todo el mundo. Si eso no parece una ruptura del bloque
dominante, no entenderíamos qué es una ruptura del bloque
dominante.
Yo
no defiendo a Trump, sino que discuto con aquellos que se enojan con
Trump, cuando su aparición abre infinitas posibilidades para un
reagrupamiento de fuerzas a nivel mundial, incluída América Latina.
Que México se salga del Nafta, por ejemplo, replantea toda la
política de integración latinoamericana que, hasta ahora, ha debido
prescindir de ese importantísimo país. Y el
propio New York Times ha publicado que desde diversos sectores
empresariales y políticos han comenzado a discutir seriamente una
salida del NAFTA. Lo ha visto con ojo de águila Evo Morales, quien
inmediatamente a publicado un tweet saludando y dando la bienvenida a
los compatriotas mexicanos a Nuestra América. En realidad, el NAFTA
cortó una profunda tendencia que se venía gestando en México para
acercarse al Mercosur en el momento inmediatamente previo a la firma
del tratado.
Lamentablemente
Temer y Macri -y los sectores sociales que ellos expresan- son
incapaces de ver la riqueza de oportunidades integracionistas que
todo esto nos abre. México era una figurita muy importante que nos
estaba faltando. Y tanto el fortalecimiento de la política
antiimigratoria iniciada por los gobiernos demócratas, con la
finalización del muro ya existente, y la esperable secuela de
extradiciones y retornos voluntarios, más las dificultades
arancelarias y pararancelarias que EE.UU. imponga a México en sus
exportaciones o a las empresas norteamericanas para ampliar su
producción en el país azteca, obligan a la corrompida y
norteamericanizada clase política mexicana a una revisión de su
posición en el mundo.
Y
viene a cuento citar a ese excelso pensador político que fue
Cantinflas, una de las figuras universales que América Latina dio al
cine mundial, en la inolvidable escena en que conversa con un guardia
fronterizo norteamericano, intentando cruzar la frontera con su burro
y su caballo Bucéfalo:
-
¿Tiene ud. intención de derrocar al gobierno de los EE.UU.?,
pregunta severamente el guardia.
-
Ah, no sea payaso, pues. Solamente que tuviera armas y esas las
tienen ustedes.
20 de diciembre de 2016
Turquía, nuevamente en el Gran Juego
Cuando
abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía:
“Ven”. Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se
le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a
otros; se le dio una espada grande.
Turquía fue, hace
poco más de cien años, una gran potencia. Junto con el Imperio
Austro Húngaro, el Imperio Zarista y el Imperio Alemán, el Imperio
Otomano formaba parte de lo que Lenín denominó “cárceles de
pueblos”, grandes estados que encerraban bajo una monarquía
autocrática multitud de naciones sojuzgadas. Herederos del imperio
musulmán de los Selúycidas, terminaron por derrotar definitivamente
al agónico Imperio Romano de Oriente y convirtieron a Bizancio o
Constantinopla en su capital, a la que rebautizaron como Estambul.
Durante su momento de mayor expansión se extendía desde el sureste
europeo hasta el mar Caspio. Todo el Medio Oriente estaba bajo su
dominio y Moldavia, en Hungría, Transilvania y Valaquia en Rumania y
Crimea en Rusia eran estados vasallos al poder del monarca, un sultán
criado en el blando ambiente de las mujeres del harem y cuyo trono
era conocido como el Diván.
Esta reliquia no
logró sobrevivir a la Primera Guerra Mundial. El ejército otomano
estaba en poder del movimiento conocido como “los Jóvenes Turcos”,
una generación de oficiales que pretendían la modernización del
viejo y decadente sistema, imbuídos de una nacionalismo panturco, es
decir que buscaba la unificación de todos los pueblos caucásicos de
habla túrquica. La conducción de los Jóvenes Turcos fue
responsable del genocidio del pueblo armenio (1915), durante la
Primera Guerra Mundial, cuando, en un inesperado giro político
militar, el ejército se enfrentó con sus aliados rusos en la
Batalla del Caúcaso, donde sufrió una fuerte derrota.
