En esta página publico los artículos escritos por mí en los últimos años, sobre política argentina, política latinoamericana y política internacional, que considero más interesantes y de actualidad. Visite mi blog con temas periodísticos y literarios http://jfernandezbaraibar.blogspot.com
6 de septiembre de 2012
21 de agosto de 2012
Pedro Godoy, el amigo chileno de los argentinos
Pedro Godoy, el amigo chileno de los
argentinos
Parece ser, según he escuchado aquí,
en Santiago de Chile, que hace unos años Alberto Methol Ferré le
dijo a Pedro Godoy, mi amigo y compañero de este lado del Ande, lo
siguiente:
- Pedro, imagínese un gran bol lleno
de leche, blanca, inmaculada, y una mosca, negra y ominosa, flotando
en el medio. ¿Se lo imaginó? Bueno, esa mosca es usted aquí, en
Chile.
Y esa es la más cruda descripción que
se puede hacer de Pedro. Desde hace más de cincuenta años se ha
dedicado a explicar, defender, sostener ante sus demasiadas veces
sordos compatriotas, la necesidad de la integración de Chile al
contexto latinoamericano, el estrechamiento de sus relaciones con la
Argentina y la solución definitiva de su absurdo y decimonónico
conflicto limítrofe con Bolivia -tema este que ha impedido durante
todo el siglo XX y lo que va del nuevo que el país altiplánico
tenga una salida al mar.
Ha sido un admirador del peronismo en un
país que, por derecha e izquierda, condenó al movimiento que no
entendía. Se enfrentó, en años mozos, con la dirección del
partido comunista que no comprendía estos pujos continentales.
Discutió con la Unidad Popular cuando el dogmatismo y el sectarismo
minaban la política de Salvador Allende. Y sufrió los embates del
golpe proimperialista de 1973. Todo ello no le ha impedido sostener
que el dictador Pinochet no fue derrotado por las fuerzas populares,
sino por los EE.UU., que consideraron peligrosa su continuidad y que
el actual sistema político chileno es producto de una brutal derrota
popular y no de una victoria.
Pedro tiene una juventud eterna. Está
atravesado por su pasión latinoamericanista y dedica cada minuto de
su vida, de su actividad docente e intelectual, a esa pasión. Es uno
de esos inoxidables, insumergibles que, bajo cualquier circunstancia,
cualquiera sean las condiciones políticas de su país, ha dado una
batalla política e intelectual para que la patria de O'Higgins
abandone su secular y reaccionario aislamiento, esa actitud de
isleños que describía con genio Methol Ferré. Este chileno de pura
cepa, enjuto, decidor, pletórico de refranes cervantinos, se levanta
cada día, desde su viaje iniciático a Buenos Aires en los inicios
de los '60, pensando cómo puede conmover la conciencia y el espíritu
de su compatriotas, como los puede provocar para correrlos de cien
años de ideología portalina y disolver el arraigado mito del Chile
amenazado por argentinos, peruanos y bolivianos que todavía es
doctrina en los estados mayores de su país y, lo que es aún peor,
en su dirigencia política. Y con ese objetivo en su conciencia
escribe infinidad de folletos, cartas a los grandes diarios de
Santiago y de las distintas regiones de su país, genera discípulos
en su concepción latinoamericanista, recibe a sus amigos argentinos
y bolivianos en su vieja y enorme casa, les ofrece lo mejor que Chile
tiene para comer y beber y los obliga -en obligación que se
convierte en placentera- a contar, a explicar, a informar sobre lo
que pasa más allá de esa gigantesca muralla en que la oligarquía
histórica de su país ha convertido a la hermosa Cordillera de los
Andes.
Es admirable Pedro Godoy. En una
sociedad clasista, racista y cipaya como es la chilena, en la que la
Concertación y la llamada derecha han desplegado los peores aspectos
de la herencia de Diego Portales, el frío y calculador almacenero
chileno del siglo XIX, este chileno de pura cepa ha logrado mantener
viva la llama que iluminó a O'Higgins, la lucidez continental de
Francisco Bilbao y la solidaridad con la Bolivia invadida, violada y
sometida en la guerra del Pacífico.