Al finalizar la
guerra, con el vasto territorio ocupado por las fuerzas inglesas y
francesas, surge la figura de Mustafá Kemal Ataturk, héroe de
guerra por su desempeño en la batalla de Galípoli, donde las
fuerzas inglesas debieron retirarse derrotadas de los Dardanelos.
Kemal se enfrentó con la conducción del ejército y asumió la
posición de que el Imperio Otomano debía entregar todos los
territorios no turcos y mantener su jurisdicción sobre los
territorios turcos. La victoria final de la Entente aplastó estas
aspiraciones y el gigantesco imperio fue ocupado por ingleses,
franceses, italianos e, incluso, Grecia ocupó Esmirna, el corazon de
Turquía. En 1919, bajo la jefatura de Mustafá Kemal comenzó la
Guerra de Liberación con el propósito de expulsar a los
extranjeros, apareciendo, entonces, la existencia de dos conducciones
del Estado. La del sultán Mehmet VI, con sede en Estambul, y la
republicana de Kemal, con sede en Ankara, en territorio asiático. La
ocupación inglesa de Estambul puso fin a la antiquísima dinastía y
Kemal es designado por la Asamblea Nacional de Ankara como Presidente
de la misma, convirtiéndose en el primer mandatario republicano de
Turquía. La política de Mustafá Kemal Ataturk fue la de erradicar
todo rastro del viejo imperio, incorporar el alfabeto latino a la
escritura del turco y crear un estado republicano laico y, antes que
nada, expulsar a los griegos de su territorio, detrás de los cuales
actuaba, obviamente Gran Bretaña. El temor de Kemal y sus hombres
era la creación de distintos protectorados extranjeros sobre su
suelo y la disolución de la nación turca. El principio de unidad
nacional y la férrea conducción del Ataturk de un ejército
concebido como “pueblo en armas”, según la definición de Carl
von Clausewitz, con la
participación del conjunto de la población, lograron la expulsión
de los griegos. El propio Kemal fue herido en una de las batallas
definitivas y se convirtió en el esencial factor de poder. En 1921,
ya lanzado a la política exterior, logra el reconocimiento de las
recientemente creadas repúblicas soviéticas de Armenia, Georgia y
Azerbaijan, vecinas a Turquía.
En 1923 se crea definitivamente la República de Turquía y Mustafá
Kemal fue elegido presidente, cargo que ocupó hasta su muerte en
1938. Es en esa época que se inicia el conflicto con los Kurdos, a
los que Kemal negaba su carácter nacional, considerándolos parte de
la nación turca, persiguiendo su lengua y sus movimientos políticos.
El temor permanente del Ataturk fue que, basados en estos
particularismos locales, las grandes potencias, especialmente Gran
Bretaña, fragmentasen hasta debilitarla a la república turca.
Su
acción como presidente estuvo dirigida a imponer un estado laico y
moderno. Prohibió las madrassas -escuelas musulmanas-, reemplazó la
sharia -ley islámica- por un código civil que hizo redactar y
aprobar por el parlamento, abolió el uso de vestimentas musulmanas,
como el fez, que consideraba resabios del viejo régimen imperial. En
1934 dio el voto a las mujeres y el derecho a ser elegidas en el
parlamento. Bregó por la plena participación política y social de
las mismas y prohibió el uso del velo, haciendo campañas por la
occidentalización de las vestimentas, cosa que él mismo practicó
siempre. El libro del embajador argentino Jorge
Gastón Blanco Villalta -un embajador peronista a que los
“libertadores” echaron de la Cancillería-, quien trató
personalmente a Mustafá Kemal, y que aún se consigue por Internet,
es una recomendable lectura para el conocimiento del creador de la
moderna Turquía1.
Consideré
necesaria esta extensa introducción, para intentar iluminar en algo
la bruma que hoy envuelve los acontecimientos ocurridos en Turquía,
con el asesinato del embajador ruso Andrei Karlov en Ankara.
El
legado político de Mustafá Kemal Ataturk ha sobrevivido, casi con
devoción religiosa, en el seno de las fuerzas armadas turcas, las
que a lo largo de todo el siglo XX se convirtieron -más allá de su
anticomunismo producto de la Guerra Fría- en custodios de la
independencia nacional, el laicismo y el nacionalismo turco. El
triunfo, por primera vez desde 1921, de un partido religioso, en el
marco de un recrudecimiento de los diversos fundamentalismos
musulmanes auspiciados por el imperialismo norteamericano, puso en
tensión ese equilibrio. Es muy difícil juzgar a Turquía con los
parámetros que hacia el interior de sus países, rige en el
occidente europeo. Y subrayo hacia el interior de sus países, ya que
su conducta hacia los países periféricos, sobre todo del Medio
Oriente y Africa, se asemeja en brutalidad, crueldad e
inescrupulosidad a la que le han atribuido a la política turca,
cuando ella se ha alejado de su esfera de interés. Enclavado en una
de las regiones más explosivas del planeta, portero del acceso a
los países del Cáucaso y de Asia, de religión predominantemente
musulmana sunita y aproximadamente un 20% perteneciente a una rama
denominada alevi, variante local del shiísmo,con su parte asiática
que limita con Siria, Irak y Irán, Turquía se ha convertido
nuevamente en un importante trebejo en el nuevo Gran Juego iniciado a
partir de la recuperación de Rusia como integrante de la
multilateralidad. Como ha escrito hoy mismo Atilio Borón: “La
alianza de Rusia con China y la posterior incorporación de Irán y
la India, más el astuto acercamiento con Turquía representa el
“peor escenario posible” para la declinante hegemonía global de
Estados Unidos, según Zbigniew Brzezinski, el principal estratego de
Washington”2.
El
papel de Turquía hay que analizarlo a partir de la crisis del
intento de golpe de Estado del 15 de julio pasado, que tiene, al
parecer, su origen en el enfrentamiento entre el presidente Recep
Tayyip Erdogan
y
el misterioso Fethullah Gülen, un millonario religioso, vinculado a
la rama mística del islamismo, el sufismo -el mismo de los derviches
danzantes que hoy ofrecen su espectáculo a los turistas en
Estambul-, y creador de una poderosa secta llamada Hizmet (El
Servicio)3.
Formado en una escuela religiosa cuyo imán confrontó con Kemal
Ataturk, pretendiendo que la nueva república se basara en principios
islámicos, Gülen logró una gran influencia sobre sectores de la
nueva burguesía musulmana del interior asiático del país, para
quienes la organización significó, sobre todo, una compleja red de
negocios e influencias políticas. Lo más parecido que se me ocurre
a esta Hizmet es, en los países católicos, la secta Opus Dei. Según
describe Kendikián -quien no puede prescindir en el análisis de su
visión armenia y el drama sufrido por su pueblo- la organización
expresa un neootomanismo, cuyo objetivo sería lograr un copamiento
del estado por infiltración e influencia y replantear un imperio
religioso sobre el Medio Oriente, conducido por los turcos. Gülen
formó parte de la alianza con el presidente Erdogan, hasta que este
lo expulsó del gobierno en 2013, bajo acusaciones de provocar la
desestabilización y organizar golpes de Estado. Desde ese año
reside en Penssilvania, EE.UU. Después de tener dificultades para
obtener su residencia, curiosamente y con la ayuda de altos
funcionarios del gobierno norteamericano, Gülen logra su residencia
definitiva y desde allí maneja su vasta red religiosa y educativa.
El Hizmet está proscripto en Turquía y considerado un movimiento
terrorista. Toda la información indica que fue Gülen quien inspiró
el golpe de julio de 2016, haciendo evidente que el laicismo en el
seno de las Fuerzas Armadas turcas, la herencia de Kemal, había sido
roto.