Mi anfitrión, el hombre que me
presenta gente y amigos en tierra chilena, es, entonces, un héroe de
los de nuevo tipo. De esos que, sin someterse, aguantaron con los
dientes apretados los terribles años de la reacción momia,
mantuvieron, no obstante, sus ideales integracionistas, y han llegado
a la nueva época con la espalda erguida y mucho que aportar a las
nuevas generaciones.
El profesor Pedro Godoy Perrin es ya un
patriota suramericano de estos nuevos tiempos de integración y
Patria Grande.
Es una gloria que pueda ver la época
que se avecina.
Santiago de Chile, 21 de agosto de 2012
2 de agosto de 2012
Con Venezuela en el Mercosur se consolida la Patria Grande
Con Venezuela en el Mercosur
se consolida la Patria Grande
La
Corriente Causa Popular celebra el ingreso definitivo de la República
Bolivariana de Venezuela al Mercosur. Con ello se completa no sólo
un gran acuerdo económico, comercial y político sino que se
consolida el más importante proyecto geopolítico intentado en
nuestro continente desde los tiempos de la Gran Colombia.
En 1951 el
presidente argentino teniente general Juan Domingo Perón lanzó su
propuesta de integración con Brasil y el resto de Suramérica a la
que llamó el Nuevo ABC. La misma implicaba no solo una alianza
estratégica de nuestro país con el gran vecino lusoparlante, sino
también una articulación con el resto de los países
hispanohablantes de la región para equilibrar la relación con el
Brasil.
Los
tiempos no estaban lo suficientemente maduros y el poder del
imperialismo y las oligarquías regionales desbarataron el proyecto
derrocando a los gobiernos nacionales y populares que lo sustentaban.
La firma
del Tratado de Asunción, en 1991, puso nuevamente en marcha aquel
proyecto, que significó una resistencia de hecho al llamado Consenso
de Washington, aún cuando las políticas neoliberales que entonces
se aplicaban dificultaron su cristalización y profundización.
El siglo
XXI, tal como lo había profetizado Perón, le dio un nuevo impulso
al Mercosur. A su vez, desde Venezuela comenzó a plantearse una
osada revisión del viejo proyecto bolivariano. Si el Libertador
Simón Bolívar, determinado por las condiciones de su época, había lanzado su estrategia a lo largo de los países andinos y
de la costa del Pacífico, el presidente Comandante Hugo Chávez
Frías proyectaba un bolivarianismo que integrase la costa atlántica
de nuestro continente.
La visión
de Perón, la propuesta de Nación Latinoamericana de Jorge Abelardo
Ramos y la concepción estratégica del uruguayo Aberto Methol Ferré
han terminado de hacerse realidad con esta integración.
Venezuela
aporta su extraordinaria reserva petrolera -la más grande del
mundo- a un bloque continental suramericano que necesita una
soberanía energética regional para impulsar de manera autárquica
su imperioso desarrollo industrial. Pero esto no es, con la
importancia que tiene, lo más trascendente. La incorporación de la
patria de Bolívar permite, tal como lo pensaba Perón, equilibrar en
la región el enorme peso específico de la economía brasileña y su
ambiciosa burguesía. Presenta una unidad política, económica y
militar sobre el Atlántico que es nuestra línea de frontera con el
continente africano, con el cual ya hemos comenzado a establecer
relaciones de un riquísimo potencial político, económico y
comercial. Consolida además la independencia y soberanía de
Venezuela, cuya riqueza petrolera la convierte en presa potencial del
imperialismo norteamericano. Ofrece, además, al conjunto de los
países de la región un extraordinario y eficiente modelo de
integración que ha logrado superar enormes dificultades, poderosas
presiones y permanentes conspiraciones de los sectores vinculados al
privilegio oligárquico de raíz antisuramericana.