Erdogan
dio un giro completo a su política después del golpe de julio. De
expresar las posiciones más cercanas al Departamente de Estado
norteamericano, viró hacia una alianza con Rusia. Posiblemente la
amenaza del golpe, cuyo objetivo era asesinarlo, le hizo ver que
EE.UU. había dejado de confiar en él, en sus turbios negocios
petroleros y en su sinuosa posición en el conflicto sirio. Y, como
ha dicho el periodista Gabriel Fernández, “se
manejó con el criterio de un intendente del conurbano”.
Buscó el poder más cercano y probable para evitar ser arrastrado.
El triunfo de Trump y su acercamiento con Putin le dieron la razón
El
asesinato en Ankara del embajador ruso, un día antes que los
cancilleres de Siria, Rusia, Turquía e Irán se reuniesen para
analizar la situación en Aleppo y el aniquilamiento militar de las
bandas mercenarias sostenidas por EE.UU, Arabia Saudita e Israel que
pretenden derrocar al presidente sirio Bashar al Ásad, fue
evidentemente una reacción al triunfo sirio en Aleppo y al
descubrimiento de oficiales norteamericanos y europeo occidentales
formando parte de las filas de los mercenarios.
Pero
no ha quedado todavía muy claro quien ha sido la fuerza política
atrás del asesinato. El asesino es un policía oriundo del pequeño
pueblo de Soke en la costa del Mar Egeo, y el grito de “Allahu
akbar” (Dios
es el más grande) es una profesión de fe islámica y el comienzo de
toda oración en esta religión. Hay datos para pensar que podría
ser parte de las milicias que operan en Siria, ya que reivindicó la
lucha en Aleppo. No obstante, Mevlüt Mert Altintas, el asesino,
podría estar vinculado al predicador Fethullah Gülen. El diario
Star de Ankara tituló “Bala
disparada por FETÖ
contra las relaciones turco-rusas”,
utilizando las siglas en turco del nombre con que el gobierno llama a
la red de Gülen (Organización
de Terror Gulenista “Fetullahçı Terör Örgütü”, FETÖ)
. La misma hipótesis fue mencionada por
el alcalde de Ankara Melih Gökçe.
El
senador Frantz Klintsevich, vicepresidente del comité de defensa y
seguridad del Senado ruso, dijo: “Fue
una acción planeada. Todo el mundo sabía que iba a asistir a esta
exposición fotográfica. Puede ser ISIS, o el ejército kurdo que
intentan herir a Erdogan. Pero puede ser – y es muy probable –
que los representantes de los
servicios
extranjeros secretos de la OTAN
están
detrás del atentado”4.
Pasados
ya unos días, las declaraciones del presidente Putin y las
manifestaciones expresadas por el presidente Erdogan dan a entender
que la pesquisa se orienta hacia los grupos terroristas islámicos,
caracterizandola como “una
provocación destinada a minar las relaciones ruso-turcas”.
Pero, como bien lo recuerda Atilio Borón, en Incirlik,
muy cerca de Aleppo, hay una base norteamericana, con una dotación
permanente de unos cinco mil hombres de la Fuerza Aérea de Estados
Unidos y del Reino Unido.
Como
en los tiempos del Big Game de las potencias europeas, Turquía ha
vuelto a estar en el centro de la tormenta y de las conspiraciones.
Es muy difícil que EE.UU. y sus cómplices europeos, que lloran
ahora con lágrimas de cocodrilos por los niños de Aleppo que
ayudaron a bombardear, se resignen a una derrota que cambia el mapa
de poder mundial. Y no es seguro que el sistema militar y de
espionaje de los EE.UU. respondan como boy scouts al nuevo
presidente, aunque su ministro de Defensa sea considerado un tigre.
El
año ha terminado con la espada grande
del Jinete del Apocalipsis y un rojo caballo caracoleando en un costado de Europa.
Buenos
Aires, 20 de diciembre de 2012
1 Ataturk
Mustafá Kemal, Jorge Gastón Blanco Villalta, Ediciones Agón,
Buenos Aires, 1993.