Esta
importante y estratégica victoria no puede hacernos olvidar que el
Paraguay, el querido Paraguay víctima de la infame Guerra de la
Triple Alianza, no ha podido celebrar como debiera esta
incorporación. La reintegración del Paraguay a la comunidad del
Mercosur, en el plazo más perentorio, debe ser la primera y
patriótica tarea de este bloque hoy repotenciado con la presencia de
una Venezuela libre, justa y soberana.
Buenos
Aires, 2 de agosto de 2012
MESA
NACIONAL de la CORRIENTE CAUSA POPULAR
Luis
Gargiulo (Necochea), Eduardo González (Córdoba), Julio Fernández
Baraibar (Cap. Fed.), Eduardo Fossati (Cap. Fed.), Laura Rubio (Cap.
Fed.), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Marta Gorsky (Gral.
Roca), Ismael Daona (Tucumán), Alberto Silvestri (Esquina),
Magdalena García Hernando (Cap. Fed.), Marcelo Faure (La Paz ER),
Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Córdoba),
Liliana Chourrout (GBA), Oscar Alvarado (Azul); Ricardo Vallejos
(Cap. Fed.), Alfredo Cafferata (Mendoza), Juan Luis Gardes
(Cipoletti), Omar Staltari (Bahía Blanca), Gabriel Claverí (Cnel.
Dorrego), Rodolfo Pioli (Jujuy) y Horacio Cesarini (GBA).
Ateneo
Arturo Jauretche - Jujuy
22 de julio de 2012
Evita: entre la mujer y el símbolo
Publicado en Miradas al Sur
Entrevista. Esther Goris y Julio Fernández Baraibar .
Esther Goris es, sin dudas, la imagen cinematográfica más reconocida de Eva Perón. Julio Fernández Baraibar (político, escritor, periodista y guionista cinematográfico) es miembro fundador del Frente de Izquierda Popular que liderara Jorge Abelardo Ramos. Los dos tienen mucho para decir de quien cambió los destinos de la Argentina. Los dos, a su vez, fueron modificados por la vida y el pensamiento de “esa mujer”.
–Esther, ¿cuánto te cambió protagonizar a Evita en el cine?
Esther Goris: –Cambió la proyección de mi carrera como actriz y tuve la enorme suerte de encarnarla. Lo digo porque, en todo momento, las actrices de 15 a 70 años, y no sólo las argentinas, queríamos encarnarla. De modo que haber sido la elegida para ponerle el cuerpo a un personaje fundamental en el imaginario de todo un pueblo significó una gran responsabilidad. No tuve mucho tiempo para ensayar ser ella. Fue una película de escaso presupuesto que se rodó en cinco semanas. Y eso contribuyó a que me lanzara al abismo. Pero, claro, el personaje lo ameritaba.
–La figura de Evita, para vos Julio, que venís de la izquierda nacional, ¿es más fácil o compleja que otras del peronismo por toda la reconstrucción de su vida mitificada y más llevada a los sacramental que a lo político?
Julio Fernández Baraibar: –En las conversaciones que tuve con Jorge Abelardo Ramos, que fue en ese sentido el principal maestro, él tenía una alta estima de Eva Perón y comprendía, como pocos en la época, el valiosísimo papel que había jugado para la integración de las mujeres en la política. Digamos el papel igualitarista e incorporado que Evita había jugado. Él tiene una página extraordinaria donde cuenta la vida de esas mujeres de negro, que llegaban de las provincias a trabajar de empleadas domésticas en las casas y cómo Evita y el peronismo las lanza a las fábricas. Convierte a esas chicas con destino de sirvientas en obreras de fábricas, les da sindicatos, buenos salarios, aguinaldo, vacaciones. Dice Ramos que nunca hubo tantas mujeres rubias en la Argentina como cuando apreció Evita: todas las chicas que tenían buen salario podían y querían ir a la peluquería a teñirse para ser como ella.
–¿Qué se mira a la hora encarar a Evita?
E. G.: –En ese momento no había tanta documentación como ahora. Yo fui al Archivo General de la Nación y pedí que me pasaran todos los pedacitos de Sucesos Argentinos una y otra vez. Incluso hubo biógrafos de Evita que vinieron a conversar conmigo para saber datos de ella. Y también hablé mucho con algunas personas que estuvieron a su lado, como la enfermera que la cuidó en los últimos momentos. Pero el aspecto amoroso era una cuestión a decidir. Juan Carlos Desanzo, el director de la película, y José Pablo Feinmann, el guionista, lo habían dejado librado a nuestra voluntad. Había una cuestión importante a definir: ¿qué pasa con esta mujer y este hombre? ¿Evita lo amaba a Juan? Indefectiblemente sí, y eso era lo más importante para mí. Creo que fui lo bastante objetiva respecto de lo que siente una mujer con la que ya no tenemos oportunidad de hablar. Eva tenía un gran desamparo. Perón hace con Eva como hizo con su pueblo, se caracteriza por descubrir aquello que necesitan. Ése fue su gran talento. Y es esa sed de amparo de su pueblo que termina de convertirlos a ambos en quienes fueron. Hay un instante decisivo en toda pareja en la que el destino los define. Y Eva aparece en la vida de Perón en el momento exacto.
–Desanzo es un director que, en sus películas, se preocupa por las cosas del pueblo...
J. F. B.: –Desanzo es un gran arquitecto de la industria del cine. Logró hacer esa película de las dos grandes figuras del siglo XX con poco dinero y muchísimo talento.
E. G.: –No sólo eso. Vamos a develarlo, ya que nadie nos puede hacer ningún problema: esa película fue filmada uno a uno. Es decir, como no había dinero para celuloide, cada toma que se filmaba quedaba y no había lugar a errores ni a repeticiones. Además, él dijo: “Yo elijo a quienes creo aptos para hacer los personajes. No los dirijo”. Era mentira, claro, porque si bien no nos dio indicaciones todo el tiempo, preparó todo el terreno para desarrollarnos.
–¿Tuviste trato con Feinmann?
E. G.: –Ahora somos amigos, antes no. Recuerdo que él llegó con su mujer, María Julia Bertotto, a la filmación y yo estaba desesperada. Ya había rodado casi toda la película y lo vi y lo saludé con mucho respeto y admiración. Pero me puse tan nerviosa pensando que había estado mal que le dije: “Ay, Feinmann, me saludás porque no viste cómo te hice mierda esta película”.
–Julio, con el libro de Jorge Coscia y la película de Paula de Luque volvieron a escena las figuras de Perón y de Evita.
J. F. B.: –Volvieron en momentos en que el pueblo argentino vive jornadas como las que vivieron Perón y Evita en la década del ’50. Es evidente que hay una gran pasión de las nuevas generaciones por conocer la figura de ambos personajes. Lo interesante de la novela de Jorge Coscia y la película de Paula de Luque es que toma la parte no histórica de Juan y Eva. Uno dice que la historia comienza el 17 de octubre de 1945, cuando se hacen públicos y dirigentes de un proceso transformador, pero esa parte secreta que narraron en la película es muy linda porque es una forma de encarar la intimidad no conocida.
E. G.: –Debo decir que Julieta Díaz encarnó muy bien el personaje. Es la Eva antes del poder, la que no estaba tan segura de sí misma. Sucede con la inteligencia más o menos lo mismo que con la belleza: una mujer que se cree bella termina siéndolo y una mujer o un hombre que se siente inteligente termina por tener algún acierto. Evita reconocía su belleza, pero no le sucedía lo mismo con la inteligencia. Tal vez por su origen, se sentía varios escalones más abajo quizá de lo que debía representar. Proviene de una clase social que estaba habituada a que vinieran los de arriba a decirle qué hay que pensar, cuál es el buen gusto.
–Pensemos cuántas figuras del siglo XX patrtieron desde abajo y llegaron a jugar en las grandes ligas de la política...