16 de diciembre de 2016
Que no haya retiro de embajadores en Caracas y Buenos Aires
Días atrás
estuve en la Embajada de Venezuela, en un desayuno donde la
canciller, Delcy Rodríguez, con su brazo en cabestrillo a
consecuencia de la agresión sufrida el día anterior por parte de
miembros de la Policía Federal y personal de seguridad del
Ministerio de Relaciones Exteriores, conversó con distintos
invitados sobre la situación del Mercosur, la posición del gobierno
venezolano y otras cuestiones.
La canciller es
una mujer joven, menuda y con rasgos típicamente latinoamericanos,
de voz suave y expresión tranquila y armónica. Lucía serena, pese
a la situación que acababa de vivir. Comentábamos en la mesa que
si, en 1880 el canciller del Imperio Austro-Húngaro hubiera sido
agredido por unos gendarmes franceses al intentar entrar en el Quai
D'Orsay, la Primera Guerra Mundial se hubiera adelantado unos treinta
y cuatro años, tal era la magnitud de la ofensa recibida. El hecho
no tiene antecedentes en la diplomacia argentina y creo que tampoco
en la mundial. Venezuela es un país soberano, miembro del Mercosur,
amigo de la Argentina desde siempre.
El gobierno
conservador de Julio Argentino Roca, a través de su ministro Luis
María Drago, brindó, en 1908, un decisivo apoyo político a
Venezuela, cuando las armadas de varios países europeos bloquearon
sus puertos, como respuesta a la declaración de una moratoria de su
deuda externa por parte del presidente Cipriano Castro. Venezuela
nunca olvidó esa noble actitud argentina. Recibió generosamente a
miles de exilados de la dictadura cívico militar de 1976, apoyó
desde siempre y de manera efectiva el reclamo argentino sobre
Malvinas y se solidarizó con nuestro país, contra la Task Force
británica, cuando recuperamos las islas en 1982. Nos dio una mano
abierta y pródiga en el 2003, cuando el default amenazaba la
política de recuperación nacional iniciada por Néstor Kirchner,
fue cliente de nuestra industria agromecánica, logrando que empresas
familiares del interior del país se convirtieran en exportadoras de
sus sembradoras, cosechadoras y otras máquinas agrícolas. Nuestro
país y Venezuela lograron desbaratar, en el 2005, en la histórica
Cumbre de las Américas, el intento colonizador del ALCA. Hay
profesores argentinos, muchos de ellos ya retirados, en las mejores
universidades venezolanas, y cientos de profesionales de aquel país
se formaron y se siguen formando en nuestras universidades. He
conocido profesionales que recuerdan con precisión y nostalgia
algunas esquinas porteñas, gracias a sus años de estudio en nuestra
Capital Federal.
Recuerdo los ojos
llenos de lágrimas del diputado Carlos Escarrá Malaver
-prematuramente fallecido- al entrar al espacio dedicado a Evita en
la CGT. Su madre, una morena mujer de pueblo, le había hablado de
niño de aquella mujer que velaba por los más pobres y no podía
irse de la Argentina si evocar su obra y su vida.
Los hombres y las
mujeres más longevas de aquel país todavía guardan en su memoria
con emoción el final del célebre Gran Premio de América del Sur de
1948, donde las figuras de Juan Manuel Fangio y Oscar Gálvez se
convirtieron en ídolos para la multitud de entusiastas del
automovilismo. En aquella oportunidad, Oscar Gálvez detuvo su marcha
para auxiliar a su eterno competidos Juan Manuel Fangio quien había
sufrido un accidente que costó la vida de su acompañante, Daniel
Urrutia. El auto de Oscar Gálvez, a muy poca distancia de la llegada
en Caracas, sufrió un desperfecto que lo dejó fuera de la
competencia y logró alcanzar la meta gracias a los espectadores que
empujaron su auto hasta la línea final.
Quien ha vivido en
Venezuela puede testimoniar que aquellas jornadas y aquellos hombres
viven en el corazón de los venezolanos. Para no hablar de la
popularidad que aún hoy tienen en aquel país las canciones de
Leonardo Favio y de Leo Dan. O como está vivo el recuerdo del famoso
productor radial Tito Martínez del Box, creador en Buenos Aires de
La Craneoteca de los Genios, y exilado en Caracas por la dictadura de
Aramburu y Rojas. Martínez del Box hizo historia en la radio
venezolana a punto que muchos han olvidado el lugar de su nacimiento.