J. F. B.: –Es interesante. Hay una novela de Manuel Puig, Boquitas pintadas, emblemática. Yo tengo la sensación de que Evita es una de esas chicas de las historias de Puig. Esas mujeres de mediados del siglo XX tenían un único objeivo, el matrimonio. Y si fracasaban porque el candidato no era todo lo exitoso que se pensaba, la vida se convertía en una derrota cotidiana. Del seno de esas mujeres simples, de pueblos pequeños como era Junín, salió esta Evita que, de alguna manera, se parece a nuestras madres.
E. G.: –Yo no coincido con esa visión, quizá demasiado masculina y muy argentina. Me parece que Eva Perón no se parecía a ninguna madre de aquel momento. Mi madre fue mucama y mi padre estibador. Mi madre tuvo un gran coraje pero Eva tuvo uno superior a todas las mujeres, excepción de una que ahora está presente, y fue el de construir su propio destino. Sobre todo cuando el destino le marca que tiene que hacerse cargo de un pueblo.
–Eso que decís me recuerda a las cartas del Che Guevara a su madre. Allí uno se encuentra a un pibe de barrio. Y años después, cuando lo vemos en Cuba o en África, es notorio el cambio del hombre que camina alzando pueblos...
E. G.: –Seguro. Es el mismo paso de aquella niña de 14 años, que quería ser famosa, actriz, a la mujer que acepta el papel que Perón comienza a otorgarle y luego brinda ese salto gigante. En ese cabildo abierto del 22 de agosto, donde un pueblo entero le pide la vicepresidencia, aunque sabe que había grandes intereses para que no lo fuera, ella contribuye con su acto. Sabemos, hoy, que el juego en la pareja era un gran silencio. Perón elegía el silencio y Evita hacía lo que podía. O, mejor dicho, lo que ella pensaba que Perón otorgaba con ese silencio aunque no siempre lo hiciera.
–¿Qué tenía Evita para ser la gran comunicadora que fue? Perón dice que asumió con toda la prensa en contra, pero la prensa no eran todos los medios.
J. F. B.: –La prensa escrita estaba en contra. El cine era la otra gran herramienta.
–Ellos era los dos grandes protagonistas de esos nuevos escenarios de los medios de comunicación.
J. F. B.: –Sobre todo Eva, que tenía un alto grado de representatividad. Las mujeres humildes se sentían representadas y expresadas por esa mujer. Ella sabía usar esa sensación de representatividad. Además era actriz. Creo que ella se ponía en un lugar expresando un personaje histórico.
E. G.: –Pero también en algún momento se alude a Perón como el macho de Eva Duarte, como el que la domina.
–Claro. No Evita como la mujer de Perón y Perón el primer actor, sino a la inversa. Se dio una situación muy particular con las figuras de Néstor y Cristina. Algo que va más allá del sexo.
J. F. B.: –No tiene que ver con la relación personal de ellos dos sino con la política. Creo que Evita fue creada, en cierta manera, por Perón. Nada de lo que hacía, creaba o conducía Evita estaba hecho sin la anuencia de Perón.
E. G.: –Yo diría que Penélope teje porque Ulises tarda en volver. Esa trama del tejido de Penélope es porque Ulises está viajando. Creo que hay ahí una historia entre Eva y Perón y también entre Néstor y Cristina.
–Hoy estamos en un terreno más árido pero en democracia. ¿Estamos a la altura indicada para transmitirles a los jóvenes con rigor histórico y con pasión, con equilibrio, la figura de Evita o ellos tienen que reconstruirla y descubrirla?
J. F. B.: –Creo que ese camino son las dos vías. Si tomamos la experiencia de mi generación, a los 17 años nos hacíamos preguntas y salíamos a buscar respuestas. Y encontramos respuestas en la generación que nos antecedió, en libros que nos permitieron comprender. Y eso es lo que está pasando en estos momentos. Aquí hay toda una generación que accede masivamente a la política con la desaparición física de Néstor Kirchner y que sale a la búsqueda de respuestas. Y elaborarán una nueva manera de pensar la Argentina.
E. G.: –La nueva incursión de los jóvenes en la política tiene que ver un poco con lo que prometió la Presidenta y cumplió: la revolución cultural y poner la política sobre la mesa. Todas las otras bondades son hijas de eso.
Este es el link
Evita: entre la mujer y el símbolo
Año 5. Edición número 218. Domingo 22 de julio de 2012
Por
Eduardo Anguita
El 26 de julio se cumplen 60 años de la muerte de
María Eva Duarte de Perón. Aquí se anticipa lo que será el programa
televisivo Historia en debate (CN23, hoy a las 22), un homenaje a “esa
mujer” –como señalara Rodolfo Walsh en su cuento– que revolucionó la
sociedad argentina con su manera de pensar la realidad y de actuar sobre
ella. Las voces de la actriz Esther Goris, del escritor Julio Fernández
Baraibar y de los investigadores Marcela Castro y Roberto Vacca.
También se reproducen fragmentos de los nuevos libros de Felipe Pigna y
Norberto Galasso. Y la opinión
del historiador Alberto Lettieri. Por eso, por Ella.
Esther Goris es, sin dudas, la imagen cinematográfica más reconocida de Eva Perón. Julio Fernández Baraibar (político, escritor, periodista y guionista cinematográfico) es miembro fundador del Frente de Izquierda Popular que liderara Jorge Abelardo Ramos. Los dos tienen mucho para decir de quien cambió los destinos de la Argentina. Los dos, a su vez, fueron modificados por la vida y el pensamiento de “esa mujer”.
–Esther, ¿cuánto te cambió protagonizar a Evita en el cine?
Esther Goris: –Cambió la proyección de mi carrera como actriz y tuve la enorme suerte de encarnarla. Lo digo porque, en todo momento, las actrices de 15 a 70 años, y no sólo las argentinas, queríamos encarnarla. De modo que haber sido la elegida para ponerle el cuerpo a un personaje fundamental en el imaginario de todo un pueblo significó una gran responsabilidad. No tuve mucho tiempo para ensayar ser ella. Fue una película de escaso presupuesto que se rodó en cinco semanas. Y eso contribuyó a que me lanzara al abismo. Pero, claro, el personaje lo ameritaba.
–La figura de Evita, para vos Julio, que venís de la izquierda nacional, ¿es más fácil o compleja que otras del peronismo por toda la reconstrucción de su vida mitificada y más llevada a los sacramental que a lo político?
Julio Fernández Baraibar: –En las conversaciones que tuve con Jorge Abelardo Ramos, que fue en ese sentido el principal maestro, él tenía una alta estima de Eva Perón y comprendía, como pocos en la época, el valiosísimo papel que había jugado para la integración de las mujeres en la política. Digamos el papel igualitarista e incorporado que Evita había jugado. Él tiene una página extraordinaria donde cuenta la vida de esas mujeres de negro, que llegaban de las provincias a trabajar de empleadas domésticas en las casas y cómo Evita y el peronismo las lanza a las fábricas. Convierte a esas chicas con destino de sirvientas en obreras de fábricas, les da sindicatos, buenos salarios, aguinaldo, vacaciones. Dice Ramos que nunca hubo tantas mujeres rubias en la Argentina como cuando apreció Evita: todas las chicas que tenían buen salario podían y querían ir a la peluquería a teñirse para ser como ella.
–¿Qué se mira a la hora encarar a Evita?