De modo que la
alevosa agresión cometida por Macri y su ministra de Relaciones
Exteriores, la súbdita española Susana Malcorra, fue, como la
ejecución del Duque de Enghien, “algo peor que un crimen, fue
un error”, según dijera Talleyrand.
La única pregunta
que le formulé a la señora Rodriguez fue si Venezuela pensaba
exigir un retiro del embajador argentino en Caracas y el consecuente
retiro de su embajador en Buenos Aires. La respuesta que me dieron la
canciller Delcy Rodríguez y el embajador General Carlos Martínez
Mendoza fue rotunda. “Ese acto fue una provocación para que
hagamos eso. El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela no
va a caer en esa provocación. De ninguna manera tenemos pensado ese
tipo de respuestas. Para nosotros es muy importante seguir
manteniendo nuestra representación en la Argentina, nuestro contacto
y nuestro vínculo con el pueblo argentino, que lo sabemos respetuoso
y solidario con Venezuela y su Revolución”. Cito de memoria
pero con precisión.
Creo que la
respuesta recibida a mi preocupación es la única que corresponde
políticamente. Los argentinos queremos seguir teniendo
representantes oficiales de Venezuela en nuestro país. Queremos que
el embajador pueda seguir participando en las inauguraciones de
escuelas que llevan el nombre del Libertador Simón Bolívar.
Queremos que los estudiantes y residentes venezolanos sigan teniendo
su embajada y su cónsul. Queremos seguir rindiendo homenaje al 19 de
abril de 1810 y a la Batalla de Carabobo. Queremos seguir dialogando
e intercambiando opiniones e información con los venezolanos a
través de su embajada.
Han llegado
noticias desde Caracas de declaraciones que piden el retiro del
embajador argentino en aquel país. Creo que sería un error, más
allá de la indignidad que ese embajador representa y del agravio
sufrido por la honra y la dignidad venezolana. Confío en la
serenidad revolucionaria de los compañeros venezolanos, del
presidente Nicolás Maduro y la canciller Delcy Rodríguez.
Los momentos
difíciles son para conservar la cabeza fría y el corazón ardiente.
¿Qué más querría el imperialismo norteamericano que aislar a
Venezuela de Argentina, que separar a Bolívar de San Martín?
Los compañeros
venezolanos, el gobierno de la Revolución Bolivariana, sabe que ni
la imperdonable agresión sufrida por Delcy Rodríguez, ni la afrenta
del Mercosur expresan los deseos profundos de nuestro pueblo, nuestra
amistad y cariño por los venezolanos y su tierra, nuestra
solidaridad con su indoblegable lucha antimperialista y por la unidad
de América Latina.
Y estos sinceros
sentimientos queremos poder expresarselos a los representantes en
nuestro país de aquel gobierno al que acompañamos en sus esfuerzos
por aplastar la reacción interna y externa.
Buenos Aires, 16
de diciembre de 2016.
13 de diciembre de 2016
Una puñalada trapera al Mercosur
Con una
declaración que oscurece más que lo que aclara los cancilleres de
Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay han suspendido la membresía de
la República Bolivariana de Venezuela al Mercosur.
El Mercosur nació,
como dijo Madeleine Allbright, cuando los EE.UU. estaban distraídos
por la crisis del derrumbe soviético y el nuevo mapa de Europa
Oriental. Si bien campeaban, entonces, los dictados del Consenso de
Washington que impregnaron, en parte, su creación, el Mercosur
materializó el más importante proyecto geopolítico suramericano,
planteado ya por Juan Domingo Perón en los años '50 del siglo
pasado: la alianza estratégica de Brasil y Argentina, más los
países de la Cuenca del Plata.