E. G.: –En ese momento no había tanta documentación como ahora. Yo fui al Archivo General de la Nación y pedí que me pasaran todos los pedacitos de Sucesos Argentinos una y otra vez. Incluso hubo biógrafos de Evita que vinieron a conversar conmigo para saber datos de ella. Y también hablé mucho con algunas personas que estuvieron a su lado, como la enfermera que la cuidó en los últimos momentos. Pero el aspecto amoroso era una cuestión a decidir. Juan Carlos Desanzo, el director de la película, y José Pablo Feinmann, el guionista, lo habían dejado librado a nuestra voluntad. Había una cuestión importante a definir: ¿qué pasa con esta mujer y este hombre? ¿Evita lo amaba a Juan? Indefectiblemente sí, y eso era lo más importante para mí. Creo que fui lo bastante objetiva respecto de lo que siente una mujer con la que ya no tenemos oportunidad de hablar. Eva tenía un gran desamparo. Perón hace con Eva como hizo con su pueblo, se caracteriza por descubrir aquello que necesitan. Ése fue su gran talento. Y es esa sed de amparo de su pueblo que termina de convertirlos a ambos en quienes fueron. Hay un instante decisivo en toda pareja en la que el destino los define. Y Eva aparece en la vida de Perón en el momento exacto.
–Desanzo es un director que, en sus películas, se preocupa por las cosas del pueblo...
J. F. B.: –Desanzo es un gran arquitecto de la industria del cine. Logró hacer esa película de las dos grandes figuras del siglo XX con poco dinero y muchísimo talento.
E. G.: –No sólo eso. Vamos a develarlo, ya que nadie nos puede hacer ningún problema: esa película fue filmada uno a uno. Es decir, como no había dinero para celuloide, cada toma que se filmaba quedaba y no había lugar a errores ni a repeticiones. Además, él dijo: “Yo elijo a quienes creo aptos para hacer los personajes. No los dirijo”. Era mentira, claro, porque si bien no nos dio indicaciones todo el tiempo, preparó todo el terreno para desarrollarnos.
–¿Tuviste trato con Feinmann?
E. G.: –Ahora somos amigos, antes no. Recuerdo que él llegó con su mujer, María Julia Bertotto, a la filmación y yo estaba desesperada. Ya había rodado casi toda la película y lo vi y lo saludé con mucho respeto y admiración. Pero me puse tan nerviosa pensando que había estado mal que le dije: “Ay, Feinmann, me saludás porque no viste cómo te hice mierda esta película”.
–Julio, con el libro de Jorge Coscia y la película de Paula de Luque volvieron a escena las figuras de Perón y de Evita.
J. F. B.: –Volvieron en momentos en que el pueblo argentino vive jornadas como las que vivieron Perón y Evita en la década del ’50. Es evidente que hay una gran pasión de las nuevas generaciones por conocer la figura de ambos personajes. Lo interesante de la novela de Jorge Coscia y la película de Paula de Luque es que toma la parte no histórica de Juan y Eva. Uno dice que la historia comienza el 17 de octubre de 1945, cuando se hacen públicos y dirigentes de un proceso transformador, pero esa parte secreta que narraron en la película es muy linda porque es una forma de encarar la intimidad no conocida.
E. G.: –Debo decir que Julieta Díaz encarnó muy bien el personaje. Es la Eva antes del poder, la que no estaba tan segura de sí misma. Sucede con la inteligencia más o menos lo mismo que con la belleza: una mujer que se cree bella termina siéndolo y una mujer o un hombre que se siente inteligente termina por tener algún acierto. Evita reconocía su belleza, pero no le sucedía lo mismo con la inteligencia. Tal vez por su origen, se sentía varios escalones más abajo quizá de lo que debía representar. Proviene de una clase social que estaba habituada a que vinieran los de arriba a decirle qué hay que pensar, cuál es el buen gusto.
–Pensemos cuántas figuras del siglo XX patrtieron desde abajo y llegaron a jugar en las grandes ligas de la política...
J. F. B.: –Es interesante. Hay una novela de Manuel Puig, Boquitas pintadas, emblemática. Yo tengo la sensación de que Evita es una de esas chicas de las historias de Puig. Esas mujeres de mediados del siglo XX tenían un único objeivo, el matrimonio. Y si fracasaban porque el candidato no era todo lo exitoso que se pensaba, la vida se convertía en una derrota cotidiana. Del seno de esas mujeres simples, de pueblos pequeños como era Junín, salió esta Evita que, de alguna manera, se parece a nuestras madres.
E. G.: –Yo no coincido con esa visión, quizá demasiado masculina y muy argentina. Me parece que Eva Perón no se parecía a ninguna madre de aquel momento. Mi madre fue mucama y mi padre estibador. Mi madre tuvo un gran coraje pero Eva tuvo uno superior a todas las mujeres, excepción de una que ahora está presente, y fue el de construir su propio destino. Sobre todo cuando el destino le marca que tiene que hacerse cargo de un pueblo.
–Eso que decís me recuerda a las cartas del Che Guevara a su madre. Allí uno se encuentra a un pibe de barrio. Y años después, cuando lo vemos en Cuba o en África, es notorio el cambio del hombre que camina alzando pueblos...
E. G.: –Seguro. Es el mismo paso de aquella niña de 14 años, que quería ser famosa, actriz, a la mujer que acepta el papel que Perón comienza a otorgarle y luego brinda ese salto gigante. En ese cabildo abierto del 22 de agosto, donde un pueblo entero le pide la vicepresidencia, aunque sabe que había grandes intereses para que no lo fuera, ella contribuye con su acto. Sabemos, hoy, que el juego en la pareja era un gran silencio. Perón elegía el silencio y Evita hacía lo que podía. O, mejor dicho, lo que ella pensaba que Perón otorgaba con ese silencio aunque no siempre lo hiciera.
–¿Qué tenía Evita para ser la gran comunicadora que fue? Perón dice que asumió con toda la prensa en contra, pero la prensa no eran todos los medios.
J. F. B.: –La prensa escrita estaba en contra. El cine era la otra gran herramienta.
–Ellos era los dos grandes protagonistas de esos nuevos escenarios de los medios de comunicación.
J. F. B.: –Sobre todo Eva, que tenía un alto grado de representatividad. Las mujeres humildes se sentían representadas y expresadas por esa mujer. Ella sabía usar esa sensación de representatividad. Además era actriz. Creo que ella se ponía en un lugar expresando un personaje histórico.
E. G.: –Pero también en algún momento se alude a Perón como el macho de Eva Duarte, como el que la domina.
–Claro. No Evita como la mujer de Perón y Perón el primer actor, sino a la inversa. Se dio una situación muy particular con las figuras de Néstor y Cristina. Algo que va más allá del sexo.
J. F. B.: –No tiene que ver con la relación personal de ellos dos sino con la política. Creo que Evita fue creada, en cierta manera, por Perón. Nada de lo que hacía, creaba o conducía Evita estaba hecho sin la anuencia de Perón.
E. G.: –Yo diría que Penélope teje porque Ulises tarda en volver. Esa trama del tejido de Penélope es porque Ulises está viajando. Creo que hay ahí una historia entre Eva y Perón y también entre Néstor y Cristina.
–Hoy estamos en un terreno más árido pero en democracia. ¿Estamos a la altura indicada para transmitirles a los jóvenes con rigor histórico y con pasión, con equilibrio, la figura de Evita o ellos tienen que reconstruirla y descubrirla?
J. F. B.: –Creo que ese camino son las dos vías. Si tomamos la experiencia de mi generación, a los 17 años nos hacíamos preguntas y salíamos a buscar respuestas. Y encontramos respuestas en la generación que nos antecedió, en libros que nos permitieron comprender. Y eso es lo que está pasando en estos momentos. Aquí hay toda una generación que accede masivamente a la política con la desaparición física de Néstor Kirchner y que sale a la búsqueda de respuestas. Y elaborarán una nueva manera de pensar la Argentina.
E. G.: –La nueva incursión de los jóvenes en la política tiene que ver un poco con lo que prometió la Presidenta y cumplió: la revolución cultural y poner la política sobre la mesa. Todas las otras bondades son hijas de eso.
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16 de julio de 2012
Acto por el Día de la Independencia de Venezuela
Acto por el Día de la
Independencia de Venezuela
Independencia de Venezuela
El 5 de julio de 2012, en el Parque Rivadavia,
al pie de la estatua de Simón Bolívar.
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