Con la llegada del
nuevo siglo y la aparición de gobiernos populares, nacionalistas e
integracionistas, el Mercosur, con obvias dificultades, se convirtió
en el gran pivote geopolítico de construcción de un gran espacio
continental. La prédica bolivariana del presidente Hugo Chávez
Frías y su firme decisión de integrar el bloque dotaron al Mercosur
de la presencia de la principal potencia petrolera de la región y
una de las más importantes del mundo, a la vez que generaron un
creciente intercambio de bienes y personas, políticas sociales y
culturales que alentaron la construcción de una ciudadanía
suramericana, de un acercamiento entre nuestros países como no había
ocurrido desde los tiempos de las Guerras de la Independencia.
La presencia de
Venezuela estableció un lazo entre las tres grandes cuencas
suramericanas: la del Plata, la del Amazonas y la del Orinoco, a la
vez que proyectó los ideales del Libertador Simón Bolívar, que se
desplegaron sobre el mundo andino, hacia los países de la costa
Atlántica. Como se vio en la IV Cumbre de las Américas, realizada
en Mar del Plata en el año 2005, esa alianza tuvo la fortaleza
suficiente como para echar por tierra el proyecto imperialista del
ALCA, en el que los EE.UU. venían trabajando desde los tiempos de
Bill Clinton.
La decisión de
estos cuatro gobiernos, uno de ellos de muy dudosa legitimidad
democrática, significa una herida mortal a este proyecto, a la vez
que un verdadero suicidio para los cuatro países. En momentos en que
la política de los EE.UU. se reorienta hacia un neoaislacionismo
económico, que ha convertido en historia el Tratado Trans Pacífico
(TTP) y amenaza con congelar el Tratado del Pacífico, los gobiernos
de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay intentan hacer los deberes
que supone -hoy la futura política internacional y regional yanqui
es un verdadero misterio- le exigen los EE.UU.
Para Argentina, el
enfriamiento de la relación con Venezuela, más allá de los
aspectos políticos o ideológicos, es un pésimo negocio. Nuestro
país se encuentra atribulado por problemas energéticos, económicos
y financieros que el inepto e ideologizado gobierno de Mauricio Macri
no ha hecho sino empeorar día a día. Por otra parte, hace gala de
un cinismo e hipocresía sin límites al acusar a Venezuela de
incumplimiento de las exigencias relativas a los Derechos Humanos que
rigen en el bloque. Las Naciones Unidas, la OEA, en la voz de su
Secretario General, Human Right Watch y hasta el primer ministro de
Canadá, Justin Trudeau, han exigido la libertad de la dirigente
social jujeña, Milagro Sala, arbitrariamente detenida por el
gobernador de su provincia con la aquiescencia del gobierno central.
El gobierno de la
República Bolivariana de Venezuela ha decidido resistir la
caprichosa decisión que, según afirma, ni siquiera le ha sido
formalmente comunicada. Es obvio que es lo que le corresponde y está
en su pleno derecho, máxime cuando el presidente Maduro ejerce como
presidente pro témpore del bloque. Pero es también evidente que
todo este tironeo que han provocado los cuatro países del sur y las
declaraciones en uno y otro sentido que sobrevendrán, van a limar la
construcción del proyecto más trascendente de integración de todos
los tiempos.
Para los
argentinos, para los intereses argentinos, la participación de
Venezuela es de extrema importancia, así como la consolidación y
profundización del bloque regional. Mientras la Unasur pone en
marcha el anhelado y necesario Banco del Sur, estos gobiernos
ignorantes del giro que ha tomado el mundo y sin armas para
enfrentarlo, están dinamitando nuestro futuro.
Desde Argentina,
los sectores políticos comprometidos con la independencia nacional,
la soberanía popular, la justicia social y la construcción de la
Patria Grande daremos las batallas que sean necesarias para mantener
este proyecto esencial para una digna inserción de nuestros pueblos
en el mundo que se avecina.
Buenos Aires, 2 de
diciembre de 2016
Publicada en Misión Verdad http://misionverdad.com/trama-global/una-punalada-trapera-al-mercosur
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